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Camino de la picaresca

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Henar Pérez Sastre

on 30 January 2017

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Transcript of Camino de la picaresca

El camino de la picaresca: del Lazarillo al Buscón
La evolución del pícaro
Un día en el teatro
Leer la obra
Teatro
Ficha de la obra: comentar las diferencias, lo imaginábais final así?, buena adaptación?etc.
Continuación de la picaresca
Conclusión
Usamos metodología activa.

Reflexión sobre las conexiones literarias que existen entre épocas.

Colaboración y participación.
Recapitulación de la novela picaresca

- ¿En qué se ve el carácter pícaro en Lázaro y en Pablico?
- ¿Cómo evolucionan ambos pícaros?
- ¿Qué tipo de engaño maquinan para engañar a su amo? / ¿Qué aspecto de los personajes se destaca en cada fragmento?






Leer, en grupos, los fragmentos elegidos y comentarlos.
Señalar las características de la novela picaresca en cada uno de los fragmentos elegidos.
Por último, puesta en común, donde los alumnos identificarán las semejanzas y las diferencias, para luego introducir
El Buscón
.
Pues sepa
V.M
. ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.
Mi nacimiento fue dentro del río Tormes
, por la cual causa tome el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña, que esta ribera de aquel río, en la cual fue
molinero
mas de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí: de manera que
con verdad
puedo decir nacido en el río. Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo que
fue preso
, y confesó y no negó y padeció persecución por justicia.
Lazarillo de Tormes
El deseo que tenía,
curioso lector
, de
contarte mi vida
me daba tanta priesa para engolfarte en ella sin prevenir algunas cosas que, como primer principio, es bien dejarlas entendidas [...] y antes de contarla no dejé dicho quiénes y cuáles fueron mis padres y
confuso nacimiento
; que en su tanto, si dellos hubiera de escribirse, fuera sin duda más agradable y bien recibida que esta mía. Tomaré por mayor lo más importante, dejando lo que no me es lícito, para que otro haga la baza. [...] Alabo tu razón por buena; pero quiérote advertir que, aunque me
tendrás por malo, no lo quisiera parecer
—que es peor serlo y honrarse dello—, y que, contraviniendo a un tan santo precepto como el cuarto, del honor y reverencia que les debo, quisiera cubrir mis flaquezas con las de mis mayores; pues nace de viles y bajos pensamientos tratar de honrarse con afrentas ajenas, según de ordinario se acostumbra: lo cual condeno por necedad solemne de siete capas como fiesta doble.
Guzmán de Alfarache
Nació
Justina Díez, la pícara
, el año de las nacidas, que fue bisesto, a los seis de agosto, en el signo Virgo, a las seis de la boba allá. ¿Ya soy nacida?
¡Ox, que hace frío! ¡Tapagija, que me verán
nacer desnuda
! Tórnome al vientre de mi señora madre, que no quiero que mi nacimiento sea de golpe, como cerradura de loba. Más vale salir de dos golpes, como voto a Dios de carretero manchego.
La Pícara Justina
A lo cual Rincón respondió: —El ejercicio ya está dicho, pues venimos ante vuesa merced;
la patria no me parece de mucha importancia decilla, ni los padres tampoco
, pues no se ha de hacer información para recebir algún hábito honroso. A lo cual respondió Monipodio: —Vos, hijo mío, estáis en lo cierto, y es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriere como debe, no es bien que quede asentado debajo de signo de escribano, ni en el libro de las entradas: «
Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron
», o otra cosa semejante, que, por lo menos, suena mal a los buenos oídos; y así, torno a decir que es provechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres; aunque para entre nosotros no ha de haber nada encubierto, y sólo ahora quiero saber los nombres de los dos. Rincón dijo el suyo y Cortado también. —Pues, de aquí adelante —respondió Monipodio—,
quiero y es mi voluntad que vos, Rincón, os llaméis Rinconete, y vos, Cortado, Cortadillo, que son nombres que asientan como de molde a vuestra edad y a nuestras ordenanzas.
Rinconete y Cortadillo
El Buscón
Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo, ¡Dios le tenga en el cielo! Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos, que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y, según él bebía, es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era decendiente de la gloria.
Entramos en casa de don Alonso, y echáronnos en dos camas con mucho tiento, porque no se nos desparramasen los huesos de puro roídos de la hambre. Trujeron exploradores que nos buscasen los ojos por toda la cara, y a mí, como había sido mi trabajo mayor y la hambre imperial, que al fin me trataban como a criado, en buen rato no me los hallaron. Trajeron médicos y mandaron que me limpiasen con zorras el polvo de las bocas, como a retablos, y bien lo éramos de duelos. Ordenaron que nos diesen sustancias y pistos. ¿Quién podrá contar, a la primera almendrada y a la primera ave, las luminarias que pusieron las tripas de contento? Todo les hacía novedad. Mandaron los doctores que por nueve días no hablase nadie recio en nuestro aposento, porque, como estaban güecos los estómagos, sonaba en ellos el eco de cualquier palabra.
Con éstas y otras prevenciones, comenzamos a volver y cobrar algún aliento, pero nunca podían las quijadas desdoblarse, que estaban magras y alforzadas, y así, se dio orden que cada día nos las ahormasen con la mano del almirez. Levantámonos a hacer pinicos dentro de cuarenta días, y aún parecíamos sombras de otros hombres, y en lo amarillo y flaco, simiente de los Padres del yermo. Todo el día gastábamos en dar gracias a Dios por habernos rescatado de la captividad del fierísimo Cabra, y rogábamos al Señor que ningún cristiano cayese en sus manos crueles. Si acaso, comiendo, alguna vez nos acordábamos de las mesas del mal pupilero, se nos aumentaba la hambre tanto, que acrecentábamos la costa de aquel día. Solíamos contar a don Alonso cómo, al sentarse a la mesa, nos decía males de la gula, no habiéndola él conocido en su vida. Y reíase mucho cuando le contábamos que, en el mandamiento de "No matarás", metía perdices y capones, gallinas y todas las cosas que no quería darnos, y, por el consiguiente, la hambre, pues parecía que tenía por pecado el matarla, y aun el herirla, según regateaba el comer.
Las consecuencias del hambre
Resume el contenido del fragmento
Busca las expresiones utilizadas para describir los efectos del hambre
Comparación con la actualidad
Escribe un microrrelato (4-5 líneas) utilizando exageraciones y la sátira.
Segundo tratado
El episodio del arcaz
(...) viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado, ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito. Preguntóme si tenía algo que adobar.
«En mí teníades bien que hacer, y no haríades poco, si me remediásedes» -dije paso, que no me oyó. Mas, como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Espíritu Santo, le dije:
-Tío, una llave de este arcaz he perdido, y temo mi señor me azote. Por vuestra vida, veáis si en ésas que traéis hay alguna que le haga, que yo os lo pagaré.
(...) Cuando no me cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del arcaz, y, abierto, díjele:
-Yo no tengo dineros que daros por la llave; mas tomad de ahí el pago.
Él tomó un bodigo de aquéllos, el que mejor le pareció, y, dándome mi llave, se fue muy contento, dejándome más a mí.
Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal y tomo entre las manos y dientes un bodigo y en dos credos le hice invisible, no olvidándoseme el arca abierta. Y comienzo a barrer la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar dende en adelante la triste vida. (...) Y comienzo a desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles que allí estaban, y tomo uno y dejo otro, de manera que, en cada cual, de tres o cuatro desmigajé su poco. Después, como quien toma gragea, lo comí y algo me consolé. Mas él, como viniese a comer y abriese el arca, vio el mal pesar y sin duda creyó ser ratones los que el daño habían hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos lo suelen hacer. Miró todo el arcaz de un cabo a otro y viole ciertos agujeros por do sospechaba habían entrado. Llamóme, diciendo:
-¡Lázaro, mira, mira, qué persecución ha venido aquesta noche por nuestro pan!
Yo híceme muy maravillado, preguntándole qué sería.
-¿Qué ha de ser? -dijo él-. Ratones, que no dejan cosa a vida.
(...) Y luego me vino otro sobresalto, que fue verle andar solícito quitando clavos de las paredes y buscando tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros de la vieja arca.
«¡Oh Señor mío -dije yo entonces-, a cuánta miseria y fortuna y desastres estamos puestos los nacidos, y cuán poco duran los placeres de esta nuestra trabajosa vida!».

