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Síntoma y Sinthome

Basado en el artículo de Fabián Schejtman que se encuentra en la revista Ancla n°2
by

Bruno Javier Bonoris

on 27 January 2011

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Transcript of Síntoma y Sinthome

SINTOMA Y SINTHOME Dos vertientes del síntoma pueden hallarse en los dos extremos de la enseñanza de Lacan: síntoma-metáfora y síntoma-letra. Ninguna puede ser superpuesta con lo que escribe Sinthome. Coherente con su “retorno a Freud”, en el primer tiempo de su enseñanza –en los años ’50- subraya la dimensión simbólica del síntoma, localizándolo en la serie de las formaciones que el inconsciente produce a partir de su trabajo. El síntoma se suma así al sueño, al chiste, al lapsus, al acto fallido, en fin, a la serie de fenómenos que Freud explica por el retorno de lo reprimido, insistencia de esa memoria simbólica que supone el trabajo del inconsciente. Ahora bien, ya en ese primer Lacan pueden distinguirse a su vez dos versiones diferentes en este abordaje simbólico del síntoma. A la primera de ellas la encontramos, por ejemplo, en “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, donde señala “el síntoma es (..) el significante de un significado reprimido de la conciencia del sujeto”. Se ve que si el inconsciente es lo reprimido, aquí no lo tenemos siquiera dispuesto aun como una cadena significante. Se trata de un significado reprimido de la conciencia del sujeto, del que el síntoma es su significante. Es una perspectiva freudiana clásica: el síntoma supone un sentido, un significado ignorado por el sufriente, que eventualmente la interpretación analítica revela.
Si el síntoma, como significante, supone una dimensión simbólica, no es este un simbólico metafórico, porque lo reprimido es aun el significado.
Para alcanzar lo que llamaremos “síntoma-metáfora”, es preciso aislar un segundo nivel en esta primera enseñanza de Lacan. Hay que esperar para eso a “La instancia de letra en el inconsciente freudiano”. Aquí el significante del síntoma sustituye al “significante enigmático del trauma sexual”. Es decir, lo reprimido ya no es el significado, sino un significante. Y esto ya es una metáfora: un significante que sustituye a otro.
Lo reprimido deja de estar constituido por significados, supone mas bien significantes, y puede ya formalizarse la estructura metafórica del síntoma. En ambos niveles, se destaca la dimensión simbólico-imaginaria del síntoma.
La interpretación analítica, coherente con esta perspectiva, es también simbólica, y levanta el síntoma al dar acceso a lo reprimido.
Si en los primeros tiempos del psicoanálisis se puede constatar una confianza freudiana en la interpretación, que podría resolver el síntoma haciendo consciente lo inconsciente, luego Freud se encuentra con los limites de esta perspectiva (la del psicoanálisis reducido a un “arte interpretativo”) y pasa a ocuparse de lo que resiste. No solo de las resistencias “del paciente”, sino de lo que en el síntoma mismo resiste a la interpretación analítica. Resistencia del síntoma que, promediando su obra, se plasma ya en el nivel de la compulsión de repetición –resistencia del Ello- y la necesidad de castigo –resistencia del superyo-: nombres freudianos de lo real; apuntan a aquello que en el síntoma excede lo que la interpretación simbólica puede alcanzar. De la misma forma encontramos una nueva versión del síntoma en la última enseñanza de Lacan, no ya el “síntoma-metáfora”, del que se desprenden efectos de sentido o significación, sino el “síntoma-letra” en el que subrayamos sus efectos de goce. De este “síntoma-goce” hay antecedentes en la enseñanza anterior de Lacan. El síntoma ya en el Seminario 10, no se abre al Otro de la interpretación –salvo que se le añada la transferencia que lo transforma radicalmente-: el síntoma es goce que se basta a sí mismo, que no pasa “naturalmente” por el campo del Otro. En el Seminario 16 también se destaca esta relación del síntoma con el goce, su dimensión real. Ahora bien, es recién sobre el final de su enseñanza que esta perspectiva se afianza en Lacan, y se formaliza gracias a su abordaje nodal. En “La tercera” Lacan dice “Llamo síntoma a lo que viene de lo real”. Esto es algo que queda escrito en la cadena borromea de tres eslabones –estamos aquí antes del inicio de “R.S.I”, es decir, antes del comienzo de un recorrido que lo terminara llevando a pasar de la cadena de tres a la de cuatro anillos-: Efectivamente, en esta puesta en plano de la cadena de tres eslabones cada registro se “abre” sobre otro y así el síntoma “viene de lo real”: supone un avance de lo real sobre lo simbólico. En la primera clase de “R.S.I.” Lacan hace un planteo inverso. Dice “...es en el síntoma que identificamos lo que se produce en el campo de lo Real. Si lo Real se manifiesta en el análisis, y no solamente en el análisis, si la noción de síntoma ha sido introducida mucho antes que Freud por Marx, de manera de hacer de él el signo de algo que es lo que no anda en lo Real, si, en otros términos, somos capaces de operar sobre el síntoma, esto es en tanto que el síntoma es del efecto de lo simbólico en lo Real”. Entonces, en “La tercera” el síntoma “viene de lo real” –a lo simbólico-; en “R.S.I”, al contrario, es “efecto de lo simbólico en lo real”, y “se produce en el campo de lo real”.
