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LOS IMAGINARIOS SOCIALES SOBRE EL INFIERNO

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by

Susan Rocha

on 20 April 2016

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Transcript of LOS IMAGINARIOS SOCIALES SOBRE EL INFIERNO

LOS IMAGINARIOS SOCIALES SOBRE EL INFIERNO
EN LA PINTURA DE HERNANDO DE LA CRUZ, 1629

Susan Rocha Ramírez
¿Por qué de entre todos los temas religiosos, los jesuitas quiteños escogieron representar al infierno como la primera obra de entrada a su iglesia?

Explora el contexto de producción y circulación de la imagen infernal.
Prácticas de la sociedad quiteña que pudieron influir en la decisión jesuítica.
Imaginario jesuítico infernal y papel de la Compañía de Jesús como productora de la representación y de su interpretación esta pintura, acompañándola de usos religiosos como la confesión o la penitencia.
La pintura en relación con las prácticas sociales quiteñas y con los imaginarios jesuíticos infernales.
“Fiel copia del cuadro que en 1629 pintó el H. Hernando de la Cruz, director de la B. Mariana de Jesús, 1879.”
“Fiel copia del cuadro que en 1629 pintó el H. Hernando de la Cruz, director de la B. Mariana de Jesús, 1879.”
Obras con referente en un modelo europeo.
Visibilización de conductas concupiscentes del siglo XVII.
Encontró hurto, la influencia de amistades personales sobre decisiones judiciales, fueros favorecidos para los miembros principales de la sociedad, asesinatos deliberados por venganza personal entre la nobleza y relaciones sexuales ilícitas.
¿De qué manera se relacionó esta pintura con los cuerpos sociales?, ¿condenaba hábitos quiteños?, ¿con qué parámetros lo hacía?, ¿qué usos sociales tuvo la imagen durante el siglo XVII? y ¿cómo eran los imaginarios ignacianos sobre el infierno?
Luego de la Contrarreforma, la pintura usó a las herramientas de la poética y la retórica aristotélicas. Por ello, procuró que lo religioso norme la vida social y política.
En el Barroco, “el poder de
convicción es el fundamento
verdadero de las relaciones
humanas;” y para convencer se emplearon los afectos; ya que más que difundir los dogmas religiosos y éticos, se intentó que se viviera según esos dogmas (Giulio Carlo Argan).
El
Más Allá
fue una
forma experimentable mediante los sentidos
NO una imagen para ser contemplada. Esta idea de Plotinio, tomada por Ignacio de Loyola, se sirvió para crear sus
Ejercicios Espirituales
, en 1548.
Se concebía lo sobrenatural con emociones que provenían del cuerpo y estimulaban al entendimiento a través de la memoria.
“Ver con los ojos de la imaginación”
Mirar los detalles, ordenar los sucesos y los
personajes allí, para experimentar la meditación con los cinco sentidos.
Memoria, imaginación y contexto configuraron la imagen barroca
El Infierno de Hernando de la Cruz, por su tamaño y ubicación fue una de las imágenes más importantes de la Compañía de Jesús de Quito. Pintada en 1629, fue una de las primeras obras que se instalaron en esta iglesia, cuya construcción inicio en 1605 y duró hasta 1634.
La Visita General de Juan de Mañozca y Zamora, realizada entre 1624 y 1625.
Contiene:
historias de buen morir (martirio),
relatos sobre desastres naturales,
epidemias,
amancebamiento,
hurto,
hechicería,
crueldad,
injusticia,
herejía,
sacrilegio y
milagros.
Para Bolívar Echeverría la teología jesuita postridentina fijó una función para el humano en la creación: el libre albedrío.
El cuerpo y el mundo fueron ocasión de pecado y oportunidad de beatitud.
El humano mediaba en la lucha inconclusa entre la luz y las tinieblas.
La Reforma determinó que Dios posee la gracia suficiente para la salvación, y los jesuitas que se requiere del humana para que la Gracia Divina sea eficaz.
La gracia divina y la libertad humana eran el problema central del pensamiento.
La salvación depende del humano y la creación es un proceso que está realizándose, no algo realizado.
Explora la necesidad que las personas del
siglo XVII en Quito tuvieron de construir una
identidad basada en el milagro; donde la
iglesia medie con lo sobrenatural. Examina las instituciones de control social y analiza el culto mariano como receptáculo de milagros e identidades, así como, a la construcción de Mariana de Jesús, en sus relaciones con Rosa de Lima y Catalina de Sena.
Rosemarie Terán
La iglesia se presentaba como mediadora del orden social

La retórica epidíctica
Enfatiza la repetición, representación, proclamación y redundancia en la prédica; recurre a la emoción y al sentimiento para conmover y mover a la acción.
Se imita la pasión y
muerte de Cristo, NO
su mensaje. La
verdad no se erige
con tesis lógicas,
sino con pruebas
como la imagen y
el milagro. Se basa
en elogiar y culpar al mismo tiempo. Sus representaciones contraponen al bien con el mal o contrastan a la hermosura con lo horrendo, etc.

