Loading presentation...

Present Remotely

Send the link below via email or IM

Copy

Present to your audience

Start remote presentation

  • Invited audience members will follow you as you navigate and present
  • People invited to a presentation do not need a Prezi account
  • This link expires 10 minutes after you close the presentation
  • A maximum of 30 users can follow your presentation
  • Learn more about this feature in our knowledge base article

Do you really want to delete this prezi?

Neither you, nor the coeditors you shared it with will be able to recover it again.

DeleteCancel

Make your likes visible on Facebook?

Connect your Facebook account to Prezi and let your likes appear on your timeline.
You can change this under Settings & Account at any time.

No, thanks

Grupo: 4° I

No description
by

Fernando Sánchez Aguilar

on 9 March 2014

Comments (0)

Please log in to add your comment.

Report abuse

Transcript of Grupo: 4° I

Filosofía: Unidad 3
Petrarca fue audazmente independiente en el disgusto que sentía por la teología sistemática y en la relativa indiferencia que mostraban por los escolásticos y Aristóteles.

Atacaba a la astrología y luchaban contra la superstición y era insensible ante el valor y la importancia cada vez más grande de la ciencia natural.

Durante toda su vida sondeó su propia conciencia, agitada muchas veces por la turbación, revisando internamente sus problemas.

Petrarca y Bruni representan el primer entusiasmo; los eruditos siguientes se hicieron más críticos e influyentes.
La demanda de saber parecía insaciable. La respuesta fue la producción de libros impresos en papel con tipos móviles en lugar de los viejos manuscritos de pergamino con copias defectuosas. Cuarenta y cinco copistas trabajando durante dos años para Cósimo de Médici produjeron sólo 200 volúmenes.

Hacia 1500 todos los principales países de Europa estaban dotados de los medios para producir una rápida multiplicación de libros.

Una biblioteca podía contener ahora gran variedad de obras seglares en vez de unos pocos y caros escritos de los padres y doctores.
Los precios bajaron a un octavo de su costo anterior y, juzgados en relación a los nuestros, eran realmente baratos.
Pero si las raíces del nuevo mundo del Renacimiento deben buscarse en las condiciones económicas, su justificación y significado deben hallarse en el nuevo espíritu y conocimiento que destruyeron la vida monástica y la ciencia aristotélica, como el capitalismo destruía el feudalismo y los gremios.









Es verdad que el Renacimiento descubrió las humanidades, pero las halló en Florencia, Augsburgo o París, no en los libros antiguos. Los libros siempre habían estado allí, se los descubrió cuando los hombres alcanzaron madurez suficiente para apreciarlos.
Petrarca (1304-74)
A Francisco Petrarca, se le ha llamado “el padre del humanismo” y “el primer moderno” lo mismo que a Erasmo.

En su autobiográfica ''Carta a la posteridad'' dice: “Aunque pude haber sido arrebatado por el fuego de la juventud, o por mi ardiente carácter, aborrecí siempre estos pecados desde el fondo de mi alma”

Petrarca fue un humanista en el más amplio sentido de la palabra, tanto en su significado técnico o profesional, como en su acepción moral.

La literatura latina a expensas de la griega: Cicerón, Virgilio, Séneca y Livio oscurecían a Platón, Aristóteles y Homero.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Preparatoria 4 Unidad Linares
Grupo: 4° I
Integrantes del equipo:
-Edna Elizabeth Balboa Méndez. -Jamileth Alejandrina Cerda Cortés.
-Minerva Concepción Lopez Nuñez. -Bianca Vanessa Mejorado González.
-Luis Fernando Sánchez Aguilar.
Profesor: Rafael Saldaña Saldaña.
Los pueblos de Occidente estaban abandonando el mundo antiguo; pero arrebataban
afanosamente los tesoros de Grecia y Roma mientras marchaban hacia el nuevo.
Hasta fines del siglo XVII nadie se dio cuenta de la naturaleza de este nuevo mundo, y hasta
el siglo XIX sus rasgos no se imprimieron en el hombre medio.

