Loading presentation...

Present Remotely

Send the link below via email or IM

Copy

Present to your audience

Start remote presentation

  • Invited audience members will follow you as you navigate and present
  • People invited to a presentation do not need a Prezi account
  • This link expires 10 minutes after you close the presentation
  • A maximum of 30 users can follow your presentation
  • Learn more about this feature in our knowledge base article

Do you really want to delete this prezi?

Neither you, nor the coeditors you shared it with will be able to recover it again.

DeleteCancel

Make your likes visible on Facebook?

Connect your Facebook account to Prezi and let your likes appear on your timeline.
You can change this under Settings & Account at any time.

No, thanks

PROCESO REMAR

Describimos el proceso del movimiento en superficie
by

Guillermo Comes Rodriguez

on 28 February 2011

Comments (0)

Please log in to add your comment.

Report abuse

Transcript of PROCESO REMAR

EVANGELIZACIÓN ESPECÍFICA Inicia en este punto y concluye con la “primera conversión” que lleva a un cambio de vida desde la fe y la opción consciente y libre por seguir a Cristo en comunidad. PRE-EVANGELIZACIÓN Va desde el primer encuentro de jóvenes más o menos indiferentes al hecho cristiano y con la situación social que viven, hasta la manifestación de esa inquietud por iniciar su crecimiento en la fe. INICIACIÓN CRISTIANA Retoma este punto y se extiende hasta que estos jóvenes han conseguido un conocimiento de la fe, viven en comunidad esa conversión primera de forma más madura y participativa, y están en condición de discernir su lugar en la Iglesia y en la sociedad desde su vocación particular. INSERCIÓN APOSTÓLICA Pretende precisamente esa inserción en la comunidad eclesial adulta y el discernimiento vocacional. "Descubrir y acoger la vida" PROCESO CATECUMENAL PROCESO CATECUMENAL "En Jesús, la Vida" ACCIONES Generar espacios significativos y personalizantes.
Hacer del grupo un lugar de encuentro con espacios y tiempos reconocidos donde se desarrolle la dimensión afectiva instaurando relaciones profundas.
Favorecer que el joven vaya descubriendo su propia historia, reconociendo su tarea en el mundo.
Favorecer que el joven pueda identificarse positivamente con figuras cercanas y significativas para su vida.
Generar lugares en donde el joven pueda recuperar lo novedoso de la vida (reconocerse en lo que hace y descubrir sus propias capacidades).
Favorecer que el joven descubra su propia interioridad y la comparta con otros en un clima de acogida.
Propiciar la oportunidad para descubrir y poner nombre a los conflictos que vive, sean propios o ajenos. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO

1. De lo transitorio a lo permanente: los diferentes autores que analizan la cultura adolescente nos advierten que viven una realidad cambiante, expuestos a la manipulación y al zapping; que normalmente transcurren su vida entre una diversidad de sitios que le ofrecen multiplicidad de propuestas pasajeras y de tipo “descartable”.
La propuesta es que los adolescentes puedan vivir en lugares permanentes, concretos, lugares de encuentro, de realidad, que permitan la creación de un espacio y un tiempo reconocido como propio, real y singular. La permanencia en ellos favorece un nuevo sentido de la dimensión afectiva donde se pasa de las “emociones” a la vivencia de afectos instaurando relaciones más profundas.

2. Del anonimato a la identidad: los sitios mantienen al adolescente en la despersonalización y favorecen la fragmentación de la persona, facilitando el asumir falsas identidades por el hecho de no ser identificado ni nombrado y menos aún reconocido como diferente y único. Más hoy cuando muchos modelos propulsan la “desaparición el sujeto” para convertirlo en objeto: no le exigen al adolescente encontrarse a sí mismo.
En la primera etapa buscamos que el adolescente pueda encontrarse a sí mismo construyendo su identidad, que cada joven pueda ir descubriendo su esencia, su propia historia, asumirla reconociendo sus tareas en el mundo. Le ayudará a ello el repaso de las figuras cercanas que han sido y son significativas para su vida, encontrando lo que las caracteriza y cuál es su postura ante ello.

3. De la rutina a la novedad: La rutina puede relacionarse con el aburrimiento, la indiferencia y la apatía. Muchos de nuestros jóvenes manifiestan estar aburridos y no encontrar “el encanto” de las cosas que hacen o de lo que los adultos les ofrecen. El aburrimiento surge allí donde no puede reconocerse, donde no puede ver nada propio, nada de él, nada que le concierne.
Nos proponemos que los adolescentes experimenten la novedad que provoca la búsqueda de experiencias nuevas de tal forma que puedan conectar con lo ya conocido. Alguien se aburre cuando no puede verse allí en lo que hace, en lo que tiene, entonces es necesario crear espacios propios para el joven en donde pueda reconocerse y en donde pueda descubrir sus capacidades. Debemos generar lugares en donde el joven pueda recuperar “lo novedoso” de la vida, de lo propio.

4. De la evasión al encuentro: En la búsqueda de la evasión, es común que emplee diferentes mecanismos de proyección. Algunos tienden a no mostrarse, a enmascararse, por temor a ser rechazados por sus pares; otros, a perderse entre sus compañeros, ajenos a lo que de verdad sienten y piensas.
Buscamos en esta etapa que el adolescente pueda tener un encuentro con él mismo, que pueda descubrirse y encontrarse, que pueda mirar su realidad y lo que está pasando en su vida. Es importante que el joven pueda conocer su interioridad: expresarla y compartirla en sintonía con los demás y en un clima de acogida.

5. De los problemas a la identificación de los mismos: la sociedad es un micro–macro espacio donde se entrecruzan conflictos y núcleos problemáticos que para el adolescente representan situaciones con las que tienen que convivir, muchas veces realidades que los enfrentan consigo mismos, o con otras circunstancias de su ambiente a las que son más o menos sensibles o indiferentes.
La propuesta formativa del Movimiento busca lograr, en esta etapa, que el grupo les propicie la oportunidad de poder descubrir, reconocer, “ponerle nombre” a aquellos conflictos que conviven con ellos, y asumir que existen (sean éstos propios o ajenos). PUNTO DE PARTIDA Al iniciar esta etapa los jóvenes se encuentran transitando por una diversidad de sitios viviendo experiencias pasajeras que no dan consistencia a su identidad, y le mantienen en el anonimato y la fragmentación.
Para muchos, la vida está marcada por el aburrimiento, la indiferencia y la apatía, y optan por la evasión, sea enmascarándose para no mostrar quienes verdaderamente son y lo que sienten, sea evitando el contacto con el otro.
Esta misma actitud la repiten en la vivencia de sus situaciones problemáticas, que muchas veces no saben cómo enfrentar. PUNTO DE LLEGADA Al finalizar esta etapa el joven estará estableciendo relaciones más profundas dentro un espacio que reconoce como real y propio. Esta misma experiencia le habrá ayudado a irse encontrando consigo mismo y con su historia.
Poco a poco irá encontrando un nuevo sentido a lo que hace y descubriendo sus propias capacidades. De hecho, ya no será un extraño para sí mismo: reconoce su interioridad y hace esfuerzos por compartirla, incluyendo los conflictos por los que está pasando. RELACIÓN CONSIGO MISMO ACCIONES Experimentar a Jesús como amigo cercano y expresar y celebrar en grupo este acontecimiento.
Reeducar el deseo: la pregunta por algo o alguien que dé sentido a la vida que está más allá de sí mismo.
Vivir la experiencia del límite hasta abrirse a la invocación (actitud de quien busca y se abre al misterio).
Acompañar al joven en el paso del sí a la vida hasta la invocación. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De la autosuficiencia a la invocación: muchos adolescentes viven esta etapa creyendo tener en sí todas las respuestas. En realidad, muchos ni siquiera se elaboran seriamente preguntas sobre el sentido de su vida y de la dimensión trascendente. No desean más de lo que tienen y son. No tienen sed de más. Por lo tanto, la tarea pendiente para el animador es educar al deseo. Salir de la autosuficiencia (elaborar preguntas) para abrirse a la búsqueda de respuestas (la invocación), primer paso hacia el encuentro con Alguien capaz de darles sentido pleno en la siguiente etapa.

2.De la vivencia superficial de Jesús a un experimentarlo como cercano y amigo: No todos los jóvenes viven la indiferencia ante las preguntas radicales, ni tampoco todos son ajenos al hecho religioso, pero sí suele darse una experiencia “superficial” de Jesús, de lo que ha aprendido (catequesis del saber) en la casa o en la escuela en el mejor de los casos.
La tarea pastoral y pedagógica será, entonces, que puedan experimentar a Jesús como amigo cercano, y expresar y celebrar en grupo este acontecimiento. PUNTO DE PARTIDA Al iniciar esta etapa muchos jóvenes se encuentran en situación de autosuficiencia creyendo tener en sí todas las respuestas o evadiendo elaborarse seriamente la pregunta sobre el sentido de sus vidas.
Tienen una vivencia “superficial” de Jesús, cuando no son ajenos a Él y al hecho religioso, y son fuertemente influenciados por una sociedad que no los provoca en esta dirección. PUNTO DE LLEGADA Al finalizar esta etapa los jóvenes han hecho un camino de reconocimiento de sus deseos más profundos y de sus preguntas más vitales y se abren a la búsqueda de respuestas.
Han experimentado a Jesús como amigo cercano y expresan y celebran este acontecimiento en grupo. RELACIÓN CON dIOS ACCIONES Descubrir las nuevas posibilidades existentes en el interior de los jóvenes.
Buscar elementos comunes que permitan construir una identidad grupal común.
Propiciar el diálogo, lo que facilitará descubrir el valor del otro y su opinión permitiendo el enriquecimiento del grupo.
Crear y fomentar la comunicación al interno del grupo.
Descubrir que lo importante es ser persona y no individuo.
Involucrar a los jóvenes en el proceso para elaborar un ambiente que responda a sus expectativas y posibilite la educación en valores.
Transformar espacios de pasividad en ambientes participativos, de expresión de opiniones, de aporte de experiencias e ideas.
Generar un lugar donde el joven pueda compartir junto con otros jóvenes sus ilusiones, afectos e inquietudes.
Que el joven reconozca a los miembros de su familia y tome conciencia, como hijo y hermano, de ser miembro de un cuerpo familiar. 1. De la soledad a la creación de vínculos: el sentimiento de soledad es una de las principales características de la adolescencia. Los adolescentes buscan estar a solas creando momentos de intimidad, de búsqueda y encuentro consigo mismos. Esta realidad, necesaria, puede convertirse en elemento negativo cuando lleva al aislamiento sistemático y cuando el “sentirse solo” es experimentado sea como incomprensión de las figuras adultas, sea como ausencia de espacios afectivos y estables para “ir tomando la vida en sus manos”.

A los adolescentes les proponemos que puedan iniciar el camino de descubrimiento de las nuevas posibilidades existentes en su interior. Esto los irá afirmando en su seguridad y ayudando a sentirse reconocidos por los demás mientras encuentran un lugar en el grupo. Este proceso posibilitará la creación de vínculos, vitales para ellos, ya que el reconocimiento y aceptación de los pares se torna fundamental en esta etapa.
Otra característica de la cultura adolescente son las amistades cerradas, entendiendo por ellas las amistades que se dan en los pequeños subgrupos cuando no se posibilita que otros compartan códigos, formas y modismos propios del subgrupo. Estas amistades se irán abriendo en el grupo en la medida que los animadores les brinden oportunidades de compartir, buscar elementos comunes desde donde se construya una identidad grupal común. Las amistades cerradas dan lugar a diferencias, celos, chismes y malestar tarde o temprano... y si bien son normales no es bueno que perduren en el tiempo dentro de un grupo.

2.De ser “islas” a ser grupo: Muchos adolescentes viven esta etapa encerrados en sí mismos e indiferentes a lo que vaya más allá de sus intereses individuales. Pero parte de la tarea correspondiente a su etapa evolutiva es identificarse como individuo distinto de otros (aunque en su caracterización se presenten muy parecidos en sus formas de actuar, hablar, vestirse, etcétera) es un aspecto elemental porque implica diferenciarse. En REMAR-MARCHA-NAVEGAR procuramos mostrarles que lo importante no es ser individuo sino persona.
Ante esta situación, proponemos al joven un lugar donde pueda compartir junto a otros jóvenes sus ilusiones, afectos e inquietudes, un ambiente que responda a sus expectativas y favorable para una propuesta educativa en valores. En este espacio se puede generar la pregunta sobre el sentido de la vida y su llamada a realizarse como ser en relación.
La función del animador es crear, mantener y fomentar la comunicación para que se genere el sentido de pertenencia e identificación grupal. Esto permitirá un clima de seguridad que favorezca las tensiones de crecimiento.

3.De la discusión al diálogo: En el proceso grupal, especialmente al inicio, cuando no existe una identidad común, no es raro experimentar el disenso propio del desconocimiento de los integrantes, de la falta de confianza y de la realidad propia del adolescente donde la forma de pensar de cada uno es considerada la mejor y la más apropiada.
Queremos propiciar el diálogo que reconoce el valor del otro y de su opinión. Y que permite el enriquecimiento de todos mientras se van dando las condiciones para sentirse a gusto entre los nuevos amigos.

4.De la dependencia a la participación: En las primeras etapas del proceso grupal puede darse que cueste motivar la participación, y que el grupo sea pasivo; que no aporte ideas ni se involucre en las propuestas del animador o de cualquier otra persona que las proponga.
El animador debe procurar que esta pasividad se transforme en espacios de participación, de expresión de opiniones, de aporte de experiencias, ideas, etcétera.

