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Collige, virgo, rosas

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by

Sofía Vaz

on 25 October 2014

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Transcript of Collige, virgo, rosas

Collige, virgo, rosas
Significado
Origen
Recorrido por la literatura universal
Bibliografía
Su origen se remonta al poeta latino
Décimo Magno Ausonio
, h. 310- h. 395. Poeta que cultivó distintos metros, como el hexámetro y el dístico elegíaco pasando por la estrofa sáfica, a pesar de que su producción poética no fue muy extensa.
El tópico literario del
"Collige, virgo, rosas"
nace ligado al
"Carpe diem"
, pues ambos tratan de instigar al goce la vida y a combatir su fugacidad.
Está implícito en este tópico el carácter irrecuperable de la juventud y la belleza y una
invitación a gozar del amor, amor que se hace presente mediante el uso de la rosa, antes de que el tiempo robe los mejores años, los de la juventud, y los marchite.
Nos quejamos, Naturaleza, de que sea efímera la belleza de las flores:
Les arrebatas rápidamente las gracias mostradas a los ojos.
La edad de las rosas es tan larga como un solo día,
la vejez inminente las agobia, aun jóvenes.
A la que el lucero brillante vio nacer,
a ésa la vio anciana al regresar por la tarde. [...]
Recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca, y acuérdate de que así se apresura también tu edad.
Decio Magno Ausonio (h. 310- h.395)
Aunque se considera a
Ausonio
el creador del tópico, ya en el siglo I lo había pincelado
Plinio el Viejo
:
Cría la naturaleza, engendra cada día las flores y los olores mostrando (como es claro) con grande amonestación de los hombres, que aquellas cosas, que florecen con grande hermosura y admiración, desmayan y se consumen con grandísima presteza y celeridad.
Plinio, el Viejo (Siglo I)
En este poema de
Horacio
, traducido por
Fernando de Herrera
(1534-1597), podemos encontrar también el tópico:

Oh soberbia y cruel en tu belleza,
cuando la no esperada edad forzosa
del oro, que aura mueve deleitosa,
mude en la blanca plata la fineza,

y tiña el rojo lustre con flaqueza
en la amarilla viola la rosa,
y el dulce resplandor de luz hermosa
pierda la viva llama y su pureza;

dirás (mirando en el cristal luciente
otra la imagen tuya) este deseo:
¿por qué no fue en la flor primera mía?

¿Porqué, ya que conozco el mal presente,
con esta voluntad con que me veo
no vuelve la belleza que solía?.
Horacio (65 a.C. - 8 d.C)
Ya en el siglo XVI,
Francisco de Medina
escribe:

Mientras oro, grana y nieve
orna vuestro cuerpo tierno,
gozad este don tan breve,
antes que venga, y se lleve
tales flores el invierno.
De no ser cual habréis sido
entonces os doleréis;
o, viendo el tiempo perdido,
lloraréis no haber tenido
la voluntad que tendréis.
Francisco de Medina (1516-1577)
El autor francés
Pierre de Ronsard
, muestra claramente esa instigación al goce presente en este tópico literario:

Cuando seas muy vieja, a la luz de una vela y al amor de la lumbre, devanando e hilando cantarás estos versos y dirás deslumbrada: "me los hizo Ronsard cuando yo era más bella".
No habrá entonces sirvienta que al oír tus palabras, aunque ya doblegada por el peso del sueño, cuando suene mi nombre la cabeza no yerga y bendiga tu nombre, inmortal por la gloria.
Yo seré bajo tierra descarnado fantasma y a la sombra de mirtos tendré ya mi reposo, para entonces serás una vieja encorvada añorando mi amor, tus desdenes llorando.
Vive ahora, no aguardes a que llegue el mañana! Coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.
Pierre de Ronsard (1524-1585)
Robert Herrick
, autor que aparece mencionado en la película de
Peter Weir
,
El club de los poetas muertos
(1989), plasma mejor el
"Collige, virgo, rosas"
que el
"Carpe diem"
, tópico por el que se menciona en la película.