Libro I
Capítulo VI

De las crueldades del ama y travesuras que yo hice
No cabía el ama de contento conmigo, porque éramos dos al mohíno: habíamonos conjurado contra la despensa. Yo era el despensero Judas (…) que desde entonces hereda no sé qué amor a la sisa este oficio. La carne no guardaba en manos de la ama la orden retórica, porque siempre iba de más a menos; no era nada carnal, antes de puro penitente estaba en los huesos. (…) Las Pascuas, por diferenciar, para que estuviese gorda la olla, solía echar cabos de vela de sebo y así decía que estaban sus ollas gordas por el cabo. (…) Ella decía, cuando yo estaba delante:
-Mi amo, por cierto que no hay servicio como el de Pablicos, si él no fuese travieso; consérvele V. Md., que bien se le puede sufrir el ser bellaquillo por la fidelidad; lo mejor de la plaza trae.
Yo, por el consiguiente, decía de ella lo mismo y así teníamos engañada la casa. Si se compraba aceite de por junto, carbón o tocino, escondíamos la mitad, y cuando nos parecía, decíamos el ama y yo:
-Modérese V. Md. En el gasto, que en verdad que si se dan tanta prisa no baste la hacienda del Rey. Ya se ha acabado el aceite o el carbón. Pero tal prisa le han dado. Mande V. Md. Comprar más y a fe que se ha de lucir de otra manera. Denle dineros a Pablicos.
Dábanmelos y vendíamosles la mitad sisada, y de lo que comprábamos sisábamos la otra mitad; y esto era en todo, y si alguna vez compraba yo algo en la plaza por lo que valía, reñíamos adrede el ama y yo. (…)
Yo hacía que lloraba, daba voces, íbame a quejar a mi señor, y apretábale para que enviase al mayordomo a saberlo, para que callase la ama, que adrede porfiaba. Iban y sabíanlo, y con esto asegurábamos al amo y al mayordomo, y quedaban agradecidos, en mí a las obras, y en el ama al celo de su bien. Decíale don Diego, muy satisfecho de mí:
-¡Así fuese Pablicos aplicado a virtud como es de fiar! (…)
Tuvímoslos de esta manera, chupándolos como sanguijuelas.

