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Lucro cesante y daño emergente

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by

David Ayala

on 26 September 2014

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Transcript of Lucro cesante y daño emergente

Lucro Cesante y Daño Emergente
Econ. David Burbano
Portoviejo
SEPTIEMBRE 2014

En lo relacionado al pago de indemnizaciones cuando se causa un daño o perjuicios, hay que considerar dos conceptos muy diferentes como lo es el lucro cesante y el daño emergente, y no siempre corresponde indemnización por los dos conceptos, lo que dependerá de cada situación en particular.
LUCRO CESANTE Y DAÑO EMERGENTE
El lucro cesante hace referencia al lucro, al dinero, a la ganancia, a la renta que una persona deja de percibir como consecuencia del perjuicio o daño que se le ha causado. Si una persona no hubiera sufrido de un daño o perjuicio, se hubiera seguido lucrando sin problemas, lucro que se pierde, que cesa por culpa del daño o del perjuicio, y por supuesto que el responsable será quien causó el daño y el perjuicio, y en algunos casos tendrá que indemnizar a la víctima del daño o perjuicio.
Daño emergente
Si un vehículo se estrella sobre una casa y la deja inhabitable, el daño emergente comprende el valor de la casa que fue afectada, y comprendería toda erogación necesaria para reconstruir la casa y si eso no fuera posible, proveer otra de iguales o similares condiciones.
El daño emergente comprende únicamente lo relacionado a lo necesario para volver el bien dañado a su estado anterior a la ocurrencia del hecho que causó el daño.

En ese orden de ideas, cualquier indemnización por daño emergente comprenderá únicamente el monto o valor necesario para reestablecer el estado anterior de las cosas, más no puede comprender cualquier aspiración adicional relativa a los perjuicios futuros derivados de la imposibilidad de gozar del bien afectado o de obtener utilidad o ganancia de él. Esa aspiración comprende otro concepto denominado lucro cesante.

 FORMAS DE DAÑO PATRIMONIAL
La Afectación patrimonial es la que desencadena la reclamación de estos

FORMAS DE DAÑO PATRIMONIAL
Para efectos jurídicos, esto es, a la hora de reclamar judicialmente por un daño causado, es imprescindible determinar cuál ha sido el objeto receptor del daño. Si el objeto receptor del daño ha sido un bien, mueble o inmueble, el daño es patrimonial, porque afecta el patrimonio del dueño de los bienes dañados.

Si partimos definiendo a la responsabilidad en general como: “la necesidad efectiva, o eventual, en que se encuentra una persona de hacerse cargo de las consecuencias gravosas de un acto que se le atribuye como propio. La necesidad puede ser efectiva, si la responsabilidad ya ha surgido por la realización del hecho, o eventual si el hecho no se ha realizado aún, pero de realizarse el sujeto debería responder” 1 Corral Talciani, Lecciones de Responsabilidad Civil Extracontractual, p.13.

La Responsabilidad Civil o Reparadora
Este tipo de responsabilidad puede ser contractual o extracontractual.
DEFINICIÓN DE RESPONSABILIDAD CIVIL.
“La obligación en que se coloca una persona para reparar adecuadamente todo daño o perjuicio causado; la que resulta ser civil si se origina en la trasgresión de una norma jurídica que afecte el interés de una de determinada persona”
REQUISITOS DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL
Hecho
Responsabilidad por un hecho propio
La regla general es que quien tiene capacidad para obrar puede asumir responsabilidad civil. Sin embargo en materia extracontractual, el juez puede considerar que un menor de dieciséis años, pero mayor de siete, obró con discernimiento y obligarlo a responder con sus bienes al tenor de lo señalado en el segundo párrafo del artículo 2219 del Código Civil.

Por otro lado, la persona jurídica asume responsabilidad propia por los actos de sus órganos competentes. Pero si los actos se han ejecutado incumpliendo los estatutos, las personas jurídicas pueden repetir el pago contra los funcionarios que efectuaron el pago.

