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La psicología del amor en el psicoanálisis

El amor desde una perspectiva psicoanalítica.
by

Hernando Alberto Bernal

on 21 April 2016

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Transcript of La psicología del amor en el psicoanálisis

Las condiciones de amor
Estas suelen ser muy variadas y en ocasiones son inexplicables o asombrosas, y operan cada vez que nos enamoramos o cuando alguien nos llama la atención. En la mayoría de los casos las condiciones de amor son inconscientes y remiten a la infancia de cada individuo, o sea, al momento en que se empezó a amar y se tenía un primer ser al que se amaba completamente: la madre.
Dos corrientes de amor
El amor se divide en dos tendencias:
La corriente tierna es la más antigua y proviene de la infancia. Se dirige a las personas que integran la familia y a las que tienen a su cargo la crianza del niño.
Hay un problema en los hombres con las corrientes de amor:
El vínculo del niño con la madre
Hay otro vínculo, mucho más importante que el vital:
El vínculo denominado de «dependencia de amor»: aquí se trata de Otro que no tiene, que da lo que no tiene, es decir, que da amor -amar es dar lo que no se tiene-.
¿Por qué el amor es traumático?
El amor es problemático porque se aprende en un mal lugar: junto a los padres, primeros objetos de amor y de deseo (lo que Freud llamó «complejo de Edipo»), y en un mal momento, demasiado temprano en la vida: en la primera infancia.
El vínculo del niño con la madre
Hay dos tipos de vínculo:
Dependencia vital (o vínculo de indefensión o desamparo): el bebé humano necesita del auxilio del Otro para poder vivir. Es un Otro que tiene lo necesario para satisfacer la necesidad (alimento, calor, etc.); un Otro que tiene lo que el sujeto necesita para sobrevivir.
La psicología del amor
Síndrome de hospitalismo
Cuando a un niño sólo se le satisfacen sus necesidades vitales -alimento, calor, etc.-, le puede dar una patología que se denomina «síndrome de hospitalismo» (Spitz, 1945), en el que el niño puede padecer retrasos importantes en su desarrollo físico y mental, incluso puede hasta morir, ya que le falta lo más importante: el afecto del Otro.
¿Qué es el amor?
El poeta Gonzalo Arango dice de él: “El amor es un huequito para llenar de imaginación”. Si se hace la pregunta de por qué los seres humanos aman, la respuesta es: porque algo les falta, porque en el fondo del ser hay una falta. Es porque hay una falta que surge el deseo de amar a otro.
La vida amorosa de los hombres queda dividida en las dos orientaciones que la literatura ha personificado como amor celestial y terreno. La dificultad de estos sujetos es que cuando aman no desean y cuando desean no pueden amar.
La condición del «tercero perjudicado»
Hay hombres que se interesan en amar a una mujer siempre y cuando esta no esté libre o sola, sino cuando sostiene una relación con otro hombre, ya se trate de su marido, novio o amigo. Este último rasgo varía desde la ligera sombra que recae sobre el nombre de una esposa inclinada al flirteo, hasta la pública poligamia de una mujerzuela.
Una segunda condición de amor se denomina la del amor por «mujeres fáciles». Consiste en que el hombre no elige mujeres castas, sino sólo aquellas cuya conducta sexual merece mala fama y de cuya fidelidad se pueda dudar.
La condición de amor por «mujeres fáciles»
Dos corrientes de amor
La otra corriente del amor: la poderosa corriente sensual, la cual se añade a la tierna en la búsqueda y elección de una persona a quien amar.
Éstos hombres tienden entonces a degradar a la persona deseada, a la par que incrementa su estimación amorosa hacia la persona amada con ternura. Respeta a su mujer y solo desarrolla su potencia sexual cuando está frente a una mujer degradada: su amante, una prostituta, una mujer de dudosa reputación, etc.
Lo anterior explica el hecho de que tantos hombres (y hoy muchas mujeres) tengan a otra mujer, a parte de su esposa, a la que le destinan toda su pasión y deseo sexual.
