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Anisacate - Pueblo del Cielo

Pecchioni Picossi Luna Flores Fontaine
by

Agustin Fontaine

on 15 July 2010

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Transcript of Anisacate - Pueblo del Cielo

Alta Gracia La Bolsa A Despeñaderos A Rio Primero Río Anisacate Anisacate Pueblo del Cielo Los Comechingones, habitantes originarios, pusieron ese nombre, porque era para ellos el Iglesia Sagrado Corazon Escuela Inmaculado Corazon de Maria Templo Bizantino Autoridades Presidente Comunal: Ramón Zalazar
Tesorera: Alejandra Ortiz
Secretaria General: Laura Torres
Director de Deportes: Martin Juncos
Directora de Cultura: Nilda Moreschi
Director de Salud: Daniel Giovanoni
Director de Turismo: Claudio Jair
Planificación: Arquitecta Gabriela Chialva
Área de Maestranza: Hugo Fernandez
Tribunal de Cuentas: Juan Rapari area central Localidad y alrededores Asuntos pendientes Con sotana u ojotas Educación La comuna en fotos Turismo y Economía Galería de imágenes Es domingo y es verano. Anisacate se llena de familias que escapan del smog de la metrópolis cordobesa y kilómetros antes respiran el puro aire que las serranías del valle de Paravachasca le ofrece. Los que ingresan a las deshabitadas casas de la semana se suman a los pocos que siempre permanecen. Algunos católicos que elijen celebrar el sacramento de la Eucaristía cada domingo no quedan sin propuesta: para los de ojota y lente de sol, y para los de sotana y puntillíz, Anisacate abre sus capillas.

A poco menos de un kilómetro del puente ubicado sobre ruta 5 se encuentra la Iglesia del Sagrado Corazón, actualmente sede parroquial de una serie de capillas de los alrededores que se extienden hasta las proximidades del dique Los Molinos.
La capilla Sagrado Corazón recibe la mayoría de los turistas que en tiempos de verano quieren celebrar la Eucaristía. Pero además, es la capilla que convoca a los habitantes del pueblo y de la zona. En palabras del P. Gabriel Romero, quien presidía la misa dominical: “La gente que se acercaba a las capillas era gente sencilla y trabajadora, de campo, con buena disposición y adhesión a las prácticas religiosas, más bien de pocas palabras y muy colaboradora para mantener la capilla”

Pero Anisacate también ofrece a los católicos más tradicionales la posibilidad de celebrar la misa como antaño lo hacía la Iglesia en general. La fraternidad sacerdotal de San Pío XI, más conocida como orden de los lefebvritas se ocupa diariamente, en la escuela Inmaculado Corazón de María, de la educación de la juventud en lo que ellos consideran la “sana doctrina”, basada en un fuerte contenido moral heredado de la moral de Santo Tomás de Aquino. La orden celebra en la capilla ubicada pocos kilómetros antes la eucaristía a las 6.15 am. en razón de ofrecer todo el día al Señor y de no haber ingerido ningún alimento antes de recibir el cuerpo de Cristo. Además, como antes del Concilio Vaticano II, el sacerdote se pronuncia en latín y se ubica de espaldas al pueblo, mirando hacia el altar. La orden considera importante recuperar la diferenciación con las demás maneras de entender el seguimiento de Cristo. Así lo expresó el fundador: “No somos ecumenistas. No queremos confundir todas las nociones y hacer un compromiso entre los protestantes, los católicos, y los otros… mezclar todo. No queremos eso. No lo queremos”
A Dique Los Molinos La renovación y ampliación de la infraestructura es uno de los principales emprendimientos que deben afrontar las instituciones educativas. El nivel inicial y secundario de la escuela Vicente López y Planes ya no puede recibir a más alumnos. La falta de espacio físico extiende la lista de espera que hasta el momento es de 200 bancos. “Cada vez que pienso y recuerdo cuando empezamos con dos aulas en las que funcionaban el jardín y el primario, me sorprende cómo creció”, cuenta la “seño” Ligia Martínez de la sala de 4 años del jardín. En el nivel medio el crecimiento lo reflejan las matrículas. En el 2005, la escuela primaria que lleva el mismo nombre que el nivel inicial, contaba con 181 alumnos. Hoy las bancas ascienden a 331 jóvenes.
