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PIERRE ROSANVALLON

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on 10 November 2014

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PIERRE ROSANVALLON
BIOGRAFÍA
Pierre Rosanvallon nació en 1948. Es doctor en administración, también en letras, ciencias y humanidades. Director de estudios en la École des hautes Études en Scienses Sociales, y profesor del Collége de France. Dirige el Centro de Investigaciones Políticas Raymond Aron (CNRS). Fue secretario de la Fundación Saint Simón. Fue consejero de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo, y entre 1973-1976 dirigió la revista CFDT Aujordhui. Militó en el Partido Socialista y escribe en el periódico Liberatión. Es autor de numerosos libros sobre la historia intelectual y política francesa desde el siglo XVIII, y sobre la sociedad y el estado contemporáneo, la crisis del estado de bienestar y las nuevas formas de representación. Entre ellos están: La crisis del estado-providencia (1981), El estado de Francia desde 1789 a nuestros días (1990), La nueva cuestión social (1995), El momento Guizot (1985), y el tríptico dedicado a la historia de la democracia francesa: La consagración del ciudadano (1992), El pueblo inhallable (1998) y La democracia inacabada (2000). La contrademocracia (2007)

Para Ronsavallon el concepto de mercado no se traduce solamente a la esfera puramente económica sino que tiene un sentido más amplio, sociológico y político. A partir de este concepto amplio de mercado se puede considerar un nuevo tipo de sociedad civil (siglo XVIII) en la cual el mercado sea el centro regularizador, es decir el centro de una sociedad inmediata a ella misma, auto regulada dejando de lado al contrato social.

El contrato social tenía varios errores en su procedencia, dos en particular: por un lado el hecho de que a pesar de sostener la paz civil no permiten tratar la cuestión de paz y guerra entre naciones, por el otro la noción de pacto social está centrada en la institución de la sociedad y no se define a partir del problema de su regulación.

A partir de estas distintas concepciones ya sea positivas como negativas del liberalismo lo mejor es adoptar una posición balanceada en la cual se tome la modernidad en sus diferentes dimensiones, administrar la sociedad de mercado de una mejor manera pero sin volver a una monarquía absolutista.
Rosanvallon y el capitalismo utópico
Realiza en su análisis al capitalismo utópico introducido en la sociedad de mercado y las utopías liberales, se centra en el autor Smith y en la expansión de la utopía de mercado como principio de organización social.


La sociedad civil como mercado

A partir de esta nueva concepción, vemos instalada una sociedad civil como mercado, en donde el comercio realiza los intercambios entre los hombres y este intercambio se configura así como el principal lazo de paz entre los individuos. Antaño, el concepto de mercado tenía una valoración negativa pero a partir del siglo XVIII en este nuevo tipo de relación entre los hombres de la sociedad, pasó a tener una valoración positiva, encargada de disipar los conflictos anteriormente ocasionados por el extremo poder absolutista.

La nueva sociedad de mercado permitirá las soluciones a estos errores del contrato social con su teoría del intercambio en el cual
la sociedad civil se mueve por sus propios intereses
.
La política ya no será más la encargada de regular las relaciones de todos los hombres sino que el encargado será el mismo mercado en su sentido sociológico y político
. El tipo de regulación que propone este sistema de mercado diluye toda forma de autoridad, ya
no hay un ente que regule la libertad de los hombres sino que los mismos establecerán sus propias órdenes
, de esta manera el mercado permitirá la paz civil en el cual ya no habrá motivos para guerras ni enfrentamientos. Instaura de este
modo una regulación social abstracta, autónoma basada en leyes objetivas y en los intereses de los individuos.
El concepto de mercado está ligado con el liberalismo en las sociedades modernas, el cual al igual que el concepto mencionado se afirma el principio de la autonomía individual fundada en la negación de las soberanías absolutas, se hará hincapié en la soberana autonomía del individuo propietario de sí mismo y no manejado por un poder externo. Se podrán observar dentro del liberalismo tres utopías: “liberalismo económico” que remite al mercado, “liberalismo político” remite a los derechos humanos y “liberalismo moral” que hace al hombre único en derecho a juzgar sus actos.

El liberalismo es una cultura, una forma que se elige para vivir en sociedad en la cual estas tres utopías convergen para redefinir las formas de relación social. A su vez existen también quienes se oponen al liberalismo “los antiliberales” que rechazan la sociedad de mercado y que se agrupan y se diferencian en tres tipos:
el antiliberalismo moral ( puede coexistir con una aceptación a medias de la sociedad de mercado pero siempre manteniendo una actitud reservada y neutra frente a sus propuestas)
el antiliberalismo económico ( asumido como la posición extrema izquierda)
el antiliberalismo jurídico ( generalmente republicanos preocupados por el poder independiente)