La ordenada sociedad medieval permitió que las fuerzas que había creado se desarrollaran
hasta que naturalmente rebasaron el estrecho y fijo bastidor en que funcionaban. El ideal típico
de este periodo, la individualidad y la autarquía, sirvieron de fundamento a un nuevo esfuerzo
de ordenar el mundo, orden que se hacía más matemático y mecánico que jerárquico y orgánico.

Descubrimiento del humanismo de los clásicos.
El interés por las literaturas antiguas data realmente desde la fundación
de las universidades en el siglo XII.
Los primeros estudiantes tenían un amor por los clásicos tan intenso como
el de los intelectuales del siglo XIV.
Juan de Salisbury, discípulo de Abelardo, hacia colecciones de los poetas
latinos y se gozaba en su lectura.
El descubrimiento de Aristóteles y la consecuente preocupación científica
sólo postergaron el renacimiento subsiguiente.
El intercambio, el comercio y las riquezas materiales pueden explicar la posibilidad de la rica y diversificada civilización de la Florencia de los Médici, la Francia de Francisco I, la Alemania de Lutero o la Holanda de Erasmo, así como habían fundado la Atenas de Pericles y la Roma imperial.

La expansión del comercio requería una economía crematística en lugar del burdo trueque e intercambio de mercancías de la Alta Edad Media. Las minas alemanas daban riqueza en plata y América volcaba su áureo tesoro. Reyes y nobles se enriquecían; más aún los comerciantes.

La Iglesia, que había sido la conductora de la sociedad urbana, fue remplazada por la burguesía, la gran clase media.

La clase media, ya no era el servicio de Dios en el amor cristiano sino la prosperidad de la clase media lo que constituía el ideal de la sociedad.
Petrarca, que tenía 17 años a la muerte de Dante, escribe una ''Carta a la posteridad''
en pose autobiográfica. Lamenta haber nacido fuera de su tiempo: ''Entre los muchos
temas que me han interesado me he detenido especialmente en la Antigüedad, pues
nuestra época siempre me ha repelido de tal modo que, si no hubiera sido por el amor
de mis seres queridos, hubiera preferido haber nacido en cualquier otro periodo que
no fuera el nuestro. Para olvidarme de mi tiempo he tratado de ponerme
constantemente en el espíritu de otras épocas y, en consecuencia, me he gozado
en la historia.

Más allá de Cicerón, comenzaba a divisarse otro mundo, de ciudades como Florencia, donde los más amplios intereses humanos, en la ciencia y la filosofía, ocupaban un lugar secundario en torno al hombre como ciudadano.

Fue un día de gloria cuando el docto bizantino Crisolaras aceptó una cátedra en Florencia.
Petrarca
: El ascenso al monte Ventoux
Monte Ventoux, situado al sur de Francia.
San Agustín de Hipona (354-430 d.C.).
Francisco Petrarca.
El clima moral del Renacimiento
Desarrollo del espíritu humanista
El renacimiento de los siglos XII y XIII fue una resurrección espiritual más inequívoca,
si bien las fuerzas operantes en la Edad Media, que en el siglo XVI se revelaron como
destructoras del viejo orden, no produjeron una revolución fundamental en las formas
del pensamiento humano hasta los siglos XVII y XVIII. El periodo que vagamente llamamos
Renacimiento se caracteriza por la creciente prevalencia de actitudes e intereses que hasta
entonces había desempeñado un papel secundario en la vida de Europa occidental.

La época del Renacimiento y de la Reforma es, una época de compromiso.
Lo que tenían de mejor no podía durar; era el noble entusiasmo de la juventud, y lo que
se necesitaba era el duro y penoso trabajo de la madurez. Tampoco podía durar lo que tenía
de peor: el compromiso incongruente entre elementos incomprendidos, la tradición cristiana
y la concepción natural y pagana del mundo y de la vida.

