Loading presentation...

Present Remotely

Send the link below via email or IM

Copy

Present to your audience

Start remote presentation

  • Invited audience members will follow you as you navigate and present
  • People invited to a presentation do not need a Prezi account
  • This link expires 10 minutes after you close the presentation
  • A maximum of 30 users can follow your presentation
  • Learn more about this feature in our knowledge base article

Do you really want to delete this prezi?

Neither you, nor the coeditors you shared it with will be able to recover it again.

DeleteCancel

ESCLAVOS y NEGROS LIBRES EN ESMERALDAS

No description
by

Susan Rocha

on 26 May 2014

Comments (0)

Please log in to add your comment.

Report abuse

Transcript of ESCLAVOS y NEGROS LIBRES EN ESMERALDAS

ESCLAVOS y NEGROS LIBRES EN ESMERALDAS
S. XVIII-XIX

Rocío Rueda
Pocos investigadores nacionales y extranjeros desde la literatura, la antropología, la historia, han estudiado el tema negro. Rocío desde la historia quiere entender las especificidades de la construcción social de las comunidades negras en Esmeraldas. Existen dos tendencias para abordar los estudios sobre la negritud:
Introducción
1.- considera a toda la región de Esmeraldas, de selvas tropicales, cálidas y húmedas, como un lugar donde, desde el XVI con la presencia de negros provenientes de un naufragio, se fue forjando una sociedad en medio de la libertad y al margen de los lineamientos de la normativa colonial. Un "gran palenque", un espacio de resistencia, estructurado a través de la interacción de la población negra con otros grupos, como los indígenas de la zona y los esclavos huidos o cimarrones proveniente s de los distritos mineros del sur de Nueva Granada y de las haciendas del valle del Chota.
2.- sin respaldo empírico, enfatiza en la presencia temprana y generalizada de un sistema esclavista similar al desarrollado en los distritos mineros neogranadinos, como el de Barbacoas o el de Chocó, en donde el elemento africano estuvo destinado, básicamente, a la explotación minera en medio de un trabajo coercitivo y carcelario.
Construcción social de la población negra para mantener una sociedad libre en la que hoy se reconocen.
Esmeraldas
El propósito de este trabajo es esclarecer la relación con la un régimen esclavista regional.
El establecimiento de la minería aurífera y el régimen esclavista en el norte de la provincia de Esmeraldas, en la cuenca del río Santiago, a partir del XVIII al XIX. Esto obedeció al interés de la Audiencia de promover un camino hacia el mar. El tipo de esclavitud de la zona y las relaciones sociales al interior de las minas tuvieron una relativa autonomía, y la permanente resistencia de los esclavos frente a su situación de cautiverio, como parte de las condiciones alcanzadas por la sociedad negra esmeraldeña.
El contexto regional, económico y social; la singularidad del régimen esclavista al norte de Esmeraldas. Enfatizar, la importancia del proyecto vial que articule los Andes con el mar, para dinamizar el comercio de Quito con Panamá, Nueva España y Lima. Las autoridades, durante todo el período colonial anhelaron ese camino (Cédulas Reales, Provisiones y Capitulaciones).
Tempranamente, el gobierno dispuso iniciar la pacificación en Esmeraldas. Con zambos y negros fugitivos asentados en la provincia celebraron acuerdos, para tener su colaboración para la apertura del camino, a la vez les concedieron garantías para continuar su sociedad de la libertad.
El acuerdo
Objetivo
Nuevos proyectos propuestos por "empresarios viales" para construir el camino de Malbucho, en el XVIII, que convocó a los mineros de Popayán, Cali, Chocó, Barbacoas, Quito y el Chota, para aprovechar el oro de la región y mantener abierto el camino para el tránsito de mercancías. Con la apertura de la frontera minera, se establecieron entables mineros, reales de minas y el traslado de cuadrillas de esclavos de los distritos mineros de Nueva Granada destinados a explotar los terrenos auríferos de la provincia.
El ORO de Esmeraldas
Decaimiento del distrito minero en el XIX; por el camino de Malbucho, pues su edificación demandó la colaboración de los mineros, con mano de obra esclava y herramientas. Los trabajadores, al entrar en contacto con otros esclavos y negros libres, optaron por obtener la libertad con la fuga, con grandes pérdidas para sus amos. Con el paulatino abandono de Malbucho, los reales de minas quedaron aisladas. Para el cierre de esta vía contribuyeron los cabildos de Guayaquil y de Tumaco, pues sintieron amenazados sus intereses ante la presencia de una ruta comercial que abreviaba las distancias entre la Sierra y el Pacífico.
El camino de Malbucho
Presencia de los esclavos en las minas: Playa de Oro, San José de Cachaví y Guembí, entre 1809-1912. Los esclavos formaron guerrillas a favor de la independencia a cambio de la promesa de libertad. Al salir los propietarios de las minas, por el aislamiento de la región, la falta de comunicaciones y la baja rentabilidad del oro, los esclavos se radicalizaron con actividades conspirativas.
Conflicto de los reales de minas, en Playa de Oro y Cachabí, cuando pasaron a ser propiedad del Rey. La condición de seres libres se convirtió en una aspiración colectiva de los esclavos; se inició la manumisión por compra y la conformación de comunidades libres.
Negros esmeraldeños en la independencia
Fuentes secundarias: Rocío Rueda; Germán Colmenares; Zamira Díaz López; Mario Diego Romeo y Anthony McFarlane.
