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La Eneida (I a. C.)

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En Espiral

on 13 February 2014

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Transcript of La Eneida (I a. C.)

Escudos
La Eneida (I a. C.)
Virgilio (70 a. C. -19 a. C.)
Virgilio
70 a. C. - 19 a. C.
La
Eneida
Siglo I a. C.
Eneida
Análisis
Laggards
"Skeptics"
La
Eneida
es una epopeya latina escrita por Virgilio en el siglo I a. C. por encargo del emperador Augusto con el fin de glorificar el imperio atribuyéndole un origen mítico. Virgilio elaboró una reescritura, más que una continuación, de los poemas homéricos tomando como punto de partida la guerra de Troya y la destrucción de esa ciudad, y presentando la fundación de Roma a la manera de los mitos griegos.
Virgilio trabajó en esta obra desde el año 29 a. C. hasta el fin de sus días (19 a. C.) Se suele decir que Virgilio, en su lecho de muerte, encargó quemar la
Eneida
, fuera porque desease desvincularse de la propaganda política de Augusto o fuera porque no considerase que la obra hubiera alcanzado la perfección buscada por él como poeta.
Hijo de campesinos, Virgilio nació en
Andes
, actual
Virgilio
, una aldea próxima a
Mantua
, en la región italiana de
Lombadía
.
Recibió una esmerada educación y pudo estudiar retórica y poesía gracias a la protección del político
Cayo Mecenas
(de éste proviene el término "mecenas" aplicado a quienes protegen y estimulan las artes). Sus primeros años los pasó en su ciudad natal, pero al llegar a la adolescencia se trasladó a Cremona, Milán y Roma para completar su formación. En Roma se introdujo en el círculo de los poetae novi. A esta época pertenecen sus primeras composiciones poéticas, recogidas bajo la denominación de
Apéndice Virgiliano
.
Llegó a Nápoles en el 48 a. C. para estudiar con el maestro epicúreo Sirón. Por entonces estalló la guerra civil tras el asesinato de César, lo que afectó a Virgilio, quien incluso vio peligrar su patrimonio. Pasó gran parte de su vida en Nápoles y Nola. Fue amigo del poeta Horacio y de Octavio, desde antes de que éste se convirtiera en el emperador Augusto.
El epicureísmo es un sistema filosófico que defiende la búsqueda de una vida buena y feliz mediante la administración inteligente de placeres y dolores, la ataraxia ("ausencia de turbación") y los vínculos de amistad entre sus correligionarios.
Fue enseñada por Epicuro de Samos, filósofo ateniense del siglo IV a. C. que fundó una academia llamada el Jardín y cuyo pensamiento fue seguido después por otros filósofos, llamados epicúreos.
Entre el año 42 a. C. y el 39 a. C. escribió las
Églogas
o
Bucólicas
, que dejan entrever los deseos de pacificación de Virgilio en unos poemas que exaltan la vida pastoril. Aunque estilizados e idealizadores de los personajes campesinos, incluyen referencias a hechos y personas de su tiempo. En la famosa É
gloga IV
, se canta la llegada de un niño que traerá una nueva edad dorada a Roma. La cultura posterior encontró aquí un vaticinio del nacimiento de Cristo.
Entre el 36 a. C. y el 29 a. C., compuso, a instancia de Mecenas, las Geórgicas, poema que es un tratado de la agricultura, destinado a proclamar la necesidad de restablecer el mundo campesino tradicional en Italia.
La obra sirve de ilustración de algunas de las labores desarrolladas en el campo (recolección, siembra...), de explicación del funcionamiento de las estaciones del año y de las características climáticas.
Además de estos temas relacionados con la vida en el campo, hay otras partes del libro en que aparecen episodios sin relación aparente con él, como es el relato de los acontecimientos asombrosos que siguieron al asesinato de Julio César, o haciendo analogías que sirven para elogiar el gobierno de Augusto en el caso del apartado de la vida de las abejas.
A partir del año 29 a. C., inicia la composición de su obra más ambiciosa, la
Eneida
, cuya redacción lo ocupó once años, un poema en
doce libros
que
relata las peripecias del troyano Eneas desde su fuga de Troya hasta su victoria militar en Italia
. La intención evidente de la obra era la de
dotar de una épica a su patria
, y vincular su cultura con la tradición griega. Eneas lleva a su padre Anquises sobre sus hombros y su hijo Ascanio de la mano. En Cartago, en la costa de África, se enamora de él la reina Dido, quien se suicida tras la partida del héroe. En Italia, Eneas vence a Turno, rey de rútulos. El hijo de Eneas, Ascanio, funda Alba Longa, ciudad que más tarde se convertiría en Roma. Según Virgilio, los romanos eran descendientes de Ascanio, y por lo tanto del propio Eneas.
Había ya escrito la Eneida, cuando realizó un viaje por Asia Menor (Turquia) y Grecia, con el fin de constatar la información que había volcado en su poema más famoso. En Atenas se encontró con Augusto y regresó con él a Italia, ya enfermo. A su llegada a Brindisi, pidió al emperador antes de morir que destruyera la
Eneida
. Augusto se opuso rotundamente y no cumplió la petición, para gloria de la literatura latina.
Estructura
La obra, de casi 10.000 versos, está dividida en 12 libros que a su vez se pueden agrupar en dos partes:

a) Libros I a VI, en los que, a imitación de la
Odisea
, se narran los viajes de Eneas hasta llegar a Italia.

b) Libros VII a XII, en los que, a imitación de la
Ilíada
y del Ciclo troyano, se narran las conquistas de Eneas en Italia.
Estilo
Virgilio emplea figuras literarias como la
aliteración
, la
onomatopeya
y la
sinécdoque
; también el
símil
, y la
personificación
y otras metáforas, frecuentemente para dotar a los pasajes de tensión y de fuerza dramática. Emplea también Virgilio la
rima asonante
(coinciden las vocales).
Aliteración es la repetición de sonidos consonantes (fonemas) al principio de palabras o de sílabas acentuadas, como por ejemplo en el verso de Zorrilla "el ruido con que rueda la ronca tempestad".
