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Historia de la pedagogía...

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María Amparo Torres

on 11 September 2015

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HISTORIA DE LA PEDAGOGÍA
Algunas consideraciones sobre las Tendencias Pedagógicas Contemporáneas
PEDAGOGÍA Y FILOSOFÍA
PEDAGOGÍA Y RELATOS
ESTATUS CIENTÍFICO DE LA PEDAGOGÍA
Tecnología Educativa: algunas esencialidades
EL PARADIGMA CIENTÍFICO
LA PEDAGOGÍA COMO CIENCIA
La Pedagogía como ciencia es materialista y dialéctica Es una parte importante en el contexto de la concepción sistémica de la Ciencia, de aquí que en su avance y perfeccionamiento intervengan el de otros campos que abordan diferentes aspectos de la realidad material y social, de manera concatenada y unitaria.
La pedagogía es el arte de enseñar, en la actualidad se tiene como una ciencia particular, social y del ser humano, que tiene por objeto el descubrimiento, apropiación cognoscitiva y aplicación adecuada y correcta de las leyes y regularidades que rigen y condicionan los procesos de aprendizaje, conocimiento, educación y capacitación
Las tendencias pedagógicas, desde el punto de vista de sus aplicaciones en la práctica, la apropiación, con la mayor aproximación posible, del conocimiento verdadero, objetivo, en definitiva, del conocimiento científico el cual se sustenta en las, teorías, leyes, tendencias y regularidades determinantes de los cambios y transformaciones, continuos, del mundo material, la sociedad y del propio ser humano, como personalidad, espiritualidad e individualidad.
La Pedagogía como ciencia y sus tendencias están en relación dialéctica con otras ciencias particulares de la época contemporánea de manera fundamental, la Psicología, relacionada directamente con la percepción, por el individuo, del reflejo del mundo material y social en su cerebro y del propio Yo, decir, lo pedagógico habrá de alcanzar sus objetivos en la misma medida en que lo psicológico lo posibiliten y sobre esta base se está trabajando en el camino hacia una educación de excelencia.
El pensamiento pedagógico puede decirse que comenzó su desarrollo desde los propios orígenes de la humanidad. Así se presenta el pensamiento pedagógico, expresándose de manera concreta a través de acciones de una educación incipiente, ejerciendo su influencia en el proceso de transformación de la llamada comunidad primitiva en una sociedad dividida en clases.
Las ideas pedagógicas abogan en ese momento crucial de la historia del ser humano como ente social por la separación en lo que respecta a la formación intelectual y el desarrollo de las habilidades y las capacidades que habrían de lograrse en aquellos hombres en que sus tareas principales no fueran las del pensar, sino las requeridas para el esfuerzo físico productivo tales ideas pedagógicas debían entonces insistir lo suficiente para lograr en la práctica que la mayoría o la totalidad de "la gran masa laboriosa" aceptara esa condición de desigualdad.
El desarrollo de un pensamiento pedagógico semejante tiene lugar en Grecia y Roma con figuras tan sobresalientes como Demócrito, Quintiliano, Sócrates, Aristóteles y Platón. Este último aparece en la Historia como el pensador que llegó a poseer una verdadera filosofía de la educación, con una caracterización de los campos de la acción educativa, a qué exigencias debía responder la misma y en qué condiciones tales acciones resultaban posibles.
El pensamiento pedagógico emerge con un contenido y una estructura que le permite alcanzar un cuerpo teórico verdadero, de una disciplina cognoscitiva con personalidad propia, en el renacimiento, etapa en la cual ya la humanidad ha alcanzado determinado grado de desarrollo científico capaz de sustentar y promocionar el desarrollo social, situación ésta que obliga a la nueva clase social, progresista por entonces, la burguesía a valorar con toda fuerza y en su real dimensión e importancia lo relativo al progreso científico y técnico con vistas a su perpetuación en el poder garantizando al mismo tiempo su progreso económico sostenido.
En este último período la figura más representativa de la ya Pedagogía como ciencia independiente es Juan Amos Comenius quien, en esencia, estableció los fundamentos de la enseñanza general, al tiempo que elaboró todo un sistema educativo integral y unitario con una fundamentación lógica de la estructuración del proceso docente en sí que debía desarrollarse en la escuela con el objetivo principal de contribuir y lograr un aprendizaje satisfactorio, capaz de proyectarse en la práctica de manera resolutiva respecto a la realidad enfrentada con vistas a su transformación en aras del beneficio propio y de los demás.