Palacio de Versalles.
El crecimiento poblacional dio origen a la expansión urbana.
El humanismo medieval
Este interés en la humanidad en realidad había pervivido claro y lozano desde antes de que el cristianismo conquistara a los bárbaros. A través de la Baja Edad Media hubo una corriente de canciones vulgares que ensalzaban un franco goce de la vida y de sus placeres, tanto más libre en su exuberancia animal cuanto que vivían subrosa, por así decirlo, fuera del círculo. ¿Quién podría leer estas canciones de los clérigos errantes y creer que la época de las cruzadas estaba paralizada por un terrorífico miedo al Infierno?

En la corte del emperador Federico II, al mismo tiempo que San Francisco cantaba y mendigaba por tierras de Umbría, estos gozosos cantores vivían y se divertían en ambientes tan ricos, cultos y crueles como los de cualquier déspota renacentista.

Apenas se halla en Santo Tomás traza de ascetismo; toda su teoría de la carne y de sus
impulsos se inspira en el principio aristotélico de mantener la supremacía de la parte
más característica humana del hombre: la razón.

En verdad, desde el siglo XII en adelante esta actitud y estos intereses se volvieron cada vez más respetables, y el siglo XIII empalmó casi imperceptiblemente con lo que llamamos Renacimiento humanístico en un sentido más restringido.
En el arte encontramos los mismos caracteres que en la literatura; las primitivas vírgenes y santos de Chartres, con sus expresiones infantiles y beatíficas, se convierten en retratos realistas, y las convencionales madonnas bizantinas se transforman en jóvenes campesinas italianas.

Dante Alighieri.
La creación de Adán
(1510) de Miguel Ángel
Escena del
Decamerón
de Boccaccio (Botticcelli)
El nacimiento de la imprenta extendió la difusión del conocimiento.
Por primera vez surgían escuelas en las ciudades como lugares de aprendizaje para personas que no pertenecían al clero. Deventer en Holanda y San Pablo en Londres, entre otros. Príncipes y mercaderes rivalizaban entre sí como patronos, desde Alfonso de Nápoles, cuyo emblema era un libro abierto y que con reverencia había recibido un hueso de Tito Livio desde Venecia, hasta Lorenzo el Magnífico, banquero y amo de Florencia.
Lefevre d'Etaples llevó a Francia el nuevo saber en 1492. Colet lo condujo a Inglaterra y Reuchlin a Alemania.
El más grande de los apóstoles renacentistas, el holandés Erasmo, editaba la Biblia minando con sutiles estocadas el ideal y el sistema de la Edad Media.
L
a herencia de Grecia y Roma
El mundo ha pagado con creces y de incontables maneras el renacimiento del saber.

