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Copy of DERECHO MERCANTIL III

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sergei magaña

on 19 August 2016

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Transcript of Copy of DERECHO MERCANTIL III

b) Surgimiento de los contratos mercantiles y del derecho mercantil.
El comercio, como fenómeno económico y social, se presenta en todas las épocas y lugares. Por ello aún en los pueblos más antiguos pueden encontrarse normas aplicables al comercio, o más bien, a algunas de las relaciones e instituciones a que aquella actividad da origen. Así sucede en los sistemas jurídicos de Babilonia, Egipto, Grecia, Fenicia, Cartago, etc.
Sin embargo, en esos sistemas jurídicos no existió un Derecho especial o autónomo, propio de la materia mercantil. Es decir, no existió un Derecho Mercantil como hoy lo entendemos, sino tan sólo normas aisladas relativas a determinados actos o relaciones comerciales.
Entre esas normas los autores hacen especial mención de las llamadas "Leyes rodias" (de la isla de Rodas), que en realidad constituyeron una recopilación de un conjunto de usos sobre el comercio marítimo. Esas "leyes" han alcanzado fama a través de su incorporación al derecho romano.

c) Derecho romano.
De acuerdo a los registros que han llegado hasta nuestros días, tampoco puede hablarse de la existencia de un Derecho Mercantil –especial o autónomo-, dentro del Sistema Jurídico de Roma.
A pesar de ser considerada la cuna de nuestro Derecho Moderno, Roma no conoció o desarrollo un Derecho Mercantil como una rama distinta y separada del tronco único común del Derecho Privado (ius civile), entre otras razones, porque a través de la actividad del Pretor fue posible adaptar ese Derecho a las necesidades del tráfico comercial.

3) Contratos Re: que se perfeccionaban mediante el consentimiento de las partes aunado a la entrega (traditio) de una cosa (res), eran el mutuo, el comodato, el depósito y la prenda; generalmente creaban obligaciones sólo para la parte que recibía la cosa (exigibles por una actio directa) pero eventualmente podían surgir para la otra parte (exigiéndose por una actio contraria), por ejemplo, cuando un depositario hacía gastos extraordinarios.

4) Contratos que se perfeccionaban por el mero consentimiento de las partes: eran la compra – venta o emptio – vendito, el arrendamiento o locatio – conductio, la sociedad y el mandato

5) Contratos Innominados: eran aquellos que no encuadraban dentro de una figura típica, y que resultaban obligatorios cuando concurrían el consentimiento y la prestación de una de las partes.

6) Pactos: que eran los acuerdos que no producían ningún efecto jurídico (nuda pacta), posteriormente para algunos de ellos se concedió acción para exigir su cumplimiento (pacta vestita).

En Roma surge el contrato, pero originalmente no es una fuente genérica de obligaciones, ya que sólo algunas figuras típicas del acuerdo de voluntades producían acción y era sancionado su incumplimiento. El sistema contractual.
1) Contratos Verbis: que se perfeccionaban (Es decir, adquirían obligatoriedad) sólo mediante el uso de determinadas frases verbales, por ejemplo, la stipulatio.
2) Contratos Litteris: que se perfeccionaba mediante la inscripción de un registro (codex accepti et expensi) de una deuda. Era una forma contractual que tuvo escasa importancia

HISTORIA DE LOS CONTRATOS MERCANTILES
a) Edad antigua.
DERECHO MERCANTIL III
CONTRATOS HISTORIA Y CLASIFICACION
LIC. ERICK SERGEI MAGAÑA

d) Sistema contractual romano.
Para entrar en el estudio de los contratos dentro del contexto del Derecho Romano, es menester dejar aclarado el sentido de los términos convención, pacto y contrato.
La Convención es el acuerdo de voluntades que recae sobre un negocio jurídico que tenga por objeto crear, modificar o extinguir algún derecho, destinado a producir efectos, es decir, a reglar los derechos de las partes. Era un negocio bilateral o multilateral, por cuanto requería el concurso de dos o más voluntades.

El Pacto por su parte, se diferencia de la Convención, en tanto y en cuanto se refiere a aquellas relaciones que carecen de acción, ya que solamente engendran una excepción. Con el paso del tiempo, el pacto se fue asimilando al contrato al otorgarle acciones para exigir su cumplimiento; diluyendo su original acepción.

