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Laureano Gómez, 'el monstruo'

Una breve historia del líder conservador más emblemático de la primera mitad del siglo XX en Colombia

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Transcript of Laureano Gómez, 'el monstruo'

Laureano Gómez “No porque te ponderen eres mejor,
ni peor porque te vituperen;
lo que eres, eso eres”. Sus inicios Laureano Eleuterio Gómez Castro, del comerciante santandereano José Gómez y de Dolores Castro, nace en Bogotá el 20 de febrero de 1889.
Se titula como de Ingeniero Civil de la UN en 1909.
Desde ese año, lidera mítines estudiantiles callejeros contra el gobierno de Rafael Reyes.
En 1911, es elegido diputado por Cundinamarca, cargo desde el continúa su oposición al gobierno de Reyes.

En 1923 fue designado por el Presidente Pedro Nel Ospina ministro plenipotenciario en Chile y ese mismo año Embajador en Argentina.
En 1925 regresa para asumir como Ministro de Obras Públicas. En 1918 regresa al Congreso, en la coalición de liberales y conservadores a favor del Guillermo Valencia en contra Marco Fidel Suárez.
Desde su cargo, impulsaría la renuncia del presidente Marco Fidel Suárez. En 1928 viaja a Europa y estando allí es nombrado Ministro en Alemania por el liberal Enrique Olaya Herrera.
En 1932 y regresa al país y, desde el Senado, la emprende contra las administraciones liberales.
En la década de 1930 fue diputado de varias asambleas departamentales y Senador entre 1931 y 1935 y entre 1939 y 1945, convirtiéndose en el máximo jefe del Partido Conservador, y en Presidente del Senado entre 1934 y 1935.  Su poder La palabra En 1940 tiene uno de sus tristemente recordados discursos, en el que tilda a Alfonso López Pumarejo de ‘tirano’.
Veamos ahora la definición del tirano dada por uno de los más ilustres pensadores y teólogos, Mariana: “Tirano es aquel que manda a súbditos que no le quieren obedecer”. No le queremos obedecer; la gran mayoría de los colombianos no le queremos obedecer; es la mayoría auténtica, clara, incuestionable, formada por la unanimidad del partido conservador y por inmensa porción de los liberales... De modo que una nueva presidencia del señor López no puede ser sino una tiranía puesto que no le queremos obedecer, la mayoría de los colombianos incuestionablemente no le queremos obedecer, y sobre esa mayoría numérica él ejerce el gobierno, está dentro de la definición del padre Mariana: “Tirano es el que manda a súbditos que no le quieren obedecer”. Me permito para que quede bien expreso en la mente colombiana y para que contribuya a la formación de esa conciencia que ahora estoy formando: hay cosas que el señor López atropelló, desconoció y ultrajó; cosas que son sagradas para la inmensa mayoría del país. El señor López ahora dice que si vuelve a la primera magistratura continuará oprimiendo, destruyendo y aniquilando esas mismas cosas sagradas, es decir, nos declara la guerra. Y nosotros no podemos menos, en cumplimiento de un deber elemental, que aceptar esa declaración y tenemos que prepararnos para la guerra no sólo como una cosa lícita sino como una imperativa necesidad del momento... Hay cosas a las que nosotros los conservadores, como espiritualistas que somos, no podemos renunciar; antes renunciaríamos a la vida; es por eso por lo que tenemos que preparar la guerra porque, puestos en la alternativa de escoger: o renunciamos al concepto de patria, al concepto de cultura, al concepto de moralidad que está arraigado en el fondo de nuestra conciencia, o renunciamos a la vida. Pero seríamos unos descastados, unos degenerados cobardes si optáramos por renunciar a todas esas cosas a trueque de salvar una vida miserable bajo esta tiranía instaurada sobre una artificiosa mayoría liberal... 
"El hombre tempestad", "El Monstruo", "El Basilisco". El
franquista En 1934 llega al Gobierno, Alfonso López Pumarejo, antiguo amigo de Gómez, un hombre de la clase dirigente, de familia de financieros.
Alfonso López intentará una serie de reformas de tipo social conocidas como «La Revolución en Marcha».
Dichas reformas lo acercaron -cuando no le granjearon el apoyo pleno- del P.C.C., pero también la animadversión de no pocos dirigentes de su propio partido, y el odio declarado del partido conservador de Laureano Gómez. “Si bien el partido conservador y su órgano de prensa El Siglo, de Laureano Gómez apoyaron claramente la causa franquista, no parece que hicieran lo mismo con los regímenes de Hitler y Mussolini”.

