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Historias de fe

Proyecto Digital para SPN 320
by

Drew Wildes

on 30 April 2013

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Transcript of Historias de fe

Historias de fe Drew Wildes y Kayla Godwin El visonario El horno caliente Una cosa. De una cosa estoy totalmente seguro. El rey, Asuero, ha dispuesto de una reina por desobedecerlo, él lo haría otra vez. ¿Por qué mi tío me trajo aquí? En esta cueva de lobos. No me importa sobre ser reina, no se quiero el rey…quiero otro. Yo quiero estar en la casa, no en este casillo, en una competición para el corazón del rey. Por alguna razón, este eunuco me está ayudando, él me da tratamientos de belleza adicionales. Él me da siete doncellas. . . siete doncellas, solo para mí. Tengo que estar en el casillo, están dando tratamientos de belleza prescritos por un año antes de que pueda conocer al rey. Seis meses de tratamientos con aceite de mirra, y seis meses de tratamientos con perfumes y maquillaje. Un año, una prisionera aquí. . . Yo soy la reina Es la hora para conocer al rey. Muchas de las otras mujeres ya han conocido al rey, y él no le gustan ningunas. Todas las otras mujeres llevaban muchos collares y otras joyas – yo solo llevo uno. Yo estoy llevando solo un collar muy simple, y estoy vestida en un vestido sencillo. Esta simplicidad sirve para que mí verdadera belleza sea visto. Ando hasta la sala del trono, y entro. Es el momento por el cual he esperado un año entero…una eternidad en un año. El rey es muy guapo, con pelo moreno y rizado. Y sus ojos, ojos que pueden leer la totalidad de mi alma. Y estos ojos son puestos en mí ahora, mirándome, escrutándome. Hago una cortesía, y espero y espero para que él decida mi destino – una reina o una concubina. Todo del resto de mi vida existe en este momento. Su mirada me perfora, y me valora de nuevo. ¿Va encontrarme bastante digno o no? ¿Qué quieren sus ojos? Yo no podría saber. El rey, hermoso y aterrador al mismo tiempo, se eleva de su trono, y cogiendo la mano, me levanta hacia arriba de mi posición de reverencia. Estoy buscando en su rostro, en esos ojos que parecen saberlo todo. Se aleja, mi estómago se aprieta. . . Se vuelve de nuevo a mí. . . él me pone la corona en la cabeza. . . Yo soy la reina. Mi niño, mi primogénito. Ellos lo están odiando. Pero yo, lo he amado toda su vida. Él es mi vida Mi niño, mi primogénito. Está caminando, llevando el instrumento de su muerte. Mi niño, mi primogénito. Ellos están gritando por su muerte. ¡Idiotas! ¿No entienden que se está muriendo por todos ustedes? Mi niño, mi primogénito. La sangre corre por su cuerpo golpeado ¿Su sangre no será suficiente? Mi niño, mi primogénito. Todos necesitamos su sacrificio. Que no fue destinado a ser sólo mi hijo. Mi niño, mi primogénito. Es un honor ser tu madre, me dijo el ángel. Pero hoy, ahorita, es mi pesar. María A tus pies, Cristo, rabino, me siento. Mi hermana está preocupada con la casa, pero yo, quiero escucharte a sus enseñanzas. A tus pies, Cristo, rabino, me siento. Con mis pies, Cristo, rabino, corro hacia ti. Mi hermano está muerto, pero tú, tú eres la vida. Lloro por el dolor, sino que preguntarle en la fe. Tú puedes darle vida de nuevo. Con mis pies, Cristo, rabino, corro hacia ti. A tus pies, Cristo, rabino, yo lloro. Le colgaban en la cruz. La multitud lanza insultos a ti. Das un grito a tu padre y el mundo se oscurece. A tus pies, Cristo, rabino, yo lloro. ¿Cómo uno puede confiar? ¿Cómo alguien puede confiar?
¿Por qué es tan difícil?
Siempre, me pregunto. Al amar es bastante difícil,
y aun tener paciencia.
Todos los otros emociones
se levantan en mí tan fácilmente. El enfado chispea en el hablar
Una palabra equivocada
La vergüenza viene
