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Michel de Certeau y el sujeto en la historia

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Gustavo Coutiño

on 6 September 2013

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Michel de Certeau y el sujeto en la historia
Contextualización
histórica
En los tiempos de los primeros Annales (1929-1945), el factor virtualmente sobredeterminante es la influencia difusa y ambigua del viejo positivismo.

En la última fase de Annales surge la historia de las mentalidades como reacción al determinismo de Braudel en El Mediterráneo en la época de Felipe II.
Principales propuestas respecto del quehacer historiográfico
De Certeau llevará la historia a un nuevo punto, ahondará en la sospecha de las categorías históricas construidas a lo largo del siglo xx, elaborará nuevos marcos de interpretación del objeto y del sujeto históricos y contribuirá a profundizar en el debate contemporáneo respecto a la disciplina histórica, resultado de las prácticas de un saber.

La historiografía es un discurso sobre “el otro”, que se construye a partir de una división: la que se establece entre el presente desde el que se escribe y el pasado sobre el que se escribe.

La historia es en realidad dos cosas a la vez: primero, una práctica, es decir un conjunto de procedimientos de análisis que se rige por sus propias reglas, y segundo, el resultado de esa praxis, es decir un texto cerrado “que organiza unidades de sentido" y que “encierra un modo de inteligibilidad” determinado.

Los discursos históricos hablan de la historia, están siempre situados en la historia y es posible estudiar las relaciones existentes entre el texto escrito y su contexto histórico.

Dicho en términos de De Certeau, habría que señalar que los mensajes contenidos en los discursos históricos no pueden ser comprendidos si no se toma en cuenta el lugar de producción en el que son elaborados y “la práctica de la que proceden”.
Limitaciones o deficiencias en cuanto a la capacidad explicativa de los fenómenos históricos
No se puede hablar de un único sujeto histórico; el sujeto cambia de rostro, se presentan variaciones en su rol social y su relación con el objeto de la escritura de la historia; éstos son algunos de los temas de más tensión para el análisis de la teoría.
La Operación Histórica
De manera general el texto escrito por De Certeau plantea cuál es el fin de la historia, a quién sirve. Sabemos que antes respondía a intereses particulares, pero el autor nos explica que ya no es más así. Ahora para poder escribir la historia es necesario pertenecer a grupos especializados, quienes validarán lo que se escribe. El método pareciera ser el mismo, recurrir a los archivos, sin embargo, hay que tomar en cuenta nuevos elementos, como el lugar desde donde se escribe, los límites, el espacio, las fuentes, etc.
(* Chambéry, 17 de mayo de 1925 - † París, 9 de enero de 1986) fue un jesuita, historiador y filósofo francés.
Estudió filosofía y letras en las universidades de Grenoble, Lyon y París. A los 25 años ingresa en la Compañía de Jesús, ordenándose sacerdote católico en 1956. Doctor en teología por La Sorbona de París (1960), sus primeros trabajos giran en torno a la historia de la Compañía de Jesús y a la mística renacentista. Fundador y director de la revista Christus. Influenciado por las corrientes psicoanalíticas de Freud, fue, junto con Lacan, uno de los fundadores de la Escuela Freudiana de París. Profesor en las universidades de Ginebra, San Diego y París. Cercano a Michel Foucault, más por amistad que por coincidencia en el discurso, su proyección pública se acentuó notablemente después de apoyar la revuelta estudiantil parisina de mayo de 1968. Fue director de estudios de l'Ecole des Hautes Études et Sciences Sociales de Paris.
Michel de Certeau
La Culture au Pluriel, Union Générale d'Editions, 1974.
L'Ecriture de l'Histoire, Editions Gallimard. 1975.
La Fable Mystique, vol. 1, XVIe-XVIIe Siècle. Editions Gallimard. 1982.
Histoire et psychanalyse entre science et fiction. Editions Gallimard. 1987. (Rev. ed. 2002)
La Faiblesse de Croire, ed. por Luce Giard. Seuil. 1987.
L'Invention du Quotidien. Vol. 1, Arts de Faire. Union générale d'éditions 10-18. 1980.
Une Politique de la Langue: La Révolution Française et les Patois, l'enquête de Grégoire. Gallimard. 1975, con Dominique Julia y Jacques Revel.
La Possession de Loudun, Gallimard. 1970.
La invención de lo cotidiano. México: Universidad Iberoamericana/ITESO/Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos 1999.
La debilidad de creer, Buenos Aires y Madrid, Katz Barpal Editores, 2006, ISBN 978-84-609-8359-0
La fábula mística. Siglos XVI - XVII, México, Universidad Iberoamericana, 2004; Madrid, Siruela, ISBN 978-84-9841-025-9
Historia y psicoanálisis, México, Universidad Iberoamericana, 2003
La escritura de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 2006
La cultura en plural, Buenos Aires, Nueva Visión, 2004
El lugar del otro: historia religiosa y mística, Buenos Aires y Madrid, Katz Barpal Editores, 2007, ISBN 978-84-96859-04-3
Exponentes más destacados y cuáles sus obras
Hayden White - Metahistory: the historical imagination in nineteenth-century Europe, 1973
Lawrence Stone - Past and Present, 1979
Duby
Le Goff
Natalie Zemon David —story— de Martin Guerre, 1982
Fiction in the archives
Women in the margins, 90's
Peter Brown - biografía sobre Agustín de Hipona, 1967
The cult of the saints, 1981
Robert Darnton
Principales aportaciones a la historiografía
Contribuyó a reforzar el giro lingüístico y el método deconstruccionista.
Estudios poscoloniales y desde el enfoque de la subalternidad, han reabierto la pregunta por el lugar del sujeto histórico y el de la producción de la historia. Dado que hacer un balance de dichos trabajos no es el objeto de este texto, sólo quisiera mencionar tres de los más importantes en este sentido.

