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Redes sociales para la paz

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Ana Hidalgo

on 8 September 2012

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Transcript of Redes sociales para la paz

Por: Ana María Hidalgo y Adrián Peláez Redes sociales para la PAZ Dr. Miguel Ruiz, “Los cuatro acuerdos” “Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea.
Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas” Los comunicadores: periodistas, publicistas, relacionistas públicos, cineastas, etc., hemos olvidado el valor de la palabra para construir, del rol social de nuestra profesión y nos hemos centrado en la destrucción, en la denominada por el Dr. Miguel Ruiz una especie de “magia negra”: las mentiras, los chismes, la información incompleta, sesgada, sin contraposición de más de una fuente, sin contexto, vacía, destructiva de la ya poco valorada imagen del otro.

Y ahora, con el auge de las nuevas tecnologías –TIC– por la premura del tiempo, la necesidad de la respuesta inmediata, de la chiva (ser los primeros en informar) a través de las redes sociales, de sacar a la luz una idea, sin pensar en sus consecuencias, en su valor de verdad hemos convertido nuestra profesión en un vacío, un sinsentido, permitiendo que “cualquiera” la ejerza. Hemos demostrado que no valen cinco años de estudio si lo que vamos a hacer es generar un rumor, sin pensar en el otro, en su valor como persona, en su “buen nombre”. Hoy se tilda de manera fácil y alegre de “Periodistas Ciudadanos” a cualquiera que dé una “noticia”, y en realidad estamos ante la presencia de ciudadanos que informan, ciudadanos que comunican, más no de periodistas, pues estos últimos deberían contrastar la información, verificar las fuentes, darle contexto a las informaciones comparándolas con hechos relacionados, y darle voz a partes y contrapartes.

Estamos inmersos en la masificación de la información que ahora se llama la “Era de la Infoxicación” donde cada 4 horas se estima se produce tanto contenido como desde el principio de los tiempos hasta nuestros días.

Nuestra época se le ha dado el apelativo de “Tiranía de la información” donde procesarla, gestionarla, “curarla” es la clave. El manejo de contenidos será el quehacer diario de los nuevos periodistas, y más ahora, que en los “Tiempos de la brevedad” debemos ser pertinentes, oportunos e impactantes para llamar la atención de las audiencias sin perder el contexto, la diversidad de fuentes y el sentido de oportunidad. “Redes Sociales para la Paz” son esos puentes que seremos capaces de crear para unir comunidades y actores, donde el conflicto sea sustituido por las oportunidades del diálogo, donde haya cabida a las propuestas, a la participación de ciudadanos – gobierno, donde aprendamos a escucharnos, y se estimule a defender nuestras posiciones en favor del colectivo. Porque si algo hay que destacar de las TIC es esa capacidad democrática de brindar oportunidades a todos por igual. Los responsables de comunicación de las organizaciones que sirven de puente entre los actores de la sociedad: ciudadanos y gobiernos, tienen la misión de estar actualizados con las TIC, como potencializadores de oportunidades para hacer eco de mensajes constructivos en los múltiples escenarios donde ahora se encuentran las audiencias.

Es momento, como dice el periódico “El Espectador” en su editorial del domingo 29 de julio de 2012, de tener serenidad a través de las redes sociales pues

“pasamos de ser una sociedad dormida que no se pronunciaba sobre nada, indolente las más de las veces, a una que busca cualquier pretexto para elevar una indignación contundente. Ausente de cualquier criterio, eso sí, porque poco aborda las raíces de las cosas; se queda en los hechos superficiales, en las noticias sueltas”

y en esto, nosotros los comunicadores “sociales” tenemos mucha responsabilidad. Las redes sociales no sólo han permitido que las tecnologías de la comunicación e información TIC estén al alcance de una mayor cantidad de personas, sin importar su lugar de vivienda, su “clase social” o su nivel cultural. Podemos decir casi, que cualquier ser humano del planeta ahora puede acceder a estas tecnologías y hacer uso de las mismas de la manera que lo crea conveniente y para su propio beneficio.

