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La Proyección

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Jacky Navarro

on 7 March 2014

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La Proyección
Es solamente después de haber alcanzado una autodefinición aceptada por el mundo exterior cuando aparece la sombra para exigir una totalidad.
La proyección es como una flecha invisible que se arroja. Todos tenemos un saco con flechas colgado del hombro. De vez en cuando se dispara una flecha en forma impredecible y decimos algo desagradable o nos enamoramos. Cuando nos damos vuelta para saber de dónde salió la flecha, el saco se esconde.
Sabías que todo lo que rechazas de una persona es algo que no aceptas en ti mismo.
Para conocernos, necesitamos conciencia de que:
Todo lo que admiramos o rechazamos en los demás existe en nuestro interior.
Normalmente cuando la persona no puede asumir esas características en sí misma, las atribuye a los demás, esto es que las proyecta en los otros. Así podemos ver reflejados nuestros propios defectos o limitaciones, en las actitudes negativas que adoptamos hacia los que nos rodean.
Sabías que todos los sentimientos de odio, rechazo, aversión que te pueda producir alguien tiene que ver con algo de ti mismo que no aceptas,
Si el destinatario de la flecha tiene un punto débil para recibir la proyección, la absorbe. Por ejemplo si proyectamos la rabia sobre una pareja insatisfecha o los poderes de seducción sobre un extraño muy atractivo, le acertamos al blanco y se adhiere la proyección.
Desde ese momento el que envía el que recibe la proyección quedan unidos en una alianza misteriosa, que se percibe como pasión erótica, rechazo intenso o envidia insoportable.
Podríamos decir que todo lo que admiramos o rechazamos en otros existe en nuestro interior. La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina una multitud de proyecciones en las que acusamos a los demás de defectos, cualidades e impulsos que anidan en nuestro interior.
Cuando los prejuicios y la crítica exacerbada nos impide relacionarnos con los vecinos, con las personas de otras ideologías o religiones, con las otras razas, con los extranjeros, con otros partidos políticos, está funcionando la sombra como una parte no integrada de la conciencia.
Y no se limita a tomar una posición igual y opuesta a nuestra personalidad exterior, sino que asume una posición de contrapeso alrededor de un centro representado por la persona que estamos destinados a ser. No hacia la perfección, sino hacia la plenitud.
El otro tipo de proyección ocurre cuando les adjudicamos a otros seres nuestras actitudes y tendencias inconscientes. Esto ocurre en todo vínculo, pero podemos verlo con mayor claridad en la relación de pareja. Un hombre puede proyectar en su mujer su propia vulnerabilidad  o su dependencia; una mujer puede proyectar en el hombre su inteligencia, su poder y su capacidad para tener éxito.
La técnica más útil y reveladora para descubrir a la sombra es observar nuestras reacciones hacia las personas, objetos y acontecimientos del mundo exterior.
La reactividad indica que nos hemos divorciado de una característica propia que deberíamos reincorporar; en cada caso, la intensidad de la reacción refleja el grado en que ese material “externo” existe a nivel interno.
Toda vez que sentimos una emoción intensa, es necesario identificar el aspecto personal que se ha activado; ésta no es una tarea fácil, ya que las emociones intensas no se caracterizan precisamente por inducirnos a la reflexión y la auto-indagación.
No obstante, ver qué o a quiénes despreciamos o idealizamos permite descubrir facetas personales que de otra forma no registraríamos.
Si critico a alguna mujer por ser demasiado libre o demasiado reprimida a nivel sexual, convendrá explorar qué ocurre con mi propia sexualidad; si detesto a algún político por considerarlo mentiroso o corrupto, seguramente encontraré equivalentes internos para estas características.
Si  hacemos una lista detallada de todas las cualidades que detestamos y que admiramos, obtendremos una descripción muy acertada de nuestra sombra.
Los aspectos que consideramos “negativos” cumplen una función dentro de nuestra estructura psíquica.
Tendemos a entablar una batalla con nuestras cualidades proyectadas cada vez que las encontramos, o creemos haberlo hecho, en alguna persona. Sin embargo, gran parte de lo que nos parece negativo es algo que en su momento sirvió para protegernos.
Una alternativa más sabia consistiría en intentar amigarnos con las características que rechazamos y comprender su sentido profundo.
Habitualmente, la rigidez encubre un exceso de vulnerabilidad, la soberbia se asienta sobre una base de timidez y la avidez tiene sus raíces en el temor a la escasez. 
Las críticas, que a veces se deben a la envidia, sirven para compensar sentimientos de inferioridad inconscientes intentando generarlos en otros.
Las cualidades repudiadas se transforman por medio de su inclusión y aceptación.
En lugar de rechazar lo que consideramos negativo, precisamos explorar su significado y su potencial. Si dejamos de reprimir nuestra ira, podremos conectarnos con el enojo saludable, que nos ayuda a expresar lo que sentimos, poner límites y lograr acuerdos.
El perfeccionismo contiene la capacidad para desplegar excelencia en lo que hacemos; el egoísmo puede enseñarnos a satisfacer nuestros deseos y necesidades, y el anhelo por el poder puede convertirse en liderazgo y servicio.