Consiguientemente, cambia también su escritura en el anudamiento borromeo de los tres registros, en el que, por lo demás-es otra diferencia con la propuesta de Roma-, se anotan también los otros dos miembros del trío freudiano: la angustia y la inhibición.
Por otra parte, si en esta primera clase de “R.S.I”, el trío freudiano –inhibición, síntoma y angustia-, se escribe como avance, desborde o inyección de un registro sobre otro (la inhibición supone un “efecto de detención que resulta de su intrusión (la de lo imaginario) en el campo de lo simbólico”, la angustia “parte de lo real” en tanto que se entromete en lo imaginario del cuerpo, y el síntoma es “efecto de lo simbólico en lo real”), ya sobre el final de este seminario, este trío terminara situado de otra manera: cada uno volviéndose propiamente un eslabón que, en una cadena de cuatro anillos, redoblara alguno de los tres registros lacanianos. Más allá de las diferencias entre “La tercera” y “R.S.I”, en la enseñanza de Lacan de los años ’70 el síntoma ya no se ubica entre simbólico e imaginario, sino, entre simbólico y real. Tenemos aquí la segunda concepción lacaniana del síntoma, aquella que se despliega en su ultima enseñanza y resalta no ya su cara metafórica y su efecto de sentido, sino su vertiente real y su efecto de goce. El síntoma termina aquí por ser definido como una función, y en tanto que letra: la letra del síntoma. Así es propuesto en la clase del 21/01/75 de este seminario: “¿Qué es decir el síntoma? Es la función del síntoma, función a entender como seria su formulación matemática: f (x). ¿Que es esta x? Es lo que del inconsciente puede traducirse por una letra...”.
¿En que consiste la función del síntoma? En “traducir” un Uno del inconsciente por una letra. Del inconsciente, que aquí supone un enjambre de Unos, se extrae uno, un Uno, que escribe la letra del síntoma.
Si el síntoma-metáfora supone la articulación mínima de dos significantes, el síntoma- letra viene a mostrarnos precisamente la distancia que se impone entre la noción de significante –que clásicamente representa a un sujeto para otro significante- y lo que Lacan llama aquí la letra. En el nivel de la letra se trata del S1 solo. Un Uno que se aísla, que se extrae del inconsciente, volviéndose letra del síntom
Podemos situar esta extracción en la cadena borromea de tres eslabones y que Lacan ofrece en la primera clase de “R.S.I”, ahí donde sitúa al síntoma como ese “efecto de lo simbólico en lo real”. El síntoma es así, ese Uno arrancado de lo simbólico, que pasa a lo Real. Un Uno fuera del inconsciente: es en esto que el síntoma ex - siste al inconsciente. El síntoma es, de este modo, no simbolización, mas bien lo contrario, realización: paso de un Uno a lo real. De lo simbólico a lo real. Lacan continua así en esa clase de “R.S.I”: “La repetición del síntoma es ese algo del que acabo de decir que salvajemente es escritura...”. La letra del síntoma supone una fijación de goce en esa extracción, en esa escritura salvaje, y es eso lo que determina su repetición y resistencia. Podemos decir que es justamente esta fijación de goce -causa de la repetición-, que destacamos en el “síntoma-letra” en esta segunda versión del síntoma en la enseñanza de Lacan, lo que hace que el síntoma se distinga, se separe ahora de la serie de las formaciones del inconsciente. El síntoma y el inconsciente En efecto, el sueño, el lapsus, el acto fallido, el chiste, se caracterizan precisamente por su fugacidad. No suponen la fijeza, permanencia y repetición que caracteriza al síntoma. En este ultimo Lacan las relaciones entre el síntoma y el inconsciente se subvierten. Si en su primera enseñanza había coherencia entre ellos –el inconsciente estructurado como un lenguaje y el síntoma, una de sus formaciones, también estructurado como un lenguaje-, ahora esa coherencia se quiebra. El síntoma es, en el Lacan de los años ’70, realización extracción de un Uno, fijación de goce a la letra y, si consideramos la insistencia simbólica del inconsciente, cuando el síntoma deja de ser una formación del inconsciente, es mas bien este, el inconsciente mismo, el que termina deviniendo...¡una formación del síntoma! Así puede leerse al final de la primera clase del Seminario 22: “..es en tanto que el síntoma es del efecto de lo simbólico en lo Real (...) que el inconsciente es, para decirlo todo, lo que responde del síntoma (...) es en tanto que este nudo da cuenta de un cierto numero de inscripciones por las cuales unas superficies se responden, que veremos que el inconsciente puede ser responsable de la reducción del síntoma”.
El inconsciente, si responde del síntoma y es el responsable de su reducción, opera aquí en una dirección inversa a la de este: si el síntoma realiza, el inconsciente-interprete simboliza.
Pero el simbólico de inicio en la operación de “realización” propia del síntoma no es el mismo que el simbólico de llegada en la “simbolización” propia del inconsciente. Lo simbólico del que el síntoma extrae un Uno, no es lo simbólico producto del trabajo del inconsciente. Lo simbólico del que se trata inicialmente es el del enjambre significante. Un “simbólico” absolutamente independiente del sentido. De ese enjambre el síntoma arranca un Uno y escribe salvajemente una letra. Mientras que el movimiento que produce el inconsciente “respondiendo” del síntoma agrega, mas bien, un S2 a este real de la letra de goce sintomática.