La onomatopeya es la imitación lingüística o representación de un sonido natural o de otro fenómeno acústico no discursivo. "Tic-tac"; "shhh"; "pío-pío".
La sinécdoque es mencionar:
La parte por el todo y al contrario. La especie por el género y al contrario. El material de que algo está hecho es usado por la cosa. "Quedó sola con cuatro bocas que alimentar".
Símil o comparación usa “como”, “cual”, “que” o “se asemeja a”. Es una comparación con conectores.
"Negro como la noche"
La prosopopeya o personificación consiste en atribuir propiedades humanas a un animal o a algo inanimado, a lo que se hace hablar, actuar, reaccionar, como si fuera una persona. "Las estrellas nos miraban, mientras la ciudad sonreía".
Como en la
Ilíada
y en la
Odisea
, la narración de la
Eneida
comienza
in medias res
, en este caso con la flota troyana en la parte oriental del Mediterráneo y dirigiéndose a Italia.
Estructura narrativa
In medias res
(en latín, hacia la mitad de las cosas) es una técnica literaria donde la narración comienza en mitad de la historia, en vez de en el comienzo de la misma (ab ovo: desde el huevo). Los protagonistas, lugares y la trama son descriptos a través de retrospecciones. La
Eneida
empieza cuando Juno intenta impedir que Eneas llegue a Italia por medio de la ayuda de Eolo (el dios de los vientos). Entonces Eneas y sus compañeros llegan a Líbia, en la cual reina Dido. Eneas y Dido se enamorarán y en un encuentro Dido le pregunta sobre lo que le ha pasado anteriormente, cómo ha llegado hasta allí. Así es como Eneas se remonta en el pasado y cuenta la toma de Troya y su partida desde allí.
Libro I
Juno (Hera), sabedora del glorioso destino que aguarda a los troyanos, pues habrán de fundar el Imperio Romano, intenta impedir que lleguen a Italia. Para ello, pide a Eolo (hijo de Poseidón) que se valga de sus vientos para hacer naufragar a los fugitivos, y a cambio le ofrece por esposa a una de las ninfas de su propio séquito: Deyopea, la de cuerpo más hermoso. Eolo, aunque no acepta el soborno, sí accede a ayudar a Juno, y los troyanos terminan dispersándose en el mar. Al saberlo Neptuno (Poseidón), lo toma como una injuria, ya que el mar es su dominio, y ayuda a los troyanos a llegar a las playas de Libia, pero no llegan todos juntos, sino en dos grupos separados por la tormenta.
Mientras tanto, Venus (Afrodita), madre de Eneas, se presenta con la forma de una virgen espartana y con un aspecto de cazadora muy parecido también al de la diosa Diana (Artemisa), y les informa de que las tierras donde están son de la reina Dido (reina de Cartago, actual Túnez). Pigmalión (rey de Tiro, Líbano), hermano de Dido, había hecho matar a Siqueo, tío de ambos y esposo de ella. Dido huyó, compró unas tierras y fundó allí una ciudad.

Eneas se dirige a la ciudad y, cuando llega, ve a los compañeros de los que les había separado el mar. Llegados a esa tierra, habían pedido a la reina hospitalidad y que les ayudase a buscar a su caudillo. Al presentarse éste, Dido lo acoge junto con el resto de los troyanos.
Con la intención de que Dido trate bien a Eneas, Venus (Afrodita) pide a su hijo Cupido (Eros) que tome la forma de Ascanio (hijo de Eneas y Creúsa), lo suplante e infunda en la reina amor por el troyano, y Cupido accede. Venus adormece a su nieto Ascanio y lo lleva a Idalion (ciudad de Chipre), lugar de culto de ella.
Tal como le ha pedido su madre, Cupido infunde en Dido un apasionado amor por Eneas y, maternal, por Ascanio, al que suplanta él mismo. Pero Dido juró a su esposo no volver a casarse.
Durante el banquete en honor de los recién llegados y del encuentro de éstos con sus paisanos, Dido pide a Eneas que cuente sus desgracias.
¿Quién es Eneas?
Eneas es un héroe de la guerra de Troya, que tras la caída de la ciudad logró escapar, emprendiendo un viaje que lo llevaría hasta la tierra de Lacio (en la actual Italia) donde tras una serie de acontecimientos se convirtió en rey y a la vez en el progenitor del pueblo romano, pues en esa misma tierra dos de sus descendientes, Rómulo y Remo, fundarían la ciudad de Roma.
Era hijo del príncipe Anquises y de la diosa Afrodita (Venus en la mitología romana); su padre era además primo del rey Príamo de Troya. Se casó con Creúsa, una de las hijas de Príamo, con la cual tuvo un hijo, llamado Ascanio; en su huida de la ciudad acompañado de toda su familia, su esposa murió al quedarse atrás y, tiempo después se le apareció como un fantasma para decirle que no se agobiase por su muerte, pues ese había sido su destino, así como el destino de Eneas sería ser el padre de una gran nación. Posteriormente, ya en la tierra de Lacio, se casó con la princesa Lavinia, hija del rey Latino (hijo de Odiseo y Circe, rey de Laurentia, ciudad de los laureles), unión que es el origen mítico del pueblo romano.
Anquises (padre de Eneas) pertenecía a la familia real de Troya, descendiente de la raza de Dárdano. Mientras sus rebaños pastaban en el Monte Ida, cerca de Troya, Afrodita lo encontró y se enamoró de él, emocionada por su belleza. Se unió a él y le dio un hijo, Eneas. Por haber revelado el nombre de la madre de su hijo, Anquises fue alcanzado por un rayo y quedó ciego.
Eneas nació en el monte Ida. Su madre lo confió a las ninfas y al centauro Quirón, quienes lo criaron en la escuela del centauro en el monte y después lo devolvieron a su padre cuando tenía cinco años. Anquises llevó a su hijo a la ciudad, a casa de su cuñado Alcátoo, para que lo educase.