Coged las rosas mientras podáis pues los buenos tiempos vuelan; Y la misma flor que hoy te sonríe mañana estará marchita.
Cuanto más se eleve el sol, gloriosa lámpara celeste, más pronto llegará a su destino y más pronto caerá el ocaso.
La mejor edad es la primera, cuando están más calientes la juventud y la sangre, pero a medida que se gasta, peor y peores tiempos sucederán a los anteriores.
Así pues no seáis pacatas, aprovechad el momento y mientras tengáis oportunidad, desposaos, pues una vez que se deja pasar el momento, puede que el resto sea esperar.
(Traduc. Ángeles Fernández)
Robert Herrick (1591-1674)
Dentro de nuestra literatura, uno de los mayores poetas que destaca en el tratamiento de este tópico es
Garcilaso de la Vega
, con su Soneto XXIII:

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
Garcilaso de la Vega (1591-1674)
Fray Luis de León
también lo trata en La Oda IV:

Elisa, ya el preciado
cabello, que del oro escarnio hacía,
la nieve ha variado;
¡ay! ¿yo no te decía:
—Recoge, Elisa, el pie, que vuela el día?

Ya los que prometían
durar en tu servicio eternamente,
ingratos se desvían
por no mirar la frente
con rugas afeada, el negro diente.

¿Qué tienes del pasado
tiempo sino dolor? ¿cuál es el fruto
que tu labor te ha dado,
si no es tristeza y luto,
y el alma hecha sierva a vicio bruto?

¿Qué fe te guarda el vano,
por quien tú no guardaste la debida
a tu bien soberano,
por quien mal proveída
perdiste de tu seno la querida

prenda, por quien velaste,
por quien ardiste en celos, por quien uno
el cielo fatigaste
con gemido importuno,
por quien nunca tuviste acuerdo alguno

de ti mesma? Y agora,
rico de tus despojos, más ligero
que el ave, huye, adora
a Lida el lisonjero;
tú quedas entregada al dolor fiero.

¡Oh cuánto mejor fuera
el don de hermosura, que del cielo
te vino, a cuyo era
habello dado en velo
santo, guardado bien del polvo y suelo!
Mas hora no hay tardía,
tanto nos es el cielo piadoso,
mientras que dura el día;
el pecho hervoroso
en breve del dolor saca reposo;

que la gentil señora
de Mágdalo, bien que perdidamente
dañada, en breve hora
con el amor ferviente
las llamas apagó del fuego ardiente,

las llamas del malvado
amor con otro amor más encendido;
y consiguió el estado,
que no fue concedido
al huésped arrogante en bien fingido.

De amor guiada, y pena,
penetra el techo estraño, y atrevida
ofrécese a la ajena
presencia, y sabia olvida
el ojo mofador; buscó la vida;

y, toda derrocada
a los divinos pies que la traían,
lo que la en sí fiada
gente olvidado habían,
sus manos, boca y ojos lo hacían.

Lavaba larga en lloro
al que su torpe mal lavando estaba;
limpiaba con el oro,
que la cabeza ornaba,
a su limpieza, y paz a su paz daba.

Decía: «Solo amparo
de la miseria extrema, medicina
de mi salud, reparo
de tanto mal, inclina
aqueste cieno tu piedad divina.

¡Ay! ¿Qué podrá ofrecerte
quien todo lo perdió? aquestas manos
osadas de ofenderte,
aquestos ojos vanos
te ofrezco, y estos labios tan profanos.

Lo que sudó en tu ofensa
trabaje en tu servicio, y de mis males
proceda mi defensa;
mis ojos, dos mortales
fraguas, dos fuentes sean manantiales.

Bañen tus pies mis ojos,
límpienlos mis cabellos; de tormento
mi boca, y red de enojos,
les dé besos sin cuento;
y lo que me condena te presento:

preséntate un sujeto
tan mortalmente herido, cual conviene,
do un médico perfeto
de cuanto saber tiene
dé muestra, que por siglos mil resuene.»

Fray Luis de León (1527-1591)
El
Gaudeamus igitur
(así, pues, gocemos) es una canción medieval, canción de estudiantes, que exalta el goce de vivir, usando temas a veces académicos:

Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra.
¿Dónde están los que antes que nosotros
pasaron por el mundo?
Subid al mundo de los cielos,
descended a los infiernos,
si queréis verlos.
Nuestra vida es corta,
en breve se acaba.
Viene la muerte velozmente,
nos arrastra cruelmente,
no respeta a nadie.

