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Introducción Filosofía del Derecho

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Ricardo Rubio

on 7 May 2013

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Transcript of Introducción Filosofía del Derecho

La Filosofía en sus orígenes Filosofía del Derecho a. Por una tendencia natural de su inteligencia el hombre no se conforma con hacer cosas ni con conocer la realidad de un modo superficial. Tiende a indagar las razones de su actuar, aún las más profundas, y el ser de las cosas, aún el más íntimo. No cabe duda de que el hombre -muchas veces de modo confuso, provisional e inconsciente- aspira a conocerse y a conocer el mundo en el que está inmerso, con el deseo de alcanzar aquel saber fundamental que dé coherencia a su obrar, aquel saber básico que aporte el sentido último de su vida y le ofrezca la explicación más plena de la realidad que le circunda.

La tendencia existe, por más que no hayan faltado ni falten actitudes escépticas, agnósticas o reduccionistas, ante los interrogantes más fundamentales que el ser de las cosas y la vida humana plantean. Esta tendencia al saber radical y último es el origen de la filosofía. b. Resulta muy adecuado hablar de tendencia a propósito de la filosofía, porque ésta se presenta como tensión hacia la sabiduría, más que como sabiduría lograda. Es connatural con el filósofo la actitud insatisfecha, que no descansa con conocimientos parciales y camina hasta querer abarcar a todos los seres y penetrar en su núcleo más íntimo de inteligibilidad.

Sin embargo, esa meta que es el saber absoluto o sabiduría en su más alto sentido, ¿resulta realmente alcanzable por la razón humana o es una utopía? Un filósofo español coloca la filosofía entre la utopía y la realidad: tiene a la sabiduría, pero reconoce sus limitaciones y se tiene a sí misma, más que como poseedora de la sabiduría, como buscadora y estudiosa de ella. Es una actitud llena de realismo.

Ante este alto sentido de la sabiduría se explica la actitud de los pensadores griegos al adopttar el nombre de filósofos -no sabios, sino estudiosos de la sabiduría- y de filosofía -amor y deseo de sabiduría- para designarse a sí mismos y a sus saberes.

Así decía al respecto Aristóteles: "Se puede estimar con razón que la posesión de la sabiduría es algo más que humano. En efecto, la naturaleza humana está esclavizada en tantos aspectos, que, según Simónides, sólo Dios puede gozar de este privilegio". El mismo pensamiento atribuyó Heráclides Póntico a Pitágoras, según cuenta Diógenes Laercio: "Ninguno de los hombres es sabio, sólo lo es Dios" d. Así pues, filosofía y sabiduría fueron lo mismo en sus orígenes. Puesto que sabiduría y filosofía fueron, hasta la Edad Media, lo mismo, la filosofía no era una ciencia unitaria, sino el conjunto universal de saberes que abarcaba unos conocimientos universales, unidos por el afán de saber del filósofo. Por eso Platón escribió que los verdaderos filósofos son "los que gustan de contemplar la verdad", por lo que se dice del filósofo "que ama la sabiduría, no en parte, sino toda y por entero".

Esa universalidad es característica del filósofo: no hay realidad que escape a su interés ni a su mirada. De ahí que la filosofía o sabiduría abarcase la universalidad de los saberes conocidos: metafísica, física, matemática, astronomía, ética, política, etc. Pero esta universalidad estuvo unida -y eso es lo más típico del filósofo -al intento de conocer todo ente en profundidad, en sus causas y principios, aun los más radicales y últimos.

Conocer las cosas en sus causas o principios, en su radicalidad y ultimidad (primeras causas y primeros principios) fue -y sigue siendo- la nota propiamente configuradora de la filosofía. De ahí que la más alta filosofía -la más alta sabiduría- sea la metafísica que, como dice Aristóteles, estudia al ente en cuanto ente. c. Tanto en nuestra lengua como en la griega, sabiduría es todo saber eminente, todo conocimiento profundo de las ciencias, letras y artes. Y se dicen sabios quienes gozan de tales saberes. No de muy distinta manera, en la antigua Grecia se llamaba sabios o sophos (también sophistes) -de nuevo el testimonio es de Diógenes Laercio -a quien profesaba la sabiduría, sophia, y había llegado a lo sumo de su perfección según los parámetros de la época. Los más célebres y arquetípicos, entre los más antiguos, los siete sabios de Grecia.

En comparación con los sabios, de los que se suponía que habían alcanzado la sabiduría, apareció la denominación de filosofo, philosofos, como el amante de la sabiduría, el que se considera a sí mismo estudioso de ella sin haberla aún logrado. Es una postura modesta. Esta actitud que tradicionalmente se le atribuye a Pitágoras, al usar el apelativo de filósofo, la describe a finales de la Edad Media el propio Agustín:

"La Escuela itálica tuvo por fundador a Pitágoras, del que se cuenta que inventó el nombre de filosofía. Pues, como quiera que en un principio se llamaran sabios a los que sobrepujaban a los demás en cierto modo de laudable vida, por eso, habiendo sido él interrogado acerca de su profesión, respondió que era filósofo, esto es, estudioso o amante de la sabiduría, pues le pareció arrogantísimo tenerse por sabio"

En consecuencia, la sabiduría pasó a llamarse filosofía: de philia, -amor- y sophia, -sabiduría-
Descripción de la Filosofía a. La distinción entre ciencia y filosofía no se ha realizado por materias -la filosofía tienen por objeto toda la realidad-, sino sobre todo por razón del respectivo estatuto epistemológico. Las ciencias observan y estudian aspectos parciales de la realidad -ciencias particulares- y según sus causas y principios inmediatos, así como según sus condicionamientos aparentes. La ciencia se ha configurado como un saber fenoménico (fenómeno: lo observable y verificable) y positivo.

¿A qué puede, pues, llamarse filosofía, tras la autonomía de las ciencias? La filosofía es el saber metacientífico, aquel que va más allá de las ciencias particulares y de las causas y principios inmediatos (...). La filosofía es la búsqueda de una explicación de la realidad más allá de la ciencia, esto es, en su radicalidad y ultimidad, en el sentido que no es posible ir más lejos en el conocimiento de las cosas. Esto significa que la filosofía busca la explicación última y definitiva de todo lo real. Cualquier sistema filosófico, responda como responda a esas cuestiones, llega a un desvelamiento de lo real, a unas causas y a unos principios que se tendrán como los últimos accesibles, porque se entenderá que no es posible que nuestro conocimiento llegue más lejos, o por defecto de éste -más allá estará lo incognoscible- o porque no existe nada ulterior.

b. Según lo dicho, podemos describir la filosofía como el "conocimiento racional de todas las cosas por las causas últimas y por los principios supremos". O también como "el estudio de la realidad que tiende a conocerla en sus últimas causas y en su más íntimo ser".

c. La filosofía proporciona al hombre -en lo racionalmente posible- la explicación más íntima del mundo, le da el sistema de valores en el que fundar su conducta y le muestra el fin supremo y el sentido último de la vida humana. El conocimiento filosófico es, pues, en el plano de la razón, el saber más importante y decisivo para el hombre, del que depende su actitud fundamental ante la vida y la orientación más radical de su obrar. En este sentido la filosofía es sabiduría. Abog. Ricardo E. Rubio F., MgSc
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