El Contrato se aplica a todo acuerdo de voluntades reconocido por el derecho civil, dirigido a crear obligaciones civilmente exigibles. Estos llegaron a constituir una de las fuentes mas fecundas de los derechos de crédito. Estaba siempre protegido por una acción que le atribuía plena eficacia jurídica, cosa que también ocurría con algunos pactos que no entraban en la categoría de contratos, pero existía también un gran número de convenciones o pactos que, a diferencia de los contratos, no estaban provistos de acción para exigir su cumplimiento y carecían de nombre.

las primeras comunidades humanas (primitivas), cuando, ante los excedentes de productos recolectados, cazados o elaborados, surge la necesidad de realizar intercambios por otros productos de primera necesidad elaborados o recolectados por otros sujetos de comunidades próximas; sin embargo, no se puede afirmar en este estadio, la existencia o no de un comercio
e) Evolución del contrato en Roma.
“en el derecho justinianeo, el contrato es el acuerdo de voluntades capaz de constituir a una persona en deudora de otra, incluyendo como tales a toda clase de negocio que tuviera por fin la creación, modificación o extinción de cualquier relación jurídica.”

El nexun fue el primer contrato romano que se caracterizaba por las rígidas solemnidades que debían seguirse para su perfeccionamiento, como la pesada del cobre y la balanza y la presencia del librepiens y de los cinco testigos.

Una derivación del nexum es la sponsio que era el contrato que consistía en el empleo de palabras sacramentales, como ¿spondes?, a lo que el obligado contestaba spondeo, sin necesidad del per aes et libram.

Pero como este contrato podía llevarse a cabo entre ciudadanos, aparece la stipulatio para que también pudieran contratar los no ciudadanos, donde las partes podían interrogarse usando cualquier expresión, a lo que el obligado contestaba siempre: promitto. De esta manera nacieron los contratos verbales.

f) Edad media.
Los anales de la historia, tienden a establecer que el Derecho Mercantil como tal; es decir, como Derecho especial y distinto del Derecho Común, nació en los albores de la Edad Media, y fue atribuido su origen al derecho consuetudinario.
Enseña LARA VELADO3 “Históricamente el derecho mercantil aparece con posterioridad al derecho civil. Las legislaciones mas antiguas contenían la regulación de las materias mercantiles relacionadas con las civiles

El nacimiento del Derecho Mercantil como tal, está ligado íntimamente a la actividad de los gremios o corporaciones de mercaderes que se organizan en las ciudades comerciales medievales para la mejor defensa de los intereses comunes de la clase. Las corporaciones perfectamente organizadas, no solo estaban regidas por sus estatutos escritos, que en su mayor parte recogían practicas mercantiles, sino que además instituyeron tribunales de mercaderes (jurisdicción consular), que resolvían las cuestiones surgidas entre los asociados, administrando justicia según usos o costumbres del comercio.
g) Época moderna.
Fue en Francia donde propiamente se comenzó, no sólo a comprender y a sentir la necesidad reclamada por la actividad del comercio, sino también se satisfizo cumplidamente, asentando la piedra angular sobre que se ha levantado el edificio del moderno Derecho Mercantil

Fue así que partiendo de obras como el Code Merchant francés de 1673 un gran número de Estados redactaron legislaciones similares para regular la materia que nos compete

Con motivo de la necesidad de uniformar por lo menos ciertos aspectos del Derecho Mercantil entre las diversas naciones se comenzaron a celebrar congresos y conferencias entre estas para llegar a acuerdos y tratados. Siendo la primera de ellas la reunión en Berna en 1878

El cambio es más rápido y profundo, en nuestro tiempo, en el derecho mercantil, que en las demás ramas del derecho. Una de las características de nuestra época es la enorme extensión y complejidad de los fenómenos económicos de toda índole en especial de las relaciones comerciales, industriales, crediticias y bancarias; diariamente aparecen nuevas formas de contratar
DEFINICIÓN DE CONTRATO MERCANTIL
CERVANTES AHUMADA a la letra expresa: “Según indicamos al hablar de la unificación del derecho civil y el mercantil en materia de obligaciones y contratos, no existe diferencia alguna fundamental en la estructura orgánica de unos y otros contratos…

LARA VELADO6, propone que: “No existe una teoría independiente de las obligaciones mercantiles; en todo lo fundamental, como concepto, modalidades, validez e invalidez, nacimiento y extinción, las obligaciones mercantiles se rigen por las mismas disposiciones que las obligaciones civiles”

nuestro Código de Comercio vigente recoge esa misma tesis, ya que en su Libro IV Titulo I del Capitulo I artículo 945, estipula al respecto que: “Las obligaciones, actos y contratos mercantiles en general, se sujetarán a lo prescrito en el Código Civil, salvo las disposiciones del presente Titulo”
JOAQUÍN GARRIGUES9. "La convención es el acuerdo de dos o más personas sobre un objeto de interés jurídico, y el contrato es una especie particular de convención, cuyo carácter propio consiste en ser productor de obligaciones".

