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De Cive - Thomas Hobbes

Teoría del Estado
by

Enrique Huerta Cuevas

on 21 February 2015

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Transcript of De Cive - Thomas Hobbes

DE CIVE
THOMAS HOBBES
1642

La preservación relacionada con el derecho natural proviene del dictado incontrolable de la necesidad que, sin llegar a ser un vicio concreto, deviene en cierta infelicidad (Hobbes, 1949: 2)

La diversidad de la materia arroja una diversidad de nombres: el tratamiento de las figuras se llama geometría; el de los movimientos física; el del derecho natural, por otra parte, moral. Y en la sumatoria de todos concurre un mismo sistema filosófico (Hobbes, 1949: 3).

El verdadero significado de la justicia que supone que cualquier hombre, antes de llamar a una cosa como suya atienda la posibilidad de que esa cosa pertenezca a otro hombre, ciertamente proviene del consentimiento y no de la naturaleza (Hobbes, 1949: 5).
Existen dos principios generales de la naturaleza humana:

1. Su esencia concupiscible.- es decir la tendencia natural del hombre a desear y a interesarse por aquellas cosas que otros poseen.

2. Su esencia racional.- cada hombre en sí mismo tiende a la disolución de su propio vínculo natural, esta "gran travesura" es motivada por un interés, hasta cierto punto natural.

En razón de ambos principios: los contratos, el lenguaje, así como la prudencia civil resultan absolutamente necesarios

Hobbes (1949: 5).
Frente al misterio de la autoridad real:

"En este libro se describen los deberes de los hombres, primero como hombres, luego como sujetos y finalmente como cristianos" (Hobbes, 1949: 7).

¿Cuántos monarcas --e incluso hombres sabios-- han incurrido en el error de considerar que un rey tirano puede legalmente disponer de la vida de sus súbditos perpetuando actos de masacre? ¿Cuántas rebeliones se han ocasionado por esta falsa comprensión de las cosas?

Los monarcas sólo pueden mantener dominios enteros, no a partir del manejo de simples argumentos, sino en virtud del castigo a los malvados y la protección de los hombres buenos (Hobbes, 1949: 9). Lejos de instalarnos perpetuamente en la paz, tan sólo nos acercarán a ella, y en la medida en que esto ocurra nos alejarán de la sedición y las luchas facciosas (Hobbes, 1949: 10).
El hombre es malicioso por naturaleza. No recibe la educación o la prudencia
de facto,
tampoco nace con ella. En el estado de naturaleza el hombre es incapaz de controlar sus deseos, miedos, angustias o cualquier otra pasión.

En consecuencia el estado de los hombres sin leyes civiles no es más que "una guerra de todos contra todos"; y en esa guerra todos los hombres tienen igual derecho a cualquier cosa, cunado se percatan de esta condición su deseo de escapar de esa miseria es inminente. Sin embargo esto no es tan simple a menos que ocurra "by compact", es decir, mediante una agregación de tipo contractual.

Una vez que emerge este acuerdo en torno a un hombre, o una asamblea de hombres, la posibilidad de su disolución permanece como un derecho latente.

Hobbes (1949: 13).
"Las peculiaridades de la naturaleza humana pueden ser reducidas en cuatro tipos diferenciados: fuerza física, experiencia, razón y pasión". Estos son, además, los fundamentos de las leyes de naturaleza (Hobbes, 1949: 21).

"El hombre es una criatura que nació para pertenecer a la sociedad". El hombre tiene actitudes más sediciosas en estado de naturaleza, pues si en virtud del dominio todos los miedos fueran removidos, en su lugar emergería la sociedad. La base de las sociedades no radica en los beneficios mutuos sino en los miedos que unos se tiene a los otros (Hobbes, 1949: 21 y 24).

La causa de los miedos mutuos proviene de la equidad originaria entre los hombres y en buena medida de la posibilidad, también originaria, de hacerse daño los unos a los otros irremediablemente (Hobbes, 1949: 25).

"Todos los hombres entre ellos mismos permaneces iguales por naturaleza; la desigualdad proviene de las leyes civiles" (Hobbes, 1949: 25).
"La razón más frecuente por la que los hombres desean dañar a otros hombres consiste en el hecho simple de que muchos, al mismo tiempo, tienen el mismo apetito por una misma cosa, y dado que no la pueden disfrutar en común y que tampoco pueden dividirla se estima que sólo el más fuerte puede poseerla, y el más fuerte lo será siempre por la espada" (Hobbes, 1949: 26).

De lo anterior se desprende el primer fundamento del derecho natural: "cada hombre en lo particular debe esforzarse para proteger su propia vida". (Hobbes, 1949: 27).

Existen pocos beneficios sobre el hecho de que los hombres tengan un derecho común a todas las cosas, para ser precisos no existe derecho alguno; el hecho de que cada hombre pueda decir "esto es mío" cancela cualquier tipo de usufructo debido a que cualquiera, con el mismo "derecho" y poder, pretenderán arrebatárselo de inmediato (Hobbes, 1949: 28-29).

No puede ser negado el hecho de que en el estado de naturaleza los hombres se encuentran en una guerra permanente de todos contra todos (Hobbes, 1949: 29).

Los beneficiarios se incorporan por consentimiento o por restricción, por la voluntad de las partes o por el miedo de las mismas (Hobbes, 1949: 30).
"Las leyes de naturaleza provienen del dictado de la razón". La primera y fundamental ley de naturaleza consiste en actuar en legítima defensa. De aquí se desprende que "el derecho de todos los hombres a todas las cosas" no los faculta para retenerlas; tan sólo para transferirlas o renunciar a ellas (Hobbes, 1949: 32-33).