Pero la reflexión y nuestro trabajo como comunicadores de la sociedad, como conectores entre los hechos y la opinión pública, es hacer que las TIC no sean meramente herramientas tecnológicas sino que se conviertan en el medio en que muchas voces antes no escuchadas sean públicas, salgan a la luz y muchas personas sean visibilizadas, lo que antes era impensable al no tener acceso a los medios masivos de comunicación, hasta hace poco, los únicos que podían informar, dictar sentencias y tendencias, conducidos no por verdaderos líderes del cambio, sino en su mayoría por aquellos creadores, protectores y prolongadores del statu quo. Este es un momento único que debemos capitalizar desde nuestra profesión, pero sobre todo desde nuestro rol de ciudadanos, constructores de un mejor hoy y por lo tanto de un mañana soñado y no de “un infierno en la tierra” como el que hemos logrado hacer hasta ahora.

Podemos, entonces, hacer uso de las facilidades que nos dan las redes sociales para elevar un clamor, pero no basados en el odio, en los extremos, en los estereotipos. El grave peligro, en el que hemos caído, es que, como dice “El Espectador” a quien da “una opinión, por repugnante que resulte, se le quieran tipificar varios delitos e incluso traición a la patria, todo un despropósito. Peligroso por lo demás, pues se estaría instaurando en el país el delito de opinión, por fortuna proscrito de nuestra legalidad desde años pretéritos”. Las redes sociales son el mejor medio para expresarnos, nos permiten tener una comunicación horizontal, transparente, sin intermediarios, directa, rápida. Pero lo más maravilloso de estos nuevos medios es que la comunicación es de dos lados, el mensaje se puede crear entre dos o más, los implicados tienen el mismo nivel, no hay jerarquías, los dos son productores de conocimiento, co-creadores, interlocutores válidos, constructores de un mensaje, de una idea, que después se puede convertir en una campaña, en un sueño, en el “mismo cielo” si así lo queremos, parafraseando al Dr. Miguel Ruiz. Es nuestro momento de serenarnos, de tomar conciencia de nuestro rol como informadores y en las armas que nos dan la palabra y las TIC para construir un país más justo, más humano, que respete al otro desde su “buen nombre”, construir como dice Estanislao Zuleta en el “Elogio de la dificultad” una sociedad en la que:

“el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada”. Con la velocidad del momento, el caos de las grandes ciudades, el atiborramiento de mensajes, emails, tweets, hemos olvidado lo más importante de nuestra profesión, el sentido fundamental de la misma y es que somos comunicadores sociales porque necesitamos comunicarnos con otro, con un interlocutor, que aunque a veces queramos invisibilizar, dejar de hacerlo válido, es el único sentido de nuestra profesión. Sin ese otro, sin lo “social” no seríamos comunicadores y mejor, hubiéramos elegido otra profesión, más árida, menos “social”, donde si hay otro o no, da igual, si habrá alguna? Las maravillas de las redes sociales y todos los denonimados “gadgets” no tendrían sentido si no existiera el ser humano, hombres y mujeres, unidos en familia, comunidad, sociedad, país, tierra.
Las tecnologías nos sobrepasan, la velocidad en que ahora un computador, celular, iphone y todos los Is quedan obsoletos es muy rápida y esto no debe convertirse en una carrera de ratas, de “posesiones”, sino en oportunidades para llegar a otros, para darle herramientas a los más desfavorecidos, a los que no tienen ni “el pan de cada día”, para que usen estos medios y puedan llevar su mensaje afuera, a sus pares, colegas, compatriotas y puedan formar comunidades con un fin en común. Como dicen en la serie de televisión “Touch” 1 + 1 no es 2 es 3 o más. Y es así como debemos ver a las redes sociales: posibilitadoras de generar redes, que nos unan en torno a un mismo objetivo, ojalá creador, constructor, llenador de buena energía, propagador de la denominada “magia blanca”. Las TIC nos deben hacer mejores personas, familiares, amigos y no todo lo contrario, que olvidemos al otro, lo despersonalicemos, olvidemos hasta su nombre. No deberíamos llamar a nuestros conocidos o denominados “amigos” para su cumpleaños, una vez al año, deberíamos buscarlos para compartir un café, para conversar cara a cara, para hacerlos sentir valiosos e importantes como nos gusta que nos hagan sentir a nosotros. Como dice Mauricio Liévano en su “Tweets con mantequilla al desayuno” “Me encantan las redes sociales, pero nunca nada como las cosas que se dicen mirándose a los ojos” y es que éstas no remplazan un café entre amigos, una buena charla, una tertulia que nos reconforte. Esta época es, entonces, todo un reto para los ciudadanos, que pueden comunicarse a través de sus mensajes serenos, llenos de sabiduría, de frases constructivas o de mensajes incendiarios, subjetivos, violentos, pasionales. Nuestro fin debería ser hoy tejer redes de apoyo, para mejorar nuestras comunidades, ciudades, países y hasta para cambiar el mundo, lo que durante tanto tiempo había sido imposible, gracias a los medios masivos, en cabeza de unos pocos para bien de su negocio y generando y aprovechándose de la “masa”. Lucy Nieto Y es que como dice “El Espectador” en el editorial señalado
“Las redes sociales y la consecuente tendencia a pensar en masa, tan peligrosa siempre, han generado esta bomba de tiempo. Es hora de usar esos poderosos recursos de información para llegar a un cuestionamiento mucho más provechoso o, por lo menos, menos peligroso. Con gradaciones justas, sin llegar al extremo de lo brutal. Reflexionar con serenidad sobre esta actitud es urgente”. Eduardo Meneghel Nosotros, Adrián y Ana María nos hemos unido ante la posibilidad que dan las redes sociales de luchar por lo que antes era tabú (el respeto por la homosexualidad) o por lo que hasta ahora y en sociedades machistas como las latinoamericanas se había aceptado como algo “normal”, un problema intrafamiliar y de pocas mujeres que “se lo merecían” y es el abuso a la mujer, la violencia de género y la violación de las mujeres sin obtener justicia por este hecho atroz y despiadado. Nos hemos unido como comunicadores sociales, pero sobre todo como ciudadanos, como un hombre y una mujer soñadores para vencer las dominaciones instauradas hasta ahora: la machista, la fascista, la religiosa recalcitrante e intolerante, el abuso del poder, etc. Las redes sociales nos dan la posibilidad de no mantenernos más en silencio y es que NO ES HORA DE CALLAR. Las mujeres, los niños, los indígenas, los homosexuales, las negritudes ya no tenemos miedo porque existe, como nunca antes, la posibilidad de unirnos por una causa en común, de expresarnos, de que nuestras voces sean oídas y nuestros rostros visibilizados, de tener optimismo y creer que se puede lograr un mundo mejor. En palabras de Zuleta:
“…en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado”. Camilo Tamayo Camilo Tamayo Camilo Tamayo Y es hora de que nosotros los comunicadores sociales, hagamos la diferencia, hagamos un alto en el camino y empecemos a pensar en el país que hemos construido a través de nuestra palabra. Es de verdad ese el país que queremos dejarles a nuestros hijos? Vecina de la EAI - Fotografía Niny Johana Ledezma Como dice María Jimena Duzán en su columna de opinión “Sin Piedad” del lunes 30 de julio
“Probablemente para el país que representa el procurador es mejor que no hubiera personas que pensaran como Piedad (Córdoba); probablemente para ese país de derecha extrema, que se ha ido asentando estos últimos años, es mejor que todos los colombianos pensemos igual, como nos lo ordenó el dogma de la seguridad democrática, y que a los que pensamos distinto nos toque callarnos y aprender a vivir en el silencio de la censura sutil, aquella que no se ve, pero se siente. De esa forma se excluye de un tajo a los que no piensan como la mayoría y se les declara enemigos de la patria, más cercanos al terrorismo que a La Biblia.
Eso sucede en los países totalitarios, donde la libertad de expresión no existe y donde pensar distinto es un delito, pero si estamos en una democracia, por imperfecta que esta sea, personas como Piedad deberían poder hacer política sin temor a ser perseguidas ni vapuleadas como a ella le está sucediendo.
Yo aspiro a vivir en un país donde quepan Álvaro Uribe y Piedad Córdoba. Un país donde uno y otro puedan expresarse y en donde los debates trasciendan a las personas. ¿Será mucho pedir?” Nosotros, Adrián y Ana María aspiramos a lo mismo y nos unimos a la pregunta de María Jimena:
¿Será mucho pedir? Radiomochila Radiomochila Radiomochila Revista Semana Stéfan Experiencias
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Amarc http://www.amarc.org/ REFERENCIAS
Duzán, María Jimena (2012, 30 de julio). Sin Piedad Revista Semana
Editorial (2012, 29 de julio). Serenidad, por favor. El Espectador.
Liévano, Mauricio (2012) Tweets con mantequilla al desayuno.
Ruiz, Miguel Dr.(2011) Los cuatro acuerdos (20a Ed.).
Zuleta, Estanislao Elogio de la dificultad.
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