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San Agustín y la interioridad

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by

Andrés Martínez

on 10 May 2013

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Transcript of San Agustín y la interioridad

San Agustín y la interioridad El punto de vista de Agustín estuvo influido por las teorías de Platón, tal como le fueron trasmitidas a través de Plotino. En cierto sentido es lo más importante para los propósitos espirituales, porque la senda que conduce desde lo más bajo a lo más alto, el vuelco clave en la dirección, pasa a través del hecho de que prestemos atención a nosotros mismos como seres interiores. Agustín iba a entender la oposición cristiana entre el espíritu y la carne mediante la ayuda de la distinción platónica entre lo corporal y lo incorpóreo. Agustín nos ofrece una comprensión platónica del universo como realización externa del orden racional. En Platón descubrimos este tan elevado principio observando el ámbito de objetos que organiza, es decir, el campo de las Ideas. Lo que antes vimos en la imagen del ojo del alma es la doctrina de que no es necesario recurrir a la fuerza de la mirada, más bien se trata de volverla. Lo decisivo es encarar el campo correcto. Agustín asume la imagen del sol, central para la exposición de Platón sobre la Idea del Bien en La república, que al mismo tiempo alimenta el ser en las cosas y proporciona la luz para verlas; pero ahora Dios es el principio primordial del ser y el conocimiento. Dios es la fuente de luz, y aquí se da otra confluencia que enlaza con la luz del primer capítulo del Evangelio de Juan. Taylor se pregunta sobre el porqué de esta notable diferencia con Platón «No salgas afuera; vuelve a ti mismo. La verdad mora en el hombre interior» Así pues, el mundo de la creación muestra un orden significativo; participa de las Ideas de Dios. La ley eterna de Dios impone el orden. Insta a los humanos a ver y respetar ese orden. Para San Agustín la principal ruta hacia Dios no se halla a través de la esfera de los objetos sino «en» nosotros mismos». Y esto es así porque Dios no es sólo el objeto trascendental, o únicamente el principio de orden de los objetos más cercanos que tratamos de ver. Dios es también, y para nosotros primordialmente, el apoyo básico y el principio subyacente en nuestra capacidad cognitiva. Dios no es solamente lo que anhelamos ver; sino lo que potencia el ojo que ve. Así, la luz de Dios no está sólo «ahí fuera», iluminando el orden de ser, como en Platón; es también una luz «interior». Taylor además de señalar la continuidad existente entre estos dos autores, indica una primera diferencia importante: la misma oposición entre espíritu/materia, superior/inferior, eterno/temporal, inmutable/ cambiante es descrita por Agustín, no precisamente ocasional y periféricamente, sino central y esencialmente, en términos de lo interior/exterior. Esto empieza a justificar que utilice el lenguaje de la interioridad. Porque en contraste con el ámbito de los objetos, que es público y común, el acto de conocer es individual; cada uno se ocupa del suyo. Mirar hacia este proceso es mirar al yo, adoptar una postura reflexiva. ¿Pero esto que estamos diciendo no es lo mismo que propone Foucault con su análisis del “cultivo de si” entre los antiguos? Pero aquí el «cuidado del yo» significa algo así como el cuidado del alma propia. Para Taylor “el cultivo de si” sería un llamamiento a una vida moral superior que se expresaría en términos de una llamada a restar importancia a las cosas externas que generalmente suelen ser importantes para las personas: la riqueza, el poder, el éxito, el placer; y preocuparse más por la propia condición moral. ¿Dónde radicaría la novedad de San Agustín? Por ejemplo, en De Trinitate, distingue entre el hombre interior y el hombre exterior. El hombre exterior es lo corporal, lo que tenemos en común con las bestias, incluyendo los sentidos y el almacenaje en la memoria de imágenes de las cosas externas. El interior es el alma. Agustín gira el enfoque desde el campo de los objetos conocidos al del proceso de conocer; es allí donde se encuentra a Dios. Taylor nos dice que dicho mandato va dirigido a asumir una postura reflexiva, pero no una radicalmente reflexiva. La postura se radicaliza cuando lo que más nos importa es la adopción del punto de vista de la primera persona. San Agustín Normalmente nos despreocupamos de esta noción de la experiencia para centrarnos en las cosas experimentadas. Pero es posible girar y hacer de ello el objeto de atención, hacernos conscientes de nuestra conciencia, tratar de experimentar nuestra experiencia, centrarnos en la manera en que el mundo es para nosotros. El mundo como yo lo conozco está ahí para mí, es experimentado por mí, o pensado por mí, o tiene significado para mí. El conocimiento y la conciencia son siempre los del agente. A esto es a lo Taylor llama adoptar una postura de reflexividad radical, o bien, adoptar el punto de vista de la primera persona Para Taylor el llamamiento a cuidarse uno mismo no es un llamamiento a la reflexividad radical. Es una llamada a que nos preocupemos por la salud de algo muy importante (el alma para los antiguos, el cuerpo para los modernos), en vez de absorbemos por completo en los avatares de algo mucho menos importante (la propiedad o el poder). Pero, en cualquier caso, adonde lleva a centrarnos, es decir, en las causas y constituyentes de la salud y la enfermedad (psíquica o corporal), no guarda ninguna relación especial con el punto de vista de la primera persona. “Es posible meditar en términos generales sobre la existencia de una dimensión de la experiencia, sin adoptar el punto de vista de la primera persona, en cuyo caso hago de mi experiencia mi objeto. La reflexividad radical destaca una especie de presencia ante sí mismo, inseparable del hecho de que uno sea el agente de la experiencia, algo cuyo acceso, debido a su propia naturaleza, es asimétrico: existe una diferencia esencial entre manera en que yo experimento mi actividad, mi pensar y mi sentir y la manera en que lo haces tú o cualquier otra persona. Eso es lo que hace de mí un ser que puede hablar de sí mismo en primera persona”. Punto de vista desde ninguna parte Lo que omite precisamente la ciencia es el hecho de que el mundo es experimentado por agentes. El vuelco de Agustín hacia el yo fue un vuelco hacia la reflexividad radical. Discurso científico La importancia de San Agustín es tremenda: ha ido tan lejos como para generar la idea de la existencia de un ámbito especial de objetos «internos» que sólo son asequibles desde este punto de vista; o la noción de que el lugar que se sitúa el «yo pienso» está, de alguna manera, fuera del mundo de las cosas que experimentamos. “Difícilmente se exageraría al afirmar que Agustín fue quien introdujo la interioridad de la reflexividad radical y quien la legó a la tradición del pensamiento occidental. El paso fue decisivo, puesto que ciertamente hemos concedido mucha importancia al punto de vista de la primera persona. La tradición epistemológica desde Descartes, y todo lo que de ella ha fluido en la cultura moderna, ha hecho que este punto de vista sea fundamental, hasta el punto de aberración, cabría añadir”. La luz interior es la que brilla en nuestra presencia ante nosotros mismos; la que es inseparable del hecho de que seamos criaturas con un punto de vista de primera persona. Lo que la diferencia de la luz exterior es precisamente lo que hace que la imagen de la interioridad sea tan imponente: ilumina el espacio en el que yo estoy presente ante mí mismo. Taylor Taylor Para Taylor San Agustín hizo que el vuelco hacia el yo en la dimensión de la primera persona fuera crucial para acceder a una condición superior (puesto que, efectivamente, es un paso en el camino que nos lleva de vuelta a Dios) y con ello inauguró una nueva línea de desarrollo en la comprensión de las fuentes morales, una comprensión que ha sido formativa para toda la cultura occidental.
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