El inconsciente se muestra, de esta forma, como una elucubración de saber sobre el síntoma y llega a adormecernos de sentido por la articulación significante que promueve.
Conviene caracterizar al inconsciente como pontífice, puesto que levanta puentes entre S1 y S2. El agregado del S2 es la interpretación de este inconsciente pontífice que permite adormecernos de lo real sintomático por la re-ligión del sentido. Freud nos enseño que, el inconsciente, en su labor, re-liga la energía libre tramitándola entre representaciones.
Entonces, si el síntoma-metáfora” de su primera enseñanza es una producción del inconsciente, en sus últimos desarrollos es el inconsciente mismo el que responde del “síntoma-letra”, que mas bien hay que ubicar en el lugar de la causa de su labor. Lo real del síntoma letra de goce, poniendo a trabajar al inconsciente-pontífice: el inconsciente sería así responsable de la reducción del síntoma.
Es el psicoanálisis el que introduce la articulación entre ambas versiones del síntoma: ahí donde “fuerza” al síntoma letra a devenir una metáfora. En efecto, es la apertura del inconsciente al comienzo del análisis el que pone en funcionamiento las cadenas significantes que movilizan la letra del síntoma, desarrollando un carácter metafórico que el síntoma no trae consigo. Así el síntoma se vuelve permeable a la interpretación analítica: a partir de su formalización conseguida en la entrada en análisis. El síntoma como formación del inconsciente seria, en verdad, un artificio del psicoanálisis. Aproximaciones al sinthome El sinthome no es el síntoma-metáfora, ni el síntoma-letra.
- No es real, ni imaginario, ni simbólico. No se confunde con los tres registros, sino que es, precisamente, aquello que permite que lo simbólico, lo imaginario y lo real se enlacen –de modo borromeo o no borromeo-. Supone una cuarta consistencia que anuda a los tres registros, una vez que Lacan propone al cuarto nudo como irreductible.
- Justamente su condición de cuarto nudo, de cuarto anillo que enlaza a los tres restantes es aquello que distingue al sinthome de la letra de goce del síntoma, toda vez que esta no es un cuarto nudo sino, en cambio, apertura de lo simbólico sobre lo real: no una cuarta cuerda, sino un avance de un registro sobre otro, entre simbólico y real.
Esta nueva grafía alcanza una suerte de estabilidad conceptual recién promediando el Seminario 23, cuando es propuesto como una reparación de la falla del anudamiento, como un remiendo de lo que Lacan llama “lapsus del nudo”. Lapsus del nudo y sinthome Para situar al sinthome en su relación con lo que Lacan llama en este seminario el “lapsus del nudo”, comenzaremos tomando el nudo más sencillo, llamado nudo de trébol que, como puede verse, no es una cadena, ya que comporta un único eslabón con tres puntos de cruce: Por deformación continua, por isotopia, se pasa de una a otra presentación del nudo de tres puntos de cruce. Es que, en verdad, estos dos son el mismo nudo: presentaciones diferentes del mismo nudo de tres puntos de cruce. Se trata, efectivamente, de nudos equivalentes, se transforman el uno en el otro sin necesidad de ningún corte.
En cambio, el trébol no es equivalente al nudo trivial: el sencillo círculo, que para la teoría de nudos también es un nudo –el nudo de cero puntos de cruce-:
Este nudo de trébol no se desarma, no se desata, no deviene un nudo trivial....salvo que en alguno de estos tres puntos de cruce se cometa un error: lo que Lacan llama “lapsus del nudo”. En la segunda figura produzco el lapsus, el error del anudamiento, que consiste simplemente en cambiar el cruce –en este caso, en el punto de cruce 2-: allí paso la hebra que estaba por debajo, por encima, y viceversa, la que estaba por encima, por debajo. El resultado es que el trébol se desanuda, y tenemos un nudo trivial. Ocurre lo mismo si se provoca el error de anudamiento en cualquiera de los otros dos puntos de cruce –1 o 3-.
El sinthome, tal como lo define Lacan en el Seminario 23, consiste en un eslabón nuevo que se agrega para remediar, para corregir el fallo del nudo. De esta manera, procedemos a reparar sintomáticamente el error que hemos cometido en la factura del nudo de trébol.
Colocamos así al sinthome en el punto mismo en el que se produjo el lapsus del nudo, en este caso en el punto de cruce 2. A partir de esta reparación –“corrección”, “compensación” o “suplencia”-, el nudo de trébol ya no se desarma, no se desata. El sinthome, en efecto, es lo que impide al nudo de trébol “fallado” devenir nudo trivial. Pero el resultado ya no es entonces un simple trébol: es un trebol reparado, o bien, un trébol sinthomado.
Y por la corrección que hemos introducido, obtenemos no un nudo sino una cadena, puesto que hemos agregado un nuevo eslabón y tenemos ahora dos anillos: el original y el remiendo (sinthome).
