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Ley de la Preparación

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Daniel Torres

on 30 January 2016

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Ley de la Preparación


Muchos maestros van a su trabajo parcialmente preparados o sin ninguna preparación. Son como mensajeros sin un mensaje. Les falta todo el poder y el entusiasmo necesarios para producir los frutos que tenemos el derecho de recibir como producto de sus esfuerzos.
—John Milton Gregory

Antes de la carrera, los corredores calientan sus músculos. Antes del concierto, la orquesta afina sus instrumentos.
Y de la misma forma es necesaria una preparación por parte del estudiante como del maestro.
La ley de la preparación es esta: El proceso de enseñanza-aprendizaje será más eficaz si tanto los estudiantes como el maestro están adecuadamente preparados. Esto resalta uno de los grandes problemas para los maestros: Los estudiantes llegan fríos a la clase.
Quiero proponerle un método alternativo que le permitirá invertir el tiempo de la mejor manera durante esa hora: No piense en el principio de esa hora de clase como el punto de partida para crear interés en su tema. En su lugar, adelante el punto de comienzo… para que de esa forma, a la hora que se reúnan, usted siga desarrollando el impulso ya creado. Y cuando lleguen al final de la clase, los estudiantes habrán encontrado respuestas a sus preguntas y soluciones a los problemas, y estarán motivados para seguir estudiando el pasaje por su cuenta o con otros.
¿Cuáles son las características de las buenas tareas?
Primero: Deben ser creativas, no sencillamente un trabajo inútil. Eso quiere decir que necesita un objetivo claro para las tareas, deben ser diseñadas con un propósito. Esto toma mucho tiempo de preparación, porque las tareas creativas no aparecen por arte de magia.
Segundo: Deben estimular el pensamiento. Deben cuestionar más respuestas que responder más preguntas. Desafíe la mente de los estudiantes. Sé que pensar es doloroso, pero también puede ser provechoso si está bajo la dirección del Espíritu de Dios.
Tercero: Las tareas deben ser realizables. No amontone una carga poco realista.
Pero si ha hecho todo lo posible para dar tareas que sean creativas, que provoquen el pensamiento y que sean realizables, ¿qué hará en la clase si —por cualquier razón— los estudiantes no la hacen?
Interesantemente los estudios han demostrado que existe una correlación directa entre lo predecible y el impacto. Mientras más fácil sea predecir lo que usted va a hacer, más bajo será el impacto. Por otra parte, mientras más difícil sea predecirlo, más alto será su impacto. (Por favor, note que esto tiene que ver con su metodología, no con su comportamiento moral.)
La lucha contra el silencio

¿Alguna vez ha observado la cara de su perro después de hacerle una pregunta seria? Esa es la clase de reacción que a menudo tengo en una clase cuando por primera vez les hago una pregunta: Solo unas miradas silenciosas de cachorritos.
Entonces pienso: Tal vez no la entendieron y hago la pregunta en una forma diferente, y obtengo la misma respuesta. Hasta he tenido a alguien que me ha dicho:
—Nosotros no hablamos aquí; usted es el profesional, usted díganos.
A lo que respondo:
—Pero ustedes son los profesionales en cómo vivir. Yo tengo confianza en ustedes, y espero que hablen aquí y me digan lo que piensan. Si tienen alguna inquietud, quiero escucharla.
Vuelvo a hacer la pregunta y no digo nada más. Están mortalmente conscientes del silencio. Algunos toserán. Pero soy muy paciente, puedo esperar tanto como ellos.
Por fin alguien dice: «Está bien, le diré lo que pienso. Quizás no sea correcto, pero creo que…» La barrera se ha roto.
Por mis años de observación sé que el adulto promedio —ya sea abogado, atleta profesional, obrero de factoría, o lo que sea (les he enseñado a todos ellos, y es válido para cada uno)— tiene un nivel muy bajo de autoconfianza en el uso y comprensión de las Escrituras, y por lo tanto le falta confianza para hablar en la clase. ¿Qué podemos hacer al respecto?