Dárdano era, en la mitología griega, el hijo de Zeus y Electra, una de las Pléyades, hija del titán Atlas. Es el fundador de la ciudad de Dardania, al pie del monte Ida, y que más adelante será la ciudad de Troya. «Dardanio» es sinónimo de «troyano»
De sus uniones con Creúsa (hija de Priamo) y Lavinia nacieron Ascanio y Silvio, respectivamente. Ascanio fue el fundador de Alba Longa y el primero de un largo linaje de reyes. Según la mitología relatada por Virgilio en la
Eneida
, Rómulo y Remo son descendientes de Eneas por medio de su madre, Rea Silvia, convirtiendo a Eneas en el progenitor del pueblo romano. Algunas fuentes romanas antiguas lo llaman su padre o abuelo, pero, teniendo en cuenta las fechas generalmente aceptadas acerca de la caída de Troya (1184 a. C.) y de la fundación de Roma (753 a. C.), esto parece improbable.
Julio César y Augusto, incluían a Ascanio y Eneas dentro de su linaje y, por lo tanto, a la diosa Venus. Los reyes legendarios de Bretaña son incluidos en esta genealogía por medio de un nieto de Eneas, Brutus.
¿Quién es Dido?
Dido o Elisa de Tiro aparece como la fundadora y primera reina de Cartago, en el actual Túnez. Era hija del rey de Tiro, Belo.
Siqueo, sacerdote del templo de Melkart en Tiro (divinidad relacionada con Hércules), poseía vastos tesoros escondidos. Pigmalión (hermano de Dido) los codiciaba, y para saber su paradero obligó a su hermana Dido a casarse con Siqueo sin revelarle el interés oculto en ese matrimonio. Dido no amaba a Siqueo, aunque éste a ella sí. Un tiempo después, Pigmalión le comentó a su hermana que sería conveniente saber dónde se escondían las riquezas de Siqueo. Entendiendo que había sido utilizada, Dido averiguó dónde estaban escondidas pero sin contar la verdad a su hermano.
Los tesoros se habían enterrado en el jardín del templo, y Dido le dijo a Pigmalión que se hallaban ocultos debajo del altar. Esa misma noche, Pigmalión envió unos sicarios a matar a Siqueo. Tras llevarlo a cabo, los esbirros cavaron inútilmente una fosa bajo el altar. Dido encontró a su marido asesinado y corrió a desenterrar el tesoro del jardín. Con él en su poder, huyó de Tiro llevándose a su hermana Ana y un séquito de doncellas, ayudada por amigos de Siqueo.
Dido llegó a las costas de África, donde vivían los gétulos, una tribu de libios cuyo rey era Jarbas. Pidió hospitalidad y un trozo de tierra para instalarse en ella con su séquito. Jarbas le expuso que le daría tanta tierra como ella pudiera abarcar con una piel de buey. Dido, a fin de que la piel abarcara la máxima tierra posible, la hizo cortar finas tiras y así consiguió circunscribir un extenso perímetro. Tras esto hizo erigir una fortaleza llamada Birsa, que más tarde se convirtió en la ciudad de Cartago ("Ciudad Nueva"), sobre un promontorio existente entre el lago de Túnez y una la laguna, que desembocaba en mar abierto.
En la
Eneida
de Virgilio. Eneas llega a la costa de Cartago, Dido se enamora de él en seguida y Eneas la corresponde. Pasan un tiempo juntos, pero Eneas, que ha recibido de Júpiter (Zeus) la misión de fundar un nuevo pueblo en el Lacio, debe partir hacia su destino. Una noche, Eneas embarca con su gente y Dido corre a convencerle de que permanezca a su lado, mas en vano. Le ve partir y ordena levantar una gigantesca pira, donde se disponen la espada del héroe, algunas ropas suyas que habían quedado en palacio y el tronco del árbol que custodiaba la entrada de la cueva donde se amaron por primera vez. Al amanecer subió a la pira y se hundió en el pecho la espada de Eneas. Tras su muerte, su hermana Ana, que había intentado disuadirla del suicidio, ordena a su vez prender la pira funeraria.
Libro II
Los libros II y III son relatos dentro del relato. Eneas, a petición de Dido, cuenta la caída y el saqueo de Troya (Libro II) y las tribulaciones sufridas por él mismo y por su gente desde ese acontecimiento (Libro III).
El troyano cuenta hechos casi inmediatos a los que se refieren en el final de la
Ilíada
. El relato que hace Eneas de la toma de Troya se abre con el episodio del caballo: Ulises, junto con otros soldados griegos, se oculta en un caballo de madera "alto como un monte", mientras que el resto de las tropas griegas se oculta en la isla de Ténedos, frente a Troya. Los troyanos, ignorando el engaño, entienden que los griegos han huido y hacen entrar el caballo en su ciudad. Piensan que se trata de una ofrenda a los dioses, a pesar de las advertencias de Laocoonte (troyano, sacerdote de Apolo), que es muerto con sus dos hijos por dos monstruos marinos. Llegada la noche, Ulises y sus hombres salen del caballo y abren las puertas de la ciudad para que entren los demás griegos, y entre todos someten a Troya al fuego y al terror. En el momento del asalto, a Eneas se le aparece en sueños Héctor, le anuncia el fin de Troya y le manda que salve a los Penates (protectores del hogar) y que huya.
Los ruidos del combate terminan por despertar a Eneas, que, viendo su ciudad en llamas y a merced de los griegos, decide al principio luchar con sus compañeros hasta la muerte. Visita el palacio del rey Príamo y contempla la muerte del hijo de éste, Polites, a manos de Pirro, que luego decapita a Príamo.
En la mitología griega, Neoptólemo (‘joven guerrero’), también llamado Pirro (‘rojo, rubio’), era el hijo del guerrero Aquiles y de la princesa Deidamía, hija del rey Licomedes de Esciro.
