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El fin de los imperios

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Gabriela Dominguez

on 22 May 2015

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Transcript of El fin de los imperios

III
Prácticamente todas las regiones de Asia, Africa, América Latina y el Caribe dependían de lo que ocurría en un número reducido de países del hemisferio septentrional, pero (dejando aparte América) la mayor parte de esas regiones eran propiedad de esos países o estaban bajo su administración o su dominio.

Era inevitable que en esas zonas se planteara la necesidad de liberarse de la dominación extranjera.
V
Siria y Libano consiguieron la independencia en 1945, la india y pakistan en 1947 Birmania, Ceilán lanka, palestina y las indias orientales holandesas en 1948.
En 1946 los estados unidos habían concedido la independencia oficial a filipinas, ocupada por ellos desde 1898.
El imperio japones desaparecio en 1945,

I
En el curso del siglo XIX un puñado de países conquistaron con increíble facilidad el resto del mundo no europeo, y cuando no se molestaron en ocuparlo y gobernarlo, establecieron una
superioridad indiscutible a través de su sistema económico y social
, de su organización y tecnología.

El
capitalismo y la sociedad burguesa transformaron y gobernaron el mundo
y ofrecieron el modelo -hasta 1917 el
único
modelo- para aquellos que no deseaban verse aplastados o barridos por la historia.
Historia del siglo XX, Eric Hobsbawm
El fin de los imperios
Capítulo VII
Desde 1917 el
comunismo soviético
ofreció un modelo alternativo, en esencia del mismo tipo, excepto por el hecho de que prescindía de la empresa privada y de la instituciones liberales.

La historia del mundo no occidental durante el siglo XX está determinada por sus relaciones con los países que en el siglo XIX se habían erigido en
<<los señores de la raza humana>>
La dinámica de la mayor parte de la historia mundial del siglo XX es derivada y no original.

Consiste fundamentalmente en los intentos por parte de las
elites de las sociedades no burguesas de imitar el modelo establecido en Occidente
, que era percibido como el de unas sociedades que generaban el progreso, en forma de riqueza, poder y cultura, mediante el «desarrollo» económico y técnico-científico, en la variante capitalista o socialista.

De hecho sólo existía un modelo operativo: el de la
«occidentalización», «modernización»
, . Del mismo modo, sólo un eufemismo político distingue los diferentes sinónimos de «atraso» que la diplomacia internacional ha utilizado para referirse al mundo descolonizado (
«subdesarrollado», «en vías de desarrollo»
, etc.).
El modelo operacional de «desarrollo» podía combinarse con otros conjuntos de creencias e ideologías
, en tanto en cuanto no interfirieran con él, es decir, en la medida en que el país correspondiente no prohibiera, por ejemplo, la construcción de aeropuertos con el argumento de que no estaban autorizados por el Corán o la Biblia.
Tanto el
tradicionalismo
como el
socialismo
coincidieron en detectar el espacio moral vacío existente en el triunfante liberalismo económico —y político— capitalista, que destruía todos los vínculos entre los individuos excepto aquellos que se basaban en la «inclinación a comerciar» y a perseguir sus
satisfacciones e intereses personales de que hablaba Adam Smith.
El fundamentalismo religioso como fuerza capaz de movilizar a las masas es un fenómeno de las últimas décadas del siglo XX.
las ideologías, los programas e incluso los métodos y las formas de organización política en que se inspiraron los países dependientes para superar la situación de dependencia y los países atrasados para superar el atraso, eran
occidentales: liberales, socialistas, comunistas y/o nacionalistas; laicos y recelosos del clericalismo;
utilizando los medios desarrollados para los fines de la vida pública en las sociedades burguesas: la prensa, los mítines, los partidos y las campañas de masas.
Esto supone que la historia de quienes han transformado el tercer mundo en este siglo es la historia de minorías de elite, muy reducidas en algunas ocasiones, porque sólo un pequeño estrato poseía los conocimientos, la educación e incluso la instrucción elemental requeridos
Ello no implica que las elites occidentalizadas aceptaran todos los valores de los estados y las culturas que tomaban como modelo.
El objetivo que se proponía el proyecto de «modernización» más ambicioso y afortunado, el de Japón desde la restauración Meiji, no era occidentalizar el país, sino hacer al Japón tradicional viable.
Fueran cuales fueren los objetivos que de manera consciente o inconsciente pretendieran conseguir aquellos a quienes les incumbía la responsabilidad de trazar el rumbo de la historia del mundo atrasado, la modernización, es decir, la imitación de los modelos occidentales, era el instrumento necesario e indispensable para conseguirlos.
No ocurría lo mismo en América Central y del Sur, donde prácticamente todos los países eran estados soberanos, aunque Estados Unidos —pero nadie más— trataba a los pequeños estados centroamericanos como protectorados de facto, especialmente durante el primero y el último tercios del siglo.
D
esde 1945, el mundo colonial se ha transformado en un mosaico de estados nominalmente soberanos, hasta el punto de que, visto desde nuestra perspectiva actual, parece que eso era, además de inevitable, lo que los pueblos coloniales habían deseado siempre.