5.De “estar” a reconocer mi familia: La familia es una unidad en la cual el comportamiento de cada miembro está relacionado con el de los demás y depende a la vez de ellos.
El “estar” implica para el adolescente dedicación de un tiempo en un determinado espacio que hace referencia muchas veces a una situaciones de conflicto (divorcio, alcoholismo, maltrato físico o psicológico, poca privacidad, autoritarismos, responsabilidades a corta edad, incomprensión de sus sentimientos...), y donde crea sus propios mundos (aislamiento, música, internet, televisión, fantasías,...). Se concreta en un estar físicamente sin entrar necesariamente en relaciones interpersonales. Pero no solo se “está” en ella, se es “parte”, y hay que hacer el camino que lleva a “reconocer” el aporte de cada uno.
Se busca entonces que el adolescente reconozca a los miembros de su familia. Que el joven tome conciencia, como hijo y hermano, de ser miembro de un cuerpo familiar. Tiene unos apellidos que los relacionan con la familia. Forma parte de ella y tiene, por tanto, derechos y deberes. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO RELACIÓN CON
LOS DEMÁS ACCIONES Entrar en contacto con su propia realidad y con otras realidades.
Abrir los ojos y ampliar sus horizontes.
Propiciar la implicación del joven en la transformación de las cosas sencillas que suceden a su alrededor.
Introducir al joven en el complejo problema de la ecología.
Provocar el descubrimiento de la cultura en que se mueve y vive. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De la ingenuidad al descubrimiento de la realidad: Al aislamiento que vive el adolescente en esta etapa se suman fuerzas sociales que buscan mantenerlo en la burbuja de la ingenuidad: poco contacto con realidades diferentes a la suya, escasa conciencia crítica frente a su realidad y poco interés en la vida socio-política.
Parte importante del proceso de maduración del adolescente será entonces entrar en contacto con su propia realidad y con otras, abrir los ojos y ampliar sus horizontes. Este descubrimiento de la realidad abrirá el camino para conmoverse ante situaciones de dolor y para crecer en responsabilidad.

2.Del no te metas al meterse: En nuestras sociedades caracterizadas por la crisis de utopías y por la resignación a vivir en la cotidianidad sin cuestionarse el sentido de la propia vida y del mundo, el consumismo, el hedonismo, y otros factores, llevan al joven a mantenerse al margen de la realidad social.
En esta etapa se propone el paso del no te metas, del vivir ajeno a lo que pasa en su entorno, de lo que pasa en el mundo y en la sociedad, al meterse, es decir, ser parte del conjunto con la cuota de derechos y deberes que trae…, a reconocer que desde los dones recibidos asumo la responsabilidad en cuanto me corresponde y empiezo a implicarme en la transformación de las cosas sencillas que suceden a mi alrededor. Es empezar a "descentrarme" de mí mismo para salir al encuentro de los otros y con los otros.

3.De pasarla bien a gozar y admirar la naturaleza: Nuestra cultura ha privilegiado la postura manipuladora de la naturaleza bajo el postulado de la supremacía del ser humano sobre todo lo creado y de su “vocación” al uso indiscriminado de los recursos, lamentablemente con poca conciencia de que tal uso ha de ser responsable y solidario. Y nuestros jóvenes no han escapado de esta actitud generalizada.
La propuesta para esta primera etapa quiere introducir al joven en el complejo problema de la ecología tal como se verá más adelante- dando un paso fundamental e indispensable: tomar conciencia de la creación, gozarla, admirar la naturaleza y maravillarse por su belleza, valorarla y apreciarla en sí misma y no sólo por cuanto “sirve” para “pasarla bien” en un momento determinado.

4.De la confusión o indiferencia al reconocimiento cultural: Sometidos a un fuerte bombardeo mediático que promueve los valores foráneos sobre los locales, muchos jóvenes tienden a despreciar su cultura. Otros se muestran indiferentes frente a ella, pues no conocen lo propio ni lo valoran. Esto está ligado a la imagen y a la estima de sí que tiene el joven.
En esta etapa se propone al joven un lugar para abrir los ojos y experimentar lo que vive, palpa y siente, provocando en él el descubrimiento de la cultura en que se mueve, de la que forma parte y que merece ser redescubierta. PUNTO DE PARTIDA Al iniciar esta etapa el joven se encuentra en la “burbuja de la ingenuidad”, con poco contacto con realidades diferentes a la suya, escasa conciencia crítica y escaso interés en la vida socio-política. Vive de manera individualista probando de las ofertas que el mundo le presenta.
Por la crisis de las utopías y la falta de cuestionamientos sobre el sentido de la vida, el joven es llevado a mantenerse al margen de la realidad social, hace un uso indiscriminado de la naturaleza desde el postulado de la supremacía incondicional del ser humano sobre todo lo creado.

El bombardeo de culturas externas y la frágil valoración que hace de sí mismo propician que cree sus propios mundos y se concrete a un estar físicamente sin entrar en relaciones interpersonales profundas. PUNTO DE LLEGADA Al terminar esta etapa el joven tendrá un lugar donde pueda compartir junto con otros jóvenes ilusiones, afectos e inquietudes, se habrá implicado en la transformación de las cosas sencillas que suceden a su alrededor, y habrá tomado conciencia del valor de la creación que goza y admira por su belleza.

El joven será capaz de abrir los ojos a su propia realidad y otras realidades que le permiten ampliar horizontes y conmoverse ante situaciones de dolor para crecer en responsabilidad. RELACIÓN CON el entorno “Alégrate… No temas… Has hallado gracia…” (Cfr. Lc 1, 28-30) Como María en la Anunciación, acogemos el saludo de Dios –la invitación a la Vida- con alegría. Ayudamos a nuestros jóvenes a reconocerse llenos de gracia –amados por Dios- e invitados a la esperanza en un proyecto de felicidad que poco a poco irá descubriéndose desde Dios. PUNTO DE LLEGADA Al terminar esta etapa los jóvenes habrán descubierto nuevas posibilidades existentes en su interior y las compartirán, y buscarán elementos comunes desde donde se construya una identidad grupal. El dialogo deberá llevar a los jóvenes a reconocer el valor del otro y de su opinión permitiendo así el enriquecimiento de todo el grupo, dándose las condiciones para sentirse a gusto entre los nuevos amigos.
Todo lo anterior le permitirá favorecer la comunicación grupal generando la pertenencia al grupo, la cohesión grupal y valoración de la personalidad de cada uno de los integrantes.
En el ámbito familiar el joven será capaz de reconocerse como miembro de una familia, como un rol particular con derechos y deberes dentro de la misma.
En el hogar, reconoce a los miembros de su familia y se siente parte de ella, con derechos y deberes. Lugar: Verrières.
Hace referencia a los primeros años de estudio de Marcelino en el Seminario menor de Verrières (1805-1813).

Acontecimiento: Banda alegre Muerte de amigo de Champagnat.
Experiencias por las que Marcelino va entrando en relación con otros, con su formación y con el límite... su propio límite y el inherente a toda la existencia humana: la debilidad, el fracaso, la muerte…

Frase: ¿Es esto lo que busco?
Alude a la experiencia interior de Marcelino Champagnat, que ante un primer fracaso como seminarista debe repensar seriamente qué es lo que busca. Encuentra en su corazón el deseo profundo de ser de Dios y de servirle como sacerdote, aún siendo consciente de su fragilidad.

Actitud: Buena voluntad
Marcelino Champagnat vivió y pidió a sus jóvenes la buena voluntad que se manifiesta en la sencillez para hablar desde la verdad y en la franqueza de las intenciones. PUNTO DE PARTIDA Al iniciar esta etapa, los jóvenes por las características propias de la adolescencia buscan estar solos, creando momentos de intimidad, búsqueda y encuentro consigo mismo. Esta realidad puede convertirse en un elemento negativo cuando lleva al aislamiento sistemático y cuando no encuentran espacios afectivos estables que le permitan “ir tomando la vida en sus manos”, a esto se suma el círculo de amistades cerradas lo cual no posibilita que otros compartan códigos, formas y modismos propios del grupo. Junto con esto viven situaciones de disenso a nivel grupal debido al desconocimiento de los integrantes, a la falta de confianza y a la realidad propia del adolescente donde su forma de pensar es la mejor y la más apropiada.
El joven busca identificarse como un individuo distinto de otro esto implica diferenciarse del resto manejando elementos de dispersión y lejanía. Por lo anterior puede darse en la primera etapa del proceso grupal actitudes de falta de motivación y pasividad. ACCIONES Favorecer que el joven reconozca las propias cualidades y limitaciones.
Hacer constructivo y valioso lo que vive.
Ayudar al joven para que pueda descubrir y conocer su auténtico ser.
Ayudar al joven para que valore y de importancia a lo cotidiano.
Acompañarlo en el reconocimiento de aquello que no cambia, (sueños, sentimientos, intuiciones, deseos, etc...)
Invitarlo a seguir creciendo y enriqueciendo su vida.
Generar espacios donde el adolescente pueda compartir sus problemas, se sientan escuchados y comprendido. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De lo permanente a lo valioso: Lo permanente implica la continuidad de un espacio en donde tenga la posibilidad de consolidar sus afectos, pero la realidad muestra que en estos lugares no todo es constructivo y lleno de sentido.
Es necesario, en segunda etapa, continuar el proceso de crecimiento hacia la consideración de lo valioso, por ello, buscamos que cada adolescente pueda reconocer los tesoros que posee, lo más preciado que guarda en su interior que está esperando “ser sacado” y descubierto para transformarlo en frutos, como también, las debilidades, que deben ser integradas como parte de una unidad y en posibilidad de crecimiento.

2.De la identidad al ser: el proceso de estructuración de la identidad que se da en la etapa de la adolescencia, cobra nuevo significado ahora. La “narración de la propia historia” adquiere real sentido si le proponemos al adolescente el camino hacia el compromiso de descubrir en lo más profundo la semilla que Dios depositó en él. Esta búsqueda constituye la identidad personal que no es otra que la fidelidad a uno mismo, proceso en permanente evolución que intenta integrar su mundo circundante, su realidad actual junto a las principales identificaciones que lo fueron conformando en toda su vida.
En la segunda etapa nos proponemos que el adolescente pueda encontrarse y conocer algo más de su auténtico ser. Este pasaje implica una forma genuina de valorar “lo que es”, la posibilidad de reconocerse desde su singularidad e individualidad. Es el tiempo del diálogo profundo, de valorar “quien soy yo” como regalo y don preciado de Dios.

3.De la novedad a lo cotidiano: recuperar la novedad de vivir y el valor que tiene cada cosa implica superar el entusiasmo pasajero y cambiante que caracteriza al nuevo orden social y que se evidencia claramente en los adolescentes. Muchas veces, las cosas simples pierden el sabor de su esencia dando paso al desencanto cuando desaparecen los efectos de la emoción momentánea.
En segunda etapa procuramos que lo cotidiano que forma parte del adolescente cobre valor, que sea vivenciado el día a día y cada circunstancia en donde se producen los acontecimientos. Se trata de vivir lo cotidiano como una novedad haciendo de lo simple algo maravilloso. Que los adolescentes puedan encontrarse y comenzar a conocer su auténtico ser, integrando signos positivos y negativos. Los adultos tenemos la imperiosa tarea de acompañarlos en el reconocimiento de aquello que no cambia, de los sentimientos, intuiciones, deseos profundos, de lo propio, de lo que se anhela, de sus sueños.

4.Del encuentro al reconocerse: buscamos que el encuentro consigo mismo y con los demás lo lleven a transitar el camino del crecimiento interior. En este proceso es fundamental la confrontación analítica con su historia.
Deseamos que el mirarse con y en el otro lo lleve a un conocimiento de sí mismo, a un re-conocimiento de su propia verdad que lo conducirá a reencontrarse con sus sueños, con la experiencia vivida, con los desafíos que la vida le propone y, fundamentalmente, con Jesús. Este es el lugar para reconocerse invitado a aceptar la propuesta de seguir creciendo y enriqueciendo su vida.
La importancia de reconocerse es real cuando el joven logra apropiarse de su vida, de sus actos, se hace cargo de lo que hizo y hace, se nombra como responsable de su obra dando cuenta de las causas y consecuencias que provocan sus acciones.

5.De la identificación de los problemas a compartirlos: el camino de la socialización posibilita la ayuda, la solidaridad y la búsqueda común de respuestas. Al compartir los problemas el adolescente encontrará el espacio donde sentirse escuchado, comprendido y donde se le aportarán elementos para comprender la problemática contextual de los conflictos. PUNTO DE PARTIDA El joven se encuentra en un proceso que le ha permitido identificar aspectos de su identidad y sus problemas desde el encuentro consigo mismo y los otros. PUNTO DE LLEGADA El joven descubrirá los dones que Dios depositó en él, su valor personal, desde el reconocimiento de la propia singularidad e individualidad. RELACIÓN CONSIGO MISMO ACCIONES Experimentar a Jesús como amigo.
Iluminación de determinadas situaciones de vida con la Palabra de Dios.
Educar en la lectura del “paso de Dios” por la vida del joven.
Generar espacios para compartir sus dudas de fe y aclarar algunos conceptos sobre Jesús.
Testimonio de vida de cristianos adultos, quienes lo han descubierto como el gran fundamento.
Acompañamiento personal.
Propiciar experiencias de retiro y oración grupal. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De la invocación a fiarse en aquel que tiene Palabras de Vida: Si la invocación, en un primer momento, consiste en levantar las manos hacia Dios, es decir, hacer que Dios sea ALGUIEN en mi vida, en esta segunda etapa lo que se pide es que el joven pueda dar un paso más y llegue a fiarse y confrontarse con el Jesús que tiene Palabras de Vida y por lo tanto tiene algo que decirle en este momento de su historia.

