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Copy of De la práctica reflexiva al trabajo sobre el habitus PERRENOUD, Phillipe

RESUMEN DE LA LECTURA. ALUMNA: ITZEL SARAI GARCIA GONZALEZ
by

on 6 October 2014

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Transcript of Copy of De la práctica reflexiva al trabajo sobre el habitus PERRENOUD, Phillipe

Step 3
De la práctica reflexiva al trabajo sobre el habitus.
PERRENOUD, Phillipe

Task
Del análisis del sentido común o un trabajo controlado
•Si toda práctica reflexiva afecta inevitablemente a las disposiciones estables que fundamentan la acción, puede hacer que éstas existan indirectamente y de forma implícita, o que conduzcan de forma explícita hacia el habitus.
•En la mayoría de casos, a falta de una conceptualización fuerte y compartida de lo que fundamenta la práctica de una persona, nos limitamos a tratarla en el ámbito del sentido común, hablando sin orden ni concierto de rasgos de personalidad, actitudes, normas, valores, obsesiones, pulsiones, fantasmas, etc.
Análisis de la práctica y trabajo sobre el habitus
•En un grupo de análisis de la práctica, no dejamos de fijarnos en el habitus, pero este enfoque suele estar implícito, por motivos a la vez deontológicos, teóricos y metodológicos:
El análisis de la práctica solamente es posible con la condición de mantener la ficción según la que, hablando de la práctica, no se habla del practicante y de su habitus. Un practicante no puede contar sinceramente lo que hace al precio de determinado desconocimiento de las interpretaciones que su relato podría suscitar.
PERRENOUD, Phillipe