El exemplum retórico, que es una estrategia persuasiva con fines morales.
Presenta pruebas que pueden convencer a la audiencia a través de la
probatio
, mediante historias ejemplares.
Durísimo juicio a las gentes, amen, Diego Quispe Tito, 1675.
Camino al Infierno y Camino al cielo, Luis de Riaño 1626.
Juicio Final, José López de los Ríos, iglesia de Caraburo, 1684.
Juicio Final, José López de los Ríos, iglesia de Caraburo, 1684.
El referente europeo de estas obras fue: El Juicio Final, Philippe Thomassin, 1606.
A una audiencia culturalmente diversa y amplia.
Asiste al templo, vivía en Quito o estaban de paso.
¿Qué pasaba en Quito?
De 1600 a 1630 hubo signos de cambio que producen temor, y responde con rezos, coquetería, relajo, novedad y sortilegio.
Extirpación de idolatrías.
Edificación de recogimientos y proliferación de beatas.
Los jesuitas intentaban evangelizar la Amazonia (Mainas) y colonizar Esmeraldas.
Quito era un centro político-administrativo, y una corte intermedia entre las urbes y Lima.
Pugnas entre peninsulares y criollos que se visibilizaron en escándalos laicos y religiosos.
América se “americanizó”, el “espíritu de la conquista” se convirtió en un “espíritu de posesión” que era “agresivamente defensivo, reivindicatorio y exclusivista” y ese era el signo de un “espíritu colonial”.
LA POBLACIÓN QUITEÑA, PRODUCTORA Y
DESTINATARIA DE LA REPRESENTACIÓN
¿A quién se dirigía la imagen de Hernando de la Cruz?
Antonio de Morga fue catalogado como mujeriego, escandaloso y sensual. Como licenciosa e infiel, su amante, doña Genoveva de Arteaga.
Narra la vida de
mujeres que al
intentar ser
místicas y santas
fueron declaradas
herejes,
desviadas,
corruptas y “alumbradas”, como la
quiteña
María de San Rafael y la
cuencana
Ana María Pérez. Como adivino, solicitante y falso profeta al religioso
lojano
Gallegos de Acevedo.
Tribunal de la Inquisición de Lima
El presbítero y escribano jesuita Diego Rodríguez Docampo, en 1650, realizó la
Relación y descripción del estado eclesiástico del obispado de San Francisco de Quito.
El historiador y teólogo jesuita Pedro
de Mercado escribió:
El cristiano
virtuoso
,
La destrucción del ídolo
¿qué dirán?
,
Historia del nuevo reino
de la Compañía de Jesús
, etc. Allí
define la conducta ideal, reflexiona
sobre el libre albedrío y relatos de
quiteños y quiteñas, conocidos por
“haber confesado sus pecados a un
sacerdote de la Compañía de Jesús”.
En sus historias ejemplares la peor
falta es la impenitencia, que conlleva
a una mala muerte y a la pena eterna.

Jacinto Morán de Buitrón publicó:
La azucena de Quito, que brotó del florido campo de la Iglesia de las Indias Occidentales en los reinos del Perú, y cultivó con los esmeros de su enseñanza la Compañía de Jesús
, con una historia ejemplar de Hernando de la Cruz y una descripción de las pinturas del Juicio Final y el Infierno, en donde se precisa su ubicación y función.
Culpas, miedos, impunidades y castigos de los destinatarios del Infierno
Los jesuitas fueron la 5ta
congregación, arribó conociendo la
lengua india; establecieron el culto a
la Virgen de Loreto para la
integración étnica.
Las elites ejercían una aristocracia de
facto, no de iure. incumpliendo como
funcionarios las normas
inconvenientes y afianzaron
atribuciones y derechos para sí
mismos. Esto fue una fuente de conflictos entre el poder metropolitano y el poder local.
Escándalos ocurridos dentro de la iglesia católica, relacionados con las acusaciones de simonía y lascivia
Criollos y peninsulares conceden igualdad a los indígenas solamente en el Más Allá.
NO había igualdad ante la ley. La condición social y económica influía en el
castigo y el juicio.
El nepotismo era frecuente
y se formaron relaciones de
clanes familiares y
clientelismo dentro de la
burocracia. Era habitual la
figura del hacendado,
obrajero, comerciante y
encargado de un cargo
público.
La igualdad en el Más Allá
Quito había perdido el derecho a tener alcaldes desde la
Revuelta de las Alcabalas
, en 1593. Esas funciones se entregaron al corregidor enviado desde Lima o desde España [ese cargo no se vendía y por ello no era otorgado a americanos]. En 1698, Quito obtuvo el perdón real.
“nadie duda de la gravedad y de la naturaleza atroz del crimen cometido por un sacerdote que se vuelve obsceno e impúdico durante la confesión. […] Peca contra la caridad y la virtud y el poder que se deriva del sacramento.”
Juan Machado de Chávez, Perfecto confesor y cura de almas.
Las solicitudes
En 1607, hubo una solicitud en Santa Catalina, pública, gracias al obispo Salvador de Ribera. En
Quito fue recibido por la priora María de
Siliceo. Ella acusó a los dominicos, en
especial a Reginaldo Gamero, de
solicitar a las monjas. Ribera los encontró
culpables. Sin apoyo eclesiastico, ya que
tenían los mismos pecados; fue a lo
público. Tomó la declaración de las monjas;
divulgó los actos de Gamero en las puertas de las
iglesias y pidió su excomunión.
Se sugería reserva, no castigo con otras solicitudes que se volvieron públicas en Popayán y Loja. En las crónicas jesuíticas los sacerdotes son tentados por el sexo femenino y triunfan virtuosos:
A un sacerdote secular, hijo del religioso
espíritu de la Compañía, habló una
mujer pobre y hermosa
solicitándole a
lo feo del pecado de torpeza
. Oyendo sus palabras
el casto sacerdote
advirtió que nacían no tanto del afecto al pecado lascivo, cuando al afecto de lo necesario y que la pobreza le movía y obligaba a vender su cuerpo por el interés del precio que le quisiese dar. Con esta advertencia ejercitó dos virtudes: la una fue triunfar del vicio de la carne no queriéndola comprar; la otra fue la misericordia dándole dineros para socorro...