2.De experimentar a Jesús como cercano y amigo a abrir el corazón a lo que Él es, dice y siente: En la etapa anterior el adolescente habrá experimentado a Jesús como un amigo cercano que está siempre que lo necesita. Ahora se trata de abrir el corazón a lo que Él es, dice y siente. Se trata de educar en la apertura del corazón para confiarle los fracasos y aciertos, las penas y alegrías, dudas y certezas. Será también abrir, progresivamente, el corazón a su Palabra. PUNTO DE PARTIDA El joven ha hecho un camino de reconocimiento de sus deseos más profundos y de sus preguntas más vitales y se abren a la búsqueda de respuestas. PUNTO DE LLEGADA El joven llega a fiarse de Jesús, quien a través de en un diálogo abierto se hace amigo y compañero de camino. RELACIÓN CON dIOS ACCIONES Crear un proceso de apertura al otro donde se den espacios para conocerse, conocer a los demás y sensibilizarse ante la necesidad del otro.
Propiciar la creación de relaciones de amistad profunda (consigo mismo, con los otros, con Dios) que creen lazos de aceptación, ayuda y sinceridad.
Acompañar la búsqueda del consenso grupal.
Propiciar la cohesión del grupo frente a un objetivo común.
Propiciar en el joven el protagonismo y responsabilidad.
Buscar que el joven confronte sus experiencias con las experiencias de Jesús, junto con otros jóvenes.
Crear espacios donde el joven pueda expresar la situación familiar que vive y sus sentimientos frente a ella. 1.De la creación de vínculos a la creación de lazos: la creación de vínculos sostiene las relaciones que le dan seguridad y que atenúan sus sentimientos de incertidumbre y soledad. El adolescente necesita sentir la presencia segura de alguien en quien pueda mirarse y con quien vincularse y, en esta tarea, el grupo de amigos cumple un rol importante.
Debemos suscitar que se genere la creación de lazos en sus relaciones. Que los vínculos que se estrechan en su cotidianidad se fortalezcan y se profundicen en la conformación de los lazos. Ello implica la consideración de uno que habla y otro que escucha, que comprende y es presencia afectiva. Sin esta implicación no se da la posibilidad de lazo social, proceso imprescindible para producir en cada sujeto la propia interrogación, la necesaria reflexión de su ser y de sus acciones.
Buscamos que el joven pueda encontrarse y reencontrarse en amistad profunda, con él mismo, con el otro y con Dios que es presencia segura y que lo invita a una permanente reflexión sobre sí mismo.

La amistad abierta pone a todos en un plano de igualdad, de respeto de las diferencias y las preferencias, de diálogo, de transparencia de las situaciones, donde lo confuso se explicita con respeto y cariño.
Una amistad que no se guarda nada para sí misma permite la común unión de las personas, posibilita que en un plano profundo cada uno pueda decir y escuchar lo que otros tengan para compartir. La amistad profunda es la que crea lazos de aceptación, de ayuda, de sinceridad.

2.Del diálogo al consenso: Esta etapa natural de discusión desordenada que el animador debe saber acompañar pacientemente en la segunda etapa, debe ir convirtiéndose en una búsqueda de consenso grupal que abra el camino a optar no por lo que caprichosamente se desea hacer sino por aquello que es lo mejor para el grupo, aquello que los ayudará a crecer de acuerdo al proceso planificado para la etapa.

3.De la agrupación al grupo cristiano y cohesionado que se encuentra con otros: dentro de la dinámica de grupos en las que se encuentran trabajamos la cohesión del grupo y seguimos acompañando el proceso de formularse preguntas de sentido y de ir al encuentro de sus respuestas. Esperamos que nuestros jóvenes se encuentren con el Jesús amigo que acoge e invita a hacerlo compañero de camino en grupo cristiano. Con la ayuda del Evangelio el grupo encuentra a Jesús y las pistas para caminar con él y como él. Pronto descubrirá también que en este caminar se encuentran otros grupos de jóvenes que como ellos también desean satisfacer esa sed del agua viva.

4.De la participación al protagonismo: El paso al protagonismo estará dado por el encontrar y descubrir de cada adolescente que su participación en el grupo es importante, que lo que puede aportar no lo puede asumir otro porque todos somos importantes en el grupo. Ser protagonistas es asumir la responsabilidad y la tarea de que en el grupo cada uno tenemos un lugar y una función.

5.De reconocer a descubrir necesidades: El reconocimiento familiar tiene que llevar al muchacho a implicarse dentro del núcleo familiar superando la incompatibilidad en la manera de pensar con sus padres, en los autoritarismos que recortan la libertad y en la falta de comunicación que crea vacíos familiares. Esto lanza al joven a dar un paso en el ambiente familiar.
En esta segunda etapa el joven toma conciencia de sus sentimientos frente a su familia y se da cuenta que no es perfecta, que en todas las familias hay problemas que muchas veces están ligados a los cambios: sociológicos (injusticia social), culturales (calidad de vida), políticos (dominación y manipulación), económicos (salarios, consumismo, desempleo, pluriempleo) y religiosos; estos cambios generan necesidades básicas al interior de la familia, desestabilizando las relaciones, el tiempo para compartir y el estado de ánimo de las personas. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO RELACIÓN CON
LOS DEMÁS ACCIONES Propiciar en el joven contactos fuertes con la realidad que lo interpelen.
Favorecer el contacto con realidades de dolor o conflicto donde el joven pueda expresar su deseo de hacer algo para solucionarlas.
Propiciar en el joven la apertura a una nueva concepción de su relación con el planeta.
Favorecer el contacto directo con la propia cultura, de modo que el joven pueda reconocerse e identificarse dentro de ella. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Del descubrimiento a cuestionarse: El camino del descubrimiento no se ha de quedar en lo afectivo sino que ha de conducir al joven a cuestionarse, a reflexionar sobre cuál es su papel frente a estas realidades que va descubriendo. El joven necesita contactos que le interpelen, que iluminen sus preguntas y acrecienten el sentido de responsabilidad ante el mundo. Descubrir que las personas no tienen las mismas riquezas ni oportunidades le ayudará a sensibilizarse y a ir dando pequeños pasos en su proyección social.

2.Del meterse al prometerse: La segunda etapa exige dar un paso más. Se trata de ir del meterse acogiendo responsablemente la vida, y dándose cuenta de que los demás también existen al prometerse, es decir, al sentirse enviado en pro de algunas cosas que merecen la pena y no querer "pasar de largo" ante el dolor que haya a su alrededor. Se trata de sensibilizarnos ante el inmenso valor que tiene la persona y ante los conflictos y sufrimientos que padece nuestro mundo.

3.De gozar y admirar la naturaleza a descubrirla como obra de Dios y espacio donde habito: El adolescente que ha llegado a admirar la naturaleza, en esta etapa dará un paso más abriéndose a una nueva concepción de su relación con el planeta. Si hasta el momento dividía el mundo en dos: él y todo lo demás existente, empieza ahora a percibirse como alguien cuya existencia debe desarrollarse en armonía con las demás especies porque todos han sido creados por Dios y todos habitan el mismo espacio.
En esta toma de conciencia, encuentra su punto de unión con la naturaleza: la condición de ambos como criaturas, y su relación con el ente creador Dios-.
Llegar a este punto es necesario si pretendemos promover un nuevo paradigma que extiende la relación moral de responsabilidad más allá de la dimensión específicamente humana, situándola en un contexto de relación entre el hombre y todos los seres vivos. Estaríamos ayudando a hacer posible un nuevo estilo de vida, sensible y conciente del medio ambiente en general y de los problemas conexos.

4.Del reconocimiento a la identidad cultural: Como parte del proceso de descubrir “quién soy yo”, esta etapa brinda al joven un lugar para que conteste la pregunta “quién soy yo dentro de mi pueblo”, para situarse en un contexto cultural específico con unas manifestaciones características. Se trata de reconocer la propia cultura, identificarse con ella y ver cómo forma parte de quienes somos. PUNTO DE PARTIDA El joven se encuentra en un proceso en el que se reconoce como ser en el mundo, se descubre en relación con la realidad, la naturaleza, el grupo y cae en la cuenta de su participación en ellos y la influencia de ellos en él. PUNTO DE LLEGADA El joven ha acrecentado su sentido de responsabilidad ante el mundo, comenzado a dar pequeños pasos en su proyección social. Se ha sensibilizado ante el valor de la persona humana y ante los conflictos y sufrimientos que padece nuestro mundo. Ha descubierto la propia cultura como parte integrante de su identidad, y su responsabilidad moral frente a la naturaleza - obra de Dios y espacio donde él habita-. RELACIÓN CON el entorno “Guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. (Lc. 2, 19) Como María, invitamos al joven a mantenerse atento a lo que sucede tanto dentro como fuera de sí. A contemplar, a abrirse al misterio. A integrar. PUNTO DE LLEGADA Al terminar esta etapa el joven ha creado lazos de amistad en sus relaciones, lo que facilitará su participación y protagonismo al interno de grupo, el logro del consenso, y la cohesión grupal.
En el ámbito familiar toma conciencia de sus sentimientos frente a sus miembro, asumiendo que no es perfecta. Lugar: LYON.
Hace referencia a la experiencia vivida por Marcelino en el Seminario Mayor de Lyon.

Acontecimiento: Resoluciones.
Luego de la difícil experiencia inicial en el seminario menor, Marcelino decide dar un paso más en la vivencia de su opción, decide darle más profundidad, con todo lo que ello implica. Sus “resoluciones” fueron expresión de este compromiso de superación, confiando siempre en Jesús y María.

Frase: “Señor, confieso que no me conozco”.
Así comienza una oración que el joven Marcelino seminarista rezaba con frecuencia. Muestra el camino interior de quien va descubriéndose poco a poco como realmente es. Quien se topa con su verdad interior y pone manos a la obra para salir de la mediocridad.

Actitud: Confianza en Jesús y en María
Nos fijamos aquí particularmente en la confianza de Marcelino en Jesús y María a quienes confía constantemente su camino personal. Poco a poco va consolidándose en él la experiencia de sentirse amado por ellos, y la necesidad de corresponder desde su debilidad. PUNTO DE PARTIDA El joven se encuentra en un proceso en el que ha logrado, por medio del diálogo y la participación en el grupo, un sentido de pertenencia que le lleva a la creación de vínculos con los demás miembros. ACCIONES Planificar un proyecto común para el grupo que acepte la diversidad, subjetividad y la revisión continua y crítica del mismo.
Acompañamiento personal que aborde el mundo afectivo y sexual, el diseño y seguimiento del Proyecto Personal y grupal y la realidad familiar.
Crear espacios donde puedan compartir, experimentar y desarrollar sus inquietudes, sueños, dificultades, triunfos, derrotas, afectos y capacidades, etc.
Generar espacios que propicien la toma de conciencia de lo que le va pasando en su caminar, de cara al Evangelio, con intención de concretizarlo en la vida.
Formar animadores para acompañar los procesos personales y grupales. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De lo valioso a lo acogido: La dimensión de lo valioso cobra otro sentido en esta etapa, lo que es considerado como potencial, como riqueza interna que hay que descubrir, se torna poco significativo si solo se queda en el plano de la valoración subjetiva.
Buscamos que cada adolescente no sólo se quede en descubrir lo valioso sino que lo acoja y lo vaya integrando poco a poco en su vida. Buscamos que haga experiencia de los valores que va descubriendo para que pueda seguir su proceso normal de crecimiento.

2.Del ser al desplegar el ser: la construcción dinámica de la identidad implica, por parte del joven, el reconocimiento de las “propias formas”, esto es, del propio ser. Constatamos que el adolescente “va ensayando” en la vida para reconocerse y reconocer sus espacios y su posición frente a la invitación de construir el Reino.
Queremos que cada joven pueda experimentar la dinámica de desplegar el ser, porque consideramos imprescindible que el adolescente pueda reconocer y jugarse por sus propios sueños y para hacerlo, debe ir “diseñando mapas” y haciendo opciones en los cruces de camino que le presenta la historia, dinamizado por la vocación que cada adolescente tiene en su interior y a la que está llamado a responder.

3.De lo cotidiano a dar sentido: en lo cotidiano se tejen las diferentes relaciones y transcurre lo que se vive a diario aunque a veces el inmediatismo que exigen los adolescentes lleva a banalizar lo simple y sencillo de sus relaciones.

En la propuesta formativa del Movimiento, asumimos la intención de que cada adolescente pueda dar sentido a cada momento y a cada cosa que le sucede; se trata de que desde la experiencia narrativa pueda pasar a descubrir la significatividad que contiene el mensaje del Evangelio para su vida y para los demás. Que el adolescente pueda descubrir-se trascendiendo hacia el encuentro con el propio maestro interior y con el gran maestro “...que se deja encontrar en la riqueza de nuestro propio pozo… y desde allí puede dar unidad y frescura a todo nuestro ser...”
La vida cotidiana de cada persona tiene valor y sentido solo cuando ella lograr integrar y sintonizar los propios sueños con el gran sueño de Dios para sus vidas.

4.Del reconocerse al aceptarse: la capacidad de reconocerse, hace al adolescente contemplarse con una mirada realista y responsable. Es necesario crear la dinámica que tienda a la acción para que desde esta realidad, su propia realidad, pueda superar la tendencia a la actitud pasiva de no comprometerse con el llamado que descubrió en su interior.
Buscamos que los adolescentes puedan vivir el aceptarse a sí mismos, que sepan reconocer sus defectos y sus cualidades, que tengan una autoestima saludable.

Queremos que vivan el valor del compromiso consigo mismos y que a través de él logren escuchar la pregunta interior que surge: ¿qué quiere Dios de mí?, ¿qué esperan los demás de mí? Nos toca acompañar esa búsqueda del sueño personal de cada adolescente para que puedan descubrirlo y jugarse la vida por él.