“Mucha gente se vino a vivir desde que se lotearon campos que antes eran cultivos”, explica la directora del primario Cristina Recala. La demanda aumenta pero los espacios no acompañan a cubrir una población en continuo crecimiento. Ante ello muchos alumnos son derivados a otras escuelas, en su mayoría, ubicadas en Alta Gracia. La mejora en las instalaciones es otro asunto pendiente de los institutos educativos del valle. En la escuela primaria se conservan sanitarios de más de 100 años. La falta de espejos, ventanas o puertas rotas, pisos rasgados o techos sin tinglado, son circunstancias comunes en Vicente López y Planes pero que sus maestras afrontan con creatividad y alegría.
En la escuela técnica Juana Azurduy, única en el valle, los jóvenes no tienen lugar para comer. Aulas y comedores comparten espacios para atender las necesidades de más de 300 alumnos. “Comen dando vueltas por los pasillos o en el piso”, afirma Mercedes Castellani, profesora de nuevas tecnologías del colegio. La falta de espacios también se vincula con cambios curriculares. Las escuelas técnicas, debido a una modificación emprendida por el Ministerio de Educación de la Nación, a partir del año próximo deberán incluir el cursado del séptimo año. Nuevas materias, más docentes y más contratarnos, se traducen en la necesidad de ampliación de espacios y renovación de infraestructuras. “En un taller de carpintería o laboratorio no se puede trabajar con 30 chicos a la vez porque no hay lugar”, comenta Mónica Sánchez, profesora de producción de alimentos. La especialidad técnica exige instalaciones y espacios que dado el incremento en las bancas, son insuficientes en la esuela secundaria Juana Azurduy. “Se desborda en infraestructura por la cantidad de chicos y de horas”, resume la problemática Silvia Ramos, a quien como al igual que el resto del cuerpo docente de todos los niveles, las necesidades no le impiden dibujar una sonrisa en el rostro de cientos de jóvenes. Mari, es una de las vecinas de Anisacate, que para consumir agua potable tiene que comprar el bidón de agua mineral. “Cuando mis nenes están enfermos, no me arriesgo, y compro el agua mineral envasada porque la del pozo no es potable”. Esto se debe a que los vecinos de la comuna de Anisacate no cuentan con agua potable corriente para abastecer sus hogares. Cada habitante se autoabastece de napas de 80 metros de profundidad o, en su defecto, de tan sólo 15 metros, donde no se garantiza que sea potable para consumo.
La Cooperativa de Electricidad y Obras Públicas de Anisacate Lta., a cargo del presidente Luis Sonzini, provee de agua sólo al barrio La Rivera, uno de los más grandes e importantes en la comuna. El secretario de la Cooperativa, Juan Ignacio Mercado asegura que ellos presentaron un proyecto a la comuna de Anisacate para extender sus servicios al resto de los vecinos, pero que, según Mercado, fue rechazado porque “lo quieren hacer ellos”.
Los habitantes de la comuna carecen de agua potable, ya sea corriente o de napa, porque el arroyo que desemboca en el río Anisacate viene contaminado desde Alta Gracia. El arroyo lleva en su caudal cantidad de desechos arrojados en los lugares que este atraviesa, desde cloacas hasta fumigaciones. Consecuentemente, las aguas que desembocan en el río Anisacate están contaminadas, y éstas afectan las napas de las que se suministran los vecinos.
La gente de bajos recursos que no tienen pozo piden agua a la comuna. Martín Juncos, secretario de la comuna de Anisacate, aclara que el agua que ellos proveen no es de consumo personal porque es sacada directamente del río.
El secretario de la Cooperativa, Juan I. Mercado, presento el proyecto de ampliación de la red de agua corriente hace 4 años y todavía no hay respuesta, porque la comuna les negó el inicio de la obra, argumentando que ellos iniciarían el trabajo. Por otra parte, Juncos dice que el proyecto fue presentado a la Nación y se aguarda su aprobación.