Las palabras por sí mismas no son suficientes para declarar nuestra voluntad. La transmisión de derechos depende no de las palabras sino de la declaración expresa de la voluntad (Hobbes, 1949: 34).

¿Pero a qué tipo de declaración nos referimos?

Si un hombre transmite parte de sus derechos a otro, y ninguno recibe ventajas al respecto, este tipo de transmisión incurre en una donación o un obsequio; se trata de un tipo de declaración contractual, un acto donde dos o más convienen mutuamente sus derechos (Hobbes, 1949: 35).

La promesa de los mutuos beneficios afianza la voluntad como último acto de la deliberación, la libertad del incumplimiento es abolida y los efectos del contrato se vuelven obligatorios. Donde cesa la libertad comienza la obligación (Hobbes, 1949: 36)
En el estado civil, donde existe un poder que puede obligar a ambas partes, primero --y antes que cualquier otra cosa-- debe realizarse lo convenido, y en ese sentido no tiene lugar el temor frente al incumplimiento de las partes (Hobbes, 1949: 37).

Ningún hombre pacta con aquellos que no han declarado su consentimiento; nosotros no pactamos ni con bestias ni con Dios, tampoco podemos estar obligados ni siquiera por juramento (Hobbes, 1949: 37).

Estamos obligados por promesas que provienen del temor; el derecho civil cancela el miedo, lo trastorna en ilegalidad manifiesta (Hobbes, 1949: 39).

En el estado de naturaleza, al igual que podría ocurrir entre dos reinos, si un contrato debiera establecerse frente a la única opción del exterminio, este hecho supondría un contrato previo que involucre el cese tácito de las hostilidades en tanto el contrato sea sellado (Hobbes, 1949: 40).
Acordar, confiar y establecer contratos son leyes de naturaleza. Una vez que el contrato existe el comportamiento de los hombres sólo puede ser justo si la ley ordena estos actos, pues si son injustos sólo pueden ser respaldados por la enfermedad de su conciencia.

La JUSTICIA de los actos puede ser de dos tipos:

Conmutativa - Aritmética - Equivalente
Distributiva - Geométrica - Compensatoria

La observancia de estos preceptos los griegos la llamaban "isegoría".

La equidad, la aceptación e incluso la discrepancia son leyes de naturaleza. Las leyes de naturaleza son inmutables y eternas: aquello que prohíben no puede ser legal y aquello que comandan tampoco puede ser ilegal; y sin embargo habría que recalcar que aquello que llamamos "leyes de naturaleza" no provienen exactamente de la naturaleza, sino de las sagradas escrituras, del mandato divino sobre el bien supremo de todas las cosas.

(Hobbes, 1949: 43-59).
Los actos de los hombres provienen de su voluntad, y la voluntad de la esperanza o del miedo, frente al incumplimiento de la observancia de la ley y a sabiendas de ello, los hombres están violentando su propia voluntad.

La conspiración de muchas voluntades no es suficiente para preservar la paz; eso no es posible hasta que cada hombre someta su voluntad a un sólo hombre o una asamblea de hombres, entonces su voluntad se ejercerá sobre aquellas cosas que posibilitan la paz.

El hecho de que exista una "multitud" de hombres deliberantes sobre lo que debe y no debe ejecutarse, motivados por el bien de todos los implicados, es lo que llamamos CONSEJO.

Y aunque cada ciudad puede actuar como un sólo individuo, es decir que muchos ciudadanos queden cohesionados en una sola persona en virtud de las cosas justas; un individuo no puede convertirse en una ciudad.

(Hobbes, 1949: 63-68).
Existen dos tipos de ciudades: una natural, paterna y despótica; y otra instituida que puede llamarse política. En la primera cada uno es soberano de sí mismo; en la segunda un hombre o una compañía de hombres asumen el comando supremo (Hobbes, 1949: 69).

Si al momento del pacto alguno no declara su consentimiento no se puede forjar la ciudad a partir de su exclusión. La ciudad retendría un derecho primitivo contra su discrepancia convertido en "un derecho de guerra" contra el enemigo (Hobbes, 1949: 72).

La seguridad no se mantiene por asociación o unión, sino por sanción y el castigo. Al derecho del castigo se le llama justicia. Y para que esa seguridad se transforme en paz es necesario que a su vez sea transferida "a un hombre o una asamblea de hombres" que contenga el poder supremo de la ciudad (Hobbes, 1973: 73).
Todas las sentencias en una ciudad provienen de quien "tenga la espada" y esto quiere decir que detenta el poder supremo (Hobbes, 1949: 74).

Las leyes civiles no son otra cosa más que el mandato de quien detenta la autoridad suprema en la ciudad con el objetivo de regular la dirección de las acciones inmediatas de los ciudadanos (Hobbes, 1949: 75).

¿Para qué está hecho el contrato y para qué no?

La respuesta dependerá de la constitución de las leyes civiles. En cada ciudad hay un hombre, o un consejo o una corte, que tiene un poder supremo sobre cada ciudadano. Los miembros de ese comando habría que decir que no están regulados por el poder civil, su única limitante son "las fuerzas de la ciudad" en sí mismas, y ninguna otra cosa más. Ese poder no tiene otro límite pues se erige como el
terminus ultimus
de las fuerzas provenientes de la unión de todos los ciudadanos (Hobbes, 1949: 81-84).
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