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La religión dentro de los límites de la mera razón (Parte I)

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Diana García R

on 29 May 2016

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Transcript of La religión dentro de los límites de la mera razón (Parte I)

La religión dentro de los límites de la mera razón
Parte 1
De la inhabitación del principio malo al lado del bueno
1. De la disposición original al bien en la naturaleza humana
1.1. La disposición para la
animalidad
del hombre como ser viviente:
es el amor a sí mismo físico y mecánico (la autoestima),
no se requiere razón para poseerlo
. Esta disposición es triple:
(1) La

conservación
de uno mismo
(2) La
propagación
de la especie
(3) La
comunidad
con otros hombres
Como vicios se pueden tener, por ejemplo, los vicios bestiales (la gula, la lujuria, etc.)

2. De la propensión al mal en la naturaleza humana
La maldad del hombre, para Kant, no está referida a que se ejecuten acciones malas (en contra de la ley), sino más bien, que
estas sean tales que pueden dejar concluir máximas malas en el que las ejecuta
. Desde el punto de vista de la experiencia, nos dice Kant, no se puede juzgar si en verdad el hombre está actuando mal en base a que posee una máxima mala en él o si lo hace por alguna inclinación, sino apenas ver si es consciente de que está actuando en contra de la ley. Esto puede darse incluso en uno mismo. Es por ello que su objeto de estudio se centrará en el fundamento subjetivo del uso de la libertad, que se da en la razón.

Entonces, para llamar a un hombre malo, se tendría que
poder concluir
a priori
,
es decir
sin necesidad de la experiencia
, una máxima mala que estuviese a la base, y de esta máxima, un fundamento (presente universalmente en el sujeto) que sea la base de otras máximas particularmente malas también.

Ahora bien, sabemos que cuando algo es natural en el hombre, es aquello que va a poseer de forma sumamente
necesaria
y bajo lo cual
no se podrá tener elección
de poseer o no. A raíz de ello nos dice que el concepto de naturaleza puede ser contrario al de libertad, razón por la cual dejarían de existir acciones moralmente buenas o malas. Por ello es que Kant critica aquellas teorías que nos dicen que el ser humano es bueno o malo por naturaleza, dado que ello implica que no habría elección de cambiar pues es una característica necesaria en el hombre. Entonces, ¿en qué radica la naturaleza del hombre si no es el bien y el mal en sí mismo?
NATURALEZA DEL HOMBRE
Solo es natural en el ser humano el
fundamento subjetivo del uso de la libertad
en general (bajo leyes moralmente objetivas)
Este fundamento subjetivo tiene que ser siempre "
un acto de la libertad
", porque de lo contrario no sería posible imputar nada, ni tampoco existiría una perspectiva moral como tal.
Se deduce, pues, que el fundamento del mal
no puede residir
en
ningún objeto
que determine el albedrío mediante en una
inclinación
o
impulso natural
(es decir, por experiencia), sino
solo

en una norma que el albedrío se hace a él mismo para el uso de su libertad
, esto es, una
máxima
(a priori).

Lo que se dirá en el texto será que
el adquirir

una de estas formas de ser
(ya sea bueno o malo),
le es innata al hombre
, pero ello no será culpa o mérito de la naturaleza (en caso sea bueno o malo), sino que el mismo hombre será el autor de esto. Por esto, es que nos dice Kant que al hombre le compete únicamente por naturaleza este fundamento subjetivo del uso de la libertad, y será por medio de este fundamento que adopte de manera innata una forma de ser buena o mala, dependiendo de las máximas que se formulen.

Pero como el primer fundamento de la adopción de nuestras máximas (que a su vez reside en el libre albedrío) no puede ser un hecho que pudiera ser dado en la experiencia, el bien o el mal en el hombre es llamado innato solamente
en el sentido
de que
es puesto a la base antes de todo uso de la libertad dado en la experiencia
,
y de este modo es representado como presente en el hombre al momento de nacer (es decir, es innato en el sentido que está en nosotros desde que nacemos, sin necesidad de experimentar aún acciones buenas o malas).
1.2. La disposición para la
humanidad
del mismo como ser viviente y a la vez
racional
:
es el amor a sí mismo, físico, pero que es
comparado
con otros, por lo que
sí requiere de la razón
. Esto puede ser, el verse dichoso o desdichado en relación a otros. Es en base a esto que generamos una valorización de nosotros mismos en relación a los demás (nos importa lo que opinen los otros de nosotros) y nos importa la
igualdad
en relación a los otros. Acá
se tiene por
raíz
a la
razón práctica
, al servicio de otros motivos (es decir,
como medio
). Los motivos impulsores que caen bajo ella se originan en los objetos del deseo y excluyen el sentimiento moral. Por otro lado, en relación a los vicios tenemos, por ejemplo, la ingratitud, los celos, la rivalidad, etc. Para Kant, estos vicios se implantan en nuestra predisposición al bien debido al desarrollo histórico de la cultura.
1.3. La disposición para su
personalidad
como ser racional y a la vez
susceptible de que algo le sea imputado
:
esta se da