“había una meticulosa observación de los ritos religiosos, y un desacato sistemático de los preceptos éticos y morales simbolizados por esos ritos.” John Leddy Phelan.
Morga (1615 a 1636), observaba los
deberes religiosos, tenía una capilla para la
misa, iniciaba sus cartas con la cruz, en
claustros daba sermones a los clérigos
sobre el amor de Dios y la lealtad al rey.
Insertó contrabando de sedas chinas en el
almacén de su hijo. Instaló mesas de juego,
para sus amigos, litigantes, clérigos y
frailes; vendía naipes, recibía obsequios y tenía un billar, que fue llevado por el corregidor al cabildo, para lucrar de él. Cuando el dominico Diego Núñez dio un sermón sobre el juego, Morga se sintió aludido y lo desterró.
En 1621 Felipe IV emprendió una reforma para llevar a España a la antigua austeridad, disciplina y empuje.
La Visita General le permitía controlar a los funcionarios e indagar en los sucesos públicos y en sus vidas privadas. Esto era más punitivo que reformista. Era costosa y se emprendían Visitas Generales solo cuando la cantidad de denuncias sobre corrupción en una audiencia eran numerosas. La Visita General a Quito, solicitada, entre otros por Diego de Niebla.
Niebla, un español pobre llegó a
1593 y se enriqueció con el
comercio. A sus 50 se casó con
Ana Ronquillo de 13. Vendió su
negocio y compró el cargo de
alguacil mayor donde se extralimitó. Casi mata a su suegro. Ana pidió la separación y una pensión porque la tenía encerrada a pan y agua. Niebla dijo que ella no era virgen y le devolvió su dote. En 1619 lo demandaron con 20 cargos. Ningún abogado lo defendió por no pagar sus deudas, ni aceptar concejos. Niebla dijo que todo era prejuicio, negó maltratar a sus sirvientes, extorsionar o recibir sobornos y acusó a los demás de corrupción. Dijo que sus cartas siempre fueron respetuosas aunque mal redactadas. Intentó defenderse pero cuando se vio perdido, en venganza solicito al Rey que se realizara una Visita General en Quito.
En 1624, se inició la Visita General de Juan de Mañozca y Zamora a la Real Audiencia de Quito.
Faltaba dinero de las arcas reales.
Había desorden administrativo. Las
autoridades se guiaban por prejuicios y
sobornos. El sello real era mal tratado.
Usaban su poder para la venganza y la
difamación. La élite y el clero no ejercían
lo que profesaban. Había venalidad,
corrupción, simonía, lascivia y abuso de
autoridad. Mañozca poseía poder
religioso y civil, aplicó castigos, multas y encarcelamientos arbitrarios. El cabildo, la audiencia y las órdenes religiosas se aliaron en su contra. Intervino en la elección de provincial dominico, favoreció a los españoles y ambos grupos se enfrentaron a golpes a vista de los habitantes de la ciudad.
En San Agustín encontró
pruebas de la conducta inmoral
de los frailes y las publicó. Fray
Francisco de la Fuente y
Chávez: “había dejado de
confesarse durante largos
períodos, que obtuvo la elección por la simonía, que recibía mujeres en su celda y que no castigaba a sus amigos por las fechorías cometidas” (Phelan). La Fuente se fugó a Panamá, fue llevado a Lima; donde suplicó clemencia a Mañozca; fue absuelto y restituido en su cargo, donde colectó informes sobre sus propios méritos y los remitió al Consejo de Indias, pidiendo lo tuvieran presente en la elección de obispos.
La Visita General culminó en 1627, gracias a cartas de mercedarios, franciscanos y jesuitas enviadas a Madrid, donde se censuraba a Mañozca quien fue herido con un dardo que tenía un pasquín irónico. Estando en cama, algunos frailes fuera de su casa, torcieron cantos fúnebres para adaptarlos a él.
En Lima se ofreció el cargo de Visitador de Quito, y nadie quería aceptarlo. Sólo Galdós de Valencia accedió en 1629; año en que Hernando de la Cruz pintó el Infierno. En 1630, Galdós informó que la ciudad estaba dividida, tensa y preparada para la violencia callejera. Encontró divisiones entre los amigos de la Fuente y los de Araujo. Halló obrajes ilegales de los agustinos, La Fuente se había embolsado 30.000 pesos, de uno en Latacunga. Galdós regresó a Lima, en 1632, redactó una memoria de su Visita General y la envió a España, en 1635.
La mujer en la historia de Pedro de Mercado
Una virgen de quien justamente se puede imaginar que goza de corona o aureola de mártir en el cielo. Frecuentaba nuestra iglesia, confesando a menudo cuidaba de la pureza de su alma; comulgando adquiría la nobleza de la sangre que no tenía por nacimiento. Era notablemente hermosa y así dejándose prender y prendar de su hermosura un caballero (que estos para lo malo no reparan en el linaje de la mujer, solo para el santo matrimonio tienen aquellos reparos) la solicitó para que le diese gusto, mas como ella pretendía darlo solamente a Dios, no quiso concedérselo al hombre. Este la cogió a solas un día y para conseguir su mal fin puso los medios de palabras halagüeñas y viendo que estas no surtían efecto procedió a obras ofreciéndole dineros; mas como ella estimase más la joya de su virginidad; pasó él a las amenazas diciéndole que la molería a palos si no se ablandaba; pero como ella estuviese santamente dura, alzó un leño del suelo y le dio un golpe tan fuerte en parte tan delicada de la cabeza que cayó muerta a sus pies y su alma (como se deja entender) voló a gozar el premio de virgen y mártir en el cielo.