Fuentes primarias: A.N.H., Fondo Especial: proyectos viales, informes de empresarios viales, inspectores coloniales, normativa de los presidentes de Quito para construir el camino, -Barón de Carondelet-, y la ruta de Malbucho. Las visitas oficiales a los reales de minas, su producción y su estado. Las series, Popayán, Esclavos, Minas y Real Hacienda: presencia de mineros y cuadrillas de esclavos de Nueva Granada, licencias para la exploración y explotación del río Santiago. A.H. del B.C.E., Fondo Juan José Flores; proceso de manumisión de los esclavos, en las minas de Playa de Oro y Cachabí.
José Rumazo González, Plan del camino de Quito al río Esmeraldas de Jorge Garcés, publicado por el Archivo Municipal de Quito.
Ausencia de fuentes sobre la producción de oro de los reales de minas. Ese vacío documental se debe a que Esmeraldas, en la II mitad del XVIII e inicios del XIX, perteneció a Popayán, los libros del quinto de oro a las Cajas Realesestaban la Tenencia de Tumaco y hoy deben formar parte del Archivo Central de Popayán, depósito aún no revisado. Método: sistematización que dé cuenta de los hechos económicos, políticos y sociales dominantes en una etapa identificada en el proceso de estructuración del distrito minero del norte y el establecimiento del régimen esclavista, manteniendo, la presencia de todos ellos en la descripción del proceso, pues, de alguna manera, este trabajo pretende acercarse a construir una historia en lo posible integral.
LOS PROYECTOS VIALES Y LA EXPLOTACIÓN MINERA
El establecimiento del distrito minero en la cuenca del río Santiago, a la mitad del XVIII, antecedido de la política de desarrollo vial de la Corona para su misma de la empresa colonial. A partir del XVI por la ubicación estratégica de Esmeraldas, se promocionó la construcción de caminos para facilitar la comunicación con la metrópoli y el establecimiento de puertos, para dinamizar el comercio con Panamá y los centros de producción andinos, donde se estableció una red de fundaciones urbanas.
En 1526 inició a la conquista, pacificación y reducción de Esmeraldas por militares cuyo fracaso con los cayapas: "indios de guerra" o "indios bravos"; motivó la presencia misionera en 1577, para "doctrinar a los rebeldes bárbaros", y a los negros fugitivos establecidos allí desde 1553, por el naufragio de un barco comercial Panamá-Callao. La resistencia liderada por el negro Alonso Illescas, obligó a las autoridades a celebrar un acuerdo oficial que les otorgó el perdón como cimarrones, conducta penada con castigos que iban hasta la muerte; se reconoció como libres a negros, zambos e indios. A cambio, los negros ofrecieron obediencia al Rey y se comprometieron a colaborar en la fundación de pueblos para beneficio del camino y los futuros puertos.
En 1600 había 2 pueblos: San Matheo de la Bahía, a orillas del río Esmeraldas, y San Martín de Campaces, que en 1697 fue trasladado a Cabo Pasado, para habilitar un puerto en la Bahía de Caracas o Caráquez.
La cooperación de los negros se evidenció en la reducción de pueblos y en las labores que realizaron como centinelas en la Costa, canoeros en los ríos y en la edificación del camino. Así buscaban garantizar la autonomía y libertad alcanzada hasta entonces, cuya peculiaridad se dio desde un inicio con la huida colectiva de los esclavos, y el reconocimiento de su libertad por parte del Estado colonial.
El Estado convocó a los interesados en la construcción de la vía de "la empresa de las Esmeraldas". Concedió:
la gobernación de la provincia de Esmeraldas,
el derecho de cobro por bodegaje en los puertos
la adjudicación del corregimiento de Ibarra y Otavalo.
Privilegios para quienes financiaron la obra, apoyados por las autoridades y la elite serrana que envió indígenas de sus haciendas para la construcción de los caminos; pues, para ellos, se abría la posibilidad de incrementar sus ganancias mediante el comercio de los textiles, con Panamá, Nueva España y Lima.
En el XVII, se promovieron 2 sistemas viales:
1.- propuesto por la elite de la Sierra norcentral, que va desde Ibarra al puerto del río Santiago (Mira): camino de Malbucho,
2.- impulsado por la elite de la Sierra centro-sur, que parte de Quito hasta el río Esmeraldas o a la Bahía de Caracas.
En este siglo, se observa un ritmo alterno en la construcción del camino, su puesta en marcha con empalizadas, puentes, tambos, puertos y bodegas, trabajos realizados por indios y negros, quienes estaban empeñados en cumplir con su parte del acuerdo.
Al finalizar el XVII, el avance en los caminos era alto: vías de herradura, trechos de navegación por los ríos; transportación a través de mulas, balsas y canoas, y habían poblados para mantenerlos transitables.
La dificultad en tenerlos abiertos y transitables, obedeció a la oposición entre comerciantes limeños y guayaquileños por el monopolio comercial, y en ciertas autoridades locales, doctrineros y propietarios de pequeñas fincas, que veían reducidas sus ganancias por los indios entregados para el camino; la resistencia de los aborígenes, que vieron alterada su forma de vida, obligados a acudir a las labores del camino y a abandonar sus caminos tradicionales.
Las condiciones geográficas: densa selva cálida y húmeda y alta pluviosidad, exigía un intenso trabajo para mantener el camino habilitado y libre de vegetación.
En el XVIII, buscar una ruta era una preocupación del estado colonial y de la elite que disminuyó sus ingresos por la baja de textiles a Potosí; que quería asegurar su vinculación a los mercados mineros del norte, con el intercambio de textiles y productos agrícolas por oro.