Entre el sonrojo en mis mejillas La tristeza aparece durante la noche,
En la oscuridad de mis gotas. Pero, al confiar es dejar
todo peso en un ajeno,
alguien que tal vez fallará. Al confiar es exponerme,
Me deja tan abierto. Cómo aprender a confiar el presente,
Mi pasado y mi futuro.
Al confiar es dejar el resultado
En la manos de otra persona. Si fuera alguien en quien puedo confiar
Sería mi padre. . .
Pero no consigo arrojar el control
de mi destino Mi padre es inmensamente fiel,
Nunca sale
Jamás abandona Siempre esta a mi lado
Susurrando en mi oreja,
¿Porque no confías en mí?
Y no tengo respuesta. Aquí escribo todo lo que me ha pasado hasta entonces, para que yo no olvida. Este cuento tal vez parecerá fragmentado e incompleto, pero he intentado hacerlo lo más claro posible. Es difícil explicar lo que sucedió usando palabras, aunque todo sigue siendo claro y vívido en mi mente. Es más allá de mis imaginaciones más desenfrenadas. Aún así, es mi deber a grabarlo todo para que las generaciones entiendan que nuestra vergüenza no vino sin propósito, que nuestro futuro no queda en nuestras manos. El primer sueño vino mientras estaba al lado del río Quebar. Aparecieron cuatro criaturas vivas, con cuatro rostros a cada uno. Y de repente escuché una voz fuerte, con autoridad, que emanó de una figura sentado en un trono de zafiro. Su cuerpo fue lleno de fuego, peligroso. Me sentí extraño, como si mi fuerza fuera chupado de mi cuerpo. Estuve de pie, sintiendo desnudo, vulnerable. ¡Que inadecuado! Temerosamente y tembloroso, me caí lentamente al suelo, boca abajo, porque la luz fue demasiado brillante, y la presencia me abrumó. Pasaron una incógnita de tiempo. Sonó la voz de nuevo. Me llamó, y me puso de pie. Lo que sucedió después sigue siendo difícil a interpretar. Me encargó de un empleo, que yo llevara sus palabras a mi pueblo rebelde. Y de hecho fueron palabras siniestras. Yo no sabia en aquel momento, pero mi vida había cambiado. Esto fue el principio de mi empleo nuevo. . . He sufrido mucho en servir en este trabajo. ¡Que exigente este Dios! Me manda que yo cave un hueco en la pared, que yo coma un rollo, que yo me acueste en el suelo por trecientos noventa días sin levantarme. ¡Ay caramba! Casi deje su servicio cuando él me dijo que hornee mi comida usando mi propia caca. ¡Usar mi caca! ¡Que desgracia! Jamás me he contaminado con nada. Rechacé la idea, y me permitió cocer con excremento de vaca. . . Ahora no aguanto más. Es demasiado. Mi corazón es pesado con aflicción. Que pena en mi pecho. Aun, después de darle todo, me quitó la única cosa que me deleita la vista. Mi esposa querida. Ella ha estado siempre a mi lado, aunque no conseguí hablar porque mi lengua estaba pegado en el paladar. Ella me dio fuerza para seguir adelante con mi misión. Me la quitó. Y no soy permitido ni llorar ni lamentarme de ella. Casi quiero desobedecer a él. . . He sido recibiendo varias visiones últimamente. Cada una llega a ser más y más raro. Es difícil encontrar el razón entre todos aquellos. Todo parece desolador y oscuro en estos oráculos. Es una tristeza que no puedo aguantar más. Es una pesar, una pena, horrible. He previsto la destrucción, la ruina que hemos causado caer en nuestras cabezas. Es debido a nuestros errores, nuestra infidelidad. Hemos fallado. Nuestro castigo será repentino y completo. Calamidad caerá sobre calamidad. Mira, que el fin viene sin misericordia ni compasión. Aniquilación. . . “Tú tendrás que proclamarles mis palabras, que oyeran o que no oyeran” me dijo él. ¿Y qué seguridad me ha prometido? ¿Sólo que yo no tema? Pues, todavía es tan difícil obedecer. ¡Pero debo! Bueno. No tendré miedo, porque él me ha escogido. Debo obedecerlo sin importar lo que me sucede. Todavía nos queda esperanza. Le pido el restauración