Sin duda ocurría así en los países con una larga historia como entidades políticas, los grandes imperios asiáticos —China, Persia, los turcos— y algún otro país como Egipto. No es fruto de la casualidad que China, Turquía e Irán hayan sido el escenario de importantes
revoluciones autóctonas.

El concepto de entidad política territorial permanente, con unas fronteras fijas que la separaban de otras entidades del mismo tipo, y sometida a una autoridad permanente, esto es, la idea de un estado soberano independiente, cuya existencia nosotros damos por sentada, no tenía significado alguno, al menos en niveles superiores al de la aldea.

El mundo poscolonial está, pues, casi completamente dividido por las fronteras del imperialismo.
Aquellos que en el tercer mundo rechazaban con mayor firmeza a los occidentales, por considerarlos infieles o introductores de todo tipo de innovaciones
perturbadoras e impías o, simplemente, porque se oponían a cualquier cambio de la forma de vida del pueblo común, que suponían, no sin razón, que sería para peor, también rechazaban la convicción de las elites de que la modernización era indispensable.

En esos países, la principal tarea que debían afrontar los movimientos nacionalistas vinculados a las clases medias era la de conseguir el apoyo de las masas, amantes de la tradición y opuestas a lo moderno, sin poner en peligro sus propios proyectos de modernización.
Mohandas Karamchand Gandhi
(1869-1948) conseguiría movilizar a decenas de millones de personas de las aldeas y bazares de la India apelando igualmente al nacionalismo como espiritualidad hindú, aunque cuidando de no romper el frente común con los modernizadores (de los que realmente formaba parte; véase La era del imperio, capítulo 13) y evitando el antagonismo con la India musulmana, que había estado siempre implícito en el nacionalismo hindú.

Gandhi inventó la figura del político como hombre santo, la revolución mediante la resistencia pasiva de la colectividad («no cooperación no violenta») e incluso la
modernización social, como el rechazo del sistema de castas, aprovechando el
potencial reformista contenido en las ambigüedades cambiantes de un hinduismo enevolución. Su éxito fue más allá de cualquier expectativa (y de cualquier temor).
Pero a pesar de ello, como reconoció al final de su vida, antes de ser asesinado por un fanático del exclusivismo hindú en la tradición de Tilak, había fracasado en su
objetivo fundamental. A largo plazo resultaba imposible conciliar lo que movía a las masas y lo que convenía hacer.

El efímero intento de Mahatma Gandhi de dar vida a un hinduismo a la vez populista y progresista ha caído totalmente en el olvido.
En resumen, en el tercer mundo un profundo conflicto separaba a los modernizadores, que eran también los nacionalistas (un concepto nada tradicional), de la gran masa de la población.
Así pues, los movimientos antiimperialistas y anticolonialistas anteriores a 1914 fueron menos importantes de lo que cabría pensar si se tiene en cuenta que medio siglo después del estallido de la primera guerra mundial no quedaba vestigio alguno de los imperios coloniales occidental y japonés.
Fue la primera guerra mundial la que comenzó a quebrantar la estructura del colonialismo mundial,
además de destruir dos imperios (el alemán y el turco, cuyas posesiones se repartieron sobre todo los británicos y los franceses) y dislocar temporalmente un tercero, Rusia (que recobró sus posesiones asiáticas al cabo de pocos años).