Entre carteles, promesas y proyectos, la red de agua corriente no abastece a la comuna de Anisacate todavía. Si bien no ha sido declarada formalmente, Anisacate dejó de ser una comuna para convertirse en uno de los municipios más grandes del departamento Paravachasca debido a su gran incremento demográfico en los últimos años. Pero en su reestructuración dejan a la vera del camino un elemento vital para la vida de los vecinos de Anisacate: el agua potable. suenan las campanas en domingo Con sotana u ojotas suenan campanas en domingo El espacio quedo chico Asuntos pendientes Notas El loteo de terrenos, motor de crecimiento de Anisacate El loteo de terrenos, motor de crecimiento de Anisacate
A mediados del siglo pasado, el pueblo del Valle de Paravachasca era originalmente “apreciado como destino vacacional, y, a la vez, como una fuente de producción del mercado rural”, comentó Claudio Jair, Secretario de Turismo del Centro Comunal de Anisacate. Es así como las actividades de recreación de algunos visitantes esporádicos y el trabajo agropecuario convivían durante la época estival.
“A partir de la década de los 80, una primera división y venta de pequeños lotes impulsó el establecimiento de un número reducido de personas, principalmente provenientes de Córdoba, en los márgenes del río Anisacate”, declara Jair. Familias tradicionales como la Torres Bas, Caferatta, y Aliaga Casariego, fueron las primeras en escoger este pueblo para vivir de forma permanente.
A medida que la población de Anisacate iba creciendo, la organización de la institución comunal y la consecuente incorporación de la legislación provincial como base de todas sus actividades realizadas, permitió la diagramación y delimitación de distintas zonas para construir residencias. Las leyes Nº 7343, 4146 y 5485 de regulación de uso del suelo, se aplicaron para definir los barrios que se fueron ubicando a los márgenes de las rutas E-55 y la provincial Nº 5, ocupando tierras que anteriormente se utilizaban para la siembra.
En los 90, el Valle de Paravachasca se volvió un centro turístico popular para las grandes urbes, como Buenos Aires, Rosario y Córdoba. El interés creciente que se despertaba por la región, transformó a Anisacate en un destino “residencial”, dejando reducida la actividad agraria a una decena de productores. “En estos últimos años, personas agobiadas por el mundo laboral que buscan salir del ritmo de la ciudad, ven a Anisacate como un remedio a pocos kilómetros que brinda paz, aire puro y seguridad para criar a sus hijos”, aseguró José Miguel Quintana, empleado de la inmobiliaria “PH, Propiedad Horizontal”, ubicada en Alta Gracia.
Como resultado de este proceso de crecimiento y desarrollo del pueblo de Anisacate, se consolidaron en él 26 barrios, con más de 3 mil habitantes estables en la actualidad. “Desde el 2007 hasta hoy, la actividad inmobiliaria se incrementó un 50 por ciento en comparación al mismo período anterior, y se espera que, en los próximos 5 años, la zona más próxima a la ciudad de Alta Gracia crezca un 15 o 20 por ciento más”, afirmó Martín Juncos, secretario de la Presidencia Comunal.



A mediados del siglo pasado, el pueblo del Valle de Paravachasca era originalmente “apreciado como destino vacacional, y, a la vez, como una fuente de producción del mercado rural”, comentó Claudio Jair, Secretario de Turismo del Centro Comunal de Anisacate. Es así como las actividades de recreación de algunos visitantes esporádicos y el trabajo agropecuario convivían durante la época estival.
“A partir de la década de los 80, una primera división y venta de pequeños lotes impulsó el establecimiento de un número reducido de personas, principalmente provenientes de Córdoba, en los márgenes del río Anisacate”, declara Jair. Familias tradicionales como la Torres Bas, Caferatta, y Aliaga Casariego, fueron las primeras en escoger este pueblo para vivir de forma permanente.
A medida que la población de Anisacate iba creciendo, la organización de la institución comunal y la consecuente incorporación de la legislación provincial como base de todas sus actividades realizadas, permitió la diagramación y delimitación de distintas zonas para construir residencias. Las leyes Nº 7343, 4146 y 5485 de regulación de uso del suelo, se aplicaron para definir los barrios que se fueron ubicando a los márgenes de las rutas E-55 y la provincial Nº 5, ocupando tierras que anteriormente se utilizaban para la siembra.