Los Leopardos y el fascismo en Colombia, de José Ángel Hernández. En 1937 Laureano Gómez rindió un homenaje a Franco y a sus emisarios falangistas en un acto

“España, marchando hacia adelante, como defensor solitario de la cultura cristiana, ha asumido la vanguardia de las naciones de occidente en la reconstrucción del imperio de la hispanidad, y en sus falanges inscribimos nuestros nombres con gozo indescriptible... Bendecimos a Dios porque nos ha permitido vivir en esta época de imprevistas transformaciones y porque podemos exclamar con un grito que sale de lo más profundo de nuestro sentimiento: ¡arriba España, Católica e Imperial”. El regreso al país de Gómez en1932 marca un agresivo retorno. Desde el Senado, arremete contra el “romanismo”, grupo conservador encabezado por Román Gómez, Eliseo Arbeláez y Mauro Giraldo, que se dicen adictos al gobierno liberal de Olaya Herrera. ) ( También se me han hecho cargos de vida disoluta, a mí, que sin presumir de santo ni de perfecto, puedo enorgullecerme de una vida arreglada y pura. Era necesario que viniese a esta asamblea el hombre de Marinilla, para que tamaño desencanto pudiera realizarse. No necesito defenderme de esta nueva villanía: me limito a despreciarla. Así queda hundido ese calumniador; así queda entregado al desprecio de la sociedad que a mí me estima. Para mí la política actual se caracteriza, no por la colaboración ni por la cooperación entre partidos civilizados, sino por la deserción de unidades aisladas, que, a cambio de prebendas personales y de aprovechamientos ilícitos, entregan trozos de fortaleza. Y yo, que soy un político realista, no cambio las luchas de la democracia sino a base de lealtad; los partidos que fomentan la traición del adversario pecan contra la república. Discurso contra Román Torres Discurso contra Alfonso
López Pumarejo En el poder Tras la salida de Mariano Ospina Pérez por las presiones posteriores al bogotazo y habiéndose retirado el partido liberal de la contienda política, en 1950, Laureano Gómez accede a la Presidencia de la República.
Desde la Presidencia, Laureano Gómez pretendió dar un nuevo orden al país, convocando para esto a una Asamblea Nacional Constituyente, con la cual buscó crear mecanismos para desarrollar sus ideas acerca del Estado. Su propuesta podría definirse como la puesta en marcha de un Estado corporativista, en el cual los poderes legislativo y judicial mantuvieran sus acciones claramente delimitadas, mientras al Ejecutivo se le otorgaban poderes especiales para determinar los rumbos a seguir en casos de crisis, propuesta que algunos autores han llamado "la dictadura civil".
En 1953 Laureano Gómez propuso la conformación de un Estado de corte autoritario en el que volviera a organizarse la educación pública de acuerdo con los dogmas y la moral católica, se instituyera la prensa como servicio público, se prohibieran las sociedades secretas, se restituyera la filosofía iusnaturalista, se aboliera la responsabilidad presidencial, los concejos municipales se constituirían por el voto de los cónyuges legítimos en representación de las familias. En la administración de Gómez, las persecuciones se intensificaron.
Desde el lado liberal se acusó al rol «incendiario» de Alvaro Gómez Hurtado.
Los liberales, cómo ocurrió en otras tantas oportunidades, se agruparon en torno a movimientos armados, llamados las «guerrillas liberales» y se instalaron en zonas rurales para enfrentar a los efectivos oficiales.
Durante su gobierno, se impulsaron las obras públicas, a través de un préstamo internacional.
Algo similar se registró en la educación. Fueron concluidos los edificios básicos de la Universidad Nacional, se unificaron los programas de bachillerato, se incrementó la educación normalista, campesina e industrial, rama para la cual se contrataron expertos extranjeros. Bajo la justificación de mantener la garantía del orden, realizó una suspensión de las Cortes y redujo las libertades civiles.
La oposición lo acusó de utilizar medidas autoritarias y de implementar un esquema de represión contra miembros y simpatizantes del Partido Liberal Colombiano y el Partido Comunista de Colombia.