Las dificultades causadas por la guerra en los territorios dependientes, cuyos recursos necesitaba Gran Bretaña, provocaron
inestabilidad.

El impacto de la revolución de octubre y el hundimiento general de los viejos regímenes, al que siguió la independencia irlandesa de facto para los veintiséis condados del sur (1921), hicieron pensar, por primera vez, que
los imperios extranjeros no eran inmortales.
A gran Bretaña le resultó difícil encontrar una fórmula sencilla para mantener el control en la más extensa de sus colonias, la India, donde el lema de «autonomía» (swaraj), adoptado por el Congreso Nacional Indio por primera vez en 1906, estaba evolucionando cada vez más hacia una reclamación de independencia total.

El período revolucionario de 1918-1922 transformó la política nacionalista de masas en el subcontinente, en parte porque los musulmanes se volvieron contra el gobierno británico, en parte por la sanguinaria histeria de un general británico que en el turbulento año 1919 atacó a una multitud desarmada en un lugar sin salida y mató a varios centenares de personas (la «matanza de Amritsar»), y, sobre todo, por la conjunción de una oleada de huelgas y de la desobediencia civil de las masas propugnada por Gandhi y por un Congreso radicalizado.

A partir de entonces, la India fue intermitentemente ingobernable.
A partir de 1919 la clase dirigente consideraba inevitable conceder a la India una autonomía similar a la que conllevaba el «estatuto de dominio» y creía que el futuro de Gran Bretaña en la India dependía de que se alcanzara un entendimiento con la elite india, incluidos los nacionalistas.

Por consiguiente, el fin del dominio británico unilateral en la India era sólo cuestión de tiempo. Dado que la India era el corazón del imperio británico, el futuro del conjunto de tal imperio parecía incierto.


Nunca como en el período de entreguerras había estado un área tan grande del planeta bajo el control, formal o informal, de Gran Bretaña, pero nunca, tampoco, se habían sentido sus gobernantes menos confiados acerca de la posibilidad de conservar su vieja supremacía imperial. Esta es una de las razones principales por las que, cuando su posición se hizo insostenible, después de la segunda guerra mundial, los británicos no se resistieron a la descolonización.
IV
II

Fue la guerra la que produjo la ruptura de la India en dos mitades. En cierto sentido, este fue el último gran triunfo del raj británico y, al mismo tiempo, su último suspiro.

En este caso puede decirse que Gran Bretaña aplicó la máxima de «divide y vencerás». En su último intento desesperado por ganar la guerra, el raj no sólo se destruyó a sí mismo sino que acabó con lo que lo legitimaba moralmente: el proyecto de lograr un subcontinente indio unido en el que sus múltiples comunidades pudieran coexistir en una paz relativa bajo la misma administración y el mismo ordenamiento jurídico. Cuando concluyó la guerra resultó imposible dar marcha atrás al motor de una política confesionalista
Es difícil decir con certeza cuándo comprendieron los viejos imperios que la era del imperialismo había concluido definitivamente. Visto desde la actualidad, el intento de Gran Bretaña y de Francia de reafirmar su posición como potencias imperialistas en la aventura del canal de Suez de 1956 parece más claramente condenado al fracaso de lo que debieron pensar los gobiernos de Londres y París que proyectaron esa operación militar para acabar con el gobierno egipcio revolucionario del coronel Nasser, en una acción concertada con Israel.