Pedro Vicente Maldonado, de la elite serrana, hacendado, obrajero y parte del gobierno, presentó un proyecto vial al Virrey del Perú, Marqués de Castellfuerte, en 1734; allí se insistía en las ventajas del comercio de exportación, con Panamá, el Reino de tierra firme, Barbacoas y Chocó como potenciales mercados para Quito. Sobre el monopolio de Guayaquil con la exportación de productos tropicales, Maldonado habló de las posibilidades productivas de Esmeraldas, para sembrar tabaco, caña, etc.
En 1735, con el auto del presidente de Quito, Dionisio Alcedo H., se dio licencia para construir caminos de herradura, con 2 itinerarios: De Cotocollao y Nono a Esmeraldas: y de Ibarra al río Santiago, el camino de Malbucho. Con ese camino, se podía iniciar la explotación de oro del río Santiago y sus afluentes, porque posibilita, suministrar productos básicos para los trabajadores. El contrato fue otorgado a los negros Francisco y Santiago Romero, de Palma Real, quienes construyeron desde Alto Tambo hasta el río Turubi, donde se proyectaba tener un embarcadero, bodegas y viviendas. Con esa nueva vía, y mineros de Nueva Granada, el Chota, Guayaquil y de Quito, inició la apertura de la frontera minera en el norte de Esmeraldas.
LA APERTlJR.A DE LA FRONTERA MINERA
EN EL NORTE DE ESMERADAS

ESTABLECIMIENTO DE LOS ASENTAMIENTOS MINEROS: RECONOCIMIENTO DE PLACERES AURÍFEROS y CONCESIÓN DE REGISTROS
La minería al norte de Esmeraldas se conformó en la zona fluvial del río Santiago y afluentes, cuya apertura inició cuando se constató el avance en el camino de Malbucho. Pedro Vicente Maldonado, gobernador de Esmeraldas, desde 1738 para estimular la presencia de empresarios mineros para la apertura, limpieza y tránsito del camino, señaló las bondades de los ríos Santiago y Mira en cuanto al oro:

...existen en sus riberas así como en los demás ríos pequeños criaderos y veneros de oro, del que se valen algunos de sus habitadores, y mestizos, que se
han retirado allí de la provincia de las Barbacoas, los cuales siempre que les urge la necesidad lavan la tierra y sacan lo que necesitan sin recato, no es cosa capaz de ocultarse á quien quisiere servirse de ellos.
Esas noticias llegaron hasta los mineros neogranadinos: Popayán, Cali, Barbacoas, que solicitaron al Gobernador obtener "sitios realengos y eriazos" para exploraciones mineras; una de las primeras actividades reconocer los placeres auríferos, por un grupo reducido de hombres. Esta búsqueda de yacimientos podía tardar meses; solo cuando los mineros tenían la certeza del hallazgos y tenían la adjudicación de los lavaderos, comenzaba el desplazamiento de las cuadrillas de esclavos. Una solicitud de Pedro Gaspar de Anastasia Amaral, Maestre de Campo del batallón de Barbacoas, en representación de los mineros de la zona quería inspeccionar las posibilidades auríferas que ofrecía la región.
Con la prospección minera, se requería una solicitud que denunciaba el sitio, sus límites y el material encontrado. El registro ratificaba la demarcación y a su propietario como señor de minas, se recomendaba el cumplimiento de las ordenanzas sobre minería:

...que los señores de minas, y demas que sacasen oro, plata de ellas lo hayan de manifestar en la Real Caja mas inmediata para que de ello se tome razon, y reduzca los Reales derechos, de quinto y cobro, sin que padezca fraude la Real Hacienda, pues de lo contrario se procederá contra los que así no lo híziesen, aplicandoles las pena por derecho impuestas.
En 1792, el minero Carlos Arauja quiso explotar el río Bogotá (Popayán), se opuso la vecina de Cayapas Narcisa de Aguilar, que obtuvo, en 1789, en representación de su hermano, fray Manuel Aguilar, registro de la mina Nuestra Señora de la Concepción, en el río Bogotá. Carlos Arauja alegó el perjuicio de la Real Hacienda al registrar minas extensas y con cuadrillas de cinco esclavos y no jurisdicción del teniente de Tumaco, para conceder minas Cayapas, jurisdicción de Ibarra-Quito. Popayán tenía interés en los quintos reales del distrito minero. Arauja obtuvo el dictamen a su favor, en 1793 consta como propietario de la mina en disputa, llamada mina Bogotá.
Para evitar registros mineros amplios, se ordenó conceder ciertas cuadras de tierra, según el número de esclavos del minero, lo que casi no se cumplió, por empresarios mineros que podían montar reales de minas rentables. La ley decía que si en 4 meses no se reocupaba la mina, estaba desierta y podía ser adjudicada.
Josef Moreno, vecino de La Tola-Tumaco, en 1781, en representación de don Juan Francisco de Pratz, vecino de Tumaco, denunció una mina abandonada en el río Tululbí, propiedad de Juan de Acha. Luego del "cateo" y descubiertos los minerales, el teniente gobernador de Tumaco, concedió el registro.
Hay 2 etapas al establecer minas en la región, dadas por la posible ruta al Pacífico. Una es el interés de los mineros del norte para usar los placeres, que decae al suspender la construcción el camino de Malbucho, pese a la labor de Pedro Vicente Maldonado, en la pacificación, reducción y colonización de la región, para mantenerla abierta; los negros e indios abandonaron la construcción ante los malos tratos de Maldonado y la reubicación de poblados para servir al camino, desarticulando la vida aborigen. Los negros entendieron que las autoridades desconocían el convenio de mutuo acuerdo y se retiraron a su hábitat tradicional, los márgenes de los ríos y los esteros en donde tenían sus rancherías y sembraban platanales, "rozas de maíz", y cacería, pesca y recolección de frutos de la tierra. Allí continuaron con su forma de vida autónoma de libertad y al margen de la sociedad blanca.
Hubo oposición de autoridades que apoyaban los intereses comerciales de Guayaquil y Lima, para quienes abrir el nuevo camino y puertos era fomentar el contrabando y a los piratas, un peligro a la seguridad de la Audiencia. En 1748, muere Pedro Vicente Maldonado, el camino cae en desuso por ser "algo intransitable por las matas y árboles crecidos". Así las incursiones mineras formaran núcleos dispersos en los márgenes del río Santiago y Mira. Según los mineros, no hicieron reales de minas allí porque:
este era un país desierto, inculto y embreñado en la selva, antes de trabajar en sacar oro, es menester abrir y sembrarla para asegurar el alimento".
La fase II, desarrollada en la II mitad del XVIII y al finalizar el siglo, refiere una acelerada minería en los ríos Santiago, Guembí, San Miguel, Zapallos, Tululbí, Bogotá, Cayapas y Cachabí, esto obedece a la reactivación del proyecto de Malbucho, por el corregidor de Ibarra, auspiciada el Barón de Carondelet. Con la política de los Borbones por la crisis textil, diseñó un plan económico con el camino de Malbucho, para impulsar la exportación a Panamá y al norte. Señaló al Chocó como el mercado para frutos de Ibarra, Otavalo y Quito, a cambio el oro. Los productos podían ser transportados por el río Santiago y el puerto de Limones, a Tumaco, Chirumbirá e Iscuandé, en menos de dos días.
Ya rehabilitada la vía de Malbucho se inició el comercio desde Panamá a la Tola, con gracia de libre comercio como los puertos de Nueva Granada. El virrey sabiendo de la nueva ruta, y lo dicho por Carondelet sobre la vinculación Esmeraldas, La Tola, Tumaco, Limones, Atacames, a la Audiencia autorizó en 1807 su reincorporación a Quito, sacándolos de Popayán (1764). Desde 1760, mineros de Cali, Popayán y Barbacoas vinieron a los ríos Santiago y Bogotá, en el Curato de Cayapas.
Los mineros formaban parte del mismo clan familiar, la casa Valencia fortalecía su presencia en el distrito minero de Esmeraldas, mientras que la presencia Quito fue prácticamente marginal.
REALES DE MINAS Y
ENTABLES MINEROS