5.De compartir los problemas a hacerse cargo de ellos: Hay que distinguir aquí dos dimensiones: la primera, la conformada por “mis núcleos problemáticos propios” (podríamos decir, en otras palabras, los que me afectan a mí directamente y pueden convertirse en situaciones enquistadas de difícil resolución o no), y la segunda, aquello que no afecta directamente a mi persona, pero que pueden influir en mi vida. En la tercera etapa procuraremos brindar todos aquellos elementos que ayuden al adolescente a asumir los conflictos, evitando negarlos y descubriendo que lo que existe forma parte de su historia y de su realidad. PUNTO DE PARTIDA El joven reconoce su identidad y el propio ser, y valora sus cualidades. Se maravilla de lo cotidiano en su vida. Es capaz de compartir en el grupo los problemas que vive. PUNTO DE LLEGADA El joven vive la propia aceptación, acoge e integra sus en su personalidad sus cualidades potenciándolas. Da sentido a lo cotidiano desde el Evangelio. También asume y se hace cargo activamente de sus conflictos. RELACIÓN CONSIGO MISMO ACCIONES Colocar al joven de cara a la vida como verdadero arquitecto de un presente y de un futuro en el que Jesús y su proyecto cuentan y deben contar cada día más.
Suscitar experiencias en las que descubra toda su persona como un regalo de Dios que le amó desde siempre configurando su identidad personal y comunitaria.
Potenciar en el joven la vivencia del anuncio de los valores del Reino de Dios, el compromiso social y de la lucha por la justicia.
Propiciar el desarrollo de la dimensión trascendente del joven, en una conexión con su vida cotidiana y con el Evangelio.
Crear espacios de vivencia, encuentro y celebración de su relación con Jesús.
Proponer experiencias de Misión Compartida que potencien la vivencia de Nuestro Carisma Marista. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De fiarse de Jesús a involucrarse en su proyecto: Fiarse es tener fe en Jesús; es creer que Él será como el trapecista que tiene siempre las manos listas para recibirme aún cuando yo me esté lanzando sin red porque estoy seguro de que no me va a fallar. Involucrarme en su proyecto es aceptar formar parte de su compañía, es echar para adelante metiéndome en su misma misión, es, antes que nada, dejar a Jesús involucrarse en su vida con realismo.

2.De abrir el corazón a Jesús a acoger su llamada a seguirlo: Abrir el corazón a Jesús es ayudar al joven a que sea transparente en su comunicación con Jesús para que pueda dar el siguiente paso: escuchar su llamada a seguirlo en las cosas cotidianas y sencillas que se le presentan cada día sabiendo hacer una lectura adecuada de esas llamadas. PUNTO DE PARTIDA El joven acoge a Jesús en su corazón, y se fía de Él como modelo de vida.
Conoce y participa de los elementos de la espiritualidad Marista. PUNTO DE LLEGADA El joven en la vida cotidiana se abre a la llamada a seguir a Jesús, se involucra alegremente en su proyecto, viviendo experiencias de misión compartida en el grupo. RELACIÓN CON dIOS ACCIONES Brindar los elementos necesarios para la elaboración y acompañamiento de un Proyecto personal y de grupo.
Ofrecer espacios de comunicación de vida más profundos al interior del grupo y de cara a sus relaciones interpersonales.
Orientar sus actitudes y capacidades hacia actividades de tipo altruista y solidario.
Posibilitar momentos para que se descubra como un ser corpóreo lleno de vida afectiva y llamado a trascender.
Potenciar la creatividad, originalidad y protagonismo en las diversas actividades que se le plantean o se planifiquen.
Crear canales de intercambio con la familia. 1.De la creación de lazos a la profundización de la amistad: la creación de lazos colma la necesidad de comunicarse constantemente y de mantener firme sus relaciones afectivas. La necesidad de afecto puede hacer dependiente al adolescente de sus relaciones, adoptando actitudes masificadas. En la tercera etapa le proponemos vivir una profunda amistad, que le lleve a unas relaciones afectivas auténticas con sus compañeros de etapa donde aparezcan sólidos valores de preocupación por el otro y ayuda desinteresada.

2.Del consenso al deseo de lo mejor según el querer de Dios: Optar por lo mejor o lo correcto es también descifrar qué es lo que Jesús me pide o nos pide acorde a la realidad que se esté viviendo.
Dichas opciones son las que movilizarán a la acción respondiendo proporcionalmente al camino construido y a lo que se va experimentando en esta etapa, y no como una respuesta de inercia a “hacer lo primero que se viene en mente”.

3.Del grupo cristiano y cohesionado que se encuentra con otros al grupo comprometido en torno a un proyecto y haciendo experiencia eclesial parroquial: En la tercera etapa, tenderemos a la construcción de un proyecto que lance al grupo hacia nuevas metas y a relaciones más profundas, buscando también un mayor compromiso en la Iglesia y en la sociedad. En la experiencia de ser grupo cristiano no basta con encontrarnos con otros jóvenes que comparten los mismos ideales en el seguimiento de Jesús, es preciso abrirnos a una comunidad eclesial que se convierte en punto de referencia y nos integra en el quehacer pastoral. En esta comunidad eclesial el joven encuentra testimonios de vida que le interpelan para construir su proyecto y así empezar a integrarse en la vivencia y celebración de su fe en comunidad.

4.Del protagonismo a la creatividad: La creatividad nace de un grupo que potencia las particularidades y las capacidades individuales generando, creando y recreando cosas nuevas. Sólo se aprende lo que se hace, no como mera repetición, sino aportando la propia originalidad, poniendo en juego todas las dimensiones de la persona.

5.De descubrir a asumir mi rol: Descubriendo las necesidades básicas y la problemática familiar, virtudes y defectos, el joven aprende a valorar los aspectos positivos de ella y, sobre todo, a amar a sus padres y hermanos, a pesar de sus limitaciones.
Proponemos que el joven asuma un rol protagónico dentro de su familia participando con alegría e interés en los momentos de convivencia familiar. Estos momentos son privilegiados para fomentar la armonía familiar, ya que en ellos se puede compartir lo que cada uno está haciendo, los problemas que tienen, lo que piensan y sienten. El joven de esta forma se siente más unido, cercano y comprometido con su propia familia. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO RELACIÓN CON
LOS DEMÁS ACCIONES Desarrollar en el joven la capacidad y la actitud de análisis de la realidad.
Propiciar procesos de concientización - de sí mismo, de su entorno, de su sociedad, cultura, naturaleza - más realistas
Desarrollar actitudes de altruismo y solidaridad.
Programar de manera organizada, personal o grupalmente, actividades de ayuda a personas necesitadas.
Potenciar el protagonismo y la responsabilidad de acciones que favorezcan el bien común dentro del contexto vital del joven. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Del cuestionarse a la proyección social: El proceso de cuestionarse produce un bullir de ideas que le impulsan a la proyección social. Descubre que está invitado a dar de sí y a compartir su tiempo con otros, que sus acciones pueden tener un impacto y que éstas no son neutras sino que tienen una dimensión política. Se siente útil y realizado al darse a sí mismo. Busca el bien común desde el entorno que lo rodea.

2.Del prometerse al comprometerse: No basta en esta etapa con sentirse "prometido" o sensibilizado ante las injusticias que sufren personas bien concretas de nuestro mundo. A esas situaciones hay que ponerle nombres propios y acudir a su encuentro con los demás miembros de mi grupo comprometiéndonos desde las cualidades y capacidades de cada uno, en hacer real el sueño de Dios sobre la sociedad, sobre el ser humano y sobre mí mismo. Es nuestro Dios que quiere la transformación de la sociedad haciendo de ella un espacio habitable donde se dé la justicia, la paz, el pan y el amor para todos. Es el momento de poner manos a la obra.

3.De descubrir la naturaleza como obra de Dios y espacio donde habito a sentirme responsable de ella y de quienes la habitan: Desde la conciencia de que tanto el joven como la naturaleza son creación de Dios coexistiendo en un mismo planeta, es posible interesarnos por cuanto va contra la sana interacción entre los mismos y adquirir el sentido de responsabilidad que favorece la apropiación de valores ecológicos y de convivencia democrática.
Para ello, a la vez que promovemos la mejor comprensión del alcance de la ecología natural cuidado de la tierra y de todo cuanto nos ofrece-, es necesario también entender que existe una ecología humana que evoca la interacción de los seres humanos consigo mismos en sus contextos vitales y que se ve amenazada por todo cuanto va contra la paz fanatismos, luchas de poder, intolerancia, racismo, desigualdades sociales y de género…-, y otra ecología social que tiene que ver con la igualdad de oportunidades vitales desde el reconocimiento de la dignidad y valor de todos los seres humanos y que se ve amenazada a su vez por la injusticia hambre, analfabetismo, desempleo, violencia familiar, drogadicción, etc.-
Impulsamos en esta etapa gestos concretos que aporten a la transformación de estas amenazas desde lo específico de la vida de los jóvenes.

4.De la identidad a la valoración cultural: En esta etapa del proceso se propone profundizar en el conocimiento de la propia cultura, analizando y valorando aquello que le rodea y es propio del país, grupo cultural, racial, etc. Se ayudará al joven a que, progresivamente, adquiera una conciencia más realista de sí mismo, de su entorno y de su sociedad, y a que compruebe con alegría la riqueza de su cultura. Le conducimos a reconocer la cultura como un don y una responsabilidad, como patrimonio heredado constituido por valores tales como arte, música, literatura, ritos, símbolos y formas de vivir del cual es un agente activo. PUNTO DE PARTIDA Sensible a las injusticias que se cometen, el joven es capaz de cuestionar su realidad social-cultural. Ha descubierto la naturaleza como obra de Dios y espacio donde él habita.
Se siente identificado con la propia cultura. PUNTO DE LLEGADA El proceso grupal ayudará al joven a cultivar una proyección social, en la que comparte tiempo y valores, viviendo en grupo un compromiso concreto de transformación de su entorno.
Valorará las riquezas existentes en la cultura heredada y se comprometerá en la lucha en favor del respeto de valores ecológicos y de convivencia democrática. RELACIÓN CON el entorno “Hagan lo que Él les diga”
Caná: Jn 2, 1-12. Contemplamos a María atenta y sensible ante las necesidades de los demás: el problema de los novios y la incipiente fe de los primeros seguidores de Jesús. Para ambos tiene respuesta.| PUNTO DE LLEGADA Al finalizar la etapa, el joven vive con mayor profundidad su afectividad y sus relaciones de amistad. Pone al servicio del grupo su capacidad creativa logrando construir y vivir un proyecto grupal abierto al compromiso, que toma en cuenta las llamadas de Jesús.
También asume un rol protagónico dentro de su familia, sintiéndose más unido, cercano y comprometido con ella. Lugar: Le Palais.
Hace referencia al pequeño caserío donde Marcelino se encuentra con el joven Juan Bautista Montagne, a quien asistió poco antes de morir sin apenas conocer a Dios.

Acontecimiento: Encuentro con el joven Montagne .
Experiencia límite que urge a Marcelino a dar una respuesta a una llamada que viene percibiendo desde hace mucho tiempo y que pide no ser pospuesta más. A comprometerse y comprometer a otros en un proyecto al servicio del Reino.

Frase: “No puedo ver a un niño sin sentir deseos de decirle cuanto le ama Dios.”
El celo de Marcelino nos recuerda el llamado que se nos hace a comprometernos con la realidad... con los otros... salir de nosotros mismos.

Actitud: El servicio y el espíritu de trabajo
El servicio al prójimo como consecuencia natural de la experiencia de Jesús que se viven personalmente y en grupo. PUNTO DE PARTIDA El joven en la dinámica grupal, asume el consenso al interno de un grupo cohesionado, lo que motiva su participación, protagonismo y responsabilidad en el grupo, creando lazos de comunicación y de afecto.
El grupo también se convierte en espacio donde comparte los ideales cristianos. "Con Jesús, de cara a la Vida “Mi vocación, servicio a la VIDA” “Como Jesús, por la VIDA, en comunidad” ACCIONES Fomentar experiencias de formación en el discernimiento de la vocación al servicio de la vida.
Generar espacios de confrontación de ilusiones y posibilidades para definir aquello que impulsará una nueva etapa.
Ofrecer al joven espacios de acompañamiento personal en el discernimiento de su proyecto de servicio. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Lo verdadero entregado: En este proceso de crecimiento y maduración personal, el joven que vive la última etapa de la Comunidad sabe que lo verdadero elegido no es para guardárselo, sino para ponerlo al servicio de la Iglesia y de la sociedad. En el discernimiento de su vocación va buscando la manera de responder a la llamada del Señor desde la radicalidad que exige el Evangelio: “El que quiera seguirme que tome la cruz y me siga…” (Lc. 9, 23); “No hay mayor prueba de amor que dar la vida” (Jn. 15, 13). Entre las experiencias posibles que pueden ayudar al joven en este discernimiento de su vocación como servicio a la vida está el “ejercicio constante de unificación en torno al verdadero yo, de las propias posibilidades, limitaciones, deseos, esperanzas, etc. lo cual exige espacios de sosiego, paz y silencio” .

2.Ser auténtico en la entrega: El joven que en la etapa anterior y en diálogo consigo mismo, con los demás, con el entorno y desde Jesús ha conformado con mayor solidez su identidad, ahora retoma la lectura de las intuiciones percibidas para encauzarlas en nuevas formas de servicio y entrega a los demás. La autenticidad de la entrega se realiza desde el amor gratuito que se hace don a los hermanos y busca acompañarlos en su crecimiento, evitando el afán de protagonismo, y todo tipo de compensaciones.
Queremos que el joven haga una relectura de su ser auténtico junto a sus dones y sus opciones a la luz de la realidad social y eclesial circundante de tal manera que pueda decidir cuál será su aporte personal a los demás en la Iglesia y en la sociedad.

