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La Educación Moral de Emile Durkheim

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Yayo Ordoñez

on 6 October 2014

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La Educación Moral de Emile Durkheim
La educación moral pivota en torno a tres elementos al mismo tiempo y no puede olvidarse uno sin que repercuta en la comprensión del conjunto de la obra. Estos elementos se entienden dentro del contexto histórico en que está escrita y son: la situación política francesa y los planteamientos europeos sobre la colonización, el fuerte movimiento científico y racional, y la reforma educativa implantada por Ferry en dos direcciones: hacia el alumno y hacia la formación del profesorado. El pensamiento de Durkheim consiguió superar el momento histórico y, por eso mismo, tuvo tanta repercusión en la formación del profesorado francés de enseñanza primaria.
La Educación Moral
La elaboración de una moral laica es un tema recurrente en toda la obra durkheimiana. Es esta moral la que permitirá el funcionamiento de las sociedades internamente diferenciadas, ya que a la particularidad de cada sujeto se le antepondrá siempre un objetivo social que dé sentido a la propia vida individual. Pero, para lograr esta finalidad se requiere del sistema escolar. Para Durkheim, el contenido de la educación consiste en la moral racional y laica, destinada al logro de los grandes objetivos que ahora se necesitan: el desarrollo intelectual de los individuos, el valor de la dignidad humana en que debe basarse cualquier organización social y la construcción de una moral global que se extienda tanto al ámbito privado como al público, dotando a la sociedad de elevados y altruistas ideales.
Emile Durkheim
La educación moral puede articularse como respuesta a tres preguntas: ¿qué moral?, ¿con qué fin? ¿qué medios se necesitan para aprenderla/enseñarla? La primera pregunta hace relación a la situación cultural: una moral laica y racional; la segunda hace referencia a la situación política: para resolver las necesidades nacionales; la tercera a la reforma educativa: en escuelas públicas con profesores laicos. En este trabajo nos centraremos en el primer aspecto, es decir, dónde fundamenta la moral y cómo la entiende. Pero para poder comprenderlo es necesario hacer una breve descripción del contexto histórico en que se desarrolla su pensamiento.
Estamos ante una obra que no es un estudio cerrado, completo, llevado hasta sus últimas consecuencias. De hecho, el autor no es un moralista, sino un sociólogo que quiere solucionar los problemas que existen en Francia y que está convencido que la moral, tal como él la concibe, puede resolver los problemas nacionales e internacionales.
“La revolución pedagógica que persigue nuestro país desde hace unos veinte años, si bien no la creó, ha hecho manifiesta esta situación, que, en realidad, estaba latente hace tiempo e incluso más que semirrealizada. Decidimos dar a nuestros hijos, en las escuelas, una educación moral que fuera puramente laica”.
-Emile Durkheim
Las influencias filosóficas de Durkheim quedan patentes en esta obra así como su gran bagaje intelectual. El pensamiento de Descartes, Kant, Rousseau, Spencer, Stuart Mill, Tolstoi, Bentham, Saint Simon, el evolucionismo, Renan, etc. fluye en las páginas de La educación moral. Sin embargo, Durkheim sabe tomar la distancia necesaria en cada momento, cuando las diversas teorías no le sirven para explicar sus tesis.
Durkheim se trasladó a Burdeos en 1887 como encargado de un curso de ciencias sociales y pedagogía y ya desde entonces comenzó su contacto con maestros de enseñanza primaria. El estado comenzó a subvencionarlo en 1884, como parte de la campaña nacional en favor de un nuevo sistema de enseñanza republicana y laica.
Espinas, el primero que tomó a su cargo este curso, empezó a dictar sus lecciones, que incluían análisis de problemas prácticos de la enseñanza con maestros y maestras. Durkheim fue a Burdeos como sucesor de Espinas; de este modo la sociología se introdujo por primera vez de manera oficial en una universidad francesa. En realidad, sólo como favor especial se le permitió añadir la palabra 'sociología' a la de 'pedagogía'.
Los asistentes formaban regularmente un grupo de aproximadamente cincuenta profesores de enseñanza primaria. A Durkheim le agradaba enormemente la simpatía, el entusiasmo y la vitalidad intelectual de aquellos jóvenes de ambos sexos. A partir de entonces y hasta su muerte, semana tras semana, dedicó un tercio, cuando no dos tercios del tiempo de su docencia a esta tarea16. Aunque agradable, en parte, Durkheim la consideraba como una carga que le restaba tiempo para su tarea más importante como sociólogo, en la que se sabía precursor.
Según Lukes, “la parte más importante de estos cursos sobre educación era la dedicada a la educación moral. Su importancia reside en parte en su estrecha relación con las preocupaciones sociológicas de Durkheim, y en parte en el lugar central que ocupó dentro de su pensamiento; impartió dicha enseñanza de manera bastante regular. En efecto, Durkheim tuvo desde joven, según algunos de sus más estrechos colaboradores, una fuerte preocupación por la moral y por la política. No está injustificado, pues, calificarlo como moralista.
Georges Davy, hablando de la obra del maestro, señalaba: “Una idea animaba al hombre: cumplir el deber que sentía y sabía como suyo. Una idea animaba la obra: fundar para todos el deber, dar al mismo tiempo al hombre y a la sociedad una regla de conducta, y justificarla racionalmente de tal modo que ella se pudiera imponer sin contestación, y servir de principio a la moral y a la política. La conciencia del ciudadano, la ley de la ciudad: he ahí los dos objetivos que debe, por debajo de todo, buscar la filosofía. Durkheim, mientras vivió, no publicó ninguna obra de moral propiamente dicha, su preocupación constante y el objetivo de todas sus investigaciones fue la moral, y una moral que se prolongaba en política, porque la virtud interior del hombre se realiza de modo natural en su acción cívica.
Íntimamente unida a la preocupación por la moral, aparece en Durkheim otro elemento esencial, la política, el patriotismo, el interés por lograr una nación con fuertes raíces morales. Sus biógrafos ponen de manifiesto la vocación política de Durkheim. Lo describen como un hombre con ardiente patriotismo, con fe patriótica unida a una fe en la Humanidad que le impulsará a buscar el “reavituallamiento moral” de la nación a través de la ciencia: “La sociología debía ser esa filosofía que contribuyera a asentar definitivamente la República y a inspirar su reformas al mismo tiempo que a dar a la Nación un principio de orden y de doctrina moral”. Durkheim, desde joven, manifestó un cierto interés y preocupación por los problemas políticos, en gran parte motivado por la situación de la nación y por el movimiento científico y filosófico que le rodeaba. Buscaba, como otros contemporáneos, el modo de lograr la unidad nacional y de fundar una moral social, y, de este modo, llegó a configurar la sociología.
Durkheim se hizo sociólogo porque pensó que a través de las ciencias sociales podría llegar a fundamentar la moral. “El camino era indirecto, difícil y largo. Pero Durkheim lo creía seguro”. Durkheim en lugar de deducir la moral de la ciencia, aplicó al estudio de la moral los métodos objetivos de la ciencia, y ahí se encontró “si no el origen primero, sí por lo menos un momento decisivo de elaboración de la sociología contemporánea”.

