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LAS TAREAS DEL DIRECTOR

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angelo medina garcia

on 26 September 2013

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Transcript of LAS TAREAS DEL DIRECTOR

LAS TAREAS DEL DIRECTOR
Interpretar el texto dramático.
Su interpretación (del texto) es el fundamento de la labor del director, porque implica lo que éste desea comunicarle al público y también lo que, desde su punto de vista, quiere decir el dramaturgo.
Guiar y coordinar a los co-creadores.
El director debe elegir y coordinar a un equipo de colaboradores artísticos y técnicos, que serán los co-creadores del espectáculo final. El director decide el “qué” se va a hacer, pero sus colaboradores, conducidos por él mismo, son los encargados del “cómo”, es decir, de darle una forma concreta a sus ideas y de crear en escena ese mundo que él ha visualizado en su mente.
Unificar la puesta en escena
Pensar constantemente en el efecto total del espectáculo, velar por la unidad de la puesta en escena en relación a los propósitos que la fundamentan. El director, entonces, hace de la puesta en escena una estructura orgánica en la que cada elemento se integra al conjunto, cumpliendo una función específica, y nada es dejado al azar.
Comprometerse con un discurso
Se debe tener una claridad y un compromiso con lo que se quiere decir y cómo se pretende transmitir al público de un contexto social determinado; aspectos esenciales para definir los criterios de la puesta en escena.
Definir las reglas del juego.
El teatro es un juego, el cual se opone a la realidad, aunque de una u otra forma alude a ella. El trabajo de los actores es, efectivamente, jugar este juego, de acuerdo a ciertas limitaciones o reglas. Quien tiene la tarea de establecer estas reglas es el director. Aunque se parte el juego con algunas reglas definidas, éstas siempre se van modificando en el proceso de poner en escena una obra.
conclusión
Aparece otra tarea importante del director: convertirse en una especie de representante del público al cual va dirigido su espectáculo. La relación del espectador con la puesta en escena no tiene que ver con una comprensión cabal de su sentido, sino con aceptar la invitación a entrar en un mundo nuevo y único.
El director como primer responsable.
Desde un punto de vista general, podemos establecer que el director es el primer responsable del fenómeno teatral, ya que su labor básica consiste en ser el enlace o la mediación entre el texto dramático, la puesta en escena y el público, es decir, entre el dramaturgo, los actores, los diseñadores y todos los co-creadores del espectáculo, y los espectadores.
En otras palabras, el director es el autor principal de la producción teatral, por lo que cualquier texto dramático que pase por su visión y su realización escénica lleva un sello personal, una huella, una firma.
Pero ¿cuál es el margen de libertad que el director tiene para interpretar y, por lo tanto, cambiar el texto?
Dos opiniones:
Algunos sostienen que cuando un texto preexistente es la base de una puesta en escena, entra en un nuevo espacio artístico que tiene sus propios recursos y sus propias leyes, convirtiendo al director en el principal creador..
Otros opinan que el director tiene ciertas obligaciones con el texto dramático, por lo cual éste no debe alterarse en ningún punto, sino interpretarse tal y como el dramaturgo lo concibe. Es decir, el director tiene que “servir al autor y no servirse de él”, tendríamos acceso a la obra escrita sólo a través de la “fiel” lectura del director.
A partir de estas dos visiones opuestas sobre la relación entre el texto dramático y el director, podemos determinar, en un sentido muy general, tres perspectivas:
La puesta en escena se centra en la comprensión del texto. Esto se relaciona con la construcción escénica de la fábula. Por lo tanto, la labor del director se cierra en la interpretación respetuosa y y fiel de la partitura creada por el dramaturgo, dejando fuera el discurso personal y las referencias al contexto social de recepción del espectáculo. El texto jamás es interrogado, provocado o puesto en contradicción por la escena.
La puesta en escena privilegia la mirada particular del director. Aunque surge de un texto dramático preexistente, la puesta en escena quiere instalar el subtexto filosófico, político, social, etc., que el director le confiere a la obra original a partir del nuevo contexto de su recepción. Al ser moldeado, casi sustituido por la creación del director, el texto pasa a ser un pretexto para el espectáculo, abriéndose al juego discursivo e imaginativo de la escena y revelando significaciones hasta ese momento desconocidas.
La puesta en escena busca un acuerdo entre ambas posturas. Esto significa que se consideran tanto los enunciados del texto como el enfoque particular del director en relación al contexto social. Se trata de aclarar en la escena lo que está opaco en el texto o de oscurecer lo que se presenta como evidente. El director revela el texto en toda su ambigüedad, en vez de hacer una lectura sólida y cerrada del mismo. Por lo tanto, la puesta en escena oscila entre lo legible y lo que deber ser descifrado libremente por el espectador.
Es fundamental determinar las responsabilidades de cada rol, en el equipo de trabajo. Muchas veces los límites se desconocen o se sobrepasan. Así, podemos ver a un actor asumiendo el rol de director, sin tener conciencia de ello; o a un escenógrafo desarrollando una idea personal, sin considerar lo que necesita la puesta en escena; o a un director que comprende su labor sólo como ordenador del espectáculo, y no como guía y coordinador del proceso de creación general.
El director vigila todo hasta en sus detalles más insignificantes: descarta lo que sea innecesario, corta lo que se vuelve muy extenso o reiterativo y se deshace de cualquier elemento que atente contra la integridad artística del espectáculo.
Bogart considera que toda puesta en escena debe llevar implícita una pregunta. Esta pregunta surge de las inquietudes y las obsesiones personales del director, y se constituye en la razón por la cual elige ese texto y esa manera de visualizarlo.
Bogart, Anne, “Los puntos de vista escénicos: movimiento, espacio dramático y tiempo dramático”, Publicaciones de la ADE, Madrid, 2007.
De este concepto de puesta en escena como juego con sus propias reglas, surgen los procesos de concretización y ficcionalización ya mencionados.
La puesta en escena externa o expresiva.
Considera los elementos plásticos y sonoros captados a través de los sentidos por los espectadores. el manejo del texto hablado; la composición de los personajes en cuanto a lo corporal, lo gestual y lo vocal; la planta de movimientos en el espacio; la escenografía, el vestuario, la utilería, la iluminación, las proyecciones audiovisuales y otros elementos plásticos. ( manejo de los trece signos)
La puesta en escena interna o psíquica.
Se refiere a los contenidos intelectuales y emocionales percibidos a través de la razón o el sentimiento del público. El tratamiento de los temas que propone el texto; la composición interna de los personajes, el descubrimiento del subtexto; el sentido de las pausas y los silencios; el ritmo vital de los personajes; el manejo del suspenso; los procesos emocionales.
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