3.Autotrascenderse en la entrega: Este camino de autoconocimiento y encuentro consigo mismo que realiza el joven, en la medida que reconoce el valor de los demás, exige cada vez más entrega. El joven da vida porque su vida vale y tiene sentido como miembro activo de la sociedad. Surge la necesidad de autotrascender, salir de sí mismo… hasta dar la vida, hasta irse desgastando, y que las actitudes por las que ha optado se reflejen en obras. En definitiva, es caminar hacia el amor extremo, hacia la plenitud del amor a imagen de Cristo que se entregó sin medida.
El joven encuentra su realización en darse a los demás. De esta entrega se va enriqueciendo y al hacerlo se entrega de nuevo con más fuerza. Se genera así un círculo que exige cada vez más entrega, pero del que el joven resulta beneficiado y fortalecido. El joven es capaz de ver su vida como una vocación de servicio.
Descubre que es posible dar vida y hacerlo con amor, y de esta manera, percibe que su proyecto de vida lo enriquece, tanto a él, como a los demás.

4.Superarse en la entrega: En el umbral de iniciar una nueva etapa, el joven se plantea las preguntas acerca del sentido de la vida que lo llevara a historizar y concretar aún más su proyecto personal.
Jesús llama a sus discípulos, los elige para estar con él y después enviarlos a predicar. De la misma manera, el joven se siente invitado a darse desinteresadamente a los demás. El Movimiento ofrece al joven espacios donde confrontar sus ilusiones con sus posibilidades, ayudándolo para que al final del proceso tenga cierta claridad de objetivos y defina metas que le moverán en la nueva etapa que inicia

5.Perseverar en la entrega: En esta última etapa, el joven se da cuenta que perseverar en su crecimiento hace necesario implicarse en los problemas de los demás; de ahí que se sienta llamado ahora a entregarse a sus hermanos a través de un proyecto concreto y una opción de vida, haciendo del servicio una actitud permanente y que se concretiza en la atención constante de sus hermanos más desatendidos buscando dar respuesta a sus necesidades. No obstante, se da cuenta que esta entrega necesita perseverancia, esfuerzo continuo, evaluación y retroalimentación.
Queremos que el joven opte por una entrega continua, responsable y discernida, de tal manera que su vida misma pueda llegar a ser entrega total a los hermanos, a ejemplo de Marcelino Champagnat “que continúa siendo para nosotros un modelo de entrega sin reservas a Dios y a los demás” . PUNTO DE PARTIDA Al inicio de esta etapa, el joven ha optado libremente, mediante un diálogo consigo mismo, con los demás, con el entorno y desde Jesús, por los principios base de su existencia, y ha llegado a la elección de su gran VERDAD que es Jesucristo como el centro de su vida. En esta elección de la libertad, comienza a intuir que ésta solo será plena en la medida que desde ella se entregue a los demás.
El camino de la libertad, ha generado en el joven optimismo y esperanza alimentadas por el aprendizaje de sus errores y éxitos, en el camino de su autoconocimiento con base en su historia personal, y el reconocimiento del valor de los demás. Reconoce que en el camino de su crecimiento personal es necesaria la perseverancia y la fidelidad. PUNTO DE LLEGADA Al final de esta etapa, el joven comprende su vocación como servicio a la Iglesia y a la Sociedad y, desde ellas, relee sus opciones y busca nuevas formas de servicio y entrega. La autenticidad de la entrega se realiza desde el amor gratuito que se hace don y, de esta manera, percibe que su proyecto de vida lo enriquece, tanto a él como a los demás. Esto exige del joven actitudes de superación, concretadas por cierta claridad de objetivos y metas.
Al Movimiento cabe ofrecer espacios donde confrontan y disciernen sus ilusiones y posibilidades, como base para que persevere en su crecimiento y en su entrega a los demás, a través de un proyecto de vida y una opción de vida más clara. RELACIÓN CONSIGO MISMO ACCIONES Inserción en la comunidad eclesial como elemento esencial en la vivencia de la fe.
Discernir la forma de su compromiso vital o vocación asumiendo el programa de Jesús, sintetizado en el mandamiento del amor.
Optar por un nuevo proyecto que integre fe y vida.
Centrar su vida en Cristo con una actitud de escucha y respuesta a la Palabra y en comunión con las otras comunidades locales y con la Iglesia Universal.
Amar y servir en todo viviendo la presencia de Dios en lo cotidiano. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Seguir a Jesús en un proyecto de vida: Nuestro Dios no es un Dios lejano y extraño a nuestra vida e historia.
Nos llama a servirle y a seguirle. Nos plantea un nuevo proyecto que integre fe y vida, desde la inserción en la comunidad eclesial como elemento esencial en la vivencia de la fe. Este proyecto se puede realizar desde las diversas funciones o mediaciones eclesiales:
-la koinonía (comunidad cristiana unida por el Espíritu Santo),
-la martyría (testimonio de vida entregada),
-la diaconía (servicio a los demás, especialmente a los más pobres),
-la liturgia (participación activa en la oración de la Iglesia, especialmente en la celebración de los sacramentos: reconciliación y eucaristía).

2.Una relación con Jesús que pide gastar la vida como Él desde su vocación particular específica: Una relación con Jesús que le lleve a discernir su forma de compromiso vital o vocación asumiendo Su programa sintetizado en el mandamiento del amor y en las Bienaventuranzas.
Una relación con Jesús que le lleve también a centrar su vida en Cristo con una actitud de escucha y respuesta a la palabra y en comunión con las otras comunidades locales y la Iglesia universal. Esta relación exige además amar y servir en todo viviendo la presencia de Dios en lo cotidiano. PUNTO DE PARTIDA En esta relación, partimos de la opción libre que hace el joven por el seguimiento de Jesús. Así mismo, este optar parte de la profundización hecha en el conocimiento de sí mismo y en su experiencia de conversión. El joven busca un marco referencial donde integrar las llamadas descubiertas. Esta vivencia se comparte en el ámbito de la construcción de la comunidad. PUNTO DE LLEGADA El joven vive su proyecto de vida inserto en la comunidad eclesial y su apertura al Amor con todo el corazón. Manifiesta su entrega generosa al programa de Jesús y a la donación en el Amor en la cotidianeidad. Con un fuerte compromiso apostólico se siente miembro de la Iglesia local y universal y reconoce la Presencia salvadora de Cristo en la humanidad. Nace el deseo de ser signo del amor de Dios en medio de su Pueblo. RELACIÓN CON dIOS ACCIONES Generar en la comunidad un lugar de fraternidad y transparencia, donde el joven se sienta acompañado en su búsqueda de la opción fundamental.
Generar apertura en la tarea de anunciar el evangelio participando de la comunión más amplia de toda la Iglesia y de su misión en el mundo.
Impulsar un proyecto de vida comunitario buscando juntos la voluntad de Dios, su presencia en la vida y el camino comunitario.
Ayudar a que el joven tome conciencia de que su pertenencia a la comunidad eclesial lleva consigo poner la vida al servicio de los otros.
Acompañar al joven para que pueda descubrir las cualidades que tiene y saber que están al servicio de los demás.
Mostrar la riqueza de dar y escuchar el testimonio de los demás para enriquecer la vida del joven y sus búsquedas de lo que Dios quiere para cada uno.
Vivir fielmente la realidad de la comunión, iniciando desde la propia familia para continuar con la comunidad que le circunda.
Vivir el principio del amor como la fuerza y meta última de la familia y la comunidad.
Vivir fielmente la realidad de la comunión, iniciando desde la propia familia para continuar con la comunidad que le circunda. 1.Comunión hecha apertura al mundo y a la Iglesia: En la comunidad, lugar de fraternidad y transparencia, el joven se siente acompañado a través de los discernimientos que desde la Palabra, la oración y el amor le ayudan a prepararse a una opción fundamental-vocacional que dará un nuevo sentido a toda su vida.
Si la fraternidad está al servicio del evangelio y de su anuncio, los jóvenes habrán de compartir esta tarea, abriéndose y participando de la comunión más amplia de toda la Iglesia y de su misión en el mundo.
La comunidad advierte que, en todas sus dimensiones, debe hacerse Eucaristía (servicio amoroso, entrega generosa) y que la Eucaristía ha de ser sacramento pascual en y de la vida comunitaria. Pascua es para la comunidad, transformación, paso, solidaridad y cambio en la vida y para la vida.

2.Adhesión coherente con un proyecto de vida: El grupo que ha logrado la adhesión entre ellos deberá expresarlo de forma clara en un proyecto que incluya todos los carismas personales que han ido descubriendo a lo largo de su caminar como comunidad. "Todo lo ponían en común" (Hch. 2, 44).
Partiendo del proyecto personal de vida, que habrá ayudado a asumir el propio pasado en la óptica de la gracia de Dios y de la fe, a englobar los aspectos personales, relacionales y estructurales, se pasará a elaborar el proyecto de vida comunitario buscando juntos la voluntad de Dios en la vida y el camino comunitario, reconociendo el don de Dios, la presencia de Jesús y su seguimiento, al estilo de María, en actitud de escucha, apertura y compromiso para responder al gran reto del Evangelio: dónde y cómo serviremos más y mejor.

3.Comunidad cristiana que discierne desde el amor y envía: El joven que ha profundizado su vivencia de la comunidad cristiana asume ésta como elemento esencial de su fe. En el caminar en común, cada uno va descubriendo la forma concreta de vivir su seguimiento. La comunidad le acompaña mientras discierne su lugar en la Iglesia y en el mundo, consolidándose como miembro activo del pueblo de Dios que vive su vocación específica en la Iglesia y participa en la construcción del Reino de Dios. Su estilo de vida y sus criterios se enraizarán en el amor, al estilo de Jesús.
Su identificación y corresponsabilidad eclesial se hace concreta a través de una adecuada inserción en un movimiento o forma de servicio en la Iglesia local, según la vocación personal a la que se siente llamado (comunidad parroquial, ONG, Fraternidades Maristas...)

4.Generar vida dando la propia vida: Al llegar a la última etapa, el joven debe tomar conciencia de que para poder afirmar su pertenencia total a la comunidad eclesial necesita poner la vida al servicio de los otros.
Por eso, pertenecen a la comunidad los que se sienten llamados por Jesús a trabajar por el Reino. Esa llamada es personal y se hace explícita en la construcción de la comunidad desde la vocación a la que uno es llamado. Es entonces cuando el joven se pone en camino para discernir su puesto de servicio en la comunidad adulta donde se va a insertar, desde una vocación en la que va a generar vida con su propia vida. "Tus cualidades no son tuyas, sino de Dios y las tienes para el servicio de los demás. Tu existencia tiene que ser un continuo servicio de amor." (San Agustín)

5.Vivencia familiar que genera vida: La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el desempeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas, no encerradas en sí mismas sino comprometidas en la defensa de la vida.
El principio interior, la fuerza y la meta última de tal cometido es el amor. Sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas y de fe. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO RELACIÓN CON
LOS DEMÁS ACCIONES -Propiciar el discernimiento que ayude al joven a ser agente de cambio en el mundo.
-Realizar acciones concretas de compromiso con la realidad.
-Mantenerse en una actitud de constante análisis crítico de la realidad a la luz de las ciencias humanas y del Evangelio.
-Llegar al compromiso y a la práctica socio-política que incida en el nivel estructural de la realidad.
-Luchar por el respeto y dignidad de los derechos humanos.
-Asegurar al joven una comunidad que le acompañe y ayude a discernir su lugar dentro de la Iglesia y el mundo.
-Orientar la existencia al servicio de los más necesitados.
-Estar en actitud profética para denunciar las estructuras injustas de la sociedad.
-Plantearse su profesión o elección vocacional como un servicio de amor a los demás, especialmente a los más necesitados.
-Ir asumiendo compromisos graduales y progresivos de acuerdo a su edad.
-Implicarse y comprometerse en la construcción de la “Civilización del Amor”.
-Generar un nuevo estilo de ser en los distintos ambientes donde se inserta.
-Comprometerse con el desarrollo sostenible y la acogida y cuidado de la creación entera.
-Contribuir en la construcción de un mundo fraterno y solidario, donde se viva el amor por las generaciones presentes y futuras.
-Iniciarse en la misión de la transformación del medio en que vive logrando así, la nueva civilización del amor.
-Tener creatividad apostólica y potencia profética para afrontar las nuevas culturas.
-Lograr el reconocimiento del valor del otro.
-Apoyar la lucha de los pueblos defendiendo su identidad y reconociendo sus propios valores.
-Desarrollar una auténtica comunidad de personas abiertas y comprometidas en la defensa de la vida. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Conciencia crítica transformadora: El desarrollo de una conciencia crítica iluminada le da las bases al joven para discernir cuál es su forma particular de ser agente de cambio en el mundo desde el proyecto de amor de Jesús. Movido por su fe en un Dios implicado en la historia, el joven se compromete con su realidad y busca transformarla construyendo una sociedad más justa, más igualitaria y más fraterna.
La conciencia crítica transformadora lleva a un serio compromiso socio-político informado por la fe y expresado en una práctica que busca incidir en el nivel estructural de la realidad para lograr su transformación y así contribuir a construir una sociedad más justamente configurada en la que todos los seres humanos puedan ser respetados en su dignidad y adquirir la condición de sujetos que les es propia.

2.Solidaridad, amor que transforma: En esta etapa el joven orienta su existencia al servicio de los más necesitados, a la transformación de las estructuras injustas de la sociedad y se plantea su profesión o su elección vocacional como un servicio de amor al hermano/a necesitado. Se propone la implicación en compromisos graduales hasta llegar al compromiso adulto, que es estable, realista y cualificado. El joven desde su dinamismo y generosidad y con la fuerza del Espíritu Santo, impulsa la construcción de la "Civilización del Amor".