Aquí tenemos también el lapsus (en el punto de cruce 2), y la reparación sintomática en la otra presentación del nudo trébol. Reparaciones sintomáticas y no sintomáticas Según Lacan, la reparación del error, del lapsus del nudo –en este caso del nudo de trebol-, no necesariamente debe llevarse a cabo en el punto mismo de cruce en que el fallo del anudamiento se produjo; sino que puede realizarse también en alguno de los otros puntos de cruce, aquellos en los que no se produjo error (lapsus) en el anudamiento. ¿Qué ocurre si, cometido el lapsus en el unto de cruce 2, efectuamos l remiendo del trebol en 1 o en 3? Ya no se obtiene el trebol pero tampoco devendrá nudo trivial.
Probemos, por ejemplo, insertar la reparación en el punto de cruce 1:
grafico 1 Conseguimos lo que puede llamarse una cadena con “forma de ocho” (cadena de Whitehead), que constituye una cadena porque el remiendo es un segundo anillo. Lo que tiene de especial es que en ella, ambos eslabones –el que corresponde originalmente al trebol y el de la reparación- son intercambiables entre si, sin que se obtenga de eso un encadenamiento diferente, una cadena distinta: grafico 2 Entonces, en esta cadena hay posibilidad de intercambiar, o invertir lugares –sin que la cadena se modifique-, entre el eslabón original y el remiendo lo que los hace equivalentes-, posibilidad que se reencuentra en los dos términos que Lacan propone en la escritura del fantasma: $ y a En cambio, si intentamos intercambiar posiciones entre los dos eslabones –el original y el que se agrega como reparación- en la cadena que es efecto de una corrección en el mismo lugar en el que se produjo el fallo del nudo, tal inversión nos da como resultado un encadenamiento distinto del que partimos. De modo que aquí el eslabón original y el remiendo no son equivalentes. grafico 3 En el Seminario 23 Lacan restringe el termino sinthome exclusivamente para el caso en el que la reparación se produce en el lugar mismo en que se produjo el lapsus del nudo. Solo en este caso –donde el resultado es una cadena en la que los eslabones no son equivalentes- podríamos hablar de un nudo reparado, corregido, por un sinthome, de un nudo, entonces, sinthomado. De esta manera puede terminar afirmando, y ya aplicando estos desarrollos a las relaciones entre los sexos, que donde hay sinthome no hay equivalencia –es decir, el intercambio entre la cuerda original y el remiendo no dan la misma cadena-, y por ello “hay relación”, mientras que allí donde si hay equivalencia –en el caso en que la cuerda y el remiendo son invertibles sin modificación de la cadena-, es decir, donde no hay sinthome, “no hay relación”. No deja de asombrar: ¡hay relación! Así es, donde hay sinthome –reparación del lapsus en el lugar mismo e que este se ha cometido- no hay equivalencia y hay relación. La relación de Joyce con Nora, su mujer, esta planteada en estos términos.
Pero allí donde hay relación, no hay equivalencia ni posibilidad de intercambio entre las posiciones. De lo que se deduce lo siguiente: si una mujer puede ser sinthome de un hombre, la inversa no seria posible.
El hombre para una mujer podría ser entonces...un ESTRAGO. Del sinthome al lapsus La segunda indicación referida al nudo de trebol –una cuestión de importancia que podrá generalizarse a otros nudos y cadenas- es la que sigue:
Retomando nuestro trebol en el que equivocamos el punto de cruce 2, producido dicho lapsus en 2, eso hace que el trebol devenga nudo trivial. Entonces, a partir de ese nudo trivial ahora obtenido, ¿cómo sabemos que el lapsus del nudo se produjo efectivamente en 2? Porque el asunto es que una vez que se llega al nudo trivial, una vez que el trebol se ha desarmado, podría imputarse el error a cualquiera de los tres puntos de cruce.
Para localizar el punto en que se ha producido el fallo en el nudo, es preciso detener por un momento el desarmado del trebol, en una fase intermedia entre su consistencia como trebol –antes del lapsus- y su desarmado absoluto, cuando devine nudo trivial -después del lapsus-.

Podemos ubicar ese tiempo intermedio entre el trebol y el trivial en esta figura que denomino “pseudotrebol”. En teoría de nudos esta figura no se distingue en nada del nudo trivial: por isotopía es posible pasar del pseudotrebol al nudo trivial sin ningún corte. Es perfectamente equivalente al nudo trivial. Es un nudo trivial....con forma de trebol. Entonces, este pseudotrebol nos permite localizar –aunque solo imaginariamente- el punto de cruce en el que se produjo el lapsus, el error en el anudamiento.
Lo que intento destacar es que en realidad es imposible precisar el punto de cruce en el que se produjo el lapsus del nudo una vez que este se ha desarmado. Solo es posible localizarlo retroactivamente a partir del lugar en el que se efectúa el remiendo. Así es solamente el sinthome, como corrección del fallo, lo que nos indica donde se ha producido el lapsus. Se entiende de este modo que para localizar el lapsus del anudamiento es necesario ir retroactivamente del remiendo al error, podríamos decir: del sinthome al lapsus.
Hacia el Joyce de Lacan Lacan propone “considerar que el caso Joyce responde a un modo de suplir un desanudamiento del nudo”.
Esta refiriéndose allí todavía al desanudamiento del trebol, es decir, esta proponiendo para Joyce un nudo de trebol afectado por un error y, además, algo que vendría a compensar, a reparar ese fallo: un sinthome.