El platonismo del Renacimiento, si bien carecía de la plenitud vital del poeta griego y se perdía en las vaguedades del misticismo neoplatónico, de la astrología y de la magia, y de extrañas ciencias ocultas compuestas de ensueños árabes y judíos, por lo menos había vuelto a ganar su gozo en la belleza.
Fue también Platón quien dio nuevo prestigio a las matemáticas y así, por tortuosos caminos, llevó a Europa a retomar el hilo de la ciencia natural alejandrina.
La mayoría de los que veneraban la vida libre de Grecia clamaban románticamente por todos los goces y dolores de la experiencia humana.
Rebelión contra la ética cristiana
El más profundo y atrevido de todos los italianos, Lorenzo Valla, en su obra sobre ''La vida monástica'' niega todo valor al ascetismo y la santidad, y en su tratado ''Sobre el placer'' simpatiza con el epicúero que coloca el bien supremo en el placer sereno, declara que la prostitución es mejor que la monja en que la una hace feliz a los hombres mientras la otra vive en vergonzoso y fútil celibato, y llama irracional morir por la patria o por cualquier otro ideal. Aun el cristiano del diálogo sólo pospone la felicidad a la otra vida.
El espíritu humanista
Tres famosos aforismos atribuidos a italianos expresan muy bien este espíritu. “tú sigues objetos infinitos”, yo sigo lo finito Cossimo de Medicis, tu colocas tu escala en los cielos yo sobre la tierra para no buscar tan alto ni tan bajo, “si nosotros carecemos de religiosidad” Papa Julio II, ¿Por qué habíamos de impedir a otros que lo tengan?, “gocemos del papado León X, ahora que dios nos lo ha dado a nosotros.
Lucrecia Borgia (1480-1519)
Mona Lisa (1502)
Bajo los grandes papas del renacimiento
antes de que la reforma católica llevara a Roma y al norte de vuelta a la Edad Media, casi sabía que el nuevo saber, el nuevo arte, el nuevo amor por el pulso de la vida iba a cristianizarse y asimilarse en una síntesis aún más grandiosa que la que el gran siglo XIII había logrado.
Los italianos se rebelaron, en mil formas de la belleza contra la ética cristiana por puro deleite y cultivaron todos los impuestos naturales en sus bellas artes.

Leonardo estudiaba incesantemente
no la superficie sino el alma de las cosas buscando por todas las artes y las ciencias poner al descubierto la sonrisa vital de la MONA LISA.
Pero los pueblos nórdicos hallaron en la vida algo más que belleza por trágica que fuera, no siempre pudieron trasmutar cada gesto en un cuadro.
El múltiple y gigantesco Rabelais, monje y medico sabio prendido con las dos manos a la desbordante plenitud de la vida.

¡Por fin San Antonio había sido vengado!
Gargantua, su héroe, se salva de la estupidez monástica oculta bajo casuística lógica, aprendiendo todas las artes, todas las lenguas, todas las ciencias, todos los deportes cuantos conocimientos ha averiguado el ojo avizor de Rabelais.
Ya no había muros ni campanas que llaman a deberes ni frailes, ni monjas solo había mujeres hermosas y hombres apuestos, viviendo juntos en agradables compañía.
Guardan semejanza con el gusto rabelesiano por la vida en todas sus dimensiones, las telas pintadas para adornar los hogares de los fuertes comerciantes flamencos, verdaderas revelaciones del corazón burgués.

Ilustración de Gargantúa. Gustave Doré
Son propias de una gargantua, en realidad, las
dilatadas superficies de Rubens, en rojo y amarillo, donde se agolpan bellezas de Flandes desnudas y corpulentas, esforzándose desesperadamente par que su vigor de campesinas parezca voluptuosidad.
El renacimiento se había convertido en la ética, más puritina de la virtud de la clase media.
También el humanismo alemán siempre inclinado a olvidar el fin del enriquecimiento de la vida en su preocupación por medio ásperos y duros, deleitándose en las minucias de los aparatos encuentra su apropiada expresión en la inextinguible profusión de Alberto Durero.”Durero:”Creo que mientras más exacto y parecido al hombre es el cuadro, mejor es el trabajo.”

Durero también es democrático, no se contenta
con servir al déspota de alcurnia o al príncipe mercader como hacían los italianos.
La nueva apreciación de la vida humana, dio al norte algo más que el bullicio rabelesiano y la paciente seriedad germánica.
El holandés Rembrandt sabía mirar muy bien la vida objetivamente en su belleza y plenitud.
La tela de Shakespeare es tan ancha como la Rabelais e infinitamente más profunda.

El jardín del amor de Rubens
La esencia misma de la nueva valoración
de la vida se resume en medida por medida donde, a las reflexiones medievales del duque sobre la vanidad de la vida, Claudio en la prisión solo responde “Terrible cosa es morir”.
Shakespeare era demasiado artista, simpatizaba demasiado con el espíritu italiano para expresar verdaderamente todos los aspectos de las aspiraciones inglesas.
Este romanticismo, tan extraño al mundo antiguo e incomprensible a la mente italiana que prefiere el panorama y sin nubes de un modesto aspecto de la vida.
Christopher Marlowe intelectual cantabrigense desenfrenado e impetuoso muerto en una riña de taberna como le correspondía expresar en versos magníficos y grandilocuentes este amor por algo vital que es más que vida.