Los dominados y el arte de la resistencia de James Scott.
Rescata el papel de los oprimidos en las sociedades dominantes, resaltando su calidad de sujetos históricos.
El lugar de la cultura de Homi K. Bhabh.
Se centra en la diferencia del discurso colonial como aparato de poder que gira sobre el reconocimiento y la renegación de las diferencias culturales e históricas.
Orientalismo de Edward Said.
Plantea que el discurso colonial produce al colonizado en la intención de crear un “otro” que se puede conocer por el “régimen de representación”; esta producción apunta también a una realidad social, con unas condiciones materiales concretas y no a una dimensión meramente discursiva.

Estas perspectivas son de inmenso valor por cuanto se interesan en la factura del discurso colonial y los tipos creados por dicho discurso para referirse al sujeto de la historia.
El giro lingüístico proporcionó a los historiadores tres aportes fundamentales: primero, una serie de marcos teóricos para analizar la historiografía en tanto discurso construido desde un lugar de producción (el método deconstruccionista); segundo, unas herramientas teórico-metodológicas para estudiar las relaciones entre el texto y su contexto, y tercero, llamar la atención sobre la importancia de la narrativa dentro de la práctica histórica.
El liberalismo fue la base sobre la cual se sustentaron los “valores fundamentales” –el individualismo, la razón, el progreso, la libertad– que dieron origen a todos los grandes sistemas de pensamiento desde el siglo XIX.

La fe en el progreso, propia de la modernidad, entronizó al hombre como especie, como sujeto llamado a dominar la naturaleza, rasgo que dio a la modernidad los elementos para constituirse en un discurso sólido e incontrovertible.
Los cambios políticos y económicos han significado un punto de quiebre con los presupuestos sobre los que se sustentaba la modernidad: el valor absoluto de la razón y la verdad. Se habla de un sujeto histórico, no sólo racional y volitivo, sino un sujeto ideológico o político.

Tras la crisis de la modernidad, se pone en evidencia la crisis de la historia, a pesar de que ésta había ido constituyendo un corpus tanto teórico como metodológico, y había ido “progresando” en cuanto al conocimiento acumulado y las metodologías para abordar los problemas históricos.

Tanto el sujeto como el objeto se fueron configurando lentamente, y a través de su definición se fueron universalizando y convirtiendo en conceptos epistemológicamente. sólidos.
Como historiador revisó la noción científica de su disciplina, impuesta por el positivismo y revitalizada, en los años sesenta, por la historia cuantitativa y estadística. La historia no puede ser una ciencia, simplemente, y sin ir muy lejos, porque no se pueden recoger todos los datos del pasado. Tampoco, porque carecemos de un punto de vista universal, como el que las ciencias exigen, ya que cada sociedad cuenta con una pluralidad de desarrollos heterogéneos y combinados, y el historiador está inmerso en alguno o varios de ellos.

El historiador, al revés que el científico, es un sujeto, tiene historia y escribe la Historia desde algún lugar de la misma.