En efecto, esa es la clave para el estudio de la Biblia: Enseñarles a las personas qué buscar, para que entonces ellos lo pueden encontrar.
Si las personas tienen confianza en usted, su tarea es valerse de ella para transferírsela a fin de que ahora ellos confíen en sí mismos. Y mientras más confianza tengan en usted, mayor será su potencial para desarrollar esa autoconfianza en ellos.
No es fácil, porque algunas de estas personas han estado sentadas en esos bancos por años. Se ha calcificado su manera de pensar.
Cuando las personas temen participar en la clase, uno de los mejores métodos es sencillamente (1) animarlos a participar y (2) darles crédito cuando lo hacen.
Con frecuencia digo: «Ustedes deben entender que la única pregunta tonta en esta clase es la que no se hace. Porque es como una astilla que no ha sido removida: Se infectará. Así que aquí no nos reiremos de ninguna pregunta o comentario que se haga. Los tomaremos en serio».
Entonces, cuando alguien hace una contribución, digo: «¡Fantástico, gracias!» O, «Creo que en todos los años en que he estado estudiando la Biblia, nunca había visto eso en este pasaje. ¡Que bueno, gracias!» O: «Esa es una de las preguntas más profundas que he escuchado acerca de este pasaje». Usted celebre lo que le digan. Haga un héroe de cualquiera que contribuya.


Cómo responder a preguntas difíciles
¿Qué hace usted si le hacen una pregunta que no sabe contestar?
Su respuesta es importante porque el lema de muchos en la clase es: «Mejor es mantener la boca cerrada y dejar que otros piensen que soy un tonto, que abrirla y quitar toda duda». Entonces pruebe diciendo algo así: «¡Esa es una magnífica pregunta, gracias! No tengo la respuesta, pero trataré de encontrarla».


Hendricks, H. (2003). Enseñando para cambiar vidas. (Alberto Samuel Valdés and Janet Lourdes Ramirez, Eds., Elizabeth Fraguela, Trans.) (p. 137). Miami, FL: Editorial Unilit.
Tareas exitosas
Esta Ley de la preparación provee las bases filosóficas para… las tareas. Con solo mencionar la palabra, tal vez usted sienta un poco de paranoia: «¡Pero hermano Hendricks, usted no conoce a mis estudiantes! ¡Ellos no harán la tarea! Eso es una pérdida de tiempo».
Así que piense brevemente respecto al valor de las tareas. Yo veo tres beneficios en particular:
1. Provocan la reflexión. Las tareas son la preparación mental. Precalientan la mente para que esté trabajando antes de que comience la lección.
2. Proveen un contexto, un fundamento sobre el cual edificar. El estudiante llega consciente de los problemas y asuntos concernientes al pasaje y cómo este se relaciona con su vida. Las preguntas ya han salido a relucir. La curiosidad ha aumentado.
3. Desarrollan hábitos para el estudio independiente —este es el beneficio más importante de las buenas tareas. Motivan a las personas a no solo recibir enseñanza de la Palabra de Dios, sino a estudiarla por sí mismos. Y entonces observe qué pasa una vez que ellos hagan esto.


Ley de la Preparación
Controle a los que dominan los comentarios.

