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LOS DIEZ MANDAMIENTOS

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by

Jose Pinto

on 12 April 2015

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Transcript of LOS DIEZ MANDAMIENTOS

¿Qué son los diez mandamientos?
CARACTERÍSTICAS DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS
1° Son inmutables:
no pueden cambiarse. Nadie puede cambiarlos, pues los ha establecido Dios. Y cuando Dios dice una cosa, no la cambia por nada, pues es infinitamente sabio y perfecto.

2° Son absolutos:
tienen carácter absoluto, no dan pie a ningún relativismo, ni a ningún tipo de ética de la situación. Es la doctrina que dice que todo es relativo y depende del punto de vista de cada uno. No se puede aceptar esta doctrina, pues hay cosas y valores fundamentales, innegables y absolutos.

3° Son universales:
es decir, valen para todos los hombres. Ningún hombre está exento de cumplirlos.

4° Son actuales:
son para ayer, para hoy, para mañana. Son para ti y para mí. No han pasado de moda. Nunca pasan de moda.
Es necesario que vuelvan a resonar los diez mandamientos de Dios:
• “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.
• “No tomarás el Nombre de Dios en vano”.
• “Santificarás las fiestas”.
• “Honra a tu padre y a tu madre”.
• “No matarás”.
• “No cometerás actos impuros”.
• “No robarás”.
• “No dirás falsos testimonios ni mentirás”.
• “No desearás la mujer o el hombre que no te pertenece...No consentirás pensamientos ni deseos impuros”.
• “No codiciarás los bienes ajenos”.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Escucha bien lo que nos dice nuestro Padre Dios en la Biblia. No olvides que la Biblia es la carta que te escribió a ti, que eres su hijo: “Y ahora, Israel, esto es lo único que te pide el Señor, tu Dios: que le temas y sigas todos sus caminos, que ames y sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, observando sus mandamientos y sus preceptos, que hoy te prescribo para tu bien” (Deuteronomio 10, 12-13).
Desde el inicio te digo con toda mi convicción y amor: Los diez mandamientos son diez recetas que Dios te ha dado para tu bien, para la verdadera felicidad, aquí abajo, y sobre todo diez recetas para conseguir la felicidad allá arriba.
Los diez mandamientos


Te cuestan por una sencilla razón: porque por culpa del pecado original estás inclinado al mal, a lo más fácil, placentero, cómodo. Y los mandamientos ciertamente no estimulan a nada de esto.
Los mandamientos apuntan a lo más noble que hay en ti: el superarte, el subir la montaña de la perfección y felicidad. ¿Te atreverás a subir por ella? Sólo los que aman y tienen voluntad se deciden a subir esta cuesta.

Además, cada mandamiento contrarresta tendencias desordenadas que todos llevamos dentro del corazón. Contrarresta y encauza dichas tendencias.


¿POR QUÉ TE CUESTAN?
¿QUÉ FRUTOS EXPERIMENTARÁS AL CUMPLIRLOS?


• Te hacen libre y te liberan de tantas ataduras y esclavitudes.
• Limpian tu corazón de deseos innobles.
• Te permiten dar a Dios lo que es de Dios, y a los demás lo que es de ellos.
• Quita fardo innecesario de tu mochila para caminar ágil hacia Dios.
• Gracias a los mandamientos puedes crear la civilización del amor, de la fidelidad, del respeto, de la justicia.
• Te llevan a la realización humana y cristiana.
• Tanta paz proporcionan al alma.
• Y te hacen vivir la fraternidad entre todos.
• Pero sobre todo, pones contento a Dios tu Padre, tu Señor, tu Amigo.

Primero: Amarás a Dios sobre todas las cosas
Es una necesidad del hombre; necesidad de creer, esperar y amar.
Entraña tres virtudes fundamentales que llamamos teologales: fe, esperanza y caridad.
El hombre es un ser que, así como necesita comer y dormir, también necesita creer en algo o en alguien superior que responda a sus interrogantes.

El primer mandamiento no lo inventó Dios cuando le entregó las tablas a Moisés. Está escrito en el corazón del hombre desde siempre. Dios puso esta necesidad en el hombre al crearlo a su imagen y semejanza y sabe que Él es la única respuesta. Por eso le da un mandato al hombre: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, no porque Dios necesite ser amado, sino porque el hombre necesita amar a Dios.
Es conmovedor considerar cómo la ley de Dios comienza con lo más hermoso: con el amor. Otras religiones, tal vez inicien con el temor, el miedo. Nosotros, con el amor.
La gente por la calle se nos acerca y nos pide fuego, limosna, un empleo, una recomendación, la hora... Dios se acerca a los hombres para mendigar amor.
¡Qué hermoso y conmovedor! Dios te pide que le ames.

