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Copy of Tentaciones de los agentes pastorales

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Jafet Peytrequin

on 8 October 2014

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Transcript of Copy of Tentaciones de los agentes pastorales

Evangelii
Tentaciones de los
Agentes Pastorales.
Gaudium
Como hijos de esta época, todos nos vemos afectados de algún modo por la cultura globalizada actual que, sin dejar de mostrarnos valores y nuevas posibilidades, también puede limitarnos, condicionarnos
e incluso enfermarnos.
No nos dejemos robar...
el entusiamo misionero.
Se puede advertir en algunos agentes pastorales
una preocupación exacerbada por los
espacios personales de autonomía y de distensión.
La vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora.
Algunos ambientes transmiten una marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia, y un cierto desencanto. Como consecuencia, aunque recen, muchos agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones.
Terminan ahogando su alegría misionera en una especie de obsesión por ser como todos y por tener lo que poseen los demás. Así, las tareas de evangelización se vuelven forzadas y se dedican a ellas pocos esfuerzos y un tiempo muy limitado.
Relativismo Práctico.
Quienes aparentemente poseen solidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas o a espacios de poder y de gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la mision.
No nos dejemos robar...
la alegría evangelizadora.
Las personas "necesitan" imperiosamente preservar sus espacios de autonomía, como si una tarea evangelizadora fuera un veneno peligroso y no una alegre respuesta al amor de Dios que nos convoca a la misión y nos vuelve plenos y fecundos.
Algunos se resisten a probar hasta el fondo el gusto de la misión y quedan sumidos en una acedia paralizante.
El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo
las actividades mal vividas
, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable.
De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado.
Se desarrolla la psicología de la tumba.
Desilusionados con la realidad, con la iglesia o consigo mismos, viven la
constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona
, sin esperanza.
Llamados a iluminar y a comunicar vida, finalmente se dejan cautivar por cosas que solo generan oscuridad y cansancio interior, y que
apolillan el dinamismo apostólico.
No al pesimismo Estéril
Una de las tentaciones mas serias que ahogan
el fervor y la audacia es la
conciencia de derrota
que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre.
El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo
es bandera de victoria que se lleva con una ternura combativa
ante los embates del mal.
Es cierto que en algunos lugares se produjo una <<desertificación>> espiritual, pero, en el desierto se vuelve a descubrir lo que es esencial para vivir; así,
en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios,
del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza.
Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo
Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien.
Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos.
Así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden
relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados
, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad.
Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr
el riesgo del encuentro con el rostro del otro
, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros.
No a la "mundanidad espiritual"
Es buscar, en lugar de la gloria del Señor,
la gloria humana y el bienestar personal.
Toma muchas formas, de acuerdo con el tipo de personas y con los estamentos en los que se encierra. Por estar relacionada con
el cuidado de la apariencia
, no siempre se conecta con pecados públicos, y por fuera todo parece correcto.
Esta mundanidad puede alimentarse especialmente de dos maneras profundamente emparentadas.…
Nos entretenemos vanidosos hablando sobre «lo que habría que hacer» —el pecado del «habriaqueísmo»— como maestros espirituales y sabios pastorales
que señalan desde afuera.
Cultivamos nuestra imaginación sin límites y perdemos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel.
Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia.
Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia
y sus intereses y, como consecuencia de esto, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien.
Una es la fascinación del gnosticismo, una
fe encerrada en el subjetivismo
, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan.
La otra es el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de
quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas
y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado
… En los dos casos, ni Jesucristo
ni los demás interesan verdaderamente.
No a la guerra entre nosotros
La mundanidad espiritual
lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos
que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica… Más que pertenecer a la Iglesia toda, con su rica diversidad, pertenecen a tal o cual grupo que se siente diferente o especial.
A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente.
Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros
, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis
¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto!
Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos
, que son de todos.
Me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos
de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones
que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?
¡Pidamos al Señor que nos
haga entender la
LEY DEL AMOR!
Otros desafíos Eclesiales
Los laicos:
Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales,
este compromiso no se refleja
en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad.
La mujer en la sociedad:
es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Porque «
el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social
; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral» y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales.
La pastoral juvenil:
Cabe reconocer que, en el contexto actual de crisis del compromiso y de los lazos comunitarios,
son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado
. Algunos participan en la vida de la Iglesia, integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en sus propias diócesis o en otros lugares.
Las vocaciones:
Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la
que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización
, sobre todo si esa comunidad viva ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración.
¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!
¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!
¡No nos dejemos robar la esperanza!
¡No nos dejemos robar la comunidad!
¡No nos dejemos robar el Evangelio!
¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!
¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!
No nos dejemos robar...

la esperanza

No nos dejemos robar...

la comunidad
No nos dejemos robar...

el Evangelio
No nos dejemos robar...

el ideal del amor fraterno
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