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Literatura española: Siglo XIX. El Romanticismo. Contexto histórico-social y principales manifestaciones literarias

Presentación para la clase de literatura
by

Michele Vio

on 4 May 2015

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Transcript of Literatura española: Siglo XIX. El Romanticismo. Contexto histórico-social y principales manifestaciones literarias

Contexto histórico - social
Literatura española
1) El Siglo XIX. El Romanticismo en España. Contexto histórico-social y principales manifestaciones literarias
Principales
Manifestaciones
literarias


Apuntes: Ana Álvarez San Andrés y Michele Vio
Adaptación y realización: Michele Vio

EL ROMANTICISMO
ROMANTICISMO
Romanticismo
-
importancia de los SENTIMIENTOS:
amor no correspondido
- predomina la NATURALEZA como espejo de las emociones del autor.
La naturaleza provoca sensaciones intensas (En: "The sublime" = la potencia de la naturaleza.) y está intimamente relacionada con las emociones del autor. Ambientes nocturnos, tormentas (ver también literatura inglesa, Frankenstein, etc.)
-
dos tendencias políticas
(una conservadora ->nacionalismo, otra liberal ->libertad
- desprecio de las normas estéticas (polimetría, mezcla de géneros)
El héroe romántico
- artista genial que se siente adelantado en su tiempo, pero prefiere vivir al margen de la sociedad (para los españoles la figura del Quijote)
La Libertad guiando al pueblo
(La Liberté guidant le peuple)
Eugène Delacroix, 1830
Óleo sobre lienzo • Romanticismo
260cm × 325cm
Museo Louvre-Lens, Lens, Francia
Viajero frente a un mar de nubes
(Der Wanderer über dem Nebelmeer)
Caspar David Friedrich, 1818
Óleo sobre tela • Romanticismo
74,8 cm × 94,8 cm
Kunsthalle de Hamburgo, Hamburgo, Alemania
Saturno devorando a su hijo
Francisco de Goya, 1819-1823
Óleo sobre revoco trasladado a lienzo • Romanticismo
146 cm × 83 cm
Museo del Prado, Madrid, España
Dos viejos comiendo sopa
Francisco de Goya, 1819-1823
Óleo sobre muro, trasladado a lienzo • Romanticismo
49,3 cm × 83,4 cm
Museo del Prado, Madrid, España
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
Bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:

-Navega, velero mío,
sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.


Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
La canción del pirata - José de Espronceda
Schumann,
Träumerei
Berlioz,
Symphonie fantastique
Abbado · Berliner Philharmoniker
Chopin - Nocturne Op. 9 n. 2
Maurizio Pollini
¿Romanticismo en el siglo XX y XXI?
Orígenes:
A finales del siglo XVIII
Alemania -
"Sturm und Drang"
- defensa de la creación literaria al margen de las reglas clásicas
- revaloriza la expresión artística de los sentimientos frente al predominio de la razón
- sensibilidad prerromántica
- se manifiesta muy pronto en Inglaterra y luego se extiende por el resto de Europa
En filosofía se desarrolla el IDEALISMO
Romanticismo:
fenómeno cultural y artístico
- Primera mitad del Siglo XIX
- vinculado a una serie de circustancias históricas
Dos tendencias:
1) inicialmente CONSERVADORA - como reacción contra el poder napoleónico (romanticismo arcaizante, tradicionalista y cristiano)
2) después LIBERAL, revolucionaria: destrucción de todos los dogmas morales, políticos y estéticos hasta entonces vigentes.
-> auge: revolución francesa del 1830 y triunfo del liberalismo (en España, a la muerte de Fernando VII y vuelta de los emigrados liberales)
reacción al neoclasicismo
la imposición de reglas no resuelve los problemas de la humanidad:
predominio de los sentimientos
el INDIVIDUO protagonista
(vs neoclasicismo, sociedad protagonista)
se reivendica lo IRRACIONAL (sueños, misterio, etc.)
fuerte SUBJETIVISMO e INDIVIDUALISMO
reivendicación del YO
sentimiento de NO plenitud, de angustia vital y soledad
que empuja el hombre a huir de la realidad a través del arte
a refugiarse en lugares exóticos, lejanos,
épocas remotas (en casos extremos: SUICIDIO)
Introducción:
-
tendencia liberal: LIBERTAD como valor más importante del hombre
Defensa de la libertad en todos los ámbitos:
Individual(YO) / Colectivo (Sociedad) / Artístico (Arte)