Te pide amor porque Él te ha amado primero. Sólo así corresponderás a su amor.
Te pide amor porque “obras son amores”. Cristo lo dijo: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Por tanto el que ama a Dios, estará ya cumpliendo todos los demás mandamientos.


Si Dios te mendiga amor, no hay nada que hiera este amor a Dios como:

1° El ateísmo:
el no creer en Dios, ya sea el ateísmo teórico y programado, como fue el del comunismo; ya sea el ateísmo práctico, de quien dice creer en Dios, pero no reza, no viene a Misa, no se confiesa, y vive como si Dios no existiese.

2ºEl agnosticismo:
es la posición que limita el conocimiento a la experiencia sensitiva o empírica verificable. Rechaza la posibilidad de conocimiento sobrenatural y por lo tanto, la posibilidad de saber si Dios existe. No es lo mismo que ateísmo, que negaba la existencia de Dios. El agnosticismo dice que no se puede saber si Dios existe o no; por eso, rechaza cualquier pronunciamiento a favor o en contra de su existencia.

3°La idolatría:
es decir, el adorar a otros ídolos: dinero, confort, sexo, poder, ambición; o pequeñas idolatrías: coche, piso, comodidades, comidas, novia, novio, estudio, trabajo...

¿CÓMO OFENDES A DIOS, TU PADRE?
Segundo: No tomarás el nombre de Dios en vano


En el Padrenuestro, ¿cuál es la primera petición que hacemos a Dios? “Santificado sea tu nombre”.

El nombre de Dios es tan “Santo” que los israelitas no se atrevían ni siquiera a pronunciarlo y usaban todo tipo de circunloquios o rodeos: Dios era “el Señor”, o “el todopoderoso” o “Aquel que nadie ha visto” o “El que está en los cielos” o “Aquel cuyo nombre es santo”, “El que es”. Y todo, por el respeto que sentían por Dios.

Pues así en el mundo de lo religioso, Dios ha querido que hables con Él de tú a tú; ha querido que puedas conocerle y llamarle por su nombre: Dios. Dios Padre, Dios Hijo en Jesucristo, Dios Espíritu Santo.
¿CÓMO ES EL NOMBRE DE DIOS, TU PADRE?
Santo Tomás de Aquino, ¨El Padrenuestro comentado”. Cuando explica la primera petición del Padrenuestro “Santificado sea tu Nombre”, dice las siguientes cualidades del nombre de Dios.
“El nombre de Dios es, en primer lugar, admirable porque obra maravillas en todas las criaturas. “En mi Nombre arrojarán los demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes en sus manos, y si bebieren un veneno no les hará daño” (Marcos 16, 17).

En segundo lugar, el nombre de Dios es amable. “Bajo el cielo, dice san Pedro, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos” (Hechos 4, 12).
En tercer lugar, el nombre de Dios es venerable. Afirma el apóstol que “al nombre de Jesús se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno” (Filipenses 2, 10). En el cielo, por parte de los ángeles y los santos. En la tierra, por parte de los hombres que viven en el mundo.

En cuarto lugar, el nombre de Dios es inefable, porque ninguna lengua es capaz de expresar toda su riqueza.


Hay diversos modos de jurar:
• Invocando a Dios expresamente, por ejemplo, “juro por Dios, por la Sangre de Cristo”, etc.;

• Invocando el nombre de la Virgen o de algún santo;

• Nombrando alguna criatura en la que resplandezcan diversas perfecciones: por ejemplo, jurar por el Cielo, por la Iglesia, por la Cruz, etc.;

• Jurando sin hablar, poniendo la mano sobre los Evangelios, el Crucifijo, el altar, etc.



¿CÓMO HAS DE HONRAR EL NOMBRE DE DIOS, TU PADRE?
Honramos el nombre de Dios con la oración, con la palabra y con la vida.
1. Con la oración :
Santificas el nombre de Dios en la oración.
La oración es la vida habitual del alma, es la respiración del alma. Por tanto, el cristiano que no reza también está faltando al segundo mandamiento.

