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Por: Alicia Rey, Aitana Ortega, Carmen Cortés y Rosa María Puertas
Para la Eclesiología la fundación de la iglesia fue a cargo de Jesús que fundó su iglesia como una Sociedad religiosa, externa y visible, jerárquica, monárquica (se levanta sobre Pedro), perennemente duradera, dotada de un magisterio infalible para ser el guardián y el maestro de la revelación auténtica
Desde el Nuevo Testamento no puede decirse que Jesús tuviera desde el principio la intención de fundar una Iglesia. Más bien hay que decir lo contrario: la preocupación de Jesús es el reino de Dios que llama a la conversión a su pueblo para que vuelva a ser fielmente el verdadero pueblo de Dios.
Lo que más me llama la atención es que sólo el texto de Mateo 16, 18 ss recoja cosas tan importantes como la afirmación expresa de Jesús de que sobre una roca va a fundamentar su Iglesia. Es además el único texto en todos los evangelios en que se habla propiamente de la Iglesia.
En mi opinión este texto es de gran relevancia para conocer el origen de la Iglesia puesto que de este texto se puede deducir la fundación de la Iglesia.
En la actualidad se proyectan estructuras concretas sobre el origen de la Iglesia que no encajan con la Iglesia primitiva.
Ante este tema hay una observación muy importante que hacer: sea lo que fuere de las afirmaciones fundamentales de este planteamiento, y de las críticas que actualmente deban hacérsele, lo más grave del caso es que, con todo esto, sigue casi intacto el verdadero problema: el problema del origen de la Iglesia.
La Iglesia católica ha recibido distintas críticas a lo largo de la historia.
En mi opinión la Iglesia en su origen fue creada únicamente con la intención de ser el lugar de reunión de los seguidores de Jesús para estar todos juntos en reunión y compartiendo como hermanos el amor de Dios padre. En cambio, en la actualidad la imagen de la Iglesia se ha visto distorsionada, pues entre otros existen católicos críticos o protestantes que pese a ser miembros de la Iglesia católica y que, sin contradecir ningún dogma de fe, cuestiona algunas enseñanzas, actuaciones o sectores de la Iglesia. Si bien este tipo de críticas están permitidas por la Iglesia, siempre que no cuestionen nada de la base de la doctrina católica.
La experiencia de resurrección de Jesús es el fondo del gran desencadenante de la iglesia y representa un nuevo comienzo que rompía con la muerte de Jesús. Así la resurrección de Jesús origina la creación de la iglesia que a su vez le da sentido a esa resurrección y hace que su visión de vida nos llegue hasta nosotros.
Jesús fue el iniciador de la Iglesia y Él unido a sus discípulos, formaron la Iglesia. Dentro de la historia de Israel, en un periodo muy concreto de esa historia, y en una situación muy precisa del pueblo al que pertenece Jesús, se produce el origen de la Iglesia. Y acontece al interior de un proceso histórico, en el contexto más amplio de la historia en que nace Jesús y en la que vive inmerso. Dentro de este movimiento que inicia Jesús junto a sus discípulos se empieza a referir al reino de Dios: Cuando Jesús dice reino de Dios está aludiendo a algo que no le retira en absoluto de su pueblo. Al contrario, le remite de lleno a él como al lugar al que el reino de Dios se acerca.
El relato de pentecostés permite comprender lo que ocurre con los primeros discípulos como «un nuevo acto creativo de Dios, que concuerda con la primera creación. Jerusalén reemplaza al Sinaí como lugar de la nueva alianza». La imagen del viento que aparece en la creación y en la tormenta del Sinaí es la misma que explica lo que acontece a los discípulos de Jesús, a la vez que la plenitud de ese Espíritu se comunica a cada uno en lenguas de fuego.
El Espíritu es el actor principal de cuanto se relata en los Hechos. Al contrario que en Col / Ef, es el Espíritu que, después de la ascensión de Jesús al cielo, va a ocupar el lugar de Cristo en la tierra.
Es el Espíritu que arranca a los discípulos del aislamiento y la cobardía y les lanza a dar testimonio de la resurrección del Señor Jesúsque dirige toda la misión de Pedro y Pablo, que, ante La circuncisión obliga a decir a los reunidos: «hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros» .
Jesús afirmó que los dirigentes debían ser aquellos que
sirvieran al resto de la comunidad, demostrándolo en el acto de lavar los pies a
sus discípulos. La función de estos dirigentes es dar un servicio a la
comunidad. Estos dirigentes de las primeras comunidades eran los presbíteros
(según la corriente de las cartas pastorales) y servían en la manera de
organizar y proteger la comunidad. Así mismo, se habla también de los
diáconos como posibles ayudantes de los presbíteros (o epíscopos). Otras
tareas de estos dirigentes eran la enseñanza de la sana doctrina, es decir
transmitir las enseñanzas de Dios a los otros discípulos; y la administración
ejemplar, proteger a sus discípulos de falsos pastores sedientos de poder de
manera responsable. En la mayoría de las tradiciones se muestra a los
dirigentes con una u otra de estas funciones, o las dos.