Degradación de la vida erótica
La infidelidad
La convergencia del amor y el deseo -las dos corrientes en que se divide el amor- en una misma persona, es una característica de la forma de amar de las mujeres. Ellas suelen querer y desear a un mismo hombre; concentran su ternura y su pasión en él. Los hombres, en cambio, se han caracterizado por desear a una mujer diferente de la que aman: aman a la esposa, pero desean a la amante.
Amor Vs. Civilización
La cultura le exige al hombre una serie de renuncias que afectan y aminoran el amor. La exigencia de fidelidad y monogamia es un buen ejemplo de esto. Las insatisfacciones amorosas y sexuales que el sujeto experimenta por ser un ser civilizado, sería el costo que se paga por vivir bajo la presión de la cultura
Servidumbre sexual en el amor
Ella consiste en el hecho de que una persona pueda adquirir respecto de otra, con quien mantiene relaciones sexuales, un grado insólitamente alto de dependencia y sumisión. Un grado de servidumbre sexual sería indispensable para mantener la costumbre cultural del matrimonio y serviría para poner diques a las tendencias poligámicas que lo amenazan. Cuando dicha servidumbre es muy aguda y acrecienta la dependencia del individuo hacia el ser amado, puede convertirse en una fuente de sufrimiento
El amor es ciego
El amor es ciego cuando un sujeto se enamora de la imagen del otro como Ideal, es decir, que considera al sujeto amado como alguien único y superior. El amor es ciego porque los sujetos infalibles no existen. Los seres humanos todos tienen defectos o cometen errores. La perfección a nivel del ser humano es solamente un ideal. El amor tiene una estructura de engaño: el "enamora-miento" ciega al amante haciendo que no reconozca en el otro carencia alguna.
El amor es narcisista
Cuando se ama, se está amando, de una u otra manera, en el otro, algo de sí que ha sido idealizado. El narcisismo es el amor que un sujeto se dirige a sí mismo; es el amor a la propia imagen. Esto hace del amor algo engañoso, ya que se ama a alguien en tanto que representa la imagen que un sujeto tiene o le gustaría tener de sí mismo.
El amor es narcisista
El amante quiere al otro hecho a su imagen y semejanza, y cuando no se siente correspondido en esto, aparecen las diferencias en la pareja. Cuando el otro no corresponde más a la imagen que se tenía o se esperaba de él, esa imagen cambia, decae, surgen las diferencias y con ellas el sufrimiento en el amor. Se sufre en el amor porque el otro no es como yo quisiera que fuera, es decir, como uno mismo.
El flechazo de amor
¿Qué es lo que despierta el amor de un hombre por una mujer y viceversa? Un rasgo, un «divino detalle», ya sea físico o de personalidad, un pequeño atributo del otro que llama la atención del enamorado, una nadería, p. ej. una parte de su cuerpo: el color de sus ojos, su mirada, las trenzas de su cabello, sus pies descalzos, la forma de sus caderas o la tonalidad de su piel.
El descontento en el amor
El ser humano le suele dar valor a la necesidad de amor cuando éste no está a su alcance o cuando hay dificultad para hallarlo; es decir, que cuando no lo tiene, más lo anhela. Y dicha estimación del amor se desmorona tan pronto como se vuelve fácil satisfacerla.
Amor y Odio
El amor no se puede pensar sin el odio. El amante odiará al que ha dejado de amarlo o al que no le corresponde en su sentir. Se dice que el amor es el que hace girar al mundo, pero si se piensa un poco, se verá que el odio es un afecto que también mueve y estremece al planeta.
Mientras que el amor alimenta una pretendida ilusión de completud con el otro y hace pensar al amante que ha encontrado su “media naranja”, la realidad es que ningún sujeto es el complemento de otro. Si fuera así, no existirían el divorcio ni las separaciones entre los amantes. Si el amor fuese eterno, la sociedad estaría conformada por parejas indisolubles; no se sabría de infidelidades ni de ningún otro tipo de obstáculos entre los amantes.
