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La misericordia desde Francisco de Asís

Para la familia franciscana de Colombia

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Transcript of La misericordia desde Francisco de Asís

“… Y practiqué con ellos la Misericordia”
Dios tiene misericordia con nosotros
Una persona es dura y se mantiene inaccesible a quien ha sido culpable, si en vez de estar dispuesto a perdonar se aferra a sus propios derechos, quiere decirse que está centrado sobre él mismo, en su EGO.

Todavía sigue sometido a ese egoísmo que tiene por centro a su amado «yo». En un hombre así no puede desplegarse el amor que proviene de Dios y que nos ha sido dado para que llegue a los demás a través de nosotros. Los hombres endurecidos son “impedimento en ellos y en los otros para la caridad” (RB 7,3). Y el hombre egoísta, que no tiene ninguna misericordia, está excluido del amor de Dios. Por tanto, ya no forma parte del Reino de Dios.
Omnipotente, eterno, justo y
misericordioso
Dios, concédenos por ti mismo a nosotros,
míseros
, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purificados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo, que en perfecta Trinidad y en simple Unidad vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Los «jeroglíficos» allí mencionados, ilustración de las obras de misericordia, pueden identificarse con los seis cuadros de Murillo que, según las descripciones de Antonio Ponz y Juan Agustín Ceán Bermúdez, colgaban de los muros de la nave de la iglesia por debajo de la cornisa, formando otra de las series capitales de la etapa madura del pintor. Cuatro de ellos fueron robados por el mariscal Soult durante la guerra de Independencia y se encuentran actualmente dispersos en diferentes museos, conservándose en su lugar únicamente los dos mayores, de formato apaisado, que se situaban en el crucero. Sus asuntos, relacionado cada uno de ellos con una obra de misericordia, son: La curación del paralítico (Londres, National Gallery), visitar a los enfermos; San Pedro liberado por el ángel (San Petersburgo, Museo del Hermitage), redimir a los cautivos; Multiplicación de los panes y los peces, in situ, dar de comer al hambriento; El regreso del hijo pródigo (Washington, National Gallery of Art), vestir al desnudo; Abraham y los tres ángeles (Ottawa, National Gallery), dar posada al peregrino; y Moisés haciendo brotar el agua de la roca de Horeb, in situ, dar de beber al sediento. A propósito de ellos comentaba Ceán Bermúdez:
Experiencia de Dios
Una trampa no menos peligrosa es la de quedarnos en las expresiones de la propia religión, sin avanzar en una experiencia personal de Dios. En el caso extremo, significaría la reducción de la fe al cumplimiento o a la pertenencia institucional. Pero, en cualquiera de los casos, supondría una desviación hacia la exterioridad y, por tanto, un empobrecimiento tanto de la persona como de la experiencia creyente. Un gran observador de estos fenómenos lo ha expresado bien:
“Por más cultos, creencias, sacrificios y pertenencia a instituciones religiosas que haya en la vida de una persona, esta persona sólo ha comenzado a vivir efectivamente su religión, a actualizar su dimensión teologal, cuando la ha ejercido en algún tipo de experiencia personal... Lo esencial... es la toma de conciencia de ese plus de realidad que habita al hombre, el reconocimiento práctico de su valor por encima de todos los demás valores y el consentimiento efectivo a la “atracción” que ejerce sobre nosotros” (Juan Martín Velasco El hombre y la religión, PPC, Madrid 2002, p. 181)
QUE ES LA MISERICORDIA?


Cómo Francisco descubrió y se dejó fascinar de Dios, también nosotros tratemos de descubrir
“¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío?.
“Los que han experimentado esto, saben de qué hablo. Y los que no, pidan tener esa experiencia y entonces lo sabrán”.

Muy interesante el tema........ verdad?
Es un buen momento para hacerse algunas preguntas
Cultivar el tercer ojo
, para que éste no permanezca ciego. Estar fuera del paraíso es exactamente esto: no percibir ya la Presencia divina que me habita, carecer del órgano capaz de experimentar, de ver a Dios.
Ir hacia lo profundo: "Al ápice del alma" Santa Teresa

La admonición 27, 6.