A todo esto cabe añadir que historia y verdad son incompatibles, en tanto consideremos que algo es verdadero. Si pudiéramos hallar la Verdad de la Historia, el proceso histórico sería superfluo y, con él, todo el saber inherente.
El pasado, animado por ese fantasma, deviene, entonces, la Ley del Otro: la puesta en escena de un deseo. Tenemos historia porque, ante todo, deseamos tenerla. Y tenemos pasado porque, convertidos en fantasmas, los muertos, que ya no desean nada, sin embargo nos dicen algo, porque somos los herederos, las víctimas o, nada menos, el resultado de los deseos que protagonizaron en vida.
Certeau restaura, por este camino, la desacreditada filosofía de la historia, ya que hacemos historia —del pasado, valga el pleonasmo— desde el presente, que es el lugar del deseo.
Más bien podría decirse que la Verdad es la utopía de la historia, su punto de referencia situado en algo que interminablemente la trasciende, y que los eventos históricos son, por paradoja, unas engañifas en que la Verdad va deviniendo sin llegar a ser.
De esta crítica debe excluirse ella misma, para que el juego funcione: siempre ha de haber entre los naipes algún comodín, equivalente de cualquier valor pero sin valor fijo. ¿Cuál es, entonces, la lógica de la historia, si no lo es la ciencia? Certeau contesta: la literatura, la ficción que la hace pensable.

No cualquier género literario, entendámonos, sino el que excita el saber del otro, el lector, y su poder que hace verosímil/inverosímil lo que lee, lo autoriza, lo torna fiable y verificable. El historiador, más que explicar un acontecimiento, lo identifica y lo describe como hallazgo (en términos clásicos: lo inventa), haciendo hablar al fantasma que lo habita, un fantasma que toma cuerpo en el lector.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_de_Certeau
http://www.infoamerica.org/teoria/certeau1.htm
http://www.thecult.es/Opinion/michel-de-certeau-1925-1986.html
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor.
Fuentes Crispín, Nara Victoria
El lugar de producción de la Historia: el sujeto histórico Michel de Certeau en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Núm. 34, 2007, pp. 475-497 Universidad Nacional de Colombia, Colombia.
Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=127112570013

La construcción de sujetos sociales, dada tanto por la escuela de los Annales como por el materialismo histórico, se constituyó en el principal elemento teórico y metodológico para el análisis histórico.

Los grupos sociales, al igual que las clases, se conformaron en categorías que fueron aceptadas en cuanto permitían la interpretación de los hechos históricos y otorgaban al pasado una “explicación” lógica y consistente con las teorías que iluminaban el desarrollo histórico mismo.
Forma singular de ver el mundo, en la que el sujeto que conoce se encontraba separado del objeto conocido.
Para Althusser, el hombre, y por ende lo humano, se encuentran por fuera del objeto de la historia, porque el sujeto de la historia no es él, es la estructura.
Foucault propone tres tipos de objetivación que transforman a los humanos en sujetos.
Ubica al sujeto en cuanto que se encuentra situado en relaciones de producción y de significación.
Literatura
Lenguaje

De Certeau reflexiona sobre el problema de la escritura de la historia y las formas como el discurso histórico es elaborado y sostenido como un cuerpo social.
Para De Certeau el trabajo del historiador es una tarea de reconstrucción del pasado y, al mismo tiempo, una búsqueda de cuerpos.
Establece tres elementos que permiten construir un modelo de interpretación respecto a las relaciones entre los sujetos históricos y las prácticas que los construyen como tales: la cuestión del uso y del consumo, los procedimientos de la creatividad ordinaria y la formalidad de las prácticas.
De Certeau establece una serie de relaciones entre la escritura, la lectura y el habla y entre el espacio pensado y definido y el practicado y transformado. Entendiendo todo acto de consumo como una práctica de lectura, y toda producción como un acto de escritura, la nuestra es una sociedad que se convierte en texto y lectura, que es lectora de mensajes verbales, de imágenes, de sonidos.
Capítulo II: La Operación Historiográfica
La historia forma parte de la realidad, de la que trata, y que esta realidad puede ser captada “como actividad humana”, “como práctica”. La operación histórica se refiere a la combinación de un lugar social, de prácticas “científicas” y de una escritura. La escritura histórica se construye en función de una institución cuya organización parece invertir: obedece, en efecto, a reglas propias que exigen ser examinadas en si mismas.
1. Un lugar social
Toda investigación historiográfica se enlaza con un lugar de producción socioeconómica, política y cultural. Implica un medio de elaboración circunscrito por determinaciones propias: una profesión liberal, un puesto de observación o de enseñanza, una categoría especial de letrados, etcétera.

Lo no dicho
Hace cuarenta años, una primera crítica del “cientificismo” reveló en la “historia” objetiva su relación con un lugar, el lugar del sujeto. Esta crítica le quitó a la historia el privilegio del que presumía cuando pretendía reconstruir la “verdad” de lo que había pasado.
Hechos históricos – relatividad histórica. Hechos solamente falsificables.
Filósofos disfrazados de historiadores hicieron un grupo aislado de su sociedad. Pretexto: relación más directa con el pensamiento.