ESQUEMA. Características principales
- exaltación de los sentimientos
- exhibicionismo del YO
- angustia vital
- huída de la realidad
- naturaleza como reflejo del estado de ánimo
- defensa de la libertad
- ambientes nocturnos
- lo NATURAL
- la fantasía
- la polimetría
¿Qué más?
- personificación de las características del Romanticismo
- héroe contradictorio: busca la admiración de sus contemporáneos, pero desprecia la sociedad en la que vive
- Ejemplos: en España, el pirata de Espronceda; en Inglaterra, Lord Byron
El Romanticismo en España
- en España el R. penetró tarde, se relaciona con el estreno de Don Álvaro y la fuerza del sino del Duque de Rivas (1835)
- Al principio destaca la corriente conservadora (caballeresca, recuperación de la Edad Media)
- Sin embargo, máximo esplendor con los liberales (los "afrancesados" Larra y Espronceda); ideales de libertad y progreso
- en España también destacan otros dos autores románticos, aunque escriban en la II mitad del siglo: Bécquer y Rosalía de Castro
El Romanticismo en Europa (y fuera...)
Inglaterra: más éxito que en el resto de Europa que en su propio país (Coleridge, Blake, Lord Byron, etc.)
Francia: libertad y progreso (Chateaubriand, Hugo, Georges Sand)
Alemania: Sturm und Drang, Goethe (Die Leiden des jungen Werthers). Tendencia nacionalista, naturaleza, mitos germanos.
Estados Unidos: Edgar Allan Poe, etc.
Italia: Giacomo Leopardi, etc.
ROMANTICISMO

Lee este texto en el que Bécquer explica su concepción de poesía lírica y distingue entre dos tipos de poesía: una producto del lenguaje poético y otra producto del sentimiento. ¿Cuál crees que elige Bécquer y por qué?

Hay una poesía magnífica y sonora: una poesía hija de la meditación y el arte que se engalana de todas la pompas de la lengua, que se mueve con una cadenciosa majestad, habla de la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura.

Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artífice, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que les toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía.

La primera tiene un valor dado: es la poesía de todo el mundo. La segunda carece de medida absoluta: adquiere las proporciones de la imaginación que impresiona: puede llamarse la poesía de los poetas. La primera es melodía que nace,se desarrolla, acaba y se desvanece. La segunda es un acorde que se arranca de un arpa y se quedan las cuerdas vibrando con un zumbido armonioso.

Cuando se concluye aquella, se dobla la hoja con suave sonrisa de satisfacción. Cuando se acaba esta, se inclina la frente cargada de pensamiento sin nombre. La uno es fruto divino de la unión del arte y de la fantasía, la otra es centella inflamada que brota al choque del sentimiento y la razón.

-
PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX:
Del Antiguo Régimen al Nuevo Régimen

Introducción. Del Antiguo Régimen al Nuevo Régimen

Durante mucho tiempo los hombres de la cultura cristiana ocidental vivieron convencidos de ciertos valores y de su verdad: de la existencia de Dios, de que la mejor sociedad era la que se dividía en quienes enseñan (clero), quienes defienden (nobleza) y quienes trabajan (estado llano) y de que el mejor modo para gobernarla era la monarquía. Estos son los pilares sobre los que se sustentaba lo que se conoce como Antiguo Régimen, una escala de valores incuestionables que daba al pueblo sensación de estabilidad y seguridad. Sin embargo, estas convicciones se fueron minando a lo largo los siglos XVII y XVIII dando lugar a una nueva concepción del mundo, más dinámica y menos segura, lo que se conocerá como Nuevo Régimen, que crea una sensación general de desasosiego, de búsqueda y de inquietud, ya que lo absoluto deja espacio a lo relativo y, por tanto, a la posibilidad y la obligación de elegir.
(Reflexionar acerca de la importancia y la dificultad de ser críticos).