Sea como fuere, a finales de los años cincuenta los viejos imperios eran conscientes de la necesidad de liquidar el colonialismo formal. Sólo Portugal continuaba resistiéndose, porque la economía de la metrópoli, atrasada y aislada políticamente, no podía permitirse el neocolonialismo.
Las posesiones británicas más extensas del Caribe fueron descolonizadas sin disturbios en los años sesenta
; las islas más pequeñas, a intervalos desde ese momento hasta 1981, las del Índico y el Pacífico, a finales de los años sesenta y durante la década de los setenta.

De hecho en 1970 ningún territorio de gran extensión continuaba bajo la administración directa de las antiguas potencias coloniales o de los regímenes controlados por sus colonos,
excepto en el centro y sur de Africa y, naturalmente, en Vietnam, donde en ese momento rugían las armas.

La era imperialista había llegado a su fin.
Setenta y cinco años antes el imperialismo parecía indestructible e incluso treinta años antes afectaba a la mayor parte de los pueblos del planeta
. El imperialismo, un elemento irrecuperable del pasado, pasó a formar parte de los recuerdos literarios y cinematográficos idealizados de los antiguos estados imperiales, cuando una nueva generación de escritores autóctonos de los antiguos países coloniales comenzaron su creación literaria al iniciarse el período de la independencia.
La razon por la que la gran depreción de 1929-1933 resulto un hecho tan decisivo en la historia del antiimperialismo y de los movimientos de liberación del tercer mundo fue: que tras la revolución de octubre, se detuvo probicionalmente ante las fronteras de la URSS.

En 1913, mas de las tres cuartas partes de las inverciones británicas en los países de ultramar (los británicos exportaban mas capital que el resto del mundo junto) estaban concentradas en deuda publica, ferrocarriles, puertos y navegación

En 1960 mas del 70 por 100 de la producción bruta mundial y casi el 80 por 100 del valor añadido en la manufactura, es decir, de la producción industrial, procedía de los viejos núcleos de la industrialización de Europa occidental y américa del norte.

En el ultimo tercio del siglo cuando se ha producido el gran desplazamiento de la industria desde sus antiguos centros de occidente hacia otros lugares (incluyendo el despegue de la industria japonesa, que en 1960 únicamente aportaba el 4 por 100 de la producción mundial)

La crisis de 1929-1933 sometió a una gran presión financiera. Al disminuir las rentas agrícolas, el gobierno colonial se vio en la necesidad de compensarlas elevando los aranceles sobre los productos manufacturados, incluidos los de la propia metrópoli, británica, francesa u holandesa.

En la primera mitad del siglo XX el mundo dependiente continuo siendo fundamentalmente agrario y rural
Bombay, Shanghai (cuya población paso de 200000 habitantes a mediados del siglo XIX a tres millones y medio en los años treinta), buenos aires y, en menor escala, casa blanca, que menos de treinta años des´pues de que adquiriera la condición de puerto moderno contaba ya con 250000 habitantes.

La década de 1930 fue, pues, crucial para el tercer mundo, no tanto por que la depreción desencadenara una radicalización política sino por que determino que en los diferentes países entraran en contacto las minorías politizadas y la población común.
Entre 1935 y 1938 se registraron una serie de huelgas en los campo petrolíferos de Trinidad y en las plantaciones y ciudades de Jamaica, que dieron paso a enfrentamientos en toda la isla, revelando por primera vez la existencia de una masa de desafectos.

A mediados de los años treinta existía ya en las ciudades un sector de africanos cultos e insatisfechos lo bastante nutrido como para que pudiera crearse una prensa politica floreciente, con diarios como el African Morning Post en costa de oro (Ghana).

En 1965, la isla de singapur, de población mayoritariamente china,se separo para constituir una ciudad-estado independiente.

Los británicos se retiraron del sub continente indio en 1946, antes de que resultara evidente que ya no podían controlarlo, y lo hicieron sin oponer la mayor resistencia.

La hostilidad de birmania contra gran bretaña era tan intensa que de todas las poseciones britanicas descolonizadas fue la unica que se nego imediatamente a integrarse en commonwealth.

Ana Gabriela Domínguez Sánchez

Economía 1-2

Universidad Autónoma de Sinaloa
Historia Económica General II

Mayo 2015
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