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Exposición eutanasia

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Transcript of Exposición eutanasia

LA EUTANASIA La religión cristiana Casos reales Debate en la actualidad El debate de la eutanasia y la medicina Información general Muerte en un edificio en llamas Introducción En este trabajo os hablaremos sobre temas relacionados con la eutanasia (la medicina, la moral, etc.). Os intentaremos explicar detalladamente la verdad del asunto, dejando aparte todo tipo de caretas. Junto a mis compañeros, vamos a explicaros que la eutanasia no es tal y como la pintan sus defensores, sino que hay algo mucho más importante detrás de ello. Nuestro objetivo no es convencer ni persuadir, sino informar para que vosotros nuestros oyentes podáis haceros un juicio crítico objetivo del asunto. Espero que disfrutéis con nuestro trabajo. Tipos Activa Pasiva Involuntaria Indirecta Voluntaria Directa El permiso de la eutanasia Razones a favor Razones en contra El por qué de la eutanasia 'Muerte dulce' Economía En contra del derecho a la vida Dios El paciente no tuviera familiares o tutores legales Estado del paciente malo No puede pensar Gobierno del país Testamento vital La palabra “eutanasia” proviene del griego y significa “muerte dulce”. El proceso de la eutanasia consistiría en quitar, abreviar voluntariamente la vida de un paciente o enfermo, ya sea por voluntad del paciente o en algunos casos más corruptos por voluntad del propio centro médico. Razones contra la eutanasia 1. La vida no es un derecho, sino el sustrato de los derechos 2. La eutanasia activa-suicidio asistido- no es un respeto de la libertad de la persona 3. La eutanasia acaba extendiéndose 4. La eutanasia es el fracaso de la sociedad 5. Nunca puede ser digna una muerte provocada Conclusión La verdadera medicina suprime la enfermendad, no al enfermo Eutanasia Homicidio El paciente es inducido Eutanasia = 'ya no nos sirves, eres un trasto' La eutanasia no es realizada por personas libres, sino por personas deprimidas, mental o emocionalmente trastornadas Presión Papel del estado El dolor y el sufrimiento El papel del médico Los cuidados paliativos Diferencia Dolor Sufrimiento Miedo al dolor Sin apoyo La vía de escape de la eutanasia Apoyo del entorno social Necesidad de enfrentarse al dolor Un sentimiento más de nuestra vida Un bache para el camino a la felicidad La eutanasia es una derrota Médico Verdugo La labor del médico es mantener con vida al paciente, no lo contrario La eutanasia no es tarea de los médicos La esencia de los doctores La eutanasia es el fracaso de los médicos Sus servicios no han servido al paciente Es su decepción La eutanasia se vuelve contra el médico que la practique Delito Se convierte en un hábito Opinión de los pacientes Definición Cuándo se realizan Fin El que cada uno de nosotros esté vivo es un hecho que nunca podremos explicar, pero que siempre hemos de afirmar Bien vistos desde el punto Moral Ético Médico Los cuidados paliativos son el mejor antídoto contra la eutanasia Objetivo Tras haber trabajado y profundizado en este tema, concluyo que la eutanasia es un tema que conviene pensar. La eutanasia es mala. Es la conclusión que saco yo de mis razonamientos, y de las ideas plasmadas en este estudio. Para mí la eutanasia es igual al suicidio, y nadie discute que el suicidio sea malo. Además, otra de las razones es que nadie tiene derecho para decidir o provocar la muerte de un paciente. Las razones son infinitas, no hay nada bueno en la eutanasia. Librar a una persona de su dolor, dicen. Le mandas a un sufrimiento muchísimo mayor en la otra vida.
​Eutanasia significa literalmente ‘buena muerte’, pero esto es mentira, porque es cruel y triste. Es un anciano enfermo (generalmente) que pierde el sentido de la vida y pide que le ayuden a suicidarse, y pocas cosas hay más tristes.
En resumen, la eutanasia es un drama muy serio. Si conocen algún caso de eutanasia, inténtenlo frenar, porque será bueno para ustedes y para el afectado.
Nada más, un saludo. Mujer le pide a su marido morir Caso de Tony Nicklinson Iglesia Ética o moral Eutanasia Pecado contra el quinto mandamiento Poner fin a la vida de una persona, independientemente de su estado de vida, es moralmente indefensible y no aceptable. Suicidio asistido. El hombre no es dueño sino administrador de su propia vida. Argumentos básicos Evangelium Vitae -El principio de la inviolabilidad del don divino de la vida. Esta es un bien ‘no disponible’ personalmente. La vida es un don de Dios del que el individuo no puede disponer.
-Disponer de la vida propia es apropiarse de un derecho que corresponde a Dios. La vida humana es sagrada. Dios, en su día pronunció solemnemente el interdicto ‘No matarás'.
-La eutanasia es una falta grave de amor hacia uno mismo.
-La eutanasia es una indebida dejación de las responsabilidades sociales.
-La eutanasia quebranta el mandamiento ‘No matarás’. ¿Qué dice exactamente la encíclica Evangelium Vitae sobre la eutanasia?