Responsabilidad por hechos ajenos
Esta se encuentra consagrada en el artículo 2220 del Código Civil que establece que “Toda persona es responsable, no sólo de sus propias acciones, sino del hecho de los que estuvieren a su cuidado”. Tal es el caso de los dementes, de los infantes o menores sin discernimiento, sus actos no son ilícitos por lo que la responsabilidad no proviene del acto del incapaz, sino de la negligencia o culpa del responsable de su cuidado. La responsabilidad por daños causados por animales y por las cosas, se encuentra regulada por los artículos 2226 y siguientes del Código Civil ecuatoriano.
PERJUICIO O DAÑO.
Uno de los elementos centrales de la responsabilidad civil es que exista el perjuicio, es decir, que exista un daño a los intereses de una persona, pero este daño puede ser a sus intereses materiales (a los bienes); o morales (extrapatrimoniales). Nuestro Código Civil no define lo que es el daño pero se refiere expresamente a él en el artículo 2214, cuando se refiere a los delitos y cuasidelitos y textualmente dice “El que ha cometido un delito o cuasidelito que ha inferido daño a otro, está obligado a la indemnización; sin perjuicio de la pena que le impongan las leyes por el delito o cuasidelito”.
CLASES DE PERJUICIO O DAÑO:
Es el daño que se ocasiona a los derechos pecuniarios de una persona. El artículo 1572 “La indemnización de perjuicios comprende el daño emergente y el lucro cesante, ya provengan de no haberse cumplido la obligación, o de haberse cumplido imperfectamente, o de haberse retardado el cumplimiento”, es decir, establece los dos elementos que integran el daño patrimonial: el daño emergente, que es el perjuicio efectivamente sufrido o empobrecimiento real del patrimonio, y el lucro cesante que es la ganancia que se dejó de percibir a consecuencia del acto ilícito.

El mismo artículo señala que existe el derecho a la indemnización por daño emergente y lucro cesante a menos que la ley limite al daño emergente. 8 Idem., p. 6
COMPONENTES DEL DAÑO PATRIMONIAL
En una acción judicial por daño patrimonial, el actor está obligado a probar tres cosas:

1) La existencia de los daños.

2) Que el demandado es el causante de los daños.

3) El monto a que ascienden los perjuicios, tanto por el daño emergente como por el lucro cesante.

PARA INCIAR EL TEMA DEBEMOS CONSIDERERA PRIMERO:

Lucro cesante.
Veamos pues en detalle lo que significa cada uno de estos conceptos.
Daño emergente.
El daño emergente corresponde al valor o precio de un bien o cosa que ha sufrido daño o perjuicio. Cuando el bien o la propiedad de una persona ha sido dañada o destruida por otra, estamos ante un daño emergente, y la indemnización en este caso será igual al precio del bien afectado o destruido.

Supongamos por ejemplo un taxista a quien otra persona le destruye el taxi. En este caso el daño emergente es el valor o precio del taxi. Quien le destruyó el taxi tendrá que indemnizarlo por el valor del taxi, o el monto de su reparación si esta es posible.

Ahora, ese taxista como consecuencia de la destrucción de su taxi dejo de percibir ingresos, de suerte que esos ingresos dejados de percibir por el taxista al no tener ya su medio de trabajo, constituye el llamado lucro cesante, el cual en muchos casos puede ser superior al mismo daño emergente, dependiendo claro está, del tiempo que transcurra entre la destrucción del taxi y la reparación del daño de manera tal que le permita nuevamente obtener ingresos.

Claro que en la realidad esto suele ser mucho más complejo, y en algunos casos es una autoridad judicial la que determina el valor de cada concepto, y si aplican los dos o uno sólo, pero esta es la idea general.


El concepto de daño emergente es relevante en muchos aspectos, y en nuestro contexto lo es porque de ello depende que algunos ingresos tengan un tratamiento tributario diferenciado. Hay daño emergente cuando se incumple un contrato, cuando se destruye o deteriora un bien, o cuando se lesiona una persona, entre otros. En este caso nos centraremos cuando el daño emergente ocurre respecto de un bien, un inmueble o vehículo, es decir, cuando el daño emergente afecta un bien patrimonial.
La sala civil de la Corte Suprema de Justicia en sentencia del 7 de mayo de 1968 dijo que “El daño emergente abarca la pérdida misma de elementos patrimoniales, los desembolsos que hayan sido menester o que en el futuro sean necesarios y el advenimiento de pasivo, causados por los hechos de los cuales trata de deducirse la responsabilidad;”, de manera tal que se debe entender como daño emergente ese daño que sustrae del patrimonio del afectado el bien o parte de él debido a su desaparición, deterioro o imposibilidad de uso.
Y para nuestro curso, nos interesa la responsabilidad jurídica que es:
a) hecho
b) perjuicio
c) culpa
d) relación de causalidad entre la culpa y el perjuicio.