Ahora bien, ¿cuál seria para Joyce el fallo en la estructura del que, como tal, el lapsus del nudo daría cuenta y, por otra parte, que funcionaria en este caso como sinthome, remediando, compensando tal falla en el anudamiento? Así se plantea en el Seminario 23: “¿Por qué no pensar el caso Joyce en los siguientes términos? ¿Su deseo de ser un artista que mantendría ocupado a todo el mundo, a la mayor cantidad de gente posible en todo caso, no compensa exactamente que su padre nunca haya sido para el un padre?.
Y mas adelante aun: “No hay algo como una compensación por esta dimisión paterna, por esta Verwerfung de hecho, en el hecho de que Joyce se haya sentido imperiosamente llamado? (...) Este es el resorte mismo por el cual el nombre propio es en el algo extraño (...) El nombre que le es propio, s eso que Joyce valoriza en detrimento del padre. A ese nombre quiso que se le rinda el homenaje que el mismo negó a cualquier otro”.
Acá ya encontramos a Lacan construyendo el “caso Joyce”. Y en este “Joyce de Lacan”, esta claro, el lapsus, el error del anudamiento, localiza la “dimisión paterna” o “Verwerfung de hecho”. Mientras que se señala a su “deseo de ser un artista que mantendría ocupado a todo el mundo” o, incluso, a su “nombre propio”, como aquello que vendría a remediar ese lapsus, ese fallo en el anudamiento, es decir, tendríamos allí al sinthome.
Joyce, el síntoma Partamos del encadenamiento borromeo de los tres registros en su presentación clásica: Es claro que aquí no hay interpenetración, esto es, ninguno de los registros se encadena pasando por el agujero del otro. Si algo define a la cadena borromea es que en ella se trata de al menos tres eslabones que se sostienen juntos sin valerse para ello de la interpenetración.
Podemos comprobar que se trata de una cadena borromea, soltando cualquiera de sus anillos, puesto que los otros también se soltaran, ya que estos se mantienen en lazados únicamente por obra del tercero que, como tal, viene a ser cada uno de estos eslabones para los otros dos.
Ahora bien, sucede que para el caso de Joyce, Lacan propone, en la ultima clase del Seminario 23, la localización del error, del lapsus del anudamiento –que ubicamos en relación con “que su padre no ha sido jamás para el un padre”, o en términos de “dimisión paterna” o “Verwerfung de hecho”- ya en esta cadena borromea de tres anillos, precisamente en uno de los puntos de cruce entre real y simbólico. Lo simbólico, en ese punto, lugar de pasar por debajo de lo real pasa por arriba. Este es el lapsus del anudamiento en Joyce.

Y las consecuencias de este fallo en el encadenamiento son que lo imaginario se suelta, se desprende de la cadena, mientras que lo simbólico y lo real quedan interpenetrados –cada uno pasa por el agujero del otro-. Constituyen dos efectos del error del nudo.
Este desprendimiento de lo imaginario es abordado por Lacan, en el nivel de la paliza recibida por Joyce. “No estar resentido”, “desprendimiento como una cáscara”, “dejar caer la relación con el propio cuerpo”.tienen allí, según Lacan, el desplome de lo imaginario que se va por su lado como un primer efecto del error del anudamiento.
En segundo lugar, la interpenetración entre simbólico real se presenta sintomáticamente en la escritura de Joyce en el nivel de lo que Lacan no vacila en ubicar como palabra impuesta, de la cual dan testimonio, especialmente, las llamadas epifanías.
Las epifanías joyceanas, entonces, se ubican en el nivel de lo que aquí hace síntoma, el que se escribe entre real y simbólico, en la interpenetración entre estos dos registros: Con esta localización de lo que en el escritor hace síntoma, entre real simbólico, nos acercamos al planteo de la letra del síntoma (“R.S.I.”), En efecto, la letra de goce del síntoma se situaba allí, también, entre simbólico y real. Pero no puede dejar de situarse, sin embargo, una distancia entre estas dos formaciones sintomáticas: lo que en la escritura de Joyce se presenta como palabra impuesta tiene como fundamento la interpenetración entre aquellos dos registros, mientras que la letra de goce del síntoma, tal como pudimos situarla, es en cambio un efecto de lo simbólico en lo real, extracción de un Uno del inconsciente que pasa a lo real. La diferencia es crucial y, como puede entreverse, se soporta de la distancia misma que separa a una cadena borromea -la que Lacan propone en “R.S.I”- de la que no lo es -la que plantea aquí para Joyce- Joyce, el sinthome Para abordar el sinthome en Joyce, es preciso destacar que a esta dimensión sintomática de la palabra que se impone, se agrega lo que el escritor alcanza a hacer con ella. Allí asoma el sinthome. Me refiero ahora, entonces, no ya a las consecuencias del lapsus del nudo –síntoma- sino, más bien, a su reparación sintomática. El sinthome joyceano, comporta así un modo de remediar ese error en el anudamiento Se trata a de una cuarto eslabón o anillo agregado, localizado por Lacan en el nivel de su “deseo de ser un artista que mantendría ocupado a todo el mundo”, o del “hacerse un nombre”, que consigue, si no liberar a Joyce del “parásito palabrero” –que subsiste de todos modos, así como la interpenetración entre simbólico y real que no se revierte por la reparación-, si conducirlo hacia un saber hacer con eso, que