En la interioridad de estos hombres bulle una entera insatisfacción
y un constante anhelo de algunas cosas grandes y vagas que al ser aprehendido, se revela como poder.
El poder llega como facilidad pero si el entendimiento se despilfarra pronto en la puerilidad de los deseos de Fausto, que ha perdido su alma por mera voluptuosidad.
En verdad nuestra ciencia ha sido como demasiada frecuencia mera mágica, una magia negra que trae destrucción.
El monje se había retirado y su anhelo de perfección allende la vida cedió al deseo de la plenitud de la vida.

Corrientes divergentes del humanismo
Debemos hablar de unos aspectos diferentes de
nuevos espíritu más bien que de una sola y homogénea apetencia humanística.
El humanismo italiano se significaba algo más que una ruptura con el pasado, el norte, en cambio parecía retener el viejo espíritu.
La vida ofrecía al humanismo italiano esencialmente goce y creación; al alemán trabajo y autodisciplina.
El alemán se volvió más bien hacia la moral romana; la vida era una disciplina estoica, una tarea y una vocación.

Más prosaico que el italiano
no podía eliminar los diversos elementos y ver lo universal en la multiplicidad de símbolos: hay una gran diferencia entre la imaginación de los grandes pintores italianos y Durero, los holandeses y los flamencos.
Los humanistas nórdicos por estadios graduales pasaron de la fe medieval a un cosmopolitismo ilustrado y urbano.
Los primeros humanistas alemanes: Rudolf Agrícola, Rudolf von Langen y Alexander Hegius, rector de la famosa escuela de Deventer, eran discípulos de Tomas de Kempis, místico famoso y autor de la imitación de cristo.
Tocados por la erudición italiana, abandonaron la escolástica y trabajaron por una reforma de la educación sin criticar el sistema de la Iglesia.
Más radicales si bien menos sagaces y prudentes, eran los jóvenes como Crotus Rubianus y Ulrich von Hutten, cuya rebelión condujo naturalmente al movimiento de Lutero.

Modernidad y la tragedia de Erasmo
El espíritu moderno simpatiza con Erasmo, representante de ideales que, luego de haber permanecido marchitos por 200 años debido a la Reforma, florecieron finalmente en el naturalismo y humanitarismo del siglo XVII.
Erasmo era sin duda la encarnación del ideal humanista, tanto en sus defectos como en sus virtudes. Sus intereses reflejan las limitaciones de la actitud humanista.
Era el hombre más civilizado de su tiempo; tenía arraigada fe en que el hombre estaba destinado a ser animal racional.
Para Erasmo , los Evangelios y los griegos se mezclaban en una sola religión sin dogmas que consistía en una sencilla vida moral.
Erasmo concluyó su existencia como el humanismo en sentido estricto, fue desapareciendo gradualmente, rechazado tanto por los clérigos de antaño como por los nuevos profetas.
Cuando Voltaire recogió la pluma de Erasmo, tuvo a un poderoso aliado que el humanismo del Renacimiento no había conocido: la ciencia.
El ideal del
gentleman

El
gentleman
era el producto compuesto del caballero cortesano de la caballería idealizada y de las dotes artísticas y humanísticas de las ciudades comerciales.
La fascinación de una intensa vida social y las mayores entradas que lo eximían de remunerativos pillajes y correrías hacía a este señor muy atractivo ante sus compañeros.