En relatos los sobre amancebamiento, concubinato, adulterio y fornicación, las mujeres son castigadas por el demonio. Había diferentes grados de lujuria; que por gravedad, son: adulterio, estupro, incesto, sacrilegio, pecado contra natura (sodomía y bestialidad), y fornicación entre marido y mujer. La fornicación simple, es decir un varón con una prostituta, una india o una mujer soltera podía absolverse. Lo que se condenaba era el adulterio, concubinato, estupro y lo nefando (homosexualidad).

Mujeres hay divorciadas de sus maridos y será conveniente que oigan el caso que contaré de una divorciada. Una india, y no muy honesta, pretendía conseguir la suerte del divorcio juzgando que con ella se hallaría contenta. Con este intentó ejercitarse en alguna devoción para obligar con ella a que le concediese Dios la separación que deseaba. Fue a visitar a una piadosa mujer a quien le pidió que le enseñase algún medio devoto por el cual pudiera alcanzar que Dios la separase de su marido.
Úrsula y las 11.000 vírgenes interceden para su divorcio, para que lleve una vida casta y no rendida a la torpeza de vivir en libertad. Pero, ella: “soltó la rienda a su apetito corriendo por los prados de la lascivia y por ese camino llegó a estar preñada y no de su marido”. La Justicia Divina le adelantó un parto horroroso y doloroso, el día de las 11.000 vírgenes.
Predicar al corazón y al alma tiene como finalidad conmover para persuadir.
Mariana de Jesús encarnaba el modelo de conducta de la Compañía de Jesús y de su director espiritual, el autor de la pintura del Infierno.
Mercado narra falsos testimonios, muchos femeninos:

Una mujer celosa levantó falsos contra otra que se los causaba. La acusó de bruja, por “haberle quitado a su galán”. Como castigo, enfermó de la lengua, “en lugar de estar agradecida, porque ese hombre la conducía al infierno”. Como se negó a confesar, aún en su lecho de muerte, “luego que su alma infeliz salió de su cuerpo, le llevaron los demonios como a consorte suya a los fuegos del infierno.”
El sacerdote quiteño Juan Machado de Chávez y el obispo de Quito, Alonso de la Peña Montenegro pensaron que el indígena y la mujer poseen “almas tan inclinadas a descarriarse,”
En 1608, el, regidor de Quito expresó su ansiedad por los desórdenes y excesos de los indios en casas de españoles, quienes se juntan dentro de las casas con otros indios que no viven allí, se emborrachan, roban, hurtan, se amanceban.