SOLTERO PERALTA10 define al contrato como “un acuerdo entre dos o más personas mediante el cual se imponen voluntariamente, entre sí, una o más obligaciones exigibles al amparo de la ley”.

Con base a las definiciones precedentes, podemos afirmar que el contrato no es otra cosa que la expresión del consentimiento o un compromiso legalmente exigible, es decir, cuando una persona se obliga o compromete para con otra u otras, a dar alguna cosa o a prestar algún servicio deberá cumplir su obligación, la cual la podemos calificar de moral y legal.

PECULIARIDADES DEL CONTRATO MERCANTIL
a) El contrato mercantil como elemento de circulación.
La actividad mercantil es un fenómeno circulatorio. El comercio consiste en la intermediación en el proceso de la circulación de los bienes y de los servicios, con destino al mercado general.

b) La buena fe en el contrato mercantil.
Los efectos de la buena y mala fe sobre los contratos mercantiles presentan un fenómeno curioso. Dice al respecto CERVANTES AHUMADA,“en tanto que la mala fe no influye en la valides de ciertos contratos, como la compraventa, en otros, como en los seguros, la buena fe absoluta y nítida es esencial, y aun la simple reticencia puede anular los efectos del contrato, por lo que tradicionalmente se ha dicho que el contrato de seguro es de exquisita buena fe, según una tradicional expresión del derecho ingles”.

c) Capacidad.
Podemos definir a la capacidad como la aptitud de que gozan todos los sujetos de derecho, personas jurídicas o naturales, para adquirir derechos y contraer obligaciones. Escribe RODRÍGUEZ AZUERO, “la capacidad es el principio general y por excepción surge la noción de incapacidad, cuya importancia más destacada aparece al estudiar las condiciones de ineficacia de los contratos”.
En nuestro sistema legislativo, hay varios contratos que se definen como mercantiles por ser comerciantes ambas partes o una de ellas y, por consiguiente en tales casos, esa cualidad personal también es requisito necesario de su concepto.

d) Incapacidad.
La incapacidad la cual se constituye en excepción al principio general, es ante todo una institución jurídica enderezadora a la protección y defensa de quienes, por carecer de ciertas facultades, no se encuentran habilitados para ejercitar per se los derechos ni contraer las obligaciones que le competen.

De a cuerdo con RODRIGUEZ AZUERO, las causas o circunstancias que permiten predicar de un sujeto la incapacidad absoluta son en general, las siguientes:


1) Edad;
2) Afección mental
3) Afecciones físicas o fisiológicas.
Dicho autor, expone además, entre las causas o circunstancias que dan lugar a la denominada incapacidad relativa, las siguientes: 1) Edad;
2) Afección mental;
3) Estado civil;
4) Personalidad jurídica.
Lo anteriormente expuesto, se encuentra en estrecha relación con el artículo 1316 del Código Civil.

e) Consentimiento.

La doctrina llama al consentimiento o acuerdo de voluntades “el alma del contrato”, y lo es doblemente dado en el sentido espiritualista del derecho privado, según el cual el contrato es una convención en virtud de la cual una o más personas se obligan para con otras u otras, o recíprocamente, a dar, hacer o no hacer, alguna cosa; los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento.

f) Vicios del consentimiento.