Qué hace usted si alguien está dominando los comentarios de la clase, y es tan difícil de callar como sería extinguir las Cataratas del Niágara?
Permítame darle un plan de tres pasos:
Primero, exprese aprecio por su contribución. Dígale en privado: «Quiero que sepas que aprecio profundamente tu interés en esta clase. Si yo pudiera hacer que todos estuvieran tan interesados como tú, habría logrado una gran meta como maestro». Quizás nadie le haya dicho eso a él antes. La mayoría de las personas le dan esas miradas que dicen: «¿Por qué no te callas de una vez?» Por cierto, esto no significa que él las haya obedecido, pero sí que las haya recibido.
Segundo, pídale que le haga un favor: «¿Te has dado cuenta de que muchas de las personas de la clase no participan en la discusión? ¿Me podrías ayudar para hacer que esas personas participen más? Solo contrólate un poco, ayúdame con esto, y vamos a ver si entre tú y yo podemos hacer que el resto de la clase participe tanto como tú». Este método por lo general tiene un efecto fascinante.
Por último, durante la clase, diríjase a él y hágale una pregunta. Es posible que esa sea la primera vez en la historia que eso suceda —y le comunicará con claridad inequívoca y a la vista de todos que usted sinceramente aprecia lo que él tenga que decir.
Una vez hice esto con una persona que dominaba la clase, y se quedó boquiabierta. —¡Cómo!… ¿usted quiere que yo responda?
Al final me dijo:
—Me parece que he sido un poco odioso.
—¿De veras? ¿Qué te hace creer eso?
—Bueno —dijo—, indirectamente las personas le hacen saber a uno las cosas. Pero solo quiero agradecerle por querer saber lo que yo tenía que decir. Nadie había hecho eso por mí jamás.
Así que en lugar de acallarlo, lo gané para mi equipo.
Eso es lo que queremos hacer. Enseñar es divertido si capta la perspectiva correcta de lo que está haciendo: Gáneselos.
Desarrolle personas que sepan tomar notas.

Por último, reconozca que la mayoría de las personas no saben cómo tomar notas en las clases, ni entienden el valor de hacerlo. Si no lo cree, recoja la hoja de papel que dejan atrás cuando termina la clase. Hago esto con regularidad cuando voy a una iglesia a hablar —es hacer un poco el trabajo de conserje y aunque no sea parte de mi contrato, lo considero muy interesante. Si usé una ilustración acerca de un perro esquimal, encontraré una hoja de papel que tenga escrita solamente la palabra «perro». Quizás la escribió la misma dama que me saludó a la puerta después del mensaje y me dijo: «¿Sabe algo? Yo también tuve un perro esquimal».
Usted puede ayudar a las personas a que sean mejores en la toma de notas al proveerles un bosquejo básico del contenido de cada lección. A medida que las semanas transcurren usted puede proveerles de notas con cada vez menos detalles a fin de que ellos por sí mismos comiencen a llenarlas con información. Pronto llegarán al punto en el cual no escriban sencillamente la palabra «perro», sino lo que enseña la ilustración acerca del perro. De esta manera, gradualmente les entrenará a escuchar con inteligencia.
Una vez enseñé una clase de Biblia en Dallas para hombres profesionales, uno de los cuales era graduado del Massachusetts Institute of Technology [Instituto de Tecnología de Massachusetts]—un hombre con varios títulos de alto nivel, muy articulado y muy buscado como consultor. No carecía de materia gris.
HAGA LA INVERSIÓN
Mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.»
—Lucas 6:40b
Ahora hagamos un repaso final. A usted como maestro —para estimular su conocimiento, conmover sus sentimientos e incitarlo a la acción— le hemos presentado en este libro siete principios básicos:
La ley del Maestro:
Si deja de crecer hoy, dejará de enseñar mañana.
La ley de la educAción:
La manera en que las personas aprenden determina cómo usted enseña.
La ley de la prEparación:
El proceso de enseñanza-aprendizaje será más eficaz si tanto los estudiantes como el maestro están adecuadamente preparados.
La ley del eStímulo:
La enseñanza tiende a ser más eficaz cuando el estudiante está apropiadamente motivado.
La ley de la acTividad:
El máximo aprendizaje es siempre el resultado de la máxima participación.
La ley del coRazón:
La enseñanza que impacta no es de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.
La ley de la cOmunicación:
La comunicación eficaz requiere la construcción de puentes.
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