Eneas busca y encuentra a su padre Anquises y a su hijo Ascanio. En principio, Anquises se resiste a partir, hasta que un presagio divino lo convence. Escapan entonces de la ciudad en llamas. Habiendo perdido de vista a su mujer, Creúsa, que ha sido apartada por Venus y luego ha sido una víctima más de la matanza, Eneas regresa a Troya en busca de ella. Finalmente, tras aparecérsele la sombra de Creúsa y serle revelado por ella que su destino es la fundación de Roma, Eneas vuelve con los suyos a las afueras de Troya, y allí prepara lo necesario para la partida.
Libro III
Eneas huye con los suyos a la ciudad de los tracios (Balcanes), que eran sus amigos. Habiendo desembarcado allí, Eneas quiere cumplir su intención de fundar la nueva ciudad en esa tierra. Para encender la hoguera sacrificial, toman ramas de un arbusto, y éstas empiezan a sangrar. Eneas se halla frente al túmulo (tumba) de Polidoro (hijo de Príamo y Hécuba), y las ramas son las lanzas que empleó Poliméstor para matarlo. Una voz suena desde el interor del túmulo: es la de la sombra de Polidoro, que advierte a los troyanos de que el rey de Tracia está a favor de los griegos. Los viajeros deciden entonces abandonar ese lugar contaminado.
Eneas y su gente van entonces a la corte del rey Anio (hijo de Apolo), en Delos. Allí llegan a saber por los oráculos de Apolo que habrán de buscar a la Madre Antigua y fundar una nueva ciudad allí donde vivieron sus antepasados, desde donde sus generaciones venideras serán las únicas dominadoras del mundo. Anquises piensa que el oráculo se refiere a Creta, el lugar de culto de la diosa Cibeles (Gea) y la tierra donde nació su antepasado Júpiter, y allí se dirigen. Llegados a la isla, fundan la ciudad de Pérgamo.
Es pleno verano, sobreviene una fuerte sequía y mueren hombres y bestias. Anquises pide a Eneas que vuelva a consultar el oráculo de Apolo, aunque no hará falta, pues a Eneas se le aparecerán en sueños los Penates, mandados por Apolo. Por ellos sabrá del resentimiento del dios supremo, que no se les permite quedarse, y que las tierras aludidas por el oráculo de Apolo son las de Italia o el Lacio. Anquises recuerda que allí nació su antepasado Dárdano, y deciden viajar a esos lugares.
Los fugitivos se hacen a la mar, y habrán de soportar una tormenta de tres días. Al cuarto día, entre las islas del Mar Jónico, llegan a las llamadas Estrófades. Desembarcan en una de ellas y allí encuentran rebaños sin vigilancia, de reses pequeñas y grandes. Ofrecen con algunas de ellas sacrificios a Júpiter y comienzan el festejo. Las arpías los acosan volando por el campamento y sueltan sus deyecciones en la carne. Eneas les prepara una emboscada que tiene éxito, y al conseguir escapar las criaturas, una de ellas, Celeno, augura al troyano que, cuando lleguen a la tierra que están buscando, habrán de pasar hambre en ella.
Los viajeros abandonan las Estrófades, navegan después cerca de Ítaca, la isla de Ulises, uno de sus peores enemigos, y acaban arribando a la playa de Accio. Allí celebran unos juegos, y dejan en el templo de Apolo el escudo de Abas, el capitán de una de las naves.
Más adelante, Eneas se entera de que un hijo de Príamo, Héleno, que se ha casado con Andrómaca, viuda de Héctor que después de la muerte del héroe troyano había sido concubina de Pirro, reina en Butrinto, una ciudad cercana, y allí se dirigen los troyanos. Llegan a Butrinto a principios del invierno, y ven que es una réplica de Troya. Ya acogidos, Héleno predice a Eneas que llegará a Italia, pero que para entrar en ella tendrá que sufrir un poco, pues allí habitan griegos. Le dice que debe cuidarse también de Escila y de Caribdis, y le aconseja que implore al numen de Juno y que atienda al oráculo de la Sibila de Cumas (profetisa de una ciudad de Italia).
Continuando su viaje, los troyanos pasan junto a los Montes Ceraunios. Antes de dirigirse a Trinacia, ofrecen sacrificios a Juno y a Minerva. Ya cerca de la costa de Trinacia, avistan el penacho del Etna.
Ya en el Estrecho de Mesina, por intentar evitar a Escila, casi acaban diezmados por Caribdis, pero el remolino de la bestia los impulsa mar adentro, y así, perdidos, arriban a las costas de los cíclopes. Allí se encuentran con un griego abandonado por Ulises y sus hombres: Aqueménides, que les pide que lo lleven con él y les aconseja escapar pronto. Los cíclopes se aprestan a atacarlos, pero no llegan a alcanzarlos.
Habiendo escapado de los cíclopes, Aqueménides conducirá a los troyanos a Trinacria. Pasan por Ortigia, y luego por el puerto de Drépano, donde muere Anquises.
Con la relación de estos hechos, Eneas termina de contar la historia a su anfitriona.
Libro IV
La reina Dido, por influjo de Cupido, se enamora de Eneas, y esos sentimientos se los cuenta a su hermana Ana, que le recomienda abandonarse a ese amor, pero Dido aún recuerda a su difunto esposo Siqueo y el juramento por el que le está obligada. Al saberlo Juno, decide aliarse con Venus para conseguir que Eneas se enamore a su vez de Dido: con esa artimaña, Juno pretende que Eneas se quede para siempre en Cartago. Venus acepta la complicidad de Juno.
Eneas y Dido salen de caza. En el transcurso de la cacería, empieza a llover, se refugian en una cueva y allí tienen coyunda.
Al saberlo Júpiter, temiendo que Eneas detenga su viaje, envía a Mercurio para que recuerde al troyano que su destino es fundar Roma. Eneas y Dido ya están haciendo construir una gran ciudad; al darle Mercurio el mensaje al troyano, éste no sabe cómo decírselo a la reina. Atina a mandar a Sergesto, Seresto y Mnesteo que preparen la flota con sigilo. Dido se entera y se lo reprocha a Eneas, que se defiende hablándole de su destino. Dido no está conforme con la intención de Eneas, pero permite su partida.