2. Con tu palabra:
San Pablo escribe a los cristianos de Colosas: “Todo cuanto hacéis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo” (3, 17).
3. Con tu vida digna:
Tu vida debería exhalar el buen perfume de Cristo. Tu vida honrada, sincera, pura, humilde es una auténtica predicación del nombre de Cristo. Convencerás más con tu vida que con tu palabra.
Tercero: Santificarás las fiestas
Con este mandamiento debería quedar bien claro que nuestra religión cristiana y católica no es triste ni aburrida, sino alegre, pues la fiesta está en el centro de la vida cristiana... El mejor descanso de la semana está en el domingo.

El domingo, para un cristiano, debería ser el gran estallido de la fiesta, el día en que el amor se desborda. Todos, al ver nuestro gozo, deberían preguntarse por qué estamos contentos.



¿QUÉ CELEBRAMOS EL DOMINGO?
• 1° Cada domingo estás celebrando las maravillas obradas por Dios Creador, quien después de haber creado todo, al séptimo día descansó.

• 2° Cada domingo es el día del Señor Resucitado, pues conmemoramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado.

• 3° Cada domingo es, además, el día de la Iglesia. ¿Por qué? Porque nos reunimos como comunidad y familia cristiana: con nuestro sacerdote, que preside en nombre de Cristo y con todos los fieles, que junto a él, celebran la Eucaristía, y que son tus hermanos en la fe.

• 4° El domingo es también día del hombre, pues es día de alegría, descanso y solidaridad. Es día de paz del hombre con Dios, de paz consigo mismo y de paz con sus semejantes.

• 5° El domingo es el día de los días, pues nos recuerda el domingo sin ocaso, que será el cielo.

Cuarto: Horrarás a tu padre y a tu madre
Dice Dios en el libro del Éxodo 20, 12: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar”.
Este, mandamiento obliga no sólo a los hijos con los padres, sino también a los padres con los hijos. Es más, también a los alumnos con respecto a sus maestros y profesores, y a éstos respecto a sus alumnos; al obrero y al patrono, a los súbditos y a los superiores.

La familia debe ser el rostro de Dios, el rostro viviente de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La familia es una gran maravilla que Dios te regaló. Por eso, atacar y destruir la familia es hacer añicos la imagen de Dios en la tierra. Cada familia está llamada a reflejar el rostro de Dios.


Quinto: No matarás
El que mata a otro ser humano, queda mucho más muerto, mucho más podrido que el que es asesinado.
Por esta razón Dios, cuando los hombres nacemos, desliza en los bolsillos de nuestra conciencia otra carta que dice: “No mates a nadie, hijo. Tu Padre Dios”.

El precepto moral del “no matarás” tiene un sentido negativo inmediato: indica el límite, que nunca puede ser transgredido por nadie, dado el carácter inviolable del derecho a la vida, bien primero de toda persona. Pero tiene también un sentido positivo implícito: expresa la actitud de verdadero respeto a la vida, ayudando a promoverla y haciendo que progrese por el camino de aquel amor que la acoge y debe acompañarla.

Es Dios quien da la vida. Sólo Él puede quitarla .
Sexto: No cometerás actos impuros


Por un lado, la gente parece pensar que se trata de un mandamiento caducado y te repite que Dios no tiene que meterse con las cosas que uno pueda hacer con su propio cuerpo. Y por otro lado, a los creyentes nos ha entrado un verdadero pánico ante la idea de que alguien nos llame “beatos”, mojigatos, ingenuos o lunáticos, si tratamos de vivir la pureza, como Dios manda.

Un padre acudió al colegio de su hija para protestar de la cantidad de “educación” sexual que impartía cierto profesor. Tuvo una entrevista con este caballero, el cual llegó a afirmar incluso la importancia de la sexualidad en la transmisión de la fe cristiana. Casualmente había en la clase donde fue la entrevista una pizarra con prolijas ilustraciones del aparato sexual. Al final de la conversación, el padre de familia reaccionó del siguiente modo:
- Aceptaré todas sus razones, si usted me sabe responder a una pregunta.
- ¿Cuál? -dijo el profesor.
- ¿Es usted capaz de explicarme, con el mismo detalle que lo hace en el dibujo de la pizarra, el aparato auditivo?
La cara de perplejidad del profesor no puede ser descrita. Ante su respuesta negativa -como era de esperar-, el padre de familia se afirmó en su posición, y tuvo todavía un rasgo de humor. Le dijo que también el oído era importante en la transmisión de la fe cristiana, porque san Pablo hablaba de Fides ex auditu (la fe entra por el oído)

¿SABES CUÁLES SON LOS ATENTADOS CONTRA ESTE MANDAMIENTO?
1. Impureza de pensamiento, palabras, miradas y acciones. Todo esto se da en ti, lo quieres tú, lo provocas tú, lo buscas tú, lo cultivas tú…Pero si tuvieras el corazón limpio, no harías caso a toda esta basura que no te ayuda para nada; al contrario, te ensucia.