de mi pueblo. Ayer me dio una visión tan conmovedor que es difícil explicar. Yo vi una valle de esqueletos, y los vi ponerse en pie, un gran ejército, inmenso. La vida les había entrado de nuevo. ¿Esto puede pasar con nosotros? ¿Conmigo?. . . Profetizaré sobre estos huesos puestos en el desierto, secos y dispersos. Profetizaré al aliento, que ello venga a llenar estos cuerpos vacíos, sin vida. ¡¡Que nos dé vida!! Queremos vivir. Señor de restauración, no permanezcas enojado con nosotros. ¡Protéjanos, te ruego!. . . A pesar de todo, es un enigma. La única cosa que yo sé es esto: yo soy profeta de Dios, el transportista de sus palabras sagradas, la palabras que proceden de su boca. Seré el centinela de este pueblo. Les advertiré del desastre que viene para nosotros. Y, yo seré el consolador. Él removerá nuestra corazón de piedra, y la reemplazará con una corazón de carne, latiendo. Que yo soy Ezequiel, el visionario. Dios me reforzará. ¡Escuchen, pueblo rebelde, la palabra del Señor! ¿Por qué no debo temer a nada?
Si me enfrento a la muerte, no sé que yo haría
Pero estoy seguro de una cosa
No temeré
Porque tengo un seguro.
Aunque se burlan de mí,
Si se ríen de mí
Que venga cualquiera persecución
No temeré a ningún maldad.
Porque el señor es el pastor bueno, y
Aunque ando por los senderos
En el valle de sombra
Debido a él, me queda una esperanza
Una luz brillante
Una fundación inmóvil
Siempre me quedaré
Sin miedo ¿Por qué no tengo miedo? “¡Sométanse! Sométanse a ellos,” gritó el rey, pero los tres hombres se quedan inmóviles. “Si ustedes no se someten a estos ídolos que he hecho, les voy a lanzar en un horno en llamas ¿Cúal dios les rescatará de mi mano?” Los tres hombres, Sadrac, Mesac y Abednego respondieron, “el Dios que nosotros servimos nos salvará del horno en llamas, pero aún si no lo hace, no honraremos a sus dioses falsos.” Después de que Sadrac, Mesac y Abednego hubieran dicho esto, el rey Nabucodonosor se volvió furioso, y ordenó que el horno se hizo siete veces más caliente que lo normal. Sadrac, Mesac y Abednego no mostraron cualquier miedo. Ellos fueron agarrados por algunos de los soldados más fuertes del ejército y los lanzaran en las llamas. El horno fue tan caliente que los soldados que lanzaron a Sadrac, Mesac y Abednego en las llamas fueron matados por las llamas, pero cuando Nabucodonosor miró en las llamas, vio cuatro hombres caminando por las llamas. "¿Cómo puede ser?", se preguntó, "porque yo sólo arrojé a tres hombres." Los cuatro hombres fueron sin ataduras y sin daño alguno, y el cuarto hombre pareció como un dios. Cuando él vio esto, Nabucodonosor rechinó sus dientes en frustración. Los jóvenes deberían estar muertos. Entonces, Nabucodonosor se dio cuenta de que el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego fue el único dios verdadero, y él gritó, “¡Sadrac, Mesac y Abednego, siervos del Dios Altísimo, salgan de allí y vengan acá!” Sadrac, Mesac y Abednego salieron del horno, y toda la gente miró a ellos. Ellos salieron ilesos, su ropa, sus zapatos e incluso su pelo estuvieron ilesos. “El Dios de estos jóvenes es el único, verdadero Dios. Estos jóvenes demostraron tanta fe en su Dios, y su Dios los salvó de las llamas,” exclamó Nabucodonosor. Toda de la gente en la multitud gritó de acuerdo. Nabucodonosor continuó, “el Dios de estos jóvenes es el único, verdadero Dios. Estos jóvenes demostraron tanta fe en su Dios, y su Dios los salvó de las llamas. Yo decreto que todas las personas en mi reino deben adorar al Dios de Sadrac, Mesac y Abednego. Porque no hay otro dios que puede salvar de esta manera.” Después de esto, Nabucodonosor promovió Sadrac, Mesac y Abednego a un puesto alto en la provincia de Babilonia.
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