El cambio más profundo y significativo que implicó esta nueva manera de entender el mundo fue la paulatina supresión de los estamentos y los privilegios de clase, distribuyendo mejor la propiedad y logrando una sociedad abierta; no obstante, es preciso señalar que quienes llevan la bandera de este cambio no son los campesinos y los trabajadores, sino los intelectuales y profesionales de prestigio, herederos de la burguesía. Ante este panorama la clase media experimenta un notable incremento, favorecido por el desarrollo de la industria y el comercio, mientras que el poder de la nobleza y el clero disminuye sensiblemente. El sistema de gremios de las ciudades empieza a debilitarse y los trabajadores escapan de estas organizaciones para trabajar como obreros a jornal en factorías o plantas industriales, creándose así la base del sistema capitalista.

Esta nueva sociedad moderna de clases implica casi irremediablemente enormes novedades en otros ámbitos, como el político, el jurídico o el económico. En primer lugar, a nivel político se pretende disminuir el poder del monarca y concentrarlo en órganos que representen a los ciudadanos, en un lento camino hacia la democracia. En segundo lugar, a nivel jurídico, se pide la igualdad ante la ley de los ciudadanos y la abolición de los privilegios. En tercero y último lugar, a nivel económico, se impone la idea de una libertad paralela a la libertad política. Estos tres aspectos representan una misma revolución mundial que se mueve en torno a tres ejes: la clase media, el capitalismo y el liberalismo; lo que supone la entrada en la Edad Contemporánea.

Sin embargo, en España el paso del Antiguo al Nuevo Régimen no resulta nada fácil. De hecho, el siglo XIX español está caracterizado por una gran inestabilidad (130 gobiernos, nueve constituciones, cinco guerras civiles, tres destronamientos, etc.), debida a dos causas principales. Por una parte, a partir de la Revolución Liberal y las cortes de Cádiz, que rompen radicalmente con el Régimen anterior, sea crea un ambiente propicio de protesta y la conciencia de que es posible levantarse contra el poder establecido, de manera que hay muchísimas revoluciones que incrementan esa falta de estabilidad del Estado. Por otra parte, no existen Gobiernos fuertes durante este periodo, ya que los que gobiernan son una minoría intelectual y burguesa que se basa en unos principios elitistas y proteccionistas de su propia clase que no comparte el resto de la población, cuyo descontento va en aumento.

A principios de siglo la gran mayoría del pueblo español sigue fiel a las ideas y a las costumbres tradicionales, a la monarquía, a la Iglesia, y sólo a las puertas del siglo XX una buena parte de esos españoles (los obreros de las fábricas y los jornaleros del campo) abraza las nuevas ideas representadas por el socialismo o el anarquismo, sin que durante ese tránsito haya coincidido con el liberalismo del régimen oficial. Es este, y no todos los Gobiernos que se suceden, el hecho más importante del siglo.

La Guerra de la Independencia
1808-1814
El 2 de mayo de 1808 las tropas francesas invadieron el territorio español y pusieron en el trono que había sido de carlos IV a José I Bonaparte, que no reinaría durante mucho tiempo ya que, al contrario de lo que suponía su hermano Napoleón, la mayoría de los españoles se reveló contra esta usurpación y se levantó para reivindicar su soberanía. A pesar de que el pueblo español inició una guerra de manera espontánea, en un principio casi sin armas, los alzamientos contra los franceses empezaron a triunfar poco a poco y, a pesar de algunas derrotas, siguieron defendiéndose y atacando utilizando la vieja técnica de la guerrilla. Esta lucha tenaz, la primera guerra popular, obtuvo sus frutos pocos años después, gracias a la incorporación de verdaderos cuerpos del ejército y de tropas inglesas, poniendo fin a la guerra de la Independencia en 1814, con el regreso de Fernando VII a España y la abdicación de Bonaparte.
Las Cortes de Cádiz
1810-1814
Primera Constitución
"La Pepa" 1812
Durante la contienda se produjo un hecho aparentemente secundario que, sin embargo, iba a ser de vital importancia en la transformación política, social y económica de España. Entre 1810 y 1814 se reunieron de manera extraordinaria las Cortes de Cádiz, cuyos organizadores, un minoritario grupo de intelectuales y profesionales, comprendieron que tenían ante ellos una ocasión única para reformar el régimen español sin resistencia y convertirlo en un sistema liberal. Ya se preocuparían después de solucionar las dificultades de aplicar las reformas a un nivel práctico.