En lo administrativo, eran un distrito minero de poblamiento, excavación y labor, con ranchos cerca al río. La calidad del poblado dependía del dinero del dueño, los pequeños mineros hacían poblados provisionales, debido a la búsqueda de nuevos depósitos. En los ranchos vivían los esclavos sin separación de sexos ni familias. Un rancho se dedicaba a la cocina, otro a herramientas y herrería, otro a guardar alimentos y otro a calabozos con grillos y esposas. En construcciones separadas vivía el capataz o el amo que, a veces visitaba el real, los mineros notables eran propietarios ausentes, vivían en ciudades importantes donde tenían otras actividades económicas y el reconocimiento social.
Tenían capilla, despensa y a veces una fragua, querían reproducir la vida urbana en la selva, para que la población dispersa "viva en policía". El real de minas de San Antonio de Cachabí de la familia Quintero, en 1792, tenía
casas cómodas para habitación de los amos a las que les dotó de muebles y utensilios en que entran algunas piezas de plata labrada, ranchos para que vivan en desahogo los negros y una capilla con su campana.
La mina de Bogotá, del puerto Carondelet, de los Arauja, para 1807, tenía
dos casas la una de cuatro baras y la otra de tres, y una puerta de madera. Otra casa con casina ya arruinada y un rancho inservible.
Era común tener a un religioso que a veces iba a las minas para ofrecer misa e impartir los sacramentos.
Los reales de minas tenían entables que hacían valiosa a la mina; con pilas, cortes y acequias. Usaban l técnica de canalón donde al pasar agua por un canal paralelo al cual se arrojaban las arenas; los materiales pesados se retiraban a mano o por la fuerza del agua, lo que dejaba en el fondo una capa greda de la cual extraían polvo de oro, aprovechaban las lluvias recogidas en depósitos o pilas levantadas en las cimas de las colinas y conducidas por acequias. Los yacimientos auríferos de Esmeraldas, al ser minas de oro corrido, como las de Chocó y Barbacoas, usaron el canalón.
El administrador llevaba la contabilidad, comunicaba los pormenores de la mina y enviaba ganancias al dueño. En ranchos pequeños eso lo hacía el dueño. Los capitanes de cuadrillas eran negros que hacían de nexo entre administrador y esclavos. Mantenían la disciplina, distribuían alimento y colectaban oro para el administrador. Las cuadrillas de esclavos eran variables según los reales de minas. Los grandes tenían entre 60 y 200 esclavos trasladados del sur neogranadino. Según carta del minero Alejo de Orta al corregidor de Ibarra , en 1792, existían alrededor de 300 esclavos procedentes de Popayán, Chocó y Barbacoas, y se esperaba que entren más de mil.
La diversificación de labores en era común: los esclavos iban a cortes cerca de los ranchos; o a la herrería para mantener las herramientas -barras, almocrafes y hachas-. Los inventarios registran su peso y su costo por la dificultad de obtener hierro y acero. La fragua permitía reciclar herramientas en desuso. Había carpinteros, canoeros y curanderos. Los entables de sementeras junto al río permitían obtener productos agrícolas para subsistir: plátano, maíz, tabaco. En grandes minas se comía también sal, aguardiente, guarapo, miel, cacao, coco, naranja y carne. Tenían un día semanal para "descanso, a la iglesia y a conseguir el sustento para el vestido", es decir, cazar, pescar, recoger frutas y oro del río, que a muchos les permitió comprar su libertad.
La producción y rentabilidad de las minas, en la II mitad del XVIII, es dispersa. Hubo un litigio entre Popayán e Ibarra por la jurisdicción de Lachas, La Tola, Atacames, Limones, Palma Real, Esmeraldas, Santiago y más costas de Tumaco.
Esmeraldas, por sus difíciles condiciones geográficas, estaba aislada de los centros administrativos y los funcionarios reales no llegaban a lugares tan recónditos para realizar los cobros. Muchos mineros no declararon lo obtenido, convirtiendo al oro en contrabando. El teniente de Tumaco, José Maruri, en 1814, frente a la insurrección de los esclavos de la mina de Playa de Oro, propuso su venta para saldar la deuda de la familia Arroyo, propietaria de la mina, con la Real Hacienda.
Este tipo de producción se mantuvo hasta el XIX.
DECLIVE DEL DISTRITO MINERO