Para que surja responsabilidad, es necesario que exista un acto; y, “para que un acto externo se considere como acción es necesario el concurso de la voluntad”
CASO PRÁCTICO
Como no hay mejor manera de explicar/entender, que utilizando un ejemplo práctico, veamos la siguiente situación en que un productor de frutas, contrata a una compañía transportista para que traslade determinados productos congelados a otro país, para que sean exhibidos en una feria, y al llegar dañados los productos, responsabiliza al transportista:
La parte pertinente de la aspiración del actor indica:
“Al haberse dañado la mercadería en el camino, lo cual es culpa entera del transportista, he perdido la oportunidad de mostrarme en una feria en los Estados Unidos de América, lo cual me habría permitido entrar en un mercado cuya demanda me habría permitido obtener una ganancia de por lo menos 2 millones de dólares al año. Por este motivo, demando a la empresa XYZ por daños y perjuicios, por los siguientes rubros:

1. Seis mil ochocientos dólares, que es el valor de la mercadería dañada, como daño emergente.

2. Una cantidad no inferior a 2 millones de dólares por el lucro cesante que he sufrido al no poder exhibir mis mercaderías en la referida feria, y por lo tanto, no poder realizar negocios.

3. Las costas procesales, entre las que se deberán incluir el honorario de mi abogado patrocinador”

La empresa XYZ adopta la estrategia de no contestar la pretensión del actor. Es más, ni siquiera obró pruebas a su favor, ni para contrarrestar las de la contraparte.
Este proceder, al parecer, causó triunfalismo en el actor, que pensó que al no haber contestación, sería fácil aportar alguna documentación y muchas alegaciones, para obtener la sentencia declarando con lugar su pretensión.

Pero llegado el momento de alegar, el demandado expresó lo siguiente:

“El actor pretende que mi representada lo indemnice por unos aducidos daños y perjuicios causados porque, en calidad de transportista, habría dañado una mercadería que el actor le confió para trasladarla a los Estados Unidos de América.

Es interesante notar las palabras textuales del actor, al expresar que el supuesto daño de la mercadería “es culpa entera del transportista”. Sin embargo, si bien aparecen del proceso algunos documentos que expresan que la mercadería llegó dañada a la feria en la que debía exponerse, en ninguna parte se indica cuándo ocurrió el daño; o por lo menos, cuándo la mercadería estaba en buen estado, y cuándo apareció dañada.

Es del caso, señor Juez, que conforme lo demuestran los mismos documentos aportados por el actor, la mercadería me fue entregada congelada, siendo imposible para mí descongelarla para verificar su estado, pues meramente por hacer eso la habría dañado.