Desde el punto de vista político, se proclamó la soberanía nacional, se promulgó la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), se concedieron algunas libertades y se aprobó la Constitución de 1812, conocida como la Pepa. Hubo también reformas de tipo administrativo: la división del país en provincias, gobernadas por un gobernador civil, y social, la eliminación de los señoríos, la declaración de la igualdad de todos los españoles ante la ley y la supresión de la Inquisición. Por lo que se refiere a la economía, se declaró plena libertad de producción, de comercio y de precios; además, los gremios se eliminaron, de manera que quedó abierta la puerta al capitalismo.

Al terminar la guerra de la Independencia, los españoles se econtraron con unas bases legales completamente transformadas, tal vez como en ningún otro momento de su historia, que, sin embargo, hallaron enormes dificultades para implatarse a nivel práctico.

Fernando VII
(1814 – 1833)
Primer Sexenio (1814 – 1820)
El trienio constitucional (1820 – 1823)

Década Ominosa o
segunda restauración
del absolutismo (1823-1833)
Primer Sexenio (1814 – 1820)

Cuando el monarca regresó a España, en el país se vivía un momento de furor por la victoria contra los franceses, pero la guerra y los cambios políticos habían dejado una situación poco esperanzadora. Los españoles se encontraban divididos en tres grandes grupos: los conservadores, partidarios del Antiguo Régimen, sin reforma alguna; los innovadores o liberales, que perseguían introducir de modo pacífico los principios liberales de la Revolución Francesa; y los renovadores, que pretendían establecer ciertas reformas sin romper con la tradición española. Por otra parte, la economía española se hallaba en una grave crisis, debida, sobre todo, a la emancipación de los territorios americanos. Fernando VII, que no aplicó los principios del Nuevo Régimen, poco pudo hacer ante tal desastre y algunos liberales aprovecharon este fracaso para organizar pronunciamientos, uno de los cuales triunfó en 1820, obligando a Felipe VII a claudicar y a jurar la Constitución.

El trienio constitucional (1820 – 1823)

Con la revolución de 1820 España puso en práctica por primera vez el sistema liberal de las Cortes de Cádiz, encontrando los primeros obstáculos en la aplicación concreta de los decretos. Además, los partidarios del Nuevo Régimen se dividieron en dos grupos que constituirían los dos primeros partidos del liberalismo español: por un lado, los moderados, los ideólogos de las Cortes de Cádiz, y por otro, los exaltados, que habían hecho la revolución del 1820. Las luchas entre estos dos bandos no hizo sino aumentar el descontento del pueblo, que se volvió a levantar contra el poder, provocando una guerra civil. Fernando VII , ayudado por tropas extranjeras, restableció su poder.

La década final (1823 – 1833)

Durante estos años, en los que el país gozaba de una cierta recuperación económica, el monarca, a pesar de llevar a cabo algunas reformas, perdió el apoyo de muchos liberales e incluso de los realistas, que ponían sus esperanzas en Carlos, hermano del rey y heredero al trono. El matrimonio de Fernando VII con María Cristina de Nápoles y el nacimiento de la hija de ambos, la princesa Isabel, aumentó el descontento de la oposición, que se convirtió en indignación cuando Fernando promulgó la Pragmática Sanción que anulaba la Ley Sálica y reconocía el derecho al trono a las mujeres. Los liberales aceptaron e incluso defiendieron la decisión del rey, ya que veían la oprtunidad de alcanzar el poder sin la necesidad de una revolución, mientras que los carlistas veían una amenaza en la figura de Isabel. De hecho, en 1833, cuando murió Fernando VII, los liberales habían ocupado los más importantes puestos en el Gobierno y habían logrado imponer el Nuevo Régimen.

En realidad, ni Carlos ni Isabel representaban uno u otro régimen, pero los partidarios de ambos bandos usaron sus figuras como banderas de una serie de principios enfrentados, dividiendo España en dos ideologías que irían alejándose cada vez más creando una fuerte tensión en el país, que aumentaría durante los años sucesivos hasta el punto de desencadenar una brutal guerra civil en 1933.