Las borracheras son un vicio que en los indios que propician otros pecados. Se la consideró un pecado mortal, porque priva del uso de la razón. Peña y Montenegro anotó que quien tiene mala cabeza peca mortalmente. Es peligrosa la borrachera india, porque sirve como excusa para la idolatría.
En 1649, Alonso de Rojas durante 3 días
dio 6 sermones sobre el robo del sagrario
de Santa Clara, hallado en el horno del
claustro. La ciudad quedó enlutada, y se
oyeron confesiones de “cosas sacrílegas
de muchos años”. Como un ladrón vivía
“torpemente amistado”, su mujer lo
denunció. Él reveló a sus cómplices y uno de ellos dijo haberse azotado como penitencia en las procesiones de esos días. Fueron “justamente castigados” arrastrados, destrozados y descuartizados, y para que no perdiesen el alma, confesados y alentados a tolerar el suplicio, para alcanzar el perdón “a aquellos ignorantes indios que no supieron la maldad que cometían.”
No se puede comprar en buena conciencia si lo que vende el indio es de tal calidad que excede del caudal ordinario que ellos tienen comúnmente: como un libro, un plato, perlas, sortijas, ropas y vestidos de seda,
doseles frontales, y
otras cosas
semejantes que ellos
nunca poseen sino
hurtándolos o
comprándolas a otros
ladrones... Alonso de
la Peña y Montenegro.
Las procesiones condenan a generaciones, mediante maldiciones:
"maldito sea el pan, carne y sal, agua, pescado y otras cosas que comieren y bebieren; sus obras sean hechas en pecado mortal, y el Diablo, padre de todo mal, sea a su diestra cuando fueren a juicio, siempre sean vencidos, sus mujeres viudas y sus hijos huérfanos y anden mendigando de puerta en puerta y no hallen quien los socorra"
“No era tan pecado fornicar como decir que
fornicar no era pecado”, el delito mayor era privilegiar lo terreno sobre lo divino.
La idolatría, figurada como el culto a falsos dioses y fervor al diablo. El demonio comprendido como el maestro del arte mágico de los hechizos, extenso entre los indios yumbos.
Unos estudiantes que jugaban apostando: Quien perdía, pagaba la cerveza y, “como venciéndoles el juego les ganaba el vicio”, fueron a una casa pública a “cebar su carnal apetito”. Entre ellos uno era casto y prefería perder la vida y no su virginidad, pero llevados por lenguas de fuego de lascivos compañeros
llegó al cuarto de la
ramera, pero le pagó
saliendo casto.
Añade que un vicio
conduce a otro vicio.
La historia ejemplar de Hernando de la Cruz como un cristiano virtuoso
Como para el hombre no ay cosa más excelente, ni mejor, que ser virtuoso, conviene mucho que pretenda serlo, y que comience su pretensión sabiendo que cosa es ser virtuoso. Virtuoso es el que tiene hábitos operativos de lo bueno, y cuantos más hábitos hubiere adquirido, tanto más virtuoso será. Unos ay que son más virtuosos en una materia porque se han ejercitado más en ella, otros en otra, y otros en todas, porque en todas se han ejercitado con actos virtuosos, bastantes.
Pedro de Mercado
Seis cilicios continuos la pautaban;
ni sus plantas dejaban
de sentir en garbanzos su tormento
estos rigores eran su contento.
El sueño que apacible se apodera
lisonjeaba en cruz o en escalera.
Tanto rigor Mariana,
mira que te devana
la parca el hilo débil de tu vida!
¿Por qué la tienes tan aborrecida?
Mitiga el rigor tanto
que al penitente Egipto das espanto. (…)
Anhelos de martirio
fueron causa de formarla lirio.
Hernando de la Cruz
Es ejercitarse en el autocontrol, a través de la práctica consciente y sistemática del bien. Se llega a ser virtuoso mediante la penitencia que activa la culpa y domestica al cuerpo para vencer al demonio.
De la Cruz era el hermano Hernando verdaderamente, pues se la puso en su cuerpo con las mortificaciones de ayunos, disciplinas, cilicios y otras asperezas que cada semana hacía con dirección y orden de sus superiores. Donde más cuidadosamente ponía la cruz era en lo interior mortificando las pasiones de la irascible y concupiscible y también las potencias interiores. La imaginación tenía rendida de tal suerte que no le era impedimento para que en medio de los mayores cuidados y concursos le estorbase la comunicación con Dios. (…)
Esta mortificación procuraba aconsejar a otros dándoles el modo que debían guardar en ella, enseñando sin duda lo que ejecutaba en sí. Las tres potencias del alma decía, memoria, entendimiento y voluntad, mortifíquenlas en reverencia a la Santísima Trinidad. Los cinco sentidos exteriores en reverencia a las cinco llagas de Cristo, de manera que cada uno corresponda a su llaga.
Jacinto Morán de Buitron
Mercado anota que el pintor solía
repetir que “no había ratos más
bien empleados que los que se
ocupaban en la consideración de
la bajeza humana y sus miserias”. Conjuntamente, repetía que
“merecía estar ardiendo en los
infiernos por sus muchos pecados”,
pero “tenía en su corazón la firme esperanza de la salvación eterna, pues esperaba ir al cielo sin pasar por el purgatorio”, entre otras cosas, por entregar su corazón, alma, vida, cuerpo, libertad y albedrío, mortificando las tres potencias del alma con los cinco sentidos.
Hernando de la Cruz, como hermano coadjutor recibió el permiso de la iglesia jesuítica para confesar a Mariana de Jesús durante dos horas diarias, en un lugar ubicado entre el patio de estudios y la iglesia. Este espacio semipúblico se usó, según Morán de Buitrón para que “no temieron riesgo alguno, ni piedra que tropezar”
Una acción le vi que pueden tomar ejemplo los que profesan el arte de pintar, y que fue
mostrándole una imagen de la Magdalena inhonestamente delineada, le cogió con reverencia por ser imagen de santa y luego la hizo pedazos por inhonesta para que no la viesen otros ojos, y por ellos como por puertas del alma les entrase algún mal pensamiento o alguna tentación carnal con riesgo
de caer en ella.
Hernando de la Cruz fue director espiritual de tres conventos femeninos en Quito. Labor reservada para sacerdotes, no para hermanos coadjutores. Para ello, obtuvo un permiso especial del director de la Compañía de Jesús, quien le consintió
ingresar a los conventos hasta donde la prudencia le permita.
Se narra que en los claustros “causó mucho aprovechamiento espiritual” en especial en una monja que confundía a la devoción con un “perverso desvarío”

La historia ejemplar sobre Hernando de la Cruz utiliza las tres formas de ejercitarse y lograr ser un cristiano virtuoso. Utilizó la vía purgativa, iluminativa y unitiva. La primera es hacer penitencia corporal para expiar los pecados a través del dolor. La segunda es meditar sobre el Más Allá. La tercera es volverse uno con Dios en un éxtasis místico y está reservada para los santos.
Si como Fernando de Rivera experimentó varios pecados, como Hernando de la Cruz, tuvo noticias de muchos otros gracias a las confesiones, cartas anuas, a las historias ejemplares, a la dirección espiritual de Mariana y de las monjas de tres conventos. Además, las solicitudes, las visitas generales, las peleas entre dominicos y los comportamientos de las autoridades fueron demasiado públicos como para que sean desconocidos por Hernando de la Cruz y los demás miembros de la Compañía de Jesús de Quito. Todo esto pudo estimular la decisión de pintar en gran formato las pinturas del Infierno y el Juicio Final, para colocarlas a la entrada del templo.

IMAGINARIOS JESUÍTICOS SOBRE EL INFIERNO EN QUITO
Explicar al infierno implica, reconstruir la significación que tenía la muerte, que era el momento cuando empezaban las postrimerías del ser humano, que son fallecimiento, juicio final, infierno y gloria.
La muerte de un cristiano virtuoso: Fallecimiento de Hernando de la Cruz
“No se espante padre, que como Dios me da el purgatorio en esta vida, son grandes los dolores que padezco”.
Hernando de la Cruz

