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Trinidad como historia

Bruno Forte
by

Jose Valles

on 23 January 2013

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Transcript of Trinidad como historia

Bruno Forte Trinidad
como historia Trinidad e historia 1. El destierro de la Trinidad

Moltmann dice respecto a esto: "Que Dios sea trino o que sea uno no parece tener consecuencias diferentes en el plano de la fe ni en el plano de la ética" Biografía El arzobispo Bruno Forte nació en Nápoles. Fue ordenado sacerdote el 18 de abril de 1973. Estudió teología en Tubinga y París; doctor en teología (1974) y filosofía (1977). Ha sido profesor de teología sistemática en la Pontificia Facultad de Teología de Italia Meridional (Nápoles). Fue nombrado Arzobispo de Chieti-Vasto por el Papa Juan Pablo II el 26 de junio de 2004. Fue consagrado obispo por el cardenal Joseph Ratzinger (actualmente, Papa Benedicto XVI) el 8 de septiembre de 2004.
Teólogo de sólida formación filosófica con un estilo muy propio y ameno. Una de sus principales obras teológicas es "Teología de la historia" (Sígueme), en la que relee la revelación cristiana en clave histórica y trinitaria. Este libro habla de la Trinidad
hablando de la historia y habla
de la historia hablando de la
Trinidad. La historia que narra es ante todo el acontecimiento pascual de la muerte y resurrección de Cristo. En este relato se abre así el relato de la Trinidad como acontecimiento eterno del amor, como historia del amor eterno. Este libro habla de Dios narrando el Amor Este aislamiento de la doctrina trinitaria respecto a todo lo demás del dogma y de la ética no se ha visto tampoco superado en muchas de las teologías del presente: tanto en las reformulaciones nuevas de los tratados antiguos como en las intuiciones o exploraciones innovadoras, tanto en la hermenéutica como en la teología narrativa, tanto en la teología política como en la teología de la liberación, no parece ser que el evangelio trinitario desempeñe un papel realmente decisivo. No es una exageración afirmar que estamos todavía ante un destierro de la Trinidad respecto a la teoría y la praxis de los cristianos. 2. El retorno a la patria trinitaria

En los orígenes de este aislamiento trinitario, que se traduce en el efectivo monoteísmo no cristiano de muchos cristianos, puede captarse la preocupación de salvaguardar y defender la divinidad de Dios El dinamismo del acontecimiento de la revelación se ve limitado a un horizonte estático: tanto las misiones del Hijo y del espíritu como la viva pluralidad de los tres en relación se ven anquilosadas en el concepto metafísico del Uno inmutable y eterno. Asta qué punto esta divina quietud contrasta con la frescura viva del Dios que nos narra el testimonio de los orígenes cristianos. Apenas se empieza de nuevo a hablar de Dios como Padre de Jesucristo. El Dios vivo será visto entonces ante todo en el Padre, principio sin principio del Hijo y del Espíritu en la unidad de los tres, y esta divina unidad se concebirá como unidad de la inhabitación recíproca de los tres, en la circulación fecunda e inagotable de la vida única del amor eterno, en vistas a la divinización de los hombres. 3. La Trinidad y la historia

La Trinidad tal como es en sí (inmanente) se da a conocer en la Trinidad tal como es para nosotros (económica); uno y el mismo es el Dios en sí y el Dios que se revela, el Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. La trinidad en la historia manifiesta la Trinidad en la gloria, ya que Aquel que es fiel y no puede renegar de sí mismo (2 Tim 2, 13) no puede engañarnos al revelarse a nosotros. No hay que aislar la realidad de Dios en su revelación, como si más allá de su revelación hubiera otra realidad divina, sino precisamente aquella realidad de Dios que nos sale al encuentro en la revelación y que es su realidad en toda la profundidad de lo eterno. Si la Trinidad inmanente no correspondiese a su revelación económica, no seria posible ninguna salvación en la historia, el hombre estaría irrevocablemente condenado al horizonte de lo humano y a la dolorosa experiencia de su finitud, sin ningún resquicio abierto hacia el mas allá. La Trinidad es una confesión de fe soteriológica. 4. La Trinidad más allá de la historia

