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El Espiritu Santo en la Vida de Jesus

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Virginia Pena

on 16 February 2016

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Transcript of El Espiritu Santo en la Vida de Jesus



El Espíritu Santo
en la Vida y Ministerio
de Jesús




El Espíritu Santo de Dios es la fuente de la vida espiritual del Cristiano: tanto el origen como la continuación de la misma vida provienen de El. Para entender la acción del E.S. en Cristo Jesús, es necesario recordar el concepto bíblico de Cristo. Es la segunda Persona de la Divinidad y es engendrado eternamente por el Padre.
Es totalmente Dios: eterno, el incomprensible, todo poderoso, el omnisciente y omnipresente. En la plenitud del tiempo vino voluntariamente a la tierra para tomar la naturaleza humana, de modo que pudo llamarse al mismo tiempo Dios y hombre.
Debido a esta gran verdad, los cristianos han dudado a veces de la necesidad de la acción del E.S. en Cristo.
Si Cristo es Dios, razonan algunos, no necesita del E.S. Puede hacer todo lo que quiera ya que es Dios. Por consiguiente, se relega al Espíritu Santo a un papel muy secundario en la vida de Cristo. Esto es un error porque la Segunda Persona de la Trinidad es igual a la tercera. Cristo en su naturaleza humana necesito la presencia constante del Espíritu Santo.
Jesús siguió siendo hombre completo, al mismo tiempo que era Dios completo. El hecho de que su naturaleza humana fuera indivisible e inseparable de su naturaleza divina no quería decir que su naturaleza humana cambiara para fusionarse. La unión de la dos naturalezas no significó que su naturaleza divina comunicara cualidades divinas.
No hubo transferencia de características divinas de la divinidad a la naturaleza humana de Cristo. Antes bien, las Escrituras nos dicen que Jesús, siguió siendo Dios y al mismo tiempo fue hombre tan completo que nació y paso por la infancia hasta llegar a ser adulto; fue tentado tal como nosotros lo somos (He.4:15); no sabia ni el día ni la hora de su segunda venida (Mr. 13:32), y fue abandonado por Dios en la Cruz (Mt. 27:46). Sus dos naturalezas siguieron siendo distintas. Al mismo tiempo fue completamente Dios y completamente hombre, eterno y sin embargo finito. Siendo que Jesús era hombre, el E.S. pudo actuar en toda su vida, la Biblia nos indica que así ocurrió. El Espíritu Santo actuó desde su encarnación hasta su gloria final.
La palabra encarnación significa el acto por el cual la segunda Persona de la Trinidad, sin dejar de ser Dios, "fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Jn.1:14). La primera obra especial del Espíritu Santo en la naturaleza humana de Cristo es la concepción milagrosa de su cuerpo esto lo vemos tanto en la afirmación de Mateo, que María "se halló que había concebido del Espíritu Santo" (1.18), como en el anuncio del ángel a María de que "el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc.1:35).
Esta concepción milagrosa fue un acto de creación hecho por el Espíritu Santo. No fue como el primer acto de creación donde todas las cosas fueron creadas de la nada, sino más bien el tomar de la substancia de
la María y creando de esa substancia el cuerpo humano de Cristo.
Introducción
I. El Espíritu Santo en la Encarnación
Esto era necesario por varias razones:
Primero, porque la promesa hecha a Abraham y a David de que el Mesías prometido seria de su simiente y vendría de sus lomos debía ser mantenida.
Era necesario también llevar a cabo la primera promesa la cual era, que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente (Gn. 3:15).
El Verbo se haría carne (Juan1:14). Tenía que ser hecho de mujer (Gal.4:4). Debía ser hecho de la simiente de David de acuerdo a la carne (Ro.1:3). Debía tomar sobre él la simiente de Abraham (He. 2:16).
Era necesario confirmar que Dios en verdad había mantenido su promesa así que la genealogía humana de Jesús es mencionada por dos de los Evangelistas (Mateo 1:1-16 y Lucas 3:23-38).
Era necesario porque él tenia que ser hecho como nosotros en todo,
excepto el pecado; solo así nuestros pecados podrían ser imputados a él (He. 2:14; Ro. 8:3, 4).

