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Desarrollo Emocional y Afectivo En La Infancia

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by

Alexander Torres

on 15 July 2014

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Transcript of Desarrollo Emocional y Afectivo En La Infancia

Desarrollo Emocional y Afectivo En La Infancia
Estructura de personalidad estable y suficientemente sólida como para avanzar en la vida (ello implica seguridad en sí mismo, fortaleza, sentido de realidad, tolerancia a la frustración, cierta dosis de agresividad que le lleve a luchar para modificar aquello que no le agrade, etc.)
Habilidades sociales adecuadas, o sea capacidad de relación para lo cual es necesario la empatía y el interés por el otro.
Interés por el entorno, por la vida y por tanto capacidad de explorar y de aprendizaje que abrirá paso al desarrollo cognitivo.
Es la evolución de las capacidades innatas positivas del individuo para lograr la posibilidad de disfrute de la vida. Ello representa adquirir:
Desarrollo emocional:
A-. El sostén emocional
El sostén emocional es la respuesta adecuada al sentimiento universal de desamparo con el que todo bebé llega al mundo. Este sostén permite que se construya entre el bebé y las personas encargadas de su crianza un vínculo lo suficientemente fuerte como para que se den las condiciones propicias para la satisfacción de todas sus necesidades.
El sostén emocional se da en el marco de un vínculo estable, un vínculo de apego, con los cuidadores primarios. Este se establece desde el momento del nacimiento y permite construir un lazo emocional íntimo con ellos. Por estable entendemos un vínculo cotidiano y previsible, y en los primeros tiempos, con la presencia central de una o más personas que se ocupen de la crianza del bebé. La estabilidad y la previsibilidad en el vínculo con sus cuidadores le permiten al niño construir una relación de apego seguro.
La necesidad de ser sostenido emocionalmente por otro y la búsqueda e interés en la relación humana son rasgos de salud mental que el niño manifiesta desde el comienzo de su vida.
B) La constitución de la regulación afectiva
En la primera infancia, el niño carece de la capacidad de regular por sí mismo sus estados emocionales y queda a merced de reacciones emocionales intensas. La regulación afectiva solo puede tener lugar en el contexto de una relación con otro ser humano. El contacto físico y emocional acunar, hablar, abrazar, tranquilizar permiten al niño establecer la calma en situaciones de necesidad e ir aprendiendo a regular por sí mismo sus emociones.
El adulto a cargo de la crianza de un bebé debe poner en juego una capacidad empática que le permita comprender qué es lo que necesita ese niño, que si bien aún no puede expresarse con palabras, sí se comunica a través de gestos, miradas, movimientos, llantos y sonrisas.
Las respuestas emocionales del adulto en sintonía con el estado interior del bebé generan primero un estado de corregulación afectiva o regulación diádica que lleva, unos meses más tarde, al logro de la autorregulación afectiva por parte del bebé. Esto significa, por ejemplo, que si un niño llora sin ser consolado, se encuentra solo en el aprendizaje del paso del malestar a la calma y al bienestar. Ese bebé puede llegar a tener dificultades para auto-calmarse no únicamente en sus primeros meses sino a lo largo de todo su desarrollo.
C -.La constitución de la confianza básica
En un nivel emocional, la confianza básica es un logro que se da como resultado de numerosas interacciones satisfactorias entre el bebé y sus cuidadores primarios.
El
niño que ha construido su confianza básica puede luego explorar el mundo, crecer, separarse e individuarse.
La confianza se relaciona con la seguridad que un niño tiene de saber que sus cuidadores son sensibles a sus necesidades físicas y emocionales, y que van a estar disponibles si los necesita. Un niño que se siente seguro respecto de los adultos que lo cuidan no ignora los riesgos de aventurarse alejándose un tanto de ellos, pero avanza de todos modos sabiendo que tiene dónde respaldarse en caso de necesidad.
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa que tiene el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. Se construyen así esquemas mentales acerca de cómo es estar con el otro.
Función materna y paterna en el desarrollo emocional del infante
La función materna
• Aporta la lengua con la que se comunicará el bebé. Todos los niños nacen con la capacidad de hablar cualquier idioma, pero solo adquieren la lengua del cuidador que los cría.
• Ejerce la contención afectiva y efectiva de las sensaciones del bebé.
• Transforma el hambre en satisfacción, el dolor en placer, el desamparo característico de los humanos en tranquilidad.
• Estimula la energía psíquica del bebé.
• Le da sostén al niño y le va presentando el mundo que lo rodeará y en el que vive, a través de los objetos.
• Ayuda al bebé a diferenciar entre su mundo interno y su mundo externo.
La función paterna
• Permite que el bebé aprenda a vivir sin tanta dependencia y comience su camino de autonomía, interviniendo en la intensa relación del bebé con su madre o con quien cumpla esa función.
• Pone reglas y organiza el funcionamiento del niño para que establezca su mundo vincular incluido en relaciones más amplias.
• Como función normativa, es portador de las pautas culturales del medio social del cuidador primario. Esto permite que el niño termine por incorporarse al medio social al que pertenece.
Señala lo prohibido y lo permitido, lo seguro y lo inseguro, lo saludable y lo tóxico, lo obligatorio y lo electivo.
La seguridad afectiva que implica la presencia de estas dos funciones le permite al niño ir logrando progresivamente pautas de diferenciación y autonomía
Estado de ánimo en general: (Primer Año de vida)
Es altamente variable.
Íntimamente relacionado con estados internos (hambre, sueño, necesidades fisiológicas).
Hacia la segunda mitad del primer año, también relacionado con señales sociales externas (el padre puede hacer sonreír a un niño aunque este tenga hambre).
Cuando el bebé está confortable internamente prevalece un sentimiento de interés y placer en el mundo y hacia el cuidador primario.
Sentimientos (Primer Año).
La variación entre la indiferencia y la excitación con el mundo se torna más organizada y queda bajo el control de la interacción social.
Los sentimientos específicos iniciales de excitación placentera o la protesta por la falta de placer llevan a graduaciones más diferenciadas y el bebé incluye gestos con los que negocia la dependencia, el placer, la afirmación de sí mismo, la exploración, el enojo, el miedo y la ansiedad.
El sistema de afectos o sentimientos permanece altamente variable, y es fácilmente dominado por el contexto.
Estados de ansiedad (Primer Año).
Están relacionados con la supervivencia física y emocional, y son generalmente globales y desorganizados.