Entre 1548 y 1762 surge y se desarrolla la Pedagogía Eclesiástica, principalmente la de los Jesuitas, fundada por Ignacio Loyola se convertirse en el antecedente de mayor influencia en la Pedagogía Tradicional, la Pedagogía Eclesiástica tiene como centro la disciplina, de manera férrea e indiscutible, que persigue, en última instancia, afianzar, cada vez más, el poder del Papa, en un intento de fortalecer la Iglesia ya amenazada por la Reforma Protestante y a la cual le resultaba necesario el poder disponer de hombres que les respondieran sin vacilación alguna, en base de una conducta formada en la rigidez y el orden absoluto.
La Pedagogía Tradicional comienza a fraguarse en el siglo XVIII, con la aparición de las llamadas Escuelas Públicas, tanto en Europa como en la América Latina, reflejos de los cambios precipitados por las revoluciones republicanas de los siglos XVIII y XIX, animadas por la doctrina política y social del liberalismo. Es en el siglo XIX, la Pedagogía Tradicional, como práctica pedagógica alcanza su mayor grado de esplendor, convirtiéndose entonces en la primera institución social del estado nacionalista que le concede a la escuela el valor insustituible de ser la primera institución social, responsabilizada con la educación de todas las capas sociales.
La Tendencia Pedagógica Tradicional no profundiza en el conocimiento de los mecanismos mediante los cuales se desarrolla el proceso de aprendizaje. Ella modela los conocimientos y habilidades que se habrán de alcanzar, de manera empírica en el estudiante, por lo que su pensamiento teórico nunca alcanza un adecuado desarrollo.
La Tendencia pedagógica conocida con el nombre de la Escuela Nueva, puede decirse que surgió con el filósofo y pedagogo norteamericano John Dewey (1859-1952), quien planteó desde un principio que el propósito principal de la educación, condicionador de las distintas tareas o aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje debía estar dado por los intereses de los propios estudiantes
Otra de las Tendencias Pedagógicas contemporáneas es la denominada Tecnología Educativa, que se atribuye a Skinner, profesor de la Universidad de Harvard, en el año 1954, ha logrado un desarrollo importante y una difusión notable en la actualidad como consecuencia de las ventajas inmediatas que brinda, debido, sobre todo, al lenguaje técnico y aseverativo que utiliza.
La Pedagogía como Ciencia de la Educación se preocupa por el carácter práctico que se materializa en la metodología y en los medios utilizados con tal propósito. Así mismo, en correspondencia consecuente con la existencia del llamado pronóstico pedagógico científico, en el cual tiene su más viva expresión las leyes que rigen el desarrollo y obtención del conocimiento verdadero de la realidad objetiva, la tecnología educativa, siempre y cuando se la utilice de manera racional y lógica puede favorecer, la apropiación del mismo.
La pedagogía se concibe hoy como un cuerpo de teorías y de conocimientos sobre lo que hacen los docentes en el campo de la educación y se constituye como un saber que capacita y hace competente al maestro para desempeñarse
en la profesión u oficio de enseñar. Este saber está orientado, a la vez, por principios filosóficos que, como lo afirma Antanas Mockus, bajo el nombre de pedagogía:
“Han intentado (...) recoger el conjunto de enunciados que, más que describir o prescribir formas específicas de proceder en la educación, pretenden orientar el quehacer educativo, confiriéndole su sentido. Este sentido puede ser buscado hermenéuticamente (mediante la reconstrucción del horizonte cultural dentro del cual ese quehacer puede ser interpretado como relevante, congruente, comprensible)”
Existe hoy una corriente de pedagogos que proponen cambiar la palabra “pedagogía” por “andragogía”, intentando rescatar la educación de adultos, porque, para ellos pareciera que la pedagogía, según el significado del término,
fuera una actividad sólo para niños. Pero no se percatan que la palabra “andragogía”, tiene también un significado restrictivo por cuanto deriva del griego “Aner” que significa varón, como género opuesto al de mujer y que en griego se dice “Giné”. Según esta propuesta, la educación de adultos pasaría a ser únicamente para hombres y no para mujeres. Por esta razón es conveniente conservar la palabra “pedagogía” para todas las formas relacionadas con la enseñanza-aprendizaje y de la educación, ya se trate de niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, hombres o mujeres, pues, las palabras, durante el transcurso del tiempo, se cargan de contenido, y pedagogía es una de esas palabras que mayor sentido ha adquirido en estos últimos tiempos.