El primer objetivo estará en lograr que los componentes de la Iglesia no sean meros cristianos sociológicos, sino seguidores de Jesús de Nazaret, dotados de una fe personalizada y no de una simple rutina social. Por supuesto que no se trata de conseguir una iglesia de “puros”, aunque sí de convertidos, modesta pero sinceramente, a la fe de Jesucristo. El trabajo apostólico de las comunidades deberá ir en este sentido.
En el cumplimiento de la misión evangelizadora, se presenta una doble tarea: rectificar la falsa imagen de Jesús y de su Iglesia y anunciar el Evangelio verdadero, liberando al cristianismo de su inculturación burguesa, que resulta ya en nuestro tiempo una manipulación en manos de unos pocos y una alienación para muchos. Individual y comunitariamente, privada y públicamente, el mensaje cristiano fundamental debe ser proclamado. Pero el lenguaje y los signos por los que este mensaje ha de llegar a los hombres de hoy debe ser
perfectamente comprensible para ellos. No podemos pretender que sean ellos quienes aprendan nuestro, muchas veces, trasnochado idioma para poder comunicarnos. Somos nosotros quienes, en contacto y sintonía, con Jesús y los hombres, con la Biblia y el periódico, habremos de hacer posible esa comunicación.
De esto se deduce no sólo una Iglesia de puertas abiertas, sino sobre todo una Iglesia que sale de ella misma, que se niega a ser un ghetto, replegada sobre sus problemas interiores. Una Iglesia en la que sus miembros prefieren trabajar, codo a codo con hombres de otra fe o de ninguna fe, en organizaciones de solidaridad no confesionales antes que formar ellos sus peculiares “obritas” y que prefieren escribir en publicaciones no religiosas y explicar su fe fuera de sus propios escenarios. Y todo esto no por desprecio a nada ni a nadie, sino porque intentan ser levadura en la masa y compañeros de camino de los hombres, sus hermanos. Ningún privilegio, ningún complejo de superioridad, pero tampoco de infe0000rioridad, tienen cabida en este talante. Una Iglesia, pobre en bienes y en “influencias” donde los marginados y los sin voz de nuestra sociedad tengan un sitio preferente y sean objeto de especial atención.
En el interior de la comunidad, la participación responsable en su marcha y la concelebración de la fe con formas vivas y no hieráticas o acartonadas irán dotando a sus miembros de la fuerza necesaria para el compromiso de fe que las diversas circunstancias vayan exigiendo.
CARTA DE UN CRISTIANO
En este texto el cual ha sido realizado desde el punto de vista de un cristiano, podemos observar como tema principal el intento de renovación interna y de mejora de la Iglesia. En este fragmento se presentan varios aspectos relacionados con la iGlesia y la fe católica del siglo XXI:
- Crítica hacia cristianos sociológicos, es decir, aquellos que no sienten gran devoción por la religión, sino que simplemente han nacido en un entorno católico. Consecuencia de ello, es que su participación en el cristianismo está basada en las convencionales rutinas católicas, en vez de sentir una verdadera fe hacia Dios.
- Por ello, el trabajo apostólico pretende rectificar la falsa imagen de Jesús y de la Iglesia así como anunciar el Evangelio verdadero. Aquí observamos, cómo los cristianos han sufrido y sufren una manipulada inculturación burguesa que les conduce a un incorrecto mensaje sobre la imagen de Jesús, de la iglesio y del cristianismo.
- Como medida para contrarrestar esta situación, nosotros como cristianos proponemos que seamos nosotros mismos los que hagamos posible esta comunicación verdadera en sintonía con Jesús mediante la predicación de un mensaje claro y directo a la población de hoy día.
De aquí deducimos que debe existir una iglesia que salga de ella misma, trabajando los cristianos codo con codo, procurando una mejora interna de la Iglesia.
-La Iglesia debe ser el guardián y maestro de la revelación
-Jesús fundó la Iglesia sobre una piedra. Sin embargo, en la actualidad, se proyectan estructuras que no encajan con el origen de la Iglesia.
-La experiencia de la resurrección de Jesús es el gran acontecimiento desencadenante de la Iglesia.
-La resurrección marcó el inicio de la iglesia porque los apóstoles se reunieron y continuaron la obra de Jesús
-Resaltamos como para la tradición Paulina la Iglesia local agrupa a toda la Iglesia en sí o la gran cohesión de la comunidad de Lucas/Hechos
- Iglesia, Reino de Dios y Jesús están íntimamente ligados: Jesús es el fundador de la Iglesia y, a su vez, Él es el reino dado que donde está el rey, allí está el reino de Dios.
-El Espíritu es el actor principal de cuanto se relata en los Hechos.
- Como eran los dirigentes los que estaban a servicio del resto de la comunidad