No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holguéme en parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela[n] de sus desgracias, por grandes que sean, a los hijos). Fuime corriendo a don Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir, y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme, y a mí más; díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo, para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije: -Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico, y más autoridad me importa tener. Porque, si hasta agora tenía co- mo cada cual mi piedra en el rollo, agora tengo mi padre. [Declaréle] cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, desto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quien yo soy, me pude descubrir sin vergüenza. Lastimóse mucho y preguntóme que qué pensaba hacer. Dile cuenta de mis determinaciones; y con tanto, al otro día, él se fue a Segovia harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura. Quemé la carta porque, perdiéndoseme acaso, no la leyese alguien, y comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes, para huir dellos.
Crea tu propio teatro...
María García García
Floranna Moles
Sara Paduano
Henar Pérez Sastre
Vanesa Sánchez Sánchez
- Escribe cómo serían para ti las primeras líneas de
El Buscón
.

- ¿En qué se parece el fragmento elegido a los anteriores?
...crea tu propio cómic
https://www.pixton.com/es/
A partir del cómic de Lázaro...
La suerte del pícaro
Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna, de lo que de aquí adelante me sucediere avisaré a vuestra merced. (
Lazarillo
)
Yo que vi que duraba mucho este negocio, y más la fortuna en perseguirme, no de escarmentado -que no soy tan cuerdo-, sino de cansado, como obstinado pecador, determiné, consultándolo primero con la Grajal, de pasarme a Indias con ella, a ver si, mudando mundo y tierra, mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como v. m. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres. (
El Buscón
)
...Con baja y enferma voz e inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y casas mas grandes que me parecía... Volvime a la posada y al pasar por la tripería pedí a una de aquellas mujeres, y diome un pedazo de una de vaca con otras pocas de tripas cocidas. Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. ...Preguntóme do venía. Yo le dije: “Señor, hasta que dio las dos estuve aquí, y de que vi que V.M. no venía, fuime por esa ciudad a encomendarme a las buenas gentes, y hanme dado esto que veis.” Mostréle el pan y las tripas que en un cabo de la halda traía, a lo cual el mostró buen semblante y dijo: “Pues esperado te he a comer, y de que vi que no veniste, comí. Mas tu haces como hombre de bien en eso, que mas vale pedillo por Dios que no hurtallo, y ansí Él me ayude como ello me parece bien. Y solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que toca a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que en este pueblo soy conocido. ¡Nunca a él yo hubiera de venir!” “De eso pierda, señor, cuidado -le dije yo-, que maldito aquel que ninguno tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.” “Agora pues, come, pecador. Que, si a Dios place, presto nos veremos sin necesidad; aunque te digo que después que en esta casa entre, nunca bien me ha ido. Debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de ser sin dubda de ellas; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en ella aunque me la den por mía.” Sentéme al cabo del poyo y, porque no me tuviese por glotón, calle la merienda; y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no partía sus ojos de mis faldas, que aquella sazón servían de plato. Tanta lástima haya Dios de mí como yo había del, porque sentí lo que sentía, y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas por me haber dicho que había comido, temía me no aceptaría el convite. Finalmente, yo deseaba aquel pecador ayudase a su trabajo del mío, y se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque, como comencé a comer y él se andaba paseando llegóse a mi y díjome: “Dígote, Lázaro, que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, y que nadie te lo verá hacer que no le pongas gana aunque no la tenga.” “La muy buena que tú tienes -dije yo entre mí- te hace parecer la mía hermosa.” Con todo, parecióme ayudarle, pues se ayudaba y me abría camino para ello, y dijele: “Señor, el buen aparejo hace buen artífice. Este pan está sabrosísimo y esta uña de vaca tan bien cocida y sazonada, que no habrá a quien no convide con su sabor.” “¿Una de vaca es?” “Sí, señor.” “Dígote que es el mejor bocado del mundo, que no hay faisán que ansí me sepa.” “Pues pruebe, señor, y verá qué tal está.” Póngole en las uñas la otra y tres o cuatro raciones de pan de lo más blanco y asentóseme al lado, y comienza a comer como aquel que lo había gana, royendo cada huesecillo de aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera.
En la literatura
-
Oliver Twist
de Charles Dickens(1839)
-
La busca
de Pio Baroja (1904)
-
El juguete rabioso
de Roberto Arlt (1926)
-
La familia de Pascual Duarte
de Camilo José Cela (1942)
-
Nuevas andanzas y desventuras del Lazarillo
de Camilo José Cela (1953)




En la pintura
Presencia en el imaginario colectivo
Murillo
Goya
Luis Santamaría Pizarro
Tercer tratado
el episodio del escudero
Libro I
Capítulo VII
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