Y el mismo Durkheim hacía referencia a esta relación intrínseca. Hablando de la realidad sui generis de la sociedad decía: “Argumento de sentido común que ha paralizado durante mucho tiempo y aún hoy el esfuerzo de la sociología y el progreso de la moral laica pues el uno es solidario del otro”.
El contenido de los cursos semanales sobre educación moral que Durkheim impartió a profesores de enseñanza primaria, fue publicado por Fauconnet en 1925 y según él mismo dice en el Avertissement, corresponde al primer curso sobre la Ciencia de la Educación que Durkheim impartió en la Sorbona en 1902-1903 y que repitió en 1906-1907 sin modificar la redacción. Este curso constaba de veinte lecciones, de las que se publicaron dieciocho. De las dieciocho clases publicadas la primera era una introducción sobre la moral laica. A continuación la obra se dividía en dos partes netamente diferenciadas. La primera parte constaba de siete lecciones en las que se analizaba la moral desde el punto de vista sociológico. Durkheim buscaba la fundamentación científica, racional de la moral, y, a partir de ahí, deducía los elementos constitutivos de la moral: la disciplina, la adhesión a los grupos sociales y la autonomía de la voluntad. La segunda parte, que constaba de diez lecciones, estudiaba la naturaleza del niño y los medios que se debían poner en la escuela para que la aprendiera.

