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Gadamer: el concepto de formación

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daniel quiroz

on 23 April 2013

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Transcript of Gadamer: el concepto de formación

Gadamer: el concepto de
formación. La formación en el proyecto hermenéutico de Gadamer. El autor busca reformular el concepto de "verdad" para las ciencias del espíritu; puesto que éstas han estado influidas por el método de las ciencias naturales y, si bien el concepto de verdad de estas ciencias es válido, no es suficiente para las del espíritu y requiere una nueva formulación. Para esto, Gadamer retoma, entre otros, dos conceptos que él considera le han hecho justicia, a pesar de todo, a las ciencias del espíritu: el concepto de "tacto" introducido por Helmholtz, y el concepto de "formación" tomado principalmente desde la perspectiva de Herder. (Gadamer. 1993: 37) El concepto de formación En primer término, después de dejar de lado el aspecto físico, la formación se vincula a la cultura. Se dice pues, en primer lugar con Kant, que es "el modo específicamente humano de dar forma a las disposiciones y capacidades naturales del hombre". La formación se concibe como una "obligación con uno mismo". (Ibíd.: 39) Ya con W. von Humboldt la formación adquiere un significado diferente de la cultura: "Pero cuando en nuestra lengua decimos "formación" nos referimos a algo más elevado y más interior, al modo de percibir que procede del conocimiento y del sentimiento de toda la vida espiritual y ética y se derrama armoniosamente sobre la sensibilidad y el carácter". (Ibíd.) A partir de la perspectiva de Humboldt, se puede decir que el concepto de "formación" se aleja de un mero cultivo de disposiciones; puesto que el hecho de ser un "modo de percibir" da pie para afirmar, con Gadamer, que la formación se encuentra en constante proyecto y progresión, que no conoce objetivos exteriores a él, y que en ella hay una apropiación total de todo lo que hace parte de la misma (lenguaje, tradición, costumbres, etc.). Desde este punto, la formación no es un concepto tanto cultural, sino más bien histórico. El planteamiento de la formación desde Hegel. Después de traer a colación el ser histórico de la formación, Gadamer retoma la propuesta hegeliana de la formación como "ascenso a la generalidad". Puntos fundamentales. - El hombre necesita de la formación porque "no es por naturaleza lo que debe ser".
- En este sentido, debe sacrificar la particularidad en favor de la generalidad.
- El ascenso a la generalidad "acoge la determinación esencial de la racionalidad humana en su totalidad".
- "La esencia general de la formación humana es convertirse en un ser espiritual general". Formación práctica y formación teórica. En cuanto a la formación práctica, Gadamer explica que, en Hegel, el individuo sacrifica su particularidad desde una "inhibición del deseo"; es decir, el trato con las cosas debe estar alejado de intereses individuales. El objeto debe estar en su libertad, para dar paso de esta manera a la generalidad, con lo cual la conciencia se eleva desde su inmediatez. "La esencia del trabajo no es consumir la cosa, sino formarla" (Ibíd.: 41). La formación práctica es, en esencia, una atribución de la generalidad. El individuo no sólo se aleja de sus intereses individuales inmediatos en su trato con las cosas, sino que, hace de la generalidad algo propio. El ejemplo de la profesión es claro en este sentido: ésta, como algo exterior al individuo, implica realizar acciones que normalmente no se harían por interés individual. Sin embargo, estas acciones y todo lo que implica el ejercicio de una profesión se hace cosa propia, se vuelve parte del individuo. (Ibíd.: 42) Ahora bien, como lo expresa Gadamer, la apropiación de la generalidad se hace más clara en la formación teórica. "La formación teórica lleva más allá de lo que el hombre sabe y experimenta directamente" (Ibíd.).
