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Cisma de Oriente

Por: Leire Jiménez.
by

Leire Jiménez

on 26 April 2014

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Transcript of Cisma de Oriente

El Cisma de Oriente
PERSONAJES CLAVE
Miguel III el Beodo
(Constantinopla, 19 de enero de 840 – 23/24 de septiembre de 867), apodado el Beodo, Emperador romano de Oriente, desde 842 hasta su muerte, tercero y último de la dinastía amoriana. Nieto de Miguel II, sucedió a su padre Teófilo como emperador bizantino cuando sólo contaba con tres años de edad. Hasta su mayoría de edad gobernó su madre. Bajo su gobierno se produjo la primera separación de la Iglesia: el cisma de Focio.
León IX
(Eguisheim en Alsacia, 21 de junio de 1002 – † Roma, 18 de abril de 1054), Papa nº 152 de la Iglesia católica de 1049 a 1054.

El hecho más significativo de su pontificado fue la consumación del Cisma de la Iglesia Oriental que aunque traía sus causas desde malentendidos y enfrentamientos anteriores, estalló en 1054 cuando el papa León IX al objeto de lograr una alianza con Bizancio contra los normandos mandó una embajada a Constantinopla encabezada por el cardenal Humberto de Silva Candida y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi.

La situación en Constantinopla no era sin embargo la más propicia ya que su Iglesia estaba encabezada por el patriarca Miguel I Cerulario, quien, poco antes, había amenazado con cerrar las iglesias latinas en Constantinopla que no adoptasen el rito griego.
Miguel Cerulalio
(Constantinopla, (ha. 1000) – † 21 de enero de 1059). Patriarca de Constantinopla de 1043 a 1058. Su patriarcado coincidirá con el pontificado de León IX, y juntos protagonizaran el Cisma de la Iglesia Oriental.

Su enfrentamiento con Roma se inicia en Roma, cuando, tras acusar de herejía judaica a la Iglesia romana por utilizar pan ácimo en la Eucaristía, ordena que se cerrasen todas las iglesias de rito latino en Constantinopla que no adoptaran el rito griego, se apodera de todos los monasterios dependientes de Roma y arroja de ellos a todos los monjes que obedecían al Papa, y dirige una carta al clero en la que renovaba todas las antiguas acusaciones contra las dignidades eclesiásticas occidentales.
Ignacio de Constantinopla
Patriarca de Constantinopla, 4 de julio, 847 al 23 de octubre, 858 y desde 23 de noviembre, 867 al día de su muerte el 23 de octubre, 877. En el martirologio romano de la Iglesia Católica Romana, es considerado como un santo, con su celebridad la fecha el 23 de octubre. Era un hombre muy piadoso, abad de uno de los monasterios existentes en la ciudad, obstinado en sus decisiones. En la fiesta de Epifanía del año 857 negó públicamente la Sagrada Comunión a un tío del Emperador Miguel III. Ello motivó su deposición y destierro acusado de haber traicionado la confianza del Emperador.
Focio
(Constantinopla, ca. 820 - Bordi, de Armenia, 6 de febrero de 893) fue patriarca de Constantinopla, teólogo, escritor bizantino, y santo de la Iglesia ortodoxa. Fue la principal figura influyente en la evangelización de los eslavos y también en el llamado "Cisma de Focio".
Después de los asesinatos de Bardas y Miguel III, Focio fue depuesto por Basilio I, quien quería intentar un acercamiento a Roma, y no fue sino hasta la muerte de éste cuando Focio recuperó su sede.
La palabra ‘cisma’ significa ‘separación’. El Cisma de Oriente y Occidente, también conocido como el Gran Cisma, es, pues, la separación del papa y la cristiandad de Occidente y de la cristiandad de Oriente y sus patriarcas. Se materializó en el siglo XI y se mantiene hasta el día de hoy. Si bien la consumación se produjo entonces, las grietas que anunciaban dicha ruptura venían desde muy atrás.
El distanciamiento entre ambas Iglesias se inicia, cuando Teodosio el Grande divide a su muerte (395) el Imperio en dos partes entre sus hijos: Honorio, que es reconocido emperador de Occidente, y Arcadio, de Oriente.
Pero es precedido, además, por otras causas:
La natural antipatía y aversión entre asiáticos y europeos, unidas al desprecio que en esta época sintieron los cristianos orientales hacia los latinos, a quienes consideraban contagiados de barbarie a causa de las invasiones germánicas.
Las variaciones que fueron imponiéndose en las prácticas litúrgicas, dando lugar al uso de calendarios y santorales distintos; las continuas disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales que se originaron a partir de dividirse en dos el Imperio; la opinión extendida por todo el Oriente de que, al ser trasladada la capital del Imperio de Roma a Constantinopla, se había trasladado igualmente la Sede del Primado de la Iglesia universal; las pretensiones de autoridad por parte de los patriarcas de Constantinopla, que utilizaron el título de ‘Ecuménicos’ a pesar de la oposición de los papas, que reclamaban para sí, como obispos de Roma, la suprema autoridad sobre toda la cristiandad; la negativa de los patriarcas de Oriente a reconocer esa autoridad sobre la base de la Sagrada Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, alegando que el obispo de Roma sólo podía pretender ser “primus inter pares” (un primero entre sus iguales); y la intromisión de los emperadores en asuntos eclesiásticos, creyéndose pontífices y reyes, y pretendiendo decidir ellos solos los graves problemas de la Iglesia fueron algunos de los graves problemas religiosos.
Los papas buscaron apoyo en los reyes francos , disminuyeron el prestigio de los emperadores de Oriente, que tenían pretensiones a la reunificación del antiguo Imperio Romano. Había cinco patriarcados: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén . La raíz de toda la discordia, fue el progreso de la sede de Constantinopla los cinco patriarcas orientales estaban de algún modo enfrentados a la gran unidad occidental, lo que acentuó el contraste y creo una rivalidad fue el ascenso de autoridad sobre los otros por parte del patriarca de Constantinopla.