•La práctica reflexiva postula
de forma implícita que la
acción es objeto de una representación.
•Le Boterf (1994), no es otra
cosa que el funcionamiento del habitus que, enfrentado a una situación, lleva a
cabo una serie de operaciones
mentales que garantizará la identificación de los recursos pertinentes, su
transposición eventual y su
movilización orquestada para
producir una acción adecuada.
Aprender de la experiencia
• El ser humano es capaz a la vez de improvisar ante situaciones insólitas y de aprender de la experiencia (Dubet, 1994) para actuar de forma más eficaz cuando se presenten situaciones similares..
• En cuanto nos interesamos por una práctica en la que «decir significa hacer», en la que el alcance de los gestos es, ante todo, simbólico, parece inútil aumentar hasta el infinito la perfección de los gestos, en el sentido estricto de la palabra. Su eficacia depende del sentido que los demás le otorguen..
• La práctica pedagógica es una intervención singular, en una situación compleja que nunca se reproducirá de forma exactamente idéntica. Indudablemente, hallamos puntos comunes pero nunca los suficientes para que sea pertinente perfeccionar los automatismos, excepto en cuanto a pequeños detalles como, por ejemplo, el uso de una pizarra negra o de un retroproyector.
• Podríamos decir que la práctica reflexiva, no contenta con chocar con la opacidad de nuestro habitus, se empobrece por la rapidez y la eficacia con las que resolvemos las situaciones cotidianas.
Detrás de lo práctico... el habitus.
• La reflexión en la acción (Schön, 1994, 1996) puede contribuir a modificar el proceso en curso. La reflexión sobre la acción se desarrolla más bien en el período posterior, inmediato o más tardío.
• Siempre hay un desfase entre la acción y su representación posterior, parcial y fragmentaria, producto de una reconstrucción que nunca es definitiva. Una experiencia nueva, una prueba nueva, un conocimiento nuevo o un contexto nuevo pueden esclarecer con efectos retroactivos una acción pasada, cambiar su sentido o colocarla en otra perspectiva. Su representación se puede enriquecer en función de una labor voluntaria de investigación, análisis, reconstrucción, o de forma más inconsciente, en consonancia con el proceso de racionalización y de esquematización característicos de nuestra memoria. La representación de la acción se empobrece según el olvido o el rechazo, que borran y desvanecen las huellas y los recuerdos.
Lo que sostiene la acción
• Trabajar sobre la propia práctica es, en realidad, trabajar sobre un conjunto de acciones comparables y sobre lo que las sustenta y les asegura cierta invariabilidad.
• La noción de habitus subraya la integración de los esquemas en un sistema y en una «gramática generativa» de nuestros pensamientos y nuestros actos. Puesto que el habitus es un conjunto de disposiciones interiorizadas, captamos exclusivamente sus manifestaciones, a través de los actos y de las formas de ser en el mundo..
• La noción de habitus subraya la integración de los esquemas en un sistema y en una «gramática generativa» de nuestros pensamientos y nuestros actos. Puesto que el habitus es un conjunto de disposiciones interiorizadas, captamos exclusivamente sus manifestaciones, a través de los actos y de las formas de ser en el mundo.
El inconsciente práctico.
Según Vermersch:
• Uno de los puntos importantes que debe subrayarse consiste en que este enfoque, en términos de concienciación, define un inconsciente especial que no precisa, para ser concebido, de la hipótesis del rechazo propia de la propuesta freudiana. Este inconsciente o, de forma más descriptiva, este no consciente se define por el hecho de que corresponde a los conocimientos prerreflexionados, es decir, a los conocimientos que el individuo ya posee de forma no conceptualizada, no simbolizada y, por lo tanto, anterior a la transformación que caracteriza la concienciación.
• Lo que hace difícil el acceso a estos contenidos inconscientes neuróticos es a lo que conducen. Lo que, por otra parte, no impide que el inconsciente del neurótico también tenga que recorrer el camino cognitivo de una elaboración conceptual, por lo que ambos terminan por ser necesarios..
• no hay un ámbito en el que la práctica reflexiva remita pura y simplemente a informaciones, representaciones, saberes y técnicas explícitas, y otro en el que prevalga el no consciente. La combinación es permanente. Las operaciones mentales conducen a los estados de conciencia, pero ellas mismas los producen y los hacen evolucionar, en gran medida, poniendo en juego esquemas inconscientes. Ninguna acción material se desarrolla sin recurrir a regulaciones precisas que provienen del inconsciente práctico.
Lo concienciación y sus motores
• El individuo no accede directamente a los esquemas en sí, sino que se construye una representación de ellos que pasa por una labor de concienciación
• Me parece más claro conservar el sentido común de estos conceptos, vinculado a la intencionalidad de la acción..
• una elaboración reflexiva y metacognitiva únicamente tiene sentido si proporciona al actor un cierto control de su inconsciente práctico.
Los procedimientos incorporados
• La incorporación y la rutinización de un procedimiento evitan
de forma progresiva el hecho de recordarlo. La regla no vuelve
a la memoria hasta que se debe hacer frente a un incidente crítico
que hace fracasar el esquema, a una divergencia de puntos de vista
o a una simple sorpresa.
De la rutinización de un procedimiento...
•Una persona no cambia de un día para otro su forma de atarse los zapatos, de sonarse o de andar, aunque apruebe este cambio, lo desee de forma racional y no oponga ninguna resistencia inconsciente. Si bien en la memoria de un ordenador, podemos sustituir un programa por otro, en la mente humana, este proceso funciona de forma distinta: la eliminación de viejas rutinas lleva su tiempo; los esquemas no desaparecen de nuestra «memoria inconsciente», sino que los negamos, censuramos o inhibimos, debido a que pueden resurgir en situaciones de emergencia o de tensión y entrar en conflicto con los aprendizajes más recientes..