La economía no puede agotar la profundidad de Dios; la historia no puede ni debe capturar la gloria, esta correspondencia no puede concebirse como identidad Un Dios resuelto en la historia, una Trinidad divina inmanente adecuada por completo a su revelación económica, no sería ya el Dios cristiano, sino una entre tantas fuerzas de este mundo, quizá la más alta y necesaria.

A la tesis: la Trinidad económica es la Trinidad inmanente le corresponde una obligada antítesis por la que la Trinidad inmanente no es la Trinidad económica.
Palabras claves: Silencio de la escucha, alabanza y contemplación del amor vivido. El centro de la economía de la salvación, el lugar siempre único de la dispensación del amor trinitario a los hombres, es el misterio pascual.

La confesión trinitaria, que es el contenido absoluto propio y original de la fe cristiana, no es más que la explicitación de la que se nos ha dado en el misterio pascual (cf. P. Coda)

Puede decirse, pues, que la Trinidad antes de ser una confesión, es un acontecimiento. La Trinidad en la Historia
LA HISTORIA TRINITARIA DE PASCUA

LA RELECTURA TRINITARIA DE LA HISTORIA A PARTIR DE PASCUA

LA CONFESIÓN TRINITARIA EN EL TIEMPO Según la fe de los orígenes la pascua se convierte en historia nuestra, por ser historia trinitaria de Dios. Así se ilumina la resurrección como historia trinitaria: el Padre toma postura frente a la historia de los hombres: pasado, presente y futuro.
De forma similar encontramos en la cruz la historia trinitaria como entrega.
Es la Trinidad la que se manifiesta en todo el misterio pascual y así ilumina y hace suya la historia, nuestra historia y así la hace historia de salvación. 1.-En cuanto a la experiencia pascual vemos que al comienzo fue la experiencia de un encuentro.
Hay un hiato entre el atardecer del viernes santo y el alba del domingo de pascua: un espacio vacío, en que aconteció algo tan importante que dio origen de hecho al movimiento cristiano en la historia.
¿por qué la experiencia del encuentro con el resucitado cambia tan profundamente la existencia de los discípulos?
La resurrección y la cruz, momentos de la historia del profeta galileo se comprenden como actos en los que intervino sobre Él y para Él el Dios de nuestros padres (Hb 3,13) que actuó con poder el Espíritu de Santificación (Rm 1,4) 2.- Los días de la carne de Cristo se ofrece como el tiempo del Dios trinitario con nosotros y por nosotros. La vida terrena del Señor Jesús se convierte entonces en la puerta humilde y concreta del Dios trinitario hacia el tiempo y en la puerta del tiempo hacia la vida trinitaria de Dios; de esta manera podemos decir que la estructura trinitaria fundamental del acontecer salvífico está anclada originalmente a la actuación del Jesús terreno.
La memoria pascual-trinitaria de la vida de Jesús se une a la relectura de la historia de Israel. Es a través del mesianismo veterotestamentario, verdadera espina dorsal de la Biblia, como la memoria pascual del pasado de Israel, vivida por la Iglesia naciente, puede releer la historia del pueblo elegido como historia trinitaria de Dios, y los acontecimientos de pascua como clave de interpretación de esa historia.
Lo que aconteció en la pascua afecta a todo lo creado, de manera que a su luz todo puede comprenderse desde los orígenes de una forma nueva. Sin embargo no es la Trinidad la que se resuelve en lo creado, sino que lo creado es lo que vive en el misterio trinitario de Dios: en el vivimos, nos movemos y existimos (Hech 17, 28)
Decimos así que el hoy es también un hoy trinitario.
A través del bautismo la historia trinitaria de pascua llega a abrazar la historia de la existencia redimida, de ahí surge la conciencia de que ser cristiano es vivir en la Trinidad.
A la luz de la pascua se relee también el futuro, la memoria y conciencia pascual se unen a la profecía trinitaria de la historia. 3.- El que confiesa que Jesús es el Señor narra la historia trinitaria de Dios entre nosotros.
En la catequesis, en la preparación para el bautismo y en el acto litúrgico bautismal es donde se encuentra especialmente presente la narración de la Trinidad.
La riqueza teológica y salvífica tan densa de la confesión narrativa de la trinidad tuvo que ponerse a prueba (discutirse bajo el impacto de una concepción de Dios, preexistente o extraña a la que llevaba consigo el mensaje pascual. El judaísmo, la cultura pagan y la gnosis son los diversos frentes que chocan con el escándalo trinitario cristiano, al que oponen el salvaguardar la unidad de Dios.
Ante el rechazo del escándalo trinitario y ante su reducción a la concepción del Absoluto, la fe cristiana reaccionó con un esfuerzo por expresar la experiencia vivida y litúrgicamente celebrada del misterio en una profesión dogmática explícita.
Las dos grandes intervenciones de definición del dogma trinitario como reacción al atentado que proyectaron contra él las diferentes formas de disolución del escándalo pascual son el concilio de Nicea (325) y Constantinopla (381). En el símbolo Niceno-constantinopolitano la Trinidad narrada se identifica con la divinidad argumentada en la continuidad de la profesión verdadera.
En la profundización teológica de la fe trinitaria que sigue a este episodio dogmático decisivo es posible distinguir tres grandes momentos:

1.- La Trinidad razonada dentro del horizonte de la primacía del ser: es esta encontramos los grandes desarrollos de Agustín y Tomas; y si es grande su mérito por haber propuesto la confesión trinitaria con un lenguaje dentro de un horizonte hermenéutico propios de una cultura dominada por la primacía del ser, sin embargo los límites señalados abrieron el camino a aquel incipiente esencialísimo de la teología trinitaria, vaciando la reflexión del creyente de su carga salvífica y existencial, propia del testimonio pascual y de la celebración litúrgica del misterio El precio que ha habido que pagar por ello ha sido de una incidencia efectiva del misterio trinitario en la teología y en la praxis, el destierro de la Trinidad de la teoría y de la existencia de los cristianos.

2.- La Trinidad en el horizonte de la primacía de la subjetividad: representante de este razonamiento es Hegel, mas si la reflexión hegeliana tiene el mérito de concebir a Dios como el Dios vivo asumiendo la historia en la verdad y en la idea y vinculando tan fuertemente la Trinidad económica a la Trinidad, no logra evitar el monismo del Espíritu al final. 3.- La especulación Trinitaria bajo el signo subjetivo de la objetividad del ser: en esta especulación Joaquín da Fiore es uno de los que desarrolla mas, piensa históricamente la Trinidad y trinitariamente la historia, K. Barth resume su pensamiento así: «El procedimiento del pensamiento no consiste en el intento de explicitar la Trinidad a partir del mundo, sino en el intento contrario, explicar el mundo a partir de la Trinidad, para poder hablar de la Trinidad en el marco del mundo» Así se expresa la Trinidad razonada. En el desarrollo de esta parte se presenta la historia de cada una de las persona de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu) para luego contemplar la unidad trinitaria de Dios La Trinidad como historia LA HISTORIA DEL PADRE