cuando

el hombre es considerado no sólo como
ser

racional
sino también como un
ser responsable

o que debe dar cuenta de su conducta
. Kant piensa que la raíz del deber es la
personalidad
. La
disposición para la personalidad
es la susceptibilidad del
respeto a la ley moral
como un
motivo impulsor suficiente en sí mismo
del albedrío. Este sería el
sentimiento moral
(motivo impulsor), ya que por sí mismo todavía no constituye el fin de la disposición natural. La
personalidad
vendría a ser
la sola idea de la ley moral en sí misma
. Esto es posible solo cuando el libre albedrío incorpora el sentimiento moral en su máxima; es, entonces, cuando el carácter del libre albedrío es bueno. Aquí
se tiene por
raíz
a
la razón
por sí misma
práctica

(es decir, incondicionalmente legisladora).
Para Kant la
propensión

es el
fundamento subjetivo de la posibilidad de una inclinación
, esta es
contingente
para la humanidad en general. Estos

fallos morales, desde los más leves de la fragilidad y la impureza hasta los más graves extremos de la malignidad y la perversidad,
deben surgir

no de los deseos
de nuestra naturaleza física y social (es decir
a posteriori
, de algo externo al hombre),
sino sólo del ejercicio de nuestro libre albedrío
(esto es,
a priori
, en la razón) ya que nosotros tenemos la capacidad de escoger actuar seguidos por nuestras inclinaciones. La propensión al mal consiste justamente en la desviación de las máximas respecto a la ley moral (será tenia como propensión al mal natural del hombre cuando sea aceptada de modo universal en él) . Se dan tres grados de esta propensión:
2.1 La debilidad del corazón humano en el seguimiento de las máximas adoptadas (la fragilidad de la naturaleza humana)
: la
fragilidad
de la naturaleza humana consiste en tratar de admitir el bien (la ley) en la máxima de mi albedrío, pero a pesar de ser, en la idea, un motivo impulsor insuperable, es subjetivamente el motivo impulsor más débil, ya que

la inclinación tiende a ser más fuerte
.

2.2 La propensión a mezclar motivos impulsores inmorales con los morales (la impureza):
la
impureza
del corazón humano consiste en que la máxima es ciertamente buena según el objeto (esto es, la ley) y quizá también es fuerte, pero
no es puramente moral
. Ello quiere decir que
no ha admitido en sí la ley sola como motivo impulsor

suficiente
, sino que la mayoría de las veces,
necesita de otros motivos impulsores
además de este para determinar su albedrío a aquello que el deber exige. En resumen, las acciones hechas conforme al deber
no son hechas puramente por debe
r.

2.3 La propensión a la adopción de máximas malas (la malignidad de la naturaleza humana o del corazón humano):
la
malignidad
(o estado de corrupción) del corazón humano es la propensión del albedrío a máximas que trasladan el motivo impulsor constituido por la ley moral a otros (
no morales
). Ello invierte el orden moral atendiendo a los motivos impulsores de un libre albedrío y, aunque se puedan dar acciones buenas según la ley (legales), el modo de pensar es corrompido en su raíz, lo que designa al hombre como malo.
Immanuel Kant
Este fundamento subjetivo es la "
intención
", esa fuerza por la que nos dejamos llevar por un motivo impulsor (ya sea este proveniente desde la razón -la ley universal- o las inclinaciones) en la adopción de las máximas para la acción.
En relación a la concordancia de las acciones con la ley no hay diferencia (empírica) entre un hombre de
buenas costumbres
y un hombre
moralmente bueno
.