Tres años antes, Fauconnet en la Introducción a Éducation et Sociologie de 1922 explicaba brevemente el objetivo de Durkheim con esos cursos sobre la enseñanza moral: “La educación moral completa reclama, hoy una enseñanza de la moral: dos cosas que Durkheim distingue netamente, aunque la segunda sirve para completar la primera. A él le parecía indispensable, incluso en la Escuela primaria, que el maestro enseñe al niño lo que son las sociedades donde está llamado a vivir.
¿Cuál es el fundamento de la moral?
Durkheim busca una racionalización de la moral, pero no se conforma con cualquier moral. Su deseo es renovar la moral desde dentro, adaptándola a los nuevos tiempos, más racionales, más científicos y, por tanto, necesita buscar en qué fundamentarla para que sea válida, real, vivida por los hombres de su época, más racionales, como afirma al principio de La educación moral. A Durkheim le animaba una idea: la de dar al hombre y a la sociedad una regla de conducta y justificarla racionalmente de forma que se impusiera necesariamente a todos los hombres, y sirviera de principio a la moral (derecho y costumbres) y a la política.
La moral, en su concepción general y en su formulación, aparecía más fundamentada en la religión, o mejor dicho en la Revelación, que en la naturaleza humana, común a creyentes y no creyentes. Las dificultades para expresar en aquella época la realidad moral como relativa a una ley natural, y la creencia en la “omnipotencia” de la razón y de la ciencia llevaron a muchos intelectuales a proseguir una fuerte corriente intelectual que buscaba el fundamento de la moral más en fuentes racionales que religiosas. El proceso que va a seguir Durkheim tiene un punto de partida y de llegada que resulta en sí mismo, en nuestra opinión, contradictorio. En efecto, a lo largo del desarrollo intenta distanciarse de Kant para no partir de conceptos a priori y basarse solamente en la observación de hechos, pero la consecuencia última de su desarrollo parece que implica, desde el principio, un a priori.

El único objeto posible para la investigación moral, en su opinión, son los juicios de la conciencia común tal como se presentan a la observación. Esa observación le conduce a percibir que hay unos elementos fundamentales de la moralidad que remiten a “algo” que impone con autoridad una actuación conforme a unas reglas. Debe apoyar esa moral en algún sitio, para fundamentarla y que sea punto de referencia para todos los hombres. Es consciente que la religión y la moral han estado durante muchos siglos unidos y no se puede separar una sin la otra sin que aparezca una moral “empobrecida y descolorida”; achaca esta unión a la imaginación de los hombres primitivos que necesitan apoyar sus reglas morales en algo y han imaginado mitos religiosos que los sustenten.
La coherencia de su pensamiento le conduce a apoyar esta moral en algo externo al individuo, superior a él y que sea visible por él. Lo único que encuentra es la sociedad y a ella aplica todos los caracteres que cree necesarios para darle la suficiente relevancia.

Durkheim es consciente de que hay que sustituir el fundamento de la moral por algo que no sea divino pero que tenga la misma fuerza imperativa. Él ser a quien la moralidad liga nuestras voluntades y al que convierte en objetivo principal de la conducta no puede ser sino el ser divino o el ser social descartando la primera por cuanto no compete a la ciencia.

Durkheim quiere eliminar lo religioso de la moral, pero no lo logra, por que termina atribuyendo rasgos divinos y religiosos a un ser "racional" (la sociedad) a la que constituye como constructora y garante moral del individuo.

Es verdad que con sus explicaciones da fundamento a una moral laica que debía ser enseñada en las escuelas, pero también es verdad que acaba por unir dos mundos (el religioso y el moral) que así mismo se había dispuesto a separar. Confunde de dios y la sociedad.

Parece pues que Durkheim, aunque quiere ser fiel al método científico y no a partir de ninguna a priori, no lo logra, porque rechaza de entrada acceder a dónde realmente le conducen sus investigaciones, y por el contrario fuerza a las ideas para demostrar lo que él quiere.

Para Durkheim la moral es un elemento clave del individuo y de la sociedad en general, todo pueblo tiene su moral. Esto implica que se encuentra con una tradición de siglos que ha ido elaborando sus propios modos de vivir.

En Durkheim no aparece claro si la moral tiene exclusivamente un contenido religioso o está referido su a las costumbres o ambas cosas a la vez, porque él quiere extraer su moral de lo religioso, como vimos, pero por otro lado afirma que el derecho y las costumbres y fijan la conducta humana. Más bien podemos pensar que son las dos cosas a la vez.

Según Durkheim la moral es un conjunto de reglas definidas que existen, que ya están determinadas y "viven y funcionan alrededor nuestro". Es decir el papel de la moral es en primer término, determinar la conducta, fijarla, sustraerla a la arbitrariedad individual.

El parte de los hechos observables y éstos le demuestran como algo incontestable, que existen " prácticas moralmente obligatorias". Por lo tanto su tarea consistirá en conocer donde se apoyan, qué manifestaciones tienen estas obligaciones morales y explicar su necesidad pero no en demostrar su existencia.