La ciencia es el resultado de dos cosas esenciales: una determinada práctica o
actividad específica y una determinada forma de conocer. Aunque una práctica se realice correctamente, no basta por sí misma para formular explícitamente qué es y en qué consisten los conocimientos sobre dicha actividad. La práctica pedagógica, es una de esas actividades de las que no cabe dudar que se ha realizado de una manera correcta. Pero, ¿se sabe con certeza, en primer lugar, qué es la pedagogía y, en segundo lugar, si esa es la única forma correcta o existen otras formas diferentes, pero también correctas y más eficaces para realizar la misma actividad?.
El hombre ha tenido siempre la curiosidad y el deseo de saber y conocer la verdad de todo lo que hace, mediante el uso de la inteligencia y la razón. Por tal motivo se distinguen, desde la antigüedad, cuatro formas o maneras de conocer.
Desde el paradigma de la Teoría Crítica de la Sociedad, Habermas distingue “tres categorías de procesos de investigación”: Las ciencias empírico-analíticas, las histórico-hermenéuticas y las ciencias sistemáticas de la acción o ciencias críticas. Cada una de estas tres direcciones de la ciencia está orientada por un interés: el interés técnico corresponde, generalmente, a las ciencias empírico-analíticas; es un interés de dominio y de control. El interés práctico, corresponde a las ciencias histórico-hermenéuticas y busca interpretarlas para comprenderlas. El interés emancipatorio, a las ciencias sistemáticas de la acción, cuya finalidad consiste en develar las ideologías subyacentes para buscar el cambio y la transformación de la realidad y por ende, la liberación del hombre.
El objeto, el método y el fin son los tres elementos esenciales que identifican un conocimiento científico y lo diferencian, a la vez, de cualquier otra forma de saber científica. Delimitan o demarcan, también, los distintos campos de las ciencias y diferencian, en el mismo campo, una ciencia de otra o una ciencia de una seudociencia. Estos tres elementos son, desde luego, los que posibilitan el establecimiento de las relaciones e interconexiones con otras disciplinas, porque un conocimiento científico específico, por sí sólo, no resuelve todos los problemas intrínsecos y extrínsecos de su saber. Por tal razón, cualquier
conocimiento busca apoyo en otras disciplinas y se auxilia de ellas para resolver mejor sus problemas. En esto se basa la interdisciplinariedad de las ciencias.
La ciencia pretende características de verdad y de eficacia. La verdad se entiende, no como la adecuación del entendimiento con la realidad, según el postulado del positivismo, sino, más bien y desde una perspectiva de
pluralismo epistemológico, como la “aceptabilidad racional”, o según Habermas, como “la promesa de alcanzar un consenso racional sobre lo dicho”. La validez depende, a la vez, de la capacidad para solucionar los
problemas de la humanidad. Cuando un conocimiento científico ya no puede resolver un problema o aparece otra forma mejor de resolverlo, deja de tener eficacia, pierde su validez y será reemplazado por otro. Se produce así una revolución científica. Por esto, toda ciencia es dinámica y cambiante, y por tanto, hoy no es posible admitir conocimientos absolutos e invariables, sino que los conocimientos de la ciencia no son más que “conjeturas” o “hipótesis audaces” como diría K. Popper.
Se necesitaba, pues, presentar un panorama explicativo sobre qué es la ciencia, para comprender más fácilmente y dentro de este contexto, que la pedagogía es una ciencia con toda propiedad. Hay que admitir, sin embargo, que el problema de la pedagogía no es sólo un problema científico, puesto que es posible plantear muchos otros aspectos que van más allá de lo científico. Aún la misma ciencia ha traspasado sus propios límites, llegando incluso a lo que podría llamarse la “pluriproblematicidad”, que como lo afirma Ladriere:
“Hoy, la ciencia no es ya simplemente un método de conocimiento, ni siquiera solo un cuerpo de saberes, es un fenómeno sociocultural de inmensa amplitud, que domina todo el destino de las sociedades y que empieza a plantear
problemas absolutamente cruciales porque, desde ahora, parece que ciertos límites están traspasados” .
Desde el comienzo, la pedagogía y la filosofía se hallaban muy estrechamente unidas, no solamente porque la filosofía se había considerado como la madre de todas las ciencias, sino también porque de la filosofía, la pedagogía había recibido los mayores aportes, tanto para el quehacer práctico como para la Construcción del discurso, por cuanto de la filosofía tomaba los principios éticos, antropológicos y humanistas que orientaron la labor realizada, durante mucho tiempo, por los maestros. Las concepciones de la historia, del humanismo y las diferentes cosmovisiones que ha tenido el hombre a través de su desarrollo social y el desarrollo del conocimiento, habían sido aportados por la filosofía. Pero en los últimos tiempos ha ocurrido un divorcio entre filosofía y pedagogía que ha hecho que la pedagogía haya perdido parte de su horizonte, por carecer de una estrella polar que guíe el rumbo hacia donde debe navegar.