La sociedad civil

corresponderá a tres principios fundamentales e independientes:
Reconocimiento de la igualdad natural entre los hombres: los hombres se constituyen en sociedad en base a una igualdad natural.
Afirmación del principio de auto institución de la sociedad: capacidad de los hombres para dejar atrás su estado de naturaleza y someterse a un soberano civil surgido de un pacto común.
Distinción de la moral privada y de la política: La sociedad tiene una finalidad propia, el bien público, que es de orden político.
Rosanvallon y la contrademocracia
La sociedad de la desconfianza


Teniendo como base la historia de la democracia, Rosanvallon inicia el análisis señalando la discordancia en aquello que la teoría de los regímenes representativos habían ligado al proceso electoral: la legitimidad y la confianza. Aquí se resalta y se describe el carácter fundamental de estas cualidades políticas, su diferente naturaleza y su disociación, que ha sido la constante en los regímenes democráticos, constituyéndose en un problema central en la historia de los mismos.

Señala el autor que en las cuestiones de la legitimidad se han centrado los principales estudios de historia y teoría política, al tiempo que la mayor parte de los esfuerzos se han realizado en búsqueda de ella, a través de una mayor participación en las urnas u otros mecanismos de democracia directa. No obstante, de manera paralela, se han venido desarrollando un conjunto de prácticas, de contrapoderes, que intentan compensar la erosión de
la confianza mediante la organización de la desconfianza
. Si bien esta dimensión ha sido objeto de análisis puntuales, estos no han sido resituados en un conjunto articulado dentro del propio sistema democrático, de su historia y su teoría, lo cual constituye parte de la
novedad de la propuesta de Rosanvallon.

Esta desconfianza democrática se expresa, según el autor, de múltiples maneras, entre las que distingue tres modalidades principales:
Los poderes de control.
Las formas de obstrucción.
La puesta a prueba a través de un juicio.

La contrademocracia no es lo contrario de la democracia, sino una forma de democracia que se antepone a la otra ,con la cual conforma un sistema, y que está constituida por poderes indirectos diseminados en la sociedad.
La democracia de control


Señala Rosanvallon que desde los años próximos a la revolución francesa se designa esta forma complementaria de soberanía como el “Control”; cuando se habla de control estamos hablando de mantener una mirada permanente sobre los actos de los gobernantes, un estado de alerta que permita la vigilancia sistemática de sus actuaciones.

Este control trata de encastrar la legitimidad electoral con la legitimidad social, haciendo de la reputación un factor determinante de la confianza en los individuos o en los regímenes. Entre las modalidades de estos poderes de control, Rosanvallon destaca la vigilancia, la denuncia y la calificación. La idea de vigilancia de las actuaciones de los gobernantes se da, en primera instancia, como una vigilancia cívica, la cual es directamente política, manifestándose en intervenciones de prensa, de asociaciones, de sindicatos, huelgas, etc. Después aparece otra forma de vigilancia, llamada por el autor como vigilancia de regulación, que se manifiesta como un flujo continuo de evaluaciones y críticas a un nivel muy descentralizado, y que opera a través de canales como encuestas o informes, intervención en las comisiones especializadas o la publicación de reportajes, influenciando los debates sobre la sociedad y estableciendo al público como una suerte de termostato regulador de las decisiones políticas. De esta manera, la figura del ciudadano-vigilante se superpone a la del ciudadano-elector.

La soberanía de la obstrucción

Dentro del modelado que hace Rosanvallon de su teoría señala lo que para él constituye la segunda dimensión de la contrademocracia: el poder de obstrucción. Esta figura del universo contrademocrático atañe al derecho de resistencia que históricamente han tenido los pueblos para estatuir, impedir, modificar o anular las actuaciones de sus gobernantes o las condiciones del régimen. Con el advenimiento del sufragio universal se dieron nuevos enfoques de esta capacidad, como la emergencia de un poder organizado de oposición que consolida lo que se denomina como “soberanía crítica”, la cual da paso hoy en día hacia lo que considera el autor como una política negativa.

El pueblo juez

Si bien el controlar y el impedir son dos maneras de condicionar a los gobernantes, existe una tercera dimensión de la contrademocracia, el enjuiciamiento. Juzgar consiste en examinar una conducta o una acción, prolongando el ejercicio de una sospecha y haciendo necesario que se llegue a una conclusión definitiva.


Cuando Rosanvallon destaca la prueba de un juicio, no lo reduce al ejercicio de un poder judicial autónomo sino que
está ligado en profundidad a la idea de un juzgamiento de los gobernantes por la sociedad, entendiendo que los ciudadanos quieren alcanzar como jueces lo que consideran no haber podido alcanzar como electores.

La democracia impolítica

Según Rosanvallon, el problema hoy no sería el de la despolitización sino el de la impolítica, que sería la falta de aprehensión global de los problemas ligados a la organización de un mundo común. Esto representa un aumento de la distancia en la relación entre la sociedad civil y las instituciones, la cual muestra un carácter complejo y problemático en el que se mezclan elementos positivos de aumento de poder social y las tentaciones populistas reactivas que facilitan la fragmentación y la diseminación a cambio de la coherencia y la globalidad.
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