2. Pornografía en libros, revistas, cine, espectáculos, internet y diversiones deshonestas. También está en ti el detener esta avalancha de suciedad. Eres tú quien toma esa revista y la hojea; eres tú quien va a ese cine y se sienta en la butaca para ver esa película indigna; eres tú quien abre la Internet; eres tú quien enciende la televisión; eres tú quien va a esa diversión deshonesta.

3. Falta de decoro y pudor en la forma de vestir y comportarse, para provocar los instintos y tendencias sensuales y sexuales en quienes te ven. De nuevo, está en ti el no consentir en todo esto. No te hace bien. Sé digno. Compórtate como caballero o como dama. ¿Qué haría Cristo en tu lugar? ¿Qué haría la Virgen en tu lugar?

4. Permitir ocasiones próximas de pecado. ¿Por qué te metes en la boca del lobo? ¿No sabes que te va a morder? ¿Tan necio eres?

Séptimo: No robarás
Este séptimo mandamiento te prohíbe el acto exterior de apropiarte de la propiedad ajena, y al mismo tiempo, este mandamiento encauza el principio de la propiedad privada. Y prescribe el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana en materia de bienes materiales y económicos. Además este mandamiento exige estas virtudes: la justicia, la caridad, la templanza.

Si el hombre tiene el deber de conservar su vida, ha de tener derecho a procurarse los medios necesarios para ello. Estos medios se los procura con su trabajo. Luego el hombre tiene derecho a reservar para sí y para los suyos lo que ha ganado con su trabajo.
Este derecho del hombre exige en los demás el deber de respetar lo que a él le pertenece: esto se llama derecho de propiedad.

Este mandamiento prohíbe quitar, retener, estropear o destrozar lo ajeno contra la voluntad razonable de su dueño. Este mandamiento prohíbe también el fraude: robar con apariencias legales, con astucia, falsificaciones, mentiras, hipocresías, pesos falsos, ficciones de marcas y procedencias, etcétera.


“Haz el bien; evita el mal”.



¿Restituir lo robado?
Restituir es la reparación de la injusticia causada, y puede comprender tanto la devolución de la cosa injustamente robada como la reparación o compensación del daño injustamente causado.
Jesús bendijo a Zaqueo por su resolución: “Si en algo defraudé a alguien, le devolveré‚ el cuádruplo" (Lc. 19, 8).
Sobre la restitución conviene tener presente las circunstancias:

• Quién: en general, está obligado a restituir el que injustamente posee el bien de otro o le ha causado un daño.
•Si uno no puede restituir todo lo que debe, tiene que restituir, al menos, lo que pueda; y procurar llegar cuanto antes a la restitución total.
•El que no puede restituir enseguida, debe tener el propósito firme de restituir cuando le sea posible.
•El que no pueda hacer la restitución personalmente, o prefiere hacerla por medio de otro, puede consultar con el confesor.
•El que pudiendo no quiere restituir, o no quiere reparar los daños causados injustamente al prójimo, no obtiene el perdón de Dios: no puede ser absuelto.
• A quién: Debe, pues, restituirse a las personas que han sido injustamente perjudicadas. Si éstas han muerto, a sus herederos. Y si no hay herederos, a los pobres o a obras piadosas.

Nos dice el Catecismo de la Iglesia católica que están igualmente obligados a restituir, “en proporción a su responsabilidad y al beneficio obtenido, todos los que han participado de alguna manera en el robo, o que se han aprovechado de él a sabiendas; por ejemplo, quienes lo hayan ordenado o ayudado o encubierto” (Catecismo, n. 2412).

Octavo: No dirás falso testimonio ni mentirás


Dice la Biblia en el libro del Eclesiástico 20,26: “La mentira es una tacha infame en el hombre”.
Este mandamiento sigue vigente, aunque hoy se diga: “Hoy día ya no es posible vivir sin mentira, ya no es posible hacer política y llevar negocios sin mentir”.

