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Cocina conventual

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by

Jeny Rangel Gonzalez

on 6 November 2013

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Transcript of Cocina conventual

la dieta monacal a pesar de que tenía que ver con el voto de pobreza que realizaban las mujeres al entrar al convento no significaba dejar de comer, ya que necesitaban estar sanas y fuertes para trabajar.
Cocina conventual
Los primeros guisos mexicanos fueron aquellos que incluían la fauna y flora nativa y combinaciones de carnes y leche, vino y frutos traídos de lejanas tierras.
durante los siglos XVI y XVII, todas ocupaciones ligadas a lo que sucedía en las cocinas que se convirtieron en los laboratorios de creación de algunos de los platillos más característicos de la gastronomía mexicana, como el mole poblano o los chiles en nogada.
Las monjas son reconocidas en cualquier parte de México por sus recetarios, de acuerdo al lugar donde habitaban.
La gloria de la cocina conventual
El convento poblano de Santa Clara se hizo famoso por su preparación de camotes, las carmelitas preparaban un pescado adobado, un pollo al que llamaban Carmelitano, un Pescado Teresiano.
Puebla es reconocida por la actividad prolífica de las monjas, con platillos como el mole poblano, los chiles en nogada, los turrones, la leche de mamey, los alfajores, las rosquillas de almendra, los polvorones o los jamoncillos.
La cocina era no sólo obligación de las monjas por ser mujeres, sino que era una ocupación que tenía todo su arte y les hizo ganar prestigio.
En los conventos hay registros de muchas cosas, pero las recetas son de suma importancia desde hace siglos.
Muchos conventos se dedicaron a la cocina, era el medio para agasajar a sus benefactores, eran clave en el recibimiento de los virreyes y obispos.
Fray Tirso de la Anunciación estaba preocupado, porque el calor había fermentado los jugos, descompuesto las verduras y podrido las carnes. Todavía no había suficientes bueyes, vacas o carneros como para darse el lujo de perder el valioso tesoro de la comida.
Cultivaron frutos y hortalizas, enseñaron a moler el trigo y hacer el pan, fabricaron quesos por vez primera en América, construyeron los primeros fogones y hornos calabaceros; iniciaron la producción de hostias y la elaboración del vino de consagrar.
Mientras en Europa el pan y el vino eran los alimentos más importantes, en la Nueva España se tradujeron a carne y pulque, que se completaban con productos regionales como duraznos, peras, manzanas, habas, garbanzos, chile, maíz, miel de maguey, gallinas y guajolotes.
el escenario histórico de la cocina conventual serían el chile, el dulce y la manteca, los tres elementos base a partir de los cuales se generarían platillos vistosos y ricos: el primero originario de centro y Sudamérica, el otro un producto árabe con múltiples usos en la cocina y en la medicina, y la última llegada de Europa que dio un sabor único a las recetas.
Poco a poco, en pruebas y mixturas, picores y sabores se comienzan a asociar los ingredientes, surgen guisos, asados y platillos en penitencia y oración.
Los platillos terminaban sosteniendo a muchos conventos, pues de la venta de estos productos se mantenían.
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