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El 900

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Jimena Nuñez

on 1 April 2013

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Transcript of El 900

Calles de moda y paseos En el siglo XIX era la calle 25 de mayo el lugar indiscutido para pasear.

Pero en el 900 el paseo “chic” para “ellas” era “mirar vidrieras” por Sarandí. Los muchachos se instalaban en la puerta del Club Uruguay para saludarlas respetuosamente y admirar sus bellezas. Todo ello de acuerdo a códigos muy estrictos: la high life transitaba por la vereda norte y el pueblo por la vereda sur.

Los fines de semana los paseos se hacían en lugares más apartados: el Prado, el Parque Rodó o el recién inaugurado parque de Villa Dolores.

Las familias “bien” pasaban el verano en sus casas-quintas del Prado pero las playas ya ganaban muchos adeptos entre los montevideanos. Lo importante no era el baño en el mar sino pasearse por la arena, escuchar la banda de música, saludar a las amistades e intentar acercamientos amorosos fugaces ante la atenta mirada de padres vigilantes. Un país de prosperidad frágil A la suba constante en los precios de nuestros productos exportables se sumó luego la demanda creciente provocada por la Primera Guerra Mundial. Además de exportar los tradicionales cueros y lanas, se sumaban las carnes congeladas procesadas en los frigoríficos instalados en el país en los primeros años del siglo XX. el 900 La vida cultural Una espectacular eclosión a nivel cultural caracteriza a esta época.

Las nuevas modas, las críticas a la sociedad, llevaron a una efervescencia cultural poco antes vista. Los poetas se juntaban en cafés literarios, en cenáculos, en “La torre de los Panoramas” o en el "Consistorio del Gay Saber" y compartían sus creaciones.

Escribían en folletines, en columnas de periódicos, se insultaban y debatían con altura, hasta que ya no podía sostenerse y entonces podían llegar al duelo. Y a veces eso sólo empezaba por una simple apreciación de la poesía del otro. La generación del 900 Uruguay a principios del siglo XX El contexto internacional nos favorecía Los riesgos de una dependencia excesiva Esta prosperidad era frágil porque se apoyaba en múltiples condicionantes internacionales que escapaban totalmente a nuestro control. Si una crisis afectaba a los mercados consumidores o surgía un competidor imprevisto, nuestra principal fuente de ingresos se vería seriamente amenazada. La sociedad del 900 Las características de nuestra población Hacia 1908 nuestra población ascendía a un millón de habitantes. De ellos unos 300.000 vivían en Montevideo. Uno de cada cuatro habitantes de Montevideo era extranjero.

La sociedad se conformaba en base a la existencia de tres clases sociales: una clase alta o conservadora, una incipiente clase media y una clase popular que era la mayoritaria. Poco más de un 40% de la población de Montevideo puede ubicarse en esa categoría, bastante ambigua.

Algunos de los rasgos distintivos del sector: el acceso limitado pero real a cierto confort y nivel de vida (educación media y hasta superior, posesión de sirvientes, residencia en el casco urbano, viviendas con servicio de agua y luz eléctrica); la dependencia de un sueldo, nunca de un jornal (que implica trabajo manual); o la independencia dada por la posesión de una industria, taller o comercio familiar. Y, por encima de todo, la expectativa de “progresar”, alentada por una situación en el país que abre posibilidades ciertas de ascenso social. Las llamadas “clases medias” Mientras en 1876 el 80% de la población uruguaya era analfabeta, en 1908 ese porcentaje se había reducido al 40%. En 1902 había 300 alumnos inscriptos en la Enseñanza Secundaria, en 1916 hay 3.300. Esta “revolución cultural” significaba la posibilidad de soñar, y muchas veces concretar, el deseado título profesional, que junto con un matrimonio conveniente o un golpe de suerte, podía funcionar como trampolín para ingresar al círculo de los privilegiados. El salto de la instrucción Más de un 50% de la población montevideana no podía ni soñar con esas expectativas. Eran las clases populares integradas por obreros, artesanos, soldados rasos, inmigrantes muy pobres, parias expulsados del campo alambrado. Algunos se refugiaban en modestísimas viviendas cercas de los talleres, frigoríficos o curtiembres para ahorrar transporte; los que trabajaban en el centro vivían en conventillos. Allí se compartían los servicios generales, se alojaba un promedio de 3 personas por pieza en la que se dormía, se cocinaba y se tendía la ropa. En sus patios se darán interacciones peculiares entre criollos e inmigrantes. Las clases populares La mitad de la clase popular era integrada por obreros. De esos obreros, 12% son mujeres y el 4,5% son menores de 15 años. Había niños de 7 años trabajando 10 horas diarias en fábricas de tabaco.

Aunque en la primera década del siglo la movilización obrera logró importantes conquistas relativas a la jornada de trabajo, es imposible no mencionar las inhumanas condiciones de trabajo de aquellos obreros. El trabajo obrero
Las condiciones de vida y de trabajo insufribles, sumadas a la influencia de inmigrantes europeos familiarizados con el anarco sindicalismo, determinaron que el movimiento sindical se consolidara a fines del siglo XIX. El incipiente movimiento obrero Un sector importante de la intelectualidad uruguaya se adhirió a la doctrina anarquista.