En los 90, el Valle de Paravachasca se volvió un centro turístico popular para las grandes urbes, como Buenos Aires, Rosario y Córdoba. El interés creciente que se despertaba por la región, transformó a Anisacate en un destino “residencial”, dejando reducida la actividad agraria a una decena de productores. “En estos últimos años, personas agobiadas por el mundo laboral que buscan salir del ritmo de la ciudad, ven a Anisacate como un remedio a pocos kilómetros que brinda paz, aire puro y seguridad para criar a sus hijos”, aseguró José Miguel Quintana, empleado de la inmobiliaria “PH, Propiedad Horizontal”, ubicada en Alta Gracia.
Como resultado de este proceso de crecimiento y desarrollo del pueblo de Anisacate, se consolidaron en él 26 barrios, con más de 3 mil habitantes estables en la actualidad. “Desde el 2007 hasta hoy, la actividad inmobiliaria se incrementó un 50 por ciento en comparación al mismo período anterior, y se espera que, en los próximos 5 años, la zona más próxima a la ciudad de Alta Gracia crezca un 15 o 20 por ciento más”, afirmó Martín Juncos, secretario de la Presidencia Comunal.
Las condiciones climáticas son el principal factor de incidencia en el Turismo de Anisacate Anisacate es considerado un “pueblo de paso” para los turistas que transitan las rutas cordobesas durante temporada alta y fines de semana largo. Esta perspectiva no escapa a los propietarios de centros de alojamiento y “campings” del Valle de Paravachasca, que han visto disminuido el flujo turístico durante el verano del 2010 debido especialmente a los 300 milímetros de precipitaciones acumulado entre enero y marzo de 2010. Los campamentos a orillas del Río Anisacate debieron ser levantados más de una vez debido a las crecidas súbitas del caudal, incrementadas por la confluencia de arroyos serranos y de Pampa de Achala.

El turismo “es una actividad estacional en época estival” afirma Claudio Jair, Director de Turismo de la Comuna de Anisacate, por lo cual no es sorpresivo que la mayoría de las inversiones públicas para el mantenimiento y limpieza de la villa se realicen entre noviembre y diciembre, anticipándose a la temporada alta. “Cuando amerita la urgencia se procede a las actividades de corte de pasto y limpieza de los márgenes del Río” afirma Martín Juncos, Director de Deportes de la Comuna, quien describe que la planta permanente de empleados en el Centro Comunal sólo alcanza el 50% de la capacidad necesaria para hacer frente al cuidado permanente de la zona.
“Mari” es propietaria del camping “Playa del Valle” y afirma que durante el año “se sobrevive como se puede, uno que tiene cabañas puede pilotearla un poco más, pero en el camping dependemos de las condiciones climáticas siempre”.
Según datos aportados por el Centro Comunal hay una capacidad de alojamiento de 2 mil plazas, brindada por casas y departamentos de alquiler, cabañas y “campings”, que ocupan el 64% de las mismas. A su vez, el número de plazas se ha incrementado debido a la llegada de colonias de vacaciones sindicales, como el Complejo U.T.A, el Complejo TransmiTaxi, y otros recientes emprendimientos privados, basados en complejos pequeños de cabañas principalmente.
A su vez, Anisacate cuenta con actividades culturales ricas y diversas organizadas por la Dirección de Cultura Comunal, como muestras de obras realizadas por artistas de la zona, conferencias mensuales sobre cultura, historia y el “Bicentenario” de la patria, entre otras.
Comuna de anécdota y esperanza en “la Docta”;
Pueblo ambiguo, natural, humano;
Un sitio de paso al andar; La comuna más habitada de Córdoba, el municipio naciente del Valle de Paravachasca km2 de extensión 55 Importante curso de agua de la Provincia de Córdoba, tributario del Río Xanaes que desemboca en la Laguna Marchiquita, con origen en la confluencia de los Ríos San José y la Suela, extendiéndose luego por 43 kilómetros desde las Sierras Grandes. Receptor de arroyos provenientes de Alta Gracia y de la Pampa de Achala, es un río “traicionero” por las súbitas crecidas durante la época estival y de precipitaciones intensas, como así también es un río “amigable” y principal atractivo turístico para la Comuna de Anisacate, que ha edificado su vida en torno al río. y creditos Flores, Leticia Fontaine, Agustin Luna, Maria Carolina Picossi, Jonathan Pecchioni, Paula impresiones Tranquilidad y sencillez son conceptos simples que describen el quehacer de una población en expansión. Calidez en el trato y apertura al diálogo incentivan la búsqueda de la esencia de un lugar calmo. Atardeceres tempranos acompañados por el eco de una brisa suave incesante y el correr de aguas ligeras, convierten al valle en un escenario para la reflexión y la búsqueda de la impronta propia de un “pueblo del cielo, un pueblo con historia”.