3.Pasión por la vida que genera nueva vida: La pasión por la vida experimentada y compartida en comunidad, y que ha ido buscando cauces de expresión, se encarna de lleno en el proyecto del adulto joven y sostiene un nuevo estilo de ser integrado y respetuoso de los procesos naturales- que genera a su vez nueva vida en los ambientes en que se inserta en colaboración con otros.
Se sentirá llamado a superar la cultura de dominación que genera violencia estructural y a comprometerse con el desarrollo sostenible y la acogida y cuidado de la creación entera a la luz de lo que Jesús propone: un mundo de fraternidad y solidaridad, un proyecto común desde el amor. Amor por el hermano, de las generaciones presentes y también de las futuras.

4.Cultura al servicio de una nueva humanidad: “El Reino que anuncia el Evangelio es vivido por hombres profundamente vinculados a una cultura, la construcción del Reino no puede dejar de tomar en cuenta los elementos de la cultura y de las culturas humanas” (Pablo VI).
El joven, sensible ante la cultura y comprometido con el discipulado, se inicia en la misión de transformar el medio en que vive y lograr así la nueva civilización del amor. Se le presenta el reto de los primeros discípulos: tener creatividad apostólica y potencia profética para así afrontar las nuevas culturas (Juan Pablo II). Como miembro de la Iglesia ejerce su acción en dos niveles: reconociendo el valor del otro y evangelizando sin imponerse; y apoyando la lucha de los pueblos amenazados en la defensa de su identidad y en el reconocimiento de sus propios valores. PUNTO DE PARTIDA Al inicio de esta etapa el joven vive la fraternidad en su familia y ha optado por una comunidad a la que pertenece. Vive con pasión la solidaridad por el reino y tiene una conciencia crítica de la cultura, que sabe iluminar a la luz del Evangelio. PUNTO DE LLEGADA Al final de la etapa el joven tendrá una conciencia crítica transformadora y comenzará a tener una vivencia familiar donde se genere vida. La comunidad lo envía para que viva la solidaridad en un amor transformador, con una pasión por la vida que genera nueva vida, y en una cultura al servicio de una nueva humanidad. RELACIÓN CON el entorno Junto a la Cruz (Jn 19, 25) y en el Cenáculo (Hch 1, 14) Contemplamos a María fiel a su vocación de madre y de primera cristiana, junto a su Hijo y a la Primera Comunidad. Nos dejamos tocar por su valentía y audacia en la fe que discierne. Como ella queremos ser testigos del proyecto amoroso del Padre en medio de la Comunidad y en la sociedad en que vivimos. PUNTO DE LLEGADA El joven que ha profundizado su vivencia de la comunidad cristiana asume ésta como elemento esencial de su fe. En el caminar en común, cada uno irá descubriendo la forma concreta de vivir su seguimiento. Es importante que cada joven vaya fecundando ya no solo el seno de la comunidad propia sino toda la comunidad cristiana, para ser signo del Reino en los ambientes en que se desenvuelve generando VIDA con su propia vida.
Si la fraternidad está al servicio del evangelio y de su anuncio, los jóvenes habrán de compartir esta tarea, abriéndose y participando de la comunión más amplia de toda la Iglesia y de su misión en el mundo. Lugar: Nuestros pueblos.
Hace referencia a cada uno de nuestros contextos particulares, al lugar concreto al que somos enviados a vivir nuestra vocación.

Acontecimiento: El envío: Un corazón sin fronteras.
Como Marcelino y su Familia Religiosa, nos sentimos llamados a abrir nuestro corazón a toda la Iglesia y el mundo.

Frase: Todas las diócesis entran en nuestros proyectos.
La vocación misionera de todo cristiano encontró una expresión parecida en labios de Champagnat y hoy la hacemos nuestra. Queremos levantar la mirada para ir al encuentro de Jesús en nuestros hermanos allí donde podamos compartir lo que hemos visto y oído.

Actitud: Ser Champagnat en una Iglesia que se esfuerza por servir a la humanidad.
Vivir la integración madura en la comunidad cristiana y social desde una espiritualidad particular. PUNTO DE PARTIDA En esta etapa, el joven desarrolla el sentido de pertenencia y de individuación, que son los dos presupuestos para poder afrontar con realismo todos los problemas de la vida en común y que forman parte de su madurez como persona. Este anuncio lo realizará expresando de una manera clara en un proyecto que fue descubriendo a lo largo de su caminar como comunidad. Este proyecto de vida incluye no sólo lo personal, sino también lo comunitario.
Los jóvenes que han optado por pertenecer a la comunidad cristiana se identificarán con los rasgos y características de la comunidad que Jesús propone. Éstas conllevan una plena aceptación de todas las personas con el máximo respeto de la libertad y originalidad de cada uno. ACCIONES Desde los verdaderos valores, llegar a la elección de la gran Verdad.
Asumir el protagonismo de la propia historia, acogiendo el pasado, liberándose de lo que lo esclaviza y optando por el presente y futuro.
Consolidar la propia identidad, como persona y como cristiano.
Asumir la propia situación real y transformarla con responsabilidad.
Confrontarse constantemente con la realidad.
Dar una orientación clara a la propia vida, a partir de las rupturas y opciones que se han hecho.
Descubrir la presencia y la acción de Dios en la propia historia.
Concretar un proyecto de vida. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Lo verdadero elegido: Un paso más en este camino de crecimiento en relación consigo mismo, consiste en no quedarse solamente con el conocimiento de la verdad. La invitación va hacia la elección libre de los verdaderos valores que van a sostener la vida del joven hasta llegar a la elección de la gran VERDAD (“Yo soy el camino, la VERDAD y la vida…” Jn. 14, 6) que es Jesucristo como centro de su vida. En esta dimensión, el joven se juega su capacidad para ir optando por valores y principios que serán la base de su existencia hasta llegar a la definición de su proyecto de vida que asume los valores propuestos por el Evangelio .

2.Ser auténtico en libertad: El joven que en la etapa anterior inició un diálogo entre el propio ser y sus valores ahora incorpora más explícitamente al diálogo la persona de Jesús confrontándolo con los valores que le presenta la sociedad. Es decir, que el ser auténtico de la etapa anterior ahora se consolida en el asumir, con responsabilidad y por opción personal, el identificarse con la persona y el estilo de Jesús.
Queremos que el joven vaya conformando su identidad en el diálogo consigo mismo, con los demás, con el entorno y desde Jesús, de tal manera que su ser y hacer transparente los valores, criterios y actitudes asumidos en libertad. Deseamos además que el joven comience a intuir que esa libertad sólo será plena en la medida en que desde ella se entregue a los demás.

3.Trascender (en lo cotidiano): El sentido de trascendencia, de salir de sí mismo en lo cotidiano, ayuda al joven a enriquecerse como persona. Lo lleva a conocerse más, descubriendo y aceptando tanto sus cualidades y talentos como sus debilidades. Este proceso no puede realizarse sólo en momentos específicos o en experiencias puntuales, sino que debe convertirse en una actitud de vida, en algo que se realice en lo cotidiano, en las situaciones que día tras día le toque enfrentar, es decir, ponerlo en práctica en su realidad. En la vida, en el día a día, el joven está en constante contacto con los demás. De ahí la importancia de trascender, de salir de sí mismo para sentirse hermano de todos, es decir, ser corresponsable con los demás que le rodean.
En el Movimiento vemos necesaria la tarea de llevar al joven por el camino de la alteridad, esto es, de llegar a relacionarse con el otro de “tú” a “tú” o del “yo” al “yo”, procurando que el joven no se sienta ni superior ni inferior a los demás -“No soy, ni me siento, ni más ni menos que tú.”-. El joven descubre en el otro a alguien importante, a alguien igual a él. El joven, en proceso todavía de conocerse y aceptarse, también crece en el conocimiento y aceptación del otro.

4.Superarse en la esperanza: El joven que en la etapa anterior supera algunos de sus propios límites matiza ahora su vida con optimismo y mira su juventud con esperanza. En una mirada retrospectiva aprende de sus errores y de sus éxitos. El joven vislumbra sus sueños, ilusiones y utopías purificando la relación consigo mismo y tomando conciencia de que no es sólo su esfuerzo humano el que le ayuda a superarse sino la esperanza puesta en la Gracia.
En el movimiento pretendemos que el joven viva esta superación en la alegría, compartiendo con los demás, celebrando la vida y apostando por la esperanza.

5.Perseverar en el crecimiento: No basta con perfilar posibles hipótesis de solución a los problemas personales o circundantes, es necesaria la constancia en la implementación de los caminos de solución y crecimiento.
El movimiento busca que el joven persevere en los caminos de crecimiento iniciados, que sea fiel en lo cotidiano a los procesos que se han puesto en marcha y que han sido asumidos en libertad. Para ello, el movimiento propicia espacios de diálogo con Jesús, consigo mismo y con los demás, a través de herramientas como el acompañamiento personal, el Proyecto Personal de Vida, los tiempos de desierto y oración personal, el compartir la vida en comunidad, etc. PUNTO DE PARTIDA El joven en este momento del proceso, ha tomado conciencia de que no habrá superación sin un proceso de conocimiento previo y aceptación de su propia realidad. Con sinceridad y realismo, ha tomado conciencia de sus propios límites y ha visualizado posibles respuestas a sus preguntas y posibles soluciones a situaciones problemáticas. Su sentido de trascendencia le ayuda a descubrir que el seguir a Jesús, le exige salir de sí mismo y de abrirse y de abrirse a los demás. PUNTO DE LLEGADA Al finalizar la etapa el joven está invitado a elegir, con libertad y responsabilidad, a Dios como el valor central en su vida, identificándose con la persona y el estilo de Jesús.
El sentido de trascendencia se habrá convertido en una actitud de vida y se reflejará en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Este sentido de Dios en su vida, le ayudará a visualizar el futuro con esperanza, sabiendo que necesitará perseverar en los procesos de crecimiento iniciados, a través de los medios adecuados: su proyecto personal de vida, el acompañamiento personal, la oración personal, etc… RELACIÓN CONSIGO MISMO ACCIONES Iniciarse en el conocimiento del misterio de Cristo y del plan salvador de Dios
Acoger el mensaje de Jesús sobre Dios Padre y compartir su proyecto en la comunidad eclesial.
Dar un testimonio de vida, según las bienaventuranzas.
Iniciarse en una experiencia religiosa genuina, a través de la oración y la liturgia.
Consolidar la libertad, la intimidad, la gracia, la experiencia de fe, el amor y la comunidad.
Leer el misterio de Dios en la realidad histórica y hacer de Cristo el centro existencial y el criterio de interpretación.
Iniciarse en el compromiso apostólico y misionero de la Iglesia como confesión de su fe. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Seguir a Jesús en comunidad: En la comunidad se hace efectivo el seguimiento de Jesús. Para llegar a vivir la fe con esta dimensión comunitaria no hay otro camino posible que la comunidad cristiana.
La vivencia religiosa tiene una dimensión social. Esto ilumina la comprensión y vivencia del sentido de Iglesia.
Una de las características de la actitud religiosa es el descentramiento experimentado por el ser humano cuando se sitúa ante el misterio de Dios. Este descentramiento, no sólo hace salir al hombre de sí mismo, para colocar a Dios como centro, sino también le abre a la comunión con los demás.
La relación con Dios afecta al hombre de forma más global y totalizante que cualquier otra relación humana. Posee un poder integrador y convocador tal que constituye, sin duda, el factor más eficaz de cohesión que existe para la formación de un grupo humano. Por eso cuando la relación se expresa, se encuentra con las expresiones de otros hombres afectados por la misma experiencia. La vida en comunidad se convierte, entonces, en respuesta a su descubrimiento de Dios.

2.Una relación con Jesús que compromete la vida en todas sus dimensiones, conversión inicial sostenida: La relación con Jesús afecta lo más profundo de la persona, al sentido último de su vida. Pone en juego todas las dimensiones de la persona: razón, afecto, sentimiento, capacidad ritual, dimensión ética y social, etc.
En la comunidad es donde se va realizando la conversión de cada miembro y su progresivo compromiso a favor del Reino de Dios. PUNTO DE PARTIDA El joven ha hecho opción por seguir a Jesús y está haciendo la experiencia de confrontar su vida con Su proyecto –con las consecuencias que esto trae-. Esta actitud es confirmada al dar este paso dentro del proceso de inspiración catecumenal de nuestro Movimiento: querer formarse como discípulo en profundidad desde la experiencia comunitaria. PUNTO DE LLEGADA El joven ha permitido a Jesús “tocar” su personalidad en todas sus dimensiones y ha crecido en su dinámica de conversión permanente y de compromiso por el Reino. Jesús va colocándose cada vez más como centro de su vida y le empuja a compartir y expresar esta vivencia con los demás, en su grupo y en la comunidad eclesial. RELACIÓN CON dIOS ACCIONES Abrirse a la empatía, a la intimidad, a la profundad del amor.
Optar por la vida en comunidad, desde la libertad.
Vivir la fraternidad dentro de la comunidad, descubriendo a cada uno como hermano.
Afrontar con realismo los problemas de la vida en común.
Plantearse una forma concreta de vida manifestando su opción de ser un signo visible del Reino, en la comunidad.
Situarse en una actitud de apertura ante la vida cristiana y todas las concreciones de la vocación eclesial.
Situarse en una actitud de apertura ante la vida cristiana y todas las concreciones de la vocación eclesial. 1.Comunión hecha fraternidad y transparencia: La comunión se profundiza en la fraternidad y en la transparencia. Esta exigencia del amor fraterno, quererse como hermanos para hacer realidad el deseo más explícito y rotundo de Jesús, tienen una doble vertiente:
Hacia adentro de la comunidad supone un esfuerzo continuo por respetarse, apreciarse, perdonarse y crecer en el cariño y en la recíproca estima. Cada uno, al descubrir el misterio de la comunión cristiana se va haciendo cada vez más transparente para los demás, con mayor libertad.
Hacia fuera de la comunidad tal exigencia se manifiesta como un testimonio dado ante los demás, lo suficientemente claro, expresivo y elocuente como para que sea entendido y acogido como tal: "Miren como se aman...".