Mercurio se presenta nuevamente al troyano para decirle que se dé prisa en zarpar. Eneas, entonces, parte inmediatamente con sus hombres.
Dido se quita la vida subiéndose a una pira y clavándose la espada que le ha regalado Eneas. En su discurso de muerte, clama por un vengador.
Juno se apiada de Dido por su larga agonía y envía a Iris para que la ayude a morir. En medio de su arco polícromo, la mensajera desciende y corta un mechón del cabello de Dido para consagrarlo al inframundo. De esa manera, el cuerpo de la infortunada pierde el calor de la vida.
Libro V
Ya habiendo zarpado, Eneas ve desde el mar la llama que arde en la costa de Cartago, y demasiado bien sabe de qué se trata.
Los viajeros intentan ir a Italia, pero se desata otra tempestad y, cuando se calma, prueban a alcanzar otra vez Trinacia. Habiendo llegado a Trinacia, se dirigen los troyanos a las tierras de su amigo Acestes, por quien son bien recibidos.
Cumpliéndose ya un año de la muerte de Anquises, Eneas hace llevar a cabo sus funerales. Durante los sacrificios, una serpiente se come las ofrendas del altar. No sabiendo si se trata de una mala criatura o del genio del lugar, Eneas prefiere tomarlo como un buen presagio.
Después manda Eneas celebrarse unos juegos.
Juno envía de nuevo a Iris: esta vez, para que suscite en las mujeres troyanas el deseo de no viajar más. Tomando Iris la forma de la anciana, que no ha acudido porque está enferma, se dirige a las mujeres troyanas, que han sido dejadas apartadas de los juegos, les dice que se le ha aparecido en sueños Casandra y que le ha dicho que hay que quemar las naves, pues ya se ha alcanzado el objetivo del viaje, y cumple el encargo llevando a las mujeres a quemar las naves y comenzando el incendio ella misma. La mensajera se da a conocer yéndose de allí en forma de arco iris. Las troyanas, exaltadas, toman la antorcha del altar de Neptuno y empiezan ellas a prender fuego a las embarcaciones.
Los hombres y los muchachos ven las llamas, y Ascanio, el hijo de Eneas, se acerca con su montura y consigue hacer entrar en razón y «librarse de Juno» a las incendiarias.


Palinuro cae al agua.
Eumelo avisa a Eneas, que llega rápido al lugar. Una vez allí, Eneas implora a Júpiter, y éste hace que empiece a llover.
Sólo se han perdido cuatro piezas de la flota, pero se aconseja fundar una ciudad para quienes quieran quedarse y renuncien a continuar el viaje. Nautes, el consejero más anciano, se muestra de acuerdo.
Eneas aún está indeciso, y esa noche se le aparece en sueños su padre Anquises, que le recomienda que haga lo que dice Nautes: en el Lacio habrá que derrotar a un pueblo belicoso, así que conviene que vayan sólo los más aptos para ello. Anquises dice a Eneas que, para que pueda darle más detalles de su destino, habrá de ir a visitarlo al inframundo. Para llegar hasta allí, Eneas habrá de consultar primero a la Sibila de Cumas y ofrecer sacrificios.
Los troyanos fundan la ciudad para quienes no quieren proseguir el viaje, y le ponen el nombre de Acestes. Por fin, zarpan, y las mujeres, que ahora sí querrían ir, los despiden entre llantos. Una vez más, los viajeros intentan dirigirse a Italia.
Venus ruega a Neptuno que los troyanos ya no sufran males, y el dios del mar le promete que llegarán a las puertas del Averno con sólo un hombre menos.
A medianoche, todos duermen, hasta Palinuro, el timonel, de lo que se ha encargado Somnus, el Sueño. Palinuro y el timón caen al agua, y el resto sigue durmiendo. La nave va a la deriva, pero Eneas despierta, ocupa el puesto de Palinuro y corrige el rumbo, y justo a tiempo, pues ya la nave se dirigía a los dominios de las Sirenas.
Libro VI
Los troyanos arriban a las playas de Cumas, y visitan la gruta de la Sibila. La Sibila es poseída por Apolo, y Eneas pide al dios sus oráculos y que permita que los troyanos se establezcan en el Lacio. Apolo predice que se librarán batallas por causa de una mujer, pero que Eneas saldrá victorioso de ellas. El troyano pide que se le diga cómo habrá de entrar en el infierno. La Sibila dice que Eneas habrá de presentar una rama dorada y que, además, primero habrá de enterrar a un amigo suyo, insepulto hasta el momento.
Eneas sale de la cueva y se entera de la muerte de Miseno, así que manda hacer sus funerales. Venus envía entonces dos palomas para que lleven a Eneas al árbol donde está la rama dorada. Eneas la toma y la lleva a la cueva de la Sibila, que entonces lo conducirá hasta un bosque.
Llegan al infierno, y arriban a la corriente cruzada por el barquero Caronte para llevar las almas al otro mundo. Eneas ve a Palinuro, que le pide que busque su cuerpo en el puerto de Velia y lo sepulte para que así su sombra sea admitida en la barca de Caronte. La sibila se opone, pues hacerlo sería contrario al destino marcado, pero se le promete a Palinuro que sus propios enemigos le erigirán un cenotafio, y que un cabo o promontorio llevará su nombre.
Para ser llevados en la barca de Caronte, Eneas y la sibila le presentan la rama dorada.
Ya navegando, ven la cueva de Cerbero, los jueces de los muertos y los campos llorosos. Eneas ve a Dido y le pide perdón, pero ella no responde. Eneas ve también muchas almas de grandes guerreros de otros tiempos, como Deífobo, que se casó con Helena después de morir Paris.
Pasado un rato, los pasajeros de la barca ven una bifurcación: una vía conduce al palacio de Plutón; la otra, al Tártaro. Después, arriban a los bosques afortunados, y allí buscan a Anquises.