En el XIX, la frontera aurífera al norte de Esmeraldas inició su declive por el camino del Malbucho, hecho con apoyo de la elite serrana norandina, interesada en vender sus productos en el norte. Invirtieron dinero, indios y esclavos del Chota, igual que los mineros neogranadinos ubicados en Esmeraldas. Les exigían herramientas y esclavos tratados como jornaleros. El Barón de Carondelet comunicó al Corregidor de Ibarra el envío de 200 pesos pagar a los negros. En 1804, se nombró a don José Pérez Valencia Teniente Gobernador del puerto de La Tola. Mariano Yépez informó, en 1804 que en Malbucho había epidemias de "desintería de sangre" y las "tercianas" (paludismo), que padecían los negros e indios, así pidió al minero Pedro Muñoz enviar negros de Playa de Oro para avanzar en la obra.
Los esclavos, al ir a componer el camino, devenían en jornaleros y se relacionaban con negros libres, que se alquilaban como trabajadores, con esclavos del Chota y del Rey. El contacto con estos grupos, más los malos tratos por su condición de esclavos, generó malestar entre los negros, lo que les llevó a optar por la huida como para lograr la libertad. Según Miguel Bello, administrador del camino, cuando los esclavos desertaban, iban a Popayán o se quedaban en las montañas de Malbucho y en el río Tululbí.
Las fugas de esclavos disminuyeron la fuerza laboral de los reales de minas, esto se agravó por la dificultad de proveerse de nuevos esclavos por su alto costo y la dificultad del traslado, por el inhóspito del terreno esmeraldeño. Esto impidió la reproducción de los esclavos, produciendo pérdidas, así se retiraron los mineros. Desde 1802, se inició la venta o traspaso de varias minas de de los mineros de Nueva Granada a los vecinos de la región, claro algunas transacciones no llegaron a realizarse por conflictos y pleitos de los descendientes, es el caso de las familias Quintero y Araujo.
Causa para la caída minera fue la agreste geografía, la lluvia impidió que la vía de Malbucho sea transitable la mayor parte del año e impidió a pequeños mineros abastecerse, sus pocos esclavos explotaban aluviones en ríos o quebradas. Los mineros ricos (Arroyo, Valencia, Muñoz), tenían negros trabajando la agricultura. En 1804 la vía de herradura de Ibarra al puerto de La Tola permitía llevar productos andinos a Barbacoas, Izcuandé y Tumaco. El Cabildo de Guayaquil y el de Tumaco pedían a España clausurar la vía, el último dijo que el comercio entre Quito y Panamá se lo podría realizar por Tumaco. La elite quiteña mostró su preferencia por el camino de Maldonado: Quito-embarcadero del río Esmeraldas, por sus condiciones geográficas y ubicación estratégica, al centro de la provincia, porque la vía de Malbucho, esta al norte, beneficia solo a Ibarra y Otavalo.
Si bien el camino de Malbucho posibilitó aprovechar al máximo la riqueza de los filones en explotación, especialmente a los mineros neogranadinos, éste fue un período aurífero limitado, su caída se asocia a las difíciles condiciones geográficas de la zona y a las exigencias impuestas a los mineros por las autoridades coloniales, para contribuir a terminar la vía. Con el abandono del camino, se cerró la posibilidad de consolidar la empresa minera del distrito del norte de Esmeraldas.
INSURRECCIÓN y MANUMISIÓN DE ESCLAVOS EN LOS REALES DE MINAS
En los albores del XIX, los esclavos de Esmeraldas se involucraron en conflictos por las guerras de Independencia. De Agosto de 1809 a 1812, una vez formada la Junta de Gobierno de la elite quiteña, se extendió a Nueva Granada, donde muchos criollos compartieron esta idea. Popayán rechazó la Junta quiteña, su gobernador, jefe del realismo absolutista, inició la defensa de la costa pacífica. Para controlar sitios estratégicos como el puerto de San Fernando de La Tola, terminal de la vía de Malbucho, desde donde se podía ir al interior andino y dar armas a los revolucionarios quiteños desde Nueva Granada; o las fuerzas insurgentes podían avanzar de Quito a Pasto y Popayán.
Tacón, gobernador de Popayán se trasladó a Esmeraldas para:
alistar a algunos paisanos al servicio de la milicia. Sujetar de agrado o de fuerza las quadrillas de esclavos que se emplean en la lavor de Minas del Río Santiago, y mantienen inteligencia con los quiteños por el camino que con todo empeño estan nuevamente habriendo por la sierra, para traer según propagan tropas que hagan la conquista de los territorios subordinados a mi gobierno
.
El reclutar soldados para enfrentar a los insurrectos obedecía a la resolución del Cabildo de Popayán, el 24 de marzo de 1811, que anotó que los esclavos que tomen armas en defensa del Rey serán libres. Tacón pensó que los esclavos del Esmeraldas iban a luchar por el rey como los negros de Patía, porque el lado insurgente estaba conformado por los propietarios de las minas de la costa pacífica y de las haciendas del Cauca, donde habían huido los habitantes patianos.