Para él la obligación moral tiene un fundamento objetivo desde el momento en que existe por encima de nosotros un ser que nos obliga, la sociedad.
Los hechos le van a conducir a comprobar que la vida moral, como la vida humana referida a otros ámbitos: fisiológicos, económicos, jurídicos. Que impone a alguien una autoridad y que obliga al individuo a una disciplina de la vida.​



Los hechos demuestran que el hombre goza de una libertad que no se puede imponer, y por tanto esta obligatoriedad impuesta reclama ser compatible con la autonomía personal. ​



La función de la moral consiste en regularizar la conducta de las personas, hacer que se actúe conforme a unas reglas. Es decir “implica cierto poder para contraer hábitos, cierta necesidad de regularidad”. ​



La regla aparece como una orden o un consejo imperativo, de tal modo que la considera como una forma de actuar que no podemos cambiar, no somos libres de modificarla, porque en sí misma se nos resiste, nos supera, nos obliga, nos domina, en definitiva. Ni su existencia ni su propio modo de ser dependen del hombre. “Es lo que es, independientemente de lo que somos”.​



Los hábitos son, pues, para Durkheim, un elementos básico de la moralidad, hasta el punto que llega a decir que “quien es refractario a todo lo que es hábito corre el riesgo de ser también refractario a la moralidad”. No cabe, pues, plantear la relación entre hábito y regla como algo rígido, puesto que el primero nos habilita para lo segundo y nuestra naturaleza tiene aptitud y predisposición para vivir conforme a esa regla, el hábito es la palanca que lo facilita.​



La relación entre hábito y regla están claras, el primero hace que asumamos la segunda y la ¿Qué sucede cuando no se quiere asumir esas reglas y vivir conforme a ellas? Según Durkheim: “los hombres que no saben sujetarse a ocupaciones definidas son siempre mirados con desconfianza por la opinión. Y es porque su temperamento moral falla por la base y, en consecuencia, su moralidad es incierta y contingente en el mayor grado. Efectivamente: si rehúsan dedicarse a funciones regulares, es porque les repugna todo hábito definido, porque su actividad se resiste a dejarse encerrar en formas demarcadas, porque experimentan la necesidad de permanecer en libertad. Su conclusión es clara: indeterminación lleva siempre a la inestabilidad en la actuación. ​


Disposiciones Fundamentales de la Moral
La disciplina es instrumento de liberación y libertad. En primer lugar es importante darse cuenta que, según Durkheim, la ausencia absoluta de reglas conduce al caos y al desorden. Es decir, la destrucción de las reglas conlleva a demostrar que no se puede vivir sin ellas. Por el contrario, libertad y reglamentación son dos realidades que van unidas y no son opuestas sino que se necesitan mutuamente, ya que “la libertad es fruto de la reglamentación.​


Bajo la acción y la práctica de las reglas morales adquirimos el poder de dominarnos y regularnos, que es todo lo real de la libertad. Son también estas reglas las que, gracias a su autoridad y fuerza, nos protegen contra las fuerzas inmorales o amorales que nos asaltan por todos lados. Lejos de que la regla y la libertad se excluyan como antinomias, ésta no es posible sin aquélla. Pero la regla no debe ser aceptada con resignada docilidad, merece ser amada. Es una verdad que debe recordarse actualmente y sobre la cual nunca es suficiente llamar la atención, pues vivimos en una de esas épocas revolucionarias y críticas en las cuales la autoridad debilitada de la disciplina tradicional puede dar lugar al espíritu de anarquía”​

Las conclusiones que se desprenden de su planteamiento son interesantes: el conocimiento de la naturaleza de las leyes permite descubrir su bondad y, como consecuencia, conduce a obedecerlas voluntariamente, no a no obedecerlas, y a ser tan libres como cuando realizamos un acto por propia iniciativa. ​



La ciencia es la fuente de toda autonomía y así “lo que hace que el creyente admita que el mundo es bueno en principio, puesto que es obra de un ser bondadoso, podemos hacerlo nosotros a posteriori, en la medida en que la ciencia nos permite establecer racionalmente lo que la fe postula a priori”​



El punto de llegada de Durkheim es interesante en cuanto rescata la idea de la imposibilidad de la libertad de tender siempre al infinito y de no someterse a ninguna regla externa al propio individuo, y ni siquiera a las limitaciones normales del propio individuo. Permite, además, recuperar la noción de que la libertad se basa en el conocimiento de la realidad y que se es más libre en la medida que se conoce más, y de que la obediencia a las leyes no es algo ajeno al individuo sino que va unido a su propia condición natural. Pero, por otra parte, se ve difícil como una vez que la moral es representada en el propio individuo, ésta puede permanecer fiel a la naturaleza de las cosas y no se convierta en algo dependiente de la subjetividad o los intereses del propio sujeto. ​



El espíritu de disciplina
MUCHAS GRACIAS
POR SU ATENCIÓN
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