compensa la “dimisión”, la “carencia” paterna, e impide que el escritor manifieste como tal una psicosis. Por un lado “Joyce tiene un síntoma que parte de que su padre era carente, radicalmente carente”: un síntoma, entonces, que ubicamos en el nivel de la palabra “que cada vez se le impone mas” en su escritura y es efecto de esta carencia paterna que el nudo se escribe como error o lapsus entre simbólico y real. Mientras que, por otra parte, el sinthome es en cambio lo que “compensa” ese lapsus: en el lugar de esa carencia paterna, con su arte, “querer hacerse un nombre”. Pues bien, Lacan termina denominando ego, a aquello que en la cadena, se localiza como la reparación sintomática en Joyce, que consigue retener lo imaginario, impedir que lo imaginario se desprenda aunque no vuelve borromeo el anudamiento –real y simbólico continúan interpenetrados-. Entonces, conviene, a la vez, oponer y articular, para Joyce, el síntoma –en el nivel de esa escritura en la que la palabra cada vez se le impone mas –producto del lapsus del anudamiento- y el sinthome –como reparación o remiendo de tal error-, lo que el escritor hace con eso, en su arte, construyéndose un ego. Pero hay todavía otras dos dimensiones de la reparación sinthomática que en el transcurso del Seminario 23 Lacan parece destacar para el escritor: - En primer lugar, si el síntoma comporta cierto desenganche del Otro, incluso de la relación con los otros (supone un goce que se basta a si mismo), lo que Lacan llama sinthome instituye un orden de reencadenamiento, de reanudamiento del lazo con los otros. ¿Cómo situar esta vertiente de restitución del lazo con los otros en el sinthome de Joyce? Lacan lo hace a partir de subrayar la prevalencia del enigma en la escritura joyceana.
Si lo que hace síntoma en Joyce, en el nivel de su escritura, no atañe al otro, no lo enlaza con el otro, su sinthome compensa mas bien esta situación volviendo al otro un lector, mas precisamente, un descifrador de enigmas. De algún modo, el enigma supone ya reencontrar la dirección hacia el Otro, dirigirse al Otro del desciframiento. “Ego de función enigmática”, señala Lacan, “de función reparatoria”: ego-sinthome.
En esta misma línea, ha que plantear que, mas que su escritura –que como hemos visto para Lacan se ubica, especialmente con las epifanías, mas bien del lado del síntoma-, lo que lo enlaza con los otros, es decir, lo que hace sinthome en Joyce es entonces, sobre todo, “su deseo de ser un artista”, el “querer hacerse un nombre”, que termina por “tomar cuerpo” con la publicación de su obra.
- En segundo termino, otra dimensión sinthomatica, se constituye para Joyce en la relación con su mujer, Nora. Se trata precisamente de su “Nora-sinthome”. En el Seminario 23 Lacan dice: “¿Qué es, pues, esta relación de Joyce con Nora? Cosa curiosa, diré que es una relación sexual, aunque yo sostenga que no la hay. Pero es una extraña relación sexual (...) El guante dado vuelta es Nora. Es la manera que él (Joyce) tiene de considerar que ella le va como un guante (...) No solamente es preciso que ella le vaya como un guante, sino también que le ajuste como un guante”.
Es decir, calzándole a James Joyce como un guante a una mano, Nora tiene función de sinthome: como su ego, impide que lo imaginario se suelte, le proporciona un límite corporal preciso, ajustado.
Dos lapsus y reparación sinthomatica Debemos hacer notar la posibilidad de cadenas en las que la introducción de fallos en el anudamiento no conduzca necesariamente a que dos registros queden interpenetrados y que uno se suelte. En efecto, este resultado de interpenetración de dos eslabones y de desprendimiento de uno, sucede cuando el lapsus se produce en un único punto de cruce en el nudo borromeo: es el caso de Joyce en el que un lapsus del nudo tiene como efecto que simbólico real queden interpenetrados que lo imaginario se desprenda. Incluso este resultado no es exclusivo de Joyce. Pero es posible que el error del anudamiento se produzca en dos puntos de cruce de la cadena borromea, es decir que hay, no uno, sino dos lapsus, por ejemplo, en estos dos puntos en que se cruzan lo simbólico y lo real. ¿Y que obtenemos con ello? Que lo tres anillos se independicen, que cada uno se vaya por su lado. Efectivamente, introduciendo un error en cada uno de esos dos puntos de cruce –o en otros dos puntos análogos-, lo que se logra es el desarmado completo de la cadena borromea, la independencia de cada uno de los anillos, es decir, aquí no quedan registros interpenetrados, los tres se sueltan. Y, lo que tiene esto de interesante es que podemos, a partir de allí, situar al sinthome como remiendo, ya no exclusivamente para un caso como el del escritor sino, por ejemplo, en el nivel de esta cadena borromea de cuatro eslabones que se nos aparece ahora como el resultado de la reparación sinthomatica de los fallos producidos en el borromeo de tres eslabones en aquellos dos puntos de cruce Agregado este cuarto anillo, que es el sinthome como tal, los registros quedan enlazados de modo borromeo. En efecto, en esta cadena de cuatro no ha ninguna interpenetración. Aquí este sinthome con “forma de oreja” repara de modo borromeo y al mismo tiempo los dos lapsus producidos, impidiendo que los tres registros se vayan cada uno por su lado.