Para 1812, al norte de Esmeraldas había 3 reales de minas de alta inversión con mucho oro: San José de Cachabí (Quintero, Pedro Pérez Muñoz); Playa de Oro (Arroyo) y Nuestra Señora de la Concepción de Guembí (Valencia). La participación de los esclavos comenzó cuando Toribio Montes Presidente de la Audiencia de Quito en 1812, derrotó al gobierno insurgente en San Antonio de Ibarra. Nicolás de la Peña Maldonado, Rosa Zárate, Joaquín Montúfar, Ramón Chiriboga, Baltasar Pontón, Gregorio Estacio, Vicente Lucio Cabal, fray Francisco Saa y José Correa derrotados fueron a Malbucho. Según el gobernador de Esmeraldas, se contactaron con los esclavos en las minas, desde donde esperaban a sus compañeros; señaló, que no puede ir en su captura porque
los negros ponen muchas travas y rinden la vista por los quiteños
.
Entre enero y mayo de 1813, La Tola fue escenario del enfrentamiento entre realistas e insurgentes, los últimos junto a los esclavos a quienes habían prometido la libertad por su participación. Saquearon armas y alimentos. Andrés de Castro, al respecto, anotó:
Con fecha 18 de febrero hise a S.E. expreso informando de la bajada de los insurgentes y negros a la Tola en donde se mantuvieron apertrechandose de viveres y se han de buelto en union de todos a las minas. El cura de este partido que se hallaba en la Tola dice que son como veinte serranos, soldados y doscientos negros estos bajaron a la Tola y saquearon la casa del maestro Angulo, la del panameño y los ganados de estos y otros. Tambien se llevaron como diez y seis cavezas de ganado de la cofradía de la Virgen.
Toribio Montes y Andrés de Castro avanzaron a las minas, cuando allí se organizaba la defensa con 2 cañones de madera, 17 fusiles, 8 pistolas, 15 sables, puñales y machetes, 800 balas y pólvora. El resultado fue la derrota de los insurgentes llevados a Tumaco, donde se instauró el sumario y se los ajustició al:
ponerlos en capilla pasándolos por las armas por la espalda, y cortándolos las cabezas se remitirán del mejor modo posible a fin de ponerlas en la plaza de esta capital
. Luego, el coronel José Fabrega, que los condenó, le ofreció a un negro Cornelio de Guembí, 100 pesos de plata y su libertad a cambio de la entrega de los fugitivos. Esto se conoció cuando éste solicitó se cumpla la promesa.
En 1814 se conoció de un proyecto de fuga colectiva de los esclavos para unirse a los fugitivos de Malbucho y el río Tululbí. El informe para Montes enfatiza que:
el deseo de los negros de las minas es el de profugar para las montañas de Malbucho a reunirse con los muchos cimarrones que se allan en dicho sitio, esclavos de diversos amos y hai el numero que pasan de cincuenta piezas a los que se ha agregado en estos pocos dias cinco piezas de la hacienda Cuajara y otros varios de las haciendas del Chan, puchimbuela y Tumbabiro. Las demas cuadrillas de estas haciendas piensan en lo mismo, todos se allan en movimiento buscando ocasion para verificarlo... todos estos cimarrones los seducen y llaman generalmente a los demas para engrosar su cuerpo y hacerse temer.
Las documentos del XVIII, reiteran sobre los cimarrones de Malbucho; refugio de huidos del Chota, del sur colombiano y de minas y caminos de Esmeraldas. El palenque no había sido controlado por el gobierno. Los negros amenazaron con ir a Malbucho y el teniente de Tumaco, José Maruri, sugirió vender los esclavos, de Playa de Oro
por ser más adictos a la revolución
, preparó un ejército de 100 hombres para la "reconquista" de los negros. Esto llevó a los esclavos a decir a las autoridades que acatan todas las instrucciones que se establezcan, lo que fue aceptado por el gobernador Andrés de Castro, quien junto al sacerdote del pueblo de Carondelet realizó una visita a las minas de Guembí, Cachabí y Playa de Oro.
El religioso, al respecto, manifestó
me posesioné como cura propio, reunidas las quadrillas de negros a quienes se les hiso saber la obligación que tenian de prestar el obedecimiento debido, asi en lo espiritual como temporal y lo prometieron. Hoy con haber hecho experiencia de la gente he encontrado una gente muy cristiana, bien adoctrinada, sumisa, nada revoltosa y en fin adornada de todas ras qualidades necesarias a un hombre.
Con la visita, Castro tomó posesión de las minas a nombre del Rey que daba mercedes para su explotación. Abandonadas por los dueños y administradores, por el cierre de la vía de Malbucho y la insurrección que vivían, pasaron a ser del Estado. Castro habla del deterioro por las inundaciones, debiendo construir nuevas pilas, estanques, capilla y nuevas siembras. Los negros de Playa de Oro dicen que
estas minas son escasas de oro, cuyo producto despues de un trabajo inmenso y mayor número