Durante estos años, las ideas de la Revolución Francesa habían cruzado el Atlántico alcanzando las posesiones españolas en América, que lucharon por independizarse de la metrópoli, y al morir el monarca sólo Cuba, Puerto Rico y Filipinas seguían bajo la soberanía española. Esto supuso un factor fundamental en el proceso de decadencia de España, que vio cómo su economíacaía en una profunda crisis al perder las materias primas y los metales que durante tantos años habían llegado a sus puertos.

1833 muerte de Fernando VII.
La consagración
del régimen liberal

Tras la muerte de Fernando VII el liberalismo prevaleció en España, a pesar de que tuvo que disputar su poder con los partidarios de Carlos. Sin embargo, no es la reina quien gobierna, tan siquiera los regentes, sino una selecta minoría, formada por intelectuales, hombres ricos y militares, que, aún siendo de corte liberal, aborrece la democracia y apenas se preocupa por los problemas del pueblo.

Durante los primeros años del reinado de Isabel II, siendo regente su madre, María Cristina, estalló una guerra civil entre los defensores de la reina y los partidarios de Carlos que terminaría en 1839 con la victoria de los liberales. No obtante, el liberalismo de quienes ostentaban el poder era bastante moderado y protegían los intereses de la alta burguesía, sembrando el descontento entre la clase media. La situación económica no era de las mejores y los partidarios del nuevo régimen pusieron sus esperanzas en el nombramiento de un nuevo ministro, Mendizábal, que llevó a cabo medidas extremas, como la desamortización de los bienes de la Iglesia y de algunos municipios. Esta medida consistía en quitar a la Iglesia sus bienes y venderlos a propietarios privados, lo que provocó una situación de desigualdad aún mayor a la precedente, ya que sólo quienes ya poseían tierras y riquezas podían permitirse adquirir los bienes subastados. En definitiva, la tierra tendió más a concentrarse que a repartirse.

-
Época de los moderados (1843 – 1854)

La época de la unión liberal (1854 – 1868)

La época de los sistemas efímeros
(1868 – 1874)



-
La época de la restauración
(1875 - 1898)

Época de los moderados (1843 – 1854)

A partir de 1840, la regente María Cristina, que ya no era necesaria para los liberales, abandonó el poder y su lugar fue ocupado por Espartero, general progresista que no tardó en ganarse enemistades entre los moderados. Sus medidas crearon un descontento general y una revolución acabaría con su regencia en 1843. A partir de entonces y hasta 1854, gobernaron los moderados, burgueses conservadores que lograron mejorar la situación económica del Estado, favoreciendo las obras públicas y las inversiones privadas. El resultado fue un desarrollo industrial que, aunque más lento que en otrso países europeos, implicaba el final de la artesanía y el nacimiento de los obreros a jornal.


La época de la unión liberal (1854 – 1868)

A pesar de los éxitos o quizá por ello, la impaciencia de los progresistas aumentaba, pero no resultaba fácil sustituir a los moderados en el poder. Sin embargo, las revueltas que tuvieron lugar durante esos años dieron sus frutos y en 1854 la revolución triunfó y Espartero fue llamado al poder.

Los primeros años fueron excesivamente extremistas, de modo que al final se optó por una opción de un partido intermedio, la Unión Liberal, dirigida por O’Donnell, que gobernó con acierto y sin complicaciones. Eso sí, su gobierno coincidió con un periodo de prosperidad económica, debida en parte al clima pacífico y de calma que reinaba en el país. En cualquier caso, la prosperidad y la tranquilidad no duraron mucho y los hombres del partido, a falta de un programa concreto, empezaron a enfrentarse por diversas cuestiones. Esa situación de tensión y las malas relaciones con la reina hundieron a la Unión Liberal.

Con la caída de la Unión Liberal se incia el camino hacia la caída de Isabel II. Ni los progresistas en el gobierno ni los moderados en la oposición ofrecen ideas frescas o soluciones para establecer un buen gobierno, así que los demócratas empiezan a ver una rendija por la que colarse en el poder. Los demócratas propugnaban la soberanía nacional y gracias en gran medida a su demagogia lograron llevar a cabo una revolución que triunfó en 1668.