Tras un nostálgico encuentro, Anquises le cuenta a Eneas que las almas buenas, después de mil años, pierden la memoria y se las manda nuevamente a la tierra en otros cuerpos. Anquises predice el gran linaje de Eneas: su hijo Silvio (que le nacerá de su esposa Lavinia), Camilo, César, Máximo, Serrano, Romano, Marcelo y otros. También le cuenta las batallas a las que está destinado, y cómo habrá de salir con bien de ellas.
Eneas regresa después al lugar donde le esperan sus amigos por una puerta de marfil del Sueño. En seguida, se dirigen todos al puerto de Cayeta.
Libro VII
Finalmente, se dirigen al bosque del Lacio por el que pasa el río Tíber. Vive en esas tierras Latino, esposo de Amata. Ambos son padres de Lavinia, que está comprometida con Turno, aunque se ha predicho que no se casará con él, sino con un extranjero.
Los troyanos celebran una comida, pero se quedan con hambre. Entonces, Eneas recuerda que se le predijo que, cuando sucediera eso, llegaría el fin de sus males. Manda Eneas cien emisarios a la corte del rey Latino, que los recibe. En nombre de Eneas y apoyándose en los oráculos, Ilioneo pide a Latino unas tierras donde puedan asentarse los troyanos. Latino reconoce en Eneas al yerno prometido, y pide a los troyanos que su caudillo venga a verlo.
Mientras tanto, Juno, con la intención de causar una guerra que perjudique a los troyanos, envía a Alecto para que siembre la discordia. Con una de sus serpientes, Alecto inyecta las furias en Amata, y ésta se enfrenta con su esposo para que no dé la mano de Lavinia a Eneas, sino a Turno. Al ver que Latino no cambia de parecer, Amata hace por poner de su parte a las otras mujeres y esconde a Lavinia. Después, Alecto se dirige a Ardea, ciudad en la que reina Turno, y, para suscitar en el monarca el odio a Eneas como usurpador, le hinca una de las serpientes, llena de furias. Turno decide entonces enfrentarse con Latino por la mano de Lavinia.
Alecto ejerce después su influjo en los perros cazadores de Ascanio, que conducen a su amo en pos de un ciervo del que es dueño el latino Tirreo. Al enterarse los latinos, se emprende una batalla y resultan de ella las primeras víctimas. Alecto se siente satisfecha, y, con ella, también Juno. Todos los latinos piden a su rey que declare la guerra a los troyanos, pero él se resiste. Llegan mientras tanto los aliados.
Libro VIII
El río Tíber habla a Eneas y le recomienda que busque la alianza con los palanteos, a cuya ciudad podrá llegar precisamente siguiendo su curso. Eneas prepara el viaje y reconoce entonces un buen augurio.
Acompañado por Acates, Eneas llega a la ciudad justo cuando el rey Evandro y su hijo Palante están ofreciendo sacrificios a Hércules, y piden al rey establecer una alianza para hacer frente a los rútulos. Evandro acepta, viendo que eran ambas naciones descendientes de Atlante. Evandro invita a Eneas a tomar parte en los sacrificios a Hércules.
Mientras tanto, Venus pide a su esposo Vulcano que fabrique armas para Eneas, y Vulcano acepta.
Entonces, Venus avisa a su hijo de que le llegarán armas divinas. Luego, Evandro envía a Eneas con su hijo Palante a buscar más alianzas. Posteriormente, ya Eneas recibe las armas prometidas por su madre y todos se maravillan de ellas.
Libro IX
Juno envía a Iris para que lleve a Turno prontamente a la batalla. La mensajera informa al rey de que los troyanos están sin su caudillo. Eneas ha mandado a su gente que, de ser atacada, se refugie tras la empalizada. Turno intenta incendiar la fortificación y todo los demás. Entonces, Ops, madre de Júpiter, aparta del incendio las naves troyanas convirtiéndolas en ninfas.
Turno piensa que así los troyanos ya no podrán escapar, y hace que sus tropas descansen y se regocijen bebiendo vino.
Dándose cuenta de esto Niso y Euríalo, piden permiso para ir en busca de Eneas y ellos parten inmediatamente.
Se inicia una sangrienta batalla. Ascanio entra en la batalla y da muerte a Numano. Marte infunde fuerza en los latinos. Luego Turno queda cercado por los troyanos sin que le pueda ayudar Juno, pero se arroja al río y se salva.
Libro X
Júpiter prohíbe a los otros dioses que participen en la batalla. Venus le pide clemencia para sus troyanos, y Juno se hace la desentendida. Entonces, Júpiter decide que a nadie habrá de favorecer él en la batalla.
Llega por mar Eneas con alianzas firmadas. Se acercan a Eneas las naves troyanas convertidas en ninfas y le informan de la batalla.


Eneas y sus aliados llegan al campo de batalla, y Turno no ceja en su ataque. Empieza así un fiero combate. Turno pide a su hermana, la diosa Juturna, que le ayude en la batalla. Tras haber hecho grandes estragos, Palante es muerto por Turno, tomando éste algunas de sus armas. Lleno de ira, Eneas da muerte a muchos rútulos.
En tanto, Júpiter provoca a Juno y ésta le pide que demore la muerte de Turno. Ella misma toma la figura de Eneas y, confundiendo a Turno, hace que le persiga y así lo pone a salvo. Turno, al darse cuenta del engaño, intenta volver sobre sus pasos, pero la diosa no se lo permite.
Mezencio toma el lugar de Turno en la batalla, que es observada por los dioses. Eneas hiere a Mezencio, cuyo hijo Lauso, que le asiste y le ayuda a huir, es muerto por Eneas. Mezencio vuelve a la batalla y también halla la muerte en las manos del troyano.
Libro XI
Eneas envía el cuerpo de Palante a su padre. Llegan luego emisarios latinos pidiendo tregua para poder enterrar a sus muertos, a lo que accede Eneas. Mientras tanto, Evandro se lamenta por la muerte de su hijo, pero no retira su apoyo a Eneas. En el reino de Latino, algunos se muestran aún a favor de Turno, pero otros piden que se entregue la mano de Lavinia al troyano Eneas.
Unos emisarios llegan de la ciudad de Diomedes, que recomienda a los latinos tener mucha cautela con Eneas.
