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Unitarios y federales

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Coco Gordito

on 17 October 2012

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Transcript of Unitarios y federales

Unitarios y federales
(Por coco gordito) Unitarios Federales Para los partidarios de un régimen unitario era necesaria la organización del país con un sistema liberal y centralizado. De acuerdo con la época en la que actuaron , estos grupos recibieron diferentes nombres: morenistas, directoriales, unitarios. Defendían las ideas del liberalismo político y económico en boga en Europa occidental. Se proponían transformarla estructura económica, social y política del país de acuerdo con estos ideales. Sostenían la necesidad de un gobierno de un gobierno nacional con grandes poderes políticos y económicos, que distribuyera en forma equitativa los beneficios de la unidad política. Las provincias no tendrían autonomía , sino que serían distritos administrados y vigilados por el gobierno central. Las regiones menos favorecidas económicamente se beneficiarían con el sistema centralizado por la distribución de los ingresos de la Aduana de Buenos Aires. Los unitarios consideraban esencial el dictado de una Constitución. Cumplieron su propósito cuando se presentó la oportunidad en 1819 y 1826. El grupo unitario concitaba mayores adhesiones en los sectores ilustrados de las ciudades y también entre comerciantes y hacendados de relieve. Los unitarios representaban el ideal del progreso. Pero progreso al modo unitario era ligar estrechamente los intereses del país al capital extranjero y copiar sus formas a instrucciones políticas y sociales. Estaban resueltos a discutir las formas semifeudales heredadas de la Colonia, pero fueron incapaces de dar las bases ciertas y reales del nuevo orden que pretendieron instaurar. La ideología unitaria era una visión fluctuante entre la realidad y la fantasía propia de un sector integrado por comerciantes, intelectuales y funcionarios. No había en ellos una relación directa sin las fuerzas naturales, de ahí que sus vidas estuvieran condicionadas por una visión idealista, desprendida de la realidad. Su fe inquebrantable en los valores de la civilización europea los llevó a la creencia absoluta de la ley y de la Constitución, convencidos de que el país podía gobernarse por un sistema de ideas generales. En el fondo, muchas de sus creencias eran abstracciones; por eso fueron despiadados con las tradiciones y las costumbres de los hombres concretos que formaban su pueblo. Teóricos en un país aislado por la distancia y la soledad, no pudieron comprender que sin la conformidad de los lejanos e incultos pueblos del interior no podía haber unidad, y no la hubo. Entre 1820 y 1852, diversos grupos sociales con proyectos políticos diferentes se enfrentaron en los intentos por constituir un Estado en las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La diferencia entre los proyectos enfrentados surgía —en primer lugar de la forma de organización política que proponían para el nuevo Estado: unos el centralismo y otros el federalismo. Por esto, es conveniente precisar en qué consistía, jurídicamente, esa diferencia. La organización política de un Estado puede adoptar, básicamente, dos formas: el centralismo o el federalismo. En el centralismo también llamado uni­dad de régimen , todos los niveles de gobierno están subordinados al poder central. Además, un régimen centralista generalmente unifica la legislación y la administración en todo el país más allá de particularidades regionales o diversidades culturales. El federalismo, en cambio, se basa en la asociación voluntaria o federación de Estados o poderes regionales, que delegan algunas de sus atribuciones para constituir el Estado o poder central. Para comprender mejor el período de la historia argentina estudiado, debe descartarse la mal planteada antinomia entre porteños centralistas o unitarios y provinciales federales. Federales y unitarios los hubo tanto en las provincias interiores como en Buenos Aires. Después de 1810, los pueblos de las provincias interiores mostraron un fuer­te localismo en defensa de sus intereses, que entraban en colisión con los in­tereses de Buenos Aires. Más tarde, muchos gobiernos provinciales comen­zaron a declararse federales cuando advirtieron que la centralización política fortalecía los históricos privilegios de a ciudad puerto de Buenos Aires. La forma unitaria de gobierno fue sostenida no sólo por grupos porteños sino también por os grupos sociales del interior cuyos ingresos dependían de acti­vidades económicas relacionadas con el puerto de Buenos Aires, Se traté además de una reacción de las más antiguas y poderosas familias que controlaban los gobiernos provinciales frente al creciente