La agonía es un “trance de tanto peligro” que Hernando de la Cruz vivió asistido por las personas de más alta jerarquía que había en la ciudad.
Quedó el cuerpo tratable como si no fuera de un muerto y el rostro con mayor gracia que cuando era de un vivo. Lo que más admiró fue la viveza que conservó en los ojos, sin que la muerte se los quebrase o empañase, sino que le dejó retener aquella misma alegría y entereza de ojos que había tenido en la vida. Este prodigio atribuyeron unos a galardón y premio de la modestia rara que había guardado: porque era justo que quien los había amortajado en vida, los gozase vivos en la muerte.
Pedro de Mercado
Prepararse para la muerte ocupaba gran parte de la vida, incluía sacramentos y testamentos con el pago de misas por las almas del purgatorio y por las suyas propias, para reducir el tiempo de pena; a la par, basados en
El Arte de Bien Morir
, se encargaba pinturas sobre muertes ejemplares de santos, mártires y de la virgen; así como sobre las postrimerías y la pasión. Esto prueba una idea del
tiempo humano, corto en su tránsito
terreno, pero perpetuo después de la
muerte. Además, así como había un
ideal de vida, había formas de
imaginar una agonía virtuosa.
Recordar la muerte, el infierno y las postrimerías sitúa la temporalidad terrena y permite guiar la conducta.
Mercado afirma que Hernando de la Cruz decía que toda la máquina terrena es pesadumbre, comparada con la felicidad eterna. Varios religiosos exigían empezar la penitencia a corta edad, porque si se vive bien se muere bien; y el infierno está poblado por cristianos que no hicieron verdadera penitencia, tal vez porque a su pecado se sumó uno más grave: penitenciar sin remordimiento u ocultar una falta al confesor.
Según la teología, existían dos tipos de dolor que acompañaban a la penitencia: atrición (miedo al infierno y propósito de enmienda) y contrición (pesar sobrenatural por la fealdad del pecado).
Hernando de la Cruz elaboró pinturas sobre la muerte, que repartió dentro y fuera de la Compañía de Jesús, para que “en aquel espejo
quebrado contemplasen en
qué venían a parar las más
aplaudidas bellezas del
mundo y refrenasen con esto
los deseos vanos de la tierra
que tan desconcertadamente
suelen tirar de los hombres
para sujetarlos a una muerte
eterna”. En su habitación,
donde leía y meditaba,
tenía una calavera, para que
fuese maestra de su vida.
"Dios te perdone Mariana”.
Según Mercado, Mariana decía que aprendía a morir, estando en esta vida muerta a la carne, así el alma separada del cuerpo no tiene reflexión sensual y el cuerpo muerto no puede sentir el movimiento lascivo. No tenía ideas torpes o actos libidinosos.
“Et memento finis. Memoria continua de la muerte, que alentó a la difunta a heroicos hechos”
Alonso de Rojas
“Esta calavera que veis vivía y miraba como nosotros. Hay aquí alguno que piense que no llegará a esto?”. Sermón de Juan de Lucero,
La comendación del alma
.
Después que yo morí no puedo dejar de atender diligentemente a la salvación de mi alma. Pregúntele entonces el padre cuando había muerto. Muchos años ha, respondió, padre mío, que verdaderamente estuve muerto y pusieron mi alma en una cárcel desde la cual estaba mirando las penas del infierno. Pusiéronme delante del Supremo Juez el cual me mostró claramente todos los pecados que yo había cometido en mi vida, y habiéndome reprendido gravemente por ellos, mandó que yo volviese a vivir, y así es forzoso que yo no pueda cuidar perezosa, sino fervorosamente mi alma.
Pedro de Mercado
Mercado narra cómo varias personas, en especial indígenas, vieron el infierno cuando lo soñaron o cuando murieron y resucitaron; y esa imagen los persuadió para ir al buen camino. Circuló una idea del infierno, como un lugar lleno de quienes no cuidaban su alma porque no se confesaban o hacían penitencia. Para salvarse, junto al cuidado del alma, se necesitaba poseer abogados en el cielo.
Como los demonios son verdugos de la Divina Justicia, se sirve esta de ellos para atormentando a algunos delincuentes y apretándoles los cordeles en el potro de alguna aflicción confiesen sus delitos al sacerdote para perdonárselos misericordiosamente. Esto verá el lector en algunos casos que sucedieron en Quito. A una mujer pecadora asustaba muchas veces el demonio con horrendos espectáculos, de suerte que no la dejaba descansar. No pretendía el demonio con esta inquietud que ella saliera de sus pecados porque él pretendía meterla en otros; pero Nuestro Señor misericordiosamente se sirvió de este tormento para que el demonio le daba para que ella arrepentida de sus culpas las confesase. Fuese a los pies de un confesor, díjole sinceramente sus delitos y en adelante se vio del todo libre de espantos del demonio… Pedro de Mercado
Los jesuitas difundían la idea de que la confesión era un camino para evitar los tormentos del demonio. Otra idea que propagaban era que el diablo inducía a cometer actos pecaminosos como el concubinato. Se debía temer que asumiera la figura de su pareja y así visitara a los amancebados “cosa
que puede suceder
muchas veces”, por
ello, se exhorta a los
hombres a despedir
a las mujeres.
Mercado
Destrucción del ídolo del ¿qué dirán?
, critica la calumnia. Los libros padecen las heridas de los maldicientes murmuradores; los mundanos llaman a la virtud hipocresía, con lenguas que hieren y sacan sangre al más santo, porque derriban honras y dignidades para ceñir humillaciones. Luego, el ¿qué dirán? es un monstruo compuesto de dichos mundanos que se burlan de la virtud, fabricado de malos juicios. Con sus halagos aviva la vanidad, creando un tirano al cual sirven para ser alabados, y por temor a ser
malmirados. Es un ídolo que enciende la cólera, la ira y la maldad, que nace de la ligereza y que deriva lo pusilánime. Así, las malas palabras conducen a las malas acciones.
En la representación del infierno de otras ordenes religiosas no intervienen los fieles que lo escuchan o leen. Mientras que en la Compañía los fieles son los protagonistas de estas historias. Entonces alcanzar la gloria eterna, era realmente excepcional. Por ello, varias personas viven mediante la penitencia, en un purgatorio terreno. Así, en los textos, especialmente en los jesuitas, vivos y muertos comparten una misma vía, acompañada de ángeles y demonios donde interactúan.
Terrible lance haberse acostado buenos y quizá con la ocasión de su desastrada vida entregarse al sueño muy a lo seguro, despertar estremecidos y asustados con el terremoto, y hallarse en un instante sus almas en los infiernos. ¿Y que haya quien duerma en pecado mortal? ¡Oh bárbara ceguedad de los hombres! ¡Oh locura
desesperada de los
que no creen como
ateístas que hay otra
vida! Consuélanse y
se prometen, necios,
que al despertar con
el asombro llamarán
a Dios.
Alonso de Rojas
Imaginarios sobre el cuerpo de los
condenados