En Italia había igualdad entre los ricos, los nobles y los que habían llegado por sus propios medios; para brillar se requería un brillo personal que casi desplazaba todo lo demás.
Miguel Ángel, Leonardo, pintores, escultores, arquitectos, poetas, ingenieros y pensadores.
La agricultura tenía la mayor importancia y el feudalismo se demoraba, el cortesano tenía las mayores probabilidades de ser el hombre universal.

Boyardo, ''caballero sin miedo y sin tacha'', era modelo de la corte francesa de Francisco I, patrón renacentista, en tanto que sir Phillip Sidney, ídolo del pueblo inglés, guerrero, poeta y alma verdaderamente noble, cedió su cantimplora a un soldado raso mientas se moría en el campo de batalla de Zutphen.
Este tipo pervive en el culto
gentleman
de la clase gobernante inglesa en vías de desaparición, como Lord Balfour.

Baldassare Castiglione, constituía un ejemplar perfecto, en
El libro del cortesano
da cuenta de las conversaciones sostenidas en el salón del duque de Urbino.

El cortesano debe ser hábil en el ejercicio varonil del cuerpo y de las armas, más bien con gracia que con mera fuerza; debe ser poeta, músico y cumplido lingüista.
Frugalidad y laboriosidad, virtudes de la nueva ética.
La nueva concepción de la dignidad de una sociedad humana, en la que las profesiones son intrínsecamente buenas, y la frugalidad, la laboriosidad y el trabajo productivo.
Es fruto natural del connubio de la sociedad artesana medieval interpretada con el espíritu de contenida sobriedad, propio de los alemanes, y la creciente complejidad y riqueza de la vida económica.
El corazón del norte se halla en sus negocios cotidianos.
La Reforma protestante en manos de Lutero y de sus camaradas en modo alguno era un movimiento que buscara elevar el nivel moral de la sociedad. Sus primero resultados fueron de evidente degradación y sordidez.
Ideas de Lutero, baste señalar aquí que sus creencias religiosas eran una reacción medieval que se remontaba hasta los detalles literales del drama cristiano.
Los protestantes que creían que la salvación era cosa puramente religiosa y amoral y no se preocupaban en absoluto por el perfeccionamiento ético del hombre.
La religión se convirtió en algo especial y separado, no era un espíritu que llenara la totalidad de vida.
La Fe venía de Dios y no del hombre. Los hombres que creían realmente en Dios, creían que la moral era lo supremo del universo, y servían a la bondad de Dios no por ninguna finalidad egoísta de escapar al infierno o ganar el cielo, sin por puro amor de la naturaleza divina.
Creía con Lutero en ''la libertad del hombre cristiano''; su ética se basaba en la profunda intuición psicológica de que la vida más noble debe nacer de ''la confianza en vez del temor , de la libertad en vez de la esclavitud, de la gratitud en vez del deseo de recompensa, del amor por los demás en vez del pensamiento egoísta''.
Para Lutero la vida de semejante hombre, llena del sentido de un Dios vivo, será superlativamente desinteresada.
El hombre que tiene Fe en Dios no puede dejar de hacer bien porque la vida cristiana es el fruto necesario de la salvación, no su medio.
''Donde no aparecen obras y amor no hay Fe.'' Si la Fe es Fe verdadera y no meramente una declaración hipócrita, consiste en un impulso que lleva a imitar a su objeto, a ser igual a Cristo.
Lutero libera al hombre de todo sistema moral teológico o sobrenatural. Para él la ética no es ya una píldora dorada sino la piedra de toque de la religión.
Lutero tenía confianza y rehusaba abreviar su libertad cristiana, Calvino y sus secuaces buscaron tímidamente la letra de las Escrituras para sacar de aquí prescripciones de deberes y convirtieron el ideal libre y natural del reformador alemán en una teocracia puritana.
Martín Lutero impulsó la Reforma protestante
Erasmo de Rotterdam.
Voltaire, principal seguidor de Erasmo.
Juan Calvino.
La religión pasó a segundo plano en la actividad humana.
William Shakespeare.
Full transcript