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Allan Elizondo
(Banco Mundial, 2011, pág. 4)
Estructura del Cerebro humano
El cerebro de un adulto pesa como término medio alrededor de 1,4 kg, es decir aproximadamente
el 2–5% del peso corporal total. En el momento de nacer, el cerebro ya está altamente desarrollado,
y tiene alrededor de un cuarto del peso que alcanzará en la edad adulta, a pesar de que el peso
corporal total sea aproximadamente un décimo del peso normal de un adulto.
Cuando nace un niño, su cerebro ya contiene los 100 mil millones de células cerebrales
especializadas, las “neuronas” o “materia gris”, que componen el cerebro adulto. Las mayores
concentraciones de ellas se encuentran en el cerebelo y la “corteza”, que forma las capas
superficiales del cerebro
Si bien todas las partes del cerebro humano son importantes, los hemisferios cerebrales del
prosencéfalo son el rasgo más llamativo, con los profundos pliegues (crestas y valles) de la corteza.
Cada hemisferio comprende cuatro lóbulos (frontal, parietal, occipital y temporal), con distintas
funciones cada uno.
De los cuatro lóbulos, los frontales son los más grandes. Las áreas del lóbulo frontal están asociadas
con toda una serie de procesos que van desde el control motor hasta “funciones ejecutivas”
El lóbulo occipital sirve para procesar las informaciones visuales e incluye áreas específicamente
vinculadas al procesamiento de atributos tales como el color y el movimiento. Por último, el
lóbulo temporal contiene las áreas que son responsables del procesamiento de las informaciones
auditivas y sociales, y en este lóbulo también se hallan estructuras subcorticales importantes para el
aprendizaje y la memoria (el hipocampo), como asimismo para las emociones (la amígdala).
Aunque existen áreas específicas responsables de funciones particulares, ningún sector del cerebro
funciona jamás independientemente de los demás; cada función específica concierne toda una
cantidad de “regiones” que colaboran como partes de una red neuronal dedicada a dicha función.
El movimiento es controlado en buena medida por tres estructuras interconectadas: la
corteza motora, los ganglios basales, que a su vez constituyen un grupo de estructuras
interrelacionadas por debajo de la corteza, y el cerebelo
Se piensa que las emociones están localizadas en un grupo de estructuras cerebrales denominadas
colectivamente “sistema límbico”, que comprenden el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala.
A menudo se investiga la cognición social en las poblaciones clínicas cuyos comportamientos
sociales suelen diferir de aquéllos de los individuos sanos. Se ha constatado que la amígdala y
la corteza temporal son importantes para esta función, de la misma manera que sus conexiones
con otras regiones.
El procesamiento del lenguaje está localizado de manera predominante, pero no exclusiva,
en el hemisferio izquierdo (en las personas diestras) y constituye uno de los ejemplos de
“lateralización” evolutiva, que es la especialización de una función en uno de los hemisferios
del cerebro. En particular, las áreas de Broca y de Wernicke se ocupan respectivamente de la
producción y la comprensión lingüísticas. Las áreas involucradas en la audición también se
activan cuando se procesa el lenguaje y, si se trata de la lectura, participan asimismo las áreas
vinculadas a la visión.
La localización de la memoria depende del tipo de memoria tomado en consideración. Por
ejemplo, la denominada “memoria de trabajo” está estrechamente relacionada con la corteza
prefrontal. En cambio, la memoria a largo plazo está vinculada con el hipocampo.
La planificación es un aspecto importante del funcionamiento cognitivo superior. Está relacionada con la activación de los lóbulos frontales y, en particular, de la corteza prefrontal.
La atención se puede fraccionar en toda una serie de tipos distintos, como por ejemplo la selectiva, la sostenida o la dividida, cada una de las cuales ocupa áreas del cerebro ligeramente diferentes.
Stanley B. Prusiner (Premio Nobel de Medicina, 1997)