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Comportamiento alimentario

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on 13 October 2013

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Comportamiento alimentario
Hambre
Fisiológicamente, el hambre es producida por los grandes estímulos que ejercen ciertas sustancias sobre nuestro cerebro. A. sí, por ejemplo, la hipoglucemia, estimula al hipotálamo lateral y produce estímulos que nos obligan a comer, mientras que los ácidos grasos, la colesterina y la serotonina estimulan al hipotálamo ventromedial y nos producen la sensación contraria del hambre: la saciedad
La regulación del apetito está a cargo de uno de los núcleos de neuronas del hipotálamo (del Tuber). Cuando se estimula aumenta el apetito. Otro núcleo hipotalámico (ventral), inhibe el apetito. Del equilibrio entre ambos núcleos dependerá el apetito normal. La lesión del núcleo ventral provoca un aumento del apetito; la lesión del núcleo de Túber inhibe el apetito.
En el hipotálamo, muy capilarizado, estos núcleos funcionan como sensores de mayor o menos concentración de las moléculas de nutrientes que son transportadas en el plasma de la sangre. La glucosa es una de las moléculas que funciona como estímulo para excitar o inhibir los centros del hambre y la saciedad.

Sed
Cuando estamos sedientos y bebemos, satisfacemos la necesidad de agua del cuerpo y reducimos ese ferviente impulso de beber. Dejamos de beber y ya no nos preocupa el buscar ese líquido, pero ¿cómo es que el organismo sabe que necesita agua?
Una de las formas de detectar la cantidad de agua en los tejidos corporales se realiza a través de unas células detectoras especiales del encéfalo, localizadas en el área supraóptica del hipotálamo. Estas células denominadas osmorreceptores, controlan la concentración sanguínea, que se mantiene normalmente constante dentro de un rango muy estrecho.
La sangre demasiado concentrada estimula los osmorreceptores, estos envían mensajes a la parte interna del hipotálamo. El mismo, envía neurosecreciones a la hipófisis posterior, donde se segrega la hormona antidiurética (ADH), que provoca la reabsorción del agua en los túbulos renales. La hipófisis está siempre segregando una cierta cantidad de ADH para ajustar la concentración de orina.

Cuando la sangre está demasiado concentrada, los osmorreceptores estimulan la secreción de más ADH. Se reabsorbe entonces más agua del filtrado que realiza el riñón del torrente sanguíneo y queda la orina más concentrada. Se conserva así agua, con lo que se impide una mayor concentración de la sangre.
Este sistema funciona también cuando hay demasiada agua en el torrente sanguíneo. Los osmorreceptores detectan esta anormalidad, se produce menos ADH en la hipófisis, la orina se hace más abundante y diluida, y el exceso de agua se excreta para reducir el riesgo de acumulación de líquido en los tejidos.
El mecanismo controlador del equilibrio acuoso recibe ayuda de unas hormonas segregadas por la corteza suprarrenal bajo la influencia de la hipófisis. Son las hormonas suprarrenales que reciben el nombre de mineralocorticoides.

Importancia del agua
Todas las moléculas que componen las células del ser humano están dispersas en el agua, que constituye en si misma un componente vital para todo el organismo, el cual en un 75% se compone de agua.
Proveemos de agua a nuestras células cuando bebemos líquidos, o cuando ingerimos frutas o verduras.
En el plasma de la sangre el 90% es agua. Un aumento o disminución del agua en la sangre afectan el volumen circulante (volemia) así como su osmolaridad, valores que en el organismo se mantienen constantes por estar sujetos al control de los sistemas nervioso y endócrino.
El agua se excreta con la orina, la transpiración y la respiración. También contiene agua la materia fecal, la saliva, y otras secreciones tales como la bilis, los jugos digestivos, el semen.
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