Al respecto externa RODRÍGUEZ AZUERO, “tradicionalmente se han aceptado como vicios del consentimiento el error, la violencia, y el dolo, a los cuales se agregan, por algunas legislaciones y doctrinas, la lesión. Al estudiarlos debemos nuevamente insistir en cada legislación tiene particularidades y diferencias que implican el que, forzosamente, nuestra presentación tenga que ser genérica y en donde, más que las conclusiones particulares, se trata de obtener una visión suficientemente clara de los principios fundamentales”.
De conformidad con nuestro ordenamiento jurídico, concretamente según lo preceptuado en el artículo 1322 del Código Civil18 los vicios de que puede adolecer el consentimiento, son error, fuerza y dolo.

g) Error.
El error como vicio del consentimiento supone que uno de los contratantes se ha equivocado o ambos, incluso, respecto a uno de los elementos o presupuestos fundamentales del negocio, bien de hecho, ya derecho.
El error “in sustancia”, claro es que produce la anulabilidad: careciendo de regulación en el Código de Comercio, se rigen por la disciplina del Código Civil.

Así las cosas, el error sobre la persona, aun que no invalida sino en el supuesto de que la consideración de la misma sea causa principal del contrato, tal como lo prevé el Art. 1326 del Código Civil19 Salvadoreño, suele cobrar en la vida del tráfico un valor decisivo; no solo por que el crédito le sirve de apoyo e informa las transacciones ( por suponer el crédito confianza personal ), sino porque existen múltiples negocios jurídicos mercantiles en los cuales es fundamental el intuitus personae,( ejemplo, la sociedad colectiva, Art. 73 y siguientes C de C).

h) Violencia e intimidación.

Manifiesta RODRÍGUEZ ASUERO, “que la violencia como vicio del consentimiento, ha sido distinguida por la doctrina como fuerza y violencia, podemos decir en primer lugar que la fuerza es la coacción física que sustituye y anula totalmente el consentimiento. Cosa distinta ocurre con la violencia, propiamente dicha, en donde existe una amenaza o coacción moral o física que presiona sobre la voluntad sin eliminarla. El sujeto actúa voluntariamente, pero como resultado de la indebida presión ejercida sobre él.

i) El dolo.

Algunos tratadistas opinan que el contrato mercantil debe subsistir a pesar del dolo (mala fe), de una de las partes y no solo siendo accidental, sino causante otros les contradicen, pensando que la moral esta siempre por encima del interés económico del comercio y en que, por basarse este en la buena fe, debe invalidarse lo convenido con engaños. Entre ambas posiciones radicales existe una prudente doctrina intermedia, que condena el fraude y las maquinaciones desleales, pero admite una astucia de buena ley.


h) La lesión:

En ese sentido, algunos estudian entre los vicios de la voluntad la lesión que sufra una de las partes en el contrato oneroso. Mas esto es dar un rodeo jurídico, a fin de lograr, a través de un elemento subjetivo, el efecto que es preferible deducir de consideraciones objetivas.
Acota LANGLE Y RUBIO EMILIO “La lesión es mejor contemplarla dentro del marco de las posibles causas de rescisión de los contratos”.

j) Objeto.

El objeto es la cosa del comercio, en el contrato mercantil debe reunir los mismos requisitos del derecho común: existente o posible, licito, determinado o determinable, y, concretando más estas ideas de la posibilidad y la licitud el Código Civil, prohíbe que sean objeto de contrato las cosas que no están en el comercio, (Art.1335 inc 1º ordinal 1º C.C).

Puede ser objeto de contrato mercantil incluso una cosa futura o un riesgo. Se puede vender hasta una cosa ajena (de la cual el vendedor no es dueño cuando celebra el contrato, entendiéndose entonces que se obliga a adquirirla para entregarla al comprador y, ser imposible, a reparar el daño.

k) La causa.

La causa por su parte es el motivo que induce a contratar a las partes.

De acuerdo con el derecho común la causa a de ser existente, licita y verdadera (Art. 1316, 1338 al 1340 C.C).
En el campo mercantil tenemos:

a) En cuanto a la existencia, que mientras el Código Civil sienta la presunción de que existe” pero no es necesario expresarla “(Art.1338 C.C). Nuestro Código de Comercio introduce señaladas excepciones a este principio, como sucede en las letras de cambio y el pagaré

b) La licitud, esta se puede referir tanto al objeto como a la causa.

c) En el ámbito de la veracidad, se atraviesa el problema de la simulación tan estudiado por la doctrina respeto de los negocios jurídicos en general. Fuera de su alcance se encuentra el principio de la apariencia jurídica, cuyo reconocimiento en múltiples instituciones da satisfacción a necesidades del tráfico mercantil.

l) Ineficacia de los contratos.