Esto, entonces, era la obra del Espíritu Santo en referencia a la naturaleza humana de Cristo en el vientre de su madre. Por su poder él creó de la substancia de ella el
cuerpo humano de Cristo. De esta grande verdad debemos notar lo siguiente:
El Señor Jesucristo no es el Hijo del Espíritu Santo; La relación de la naturaleza humana de Cristo y el Espíritu Santo es la de criatura y creador; Cristo es llamado el Hijo de Dios con respecto solo al Padre, porque EL solo es eternamente engendrado por el Padre.
El Hijo de Dios tomo naturaleza humana; su Persona entera así como es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre es el Hijo de Dios.
Esta obra del Espíritu Santo al crear la naturaleza humana de Cristo se diferencia de la obra del Hijo al tomar naturaleza humana en unión personal con su Persona divina. El Hijo no creó su naturaleza humana sino solo la unió a su naturaleza divina.
Así que solo el Hijo fue encarnado, no el Espíritu.
La concepción milagrosa de la naturaleza humana de Cristo en el vientre de María fue una obra de creación hecha instantáneamente, aunque esa naturaleza creció en el vientre después.

En el credo de los Apóstoles dice que El fue "concebido por el Espíritu Santo", no obstante solo nacido de María. Para entender esto debemos entender que el Espíritu Santo fue el que creó la naturaleza humana de Cristo por medio de su poder. María fue pasiva en esta obra, porque el cuerpo de Cristo fue creado de su substancia.
En el momento que la naturaleza humana de Cristo fue creada en el vientre de María por el Espíritu Santo, fue inmediatamente santificado, y lleno de gracia de acuerdo a su capacidad de recibir. No siendo engendrado por generación natural, Cristo no heredo una naturaleza pecadora.
Su naturaleza humana fue llena de toda gracia por el Espíritu Santo (Is. 11:1-3; He. 7:26; Lc. 1:35; Jn. 3:34).
El Espíritu Santo es el causante de la concepción de Jesús. Es él y no el Padre ni el Hijo, y mucho menos José quien sembró la semilla de vida. Esto no significa que las otras personas de la Trinidad no participaran en la encarnación. Porque, como vimos al tratar de la creación, las tres Personas están activas en todas las cosas en este mundo. Sin embargo, es posible decir, basado en la Escritura, que dos Personas de la Trinidad actúan a través de la otra. Así es en la concepción de Jesús.
Fue un acto del Dios Trino. El Padre fue co-autor de la encarnación, como se ve en las palabras de Cristo al Padre: "Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo" (He. 10:5).
En otras palabras, el Padre preparó la naturaleza humana de Cristo (llamada en este caso cuerpo). El Hijo también fue co-autor de su propia encarnación (haciéndose hombre). No nació en forma pasiva, como nosotros, sino activa, ya que en forma voluntaria escogió ser concebido en el seno de María.
Por
Virginia Peña

Pablo lo revela cuando afirma que Cristo, "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual
a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo ..." (Fil. 2:6, 7). Cristo y el Padre, al igual que el Espíritu Santo, estuvieron activos en la venida de Cristo a la tierra. Si bien la encarnación fue un acto
de las tres Personas de la Divinidad, sin embargo fue, sobre todo, obra del Espíritu Santo.
El y no el Padre ni el Hijo, fue la causa eficiente por la cual María concibió a su Hijo Jesús. Fue "el poder del Altísimo," como lo dice Lucas, el que efectuó la concepción de Jesús. Por consiguiente, en este sentido especial, el Espíritu Santo fue el indicador y causa eficiente de la encarnación.
Adviértase que si bien Jesús fue concebido por el Espíritu Santo, de forma que pudiera ser llamado "hijo del Espíritu Santo" (Mt. 1.18), esto no significa que el Espíritu fuera el Padre de Jesús.
La primera Persona de la Trinidad, no la tercera, es quien es Padre de Cristo. Este acto de concepción por parte del Espíritu Santo fue esencial para que Jesucristo estuviera sin pecado, lo que, a su vez, era necesario para que pudiera ser nuestro Salvador, preservó a Cristo del pecado original, que es herencia de toda persona que nace en este mundo.

Por la concepción y nacimiento, el hombre nace pecador.
Por medio de la concepción Cristo fue "Santo, Inocente, Sin Mancha, Apartado de los pecadores" (He. 7:26).
No heredó la culpa del pecado representativo de Adán, como todos los demás hombres (Ro. 5:12), ni recibió una naturaleza humana que fuera moralmente corrupta; antes bien su naturaleza humana era inmaculada y moralmente hermosa. Y esta pureza inmaculada de Cristo se debió a la operación del Espíritu Santo mediante la cual Jesús fue concebido en forma inmaculada y milagrosa, sin la participación de José.
La participación del Espíritu Santo fue necesaria en la vida de Cristo desde su comienzo, por dos razones:
1. Para que Cristo pudiera nacer.
2. Para que su naturaleza humana pudiera ser preservada de la culpa y corrupción del pecado de Adán a fin de que pudiera ser nuestro Salvador.