Se necesita, pués, que la pedagogía, no obstante su autonomía como disciplina, vuelva a aliarse con la filosofía. Las dos forman una buena pareja en beneficio de la educación.
Fueron los sofistas griegos los fundadores de la ciencia de la educación. En efecto, como dice W. Jaeger en la Paideia, los sofistas “pusieron los fundamentos de la pedagogía y la formación intelectual sigue en gran parte, todavía hoy, los mismos senderos (...) y los sofistas no denominaron a su teoría y a su arte de la educación ciencia, sino techné” .
La filosofía contribuye, entonces, a que la pedagogía formule con claridad los fines de la educación y de la enseñanza-aprendizaje, y las metas que deben alcanzarse. Pero, es la epistemología, en especial, bajo la concepción de una filosofía de la ciencia, la que con su análisis crítico, contribuye, de esta forma, a esclarecer el sentido de la acción pedagógica, a construir y reconstruir sus significados y a dar coherencia y unidad a las teorías y a otros discursos sobre el tema de la pedagogía.
El conocimiento de la realidad obedece a tres tipos de criterios: criterios de racionalidad, criterios estéticos y criterios axiológicos. Se entiende, entonces, por qué no todo el conocimiento es científico y por qué en un discurso de epistemológico se consideran aspectos extracientíficos tan válidos y útiles como el científico.
Estos criterios son elementos constitutivos e integrantes de cualquiera de las formas de conocimiento de la realidad. La pedagogía, como una realidad, no puede ser ajena a esta situación.
Bruner dice que “hay dos modalidades de funcionamiento cognitivo, dos modalidades de pensamiento, y cada una de ellas brinda modos característicos de ordenar la experiencia, de construir la realidad.”. Por una parte, existen los argumentos de carácter científico, cuya estructura es un argumento lógico bien construido, pero por otra, existen también los relatos bien construidos.
Ambas formas funcionan de manera diferente, son irreductibles entre sí, aunque son complementarias. Los dos pueden servir para convencer a otro, pero mientras los argumentos convencen por la verdad, los relatos convencen por la semejanza con la vida. Mientras los primeros se verifican mediante pruebas formales y empíricas, los segundos “no establecen la verdad, sino la verosimilitud”.
“La pedagogía es un proceso dialéctico-formativo que se da en la interacción entre el educando, el educador y la cultura, (entendida en su sentido más amplio como ciencia, tecnología, técnica, valores, habilidades y destrezas, otros saberes, etc.), en relación con unos fines y unos objetivos trazados por la comunidad y mediados, a la vez, por los procesos didácticos, curriculares, evaluativos, de planeación y de gestión educativas y, en general, por todo cuanto haga parte de ese conjunto, con miras a insertar al educando en la sociedad”.
La primera forma es el conocimiento de las cosas de una manera muy simple y común que Platón llamaba la “doxa” o mera opinión. Es la forma de conocimiento sencillo y cotidiano de la realidad que todos compartimos, llamado también conocimiento vulgar por ser la forma de conocer del pueblo.
La segunda forma, es el conocimiento empírico que se construye mediante la experiencia particular, pero que no es tan común y simplista como el anterior y no todos lo compartimos de la misma manera, porque cada persona o grupo de personas tienen, durante su vida, experiencias diferentes. El conocimiento empírico es mucho más técnico en cuanto permite un saber “semiespecializado” y particular de la realidad.
La tercera forma de conocimiento racional, es el llamado conocimiento científico, porque es mucho más profundo, estructurado, sistemático y organizado bajo la forma de teorías y de métodos que lo justifican y validan, aunque sigue siendo todavía un conocimiento parcial de la realidad, pero mucho más generalizado que el conocimiento empírico.
la cuarta forma racional del conocimiento es el filosófico. Este es una especie de metaconocimiento por la abstracción y la crítica que hace de la realidad en su totalidad y porque trata de buscar, no los conceptos específicos propios del conocimiento científico, sino conceptos mucho más teóricos, generales y de carácter más universal.
El desarrollo de un pensamiento pedagógico semejante tiene lugar en Grecia y Roma con figuras tan sobresalientes como Demócrito, Quintiliano, Sócrates, Aristóteles y Platón. Este último aparece en la Historia como el pensador que llegó a poseer una verdadera filosofía de la educación, con una caracterización de los campos de la acción educativa, a qué exigencias debía responder la misma y en qué condiciones tales acciones resultaban posibles.
GRACIAS
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