Viva la Universidad,
vivan los profesores.
Vivan todos y cada uno
de sus miembros,
resplandezcan siempre.
Vivan todas las vírgenes,
fáciles, hermosas!
vivan también las mujeres
tiernas, amables,
buenas y trabajadoras.
¡Viva nuestra sociedad!
¡Vivan los que estudian!
Que crezca la única verdad,
que florezca la fraternidad
y la prosperidad de la patria.
Viva también el Estado,
y quien lo dirige.
Viva nuestra ciudad,
y la generosidad de los mecenas
que aquí nos acoge.
Muera la tristeza,
mueran los que odian.
Muera el diablo,
cualquier otro monstruo,
y quienes se burlan.
Francisco Brines
, escribe
El otoño de las rosas:


Estás ya con quien quieres. Ríete y goza. Ama.
Y enciéndete en la noche que ahora empieza,
y entre tantos amigos (y conmigo)
abre los grandes ojos a la vida
con la avidez preciosa de tus años.
La noche, larga, ha de acabar al alba,
y vendrán escuadrones de espías con la luz,
se borrarán los astros, y también el recuerdo,
y la alegría acabará en su nada.

Mas, aunque así suceda, enciéndete en la noche,
pues detrás del olvido puede que ella renazca,
y la recobres pura, y aumentada en belleza,
si en ella, por azar, que ya será elección,
sellas la vida en lo mejor que tuvo,
cuando la noche humana se acabe ya del todo,
y venga esa otra luz, rencorosa y extraña,
que antes que tú conozcas, yo ya habré conocido.
Francisco Brines (1932)

Luis Alberto de Cuenca
(1950), en
Por fuertes y fronteras (1996)
, deja bien claro que hay que gozar mientras se pueda:

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlele los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

Luis Alberto de Cuenca,
Por frentes y fronteras
(1996)


“Collige, virgo, rosas, dum flos novus, et nova pubes, et memor esto aevum sic properare tuum”
Luis de Góngora
, con tono humorístico y jovial, nos dice:

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Mozuelas las de mi barrio,
Loquillas y confiadas,
Mirad no os engañe el tiempo,
La edad y la confianza.
No os dejéis lisonjear
De la juventud lozana,
Porque de caducas flores
Teje el tiempo sus guirnaldas.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Vuelan los ligeros años,
Y con presurosas alas
Nos roban, como harpías,
Nuestras sabrosas viandas.
La flor de la maravilla
Esta verdad nos declara,
Porque le hurta la tarde
Lo que le dio la mañana.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Mirad que cuando pensáis
Que hacen la señal del alba
Las campanas de la vida,
Es la queda, y os desarman
De vuestro color y lustre,
De vuestro donaire y gracia,
Y quedáis todas perdidas
Por mayores de la marca.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!


Yo sé de una buena vieja
Que fue un tiempo rubia y zarca,
Y que al presente le cuesta
Harto caro el ver su cara,
Porque su bruñida frente
Y sus mejillas se hallan
Más que roquete de obispo
Encogidas y arrugadas.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Y sé de otra buena vieja,
Que un diente que le quedaba
Se lo dejó este otro día
Sepultado en unas natas,
Y con lágrimas le dice:
«Diente mío de mi alma,
Yo sé cuándo fuistes perla,
Aunque ahora no sois caña.»

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Por eso, mozuelas locas,
Antes que la edad avara
El rubio cabello de oro
Convierta en luciente plata,
Quered cuando sois queridas,
Amad cuando sois amadas,
Mirad, bobas, que detrás
Se pinta la ocasión calva.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Luis de Góngora (1561-1627)
Bibliografía:
Entre clásicos y modernos: https://sites.google.com/site/entreclasicosymodernos/topicos-literarios-1/quomodo-fabula-sic-vita
Prezi: http://prezi.com/dnnqnfqrpw5f/collige-virgo-rosas/
El laberinto de los tópicos: http://ellaberintodelostopicos.blogspot.com.es/2010/06/el-collige-virgo-rosas-en-la-literatura_17.html
Web personal de Carmen Hernández Valcárcel: http://www.chvalcarcel.es/XVI/01%20Poesia/2.1.2%20Garcilaso%20practicas%20carpe%20diem.htm
Rosa Moreno Lengua: http://rosamorenolengua.blogspot.com.es/2013/05/topicos-clasicos.html
El buen uso de la palabra: http://elbuenusodelapalabra.blogspot.com.es/2010/09/topicos-literarios-colligo-virgo-rosas.html
Fray Luis de León,
Poesía
, Juan Francisco Alcina (ed.), Madrid, Cátedra, Letras Hispánicas, 1997
Garcilso de la Vega,
Poesías castellanas completas
, Elías L. Rivers, (ed.) Madrid, Clásicos Castalia, 1996
Afapna: http://www.afapna.es/web/aristadigital/archivos_revista/2012_agosto_1.pdf
John William Waterhouse,
My sweet rose
(1908
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