Loading presentation...

Present Remotely

Send the link below via email or IM

Copy

Present to your audience

Start remote presentation

  • Invited audience members will follow you as you navigate and present
  • People invited to a presentation do not need a Prezi account
  • This link expires 10 minutes after you close the presentation
  • A maximum of 30 users can follow your presentation
  • Learn more about this feature in our knowledge base article

Do you really want to delete this prezi?

Neither you, nor the coeditors you shared it with will be able to recover it again.

DeleteCancel

Make your likes visible on Facebook?

Connect your Facebook account to Prezi and let your likes appear on your timeline.
You can change this under Settings & Account at any time.

No, thanks

Evangelii

No description
by

John Patricio Maruri Morán

on 31 January 2014

Comments (0)

Please log in to add your comment.

Report abuse

Transcript of Evangelii

Evangelii
Gaudium
Capítulo 5to.
Evangelizadores con Espíritu.
Quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, además, infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente.
Propondré algunas reflexiones acerca del espíritu de la nueva evangelización.
Cuando se dice que algo tiene «espíritu», esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria.
Una evangelización con espíritu es muy diferente de un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos.
I. Motivaciones para un
renovado impulso misionero.
Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que
oran y trabajan.
Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón.
En todos los momentos de la historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Eso está siempre, con un ropaje o con otro; viene del límite humano más que de las circunstancias. Entonces,
no digamos que hoy es más difícil; es distinto.
El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva.
La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor,
es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón.
Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás.
A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que
el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas
, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno.
El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción.
Tenemos un tesoro de vida y de amor que no puede engañar
, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar.
Pero esa convicción se sostiene con la propia experiencia, constantemente renovada, de gustar su amistad y su mensaje. No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que
no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo.
Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.
Si somos misioneros, es ante todo porque Jesús nos ha dicho: «La gloria de mi Padre consiste en que deis fruto abundante» (Jn 15,8). Más allá de que nos convenga o no, nos interese o no, nos sirva o no, más allá de los límites pequeños de nuestros deseos, nuestra comprensión y nuestras motivaciones,
evangelizamos para la mayor gloria del Padre que nos ama.
El gusto espiritual de ser pueblo.
Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de
estar cerca de la vida de la gente
, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo.
Jesús mismo es el modelo
de esta opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo.
Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes,
colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades
, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás.
Jesús quiere que toquemos la miseria humana
, que toquemos la carne sufriente de los demás.
Es verdad que, en nuestra relación con el mundo, se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero
no como enemigos que señalan y condenan
. Se nos advierte muy claramente: «Hacedlo con dulzura y respeto»
Queda claro que
Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente
, sino hombres y mujeres de pueblo.
El amor a la gente es una fuerza espiritual que facilita el
encuentro pleno con Dios
Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios.
Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios.
Como consecuencia de esto, si queremos crecer en la vida espiritual, no podemos dejar de ser misioneros.
Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros.
Esa apertura del corazón es fuente de felicidad
, porque «hay más alegría en dar que en recibir»
La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar
Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades.
Dejará de ser pueblo.
Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor,
eso ya justifica la entrega de mi vida.
La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu
Algunas personas no se entregan a la misión, porque piensan así: «¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?». Con esa actitud se vuelve imposible ser misioneros. Tal actitud es precisamente
una excusa maligna
para quedarse encerrados en la comodidad, la flojera, la tristeza insatisfecha, el vacío egoísta.
Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto,
por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección.
Es una fuerza imparable… Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse.
Todos sabemos por experiencia que a veces una tarea no brinda las satisfacciones que desearíamos, los frutos son reducidos y los cambios son lentos,
y uno tiene la tentación de cansarse.
Sin embargo, no es lo mismo cuando uno, por cansancio, baja momentáneamente los brazos que cuando los baja definitivamente dominado por un descontento crónico, por una acedia que le seca el alma.
Creámosle al Evangelio que dice que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá, de diversas maneras: como la semilla pequeña que puede llegar a convertirse en un gran árbol (cf. Mt 13,31-32),… La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque
Jesús no ha resucitado en vano.
Como no siempre vemos esos brotes, nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos… El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere;
nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos
. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa.
Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida
confianza en el Espíritu Santo.
Se trata de una actitud autodestructiva porque «el hombre no puede vivir sin esperanza:
su vida, condenada a la insignificancia, se volvería insoportable
». Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder
La fuerza misionera de la intercesión.
«En todas mis oraciones siempre
pido con alegría por todos vosotros
[...] porque os llevo dentro de mi corazón» (Flp 1,4.7).
S. Pablo
Es la gratitud que brota de un corazón verdaderamente atento a los demás.
De esa forma, cuando un evangelizador sale de la oración, el corazón se le ha vuelto más generoso, se ha liberado de la conciencia aislada y está deseoso de hacer el bien y de compartir la vida con los demás.
Lo que posibilitamos con nuestra intercesión es que su poder, su amor y su lealtad se manifiesten con mayor nitidez en el pueblo.
II. María, la Madre de la Evangelización.
El regalo de Jesús a su pueblo.
Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación,
Cristo nos lleva a María.
Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre, y el pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio. Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino.
Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios
En los santuarios, María reúne a su alrededor a los hijos que peregrinan con mucho esfuerzo
para mirarla y dejarse mirar por ella.
Allí encuentran la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida
La Estrella de la nueva evangelización
Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia.
Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño
. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes.
Full transcript