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El valor de la filosofía

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Javier Aldama

on 21 August 2016

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Transcript of El valor de la filosofía

Es vista como ocupación frívola e inútil, que hace distinciones sutiles y controversias de materias imposibles de conocer.
¿Por qué debe ser estudiada la filosofía?
El valor de la filosofía (Bertrand Russell)
Bajo la influencia de la
ciencia o de los negocios
prácticos...
Falsa concepción de los fines
de la vida.
Falsa concepción de la especie
de bienes que busca la filosofía.
Las ciencias físicas mediante
sus invenciones son útiles a todos.
Si el estudio de la filosofía tiene algún valor para los que no se dedican a ella es solo un efecto indirecto.
Debemos liberar nuestro
espíritu de los prejuicios.
"El hombre práctico" solo
reconoce necesidades
materiales.
Si todos los hombres vivieran bien...quedaría todavía mucho por hacer para producir una sociedad estimable.
El valor de la filosofía se halla entre los bienes del espíritu.
La filosofía aspira al conocimiento que da unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias.
La filosofía no ha obtenido un gran éxito en su intento de proporcionar respuestas concretas.
¿Y si preguntamos a un matemático, un minerologista o un historiador?
Cuando se hace posible un conocimiento preciso sobre un tema, deja de pertenecer a la filosofía.
Ejemplos: La astronomía y la psicología.
¿Tiene el Universo una unidad de designio o es fortuito?
¿Es la conciencia una parte del Universo que permite el crecimiento indefinido del conocimiento o es un accidente transitorio?
¿El bien y el mal son de alguna importancia para el Universo o solo para el hombre?
Muchos filósofos han
pretendido que la
filosofía podía
establecer la verdad
de determinadas
respuestas.
Que lo más importante de
las creencias religiosas
podía ser probado como
verdadero.
Sería imprudente
pronunciarse
dogmáticamente
sobre estos temas.
El valor de la filosofía debe ser buscado en su real incertidumbre.
El hombre sin barniz de filosofía va por la vida
prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común y de las creencias habituales de su tiempo, y de las que desarrollado sin el consentimiento de su razón.
Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son rechazadas.
Aparte de la utilidad mencionada, tal vez el mayor valor de la filosofía se relaciona con la
grandeza de los objetos que contempla.
La vida del hombre instintivo se halla encerrada en el círculo de sus intereses privados. Esta vida tiene algo de febril y limitada, no conoce la paz.
Un modo de escapar a la vida instintiva es la contemplación filosófica, esta no divide al Universo en dos campos: amigos-enemigos, útil-adverso, bueno-malo; contempla el todo de un modo imparcial.
Toda adquisición del conocimiento es
una ampliación del yo, pero se adquiere
cuando el deseo de conocer actúa por sí solo.
El yo debe adaptarse a los caracteres que halla en los objetos y esto no se obtiene partiendo del yo, pretender
mostrar que el mundo es semejante
al yo es una forma de la propia afirmación.
El egoísmo, en la especulación filosófica, considera el mundo como un medio para sus propios fines, así el yo pone límites a la grandeza de los bienes del mundo.
En la contemplación, partimos del no yo, y
mediante su grandeza son ensanchados los
límites del yo, por el infinito del Universo.
La grandeza del alma(espíritu) no es favorecida por esos filósofos que asimilan el
Universo al hombre.
Es una tendencia filosófica muy extendida la que considera el hombre como medida de todas las cosas, la verdad hecha para el hombre. Priva a la contemplación filosófica de lo que le da valor.
La verdadera contemplación filósofica halla su satisfacción en la ampliación del no yo, en ella todo lo personal o privado perturba al objeto, así no se logra la unión que busca el
intelecto.
El espíritu libre verá, como Dios lo pudiera ver, de manera serena y desapasionada, y sin otro deseo que el del conocimiento, casi un
conocimiento impersonal.
El intelecto libre apreciará más el conocimiento abstracto y universal que el conocimiento aportado por los sentidos.
El espíritu acostumbrado a la libertad y a la imparcialidad de la contemplación guardará algo de esta libertad y de esta imparcialidad en el mundo de la acción
y de la emoción.
Considerará sus proyectos y sus
deseos como una parte de un todo.
La imparcialidad que en la contemplación es el puro deseo de la verdad, es la misma cualidad del espíritu que en la acción se denomina justicia, y en la emoción es este amor universal que puede ser dado a todos.
Así, la contemplación no solo amplia los objetos, sino también los objetos de nuestras acciones y afecciones; nos hace ciudadanos del Universo.
La filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas a los problemas que plantea, sino
por el valor de los problemas mismos
Pero, ante todo, porque por la grandeza del Universo que la filosofía plantea, el espíritu se hace a su vez grande, y llega a ser capaz de la unión con el Universo.
Cuando se empieza a filosofar aun los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales solo se puede dar respuestas incompletas, pero se amplía nuestra capacidad de pensar, nos libra de la tiranía de la costumbre, se rechaza el dogmatismo y se guarda vivaz nuestro sentido de la admiración.
J. Aldama
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