En el primero, las acciones
no siempre tienen
(o quizá nunca tienen) la ley como único y supremo motivo impulsor, por esta razón el hombre podrá tener buenas costumbres, pero
no necesariamente será un hombre moralmente bueno
. Para ser un hombre moralmente bueno,
necesariamente tendrá que seguirse de la ley como único y supremo motivo impulsor
. En este tipo de acciones radica
la propensión a la impureza
.

Cuando no se sigue la ley como único y supremo motivo impulsor, entonces se la está siguiendo por la
letra
; si es por lo contrario, entonces se la sigue según el
espíritu
(cuando ella es suficiente como motivo impulsor). Si para determinar el albedrío a acciones conformes a la ley son necesarios otros motivos impulsores además de la ley misma, entonces, es meramente
contingente
que estos motivos concuerden con la ley, ya que podrían no motivarnos a cumplirla. Entonces,
aunque el hombre realice buenas acciones, es moralmente malo
.
En relación al concepto de propensión, podemos concebir dos tipos. Toda
propensión
o es
(1) física
(pertenece al albedrío del hombre como ser
natural
) o es
(2)

moral
(pertenece al albedrío del hombre como ser
moral
).

En relación a la propensión física no se da ninguna propensión al mal moral, ya que la
propensión al mal moral
surge de la
libertad
y la

propensión física
está fundada en
impulsos sensibles
. Entonces, una propensión física que surja de la libertad, sea al bien o al mal, es una contradicción, ya que estas no las podemos escoger según nuestro albedrío (se dan por naturaleza). En cambio,
la propensión al mal
solo
puede ir ligada a la facultad moral del albedrío
.

Sabemos que nada es moralmente malo sino nuestro propio
acto
. Sin embargo, bajo el concepto de
propensión
se entiende un fundamento subjetivo de determinación del albedrío, que
precede
a todo acto
y que él mismo
todavía no es un acto
.

Para que no se caiga en contradicción, es necesario realizar una distinción entre
dos formas diferentes
de entender este
acto
(y que de dejen unir bajo el concepto de libertad). Este concepto puede significar
(1) el
uso de la libertad
mediante el cual es acogida en el albedrío la máxima suprema (conforme a la ley o contra ella), y
(2) aquel en el que
las acciones mismas

(según su materia, esto es, tocante a los objetos del albedrío)
son ejecutadas
conforme a aquella máxima. Entonces tenemos (1) como una concepción
a priori
y (2) como una concepción
a posteriori
.

Ahora, la propensión al mal es un acto en relación a (1), como uso de la libertad y a la vez es el fundamento formal de (2), es decir, es el fundamento formal de toda acción (contraria a la ley). La propensión al mal aplicada al uso de la libertad, es decir, haciendo elección de máximas contrarias a la ley, Kant las denomina
pecado original
. Los actos ya ejecutados contrarios a la ley los denomina
pecado derivado
.
Kant nos va a decir que la primera deuda (el pecado original) permanecerá en nosotros, aunque la segunda (el pecado derivado) puede ser evitada de múltiples modos.

Cuando hablamos de esta propensión como
el acto del uso de la libertad
, estamos hablando de un
acto inteligible
, cognoscible solamente por la razón
sin ninguna condición de tiempo
. Esta se llama, sobre todo en comparación con la segunda, una
propensión innata
, porque no puede ser extirpada (para ello la máxima suprema tendría que ser la del bien) y porque, sobre todo, tampoco podemos determinar su causa.
Cuando hablamos del
acto en referencia a las malas acciones
ya realizadas, estamos hablando de un
acto sensible
, empírico,
dado en el tiempo
.

Por estas razones, Kant buscará desde el comienzo las tres fuentes del mal moral
únicamente
en
aquello que afecta según leyes de la libertad al fundamento supremo de la adopción o seguimiento de nuestras máxima
s, no en lo que afecta a la sensibilidad (como receptividad).
Todas estas disposiciones en el hombre no son sólo
buenas
, sino que son también disposiciones que
nos conducen al bien
(promueven el seguimiento de este). Son
originales
, porque pertenecen a la posibilidad de la naturaleza humana (tenemos esta disposición por naturaleza). El hombre puede ciertamente usar de las dos primeras contrariamente a su fin (mediante sus vicios), pero no puede exterminar ninguna de ellas.
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