Una población residencial en ascenso modifica el paisaje de grandes extensiones de cultivos. Loteos recientes, largas listas de espera en las escuelas, incremento en las consultas en los centros de salud, son síntomas de una población que crece a diario, que atraviesa un período de transformación que revindica la vaga concepción “todo esta tranquilo, nada ocurre en el pueblo”. En el valle acontecen historias susceptibles a miradas atentas. En la gente reside la sabiduría y esencia del paisaje. El lugar lo hace la gente; el vecino; el comerciante; quien atiende la comuna; el camping; la colonia de vacaciones; la recepcionista de la escuela; el alumno que recorre a diario varios kilómetros para apostar a su futuro; la señora “Lili” que con una sonrisa se dispone a ofrecernos su menú. Son caras, gestos, actitudes, miradas que transforman la concepción del pueblo, que lo identifican y lo renuevan, lo convierten y actualizan. Anisacate es historia, es tierra de gente sencilla, amable, que con paciencia y disposición brinda su tiempo al quehacer de rutinas interrumpidas por paseos en el tiempo, caminatas a la vera del río o jóvenes periodistas que en su afán por descubrir su gente, se mezclan como uno más del pueblo.
Un paisaje envidiable, la oportunidad de disfrutar de lo natural y la simpleza todos los días, dispersiones simples, la danza del agua y el carisma de su gente, convierten a Anisacate en un pueblo cautivante para muchos, una oportunidad para vivir en la serenidad y calidez de su gente. “Pueblo del cielo” lo llamaban los nativos precolombinos, nominándo su hogar, su historia, su arraigo con la tierra. Anisacate parece haber perdido ese arraigo, o mejor dicho, la gente ha cambiado mucho con el paso de los años. Pueblo de los que van y vienen de vez en cuando, pueblo de los que permanecen, de los que viven “bien” (amoldándose al concepto capitalista actual de bienestar material), y de los que sobreviven día a día por la carencia de políticas públicas necesarias, urgentes, a largo plazo, tal como el problema del agua potable que no todos tienen. Pensar más en la gente, en sus necesidades, en sus demandas, es algo que le pedimos permanentemente a nuestros funcionarios políticos, y sin embargo, también es tiempo de hacernos cargo de nuestro deber como ciudadanos. Promover el cambio empieza por reconocer qué queremos cambiar de nosotros mismos y motivar a que la metamorfosis ocurra. Anisacate, pueblo, comuna, municipio. El comienzo de un trabajo que nos hizo viajar mas alla de los límites capitalinos. Un rincón del valle de Paravachasca que encierra el encanto de un lugar que crece día a día. Como cualquier población, nos encontramos con trabajo, esfuerzo, problemáticas y soluciones.
Anisacate presenta un gran crecimiento demográfico que permite que la zona trabaje de cara a un mayor desarrollo. Su reestructuración como municipio es una ventana que se abre a un posible progreso que tal vez permita a los vecinos de este lugar superar problemáticas para continuar creciendo.
Un lugar turístico del valle colma de gente en temporada alta, e intenta subsistir el resto del año. Posiblemente, esta sea otra arista a trabajar. La gran cantidad de gente que hoy se instala en Aisacate para vivir, tal vez, necesitará buscar otra puerta para mantener la comuna. Mary, una vecina de Anisacate, se mantiene de un camping que sólo trabaja en verano, o fin de semanas largos con buen tiempo. Pero el año permanece nublado porque su único ingreso lo consigue durante dos meses, el que la mantendrá otros diez meses más. Este es un caso entre algunos más, que reflejan la productividad de un lugar principalmente turístico. Así, los habitantes de la zona deberían replantearse los pilares que sostienen a Anisacate, en pro de un progreso, de cara a un municipio sustentable. “Vivir sobre la ruta es otra cosa”, decía Mari, una vecina de “pueblo adentro”. “Acá es muy tranquilo, y somos pocos los que vivimos. Mirá: estamos nosotros, la casa de allá, la de la esquina y dos más un poco más allá. En la ruta el movimiento de gente es distinto”
Me quedo con las palabras de Mari para expresar mi principal impresión sobre el pueblo. Es un poblado tranquilo y con sonidos imperceptibles para quien está fuera de la ruta, y un transitado andar, en cambio, se percibe allí donde se ubican la comuna, el dispensario, la policía, el almacén más grande, la parada del colectivo y la escuela.