LA HISTORIA DEL HIJO

LA HISTORIA DEL ESPÍRITU

LA TRINIDAD COMO HISTORIA 1.- Es el acontecimiento pascual el que revela la historia del Padre ya que es Él quien entrega al Hijo por amor al mundo y es él quien lo resucita dándole y dándonos el Espíritu de reconciliación y vida.
Dios el Padre es amor, especialmente a partir del hecho de que en la economía corresponde siempre al Padre la iniciativa del amor; es también Padre del Hijo en cuanto es Padre de su esencia, habiendo engendrado de manera inefable como sustancia inefable al Hijo, el mismo que engendra espira al Espíritu Santo. 2.-La historia del acontecimiento pascual revela también la historia del Hijo, Él es quien es entregado a la muerte por amor a los pecadores en obediencia al Padre.
Es el Hijo amado; el Amante es principio del Amado; el Amor fontal es fuente del Amor acogedor, en la unidad insondable del amor eterno. Este proceso es lo que llamamos generación.
El amor es unidad y es unidad abierta, amor generoso, unidad que dejando espacio dentro de sí a la distinción deja espacio a otros en el amor. 3.- Es el mismo acontecimiento de pascua el que revela la historia del Espíritu; en Él el Hijo se ofreció al Padre en la hora de la Cruz cuando entregó el Espíritu como supremo cumplimiento del amor.
En el Espíritu el Hijo de Dios recorre el camino hacia la alteridad, de la historia trinitaria a la historia humana, hasta beber el cáliz doloroso de la entrega por los pecadores.
Es, pues, el Espíritu quien abre el mundo de Dios al mundo de los hombres y la historia humana a la historia trinitaria, y al mismo tiempo Aquel que une los dos mundo y consigue la unidad de los hombres en el amor del Padre y el Hijo. En la historia eterna del amor el Espíritu es por consiguiente el amor que desborda el Padre y se derrama en el Hijo, que al recibirlo es uno con el Padre y por eso mismo hace que de Él proceda el Amor.
El Espíritu que procede del Padre y del Hijo es el que garantiza la distintibilidad, constituye además la unidad del ser divino como aquel que es el Amor mismo… Por tanto el Espíritu en persona es el don del amor. 4.- Encontramos pues que el misterio de pascua revela la historia trinitaria de Dios; es decir, no solamente la Historia del Padre, el hijo y el Espíritu, que se revelan en dicho acontecimiento en la fecundidad de sus mutuas relaciones y en la maravillosa gratuidad de su amor al mundo, sino también la insondable unidad de los Tres que en él hacen historia, como unidad en la imborrable diferenciación (cruz) y en la profundísima comunión (pascua), como unidad de la historia del Amor que entrega al Amado(Padre), que se deja entregar por absoluta libertad(Hijo) y que, entregado para hacer posible la entrada divina en el destierro de los pecadores, se derramó en plenitud en la hora pascual para llevar a cabo la entrada de los pecadores en la patria unificante y vivificante del amor divino (el Espíritu). Narrar el ser de Dios no puede ni debe significar otra cosa que narrar el amor de Dios
En este Dios encontramos algunos atributos: absolutos y relativos.
En estos encontramos que Dios es la simplicidad del amor; Dios es bondad, Verdad y Belleza.
Dios es inmutable, siempre igual a sí mismo, perenne en el amor, siempre nuevo, fidelidad absoluta
Dios es inmutable porque no cambia, ama desde siempre.
Dios es omnisciente porque conoce en el amor
Dios es omnipotente porque lo puede todo en el amor
Dios es uno como amor, que incluye la distinción y se abre a la alteridad.
Al hablar de las personas de la Trinidad se debe entender el «persona» como la relación subsistente. Es en el acontecimiento pascual donde se da el sentido de la historia. Se recorre en la Trinidad el origen y el lugar de todo cuanto existe y en la Trinidad el regreso o retorno a la fuente divina y así da fundamento al devenir histórico. La historia en la Trinidad EL ORIGEN TRINITARIO DE LA HISTORIA