Tanto en los relatos sobre el imaginario infernal, cuanto en la pintura de Hernando de la Cruz se penalizó la parte del cuerpo que cometía el pecado. La lengua para la falta de confesión o la murmuración, el mal parto para la lascivia, la cárcel para los impenitentes, ceguedad, asfixia etc. Se ha definido a la condenación eterna como “regulador del orden social establecido, [que] prevé para cada delito una pena, severa y proporcional a la importancia de la falta.” (Minois)
El demonio ha sido representado como un ídolo que se aprovecha del cuerpo, por ser esta una parte vulnerable del ser humano.
La mediación divina “suplía los vacíos dejados por la justicia colonial”. Así, la disciplina social se basó en las instituciones de prédica.
Valeria Coronel
Para Mercado las personas caen en el ídolo del demonio, porque tienen un cuerpo y lo perciben por sus sentidos, más que por su alma. Por ejemplo, Lúcifer se vale de los labios para fabricar un monstruo de aire, compuesto de dichos mundanos.
El jesuita europeo Escriva dice que un castigo será la fealdad y la hermosura un premio. Radiante, luminoso, claro, sin vicio, sin deformidad, sin pesadumbre, con las condiciones y cualidades que llaman dotes de gloria: incorruptividad, impasividad, claridad y agilidad. Los cuerpos condenados serán oscuros, feos, hediondos, abominables, más graves y pesados que la tierra, cargados de dolor, mal y pena, las almas rehusarán de entrar en ellos y entrarán por fuerza. Los cuerpos santos van a volar al cielo por ser ágiles, el peso de los otros cuerpos les impide despegar y los hunde en la tierra.
El jesuita, el francés Pedro Coton, define el cuerpo de los condenados como despreciable, hediondo, deforme, horrible y espantoso. Servirá de cárcel eterna y como segundo infierno a su infeliz alma. Como el infierno queda bajo la tierra, ambos serán eternos y habrá una prisión de fuego y tormentos para quienes murieron en pecado mortal, en un subterráneo oscuro donde la luz no penetra y “el fuego quema pero no ilumina”.
LA REPRESENTACIÓN DEL INFIERNO DE HERNANDO DE LA CRUZ
Usos sociales que esta pintura tuvo dentro del templo de la Compañía de Jesús de Quito.
La orden jesuita y la dominica, concedieron más importancia a las imágenes fomentando su culto, como una forma de cobijar con la representación a indios, negros, mestizos y españoles como un recurso catequético.
La obra fue escenario de confesiones, sermones, penitencias y otros sacramentos.
De la Cruz era profesor de seglares,
enseñaba pintura y con sus
alumnos: “Siempre que estaban
ocupados en pintar servía uno de
lector leyendo un libro espiritual, o
el mismo Hernando les hablaba
cosas pertinentes a sus almas,
valiéndose de la pintura para
introducir el temor y amor a Dios; [como un] predicador acertado y ejemplar.” Entre sus alumnos se encontraban varios indígenas. Su pintura fue descrita como una manifestación de su virtud, cuyo propósito era catequizar y brindar ejemplos que describan las consecuencias de las acciones humanas.
Su Infierno, según Mercado lograba confesiones y conversiones admirables en quienes la miraban:
Ejercitó el celo de las almas con su pincel, dejándonos en el colegio de Quito entre los muchos y primorosos lienzos que le adornan, dos famosísimos del juicio y del infierno que han sido mudos predicadores que con eficaces demostraciones y bien expresados horrores han tenido a muchos para que no se dejasen arrastrar de sus pasiones; a otros han mejorado en sus costumbres, y donde más se ha manifestado ese fruto ha sido en la gente humilde y de corta capacidad, que como se dejasen llevar más de lo que perciben por los sentidos, que de las razones que pueden convencerles en entendimiento, con sola aquella tremenda vista trocaban sus vidas y mudaban sus costumbres.
Jacinto Morán de Buitrón, describió la vida de Hernando de la Cruz, así como su pintura:
Mucho agradó a la Majestad divina en este ejercicio su obediencia, pues aún en esto le escogió su sabiduría por instrumento grande de una predicación continuada. Dictóle Nuestro Señor pintase dos lienzos muy grandes, que están hoy debajo del coro de nuestra iglesia; en el que cae al lado de la Epístola del altar mayor, puso el infierno con tantos, tan extraños y rigurosos castigos de los miserables que gimen y lloran obstinados por toda una eternidad su desventura. Al otro lado que es el del Evangelio, puso la resurrección de los predestinados y la posesión que se les da de una incalculable dicha de ver a Dios, herederos de su gloria. Pintólos con tanto primor, viveza y diestra mano, que sin duda le guiaba otra más poderosa, pues han sido estos dos lienzos dos predicadores tan eficaces, que sus mudas voces han causado conversiones milagrosas.
Hernando de la Cruz tenía ganado el cielo, entre otras cosas, gracias a su pintura sobre el infierno, por la particular gloria que representó para el templo.
Y si a los escritores como dice Jerónimo, que dejaron libros a la posteridad para la enseñanza, les corresponde particular gloria, por el fruto que con ellos hacen en la Iglesia, bien podemos persuadirnos, que este varón insigne la tendrá muy aventajada por el trabajo que tomó pues ahí tienen los poderosos desengaños, los lascivos horror, los que ultrajan la inocencia espanto y muy proporcionado a cada culpa el castigo.
Jacinto Morán de Buitron
El barroco se ha definido como misticismo, ascetismo, heroísmo, erotismo y crueldad, características que se pueden aplicar al Infierno de Hernando de la Cruz. Además, la pintura puede reflejar preocupaciones colectivas sobre la concupiscencia y el mal moral a la par que
era la representación visual del imaginario infernal de los jesuitas.
Los Ejercicios Espirituales,
un camino para ver el Infierno
Morán de Buitrón refiere el proceso de elaboración de sus pinturas: “Hechos los votos del bienio, según las Constituciones de la Compañía, le ocupó la obediencia en el ejercicio de pintar, a que acudió con toda prontitud y gusto. Era primoroso en este arte, y cuanto dibujaba el pincel en el lienzo, lo ideaba antes con la meditación y la oración.”
Se usó la composición del lugar, basada en las artes de la memoria; ambas prácticas nemotécnicas enlazan a la imagen con un lugar y se inician al ver con los ojos de la imaginación el sitio donde transcurre el tema meditado.
Logra conversiones prodigiosas gracias a las imágenes que activan recuerdos
mediante emociones, porque son
en extremo hermosas u horribles.
El ejercitante compone
un lugar con su
imaginación, voluntad,
entendimiento y
memoria. Recuerda el
Más Allá con
remembranzas de su
propia vida, así como
con deseos y miedos humanos. Ordena el recuerdo en un espacio arquitectónico o natural, donde transcurre el tema meditado. Esto se llamó lugar de la memoria y se usa para componer el purgatorio, el cielo, el infierno, etc. Por ello, su experiencia con esta meditación posee marcos culturales específicos y aprendidos. Estos lugares dotan de una forma terrenal al alma.