El humor es aún variable, pero más organizado y estable durante períodos más largos.

Existe un sentimiento de seguridad, curiosidad y necesidad de exploración que domina el humor.

Está presente también la tendencia a “pegarse” al adulto, el negativismo, el miedo y la aprehensión.
Estado de ánimo en general: (Segundo año de vida)

Sentimientos (Segundo Año)
En este período, los sentimientos se vuelven más diferenciados.
Se observa la emoción por la exploración y el descubrimiento.
Placer por la auto afirmación.
Existen negociaciones gestuales más complejas de dependencia, auto afirmación, enojo y la búsqueda de límites.
El bebé desarrolla la capacidad de demostración organizada de amor (correr y abrazar, sonreír y besar a los padres, todo junto) y también protestar (alejarse, patalear, llorar, todo junto).
El negativismo organizado (el no) y una gran demanda están también presentes.
Aparece más desarrollado el sentimiento de comodidad con la familia y la aprensión ante los extraños.
El estado de ánimo general puede ser variable (triste, ansioso o presentar una tendencia a quedarse “pegado” al adulto junto a una segura exploración).

Gradualmente se estabiliza dentro de un modelo organizado alrededor de un sentimiento básico de seguridad y optimismo, con la presencia no dominante de las siguientes capacidades: la excitación, el negativismo, la pasividad, la tendencia al “pegoteo” hacia el adulto, entre otras
.
Presentan ansiedad relacionada con la pérdida de la persona amada y de la cual dependen, como a la pérdida de aprobación y de aceptación. Aun así, el niño todavía desorganizado potencialmente puede tolerar mejor la ansiedad y enfrentarla mediante alteraciones en la imagen mental (fantasía; por ejemplo, “mamá regresará; ella me ama”)
Estado de ánimo en general (Tercer año de vida)
Los afectos, gradualmente, tienen más ¨significado” (en el nivel representativo o simbólico).

Después de la posible inestabilidad inicial en el sistema afectivo (por ejemplo, regresivo, enojo con “pegoteo” y dependencia), es posible una mayor organización del sistema afectivo, con afectos complejos tales como amor, tristeza, celos y envidia, que se expresan en ambos niveles: el preverbal y el verbal, que está surgiendo
.
La afectividad se ve fácilmente influenciada por las situaciones físicas (cansancio, hambre). Los afectos se encuentran todavía en un nivel egocéntrico (por ejemplo, “¿qué hay ahí dentro para mí?”)
Sentimientos (Tercer Año)
Estados de ansiedad
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
Los bebés nacen con un limitado registro de emociones, que van haciéndose más complejas a medida que crece y madura.
Los recién nacidos son capaces de mostrar tres expresiones emocionales: sorpresa, placer y malestar.
Sin embargo, alrededor de los dos meses, muestran la primera conducta verdaderamente social a las caras de las personas que los cuidan: sonríen
A los cuatro meses, han añadido una cuarta emoción a su repertorio: el miedo.

El repertorio emocional del bebé se amplía de nuevo entre los seis y nueve meses, cuando aparecen la timidez, el miedo a los desconocidos y el miedo a ser separados de las personas que se ocupan de él. Antes de este momento, los bebes están, por lo general, cómodos con cualquier adulto que se ocupe de ellos, pero después ese momento es muy probable que tengan miedo de estar con quien no sea su madre, su padre o cualquier otra persona que se haya ocupado de él.
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
La aparición de la sonrisa social a los dos meses de edad supone una recompensa agradable para los padres que cambian los pañales o se levantan por la noche, aunque la expresión del malestar y el miedo entre los cuatro y los nueve meses no suele agradar a los padres. Sin embargo, ambos son signos de un desarrollo normal y saludable de las emociones del bebé.
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
A los dos años de edad, las emociones se hacen más complejas todavía. En este momento, muchos bebés actúan de forma culpable cuando no se han portado bien y parecen sentir vergüenza ante el fracaso.
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
Los niños de dos años son criaturas muy sociales, que han creado un fuerte apego con sus padres y con otras personas que los cuidan La fuerza del apego se manifiesta de varias formas. Por ejemplo, ya hacia los seis meses de edad el niño se aferra y hace lo que sea para estar cerca de sus padres. A veces, no le parece suficiente estar muy cerca de ellos; pide que sólo le presten atención a él; en caso de ausencia de los padres muestran su ansiedad con llanto, nerviosismo y gritos
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
A los dos años las emociones positivas y negativas, están bastante desarrolladas, pero se vuelven más intensas en el periodo preoperatorio, entre los 2 y los 7 años
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
La elaboración de las emociones y el afecto en su mayor parte corresponde al desarrollo cognitivo. los cambios sociales más notables durante este período infantil se producen en las relaciones con sus compañeros determinaran gran parte de la vida de adulto.
El Desarrollo Emocional de 0 a 7 años
En Conclusión:
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