Nombres como Florencio Sánchez, Roberto de las Carreras, Ángel Falco y también mujeres, como María Collazo y Juana Buela, descreyeron de la política tradicional, proclamaron los derechos del amor libre y arrojaron bombas incendiarias sobre el conjunto de prejuicios, mentiras e inquietudes que -decían- forman la monstruosa sociedad capitalista... Intelectuales y mujeres anarquistas Conformadas por latifundistas y propietarios de tierras, grandes comerciantes, así como por profesionales dedicados a la política; debido a la propia organización electoral (sufragio censitario, exclusiones al voto), tenían en sus manos las decisiones políticas.

Conformaban, sin embargo, solo el 4,5% de la población montevideana. Esta nueva oligarquía reunió oro y apellidos ilustres y protagonizó nuestra “Belle Epoque” que, a pesar de ser un pálido reflejo de la europea, significó para nuestra ciudad la síntesis de los nuevos tiempos. Las “clases conservadoras” Mencionar alguna de las novedades que se integraron a la vida cotidiana del 900 (o al menos de las clases sociales que sí podían acceder), nos permiten comprender el impacto que provocaron en la mentalidad de la época:

Tranvías eléctricos, automóviles, ascensores, edificios de apartamentos, la difusión del water-closet y del baño con bañera (que introdujo hábitos higiénicos desconocidos hasta el momento), la generalización del teléfono, la difusión masiva de la prensa, las grandes tiendas, el cine, los deportes, la cámara de fotos doméstica. La vida cotidiana Un mundo de novedades La sociedad del 900 tenía una mentalidad prejuiciosa, tremendamente represora y puritana.

El control de la natalidad tenía gran influencia en esa forma de pensar y vivir las relaciones amorosas. El país ya no necesitaba de tanta mano de obra por lo que la familia no tenía que ser tan numerosa como a finales del siglo XIX.
Ahora la mujer no se casa a los 15 y tiene hasta 10 hijos, porque resulta disfuncional a la economía de un país que, además, ha recibido mucha inmigración desde Europa. La moralidad represiva y la fecundidad La mujer aparece exaltada en su virginidad y pureza y se teme su faceta sexual: el historiador Barrán llama a este fenómenos “la diabolización de la mujer, concepción basada en la idea de que su sexualidad podía poner en discusión el poder del hombre, su autoestima y a la vez su estima social’’.

Por lo tanto ella debía mostrarse obediente, económica, casta, decente, modesta, el deseo sexual no le pertenecía. El vicio- placer les estaba reservado a las prostitutas y serían los hombres libertinos los responsables de despertarlo, ya que de por sí la mujer era pudorosa y recatada” La mujer Las práctica anticonceptivas no están demasiado difundidas además de que no cuentan con el aval de una religión aún muy presente en la vida de los uruguayos.

Se aplica el método más brutal: la abstinencia y una espera más larga para casarse.

Ahora la mujer se casa más cerca de los 26, mientras ella preparara sajuar,u él va forjando una mejor posición para mantenerla. Los servicios de sala donde los novios se veían pero no se tocaban podían durar de 5 a 8 años. Los largos noviazgos La muerte de Delmira Agustini en 1914 era un símbolo trágico de los prejuicios de la época. Por esos mismos años, irrumpe el movimiento feminista y la mujer uruguaya comienza a luchar por sus derechos, tanto políticos y sociales como estéticos. Paulina Luisi fue la primera mujer en egresar de la Facultad de Medicina en 1908. La novedad del feminismo De esta generación podemos rescatar algunos nombres muy conocidos: en la narrativa a Quiroga y a Vianna. En la lírica a Delmira, María Eugenia Vaz Ferreira, Julio Herrera y Reissig y Roberto de las Carreras. En dramática a Florencio Sánchez. Y en el ensayo a Rodó y a Carlos Vaz Ferreira.

Los jóvenes del 900 fueron altamente influidos por el Modernismo, una corriente americana que promulgaba los avances de la tecnología y la ciencia, el amor y la libertad política y cultural. El Modernismo se caracteriza por el refinamiento verbal, el pesimismo, la exaltación de la sensibilidad, la rebeldía y el culto a la belleza. Otras de las corrientes influyentes en la Generación del 900, son el Decadentismo y el Dandysmo, que promueven el exceso, lo insólito, lo degenerado y lo asombroso. El dandy es un retador, un provocador, que intenta diferenciarse de la sociedad y encuentra en la literatura un escenario propicio para manifestarse. El Dandy Características de esta generación Salvo Horacio Quiroga y Javier de Viana, todos nacieron en Montevideo.

Excepto Carlos Vaz Ferreira, ninguno de ellos tuvo una formación universitaria: fueron autodidactas.
Todos participaron, en mayor o menor grado, del Modernismo.

Predominó en ellos un espíritu de revisión de los valores morales, políticos y literarios. Asumieron posturas diferentes con respecto a la realidad en la que vivían, dividiéndose en dos grupos: los comprometidos y los torremarfilistas.

Los comprometidos se interesaron por la realidad cotidiana en la que se encontraban insertos, denunciando algunos de sus aspectos negativos. (Ej: Florencio Sánchez).

Los torremarfilistas se evadieron de la realidad, creando su propio mundo ficcional. (Ej: Julio Herrera y Reissig). Fuentes Alfaro, Milita; Bai, Carlos. Bases de la historia uruguaya. Fascículo 5. Batlle, el reformismo y sus límites. Montevideo, Ediciones Las Bases, 1986. (los textos pertenecen en su mayoría a esta publicación)
Martínez Moreno, Carlos. “El aura del novecientos”. Tomo 11 de Capítulo Oriental. Montevideo: Centro Editor de América Latina, 1968.
Rodríguez Monegal, Emir. “La generación del 900”. Revista Número. 6-7-8 (1950). Montevideo.
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