Al recordar el infierno, existía una relación entre pecado y castigo. Y tal como sucedía con las imágenes infernales de Carabuco, cada castigo traía el recuerdo de olores pestilentes, dolores corporales, quemaduras, sabores amargos, etc., estas memorias se relacionaban con la sexualidad, el baile, la música, la gula y otras formas de deleite corporal que atañen al demonio.
Cuando compone el Infierno, Loyola pide a Dios: “conocimiento íntimo y horror grande de las penas que padecen los condenados”, para no pecar. Mira un lugar; mide su alto, ancho y profundidad para allí: Ver con la imaginación el fuego espantoso, las almas encerradas en cuerpos de fuego, una cárcel oscurísima, una caverna de fuego y humo intolerable. Pide Ver a los condenados con cabellos erizados, ojos desencajados, horribles, mordiéndose las manos, sudando y con avidez de muerte. Oír sus llantos, aullidos, maldiciones y blasfemias. Oler el azufre y el hedor de la sentina. Gustar las amarguras, lágrimas y hieles y tocar con el fuego que martiriza las almas de los condenados.
“es la composición viendo el lugar […] ver con la vista de la imaginación el lugar corpóreo; […] y considerar mi ánima encarcelada en este cuerpo corruptible”
Convenciones formales y estrategias
retóricas aplicadas a la imagen infernal
El Concilio de Trento establecieó formas para plasmar y mirar imágenes. Gabriele Paleotti, quien en 1582 publicó un texto que definió cómo debía ser la imagen postridentina. Los artistas deben elaborar pinturas claras y comprensibles. El poder de persuasión del pintor, debía usarse en defensa de las virtudes y creencias de la religión católica; además escribió: “así como los oradores tienen por oficio deleitar, enseñar y conmover, también los pintores de imágenes sacras, que son como teólogos mudos, deben obrar lo mismo”.
La copia de Alejandro Salas y las imágenes infernales andinas del siglo XVII
El autor coloca 23
inscripciones sobre los
pecados; dado que la
estructura básica de la obra
se encuentra dividida en
tres franjas horizontales, en
la franja superior están a
los flamines deshonestos (término utilizado por Dante para referirse a la idolatría y al paganismo). Se muestra cuerpos atados de pies y manos, colgados con grandes piedras. Este castigo que se asemeja al que Mercado describe para los impenitentes: “amarrados de pies y manos con recios cordeles lo enviasen a las tinieblas exteriores.”

En la segunda franja coloca 11 epígrafes: homicida, hechiceras, traidor, ladrón, de duro corazón, tahúr, vengativo, nefando, imprudente, cruel y uno ilegible.

En la franja inferior 11 once: deshonesto, votador (blasfemador), deliciosa, registrador, usurero, borrachos, injustos, murmurador, vana, adultera e impuro.
De los veinte y tres pecados inscritos, 2 son colectivos; flamines deshonestos y
hechiceros. Los otros son individuales, con conexiones en la ubicación de los condenados. Hay 3 mujeres en diferentes lugares, que poseen las palabras: deliciosa, vana y adultera respectivamente. La deliciosa se encuentra agachada, está rodeada de registradores, usureros, borrachos, injustos, murmuradores y asesinos, así es una prostituta. La vana se encuentra junto a la adúltera quien es mordida en el cuello por un cerdo. Abajo de ella, un adúltero, a quien un mono le lanza fuego en sus genitales mientras un demonio con un embudo lo obliga a tragar un líquido ígneo.
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