Enseña RODRIGUEZ AZUERO, “Se entiende por ineficacia de los contratos el conjunto de supuestos, en virtud de los cuales el acto jurídico no produce efectos o produciéndolos están llamados a desaparecer. En otras palabras, existe un conjunto de requisitos imprescindibles o esenciales cuya falta total o parcial determina la imposibilidad de que el contrato nazca a la vida jurídica. Esta ineficacia sin embargo, reviste distintos grados que, en lo general, se clasifican en dos: inexistencia e invalidez”.

m) Inexistencia.
La inexistencia, supone que no exista siquiera un principio de contrato por faltar algunos de los elementos esenciales que requiere el ordenamiento jurídico.
Es decir que el negocio jurídico en cuestión no produce efectos y que, como consecuencia, de haberse producido la declaratoria respectiva de inexistencia llevaría a anularlos y retrotraer las cosas al estado en que se encontraban antes de la celebración del negocio jurídico de que se trate.

Señala la doctrina “la inexistencia surge de las siguientes tres causa: en primer término, la ausencia absoluta de consentimiento, bien por que no exista una voluntad consiente, ya por que se haya incurrido en un error sobre la naturaleza del contrato o la identidad misma del objeto. En segundo lugar, cuando se encuentre una ausencia de objeto por determinación o imposibilidad del mismo. Y por último, si existe un defecto de forma en los contratos solemnes.
n) Invalidez.

Dicha figura, parte como fundamento de reconocer que el acto o contrato emerge a la vida jurídica, pero, afectado, a tal grado, que la consecuencia jurídica es su desaparición o, por lo menos puede ser atacado por una decisión judicial.
Enseña la doctrina que las formas principales de la invalidez son la nulidad, absoluta o relativa, y, para algunos autores la rescisión.

CLASIFICACION DE LOS CONTRATOS SEGÚN NUESTRA LEGISLACION
Puede distinguirse muy diversas clases de contratos mercantiles, (igual que en materia civil), según desde la óptica que se les examine. El carácter abstracto, vínculos que producen, causa, fines, objeto, requisitos de formación, solemnidades, etc. En general, como es de esperar, el Derecho Mercantil acoge todas las variedades conocidas en el derecho común, auque desde nuestro punto de vista, la excepción en materia mercantil es la categoría de contratos que se ubican entre los gratuitos, pues como se sabe la onerosidad es una de las principales características de las obligaciones mercantiles (Art. 946 C de C), En consecuencia de lo anterior, en Derecho Mercantil puede hablarse de contratos unilaterales y bilaterales, consensuales y reales, principales y accesorios, etc.

Es oportuno añadir, lo manifestado por LANGLE y RUBIO, el cual indica que “los tratadistas modernos, por lo general, no se preocupan demasiado de formar un sistema que encierre tantas clasificaciones de contratos. Y con razón, porque además de las enormes dificultades existentes para formar una clasificación perfecta, que comprenda todas las especies en un cuadro orgánico y completo, no tiene el empeño gran finalidad práctica. Tampoco parece razonable otorgar a ninguna clasificación valor superior a las demás, pues todas se justifican en atención al punto de mira que se adopte.

CLASIFICACIÓN SEGÚN EL CÓDIGO CIVIL

Por su parte, nuestro Código Civil25 consagra en los artículos 1310 al 1314 el establecimiento de algunas clasificaciones de los contratos, las cuales son:

a) unilaterales y bilaterales;
b) onerosos y gratuitos;
c) conmutativos y aleatorios;
d) principales y accesorios, y,
e) reales, solemnes y consensuales.

Pero esta enumeración legal que da nuestro Código Civil respecto de la clasificación de los contaros, resulta incompleta por la importancia que progresivamente han venido alcanzando otras formas contractuales, principalmente en el tráfico mercantil, en ese sentido, se alude en adición a las precitadas otra clasificación, la cual posteriormente será estudiada:

1) contratos preestipulados y contratos por adhesión;

2) contratos relativos y contratos colectivos;

3) contratos de ejecución instantánea y contratos de ejecución sucesiva; y

4) contratos típicos y contratos atípicos.

a) Contratos unilaterales y bilaterales o sinalagmáticos.