La encíclica afirma que "la eutanasia es una grave violación de la ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de la persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio" (n. 65). Encíclica escrita por Juan Pablo II. Publicada el 25 de marzo de 1995. Trata del valor y del carácter inviolable de la vida humana Habla de la eutanasia (junto con el aborto) en el capítulo 'Yo doy la muerte y doy la vida'. Dios elige el momento del nacimiento y la muerte de cada persona ¿Cómo define la encíclica la eutanasia?

 La encíclica define la eutanasia como "adueñarse de la muerte, procurándola de modo anticipado y poniendo así fin dulcemente a la propia vida o a la de otros" (n. 64) o, más propiamente, "en sentido verdadero y propio se debe entender la eutanasia como una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La eutanasia se sitúa, pues, en el nivel de las intenciones o de los métodos usados" (n. 65). ¿Por qué la Iglesia condena la eutanasia si muchas veces parece una medida de solidaridad hacia los enfermos que sufren sin remedio y están sometidos a tratamientos inhumanos?

La encíclica aborda este problema cuando se refiere al ensañamiento terapéutico. Afirma que la eutanasia debe distinguirse de la "decisión de renunciar al ensañamiento terapéutico, o sea, ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o, bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia. En estas situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares. Ciertamente, existe la obligación de curarse y hacerse curar, pero esta obligación se debe valorar según las circunstancias concretas; es decir, hay que examinar si los medios terapéuticos a disposición son objetivamente proporcionados a las perspectivas de mejoría. La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante la muerte" (n. 65). ¿Pero, entonces, no se puede aliviar el dolor del enfermo, aunque esto suponga acortarle la vida?

 La encíclica apunta que “en la medicina moderna van teniendo auge los llamados cuidados paliativos , destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y, al mismo tiempo, asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado. En este contexto aparece, entre otros, el problema de la licitud del recurso a los diversos tipos de analgésicos y sedantes para aliviar el dolor del enfermo, cuando esto comporta el riesgo de acortarle la vida.

En efecto, si puede ser digno de elogio quien acepta voluntariamente sufrir renunciando a tratamientos contra el dolor para conservar la plena lucidez y participar, si es creyente, de manera consciente en la pasión del Señor, tal comportamiento “heroico” no debe considerar se obligatorio para todos. Ya Pio XII afirmó que es lícito suprimir el dolor por medio de narcóticos, a pesar de tener como consecuencia limitar la conciencia y abreviar la vida, si no hay otros medios y si, en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros deberes religiosos y morales.

En efecto, en este caso no se requiere ni se busca la muerte, aunque por motivos razonables se corra ese riesgo. Simplemente se pretende mitigar el dolor de manera eficaz, recurriendo a los analgésicos puestos a disposición por la medicina. Sin embargo, “no es lícito privar al moribundo de la conciencia propia sin grave motivo”: acercándose a la muerte, los hombres deben estar en condiciones de poder cumplir sus obligaciones morales y familiares y, sobre todo, deben poderse preparar con plena conciencia al encuentro definitivo con Dios“ (n. 65). ¿Cuál es la realidad más profunda de la eutanasia?

La eutanasia "en su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir (Sab. 16,13 y cfr. Tob. 13,2) “ (n. 66). ¿Dice algo la encíclica Evangelium Vitae acerca de las personas que colaboran con la eutanasia?​

La encíclica emplea palabras muy claras para referirse a las diversas formas de colaboración con la eutanasia. Dice textualmente:

“Compartir la intención suicida de otro y ayudarle a realizarla mediante el llamado “suicidio asistido” significa hacerse colaborador, y algunas veces autor en primera persona, de una injusticia que nunca tiene justificación, ni siquiera cuando es solicitada. “No es lícito -escribe con sorprendente actualidad San Agustín- matar a otro, aunque éste lo pida y lo quiera y no pueda ya vivir... para librar, con un golpe, el alma de aquellos dolores, que luchaba contra las ligaduras del cuerpo y quería desasirse”. La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante “perversión” de la misma. En efecto, la verdadera “compasión” hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar”.

“El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes -como los familiares- deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos -como los médicos-, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas”.

 “La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir. Así, se presenta de nuevo la tentación del Edén: ser como Dios “conocedores del bien y del mal” (Gn 3,5). Sin embargo, sólo Dios tienen el poder sobre el morir y el vivir: “Yo doy la muerte y doy la vida” (Dt 32, 39; cf. 2R 5,7; 1S 2,6). El ejerce su poder siempre y sólo según su designio de sabiduría y de amor. Cuando el hombre usurpa este poder, dominado por una lógica de necedad y de egoísmo, lo usa fatalmente para la injusticia y la muerte. De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas” (n. 66). ¿Cuáles deben ser, según la encíclica, las actitudes del cristiano ante el sufrimiento y la muerte?