Este mandamiento salvaguarda nuestro honor y nuestra fama.
Cuida tu lengua, amigo. Es la parte más valiosa que tienes, pero también la más peligrosa. Con ella puedes alabar a Dios, consolar al triste, aconsejar a un amigo…pero también puedes herirte, herir el honor y la fama del prójimo.

Decía san Bernardo que la lengua es una lanza, la más aguda; con un solo golpe atraviesa a tres personas: a la que habla, a la que escucha y a la tercera de quien se habla. ¡Cuánto destrozo puedes causar con tu lengua, si la usas para el mal! Te dice Dios, a través del libro del Eclesiástico: “Muchos han perecido al filo de la espada; pero no tantos como por culpa de la lengua” (28, 22).
Noveno: No desearás la mujer o el varón que no te pertenece


También podría ser formulado así: “No consentirás pensamientos ni deseos impuros”. Y no tanto: “No tendrás pensamientos ni deseos impuros”, pues tenerlos es en cierto modo inevitable. El consentirlos es otro cantar.
También se ha formulado en los catecismos así: “No desearás la mujer de tu prójimo”, teniendo como referente el Éxodo 20, 17 y el Evangelio de san Mateo 5, 28.

Si el sexto mandamiento protegía la pureza exterior del cuerpo, templo del Espíritu Santo; este noveno mandamiento nos invita a vivir la pureza interior del corazón, de donde salen todas las cosas buenas o malas, nos dirá Cristo: “De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios e injurias: Esto es lo que hace impuro al hombre” (Mateo 15,19).

La pureza comienza primero en tu corazón. Si tu corazón es limpio, todo tu cuerpo será limpio y tu mente y tu imaginación y tu fantasía. Todo se define en tu conciencia, en tu corazón. Y es esto lo que Dios escruta con ojos penetrantes, sí, pero también comprensivos y paternales. Dice en el Apocalipsis: “Yo soy el que sondea los riñones y los corazones, y el que os dará a cada uno según vuestras obras” (Ap 2, 23).

Por eso Jesús nos dejó esta bienaventuranza: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5,8).

Décimo: No codiciarás
El enunciado completo dice así: “No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni el siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo” (Éxodo 20,17).
Aunque este mandamiento está formulado en forma negativa, sin embargo entraña un contenido positivo, porque Dios te invita al desprendimiento para que tu corazón sea feliz y no sea un esclavo de los bienes materiales y económicos, sobre todo de esos dos tiranos: la codicia (deseo desordenado de riquezas), y la avaricia (deseo desordenado de conservar las poseídas).

Está muy unido al séptimo mandamiento: “no robarás”; al igual que el noveno estaba unido al sexto. Dios no sólo prohíbe al adulterio (sexto) sino también el desear la mujer o el varón del prójimo (noveno). No sólo prohíbe robar o retener injustamente los bienes del prójimo (séptimo) sino también el desearlos, codiciarlos y envidiarlos (décimo). Se trata, naturalmente, de un deseo desordenado y consentido. Eso no quiere decir que sea pecado el desear tener, si pudieras lícitamente, una cosa como la de tu prójimo.
Resúmen del Decálogo
“AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
Y AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO”


Jesús reafirma el Decálogo y lo completa y perfecciona con el “nuevo Decálogo”, las ocho bienaventuranzas, proclamadas también desde una montaña santa. Te aconsejo que leas todo el sermón de la montaña, que encontrarás en san Mateo, capítulos 5, 6 y 7.

¿Cómo completó Jesús el Decálogo?
No tanto en nuevos mandatos, sino en la profundidad de lo que significaban dichos mandatos. Si quisiera resumirte lo que Jesús añade y perfecciona como ley nueva.
El Papa Juan Pablo II dejó escrito en su encíclica “El Esplendor de la Verdad” lo siguiente:
“Los mandamientos, recordados por Jesús a su joven interlocutor (el joven rico), están destinados a tutelar el bien de la persona humana, imagen de Dios, a través de la tutela de sus bienes particulares. El «no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio», son normas morales formuladas en términos de prohibición. Los preceptos negativos expresan con singular fuerza la exigencia indeclinable de proteger la vida humana, la comunión de las personas en el matrimonio, la propiedad privada, la veracidad y la buena fama.
En definitiva, ¿cuál es la síntesis de todos los mandamientos?

Todo lo que hemos visto se reduce al amor: amar a Dios y amar al prójimo. Y con esto basta.


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