El Testamento (1-3)

Para experimentar necesitamos cultiva la vida interior,
Alguien que vive despierto, atento, es decir, llega a un estado contemplativo,
Ser capaz de darse cuenta de la naturaleza divina que hay en sí mismo, que no es otra cosa que la Presencia Originante,
Esa Presencia nos llevará a actuar con misericordia, más bien con compasión y por tanto se convierte en un ser capaz de ayudar a otros,
Una persona despierta, es aquella que puede contemplar todas las cosas, empezando por ver reflejados los rayos de la luna en el agua, esa contemplación le llevará a generar un amor que es plácido, sin apegos, sin juicios, sin condenas, es capaz de llevar una luz en su entorno, una amor que nunca muere.


¡Cuánto curan esas miradas!
A que nos impulsa la Iglesia en este Año de la Misericordia o de Jubileo?
"¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, como también yo tuve misericordia de ti?" (Mt 18,33).
En cambio, cualquier inmoderación y todo endurecimiento impiden ese amor, impiden y ponen en peligro el Reino de Dios en nosotros.
El discernimiento no se aparta del deseo de Dios. Cuando no existe esta justa medida, pueden actuar a rienda suelta el capricho y la terquedad del hombre. Y entonces el hombre se busca a sí mismo, no busca a Dios. Se entrega a su amor propio, en vez de entregarse a "la caridad que es Dios" (1CtaF II,19). En cierto modo gira en torno a sí mismo. Por eso la misericordia y el discernimiento forman parte del auténtico amor en el Reino de Dios, que es reflejo del amor de Dios.
En esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, pregúntale tú si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí por esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos. (CtaM 9-11)
MIRAR CON LOS OJOS DE JESUS
“Amar a nuestros prójimos” no puede ser sólo fruto de un corazón muy generoso, capaz de eso. Se trata más bien de un amor que nace de Dios o, de un corazón puro, como lo expone el mismo Francisco en la admonición 16:

Veamos este hermoso video de Roberto Rossellini
En el Testamento
entregar en fisico
Y también alcanzado por esa intuición creyente por la cual el amor crece, muchas veces, precisamente cuando se encuentra con aquello que resulta obstáculo para nosotros.
En la Carta a un ministro 10 y 11.

La clave nos la da el mismo Francisco:

Que en nuestros ojos se halle la misericordia. Que entendamos por dentro que hay muchas personas heridas que actúan desde su herida; que hay personas que en un momento dado de su vida decidieron ya no sufrir más, y se les cerró la sensibilidad; que hay personas llenas de complejos que reaccionan con agresividad y dureza; que hay mucha comparación en la que uno se humilla o humilla
Dice el Señor en el Evangelio: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo; El que quiera salvar su vida, la perderá. (Adm. 3, 1)
Dios ha creado al hombre con tres ojos: uno corporal (“oculus carnis”, ojo empírico, con el que vemos la realidad sensible), otro racional (“oculus rationis”, ojo de la mente, con el que percibimos la realidad que me revela la razón) y un tercero, el ojo de la contemplación (“oculus fidei”, ojo del espíritu u ojo de la fe, que nos lleva a la visión religiosa y mística). Al salir del paraíso quedó debilitado el primero, perturbado el segundo y ciego el tercero; si no se cultiva el tercer ojo, éste permanecerá ciego. Estar fuera del paraíso es exactamente esto: no percibir ya la Presencia Divina, carecer del órgano capaz de experimentar, de ‘ver’ a Dios. Es el tercer ojo el que nos distingue de los demás seres vivos, permitiéndonos el acceso a una dimensión de la realidad que trasciende lo que capta la inteligencia y los sentidos. Porque la espiritualidad le da a la cultura el último sentido que necesita. La cultura occidental, que ha desarrollado preponderantemente el ojo de la razón, sufre ahora de un modo especial la ceguera del tercer ojo, el órgano capaz de experimentar a Dios.
“Pureza del corazón”
Para ver el rostro de Dios hay que ser transparente a la luz

Lo que exige purificar nuestras miradas, no sea que miremos y no veamos, oigamos y no escuchemos. Porque la representación de lo sagrado solo se "presenta" a quien está presente a si mismo.