La encíclica nos dice que, frente a la cultura de la muerte, “bien diverso es, en cambio, el camino del amor y de la verdadera piedad, al que nos obliga nuestra común condición humana y que la fe en Cristo Redentor, muerto y resucitado, ilumina con nuevo sentido. El deseo que brota del corazón del hombre ante el supremo encuentro con el sufrimiento y la muerte, especialmente cuando siente la tentación de caer en la desesperación y casi de abatirse en ella, es sobre todo aspiración de compañía, de solidaridad y de apoyo en la prueba. Es petición de ayuda para seguir esperando, cuando todas las esperanzas humanas se desvanecen“ (n. 67). No se debe hacer un mal para conseguir un bien 'Mejor morir que vivir sufriendo' Voluntad de Dios 'Miedo a vivir' SIEMPRE merece la pena estar vivo Eutanasia-Suicidio La desesperanza es un pecado grave Principios éticos -Tres principios fundamentales de la vida: derecho fundamentan e inalienable de toda persona a la vida, la primacía de la persona sobre la sociedad y el deber de la autoridad de respetar la vida inocente.

-Jamás es lícito matar a un paciente, ni siquiera para no verle sufrir o no hacerle sufrir, aunque él lo pida expresamente. Nadie tiene la potestad para decidir o provocar la muerte de una persona.

-Es siempre ilícita toda acción que por su naturaleza provoque directa o intencionalmente la muerte del paciente.

-No es lícito omitir una prestación debida a un paciente sin la cual va irremediablemente a la muerte, por ejemplo, los cuidados vitales debidos a todo paciente (alimentación por tubo y remedios terapéuticos normales) aunque sufra un mal incurable o esté en fase terminal o incluso en coma irreversible.

-Es ilícito renunciar a cuidados y tratamientos posibles y disponibles, cuando se sabe que resultan eficaces, aunque solo sea parcialmente. En concreto, no se ha de omitir el tratamiento a enfermos en coma si existe alguna posibilidad de recuperación, aunque se puede interrumpir cuando se haya constatado su total ineficacia. En todo caso siempre se han de mantener las medidas de sostenimiento.

-No existe la obligación de someter al paciente terminal a nuevas operaciones quirúrgicas, cuando no se tiene la fundada esperanza de hacerle más llevadera su vida.

-Es lícito suministrar narcóticos o analgésicos que alivien el dolor, aunque atenúen la consciencia y provoquen de modo secundario un acortamiento de la vida del paciente. Siempre que el fin de la acción sea calmar el dolor y no provocar directamente un acortamiento sustancial de la vida. En estos casos, la moralidad del acto depende de la intención con que se haga y de que exista de verdad una debida proporción entre lo que se logra (disminución del dolor) y el efecto negativo para la salud.

-Es lícito dejar de aplicar tratamientos desproporcionados a un paciente en coma irreversible cuando haya perdido toda actividad cerebral. Pero no lo es cuando el cerebro del paciente conserva ciertas funciones vitales, si esa omisión provocase la muerte inmediata.

-Las personas minusválidas o con malformaciones tienen los mismos derechos que las demás personas en lo que se refiere a la recepción de tratamientos terapéuticos.

-El estado no puede atribuirse el derecho de legalizar la eutanasia pues la vida del inocente es un bien que supera el poder de disponer de ella tanto por parte del individuo como del estado (nadie se da a sí mismo la vida).

-La eutanasia es un crimen contra la vida humana y contra la ley divina, del que se hacen responsables todos los que intervienen en la decisión y ejecución del acto homicida. Primer hombre español que murió por eutanasia En la actualidad existe un debate muy generalizado sobre la moralidad de la eutanasia. ¿Está esto bien o está mal?
A continuación veremos un vídeo explicativo como introducción a este debate en el que se muestran los diferentes argumentos y opiniones de la gente. Ramón Sampedro Opiniones a favor Opiniones en contra MI OPINIÓN Antonio Piñero “En el contexto occidental… resulta difícil, cuando no inviable separar los argumentos ideológicos, políticos y morales del enfoque religioso cristiano sobre la eutanasia. Lo que es claro el rechazo radical a ella por parte, en concreto, de la Iglesia católica." Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento. 'Yo soy dueño de mi propio cuerpo' Eliminar el dolor ante una enfermedad sin salida 'Vivir enfermo no es vivir.' Desgaste que sufren los familiares y amigos al afrontar una muerte lenta, costosa y emocionalmente lapidaria. RECHAZO EGOÍSTA DE HACERSE CARGO DEL QUE SUFRE Iglesia Eutanasia Pecado contra el quinto mandamiento Poner fin a la vida de una persona, independientemente
de su estado de vida, es moralmente indefensible y no aceptable La eutanasia es un suicidio asistido El hombre no es dueño de su propia vida, sino administrador. No se debe hacer un mal para conseguir un bien



Voluntad de Dios



SIEMPRE merece la pena estar vivo



Eutanasia = Suicidio



La desesperanza es un pecado grave
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