Se trata aquí de la cadena de cuatro eslabones que, constituye el punto de llegada –transitorio- de un extenso recorrido que llevo a Lacan de la cadena borromea de tres anillos en el Seminario 22, a este encadenamiento tetradico del Seminario 23 en el que los tres registros se enlazan ya por el sinthome, planteado como irreductible.
sinthome Función del sinthome “Lo que he llamado este año el sinthome (...) permite reparar la cadena borromea si ya no hacemos mas de ella una cadena, o sea si en dos puntos hemos cometido lo que hemos llamado un error...”
“(...) tenemos un modo de reparar esto. Es hacer lo que, por primera vez, he definido como el sinthome. Es algo que permite a lo simbólico, lo imaginario y lo real mantenerse juntos, aunque ahí, debido a dos errores, ya ninguno este unido al otro”.
Sinthome queda definido con precisión, de modo estable como reparación del lapsus del nudo. Se ve con claridad, a partir de esta definición, que de ninguna forma puede confundirse al sinthome con la vertiente real del síntoma. El sinthome no es como tal real –tampoco simbólico o imaginario-, sino lo que enlaza a los tres registros en esta cadena de cuatro eslabones, impidiendo que –por el fallo en el borromeo de tres- los registros se suelten.
Una tal reparación puede encontrarse –y se encuentra de hecho- antes, durante o después del análisis. Ciertamente, Joyce no necesito de ningún fin de análisis –mejor todavía: de ningún análisis- para reparar sinthomáticamente el fallo del nudo que Lacan le supone, la Verwerfung de hecho, la dimisión paterna.
La cadena neurótica...y el sinthomanalista Vuelvo ahora a la cadena borromea tetradica para plantearla ahora como base posible de la cadena neurótica. Así leo, retroactivamente, desde el Seminario 23, la propuesta realizada por Lacan en el Seminario 22, aquella que el mismo atribuyo a Freud, en la cual, a la desvinculación de los tres registros ocasionada por aquellos dos lapsus en el anudamiento responde un sinthome, que según Lacan, Freud llamo realidad psíquica, complejo de Edipo o nombre del padre:

De este modo la realidad psíquica, el complejo de Edipo, o el nombre del padre, tienen función de sinthome en las neurosis: encadenan a los tres registros que, sin ese cuarto elemento suplementario, se desenlazarían. Esto quiere decir, que esta cadena neurótica se construye, muy precisamente a partir, o incluso como respuesta, a un fallo del nudo
(en verdad dos) que, en este caso, seria corregido por aquello que, según Lacan, Freud llamo realidad psíquica, complejo de Edipo o nombre del padre.
¿Qué es lo que estaría escribiendo aquí este doble lapsus que, en esta cadena dejaría a los tres registros libres, si no fuera por ese cuarto que los enlaza sinthomaticamente impidiendo que cada uno se vaya por su lado? Aquellos lapsus que dejan a los tres registros sueltos no localizan en el nudo otra cosa que ese fallo basal en la estructura que Lacan planteo en los siguientes términos: “no hay relación sexual”. En la cadena neurótica, respecto del ausentido de la relación sexual, responde como Freud nos lo ha enseñado, la función del padre como cimiento, incluso, como “padrecimiento” de la estructura, remiendo neurótico de ese “lapsus estructural”.
La vía que se abre a partir de esta “cadena neurótica de base”, nos invita a investigar los anudamientos precisos que conforman los dos grades tipos neuróticos que Freud pudo establecer: histeria y neurosis obsesiva.
Respecto de la cadena histérica, podemos tomar el Seminario 24, en el cual Lacan llega a plantear a la histérica, muy precisamente, sostenida en su anudamiento por lo que llama “la armadura del amor al padre”. Podemos proponer que esta armadura del amor al padre tiene en la histeria función de sinthome, es precisamente lo que sostiene la estabilidad del lazo entre los tres registros. En cuanto a la neurosis obsesiva, puede partirse de lo que llamaría su sinthomentalidad. Ese sinthome obsesivo debe perturbarse para que un análisis se vuelva posible.
Mas aun, indiquemos que esta perturbación no puede plantearse exclusivamente para el neurótico obsesivo. En la neurosis que sea, si el sinthome esta demasiado bien ubicado, si amarra o estabiliza demasiado fuertemente la estructura, no hay lugar allí para el análisis. Lo demuestran esas neurosis irreventables, robustamente sinthomadas, refractarias al análisis. En esto el sinthome es para Lacan inanalizable.
Vemos aquí también la utilidad de distinguir al sinthome del síntoma. Este ultimo, tal como lo plantea Lacan en “La tercera”, “viene de lo real” desencadenando... lo que el sinthome había encadenado. Y, para que un análisis se inicie tal conmoción del sinthome es ineludible.
Para que una verdadera demanda de análisis tenga lugar, es preciso, primeramente, haber pasado “del sinthome al síntoma” Lo que no impide –mas bien al contrario- que, luego, la relación analítica misma venga a reparar ese desencadenamiento, muy justamente a partir de una función que Lacan subraya para el analista en el Seminario 23. Se trata, en efecto, del sinthomanalista que restituye el lazo entre los registros en la cadena neurótica como cuarto nudo. Lo que se testimonia en el nivel de los primeros efectos terapéuticos del análisis. Dependencia del analista-sinthome que, por lo demás quizás da la razón de estructura de la frecuente infinitizacion de los análisis.