EL PRESENTE TRINITARIO DE LA HISTORIA

EL FUTURO TRINITARIO DE LA HISTORIA 1.- La memoria pascual de la Iglesia naciente reconoció la presencia de la Trinidad en el acto mismo de la creación.
Respecto a las creaturas encontramos que, existiendo fuera de Dios, en cuanto es distinto y limitado respecto a Él, el mundo existe en Dios, en cuanto participa del ser que le ha dado el creador y así envuelto en el misterio del amor, que es además el misterio de la esencia divina.
El amor divino supone y lleva a la perfección el amor humano. El hombre es imagen de Dios según encontramos en el libro del Génesis y esto es releído por la comunidad pascual en sentido cristológico y trinitario, el hombre es su nueva creación pascual es reflejo del Creador. Además es imagen de Dios porque ha sido creado por el Hijo, con vistas a Él y en Él (Cf. Col 1, 15-17)
En cuanto a la Trinidad y la comunidad de los hombres se entiende que si Dios creador quiere la plena realización de la criatura human y ésta no puede realizarse más que en la sociedad del amor, no puede menos de haber una relación entre la historia eterna de la comunión trinitaria y el proceso histórico de construcción de la familia humana. 2.- En cuanto que el tiempo tiene su origen en el acto trinitario de la creación y en cuanto que en el acontecimiento pascual se manifestó el acontecimiento eterno del amor en un suceso temporal que el Espíritu no deja de actualizar en la historia, puede decirse que el tiempo intermedio, la hora presente es el tiempo de Dios para el hombre; creándolo y asumiéndolo en la hora de la pascua, el Dios trinitario hizo suyo el tiempo para darle al hombre todo tiempo como tiempo de salvación, como hora de gracia: Kairos La decisión del hombre por Jesucristo abra por consiguiente la existencia en el tiempo a la acogida de la vida eterna, en la historia presente llega a narrarse la historia eterna del amor.
La Trinidad se comunica a los hombres y ésta que es comunión profundísima suscita la comunión de los hombres; este ícono de la Trinidad es la Iglesia, el pueblo reunido por Dios Padre a través de las misiones del Hijo y del Espíritu Santo. Y es en la Eucaristía donde viene a representarse el origen trinitario, suscitando y alimentando a la Iglesia como comunión; Sin embargo esta lleva implícita de la misión, es decir la Iglesia eucarística tiene que convertirse en voz de los que no tienen voz para dirigirse al Dios vivo. Habiendo contemplado el presente trinitario de la historia vemos como todo ilumina también el futuro trinitario.
Todo lo que ha venido del Padre por el hijo en el Espíritu Santo en la unidad y en la libertad del mismo espíritu, a través de la acogida del Hijo, volverá al Padre. Esta es la esperanza de la Patria Trinitaria: es el horizonte de la esperanza, que sostiene el afán y llena el corazón de confianza y de gozo; es la fuerza y la medida del amor, para que el empeño presente sea capaz de organizar la esperanza y los días se alimenten de obras de justicia y de paz. El Dios de Israel es el Padre y en Jesucristo todas las promesas del Padre se han cumplido. El Hijo es aquél hacia quien converge toda la historia de Israel.
En la memoria de la Iglesia naciente, marcada por la experiencia pascual, la historia de Israel muestra una clara estructura trinitaria: el Dios de los padres guía y orienta esta historia hacia Cristo, su Hijo, actuando en el Espíritu Santo, especialmente a través de los profetas; así la Trinidad es la clave de la comprensión de la historia salutis.
El Dios de Israel es pues el Dios de la historia que actúa en ella y es dueño de ella. Conclusión

El libro narra la historia del Dios Cristiano y de los hombres, llamados a la comunión con Él. Historia del acontecimiento de pascua, que revela el acontecimiento eterno del Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; historia eterna de este mismo Amor e historia nuestra, de los que hemos sido acogidos en el seno de la vida trinitaria y llamados a acoger en nuestra existencia, complicada en la historia, el relato eterno del Amor, para dar sentido, fuerza y esperanza al cansancio de vivir y a los sufrimientos del mundo con la esperanza firme de la Patria trinitaria.
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