Latino quiere ya detener la guerra dando tierras a los troyanos. Drances recomienda también darle la mano de Lavinia a Eneas. Turno se opone y promueve nuevas batallas, apoyado por la reina Camila. Diana pide a su sierva Opis que proteja a esa guerrera, y le da un arco para ese fin.
Los troyanos se acercan a las murallas latinas y se desata otra vez la contienda. Camila destaca por sus hazañas. Júpiter infunde valor en Tarcón. Arruntes, encomendándose a Apolo, dispara una flecha a Camila y logra su objetivo de darle muerte. Opis se lamenta entonces. Huyen los rútulos, pero Turno, enterado de los hechos, no abandona el campo. Llega la noche y se interrumpe la batalla.
Libro XII
Latino y Amata piden a Turno que detenga la guerra, pero él, enamorado de Lavinia, manda a Eneas un mensaje retándole a un combate singular. Eneas acepta.
Juno emplea un nuevo ardid: envía a la hermana de Turno, Juturna, a buscar que se rompan los acuerdos que se hagan, pues sabe que Turno con las armas es menos diestro que Eneas.
Mientras tanto, se hacen los juramentos ante Júpiter para que el fin de la guerra se reduzca al combate entre Eneas y Turno. Pero Juturna asume la forma del guerrero Camerto e insta a la intervención de los rútulos en la batalla. En eso, un augurio es interpretado por Tolumnio como favorable a lo que pide Juturna en la forma de Camerto, y se rompen los acuerdos.
Eneas, en cambio, se opone a la ruptura de los acuerdos y quiere emprender el combate singular. Repentinamente, le hiere una flecha que no se sabe quién ha disparado. Turno hace entonces grandes estragos.
Iulo lleva a su padre a un lugar seguro. Venus inspira al anciano Yápige para que cure a Eneas.
El héroe troyano recupera sus fuerzas y regresa a la batalla. Los rútulos huyen, pero Eneas sólo busca a Turno; éste también busca el combate con Eneas, pero su hermana Juturna se lo impide.
Venus infunde en la mente de Eneas la idea de dirigirse a la ciudad. La reina Amata, viéndolos venir, piensa que Turno ha muerto y se mata, con gran pesar del rey Latino.
Cuando se entera Turno, se desprende de su hermana para ir en busca de Eneas, y éste, al oír que se acerca su adversario, se dirige a su encuentro.
Turno heredó de su padre Dauno una espada hecha por Vulcano, pero no es la que lleva ahora, pues ha tomado por error la de uno de sus compañeros. En el combate con Eneas, se rompe el arma de Turno, que huye en busca de la suya. Eneas lo persigue, pero se le queda prendida la lanza entre las raíces de Rauno, árbol divino. Venus desenreda la lanza; por su parte, Turno recobra su espada. El combate se reanuda.

Mientras tanto, Júpiter pregunta a Juno qué espera de la guerra y le prohíbe volver a tomar parte en ella. Juno reconoce haber persuadido a Juturna de que ayudase a su hermano, y acepta dejar de intervenir en la guerra, pero pide que cuando se unan los troyanos a los latinos desparezca el nombre de los primeros. Júpiter accede y envía una furia al campo de batalla para que retire a Juturna.
Eneas hostiga a Turno, y éste comienza a sentir temor. Eneas hiere con la lanza a Turno, que por su parte tira a su contrincante una enorme piedra que no lo alcanza. Ya rendido, Turno pide a Eneas que le perdone la vida y se quede con Lavinia. El troyano duda al principio, pero al darse cuenta de que Turno lleva armas de Palante, carga de nuevo y mata al rey rútulo.
Aquiles no es el único héroe que posee un escudo que a perdurado su descripción hasta la historia actual, puesto que también esta el gran escudo de Eneas (Eneida), puesto que a generado gran controversia ante autores que intentar descifrar su contenido más exacto y certero, puesto que este rompe con el marco de las descripciones habituales de los escudos, debido a que éste describe mas bien un futuro, el cual es verdadero en su totalidad; es comparable con la imagen de un oráculo, puesto que coincide la forma interpretativa y la forma en como se describen los hechos con la de los oráculos que se mencionan en otras obras y cantos de la antigüedad. Es por eso el análisis de este escudo, porque rompe el marco de lo habitual, tal vez pueda ser por que no es una descripción de un escudo “griego con motivo de que, como bien sabemos, Eneas es como el “primer peldaño” para la fundación de Roma, es decir, que los tipos de sociedades son distintas ( en cierta medida, por que al fin y al cabo, Eneas posee un origen y griego).
La descripción del escudo de Eneas, no va reflejado a su personalidad, puesto que como se conoce a Eneas, por su clemencia, en la descripción del escudo, no se le hace mención a esta, dejando un espacio para creer que la parte de piadoso se pone en jaque, con motivo de que no se le hace mención a ésta en su descripción, por lo que se presume que pierde o perderá con el tiempo esta virtud, debido a que como se habla solo de una experiencia futura en el escudo, esta desaparecerá en la medida que este llevando a cabo su objetivo de fundación.
En la parte representativa el trabajo, se ve a la loba amamantando a Rómulo y a Remo. Más allá, a los gansos que descubren a los invasores galos, a Catón dictando leyes, y a Catilina en el Tártaro purgando sus maldades. Y al centro, en una composición cinematográfica, la batalla de Accio “con las magnificas escuadras y el bélico aparato que reverbera en las olas de oro”.
A un lado yergue la figura de cesar Augusto” con los padres de la patria, el pueblo, los penates y los grandes dioses”. Al otro, Marco Antonio, “ostentando bárbara pompa” y “oh baldón, una consorte egipcia”. Al estruendo bélico y a la mar ensangrentado, sigue la figura de Augusto, “ llevado en triple triunfo a las murallas de roma, en medio de gritos de alborozo, juegos y aplausos”. Eneas no es capaz de comprender lo que Vulcano ha labrado. Sólo intuye que su escudo se ha transformado en símbolo de la bendición divina y estandarte de la estirpe de Romana.”