2.Adhesión como implicación global y permanente de la persona: En esta etapa el joven desarrolla el sentido de pertenencia y de individuación, que son los dos presupuestos para poder afrontar con realismo todos los problemas de la vida en común y que forman parte de su madurez como persona. Si no posee el sentido de pertenencia, la persona sólo seguirá sus propios deseos narcisistas; por otra parte, si no sabe quién es se entregará de lleno a lo colectivo y renunciará a su propio criterio, en un engañoso intento de sentirse persona a través de la pertenencia a un grupo.
Esta vivencia exige entregarse a las otras personas, sólo así se hace comunidad y fraternidad entre los miembros.
Es necesario aquí crecer en la comunicación profunda de la propia experiencia de fe, de los problemas y de las alegrías, e implicarse por el apoyo mutuo y la donación.

3.Comunidad cristiana que profundiza su identidad y vocación: Nuestra vida en comunidad no puede conformarse con un primer encuentro con Jesús; al igual que los discípulos en el Evangelio, necesitamos ir y descubrir dónde continuar nuestro encuentro con Él para acoger su mensaje y compartir su proyecto (cfr. Jn 1, 38-39).
En esta etapa la comunidad profundiza en la calidad de sus signos eclesiales -Palabra, sacramentos, ministerios y carismas- y de sus signos del Reino -solidaridad, amor, justicia,... - consolidando su sentido de pertenencia, comunión y participación en la vida de la Iglesia, Comunidad de comunidades.

4.Generar vida fecundando el ambiente en que se vive: La unidad y la comunión de la comunidad cristiana no es fruto de la uniformidad de sus miembros, sino de la aportación de los distintos carismas y ministerios a una causa común: ser signo del Reino de Dios.
Es importante que cada joven se plantee la forma concreta de vida desde la que quiere contribuir a esta causa y que vaya fecundando ya no sólo el seno de la comunidad propia sino toda la comunidad cristiana, para ser signo del Reino en los ambientes en que se desenvuelve.

5.Vivencia familiar como fraternidad: El joven llega a descubrir que tener una familia unida es tarea y esfuerzo de todos, y que su fruto es la fraternidad. Para ello se necesita expresar un auténtico amor con palabras, gestos y actitudes, como amor entre esposos, amor entre padres e hijos, y amor entre hermanos; aceptarse, comprenderse y respetarse; preocuparse por el bienestar de todos; ayudar desinteresadamente a los demás; saber dialogar y saber ceder ante el bien común; superar serena y positivamente las crisis familiares (problemas, dificultades, pleitos...); saber perdonar y saber pedir perdón; promover un ambiente de fe y de vida genuinamente cristiana. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO RELACIÓN CON
LOS DEMÁS ACCIONES Encontrar el propio lugar en la Iglesia y en la sociedad.
Profundizar los signos que evocan el misterio de los jóvenes con sus luces y sombras.
Reconocer los retos del mundo asumiendo un compromiso maduro. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.Conciencia crítica iluminada: se debe profundizar la comprensión intelectual de la realidad que ha alcanzado y confrontarla a la luz del Evangelio para lograr una conciencia crítica iluminada. Encontrar caminos cristianos para incidir en la realidad pasa por descubrir que Jesús no evade su realidad socio-política y que asume un rol profético y transformador. También requiere contemplar el estilo de vida, de relación y de compromiso de Jesús. Esto le llevará a integrar valores como la justicia, la solidaridad, la verdad y el perdón, y a asimilar comportamientos de una cultura de paz, como la capacidad de concertación, el respeto al legítimo pluralismo, la denuncia profética de las desigualdades sociales y el anuncio del mensaje evangélico. Esto conducirá al joven a valorar más la acción transformadora.

2.Solidaridad, signo del reino: El joven encuentra sus motivaciones para desarrollar una verdadera praxis solidaria en los contenidos básicos de la fe. Está llamado a conocer en profundidad la realidad social, discernir el plan de Dios en ella y capacitarse para dar respuestas desde los valores del Reino, que es la gran utopía de Jesús.
El Reino de Dios se convierte para el joven en la referencia fundamental de sus aspiraciones, propuestas e ideales, que deben ser vividos en comunidad siguiendo el estilo de Jesús, como medio idóneo para servir al hermano necesitado.

3.Pasión por la vida que madura y encuentra cauces de expresión: La opción por la vida, desde la perspectiva creyente, es decir mirando a Jesús en sus palabras, actitudes y gestos, está llamada a madurar progresivamente en esta segunda etapa de Comunidad y a ir buscando vías de realización mucho más profundas.
Si el problema ecológico es también un problema cultural -“cultura del derroche”- tenemos el reto, como cristianos, de promover otra manera de convivir. La globalización de la solidaridad supone también presentar la alternativa de la “cultura de la solidaridad” (Juan Pablo II).
Nos empeñaremos, entonces, en la formación y conocimiento de los problemas ecológicos, y en las orientaciones éticas que pueden extraerse de la Doctrina social de la Iglesia y de la ética cristiana. Debemos esforzarnos por dejar de ser parte del grupo de cristianos que no acaba de vincular la vivencia de la fe con muchas de las cuestiones planteadas por la ecología. Y en adquirir las aptitudes necesarias para actuar en la protección y mejora del ambiente y de las condiciones de vida de nuestros hermanos. Hoy reconocemos un reclamo particular en la pobreza con rostro de niño -marginación e inseguridad presente y futura- y en la pobreza con rostro de mujer -feminización de la pobreza, relaciones de género, estructura social…-.

4.Cultura que se confronta y se enriquece a la luz del Evangelio: “La diversidad de culturas es un signo de la presencia del Espíritu y un llamado a crecer en el intercambio, la complementación y el enriquecimiento mutuo” . El joven, interpelado en su cultura, comienza a reconocer sus luces y sombras. En esta etapa proponemos al joven confrontar su cultura a la luz del Evangelio. La evangelización de la cultura debe llevar a la inculturación del Evangelio: a reconocer los valores evangélicos presentes en la cultura. En este momento, el joven puede ser capaz de iniciar acciones de denuncia y cambio con respecto a su propia cultura. PUNTO DE PARTIDA Posee una conciencia crítica ante la realidad que le rodea y va encontrando en su fe la motivación para ser solidario. Se ha enfrentado con sinceridad a sus mediocridades y complicidades egoístas con quienes abusan del ser humano y del entorno en que vivimos. El otro, el conocido y el diverso, no le es indiferente y se ve impulsado a conocerlo y valorarlo. PUNTO DE LLEGADA Nuestro joven asume un rol profético y transformador pues su conciencia crítica va cargada de Evangelio: el Reino empuja y será la referencia de una solidaridad que vive desde la comunidad. Su compromiso por la vida supera los gestos aislados y quieren ser actitudes que empujen una nueva cultura, un nuevo modo de relacionarse con los hermanos y la naturaleza. RELACIÓN CON el entorno Magníficat (Lc 1, 46-56) Contemplamos a María que opta por la vida como Jesús. En el Magnificat canta la acción de Dios en favor de la Vida y destronando a quienes atentan contra ella. PUNTO DE LLEGADA Un joven que aquilata sus relaciones de amistad y fraternidad, a la luz del misterio de la comunión cristiana. Es cada vez más él –individuación- sin dejar de ser más con los demás –pertenencia-. Su testimonio convence porque es libre y auténtico y porque no se queda encerrado en el pequeño grupo: sus gestos y actitudes son reflejos de los valores del Reino que intenta vivir con sus amigos, en la familia y la Iglesia. Lugar: L’Hermitage
Hace referencia a la casa que construyó el P. Champagnat con los primeros Hermanos y donde afianzó la obra iniciada. Allí esculpió la personalidad cristiana y apostólica de tantos Hermanitos de María.

Acontecimiento: Testamento espiritual
Recoge la propuesta concreta de Marcelino para el seguimiento y profundización de la opción por Jesús desde el carisma Marista.

Frase: Un solo corazón y un mismo espíritu
Camino de comunidad que lleva a una profundidad de vida, a ser uno con los demás, con Jesús y su proyecto.

Actitud: Una espiritualidad encarnada, centrada en Cristo como María y vivida en comunidad
En esta larga etapa de profundización en la identidad cristiana también moldeamos el perfil de una espiritualidad juvenil y marista arraigada en el principio de la Encarnación. Una manera de ser cristiano en la escuela de Nazaret: confianza y abandono en Dios, sencillez, familia, esfuerzo. Una experiencia de fe hecha en comunidad: sostenida por la Eucaristía y la oración. Una pasión por Jesús, centro, que se hace pasión por la voluntad de Dios y el Reino. PUNTO DE PARTIDA El joven ha hecho experiencia de comunión con su grupo, desde las voluntades que se reúnen libremente y en nombre de Jesús. Con ellos intenta colocarse en sintonía con el querer de Dios y optar consecuentemente, aportando cada uno su propia riqueza, y llevando su fecundidad a sus ambientes -amigos, familia, comunidad eclesial-. ACCIONES Favorecer la confrontación de los miembros del grupo consigo mismos, con los demás, con Jesús y con el entorno.
Ayudar a ubicarse a cada miembro del grupo como artífice de su vida, protagonista y responsable de su propio camino.
Proporcionarles claves y criterios para hacer un discernimiento más objetivo del camino que se va haciendo.
Promover en cada uno de los miembros del grupo el descubrimiento de los valores que ha ido asumiendo en su proceso de crecimiento.
Estimular a los miembros del grupo a salir de sí mismos (trascenderse), en el encuentro con Dios y con los demás.
Promover el acompañamiento personal que ayude y oriente al joven en la confrontación de su “yo real” y su “yo ideal”, en la superación personal y en la perseverancia en la búsqueda de soluciones a sus problemas. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De lo acogido a lo verdadero: Buscamos que cada adolescente pueda recuperar lo verdadero, el sentido de la verdad, de su propia verdad. Sentido que cobra mayor fuerza cuando se produce el encuentro con Dios, lo único verdadero, el que da sentido y libera permitiendo desarrollar la semilla que depositó en cada uno.
“...La verdad les hará libres...” (Jn 8,32). Es este el sueño que Dios tiene guardado para cada uno de nosotros. El camino de la verdad nos permite el encuentro con él, un encuentro plenificante que permite resignificar la propia verdad. Por ello, en este mundo en donde las verdades se diluyen, necesitamos que la verdad recupere su lugar para que allí el joven pueda narrar su propia verdad.

2.De desplegar el ser al ser auténtico: El joven que en la etapa anterior ha desplegado el propio ser, ahora se abre a nuevos ambientes y a otras realidades (para muchos, el inicio de la vida universitaria o laboral).
El diseño anterior de sus mapas personales se encuentra con el diseño de otros mapas y posturas que generan confrontación. Es en ese confrontar los nuevos lugares con su propio ser que surge la invitación a descubrir lo más auténtico de su persona que le permita asumir, con fidelidad, la propia esencia y sus valores, a la vez que acepta, comprende y se enriquece con las diferencias de las opciones y los diseños personales que los demás han asumido.
Queremos que el joven descubra los valores que han regido la propia vida y que ha ido interiorizando y madurando a través del proceso, pero ahora matizado en el diálogo constante con su identidad, su historia personal desde sus límites, los dones descubiertos y sus capacidades.

3.De dar sentido a trascender: Cuando el joven toma en cuenta el mensaje del evangelio en la diversidad de situaciones que le toca vivir -lo asume como referencia y punto de apoyo a la hora de tomar decisiones-, entonces la vida toma un nuevo sentido. Además, descubre que la vida adquiere un nuevo sentido en sí misma y que el camino de autoconocimiento no ha terminado.
Por eso en el Movimiento buscamos que el joven adquiera un sentido de trascendencia a través del cual todo lo que viva tenga como referencia a Dios: vivir desde y para Él, aplicando el sentido de trascendencia en todos los ámbitos de su vida cotidiana. En este camino de seguir a Jesús, el joven descubre la necesidad de salir de sí mismo y de abrirse a los demás comprendiendo que con la ayuda de éstos aumenta su autoconocimiento, con el consecuente enriquecimiento personal, estimulándole a salir al encuentro de los otros.

4.Del aceptarse al superarse: El joven que en la etapa anterior ha recorrido un camino de conocimiento y aceptación de la propia persona y su realidad descubre que no puede estancarse en este proceso de ser más sincero consigo mismo y con los demás.
Buscamos que el joven tome conciencia de que desde sus dones, capacidades y límites puede ir haciendo un camino de crecimiento personal. El joven ahora entiende que no habrá superación sin un proceso de conocimiento previo y aceptación de su propia realidad. El joven acompañado por su comunidad y en diálogo sincero con ella confronta su yo real con el yo ideal. En este camino de maduración, desde una lectura crítica del “quien soy yo”, irá incorporando nuevas actitudes que evidencian esa superación.