Según el artículo 1310 del Código en comento, se definen: "El contrato es unilateral cuando una de las partes se obliga para con otra que no contrae obligación alguna; y bilateral, cuando las partes contratantes se obligan recíprocamente". De estas definiciones resulta que la nota característica del contrato bilateral es la reciprocidad de las obligaciones que de él derivan. Así pertenecen a esta clase, la compraventa, porque cada uno de los agentes o partes que en ellas intervienen desempeña, a la vez, los papeles de deudora y acreedora de la otra u otras. En estos contratos las partes pueden ser más de dos.

b) Contratos gratuitos y onerosos.
Según el artículo 1311 del Código Civil, " El contrato es gratuito o de beneficencia cuando sólo tiene por objeto la utilidad de una de las partes, sufriendo la otra el gravamen; y oneroso, cuando tiene por objeto la utilidad de ambos contratantes, gravándose cada uno a beneficio del otro."

A primera vista, pareciera que tal clasificación coincidiera con la clasificación de los contratos en unilaterales y bilaterales, lo que no es así, porque en esta última se atiende exclusivamente a si el contrato produce obligaciones a cargo de una sola de las partes, o a cargo de todas, al paso que los contratos, como los actos jurídicos en general , se califican de gratuitos o de onerosos, según que reporten utilidad o beneficio para uno solo de los agentes o para todos, respectivamente, pudiendo ocurrir, en consecuencia, que un contrato unilateral, como el préstamo con interés, sea onerosos, por beneficiar tanto al prestatario como al prestamista; al primero, en cuanto le proporciona el derecho de consumir una cosa que antes no se encontraba en su patrimonio, y al segundo, porque en virtud del aquel puede percibir intereses que antes no devengaba.

Son contratos a título oneroso: la venta, el arrendamiento, la permuta, el mutuo con interés, etc. Son contratos a título gratuito: la donación, que es su principal ejemplo, pero no el único, comodato o préstamo de uso, el depósito y el mandato.

c) Contratos conmutativos y aleatorios.

El artículo 1312 del Código Civil reza lo siguiente: " El contrato oneroso es conmutativo, cuando cada una de las partes se obliga a dar o hacer una cosa que se mira como equivalente a lo que la otra parte debe dar o hacer a su vez; y si el equivalente consiste en una contingencia incierta de ganancia o pérdida, se llama aleatorio."

En realidad, un contrato es conmutativo, cuando reúne tres condiciones, a saber: a) que sea oneroso o útil para todas las partes que en él intervienen; b) que no sea aleatorio, es decir, que dicha utilidad pueda ser apreciada desde el momento mismo de la celebración del acto, y c) que produzca prestaciones que " se miren como equivalentes", o sea, que determinen un cierto equilibrio en la economía del contrato. Por lo tanto, la compraventa, por su naturaleza, es conmutativa, porque generalmente reúne los tres precitados requisitos, aunque eventualmente puede dejar de serlo al carecer de alguno de ellos.

La verdadera característica del contrato aleatorio, como la de cualquier acto jurídico de la misma clase, estriba en la forma de estimar, desde el primer momento, una o más de las prestaciones que produce, por depender éstas del azar. Por ejemplo, la compraventa de la esperanza, como la que tiene por objeto el producto de la pesca que haya de obtener el vendedor en un día, no es conmutativa, porque la utilidad que haya de alcanzar el comprador depende de la buena o mala suerte de la pesquería.

d) Contratos principales y accesorios.

El Código Civil define así en su artículo 1329: " El contrato es principal cuando subsiste por sí mismo sin necesidad de otra convención; accesorio, cuando tiene por objeto asegurar el cumplimiento de una obligación principal de manera que no pueda subsistir sin ella."

Todo contrato, sea que produzca obligaciones principales o accesorias subsiste por sí mismo dentro de las condiciones legales. Así, la obligación de restituir que tiene el acreedor prendario se origina en el contrato de prenda, el cual subsiste, a pesar de la extinción de la obligación y aún del contrato a que este le debe existencia. Luego, en realidad, no hay contratos principales y contratos accesorios, según que subsistan por sí mismos o no, respectivamente, pues todo contrato subsiste por sí mismo. Lo que hay es contratos que producen obligaciones principales, como el de compraventa, el de permuta y el de mandato, y contratos que producen obligaciones accesorias, la anticresis y la fianza.

e) Contratos consensuales, solemnes y reales.