Aún surge la duda del porqué se le entrega a Eneas un escudo con un futuro que aún no comenzaba a darse conocido, es decir, un oráculo del futuro, y lo más dudoso, es la razón por la cual se pierde la fama de clemencia en la descripción del escudo, debido a que se supone que toda la descendencia de Eneas, será parte de la supremacía de Roma, pero a pesar de tener grandes virtudes como varón, es decir, su clemencia y su respeto para con su hijo, los demás sucesores y herederos y co-herederos no heredan estas virtudes dignas de reconocimiento, por lo que puedo concluir que estos supuestos “descendientes”, no son descendientes directos del propio Eneas.
El pedido de las armas de Venus a Vulcano suele ser catalogado como heredero de aquel de Ilíada 18. 369-467 en el que Tetis le pide a Hefesto una armadura para Aquiles. Indudablemente, existen paralelismos entre los dos episodios: en ambos casos hallamos un héroe a punto de entrar en la batalla y una diosa madre que intercede ante el dios de la forja para obtener el armamento que su hijo necesita. Junto a estas coincidencias respecto al modelo homérico, Virgilio introduce algunos aspectos en los cuales la relación con Ilíada no es de similitud sino de distanciamiento.
En primer lugar, Tetis y Venus poseen un lugar diferente en la jerarquía de los dioses de uno y otro poema. Tetis es una ninfa, es decir, forma parte de un grupo de divinidades que está por debajo de los dioses del Olimpo. Ella misma manifiesta su subordinación respecto de los dioses más importantes, cuando señala como motivo de pesar y de humillación el hecho de haber sido unida a un hombre –Peleo, el padre de Aquiles–.
Venus, en cambio, pertenece al más alto nivel de las divinidades de Eneida. Es hija de Júpiter, por lo cual el héroe protagonista es descendiente del rey de los dioses y no de una deidad menor. Tanto en este episodio, como cuando suplica por su hijo ante Júpiter y Neptuno, Venus es consciente de su jerarquía y de su estirpe. Además, al solicitar las armas, le recuerda a Vulcano, como argumento para apoyar el carácter legítimo de su pedido, que él ha ayudado con anterioridad a otras divinidades inferiores a ella: una de las diosas mencionadas es justamente Tetis, la hija de Nereo, en clara referencia al episodio de Ilíada.
En segundo lugar, es diferente el significado de las armas para una y otra diosa. En el caso de Tetis, al dolor pasado del matrimonio con Peleo se suma el actual, el sufrimiento por Aquiles, que está afligido por la pérdida de Patroclo y se prepara para regresar a la batalla. La diosa sabe que a su hijo le está destinada una muerte segura y que ella no tiene el poder suficiente para salvarlo: , "yo no puedo ayudarlo en nada" (Il. 18. 443). Las armas que pide a Hefesto son, pues, una especie de bálsamo para ese dolor. Ante la imposibilidad de aplazar o cancelar la muerte de Aquiles, Tetis ruega que se le proporcione una armadura – puesto que la anterior la ha perdido Patroclo–, a fin de que esté en condiciones de luchar y de obtener , 'gloria', la única recompensa destinada a los guerreros homéricos que mueren en la flor de su juventud6.
Venus, por el contrario, no está conmovida por la condición mortal de su hijo, sino por el riesgo de que no se cumpla el destino que le está reservado a toda su descendencia: la fundación de Roma. Venus se coloca a sí misma como víctima del ataque ("aguzan el hierro contra mí y para la destrucción de los míos"), porque es madre no sólo de Eneas sino de toda la estirpe romana que de él surgirá.
En tercer lugar, es completamente distinta la vinculación que une a cada diosa con Hefesto/Vulcano. Cuando Tetis se acerca al palacio del dios, es recibida por Cárite, la Gracia por excelencia, esposa de Hefesto en esta versión. Cárite comunica la llegada de Tetis y el dios, antes de recibirla, refiere un episodio de su niñez mediante el cual explica por qué ayudará a la diosa en lo que ella le pida (Il. 18. 394-407). Cuando Hera, la madre de Hefesto, quería ocultarlo, Tetis lo recibió y con las ninfas le enseñó el trabajo de los metales. El dios está unido a ella por un vínculo de amistad, de mutua protección y hospitalidad.
En Eneida, en cambio, Virgilio sigue la tradición según la cual Hefesto se ha casado con Afrodita, no con una de las Gracias. La modificación es significativa, puesto que entonces Venus apela aquí a su propio esposo. Esto trae aparejado dos cambios fundamentales. Por un lado, es distinto el tono de la escena, que se desarrolla por la noche, en el lecho matrimonial, estableciéndose así un diálogo íntimo y cercano entre los dioses: "habla a Vulcano, y en el tálamo de oro empieza a decir estas palabras" (8. 372-3).
Por otro lado, cambia en Eneida la motivación por la cual el dios forja las armas. Aquí ya no se trata, como en Ilíada, de un sentimiento de agradecimiento. Aun cuando Venus ha explicado sus razones para proteger a Eneas (8.374-86), Vulcano no está todavía convencido; "el que vacila" (8. 388). Venus, entonces, despliega su seducción, su belleza y sus recursos para persuadirlo (8. 387-94)
Había dicho [Venus], y de ambos lados la diosa, con sus níveos brazos, acaricia al que vacila en su suave abrazo. Él de pronto recibió la acostumbrada llama, y el conocido calor penetró las médulas y corrió a través de los huesos agitados; no de otro modo que cuando la grieta de fuego, abierta por el vibrante trueno, recorre las nubes brillando con su luz. Lo advirtió la esposa, feliz por sus ardides y consciente de su belleza.

Venus abraza a Vulcano y los efectos son inmediatos. Para definir el amor, Virgilio despliega el campo semántico relativo al fuego (flammam, calor, ignea rima) que recuerda, dentro del poema, la pasión de Dido en el libro IV y que aquí se resignifica, puesto que Vulcano, dios del fuego, resulta dominado por su propio elemento.
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