A su gobierno se le atribuye amplia responsabilidad por las acciones de la fuerza secreta de civiles armados (apodada en la áreas rurales como Policía Chulavita), quienes perseguían a los liberales radicales, comunistas denominados "Bandoleros" y en general a cualquiera que fuese identificable como partidario de la izquierda.
A esta fuerza secreta se le atribuyen numerosas desapariciones de liberales y opositores ocurridas durante el gobierno de Gómez.
El gobierno de Laureano fue para algunos un gran desastre por la reiterada violación de los derechos humanos que hubo durante su presidencia.
Para la mayoría del oficialismo conservador y para los fieles radicales de la iglesia católica de la época, Laureano actuó como figura caudillista que promovió la educación cristiana, el nacionalismo industrial materializado en la creación de Ecopetrol y la reorganización de la renta.
Las obras deportivas que comenzaban a erigirse en Bogotá y Medellín recibieron su apoyo inmediato.
El sector de la salud pública se vio favorecido por las campañas contra la tuberculosis, la fiebre amarilla, la malaria y otras enfermedades.
Se reestructuraron los servicios de salud en los puertos.
En la problemática energética hubo la reversión de la Concesión de Mares, para ser administrada por Ecopetrol, en vía de organización. Se construyó el oleoducto Puerto Salgar-Bogotá y se inició el de Puerto Berrío-Medellín.
La refinería de Barrancabermeja se benefició con varias partidas extranjeras.
Se crearon empresas como el Banco Popular (1950), y los Ministerios de Fomento (que reemplazaba al de Comercio e Industria) y el de Minas y Petróleos; se modernizó el sistema de telecomunicaciones y se organizó el Instituto Nacional de Fomento Municipal.
La caída En 1951, Laureano Gómez sufre un síncope cardiaco; cede el poder a Roberto Urdaneta.
El 13 de junio de 1953 el general Gustavo Rojas Pinilla se tomó el poder mediante un golpe militar, impidiendo que Laureano Gómez retornara a la Presidencia. Tras el golpe, Gómez fue llevado al exilio, en primer lugar a Nueva York y por último a España, desde donde enviaba continuamente comunicados a sus seguidores, defendiendo sus posiciones y atacando al "usurpador", término que usaba para referirse al general Rojas.
Hacia 1956, en compañía del liberal Alberto Lleras Camargo, Gómez firmó la Declaración de Benidorm, en España, y posteriormente, en 1957, ambos firmaron el Pacto de Sitges, por medio del cual los dos partidos tradicionales de Colombia se comprometían a trabajar unidos por la restauración del orden democrático, por la paridad en la participación en las corporaciones públicas y en el gabinete ministerial durante un período de 12 años, e instauraban la carrera administrativa, en lo que se llamaría el Frente Nacional.
Un rey sin trono Desde los años 30 hasta su muerte, Laureano Gómez figuró como el jefe de mayor influencia en el partido conservador.
Poseía tal atracción sobre las masas conservadoras, que lo seguían con una fe ciega.
Este hecho le ocasionó, en no pocas ocasiones, enfrentamientos con importantes dirigentes de su colectividad, por ejemplo con Mariano Ospina Pérez, quien consideraba el radicalismo laureanista nocivo para la "salud" de la República.
Parte de la opinión pública vio en Laureano Gómez un individuo beligerante, sectario y polémico, que alteró la convivencia partidista.
Los medios de información lo vieron como una figura funesta que había conducido al país político al desangre total.
Falleció el 13 junio de 1963.
Gracias Si bien se le acusa constantemente a Gómez de ser fascista o nazista, dichos señalamientos son exagerados:
El sector “nacionalista” del Partido Conservador, encabezado por Gilberto Alzate Avendaño, el “Duce manizaleño”, secundado por las juventudes conservadoras de tendencia fascista, y el sector “civilista”, encabezado por Laureano Gómez, se enfrentaron en la Convención Nacional Conservadora de enero de 1937
La convención designó como “jefe supremo” a Laureano Gómez, quien desde la época de los gobiernos de la hegemonía conservadora era combatido en su jefatura y métodos por un grupo de jóvenes conocidos como “los Leopardos”
Dicho enfrentamiento se agudizó durante la presidencia de López.
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