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Maquillaje y peinado del Siglo XVIII

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Rosa Miranda

on 13 February 2013

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Transcript of Maquillaje y peinado del Siglo XVIII

Siglo XVIII Maquillaje y Peinado Esta época fue una explosión de exhibición de peinados a cual más extravagante, una reacción totalmente contraria al pudor y recato de los siglos anteriores. El cabello se puso a tono con el estilo "rococó", que fue el estilo preponderante hasta casi el final del siglo. Un estilo dinámico y brillante, donde las formas juegan y se integran en un movimiento armonioso y elegante. Un estilo de acuerdo a una época de nuevas ideas filosóficas, como el Iluminismo, y a la afluencia de riquezas económicas que llegan a Europa por los viajes al nuevo continente, América. Se crean nuevos órdenes sociales; además del clero y la nobleza, una burguesía pujante de nuevos ricos y gente que hace fortuna y se posiciona en las esferas sociales y políticas, y que imita en todas sus costumbres a los nobles. Las pelucas masculinas eran generalmente blancas, pero las femeninas eran de colores pastel, como rosa, violeta o azul.
Indicaban, por su ornamentación, la mayor o menor posición social de quien las usaba. La gente de fortuna podía costear, lógicamente, diseñadores más caros y más variedad de materiales.
Se hacían por lo general con pelo humano, pero también con pelo de caballo o de cabras.
La condesa de Matignon, en Francia, le pagaba a su peluquero Baulard 24.000 libras al año para que le hiciera un nuevo diseño de peluca todos los días. Desde 1770, el uso de pelucas se extendió también a las mujeres. Y a medida que los años pasaban, las pelucas se fueron haciendo más altas y más elaboradas, especialmente en Francia. El uso de pelucas en los hombres comenzó a ser muy popular a fines del siglo XVII, durante el reinado en Francia de Luis XIV, el Rey Sol. Toda su corte comenzó a usar pelucas, y como Francia dictaba la moda de Europa en esa época, su uso se extendió al resto de las cortes del continente. En 1680 Luis XIV tenía 40 peluqueros que diseñaban sus pelucas en la corte de Versailles. Cerca de 1715 se comienzan a empolvar las pelucas. Las familias tenían un salón dedicado al "toilette", donde se empolvaban diariamente y acondicionaban. Se espolvoreaban con almidón de arroz o de papas. Para la operación de empolvado, hecha por un peluquero, solían cubrirse el rostro con un cono de papel grueso. En la corte francesa se empezaron a usar pelucas a raíz de que el rey Luis XIV comenzó a utilizarlas debido a una calvicie. Se popularizaron entre la corte -absurdamente- pues tendían a imitar lo que el Rey usaba. Sólo podían usarlas los nobles y la moda se extendió a otras cortes europeas. Fomentadas por la reina María Antonieta, en esa época se impusieron los increíbles peinados de estilo alto. Estos peinados altos sólo podían componerse con la ayuda de peluqueras y doncellas personales, que tardaban varias horas en organizar estructuras metálicas, almohadillas, trenzas de cabello y un gran surtido de elementos decorativos, que podían ser joyas costosas, frutas o verduras. Afeitaban el cráneo por higiene contra los parásitos, mientras que unas varillas de materiales preciosos, normalmente marfil, se utilizaban para rascarse la cabeza de manera elegante sin tener que quitarse la peluca ante el público. No solían lavarse el pelo porque no existía champú y los jabones poseían mucha grasa. Así, la moda de llevar pelucas se extendió debido a que tenían que estar presentables en las cortes, donde eran usadas por personas adineradas de sociedad y algunas veces las reuniones no duraban horas, sino días. William Andrews, un escritor inglés del siglo XIX, Nos cuenta que los robos callejeros de pelucas en el siglo XVIII eran comunes. Y las pelucas, en sus días de gloria, eran carísimas. Había que caminar con mucha atención para no perderlas. No obstante todas las precauciones, los robos de pelucas eran frecuentes. Era famoso este modo de operación: un un niño era transportado sobre una bandeja de carnicero por un hombre alto, y el niño agarraba la peluca en menos de un segundo. Cuando el dueño, desconcertado, miraba hacia todos lados, un cómplice le impedía avanzar con el pretexto de asistirlo, mientras el "carnicero" escapaba. En lo que se refiere al estilo de cabello de las mujeres del siglo XVIII, a principios del siglo aún seguía usándose un estilo que venía de moda desde fines del siglo anterior: el estilo "Fontange". Su nombre se debe a que fue creado por la Duquesa de Fontange, quien en una jornada de caza con el rey Luis XIV de Francia, enredó su cabellera en la rama de un árbol, y para reacomodar el cabello lo apiló sobre su cabeza. El rey quedó fascinado con ese peinado accidental, y le rogó que lo conservara siempre. Este estilo estuvo de moda más o menos hasta 1720. Bajo el reinado de Luis XV las costumbres cambiaron y los cabellos femeninos tuvieron otro estilo más simple. Estuvo de moda un estilo llamado "tête de mouton" (cabeza de oveja), con bucles cortos y algunos mechones de pelo sobre la nuca. Las mujeres no usaron pelucas hasta 1770. A partir de allí, los peinados -artificiales- se hicieron cada vez más altos y más elaborados Bajo el reinado de Luis XV las costumbres cambiaron y los cabellos femeninos tuvieron otro estilo más simple. Estuvo de moda un estilo llamado "tête de mouton" (cabeza de oveja), con bucles cortos y algunos mechones de pelo sobre la nuca. Las mujeres no usaron pelucas hasta 1770. A partir de allí, los peinados -artificiales- se hicieron cada vez más altos y más elaborados. El maquillaje mas común consistía en el polvo blanco que cubría la cara, el cuello y el escote, lo cual emparejaba el color de la piel y la hacía ver más delicada y brillante. Los labios debían ser pequeños, con un grosor equivalente entre el labio superior e inferior, y debían verse como una rosa floreciendo. Habían trucos de maquillaje para regular el tamaño de la boca (trucos que aún hoy se usan, pero para agrandarlos).
Las cejas se oscurecían para remarcar el dibujo de las mismas. Por último, para un maquillaje del siglo XVIII estándar, el rubor para las mejillas. El mismo era de un rosado intenso y cubría casi toda la mejilla, o solo una redondez sobre los pómulos.

El pelo empolvado se dice que se utilizaba para emparejar el color de las pelucas con el color natural del pelo, el cual, a fines del siglo XVIII se empezaba a mostrar más. Por ejemplo, se empezaba a llevar el pelo suelto rizado debajo de las pelucas que solo cubrían la parte superior.
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