La Institución Histórica
El lugar dejado en blanco u oculto por el análisis que exageraba la relación de un sujeto individual con su objeto, es nada menos que una institución del saber. Origen de las ciencias modernas (asambleas de eruditos, círculos de sabios). El nacimiento de la disciplinas siempre está ligado a la creación de grupos. Se trata de sitios con una nueva distribución del espacio social. Hay que estar acreditado para tener acceso a la enunciación historiográfica. Hay que pertenecer a un grupo. ¿Cuál es la obra de valor en la historia? La que es reconocida por los pares.
Los historiadores en la sociedad
La producción histórica se encuentra dividida entre la obra literaria del que “tiene autoridad” y el esoterismo científico del que “hace investigaciones”. Desde el acopio de los documentos hasta la redacción del libro, la práctica histórica depende siempre de la estructura de la sociedad.

El que permite y el que prohíbe: el lugar.
Antes de saber lo que la historia dice de una sociedad, nos importa analizar cómo funciona ella misma, que le permite solamente un tipo de producciones y le prohíbe otras. Esta combinación del permiso con la prohibición es el punto ciego de la investigación histórica y la razón por la cual no es compatible con cualquier cosa.
2. Una práctica
“Hacer historia” es una práctica. Si es verdad que la organización de la historia se refiere a un lugar y a un tiempo, esto se debe a sus técnicas de producción.

Crítica e historia
El breve examen de su práctica parece permitirnos precisar tres aspectos conexos de la historia: la mutación del sentido o de lo real en la producción de desviaciones significativas; la posición de lo particular como límite de lo pensable; la composición de un lugar que establece en el presente la figuración ambivalente del pasado y del futuro. Hace 100 años el conocimiento histórico representaba a una sociedad bajo el aspecto de una recolección-colección de todo lo que había llegado a ser. El conocimiento histórico restauraba lo mismo gracias a la común relación con la evolución. El conocimiento histórico pone en evidencia no un sentido, sino las excepciones que aparecen al aplicar modelos económicos, demográficos o sociológicos a diversas regiones de la documentación. La historia es siempre ambivalente: el lugar que labra en el pasado es al mismo tiempo una manera de abrir el paso a un porvenir.
La articulación naturaleza-cultura
Sin duda es exagerado decir que el historiador tiene al “tiempo” como “materia de análisis” o como “objeto de estudio”. Trabaja sobre un material para transformarlo en historia.
El historiador logra la metamorfosis del ambiente a través de una serie de transformaciones que desplazan las fronteras de la topografía interna de la cultura. “Civiliza” la naturaleza.
El establecimiento de las fuentes o la redistribución del espacio
En Historia todo comienza con el gesto de poner aparte, de reunir, de convertir en “documentos” algunos objetos repartidos de otro modo.
Los orígenes de nuestros Archivos modernos implican ya, en efecto, la combinación de un grupo (los eruditos), de lugares (las “bibliotecas”) y de prácticas (copiado, impresión, comunicación, clasificación, etc.).
Un trabajo es “científico” si realiza una redistribución del espacio y consiste en primer lugar en darse un lugar por el “establecimiento de fuentes”. La transformación de la “archivística” es el punto de partida, la condición de una nueva historia.
Hacer resaltar las diferencias: las desviaciones del modelo.
La utilización de las técnicas actuales de información lleva al historiador a separar lo que hasta ahora estaba unido en su trabajo: la construcción de objetos de investigación y también de unidades de comprensión; la acumulación de “datos” y su ordenación en lugares donde pueden ser clasificados o desplazados. Este modo de proceder parece invertir los procesos de la historia que se practicaban en el pasado. Se partían de huellas (manuscritos, piezas raras, etc.) en número limitado, y se trataba de borrar toda diversidad y de unificarlas en una comprensión coherente. Este movimiento, sin duda se ha acelerado debido al empleo de la computadora.
Fenómeno extraño en la historiografía: el historiador ya no es capaz de construir un imperio.
Ya no pretende alcanzar el paraíso de la historia global. Trabaja en los márgenes. Se convierte en un merodeador.
El trabajo sobre el límite
Esta estrategia de la práctica histórica la prepara a una teorización más conforme a las posibilidades ofrecidas por las ciencias de la información. La historia no ocupa más como en el siglo XIX, el lugar central organizado por una epistemología que al perder la realidad como sustancia ontológica, trataba de encontrarla como fuerza histórica y de permanecer oculta en el interior del cuerpo social. La historia se convierte en un lugar de “control” donde se ejercita una “función de falsificación”.
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