Si bien es cierto que el Espíritu moró sin medida en Jesús como hombre, también es cierto que hubo crecimiento en la vida espiritual de Cristo. Este es uno de los aspectos más fascinantes de la Escritura y que a menudo se niega, especialmente por parte de aquellos que, como reacción contra el modernismo, desean salvaguardar la divinidad de Cristo contra toda clase de ataques.
Lucas revela este crecimiento en forma bien definida cuando afirma; "Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él" (2:40).
Además, en Lucas 1:80 estas mismas palabras ("y el niño crecía, y se fortalecía") se emplean para Juan el Bautista, con la añadidura de las palabras "en Espíritu" después de la expresión "se fortalecía". Este desarrollo se confirma también en el versículo 2:52, donde Lucas dice que "Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres".

II. Crecimiento Espiritual en Jesús
En otras palabras, Lucas nos dice que hubo crecimiento en la vida espiritual e intelectual de Jesús. No nació adulto como Adán, sino que nació como verdadero niño. Tuvo que crecer como cualquier niño normal a través de la infancia, hasta llegar a caminar y hablar, a aprender y desarrollarse, hasta alcanzar la edad adulta.
Esto indica que Jesús fue verdaderamente hombre, y que su naturaleza humana no fue dotada, gracias a su unión con la naturaleza divina, de atributos divinos tales como poder absoluto, conocimiento total, e infinidad.
Antes bien, nació como niño, se desarrolló en espiritualidad y debido a todo esto en realidad " crecía ... en gracia para con Dios".
Este gran misterio se puede entender en parte si recordamos que todo este crecimiento ocurrió solamente en la naturaleza humana de Jesús.
Su deidad, desde luego, no podía crecer en lo más mínimo en ningún aspecto, ya que siempre ha sido completa.
Todo este crecimiento se debió al Espíritu Santo. No fue automático, ni tampoco se debió al hecho de que Jesús hombre estuviera inseparablemente conectado con la persona divina, de forma que como hombre poseyera omnisciencia.
Porque eso destruiría la verdadera humanidad de Jesús. La Biblia nos dice que incluso ya de adulto, en el curso de su ministerio, no conocía la fecha exacta de su segunda venida.
Antes bien, este crecimiento espiritual e intelectual se debió a la operación del Espíritu Santo en la vida de Cristo. Isaías lo predijo cuando escribió: "Saldrá una vara (Jesús) del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de Poder, Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová" (Is.11:2).
Fue el Espíritu Santo quien vino sobre Jesús, sobre su naturaleza humana, y lo hizo crecer como infante y niño, lo fortaleció, y lo hizo progresar en sabiduría, en estatura, y en gracia delante de Dios y de los hombres.

El niño Jesús tenía todas las inclinaciones y la voluntad de la santidad, pero simplemente, como era niño, no podía ejercitar la inteligencia y la voluntad de su naturaleza humana como lo hubiera hecho un adulto. Como niño ni siquiera podía hablar, por ejemplo y mucho menos razonar con los teólogos, como lo hizo a los doce años de edad.
No podía enfrentarse a elecciones entre el bien y el mal debido a que su mente humana no tenía el desarrollo suficiente como para entender los problemas éticos. Durante todo ese tiempo, sin embargo, incluso como niño, el Espíritu moró en él. Vemos, pues, que la intervención del Espíritu Santo no sólo fue necesaria para la concepción y nacimiento de Jesús, sino también para todo su período de crecimiento como niño y como joven que madura.
Otra prueba de la acción del Espíritu Santo en la vida de Jesús se ve en su bautismo, cuando fue consagrado por el Espíritu Santo y de El recibió poder para comenzar su ministerio público como Mediador.
Incluso después de que Jesús hubo sido llenado del Espíritu de sabiduría y comprensión, y hubo crecido en gracia delante de Dios
en su propia vida personal, siguió necesitando al Espíritu Santo, en una forma nueva, para su vida pública.
Aparte de su vida Santa, necesitó al Espíritu a fin de pertrecharse de las cualidades necesarias para desempeñar su misión de Mesías, como Profeta, Sacerdote, y Rey.
Esta comunicación de dones de parte del Espíritu Santo ocurrió
en el bautismo.