•un cambio de procedimiento técnico, sin desafíos relacionales, afectivos o ideológicos aparentes, supone determinadas pérdidas importantes y la renuncia a rutinas que han acabado por formar una parte de identidad, que contribuyen a dar sentido a nuestra existencia y que, en ocasiones, han desarrollado una dependencia.
Los esquemas construidos según lo experiencia
• Según la experiencia, se construyen otros esquemas, sin que nunca hayan sido la traducción de un procedimiento explícito. Entonces, propiamente hablando, el individuo no sabe cómo lo hace.
• El inconsciente práctico no es una faceta oculta de nuestra existencia, se aloja en gran medida en los recovecos de nuestras acciones conscientes.
... a la búsqueda de la identidad
•Si la transformación de los gestos más técnicos pone en juego el habitus, evidentemente esto todavía sucede con mayor frecuencia en relación con las prácticas de los oficios de lo humano, en los que los juegos con la alteridad, el poder, la seducción, la incertidumbre y la dependencia colocan en todo momento al profesional en los límites de lo que solamente la razón permite comprender y captar.
•La transformación del habitus todavía es más fácil cuando no se trata de traducir saberes nuevos en acción, sino de hacer evolucionar la imagen de uno mismo, la confianza en uno mismo, su relación con el mundo y los demás, todo lo que se traduce de forma subjetiva en carencias, angustia, malestar, descontento, falta de estima por lo que somos, dudas sobre la propia identidad o sobre el sentido del trabajo e incluso de la vida.
El fracaso como motor de lo concienciación
Vermersch nos recuerda una vez más, apoyándose en Piaget, lo siguiente:
• La concienciación solamente se desencadena bajo la presión de los fracasos y los obstáculos con que tropieza el individuo cuando desea lograr los objetivos que lo motivan. La causa de la conducta de concienciación es esencialmente extrínseca al individuo. Si, en su confrontación con el entorno, no se encontrara con obstáculos que pudiera superar, la máquina cognitiva estaría estropeada. (Vermersch, 1994, pp. 84-85)
Las resistencias a la concienciación
•La concienciación presenta riesgos. El más fácil consiste en una especie de desorganización de la acción.
•El riesgo inherente a la concienciación de un esquema aislado o de un aspecto del habitus no está únicamente ligado al trabajo de explicitación, a la carga cognitiva que lo acompaña y a la pérdida de una forma de inocencia cognitiva. El riesgo también afecta al impacto de los descubrimientos sobre uno mismo que puede suscitar todo ejercicio de lucidez. Es normal experimentar una ambivalencia. El «conócete a ti mismo» no es la aspiración de todos.
De la concienciación al cambio
• El deseo de cambiar nace de la decepción, del descontento de lo que hacemos. Lo que una persona quiere hacer evolucionar, es en primer lugar su práctica, entendida como la repetición de actos similares en circunstancias análogas. Cuando la repetición persiste a pesar de sus buenas resoluciones y de su intento de controlarse, dominarse y disciplinarse, termina por decirse que está impulsada por un esquema o varios esquemas de pensamiento y de acción que escapan a su conciencia y a su voluntad más de lo que desearía.
• Los desafíos del cambio son múltiples, desde el éxito de la acción más técnica hasta la relación con el mundo.
Trabajar sobre uno mismo
•En cualquier circunstancia, trabajar sobre la diferencia entre lo que hacemos y lo que desearíamos hacer significa, a fin de cuentas, trabajar sobre uno mismo, ya sea para aumentar el propio rendimiento o para transformar una relación desgraciada o poco hábil con el mundo y los demás.
•Trabajar sobre uno mismo puede entenderse en el sentido psicoanalítico, lo que invitaría a buscar en la infancia y el inconsciente cosas profundas y activamente inhibidas
•El propio cambio es lo que cuesta más, aunque lo deseemos: trabajar sobre uno mismo a veces obliga a convertirse en otro.
Trabajo visible, trabajo invisible
• La competencia de un experto consiste en hacer las cosas bien incluso cuando las condiciones de la práctica no son las mejores.
• Los enseñantes no disponen de tantos recursos materiales y humanos como los profesionales de la competición y algunos otros.
• nos equivocaremos si limitamos el análisis de las prácticas y la labor sobre el habitus a lo que ocurre en clase. La práctica también consiste en el trabajo entre bastidores, solitario o en equipo, en el aula, la sala de profesores, el centro de documentación o en casa, e incluso en el bar o en el autobús.
La orquestación de los habitus
• Los actores dicen lógicamente que actúan mejor cuando sus compañeros tienen talento y les «sacan» lo mejor de ellos mismos. Los enseñantes podrían decir lo mismo, pero no cuentan con la elección de los alumnos, ni de sus padres, ni tampoco de su jerarquía o de sus colegas. Deben, como se dice popularmente, «apañárselas» con lo que tienen, por lo menos, a corto plazo.
• A medio plazo, igual que un músico virtuoso se esfuerza por no tocar en una orquesta mediocre, un enseñante experimentado intenta controlar en parte su entorno profesional, por ejemplo, escogiendo un determinado centro o un nivel, integrándose en un equipo o haciendo elecciones tácticas que preserven su autonomía.
Hacia el análisis del trabajo

• Las estrategias que permiten trabajar el inconsciente práctico pueden apoyarse, con una leve modificación, en los trabajos sobre la videoformación pero, sobre todo, en la explicación y sus vínculos con la fenomenología, que remite por sí misma a las uniones posibles entre la etnometodología (Coulon, 1993; de Fornel, Ogien y Quéré, 2001) y la teoría del habitus.
• Si bien en la actualidad disponemos de modelos provisionales para conceptualizar e! inconsciente práctico, carecemos de herramientas para describir esta parte del habitus y, todavía más para acompañar la concienciación y la transformación. Desde este punto de vista, la ampliación de la práctica reflexiva a las dimensiones inconscientes de la acción queda pendiente de pensar y realizar.
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