En mi intención de llevar a fotografía los silencios de pueblo adentro y los sonidos de la ruta, me impresiona pensar que a derecha e izquierda de la ruta hay tal vez huellas sin dibujar, hojarascas sin tocar y ramas esperando algún día ser vistas por alguien. Los que habitamos siempre la ciudad, en cambio, sentimos que todo ya fue visto y visitado, que cada rincón fue pisado y transformado por el hombre que amoldó la naturaleza a sus necesidades. Con mucho por contemplar, Anisacate salió a mi encuentro, contagiando tranquilidad. Anisacate es un lugar entrañable que, a lo largo de su historia, parece haber quedado dividido en dos realidades, separadas por el Río Anisacate. Hacia el norte, encontramos un Anisacate que se ha expandido territorialmente, ha crecido económica, social y estructuralmente; mientras que hacia el sur, parece haber un Anisacate “dormido en el tiempo”, que conserva aquellos rasgos históricos en su arquitectura, en sus instituciones tradicionales y en la sociedad adulta que la habita. “Desde el puente Anisacate el agua ya no sirve más porque desemboca un afluente mortífero”, son palabras que comienza a expresar Edmundo Velázquez luego de contarnos su trabajo de años haciendo pozos para extraer agua subterráneas en las residencias del Valle de Paravachasca.
El río Anisacate recibe el caudal de agua del arroyo Alta Gracia que acarrea kilómetros de contaminación. Según estudios realizados por Cátedra Petrología Sedimentaria de Facultad de Ciencias Exáctas, Físicas y Naturales, a cargo de Carlos Daziano, se catalogó el agua como no aptas como aguas de bebida, siguiendo las normativas del Organismo Mundial de la Salud; inadecuadas para fines domésticos y restringida su aptitud para ser utilizadas en irrigación de cosechas sensibles al sodio.
Si bien los vecinos de Anisacate no se abastecen del río directamente, esta contaminación llega a las napas de agua que utilizan para el consumo diario, que extraen de los pozos que cada habitante tiene en su residencia.
Martín Juncos, secretario de la comuna de Anisacate, es conciente que el agua del río no es potable, pero desconoce que el alto nivel de cloro, sodio y sulfato que presenta, afecta el caudal subterráneo del que se provee todo el pueblo. “Hubo gestiones por parte del presidente comunal para que Alta Gracia no tire residuos cloacales al arroyo, hay controles y se cumplen”, son las palabras de Juncos que reflejan confianza en que el caudal de las aguas subterráneas es pura.
“Si bien es cierto que dicen que es cuatro metros el agua se puede purificar, en este caso, en el trayecto de 10km, el agua no alcanza a purificarse porque no hay suficiente correntada, no tiene mucha caída, viene manso, casi sin piedras y la cantidad de desperdicio y contaminación es mayor que el caudal del arroyo”, dice Edmundo Velázquez, quitando todas las esperanzas de que el agua del arroyo se purifique en su trayecto hasta el río Anisacate.
Los estudios oficiales trasladan datos alarmantes del estado del río, sin embargo la comuna de Anisacate está convencida de que “las napas de más de 80 metros tiene agua pura”, y los vecinos de la comuna la consumen a diario. Atractivo turístico, paisaje encantador del Valle de Paravachasca, abastecimiento para los vecinos, recolector de residuos y desechos cloacales son algunas de las palabras que traslada el caudal del río Anisacate. Un caudal de contaminación Ubicación geográfica Departamento de Valle de Paravachasca Argentina Córdoba más fotos en: http://picasaweb.com/agustinfontaine/anisacate A Córdoba por Ruta Actualizado al 11/07/2010 podés comunicarte con nosotros a agustinfontaine@gmail.com dispensario parada de colectivo policía comuna Ver anexos? Informe final Revista Imágenes aéreas de google maps
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