III. Bautismo
Leemos que al ser bautizado Jesús, "el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma" (Lc.3:21,22). Antes de este suceso, no leemos nada del ministerio de Jesús en ninguno de los evangelios; antes bien, sólo se nos habla acerca de su nacimiento e infancia.
Después de ello ya oímos hablar de su ministerio de predicación y de realización de milagros, Lucas nos dice expresamente que Jesús comenzó a enseñar, ya de unos treinta años de edad (3:23).
Por ello sacamos la conclusión de que la comunicación del Espíritu Santo a Cristo en el bautismo fue con el propósito de pertrecharlo oficialmente para su ministerio público.
Jesús estuvo consciente de esta unción de parte del Espíritu Santo para su ministerio oficial. Porque, inmediatamente después de su bautismo por el Espíritu, pronunció su primer sermón en Nazaret, utilizando como texto a Isaías 61:1, donde el profeta escribió: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; a predicar el año agradable del Señor" (Lc. 4:18,19). Después de sentarse dijo, "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros".
En otras palabras, el Espíritu Santo había descendido sobre él en ese tiempo para comunicarle poder para predicar el evangelio en su ministerio público.
Que el Espíritu Santo también le comunicó poderes especiales para realizar milagros durante su ministerio se ve en una de sus enfrentamientos con los fariseos cuando dijo:
"Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios"(Mt.12:28).
Luego hace saber a los judíos que llamándolo Beelzebub, príncipe de los demonios, estaban blasfemando sobre todo contra el Espíritu Santo, ya que fue el Espíritu Santo quien realizó realmente estos milagros, si bien los hacía a través de Jesús.


Jesús realizaba milagros, por el Espíritu Santo, Hechos 10:38 indica esta misma verdad cuando Pedro afirma que 'Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.' Así pues, el bautismo, la predicación, y los milagros de Jesús muestran que éste se dedicó al ministerio no con sus propias fuerzas, sino dotado de poder y dones por el Espíritu Santo.
Después de su bautismo, Cristo fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado (Lucas 4:1).

Otra gran obra del Espíritu en la vida de Cristo se revela en relación con sus tentaciones. Todas ellas ocurrieron bajo la dirección del Espíritu Santo. Los evangelios dicen que fue "llevado por el Espíritu al desierto". Aunque Mateo y Marcos dicen "hacia o dentro" del desierto, Lucas indica en forma específica "en" el desierto, y uso el pretérito imperfecto, que nos apunta, no a un acto momentáneo sino a un periodo de tiempo, esto indica que el Espíritu Santo no sólo guió a Cristo al desierto, sino que todo el tiempo en que Cristo estuvo ahí el Espíritu Santo estuvo con él, guiándolo y ayudándolo para superar las tentaciones. Después que terminaron, Lucas dice que "volvió en el poder del Espíritu"(4-14).
En otras palabras, todo el período de la tentación, desde el comienzo hasta el fin, estuvo bajo el control del Espíritu Santo, y por medio del Espíritu la naturaleza humana de Jesús recibió la fortaleza para superar las graves tentaciones que lo asediaron.
No triunfó porque su naturaleza divina infundiera cualidades divinas a su naturaleza humana, y la capacitara así para resistir. No, porque en ese caso ya no hubiera sido hombre.
Por el contrario, siendo hombre completo, confió en la morada del Espíritu en su ser para resistir el mal.
El espíritu Santo guió, consoló, sostuvo y fortaleció a Cristo en su ministerio, tentaciones, obediencia y sufrimientos.

IV. Tentación
En Lc.6:12 se evidencia su naturaleza dual, como el Hijo de Dios sabia el pensamiento de Dios y de los seres humanos, mas como humano necesitaba la capacitación del E.S. para escoger las personas mas adecuadas que continuarían su obra.
Por otra parte Lucas es el único que claramente relaciona la tarea pedagógica de Jesús con el advenimiento del E.S. sobre El.
“El Espíritu del Señor esta sobre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor” (Lc.4:18-19).

V. En la elección, de los discípulos y en su Ministerio como Maestro
El Espíritu Santo estuvo actuando desde la concepción misma de Cristo hasta su muerte. Hebreos 9:14 nos lo dice cuando afirma que Cristo "mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios ..."
Se alude aquí a la muerte de Cristo. Así durante toda su terrible aflicción, su fe y confianza en Dios fueron victoriosas, aunque fue llevado a clamar, "¿Dios mío, Dios mío porque me has desamparado?" (Sal. 22:1, 9-11).
Pero su fe permaneció firme como Isaías lo profetizó (50:7-9).
No fueron los sufrimientos externos de Cristo o el sufrir la pena de la ley que constituyó la expiación, fue su obediencia. Todas estas cosas Cristo las hizo en su naturaleza humana porque el Espíritu Santo lo capacitó para hacerlas.