Los aspectos positivos de la sombra son virtudes y talentos que forman parte de nuestro potencial.
Una persona temerosa puede demostrar un grado de valentía sorprendente durante una emergencia, y una persona egoísta puede exhibir repentinamente rasgos de gran generosidad; en estos casos, la valentía y la generosidad son aspectos de la sombra positiva.
Admirar o envidiar a otros por sus aptitudes y talentos es una señal de que están proyectando cualidades propias inexploradas. Muchas veces no se trata de lo que alguien hace, sino la forma en que lo hace, como atreverse a expresar sus ideas con firmeza y valentía. La actividad concreta no es importante, ya que puedo apreciar a un gran ajedrecista por su disciplina y dedicación y desarrollar esas características sin que ello implique dedicarme a jugar al ajedrez.
Curiosamente, a veces resulta más difícil aceptar la sombra positiva que la negativa; nos cuesta más percibir nuestra nobleza y ternura que nuestra indiferencia o crueldad debido a que nos hacen sentir expuestos y vulnerables.
La integración de la sombra es un requisito indispensable para la transformación personal. Descubrir a nivel interno las características que nos hacen reaccionar a nivel externo modifica nuestra actitud. Con frecuencia, y como “por arte de magia”, también suele producirse una modificación en la otra persona, y de pronto, nos damos cuenta de que no era tan irritante, desagradable o maravillosa como suponíamos. Aun cuando esto no ocurra, habremos eliminado o al menos, disminuido nuestra reactividad.
La sombra nos muestra una perspectiva diferente a la del ego. Negarnos a aceptarla nos mantiene empequeñecidos y empobrecidos, conectados únicamente con un fragmento de nuestra totalidad.
Por otra parte, cuando continuamos proyectándola, obligamos a otros a  hacerse cargo de la oscuridad o de la luz que en realidad nos pertenecen.
Una persona integrada es capaz de acarrear su propia mochila de cualidades positivas y negativas, liberando así a los demás de la carga de sus proyecciones.
Cuando reconocemos a la sombra, surge la posibilidad de desarrollar la auto-aceptación, la compasión y el amor incondicional para con nosotros mismos, elementos indispensables para la evolución personal y, eventualmente, para la transformación colectiva.
Es tarea de cada uno descubrir la propia sombra e iluminarla con la luz de la conciencia, y éste es un proceso que dura toda la vida. Independientemente de las distancias recorridas, en el camino espiritual nos encontramos siempre al comienzo...
Si quieres saber cuáles son tus puntos ciegos descúbrelos analizando los sentimientos que te despiertan las personas con las que no concuerdas, las personas que por alguna razón no toleras, rechazas, pues bien esas personas son nuestro reflejo, del yo ciego que no queremos ver ni aceptar pero que existe nos guste o no, es un hecho.
Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto al prójimo, destruyen su objetividad, y de ese modo destruyen toda posibilidad de auténticas relaciones humanas. Y hay una desventaja adicional en la proyección de nuestra sombra. Una parte de nuestra personalidad permanece en el lado opuesto y el resultado es que constantemente (aunque de modo involuntario) haremos cosas a nuestras espaldas que apoyarán ese otro lado, y por tanto ayudaremos desintencionadamente a nuestro enemigo.
LA PROYECCIÓN ES FÁCILMENTE IDENTIFICABLE:
Cuando una persona o, una cosa, nos informa, lo más probable es que no estemos proyectando; si por el contrario nos afecta es muy plausible que estemos siendo víctimas de nuestras propias proyecciones.
La proyección es el mecanismo de defensa inconsciente mediante el cual les atribuimos características propias a otros.
Al proyectar, depositamos un aspecto interno en alguna persona o situación externa, y luego reaccionamos frente a ésta de manera positiva o negativa, con atracción o  con rechazo.
Todo lo que admiramos o rechazamos en otros existe en nuestro interior. La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina una multitud de proyecciones en las que acusamos a los demás de defectos, cualidades e impulsos que anidan en nuestro interior.
Es en nosotros mismos, precisamente, donde con mayor frecuencia y con mayor realidad percibimos las cualidades de la sombra, siempre que estemos dispuestos a reconocer que nos pertenecen; así, por ejemplo, cuando nos sobreviene una explosión de rabia; cuando bruscamente comenzamos a maldecir o a conducirnos groseramente; cuando, del todo en contra de nuestra voluntad, actuamos de un modo antisocial; cuando nos comportamos ruinmente con mezquindad, o aparecemos coléricos, cobardes, frívolos o hipócritas: entonces desplegamos cualidades que en circunstancias ordinarias ocultamos o reprimimos cuidadosamente y cuya existencia nosotros mismos ignoramos".
La proyección puede ser empleada de dos formas diferentes. La primera consiste en culpar a otra persona por nuestras faltas –un jugador de fútbol aduce que no pudo marcar un gol durante un partido por culpa de sus compañeros, un estudiante suspende un examen y afirma que le “pusieron” una mala nota porque el profesor estaba de mal humor. En estas situaciones, se adopta una actitud infantil e inmadura para evitar hacerse cargo de la propia responsabilidad.
FIN
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