Se trata aquí también de una aplicación concreta de la clasificación general de los actos jurídicos en consensuales y formales, vistos estos últimos a través de una sola de sus variedades: la de los actos solemnes.
El artículo 1314 del Código Civil establece: "El contrato es real cuando, para que sea perfecto, es necesaria la tradición de la cosa a que se refiere; es solemne, cuando está sujeto a la observancia de ciertas formalidades especiales, de manera que sin ellas no produce ningún efecto civil; y es consensual, cuando se perfecciona por el solo consentimiento.

a) Contratos preestipulados y contratos por adhesión.

Si el contrato implica necesariamente el concurso de las voluntades de las partes, pareciera lógica la exigencia de que su celebración debiera realizarse siempre previa discusión entre estas de todas y cada una de las cláusulas que lo integran, en forma tal que dichas cláusulas fueran elaboradas conjuntamente por todos los contratantes. Sin embargo, en el comercio moderno es frecuente que dos personas lleguen a encontrarse vinculadas por un contrato, sin que con anterioridad se haya desarrollado ese proceso preliminar. Ordinariamente ocurre esto en punto de transportes, seguros, compraventas en los grandes almacenes, espectáculos, servicios públicos, etc., pues las grandes empresas fijan por sí solas los precios y condiciones. Esta nueva forma de contratación, impuesta por la complejidad económica y comercial, ha dado lugar a la distinción entre los contratos preestipulados y los contratos por adhesión, llamados así estos últimos por cuanto uno de los contratantes se limita a prestar su adhesión a las condiciones impuestas por el otro.

b) Contratos relativos y contratos colectivos.

Para que un contrato sea considerado como relativo o colectivo poco importa el número de personas que concurran en su formación. Los contratos celebrados por una persona jurídica colegiada son relativos, a pesar de que miran al interés de dicha persona y de los individuos que la integran. El contrato colectivo es del que resultan derechos y obligaciones para personas que, ni directamente, ni representadas por otras, han intervenido en su celebración.
En nuestra legislación el típico ejemplo de contrato colectivo lo encontramos en el contrato de sociedad, pues como se sabe, la sociedad no solo es una persona jurídica una vez cumplidas las condiciones prescritas por la ley, sino que también la misma es un contrato, dichos sea de paso, a su vez es un contrato solemne.

c) Contratos de ejecución instantánea y de ejecución sucesiva.

Los contratos de ejecución instantánea, son de tal naturaleza que puedan ser cumplidos en un solo acto (instantáneamente), o si por el contrario, es de ejecución sucesiva, cuando el cumplimiento del contrato supone la ejecución de prestaciones sucesivas durante un tiempo más o menos largo, como ocurre en el arrendamiento, el seguro de vida y el contrato laboral.

d) Contratos típicos y atípicos.

Los contratos típicos son aquellos que se encuentran nominados en la ley, es decir los que se encuentran listados y explicado en el Código de Comercio y Código Civil. Por ejemplo, el de compraventa, el de arrendamiento, el de depósito, etc. Por el contrario, los atípicos son los que no se encuentran nominados en la ley. Estos son los que van surgiendo según las necesidades del ser humano.

CLASIFICACION DE LOS CONTRATOS MERCANTILES
a) Contratos de cambio:

Aquellos que realizan la circulación de riqueza, esto es, por medio de los cuales le proporcionan al público bienes o servicio. En la clásica expresión de do ut des, (dar un bien por otro), señalaremos la compraventa, la permuta, la cesión de créditos, el contrato estimatorio, el suministro y las operaciones de bolsa; y en la de ut facies, (dar algo a cambio de un hacer), señalaremos el transporte, el contrato de obra a precio alzado y la compraventa de cosa futura.

b) Contratos auxiliares o de colaboración:

Aquellos en los que una de las partes aporta una cooperación al desarrollo de la actividad empresarial, como en la comisión, la edición y la representación de obras.

c) Contratos de previsión:

En los que, para preveer las consecuencias económicas de la realización de un riesgo, como el caso del seguro, una parte asume tales consecuencias, mediante la correspondiente contraprestación.

d) Contrato de guarda o custodia:

Como el depósito practicado en Almacenes Generales y el servicio bancario de cajas de seguridad.

e) Contratos de crédito:

Aquellos en que cuando menos una de las partes trasmite a la otra un valor económico con el aplazamiento de la contraprestación correspondiente, como son, entre otros, los casos del préstamo, la cuenta corriente, la apertura de crédito y la capitalización.

f) Contratos de garantía:
Como la fianza, la hipoteca o la prenda”
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