VI. Muerte
No se le obligó a morir, sino que lo hizo voluntariamente, conociendo sus consecuencias. Su actitud fue perfecta y todo ello se debió al Espíritu Santo, como Hebreos 9:14 indica al decir que Jesús se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios "mediante el Espíritu eterno".
En otras palabras, fue el Espíritu Santo el que hizo que Jesús tuviera la perfecta actitud para realizar nuestra redención. Cristo se ofreció a si mismo a Dios por medio del Espíritu Eterno.
Y es por el mismo Espíritu Santo que fue consagrado y hecho perfecto como nuestro Sumo Sacerdote.

La obra del Espíritu no concluyó con la muerte de Jesús; continuó hasta su resurrección. Si bien a veces la resurrección de Cristo se atribuye al Padre (Hch. 2:24) y a veces al Hijo (Jn. 10.17, 18), sin embargo, la Biblia nos da indicios indirectos de que el Espíritu también estuvo activo en una forma especial en la resurrección de Cristo.
En Romanos 8;11 leemos que Dios, el Padre dará vida a nuestros cuerpos mortales por su Espíritu. El Padre actúa por medio del Espíritu en la resurrección cristiana, el paralelismo que utiliza la Biblia entre la resurrección del cristiano y la de Cristo sugeriría que el Espíritu Santo también realizó una acción peculiar en la resurrección de Cristo.

VII. Resurrección
Luego que Cristo terminó su obra de redención, y había vuelto al cielo, la tarea de seguir y completar la obra de salvación fue asumida por el Espíritu Santo. Antes de su muerte Cristo prometió al Espíritu Santo a sus discípulos (Juan 14:15-17). Después de su resurrección, él les dijo que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, (Hch.1:4). Después de su ascensión, Cristo recibió al Espíritu Santo de el Padre y lo derramó sobre sus discípulos (Is. 44:3; Joel. 2:28, 29; Hch.2:33). Es el Espíritu Santo quien reemplaza la ausencia corporal de Cristo y quien trae a cumplimento todas las promesas hechas a la iglesia .
VIII. La Glorificación de Cristo
Es el Espíritu Santo quien trae a cumplimento todas las promesas hechas a la iglesia.
El Espíritu Santo, quién comenzó a actuar en la naturaleza humana de Cristo, desde su encarnación hasta su resurrección es el que mora en el hombre salvo, para siempre. Jesús fue siempre hombre completo al mismo tiempo que Dios completo, y así sigue siendo hoy día en el cielo. Esto significa que la naturaleza divina no hizo que el Espíritu Santo resultara innecesario en la vida de Cristo.
Jesús, no como Dios, sino como hombre, necesitó al Espíritu, en su nacimiento; para que fuera santificado; en su juventud para que lo dotara de obediencia y sabiduría; en su bautismo para que lo pertrechara para su ministerio mesiánico; en sus tentaciones para capacitarlo para resistir el mal; y en su muerte para capacitarlo para hacer el sacrificio perfecto.
En todas estas ocasiones la Escritura habla del Espíritu Santo proporcionando ayuda a Cristo. Negar esta necesidad de Jesús es violentar la verdadera humanidad de Jesús atribuyéndole poderes divinos que no poseyó.



Conclusión
Cristo es nuestro ejemplo en esta vida,
nos mostró el camino de santidad y triunfó
sobre el pecado con una vida llena del
Espíritu. Debemos mostrarnos
agradecidos por la revelación
preciosa que el Espíritu
Santo ha dado de su propio
lugar en la Trinidad, pero no
deberíamos contentarnos con
un simple conocimiento intelectual.
Antes bien, edificando sobre eso,
debemos esforzarnos por conocer en forma personal y en la experiencia propia al Espíritu Santo y sus acciones.
Bibliografía
• Rubén Pérez Torres, La Verdad Que Libera Vol.3.
• Edwin H. Palmer, El Espíritu Santo.
• John Owen, La Gloria de Cristo.
• Lucas Francisco Mateo Seco, Teología Trinitaria:
Dios Espíritu Santo.
• Samuel Pérez Millo, El Espíritu Santo.



Dios les Bendiga...
By: Virginia Peña
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