Solamente de esta manera, cuando la mirada es limpia, cuando el rostro que se ve con los ojos se comprende limpiamente con la mente y se intuye con el espíritu.
La misericordia de la que habla San Francisco
Nace ni de la ingenuidad ni del voluntarismo. Nace de fuentes más hondas y eso es lo que la hace creíble para nosotros. Nace si somos sus madres, llevándolo en el corazón y en nuestro cuerpo por el amor divino y por una conciencia pura y sincera, y lo damos a luz por las obras santas. (Cfr. 1CtaF )
Video 1.
El Jubileo del 2016 (Papa Francisco)
¿Estamos dispuestos a renunciar a todo por el Señor? Francisco “solía decir que no ha dejado todas las cosas por el Señor quien se reserva la bolsa del juicio propio” (2 Cel 140). Renunciar a toda posesión exterior puede resultar fácil, y más fácil todavía en nuestras fraternidades que aspiran a ello. Pero renunciar a uno mismo (EGO), negarse a uno mismo, día a día, a lo largo de toda la vida, siempre y en todas partes, es difícil y resulta cada vez más difícil conforme vamos entrando en años. Ofrecerse a sí mismo en la oración “Hágase tu voluntad”, es de una importancia decisiva para la venida del Reino de Dios. Y eso se realiza en la obediencia. ¿Estamos dispuestos a ello?
Desde la admonición 27, 6
La misericordia ha de estar abierta a todos y a todo, incluso a las faltas y culpas de los demás: “¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, como también yo tuve misericordia de ti?” (Mt 18,33). Así lo exige Dios, que es el rey en su reino. Por eso el comportarnos mutuamente con misericordia es una ley básica del Reino de Dios, aunque el prójimo sea realmente culpable: “Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma” (Ef 5,1-2). En relación con este amor misericordioso de Dios a nosotros, pecadores.


La misericordia es la disposición a tener compasión de las tribulaciones y
miserias ajenas
. Es más que un sentimiento de simpatía =
sym-patía
(en griego),
en la que suscitando un amor eficaz, crea fraternidad y comunión.

La misericordia es también enternecerse y conmoverse en las entrañas (splagchmizomai) un
sentimiento de pena
o compasión por los que sufren,
que impulsa a ayudarlos
o aliviarles en sus necesidades.
Su etimología, del latín
misere
(miseria, necesidad), cor,
cordis
(corazón) e
ia
(hacia los demás); significa tener un corazón solidario con aquellos que tienen necesidad.

¿
Qué me hace misericordioso como el Padre
? Aquello que te hace más compasivo, más amoroso, más sensible, más desapegado, más humanitario, más responsable, más ético. (
Theo-patico
)
Vamos a este
atributo divino,
desde la perspectiva Franciscana
“El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, el comenzar de este modo a hacer penitencia: pues, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos”. Tes 1.
Cual es el Evangelio de la Misericordia?
Parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37),

"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)

Pasaje del Buen Ladrón

"No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan" (Lc 5,31)

"Sed misericordiosos como el Padre es misericordioso" (Lc 6,26).

La conversión de Zaqueo (Lc 19,1-10), Parábola del Hijo Prodigo, Parábola de la oveja perdida y Parábola de la moneda perdida.

Pedro y le preguntó:
—Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces?
Le contestó Jesús:
—No te digo hasta siete veces, sino has ta setenta veces siete.
Cual es el evangelio de la misericordia?
Con esta palabra designa Francisco la actitud que impulsa al hombre a mantenerse atento en todo a la voluntad de Dios y le permite tomar sus decisiones según la voluntad de Dios, teniendo en cuenta todas las circunstancias y no un simple punto de vista. Esta actitud, ajustada a la medida de Dios, no exagera unilateralmente ni en determinadas prácticas de piedad ni en una complacencia excesiva (que puede darse sobre todo respeto a uno mismo), ni de ningún otro modo.
La carta nos muestra:
“Dichosos los que tienen el corazón limpio, porque ellos verán a Dios”

Los padres de la Iglesia nos dicen: Gregorio Nacianceno: “[Hablar de Dios] es de los que han purificado alma y cuerpo, o mejor, de los que lo están purificando. Porque tocar la pureza sin ser puro puede resultar peligroso”. Y en Gregorio Niseno: “El camino que lleva a este conocimiento [de Dios] es la pureza… en alma y cuerpo… Es necesario que aparezcamos puros ante aquel que ve en lo secreto”