Claro esta, un psicoanálisis no se termina sino cuando el analizante logra inventarse una solución que le permite soltarse de su analista-sinthome.

De inhibición, síntoma y angustia a la
variedad de los fallos y reparaciones del nudo Lacan lee al trío freudiano de la inhibición, el síntoma y la angustia como "nombres del padre", en tanto pasibles de desempeñarse -cualquiera de los tres- como cuarto eslabón que impediría la dispersión de los registros. Se trata de NOMINACIONES imaginaria, simbólica y real que los mantendrían enlazados.
Escribimos así estas tres cadenas Aquí se ve de qué manera la inhibición, el síntoma y la angustia pueden tener la función de SINTHOME Esto no diluye en nada el distingo entre síntoma y sinthome en el que insistimos. Al contrario, en esta perspectiva esa posibilidad comportaría uno de los tres anudamientos que la estructura consiente: hacerse, con el síntoma, un sinthome -lo que podría lograrse, según lo expuesto, también con la inhibición o la angustia-. Y si pudimos distinguir el síntoma - metáfora del síntoma - letra, puede entreverse que no hay obstáculo para que cualquiera de estas dos dimensiones del síntoma, llegado el caso, devengan sinthomatizadas.
Paradigma del primer caso es el modo en que Lacan aborda la fobia de Juanito. En efecto, allí su fobia es considerada al mismo tiempo un síntoma metafórico y una suplencia de una falla localizada con presición en el nivel del padre real.
Respecto de un síntoma - letra... no es acaso de este modo como hemos situado el arte de Joyce que le permite hacerse un nombre, un ego, precisamente a partir de una palabra que le es cada vez más impuesta ya en su escritura? Las psicosis La oposición neurosis-psicosis sustentada por Lacan en los años 50 a partir de la admisión -neurosis- o forclusión -psicosis- en lo simbólico del significante del nombre del padre, puede retomarse en su última enseñanza a partir del distingo entre los anudamientos borromeos -neuróticos- y los no borromeos -psicóticos-. Si consideramos los anudamientos psicóticos no borromeos, vale la pena distinguir aquellos caracterizados por la interpenetración de los registros, de los que se definen más bien por su puesta en continuidad.
En cuanto a los primeros no es indiferente cuáles son los registros que quedan interpenetrados y cuál el que se suelta -cuando ello sucede-. Podemos señalar para la ESQUIZOFRENIA la interpenetración entre simbólico y real, y eventualmente, el desprendimiento de lo imaginario. Ya desde temprano Lacan anuncio que para el esquizofrénico "todo lo simbólico es real".
Los fenómenos elementales pueden ser ubicados en el crice de estos registros. La palabra impuesta es el paradigma. nudo esquizofrénico Para la parafrenia se plantea un lapsus entre imaginario y simbólico, que deja interpenetrados estos dos registros, mientras que lo real se suelta. Leemos a partir de esto un puro semblante si real, o entras palabras la imagen especular sin el soporte del objeto a: i ( ) nudo parafrénico Para las psicosis maníaco-depresivas, la manía u la melancolía, pueden considerarse a partir de la interpenetración de lo imaginario y lo real, y el eventual desprendimiento de lo simbólico; por supuesto a partir de un lapsus entre imaginario y real. El desprendimiento de lo simbólico es manifiesto en el nivel de la pauperización de esa dimensión en el discurso de estos sujetos, muy prevalente en la melancolía, como en la radical independencia que ese registro alcanza en la manía: verborrea, fuga de ideas, etc. nudo maníaco-depresivo Para la paranoia se parte de la cadena borromea de tres eslabones, y aquí lo que hacemos es poner los tres registros en continuidad, produciendo empalmes en las junturas de los real con lo imaginario, de lo imaginario con lo simbólico y de los simbólico con lo real. nudo paranoico El resultado es un nudo trébol. El "trébol paranoico", en el que los registros se siguen unos a otros, están en continuidad. No hay cadena. Se trata de una única sola consistencia a la que se reducen los tres registros lacanianos por su empalme. En el seminario 22 Lacan dice: "La paranoia es un pegoteo imaginario. Es la voz que se sonoriza, la mirada que se vuelve prevalente, es un asunto de congelación del deseo".
Podemos deducir que en la paranoia hay desanudamiento pero no desencadenamiento.
Lacan pensó también la posibilidad de encadenar...tres paranoicos!!! -tres tréboles- a partir del agregado de un cuarto término que los enlazaría sinthomaticamente, de modo borromeo, con lo que esa cadena, ya de cuatro, no sería como tal, ella misma, paranoica. Para finaliza diremos que la clínica del psicoanálisis nos fuerza nos sólo a intentar escribir el anudamiento de LA histeria o LA neurosis obsesiva, sino a procurar hacerlo respecto de AQUELLA histérica o de ÉSTE obsesivo, que, claro está, no es el mismo que el de otra histérica u otro obsesivo. Es decir, a dirigirnos del tipo clínico al nudo singular... MUCHAS GRACIAS!!!

Lic. Bruno J. Bonoris
Lic. Valeria Alegre
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