La época de los sistemas efímeros (1868 – 1874)

La revolución de 1868 que derribó la monarquía de Isabel II fue provocada por varios factores: desde un punto de vista político se había producido un desgaste de los partidos que los últimos años habían ocupado el poder mientras que, al mismo tiempo, surgían nuevas fuerzas como los demócratas; desde un punto de vista social, las masas habían empezado a protestar por sus condiciones precarias y por las consecuencias de la crisis económica. Tras la revolución se convocaron elecciones, de las que resultaron vencedores los progresistas. El nuevo gobierno elaboró una Constitución en la que se proclamaban los derechos del ciudadano, la soberanía nacional, el sufragio universal y la libertad religiosa. La figura del rey quedaba relegada a un plano exclusivamente representativo.
Se eligió como monarca a Amadeo de Saboya, un príncipe italiano, que a los dos años de reinado se vio obligado a abdicar, dejando en evidencia el fracaso de la monarquía democrática. Se abrió entonces el camino para el ensayo de un nuevo sistema político, la primera República española. Un vez superado el entusiasmo inicial, el gobierno empezó a debilitarse y a no ser obedecido por nadie, además, el federalismo se convirtió en un pretexto para que algunas regiones españolas autoproclamaran sus propias repúblicas, creándose así una desmembración del país.

La época de la restauración (1875 - 1898)

A finales de 1874 un golpe de estado terminó con la República y el general Martínez Campos proclamó a Alfonso XII, hijo de Isabel II, como rey de España. Este episodio se conoce como la Restauración borbónica y se acogió como la única salida posible a la crisis política del momento. Sin embargo, no se estableció un gobierno antiguo y tradicional, sino uno estable, realista y funcional, gracias al cual el país vivió un periodo de normalidad sin precedentes y cuyo principal artífice fue Cánovas del Castillo.

Fue la época dorada del progreso técnico, de los medios de comunicación, de la industria y, sobre todo, de la burguesía, que se olvidó enseguida del difícil recorrido que la había llevado hasta allí y se dedicó a disfrutar de sus privilegios de manera frívola y desenfadada. No obstante, la prosperidad alcanzó solo a las clases altes y parte de las medias, pero el problema social seguía latente y las condiciones de las clases modestas y de los obreros no mejoraron. Este desequilibrio es el germen de la lucha de clases que está por llegar. Poco a poco empezaron a introducirse en España las ideas marxistas provenientes de Europa e, impulsado por ellas, Pablo Iglesias fundó el Partido socialista obrero español en 1879, con el objetivo de obtener el poder por medios políticos y entregárselo al proletariado, que al fin y al cabo constituía la masa más amplia de la sociedad. El crecimiento del partido fue lento y tuvo que esperar hasta 1901 para conseguir el primer diputado en el congreso.

La Restauración es testigo de un periodo de esplendor científico y cultural, consecuencia del nacimiento de una conciencia y una inquietud intelectuales que se oponen a la vulgaridad y al conformismo de los grandes sectores de la sociedad, y que cuenta con grandes eruditos como Menéndez Pelayo, científicos como Ramón y Cajal y escritores como Valera y Galdós.

La tranquilidad de los últimos años del siglo XIX se vio turbada por un problema que fue aumentando hasta convertirse en un desastre. España luchaba por su último territorio americano, la isla de Cuba, pero tuvo que enfrentarse a un enemigo que no se esperaba, los Estados Unidos. La guerra de Cuba fue breve y fácil para los norteamericanos y no hubo más remedio que pedir la paz. En la Paz de París, firmada en 1898, España perdía Cuba, Puerto Rico y Filipnas, últimos testimonios del viejo imperio, y con ellos se perdía la ilusión y la alegría de una época provocando un inesperado colapso moral.

La poesía
José de Espronceda
1808-1842
Gustavo Adolfo Bécquer
Sevilla 1836 - 1870
Rosalía de Castro
1837 - 1885
La prosa
EL COSTUMBRISMO
Mariano José de Larra
La novela social
La novela Histórica
La novela de costumbre
Las leyendas de Bécquer
Madrid 1809 -1837
El teatro
El Duque de Rivas (1791 - 1865)
Don Álvaro o la fuerza del sino (1835)
José Zorrilla y Moral (1817-1889)
Don Juan Tenorio (1844)
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