No hay «media naranja»
El amor tiene un comportamiento diferente al de una pretendida armonía. Es algo que, cuando irrumpe en la vida de un sujeto, acaba con su tranquilidad: le quita el sueño, lo distrae del trabajo, lo hace hacer y decir tonterías, etc.; se parece más a una enfermedad, a una patología, que ser una solución a la soledad del ser humano. Lo más parecido a estar loco es estar enamorado.
El amor enferma
Amor y repetición
El amor es fundamentalmente repetición: se repiten encuentros, historias y tipos de personas. Cuando se ama, no se hace más que repetir: en el momento que se ama a alguien, se lo está reencontrando, así que toda persona por la que se muestra un interés amoroso, es siempre el sustituto de alguna otra a la que se amó primero en la infancia: mamá y papá.
Eros
El impulso de amor fue personificado desde Grecia por Eros, dios del amor y fuerza creadora del cosmos. Éste fue pensado como un dios carente, en tanto que busca un otro que sería su complemento. Eros orientaría el alma del hombre con un anhelo de recuperar lo que alguna vez fue su otra mitad. Así, el amor sería el deseo y la persecución de ese todo que le faltaría al sujeto. En la mitología, Eros es hijo de Penía, la pobreza, y de Poros, la riqueza. Fue concebido durante un festín en el que se celebraba el nacimiento de Afrodita. Este origen daría cuenta de su doble condición de mendigo menesteroso que busca lo bello y lo bueno, o sea, lo que no tiene.
Amor y deseo
El amor también fue pensado desde la antigüedad en su relación con el deseo: se desea y ama lo que no se posee. Sócrates decía que cualquiera que sintiera deseo, es porque quiere lo que no tiene, lo que no está presente o lo que no es. El deseo es fundamentalmente una falta y ésta es constituyente del amor.
Amar es fundamentalmente querer ser amado
Los seres humanos se afligen mucho por el amor: si son amados, cómo llegar a serlo, cómo amar a otro, etc. El enamorado queda sometido a los Ideales que le propone el amado: el amante intentará ser amado a partir de esos Ideales. Lo anterior explica por qué hay cambios radicales en la forma de pensar y actuar de los enamorados. Estos cambios se deben precisamente a ese proceso de identificación con los ideales del otro.
¿Amarás a tu prójimo?
El psicoanálisis es un crítico del mandamiento cristiano “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esto porque, si se lo examina, resulta irrealizable. El sujeto es por naturaleza, muy egoísta; siempre piensa en su propia conveniencia antes que en la de los demás. Freud se pregunta en
El malestar de la cultura
: ¿Por qué tendríamos que amar al prójimo?, ¿de qué podría servirnos? Y ante todo, ¿cómo llegar a cumplir este precepto? El amor es un bien muy preciado, que no se derrocha con cualquiera. Si se ama a alguien es necesario que éste lo merezca.
Los rasgos en la elección de objeto
Son exigencias a las que obedece un sujeto, exigencia de rasgos muy específicos en la persona que se elige como pareja. Estos pueden ir desde las características más evidentes, hasta el detalle más pequeño o insignificante, una nimiedad: un lunar, un gesto, el modo de reírse, de tocarse el pelo, etc.; en ocasiones se trata de rasgos subjetivos: “es inteligente”, “parece una virgen”, “es simpático”, etc. En el género humano no hay una condición universal de elección de pareja y cada uno tiene sus particulares condiciones de amor.
Si la proporción sexual -entendida como armonía, correspondencia, complementariedad- existiera, no habrían las dificultades de las que se quejan las parejas. La pareja que se separa, que se pelea, que se desencanta, que se disgusta, se enfrenta a la inexistencia de dicha proporción. Si el psicoanálisis habla permanentemente del amor es porque en él se manifiesta la falta de esa proporción sexual entre hombres y mujeres. Esta disarmonía fundamental enseña que un sexo no es nunca el complemento del otro.
¿Proporción sexual?