Misericordiae Vultus
BULA DE CONVOCACIÓN
DEL JUBILEO
EXTRAORDINARIO
DE LA MISERICORDIA
Donde hay misericordia y discernimiento,
allí no hay superfluidad ni endurecimiento


Si no buscara misericordia, pregúntale tú si quiere misericordia. Y, si mil veces volviera a pecar ante tus propios ojos, ámalo más que a mí, para atraerlo al Señor; y ten siempre misericordia de los tales.
El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, el comenzar de este modo a hacer penitencia: pues, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos; pero el Señor mismo me llevó entre ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y, después de un poco de tiempo, salí del mundo.
La llamada no se limita únicamente a una invitación a enmendarse o a seguir una conducta por sentido moral. Es más bien, la invitación a reconocer el amor incondicional de Dios hacia nosotros, a proclamar ese amor por medio de “obras santas”.


Entendida de esta manera, la conversión significa no sólo la renuncia a aquello que nos esclaviza, sino y sobre todo, es la experiencia trascendental de la inevitable fascinación del Dios que es todo Bien, el único Bueno.
Hacer con el otro, lo que Dios ha hecho conmigo
Experiencia de Dios
“No hay mayor regalo que abrir o los demás el camino para que puedan llegar a experimentar más íntimamente el amor de Dios, (B. Pennington).
Dios: ¿palabra, idea, imagen... o experiencia? ¿Quién es Dios para mí? ¿Qué queremos decir cuando decimos “Dios”? ¿Cómo entrar en relación con Él? ¿Podemos experimentarlo? ¿Cómo abrirnos a la experiencia de El en nosotros? ¿Cómo ayudar a otros en esa búsqueda y en ese proceso? Son interrogantes que nos tenemos que plantear si queremos practicar la misericordia.
“Donde hay misericordia y discernimiento, allí no hay superfluidad ni endurecimiento”.
La Adm 27, que es un cántico de alabanza a las virtudes, empieza hablando de la caridad y termina con una palabra que se refiere a una actitud llena de amor y en la que manifiestamente se relacionan la misericordia y el endurecimiento, por una parte, y el discernimiento y la superfluidad por otra. La misericordia y el discernimiento verdaderos, el verdadero don del discernimiento, forman parte del amor auténtico, de la caridad que es amor de Dios.

También debemos nosotros tratarnos mutuamente con misericordia.


EL ADORADO "YO"
¡Fijémonos también en la discreción y la superfluidad, el segundo punto de esta máxima de san Francisco! A la virtud contraria al vicio de la superfluidad Francisco la denomina “discretio”, discreción, que puede traducirse por “discernimiento”, “moderación”, “indulgencia”.
Carta a un ministro
Con fuerza el corazón de Francisco, un corazón alcanzado por el Evangelio, es decir, alcanzado por la Gracia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,8).
Son verdaderamente limpios de corazón los que desprecian las cosas terrenas, buscan las celestiales y nunca dejan de adorar y contemplar al Señor Dios vivo y verdadero (1Tes 1,9) con corazón y alma limpios.
El camino adecuado para experimentar a Dios requiere la pureza de corazón que que consiste en el silencio interior.
Silencio Interior
Cerebelo: Cuerpo: Quietud y meditación: Ecuanimidad
Sistema límbico: Voluntad, Emociones, apegos
Neocortes: Intelecto, la razón (loca de la casa)
Francisco nos indica que hay una posibilidad inédita: la de que ese/a hermano/a difícil se convierta en el “obstáculo” que Dios ha querido ponernos delante para que aprendamos a ser misiricordiosos. Amar gratuitamente, sin juicios, sin condenas. Amar contra corriente, como nos enseña el Evangelio.
En alabanza de Cristo y de su siervo Francisco
Amén
Vayan y practiquen con ellos la Misericordia
El reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda.

Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogba le decía: ¡Págame lo que me debes! Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.

Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste! ¿No tenías tú que tener compasión (splagchmizomai) de tu compañero como yo la tuve de ti? E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.
Parábola de la misericordia
Mateo 18, 23- 35
Ojo a los ojos
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