Fue en realidad, la política centralizadora del emperador la responsable del esquema de convertir en el centro la sede de Constantinopla. Tras haber perdido todas las tierras, los rebaños etc, los obispos de Alejandría y Antioquía no pudieron evitar el crecimiento de Constantinopla.
Cercano al año 1050, los cristianos de Oriente declararon que no querían prestar más obediencia al pontífice romano. Nació así la Iglesia Ortodoxa. La ruptura final ocurrió con el cisma provocado por Celulario en el 1054.

La ruptura abierta se declaró con el patriarca Focio, quien trató de justificarla culpando a la Iglesia cristiana de error en varios puntos como la disminución de la cuaresma, la prohibición del matrimonio a los sacerdotes y principalmente por la adición del Filolique (antes solo se decía en el Credo que el Espíritu Santo procede solo del Padre. Ahora también procede del Hijo). Estas declaraciones terminaron con la destitución y exilio de Focio.
En el siglo VII, como consecuencia de la expansión musulmana, tres de los cuatro Patriarcados orientales cayeron en poder del Islam: Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Por eso, el Oriente cristiano se identificó desde entonces con la Iglesia griega o bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera
El Cisma actualmente
CAUSAS DEL CISMA
A) De tipo étnico
B) De tipo religioso
C) De tipo político
Desde aquel instante hasta la actualidad, ambas se denominan a sí mismas Iglesia Católica Romana e Iglesia Católica Ortodoxa y reivindican también la exclusividad de la fórmula “Una, Santa, Católica y Apostólica”, al tiempo que cada una se considera como la única heredera legítima de la Iglesia primitiva y atribuye a la otra el “haber abandonado a la Iglesia verdadera”.

La Historia nos deja constancia de una intención de acercamiento entre ambas Iglesias. Así, en 1274 tuvo lugar una primera voluntad de aproximación con motivo del II Concilio de Lyon y, en 1439, volvieron a reunirse en el Concilio de Basilea, pero las dos ocasiones fracasaron por la recíproca intransigencia en algunos aspectos doctrinales y disciplinarios.

Más recientemente, algunas Iglesias orientales decidieron aceptar la primacía absoluta del papa y ahora se denomina Iglesias Orientales Católicas. A raíz del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica Romana emprendió una serie de iniciativas que han contribuido al acercamiento entre ambas Iglesias, entre las que puede contarse la declaración conjunta de 7 de diciembre de 1965, en la que el papa Pablo VI y el patriarca Ecuménico Atenágoras I decidían “cancelar de la memoria de la Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada”.