La formación teórica consiste en el reconocimiento de puntos de vista generales para aprehender las cosas dejando de lado el provecho propio. La formación, en términos generales, implica lo que Gadamer llama el "movimiento fundamental del espíritu"; es decir, en la formación el individuo se apropia de lo que le es extraño a su particularidad y lo hace una parte de sí desde la generalidad. Esta generalidad se encuentra marcada fundamentalmente por un lenguaje y unas costumbres con las que el individuo trata constantemente. Según Gadamer, el hombre siempre está en el camino de la formación, pues su mundo está conformado por lenguaje y costumbres. El retorno a sí, producto de la asimilación de todo lo anterior, constituye la esencia de la formación (Ibíd.: 43). El concepto de "tacto" Gadamer afirma que la formación no sólo es un proceso como se describió más arriba, sino también un elemento en el cual el individuo formado se mueve. Al querer dar una respuesta a cuál es este elemento, Gadamer se aleja de Hegel y recurre al plantemiento de Helmholtz sobre el concepto de "tacto". El tacto es definido por Helmholtz como el elemento con que trabajan las ciencias del espíritu. Este elemento parte de un estado de madurez según el cual la conciencia ya está formada, adquiere eso que es inaprendible e inimitable y por lo cual se desarrollan estas ciencias. La crítica fundamental de Gadamer al planteamiento de Helmholtz es que el tacto no es "una capacidad anímica adicional, que se sirve de la buena memoria y llega de este modo a conocimientos no estrictamente evidentes". El punto central de la crítica es la manera como Helmholtz concibe la memoria. Para Gadamer, definir la memoria como una capacidad general es insuficiente; ella es una parte de la constitución histórica del hombre y, como tal, también es susceptible de ser formada. El recuerdo y el olvido, como parte del ser histórico del hombre, también se sumergen en una tradición. El tacto no es pues una dotación psicológica sino el elemento de la formación que se mencionó más arriba. La definición que da Gadamer del "tacto" puede decirse que anticipa la relación con la formación como proceso tomada de Hegel. Se dice: "Bajo "tacto" entendemos una determinada sensibilidad y capacidad de percepción de situaciones así como para el comportamiento dentro de ellas cuando no poseemos respecto a ellas ningún saber derivado de principios generales" (Ibíd.: 45). Esta definición se equipara al concepto ético de "phrónesis" como es tratado por Gadamer (Ibíd.: 383) pues este no es un saber general que se aplica a los casos particulares, sino que siempre es un saber para cada caso. Sin embargo, no es sólo esto, sino que, por ser el elemento de la formación, no es algo inconsciente, "sino que es al mismo tiempo una manera de conocer y una manera de ser" (Ibíd.: 46). Por ser un modo, y no tanto una disposición cognitiva, el tacto incluye la formación; y ésta es una formación estética e histórica (Ibíd.). El tacto, como forma de trabajar de las ciencias del espíritu, requiere una formación del sentido estético e histórico, por el cual se pueden hacer ciertas distinciones aún sin dar razón de ellas. La formación que hay detrás de todo esto sigue las consideraciones tomadas de Hegel. Implica un tomar lo extraño como propio, una adquisición de puntos de vista generales; la verdad en las ciencias del espíritu no es algo particular ni mucho menos relativo, sino que está enmarcado en una tradición que forma al individuo, haciendo que éste acepte a aquél como la generalidad desde la cual trata con las cosas, tanto en lo teórico como en lo práctico. Dichos puntos de vista no son verdades absolutas, sino que pueden ser el punto de partida desde donde opera la razón. La conclusión que Gadamer saca de todos estos argumentos es que la formación, con todos los elementos descritos, es un concepto más adecuado para comprender las ciencias del espíritu que la idea de método proveniente de las ciencias naturales; puesto que el papel que juega la tradición en la formación, desde la formulación que toma de Hegel, y posteriormente la forma como toma el "tacto" como modo de conocer y de ser, formula un concepto de verdad que, aunque aún no está dicho en el capítulo, ya hace suponer que se aleja bastante de la idea moderna de método. El concepto de formación es la idea que sustenta la crítica a un ideal de método en las ciencias del espíritu. Si nos preguntamos por una imagen de hombre en el planteamiento gadameriano, es poco probable encontrar una definición acabada. Sin embargo, con miras a sus planteamientos sobre la formación, cabe traer a colación el planteamiento hegeliano: el hombre se caracteriza por romper con su inmediatez en aras de una racionalidad que le es esencial. La formación de dicha racionalidad no es algo que se pueda fijar, sino que está determinada por la tradición, y es en ella donde se mueve el individuo.
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