de gente han resultado al año dos y tres libras de oro
. Los esclavos de los 3 reales propusieron pagar una pensión cada 6 meses al rey. Castro los apoyó, por el difícil trayecto hacia allí. En 1817, en el libro de la Real Hacienda sobre Esmeraldas, registra 464 pesos por la pensión de los negros de las minas. En 1818 se estableció que al año los casados debían pagar seis pesos de oro y los solteros, ocho pesos.
Esta modalidad· ya se usaba en la costa pacífica colombiana, (Timbiqui, Belén, Pique), donde los negros llamados mazamorreros; pagaban por el "derecho de mazamorrería" 2 veces al año, en San Juan y Navidad. Eran grupos separados de la esclavitud que podían acoger a otros libres. Para 1819, los propietarios ausentes intentaron hacer valer sus derechos al enviar a sus administradores, pues el número sus esclavos era alto: Playa de Oro, 200; Cachabí, 84; y Guembí, 73. Con los administradores, los esclavos mostraron su rechazo y exigieron la presencia de su amo, pues no querían abandonar su vida y autonomía, al punto que los vecinos los consideraban negros libres. Manuel Béjar, habitante de la Porquera, declaró que:
con

motivo de la

inmediación en que vive a las minas de Playa de Oro y demas es verdad que hace mas de catorce años que los esclavos de aquellas minas han vivido sin conocer a sus amos manejándose por si como si fueran libres para cumplir con sus necesidades.
El deseo de los negros por su libertad los llevó a la rebelión, amenaza de fuga y negociación con las autoridades; les quedaba comprar su libertad con el oro de sus labores como mazamorreros. La compra empezó en Playa de Oro en 1826, de 212 esclavos, fueron manumitidos 40 capitanes de cuadrillas e hijos menores de 40. En 1845, esta mina se transformó en la hacienda-mina de Juan José Flores y Mercedes Jijón, los esclavos continuaron pagando por su libertad, según el administrador Francisco Gómez de la Torre:
La mina recibió del capitán Julian en dos partidas oro de lei de siete De la libertad dada por el Sr Quiroz al esclavo Lorenzo Arroyo en una libra en enero del corriente año Por una libra once onzas de oro en polvo que recibi del capitán Julián por la libertad en septiembre de 1846 Por once onzas que recibio del esclavo Vicente Arroyo a quien con arbitrariedad le fue conferida la libertad por esta suma.
En 1854, los negros de la Concepción, amparados en el decreto de manumisión de Urbina en 1852, se presentaron ante el gobernador de Esmeraldas y le dijeron que:
No habiendo presentado la lista de dichos esclavos en el tiempo requerido a la junta de manumisión los propietarios y apoderados, y sin que exista otro documento sino una mal formada lista de sus nombres, hecha por el Teniente Político de la Concepción, de su motivo propio se declaran libres y sin indemnización por requerirlo asi la ley de la materia.
La actuación de los esclavos se ajustaba a la ley, pero el Congreso autorizó se pague a Francisco Gómez de la Torre el valor de los esclavos de la mina de Guembí.
Los negros compraron la libertad y se quedaron en las minas, sobre el río Santiago y sus afluentes, luego compraron las tierras, para garantizar y legitimar su sociedad construida en medio de la autonomía, frente a la sociedad blanca, era como propietarios de los espacios de ocupación ancestral. Este trámite, para la comunidad de Playa de Oro, inició en 1869, cuando los negros libres compraron parte de la propiedad de Reynaldo Flores y, en 1885, obtuvieron otra parte de las tierras de Playa de Oro, Santiago y Angostura a la señora Isolina Weir. Una vez realizada la negociación, haciendo uso de su concepción sobre la propiedad comunal de la tierra, los negros se reconocieron y se conformaron corno comuna, denominada del río Santiago.
CONCLUSIONES
Las minas de Esmeraldas, en el XVIII, obedecieron al interés del Estado colonial y elites andinas de abrir una vía al Pacífico, para lograr más rentas del comercio entre la Sierra y los mercados del norte: Panamá, Barbacoas y Chocó.
Con la pacificación y reducción de indios y negros, se acordó con cimarrones que participen en la construcción de vías, como negros libres con el reconocimiento de su sociedad. A cambio, los negros participaron en la construcción, hasta que inició la colonización y la sociedad blanca desconoció sus derechos. Allí abandonaron los pueblos de sitios estratégicos, al servicio del camino, y se retiraron a los esteros y vegas de los ríos, donde continuaron sus actividades de subsistencia.

A mitad del XVIII, con los caminos habilitados se abrió la frontera minera con mineros neogranadinos y cuadrillas de esclavos negros de Popayán y Chocó. A la II mitad del XVIII se dio la expansión de la frontera con la concesión de múltiples registros. Se podría hablar de un ciclo de producción de oro, con diversificación en las actividades de los esclavos: explotación de placeres auríferos, entable de sementeras para la producción agrícola y labores de los caminos. Con el XIX, se produjo el declive de las minas por dos factores:
Los inconvenientes del mantenimiento del camino de Malbucho, por las difíciles condiciones geográficas de la región, la muerte de trabajadores por las enfermedades tropicales y las dificultades en el transporte de los medios para la construcción y abastecimiento de la población asignada al camino. A lo que se añadió la oposición presentada por sectores de Guayaquil, Lima y Tumaco, que movidos por intereses regionales vieron, en la apertura de una nueva vía y el establecimiento de un nuevo puerto, la posibilidad de perder las ganancias obtenidas a través del monopolio comercial.
Las condiciones que ofrecía la sociedad esmeraldeña, forjada en la libertad, motivó a los esclavos que entraron en contacto con negros libres que se alquilaban como jornaleros al servicio del camino, a adoptar la fuga como mecanismo de resistencia frente a su situación de cautiverio. Estos esclavos, formaban parte de los reductos de cimarrones o de negros libres. Actos como éstos restaron la mano de obra de las minas, dificultándose su reemplazo, debido a los altos costos de los esclavos y su transporte hacia los reales de minas.
Como resistencia al sistema esclavista, cuando se iniciaron las guerras de Independencia, los negros entraron en alianzas con la insurgencia quiteña y neogranadina a cambio del ofrecimiento de la libertad. Las minas lograron un estado de total insurrección, que motivó el abandono de los propietarios y administradores, convirtiéndose éstas en propiedad de la Corona. La propuesta de los esclavos a las autoridades fue la de permanecer en las minas en calidad de mazamorreros, pagando un valor por el derecho de usufructo. Esta nueva condición era propia de los grupos que se habían separado de la esclavitud y que junto a otros libres iniciaban este tipo actividad.
Los esclavos tuvieron un objetivo común: obtener la libertad con la compra, iniciada en la mina de Playa de Oro. Con el decreto de manumisión en 1852, los negroa se acogieron a los derechos que les daba la ley, declarándose libres. Luego, lucharon por la adquisición de los territorios de tradicional ocupación, las vegas y los esteros de los ríos, en donde desarrollaron actividades económicas, culturales y sociales a partir de su experiencia como esclavos y como libres. Desde allí han reproducido su forma de vida tradicional, defendiendo su territorialidad frente a concesiones estatales y a empresas nacionales y extranjeras, empeñadas en desmantelar los recursos de la selva húmeda tropical y desconocer el patrimonio cultural y natural al que ancestralmente tienen derecho estas comunidades negras.
Full transcript