Diferencias entre Iglesias.
Las relaciones entre Roma y Constantinopla experimentaron ya una primera ruptura en el siglo V: el cisma de Acacio, que se prolongó durante treinta años. León III Isáurico un gran emperador que salvó a Bizancio de la amenaza árabe dio origen a una grave crisis religiosa, que alteró durante más de un siglo la vida del Oriente cristiano: en 726 prohibió la veneración de las imágenes sagradas y poco después ordenó su destrucción. León III pretendió que el Papa sancionase sus edictos iconoclastas y ante la rotunda negativa tomó represalias contra la Iglesia romana.
El patriarca Focio, a pesar de que sabía que abriría un abismo entre griegos y latinos, convirtió en problema la cuestión de la procedencia de la segunda persona de la Santísima Trinidad. De este modo, las diferencias entre griegos y latinos no serían solamente disciplinares y litúrgicas, sino también dogmáticas, con lo que la unidad de la Iglesia quedaba irremediablemente comprometida. Focio, un sabio eminente que personificó el genuino espíritu eclesiástico de Constantinopla, contribuyó como nadie a preparar los ánimos para el futuro cisma oriental.
El cisma llegó en los comienzos de la época gregoriana. Los violentos sentimientos antilatinos del patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario y la incomprensión de la mentalidad bizantina por parte de los legados papales Humberto de Silva Candida y Federico de Lorena, enviados para negociar una paz eclesiástica, fueron los factores inmediatos de la ruptura. Humberto depositó una bula de excomunión, el 16 de Julio de 1054, sobre el altar de la catedral de Santa Sofía; Cerulario y su sínodo patriarcal respondieron el 24 del mismo mes excomulgando a los legados y a quienes les habían enviado. El Cisma quedaba así formalmente abierto. Paralos pueblos cristianos (griego y latino), el comienzo del Cisma de Oriente pasó del todo inadvertido.
El correr del tiempo descubrió a los cristianos la existencia de un auténtico cisma, que había interrumpido la comunión eclesiástica de la Iglesia griega con el Pontificado romano y la Iglesia latina. La vuelta a la unión constituyó desde entonces un objetivo permanente de la Cristiandad. La promovieron Pontífices, la desearon en Constantinopla emperadores y hombres de Iglesia, se celebraron concilios unionistas y hubo momentos como en el concilio II de Lyon (1274) y el de Florencia (1439) en que pareció que se había logrado. No era realmente así, pero tan sólo la caída de Constantinopla en poder de los turcos y la desaparición del Imperio bizantino (1453) pusieron fin a los deseos y a las esperanzas de poner término al cisma de Oriente y reconstruir la unidad cristiana.
El camino hacia el Cisma
Algunos de los hechos más importantes fueron los siguientes:
Conspiración de Bardás contra Ignacio
Ascenso de Focio al poder
Engaño de Focio y Bardás al papa Nicolás I
Salida a la luz del engaño y excomunión de Focio. Vuelta de Ignacio al poder.
Destierro de Focio
Miguel I Cerulario y la separación definitiva
Miguel I Cerulario fue hombre altivo, prepotente y ambicioso, de poca formación intelectual, pero lleno de odio contra la Iglesia romana. Elevado a la Sede Patriarcal de Constantinopla en 1043, su ministerio coincidiría con el del papa León IX, y ambos consumarían el cisma que se venía gestando entre ambas Iglesias.

Su enfrentamiento con Roma se inicia en 1051, cuando, tras acusar de herejía judaica a la Iglesia romana por utilizar pan ácimo en la Eucaristía, ordena que se cerrasen todas las iglesias de rito latino en Constantinopla, se apodera de todos los monasterios dependientes de Roma y arroja de ellos a todos los monjes que obedecían al Papa, y dirige una carta al clero en la que renovaba todas las antiguas acusaciones contra las dignidades eclesiásticas occidentales.

En el año 1054, el papa León IX envió a Constantinopla una legación encabezada por el cardenal Humberto da Silva y los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi, portando un escrito en el que se conminaba a Cerulario a la retractación de algunos aspectos en conflicto y un decreto de excomunión en caso de que éste se negase a ello, pero el patriarca se negó a recibirlos y tratar con ellos. Ante esta actitud, los legados papales publicaron su “Diálogo entre un romano y un constantinopolitano”, plagado de burlas contra las costumbres griegas, y, el 16 de julio de 1054, depositaron la bula de excomunión en el altar mayor de la iglesia de Santa Sofía, en Bizancio (antes Constantinopla), y abandonaron la ciudad de inmediato.

Unos días después, el 24 de julio, el patriarca Miguel I Cerulario quemaba públicamente la bula papal y excomulgaba al cardenal Humberto y a su séquito. El cisma entre ambas Iglesias, que aún se perpetúa, se había consumado.
¡MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA ATENCIÓN!
Por: Leire Jiménez, 4º ESO A
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