5.De hacerse cargo de los problemas a perseverar en la búsqueda de soluciones: Los problemas que han sido asumidos como responsabilidad personal en la etapa anterior deben ser ahora trabajados en la búsqueda de soluciones reales y viables, en sintonía con el mensaje cristiano.
En esta etapa, el joven debe empeñarse en buscar diferentes tipos de ayuda, mostrando desde el principio, un corazón transparente y dócil que necesita y quiere dejarse acompañar. Queremos que el joven dedique sus energías en la búsqueda continua de respuestas a los problemas de los que se ha hecho cargo. Esta búsqueda continua exigirá constancia, reflexión y creatividad. PUNTO DE PARTIDA El ingreso a la vida universitaria (o al mundo del trabajo) le plantea al joven la necesidad de abrirse a nuevas realidades. Descubre que hay proyectos de vida diferentes al suyo. El diseño de sus mapas anteriores entra en crisis. Ha empezado a responsabilizarse de sus problemas. Ha realizado un proceso de autoconocimiento y aceptación de sí. Ha comenzado a tomar en cuenta el Evangelio en la diversidad de situaciones que le tocan vivir. PUNTO DE LLEGADA El joven se ha convertido en una persona capaz de valorar la propia vida descubriendo, desde la certeza que da el encuentro con Dios y con la comunidad, lo verdadero de su persona. Identifica los valores que han ido acompañando el desarrollo de su historia personal, desde sus límites, dones y capacidades. Empieza a vivir un sentido de trascendencia que surge de la necesidad de vivir desde Dios y para Dios, abierto a los demás. Desde esta postura, es capaz de plantearse la necesidad de superarse, empeñado en encontrar soluciones de diferentes tipos a su problemática, dejándose acompañar. RELACIÓN CONSIGO MISMO ACCIONES Confrontar la propia vida con la palabra de Dios.
Participar en la Iglesia por decisión libre y responsable.
Aprender a discernir la voluntad de Dios, manifestada en la vida cotidiana.
Hacer experiencia de comunidad donde pueda confrontar su propia vida con la de Jesús.
Asumir el estilo de vida propio de quien decide seguir a Jesucristo a ejemplo de María y Champagnat,
Continuar su proceso de crecimiento en la fe como preparación a la inserción en la comunidad cristiana adulta. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De involucrarse en el proyecto de Jesús a iniciarse en su seguimiento: Involucrarse en el proyecto de Jesús es aceptar formar parte de su compañía. El seguimiento de Jesús quiere ser ante todo una experiencia gozosa, identificadora y de enriquecimiento personal.
El movimiento invita al joven a hacer opción por el seguimiento de Jesús, lo cual implica adhesión a su estilo de vida: pro-seguir su obra, per-seguir su causa y con-seguir su plenitud. Esto es posible por la “actualización” real de lo que Jesús practicó como decisivo e importante a lo largo de su vida.

2.De acoger la llamada a seguir a Jesús a una relación con Él que compromete la vida en comunidad: Acoger su llamada significa estar atentos a escuchar su voz en lo cotidiano. La vocación del seguimiento de Jesús es una invitación a “estar con Él”, a encontrarse plenamente con Él y ser enviado a predicar, para continuar su misión.
El seguimiento de Jesús es vivido y confrontado a partir de su propia vida y de la Palabra.
En este camino de seguimiento buscamos despertar en el joven el sentido de pertenencia en la Iglesia como una decisión libre y responsable. Esta libertad y responsabilidad conlleva un conocimiento más objetivo y crítico de la historia de la Iglesia. “Sólo se ama lo que se conoce”.
El Movimiento ofrece al joven la oportunidad de iniciarse en la vida de comunidad para confrontar su vida con la de Jesús y poder entrar en relación con Él comprometiendo toda su vida. PUNTO DE PARTIDA En las etapas anteriores el joven ha recorrido un camino de identificación y enriquecimiento personal tal que lo llevó a involucrarse en el proyecto de Jesús aceptando su compañía acogiendo sus llamadas, manifestadas en el vivir cotidiano. PUNTO DE LLEGADA El joven es invitado a encontrarse con Jesús, a estar con Él y a seguir sus pasos. Eso implica adherirse a su estilo de vida, “pro-seguir” su obra, en “per-seguir” su causa y “con-seguir” su plenitud participando de una comunidad cristiana y eclesial de forma creativa, libre y consciente. RELACIÓN CON dIOS ACCIONES Invitar al joven a dar un salto cualitativo: pasar del grupo a la comunidad.
Iniciar al joven en las actitudes propias de la vida en comunidad.
Iniciar al joven en los rasgos fundamentales de la comunidad cristiana, a fin de que la vivencia comunitaria sea íntegra.
Generar espacios donde el joven pueda compartir su fe en comunidad.
Comprometerse en servicios concretos con sentido eclesial.
Confrontar en la comunidad los desafíos y las crisis que se van presentando.
Optar por participar en el acompañamiento y transformación de su comunidad, después de haber visto y juzgado todo a la luz de la fe.
Participar en espacios de encuentro eclesial.
Invitar al joven a una nueva forma de participación en la dinámica familiar desde su nueva realidad. 1.De la amistad profunda a la común-unión: La comunión auténtica es la que consciente y libremente se transforma en entrega al otro. Supone la opción libre y personal por compartir.
En esta etapa, proponemos al grupo vivir en verdadera común-unión, donde puedan crecer en fraternidad y unidad desde la experiencia de ser Iglesia, compartiendo con sus hermanos la vida en la centralidad de la fe.
El sentirse "parte de..." y responsable de la construcción del Reino, lo lleva a vivir siguiendo el mandato de Jesús, quien propone vivir en comunidad nuestro ser cristiano, así como él nos enseñó, como lo hizo la primera comunidad cristiana: "vivían unidos y compartían todo cuanto tenían" (Hch. 2, 44).

2.Del deseo de lo mejor según el querer de Dios a la firme voluntad de ponerlo en práctica: La comunidad es invitada a traducir en actitudes y acciones coherentes con el querer de Dios, el deseo manifestado en la tercera etapa de optar por lo mejor (lo correcto, lo que conviene).
Para ello, el joven ha de confrontarse cuando ese deseo de lo mejor o correcto no se traduce en la práctica de sus vidas, y tener el valor de reconocerlo y comprometerse en la transformación de su comunidad después de haber visto y juzgado todo a la luz de la fe.

3.Del grupo comprometido en torno a un proyecto y haciendo experiencia eclesial parroquial a la iniciación como comunidad cristiana dentro de la Gran Comunidad eclesial: La realidad de nuestros jóvenes habla de este momento como etapa de intensos cambios y de posibles crisis al encontrarse con “nuevas ofertas”. Crisis de la experiencia como pequeño grupo cuando hay tantas otras alternativas, y crisis de la experiencia de fe y del sentido de Iglesia, como efecto de la desorientación o de lo que descubre en la misma comunidad cristiana, santa pero también pecadora.
En este momento proponemos al joven iniciarse en la construcción de una comunidad donde comparta la vida al estilo de las primeras comunidades cristianas (Hch. 2, 42ss), en comunión con el peregrinar de esa otra Comunidad que es la Iglesia.
Será necesario iniciar a cada joven en las actitudes propias de la vida en comunidad a fin de que la vida fraterna sea más una experiencia y una tarea que una ilusión; iniciarlo también en los rasgos fundamentales de la comunidad cristiana a fin de que la vivencia comunitaria sea plena.

4.De la creatividad a la generación de vida: En esta etapa el joven se da cuenta de que la creatividad va más allá de la cantidad o variedad de actividades que se hacen y de los medios técnicos que se emplean. En la comunidad todos pueden aportar algo nuevo al análisis, valoración y evaluación de lo que se vive. Frente a la nueva situación de confrontación y discernimiento, el aporte decisivo de cada uno desde su creatividad, originalidad y sinceridad contribuye a generar vida en el seno de la comunidad.

5.De asumir mi rol a reubicarme en mi vivencia familiar: El joven, habiendo asumido su rol dentro de su familia, experimenta nuevas situacioness (universidad, trabajo, noviazgo, autonomía,...) que pueden desestabilizar la dinámica familiar. Por lo tanto, el joven se ve en la necesidad de replantearse su situación ante los nuevos retos.
Proponemos que el joven, enfrentando esta inestabilidad con sus desafíos, trabaje por el bien común de toda la familia. Por eso ha de colaborar con gusto en todas las necesidades de la vida familiar que le sea posible (gastos económicos del hogar, aseo de la casa, preparación de alimentos, etc.). DIRECCIONES DE CRECIMIENTO RELACIÓN CON
LOS DEMÁS ACCIONES Propiciar experiencias de contacto y análisis de la realidad social, económica y política.
Participar en espacios de encuentro eclesial.
Garantizar la experiencia evangélica en proyectos solidarios.
Tomar contacto para compartir y participar de experiencias con instancias sociales que estudian y trabajan en el cuidado y mejoramiento del mundo.
Participar con otros grupos sociales y eclesiales de jóvenes para intercambiar visiones culturales. DIRECCIONES DE CRECIMIENTO 1.De la proyección a la conciencia crítica: El contacto logrado con la proyección social sirve de plataforma para esta etapa en la que el joven se caracteriza por ser crítico de aquello que se abre ante sus ojos. El darse cuenta de la complejidad de la realidad le invita a cuestionarse sobre las causas y consecuencias, y a preguntarse cuál es su rol frente a ella. La formación de una conciencia crítica implica plantearse todas estas preguntas y confrontar su propia vida con ellas.

2.Del comprometerse a la solidaridad: En esta etapa el joven descubre en comunidad el valor de la solidaridad como un compromiso, una obligación con el hermano, porque ve a la persona humana como una criatura de Dios. Solidaridad que no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas, ni acciones puntuales e inconexas, sino una actitud permanente, la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común.
Se trata de iniciar a una presencia evangélica en el mundo: presencia amorosa, simpática y empática, como Jesucristo.

3.De sentirme responsable de la naturaleza y de quienes la habitan a optar con pasión por la vida: Nuestro joven conoce ya de experiencias a favor de la ecología desde un sentido integral. De hecho ha realizado experiencias puntuales en la defensa de valores ecológicos, pero ¿hasta dónde han calado estos valores y se traducen en actitudes vitales permanentes? En esta primera etapa de Comunidad REMAR-MARCHA-NAVEGAR el joven está invitado a cuestionarse profundamente su opción por la vida en todas sus expresiones descubriendo que su estilo de vivir es muchas veces cómplice de una manera egoísta de comprender las posibilidades del ser humano ante la naturaleza y los demás individuos.
Necesitamos, más que aprender a resolver problemas particulares, aprender a definirlos, ir a sus causas y describir los agentes involucrados a nivel personal y a nivel social-estructural. La cuestión ecológica entra de lleno en la esfera de los valores, de los intereses económicos y políticos, de la confrontación entre grupos de poder, de la ideología y, en fin, del modelo o modelos de sociedad que se deseen construir.

4.De la valoración a la interpelación cultural: Ante una etapa que le expone a nuevas experiencias, el joven, que valora su ser cultural, se enfrenta al pluralismo que conforma su nuevo entorno. Se propone al joven que “abra sus ojos” y que reconozca a los seres humanos de diversas culturas como hermanos y hermanas, y aceptarlos en su diversidad (Juan Pablo II). El joven va creciendo en el conocimiento crítico de otras culturas, especialmente las más amenazadas de nuestro entorno, para descubrir en ellas su riqueza. Igualmente, su propia cultura se ve interpelada por los valores de las otras culturas. PUNTO DE PARTIDA Los jóvenes en su mayoría están comenzando los estudios superiores. Se abren para ellos nuevas experiencias en la universidad, el trabajo, noviazgo, etc. Desde ahí se valora como un ser cultural que busca ubicarse y ser reconocido en la sociedad.
Se manifiesta crítico ante aquellas situaciones que le rodean y sensible ante el dolor humano. PUNTO DE LLEGADA El joven ha optado por compartir su estilo de vida en comunidad inserta en la Iglesia, Pueblo de Dios. Tiene una visión más crítica de los problemas sociales, económicos y políticos que le rodean y condicionan el ecosistema. Inicia una presencia evangélica en el mundo a través de la solidaridad. RELACIÓN CON el entorno Oír la Palabra de Dios y cumplirla (Cfr. Lc 8, 19-21) Contemplamos a Jesús que coloca la actitud de escucha y acogida de la Palabra de Dios por encima del parentesco, y vemos en esta definición la misma figura de María en sus actitudes vitales. PUNTO DE LLEGADA El grupo vive en verdadera comunión, ha crecido en fraternidad y unidad desde la experiencia de su ser Iglesia. Es coherente con el querer de Dios, aceptando que esto no siempre se traduce en su vida. Cada joven vive las actitudes propias de la vida en comunidad, pues ha sido iniciado en la conformación de ésta en su sentido evangélico. Así, crece en fraternidad y las diferencias son las riquezas que cada uno aporta y potencia para el bien común. Cada uno, desde su creatividad, originalidad y sinceridad, contribuye a generar VIDA en el seno de la comunidad.
En la relación con su familia el joven se replantea su situación dentro del núcleo familiar. Lugar: La Vallá.
Hace referencia al lugar en Francia donde inicia la primera comunidad marista.

Acontecimiento: Experiencia de fraternidad.
Los primeros hermanos ponen su juventud y su entusiasmo en un proyecto que compromete sus vidas. La tarea no fue fácil, pero superando pobrezas y dificultades, descubrieron la riqueza de la comunidad como forma y ámbito donde desarrollar su vocación y llevar adelante un proyecto de entrega a los demás.

Frase: Ahora lo que más importa es hacer fuerte esta casa
Podría haberlo dicho Champagnat en el inicio de la Congregación y lo puede decir cada uno de los miembros de las nuevas comunidades. Toca cimentar la experiencia desde la sinceridad, la autenticidad, la coherencia por los valores cristianos por los que se ha optado.

Actitud: Transparencia
La actitud transparente del corazón de Marcelino en su relación con Dios, con la Buena Madre, con los Hermanos, con sus amigos, con los niños… viene bien para plantear las motivaciones individuales que llevan a dar el paso a ser Comunidad en el Movimiento; para sentar las bases de relaciones interpersonales saludables; para enfrentar con realismo y honestidad el proyecto personal en este nuevo contexto vital. PUNTO DE PARTIDA El joven vive unas relaciones afectivas auténticas con sus compañeros de grupo, donde aparecen sólidos valores de preocupación por el otro y ayuda desinteresada. Discierne lo que Jesús le pide de acuerdo a la realidad que él esta viviendo; además tiene la experiencia de vivir en torno a un proyecto con un compromiso en la Iglesia y en la sociedad sintiéndose reconocido en sus capacidades individuales generando, creando, y recreando cosas nuevas. "Estreno nueva Vida"
Full transcript