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INTRODUCCIÓN AL CONCILIO VATICANO II

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Wilson Fredy Ramos Sarmiento

on 21 February 2013

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Transcript of INTRODUCCIÓN AL CONCILIO VATICANO II

EL CONCILIO VATICANO II AÑO DE LA FE «El Concilio Ecuménico XXI quiere transmitir la doctrina católica pura e íntegramente, sin atenuaciones ni deformaciones, [...]. Deber nuestro no es sólo estudiar ese precioso tesoro, como si únicamente nos preocupara su antigüedad, sino dedicarnos también, con diligencia y sin temor, a la labor que exige nuestro tiempo, prosiguiendo el camino que recorre la Iglesia desde hace veinte siglos [...]. Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga según las exigencias de nuestro tiempo»
Juan XXIII He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[9]. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia» (Porta Fidei 5) ¡La realización del Concilio fue una proeza! AGGIORNAMENTO

Novedad en la continuidad, es decir, La doctrina de la fe cambia, por tanto, pero para permanece fiel a sí misma PROGRESISTAS

Novedad respecto al pasado TRADICIONALISTAS

continuidad con el pasado Un ejemplo banal, pero indicativo, es el de la lengua. Jesús hablaba la lengua de su tiempo; no el hebreo, que era la lengua noble y de las Escrituras (¡el latín del tiempo!), sino el arameo hablado por la gente. La fidelidad a este dato inicial no podía consistir, y no consistió, en seguir hablando en arameo a todos los futuros oyentes del Evangelio, sino en hablar griego a los griegos, latín a los latinos, armenio a los armenios, copto a los coptos, y así siguiendo hasta nuestros días. A medida que progresaban los trabajos y las sesiones del Concilio, se delinearon dos facciones opuestas según que, de las dos necesidades expresadas por el Papa, se acentuara la primera o la segunda: es decir, la continuidad con el pasado, o la novedad respecto de éste. En el seno de estos últimos, la palabra aggiornamento terminó siendo sustituida por la palabra ruptura. Pero con un espíritu y con intenciones muy diferentes, dependiendo de su orientación. Para el ala llamada progresista, se trataba de una conquista que había que saludar con entusiasmo; para el frente opuesto, se trataba de una tragedia para toda la Iglesia. Introducción 2540 Padres Conciliares
4 sesiones
16 documentos La Iglesia experimentaba un alejamiento progresivo de los necesitados y en algunos ambientes se decía: "La Iglesia es para los ricos". Muchos querían que se acercara al mundo moderno.
El siglo XX había avanzado más de prisa que la Iglesia debido al fascismo, el comunismo y el capitalismo que junto con el progreso estaban haciendo pedazos la ética y la moral.
Juan XXIII solo tres meses después de su elección convoca un Concilio no para condenar una heregía sino para que la Iglesia esté de acuerdo con su tiempo y responda al declive de la fe en el mundo.
Abbé Godin sacerdote francés publica en 1943 el libro "Francia tierra de misión" donde hace un análisis del alejamiento de la clase obrera del cristianismo y propone soluciones.
Había unas claras ideas hostiles hacia la Iglesia, incluso se extendió un certificado llamado bautismo rojo en el que se comprometían a que nadie fuera católico.
El Concilio tuvo sus promotores y detractores pero Juan XXIII logró reunirlo el 11 de octubre de 1962.
Se reunieron 400 obispos europeos, 750 americanos y 350 asiáticos y 200 africanos. Pablo VI hace un viaje a Tierra Santa y se reúne con el patriarca Atenágoras reafirmando la dispocisión ecuménica del Concilio entre católicos y ortodoxos tras nueve siglos de condenas mutuas. En el verano de 1962 el entonces el profesor de Teología Fundamental en la Universidad de Bonn Joseph Ratzinger -hoy papa Benedicto XVI- se convirtió además en teólogo del arzobispo de Colonia Joseph Frings, miembro de la Comisión preparatoria central del Concilio Vaticano II.
Benedicto XVI tuvo acceso gracias al encargo del arzobispo de Colonia a los esquemas de los textos que ya habían trabajado las comisiones preparatorias y que habrían sido discutidos y aprobados en el Concilio.
Participó al lado de Henri de Lubac, Hans Urs Von Balthasar, Jean Danielou, Yves Congar, Karl Rahner entre otros.
Es el último de los peritos conciliares que está entre nosotros y nos quiere dar a entender que la generación que hizo el concilio le entrega en herencia a la nueva generación esta gran y profunda reforma de la Iglesia para que se encargue de hacerla realidad. El movimiento litúrgico, bíblico y ecuménico y una fuerte religiosidad mariana configuraron el clima espiritual que, en el Concilio, dio frutos para toda la Iglesia
"Se ha llamado al siglo en el que vivimos el siglo de la Iglesia; podríamos llamarlo también el siglo litúrgico y sacramental".
La Iglesia, la liturgia y los sacramentos, inseparables de la Palabra de Dios, constituyeron las premisas del Concilio.
"El movimiento litúrgico, el movimiento bíblico y ecuménico y, por último, una fuerte religiosidad mariana configuraron un nuevo clima espiritual en el que floreció también una nueva teología que, en el Vaticano II, dio frutos para toda la Iglesia"
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