Cuando un sujeto ama a otro, lo que verdaderamente ama es la imagen que encuentra de sí mismo en el otro, ya sea bajo la forma de lo que uno fue, de lo que es, o de lo que quisiera ser. Cuando se ama, se está amando, de una u otra manera, en el otro, algo de sí mismo que ha sido idealizado.
«Si buscas amar, prepárate para sufrir», dice una frase popular. Se sufre en el amor porque el otro no es como yo quisiera que fuera. Por esta razón todo amor, por tener una estructura narcisista, conlleva siempre una dosis de sufrimiento.
El amor: ¿sustancia química o pasión del ser?
Las nuevas ciencias del cerebro dirían que todo aquello que tiene que ver con el amor, es culpa de una hormona: la oxitocina, la cual ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción; otros investigadores culpan del amor a la feniletinamina, la dopamina, la serotonina y la noradrenalina.
El psicoanálisis no busca la causa del amor en el quimismo del cerebro; él piensa más bien las cosas al revés -así como lo sugiere la misma explicación científica-: es la emoción, el enamoramiento, la que afecta el quimismo cerebral, aumentando las dosis de oxitocina y noradrenalina, etc.
¿Por qué los seres humanos aman?
La respuesta es: porque somos efecto del lenguaje. Para el psicoanálisis, el lenguaje es lo que determina la posibilidad de existencia del sujeto y, por hablar, se introduce en él una «falta de ser» fundamental. Es decir que el sujeto para el psicoanálisis no solo es efecto del lenguaje, sino que también es un sujeto en falta, un sujeto que por hablar ha perdido su ser. Y es justamente aquí, en el lugar de la «falta de ser», donde podemos introducir esa pasión, ese afecto que llamamos amor.
El amor surge como una de las respuestas posibles a la falta en ser del sujeto. Por tanto, los seres humanos aman en la medida en que son seres en falta, de tal manera que se ama para «hacerse al ser», para tener un ser, para alcanzar el ser, para llegar a ser; porque ser amado por alguien, me da un motivo para existir, para ser alguien en la vida.
El amor como respuesta a la falta de ser
Bibliografía:
Freud, S. (1930). El malestar de la cultura. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1910). Sobre un tipo particular de elección de ob en el hombre. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1912). Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa. Buenos Aires: Amorrortu.
Miller, J. A. (1991). Lógicas de la vida amorosa. Buenos Aires: Manantial.
@hernandobernal - 2015-2016
Más sobre el amor en:
https://bernaltieneunblog.wordpress.com/
En el psicoanálisis
El amor propiamente dicho, es el amor que se presenta entre sujetos que están en falta; es por esto que el amor es fundamentalmente neurótico, es decir, se da es entre sujetos que están castrados, en falta.
Sólo se ama a aquel que se muestra en falta; el sujeto se se muestra completo, el sujeto que se encuentra satisfecho con lo que tiene -belleza, dinero, poder, un pene, etc.-, es un sujeto que difícilmente ama.
Es natural amar a una mujer, en tanto ella encarna al ser en falta. Esto explicaría por qué el amor, homosexual o no, se presenta tan fácilmente entre las mujeres: ¡porque ya están en falta! ¡El amor definitivamente está del lado de las mujeres! por eso ellas expresan de manera más natural los afectos, los sentimientos.
¡Ah! Y esta es la solución cuando el amor no es correspondido:
Para amar al otro se necesita reconocer la falta, es decir, reconocer que no se tiene. Amar significa desear ser amado por el otro, hacer surgir en el otro la falta. En este sentido, el amor parece ser una condición femenina, en la medida en que ella es la que no tiene.
Como el hombre tiene (tiene pene), le cuesta amar, le cuesta reconocer que no tiene, le cuesta reconocer su propia falta; de ahí que le cueste tanto expresar sus sentimientos, expresar sus afectos, y reconocer sus propias faltas, lo cual lo hace bastante terco, conservador, aburrido y poco interesante.
En otras palabras: los hombres no fueron hechos para las mujeres y las mujeres no fueron hechas para los hombres.
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