poder de los nuevos jefes rurales. Todos los gobiernos provinciales que se declararon federales también expresaron, unos en forma más explícita que otros, su voluntad de constituir e país. Para ellos, la constitución era un instrumento adecuado para terminar con los privilegios de Buenos Aires, Una constitución federal podía respetar la autonomía provincial de Buenos Aires y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de todas las provincias a participar en la distribución de los ingresos del puerto de Buenos Aires, a través de un Estado central. De acuerdo con los principios doctrinarios, los federales se oponían a un régimen de gobierno unitario en defensa de las autonomías provinciales. Pero en la provincia de Buenos Aires, la defensa de la autonomía provincial s transformó en una justificación para no ceder la ciudad y el puerto de Buenos Aires a un Estado central.
Por esta razón, entre los federales se distinguieron dos grupos: los federales doctrinarios y los autonomistas bonaerenses. Estos últimos se enfrentaron tanto a los unitarios como a los federales doctrinarios. Desde 1828, el autonomísmo de Buenos Aires se fue identificando cada vez más con Juan Manuel de Rosas —representante de los intereses de tos hacendados y terratenientes de la provincia—. Desde su gobierno sostuvo que antes de organizar la federación las provincias debían mejorar sus respectiva5 administraciones, y evité nuevos intentos de constitución de un Estado central, En la práctica, la ciudad y el puerto de Buenos Aires continuaron siendo el centro organizador de la economía y de a sociedad del nuevo país. Y los gobiernos federales de las provincias del Litoral y del interior siguieron reclamando al gobierno federal de Buenos Aires la libre navegación de los ríos y aranceles de aduana que protegieran sus industrias locales. Manuel Dorrego —militar veterano de las luchas contra los realistas— fue un federal convencido que se opuso a la Constitución de 1826, pero no coincidía en todo con los caudillos provinciales. Se lo reconoce como el jefe de los federales doctrinarios porque, para él, el federalismo era una doctrina política de sólidos fundamentos jurídicos (y no la simple autonomía sostenida por la fuerza de un régimen autocrático, como lo entendían los caudillos, según su opinión). Para Dorrego el federalismo era una garantía del régimen republicano y de la libertad, y el mejor camino para estimular la cultura, la población y la riqueza del país. El hacendado Juan Manuel de Rosas fué el jefe de los federales bonaerenses que defendían la autonomía de la provincia de Buenos Aires. Formaban parte de este grupo comerciantes con capital como Braulio Costa, y hacendados y terratenientes como Tomás de Anchorena, Juan N. Terrero y José María Rojas. I M A G E N E S GRACIAS POR VER. VEAN NUESTROS OTROS VIDEOS Caudillos Federales... Caudillos Unitarios... Alejandro Heredia nació el 4 de noviembre de 1788 en San Miguel deTucumán y murió el 12 de noviembre de 1838 en Lules, Tucumán. Fue un caudillo militar y politico del virreinato del río de la plata. Luchó en la guerra de la independencia y fue gobernador de Tucumán. Martín Miguel de Güemes Fue considerado el primer gobernador de Salta. Cuando el directorio cayó, cayeron todos los gobernadores. El pueblo salteño, aprovechó y salió a la calle para pedirle al cabildo que elija a un gobernador sin la aceptación de el directorio. Entre los que estaban en el cabildo, estaba el hermano de Güemes, Juan Manuel de Güemes. Habían pocos candidatos de gobernador (entre ellos, Martín) y el hermano lo elijió. Juan Facundo Quiroga nació del matrimonio entre José Prudencio Quiroga y de Rosa Argañaraz, oriunda de los Llanos. Su padre fue un hacendado sanjuanino que migró a la norteña La Rioja, estableciendo su estancia en el sureste, en la zona llamada Los Llanos,1 y que varias veces ejerció como comandante de las milicias de la zona. Bernardino de la Trinidad González Rivadavia y Rivadavia (Buenos Aires, 20 de mayo de 1780 – Cádiz, 2 de septiembre de 1845) fue un político rioplatense y el primer jefe de estado que ejerció como presidente de la actual Argentina,2 cargo que desempeñó entre el 8 de febrero de 1826 y el 27 de junio de 1827. Francisco Narciso de Laprida (San Juan, 28 de octubre de 1786 – Mendoza, 22 de septiembre de 1829) fue un abogado y político argentino. Fue diputado por San Juan al Congreso de Tucumán y presidió el mismo cuando se declaró la independencia del país el 9 de julio de 1816. Juan Galo de Lavalle (Buenos Aires, 17 de octubre de 1797 – San Salvador de Jujuy, 9 de octubre de 1841), militar y político argentino, figura destacada de la Guerra de Independencia de la Argentina y sudamericana, y líder militar y político durante las guerras civiles en ese país.
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