Por lo tanto, mi obligación se limitaba a mantener congelada tal mercadería. Por lo tanto, la mercadería pudo haber estado dañada incluso antes de que ésta me fuera entregada para su transportación.
En el evento no admitido por mí, porque lo desconozco, de que la mercadería entregada a mí hubiese estado en buen estado, cabe indicar que, como lo expresé en líneas anteriores, recién se “descubrió” que tal mercadería estuvo dañada cuando llegó a la feria, que tuvo lugar dos días después del arribo de la mercadería.
No hubo persona que, al llegar la mercadería a puerto, la revise para comprobar su estado de conservación. Es claro entonces, que el daño puede haber ocurrido en cualquier momento durante los dos días que transcurrieron desde que yo entregué la mercadería, hasta el momento en que llegó al lugar de la feria. Por lo tanto, es imposible poder afirmar de manera contundente, como lo hace el actor, que el daño es culpa entera del transportista. Esa es una afirmación que, como cualquier otra, debió haberla probado. Y reitero, no existe en el proceso indicio alguno de cuándo ocurrió el daño, o en manos de quién estaba la mercadería al momento en que ocurrió el daño.
Continuando con el evento no consentido por mí, y no probado por el actor, de que la mercadería se hubiese dañado mientras se encontraba en mis manos, veamos ahora su millonaria pretensión por lucro cesante. Partamos del hecho de que, como expresó el actor en su demanda, y como está probado en varios documentos que obran del proceso, principalmente en el conocimiento de embarque, el valor de la mercadería era de Seis mil ochocientos dólares.
Igualmente, partamos del hecho expresado por el mismo actor, de que la mercadería fue enviada para ser mostrada en una feria. Entonces nos preguntamos. ¿Qué seguridad existe de que mostrando unos productos en una feria, tales productos van a ser comprados? Igualmente, en caso de que sean comprados, ¿Qué seguridad existe de que la compra sea de gran volumen, como para alcanzar los dos millones de dólares de ganancia neta?
Y por último, en caso un comprador le hubiese prometido al actor comprarle en gran volumen la mercadería, poniéndole como única condición que la exhiba en la feria, ¿de qué manera podría usted, señor Juez, determinar con absoluta seguridad, el monto del presunto lucro cesante? La respuesta es: únicamente mediante medios probatorios. Por ejemplo, si el actor hubiese presentado una promesa de contrato, o algún documento similar de obligación, por un valor determinado, hubiese sido un indicio, que le permitiría conocer, en principio, la mera existencia de un lucro cesante, pero no su extensión.
En ese caso, al monto del contrato usted tendría que restarle los costos de producción, transportación, etc. Únicamente después de esas operaciones podría usted establecer el monto de un lucro cesante. Pero no existen en el proceso tales pruebas. No existe un documento que demuestre o que siquiera haga pensar que se iba a concretar un negocio. Mucho menos existen documentos que hablen del valor de los presuntos negocios que el actor habría hecho. Comprar la lotería no significa que uno se va a hacer millonario. Exhibir los productos en una feria no significa que uno va a venderlos.”
El ejemplo antedicho nos demuestra claramente lo expresado sobre qué es lo debe demostrarse. Observamos que, en el juicio sí existe constancia de la existencia de los daños.

Estos daños se demuestran mediante la documentación aportada que expresa que se comprobó al llegar a la feria, que los productos estaban dañados.

Debemos recordar que los jueces no necesariamente van a juzgar sobre la verdad de los hechos, porque la desconocen. Los jueces no conocen los pormenores de las relaciones privadas de las partes. Los jueces se atienen a lo que denomina la realidad procesal.

Un juez podría dar por no existente un hecho verdadero, si no existe prueba de ello en el juicio que está tratando. Igualmente, puede darse que un hecho falso sea considerado como verdadero por un juez, si en el juicio hay prueba del mismo. Por ejemplo, es posible que la mercadería no haya estado dañada, pero eso no lo sabe el juez, pues la mercadería se encontraba en otro país, y debió atenerse a la realidad procesal, esto es, al documento aportado al juicio que se refería a que el producto estaba dañado.

Cabe indicar, también, que la empresa transportista pudo haber actuado pruebas para intentar demostrar que los productos no estaban dañados, pero esto no ocurrió. En todo caso, caso, la existencia de los daños se demostró procesalmente.

Igualmente, se demostró el monto a que asciende el daño emergente, mediante el documento del embarque que señala el valor de las mercaderías transportadas. Más, si bien, se demostraron los daños, no se pudo demostrar fehacientemente que los daños fueron ocasionados por el demandado. La situación explicada por el transportista es clara, al expresar que recibió la mercadería congelada, conforme obra procesalmente, lo que no le permitió revisarla y saber el estado en que se encontraba, lo que por un lado hace imposible que el transportista pueda afirmar que estaba dañada; pero al mismo tiempo, hace imposible que el productor pueda afirmar que estaba en buenas condiciones.
La diferencia es que quien afirmó el daño fue el productor, y es a éste a quien corresponde la prueba. Adicionalmente, al no haberse descubierto los daños sino hasta después de dos días, le da sostén a lo afirmado por el transportista de que los daños pudieron ocurrir después de que éste cumplió con su obligación de entregar los bienes. De la misma manera, el transportista no puede afirmar que los daños acontecieron después de entregarlos, pero nadie puede afirmar que el transportista entregó dañados los productos.
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