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MUJER Y TAXISTA, anécdotas

Presentación del libro, obra social
by

Transporte Sostenible

on 31 May 2013

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Transcript of MUJER Y TAXISTA, anécdotas

¡Gracias! MUJER Y TAXISTA,
anécdotas Llevaba yo 15 días, más o menos, trabajando en el taxi. Iba tranquila y disfrutando de mi cochecito, cuando me salta un servicio de emisora.
El servicio decía que tenía que recoger a un señor invidente. Me eché a temblar. Estos servicios para mi eran un poco delicados porque, para recoger, tienes que acercarte lo máximo posible al cliente, dejando la manilla de la puerta lo más cerca posible de la mano del señor.
Recogí sin mayor problema.
-Lléveme al ambulatorio- me dijo-, que está al lado de la comisaría de policía.
El hombre no recordaba el nombre de la calle.
-¡Madre mía! Estoy empezando y si no me dice el nombre no puedo meter los datos en el GPS- le dije sobresaltada.
-No se preocupe mujer, que yo la guío- me dijo muy tranquilo el señor.
... INVIDENTE GUÍA A TAXISTA 62 Anécdotas -Historias reales- de
24 Escritoras Un miércoles a las 9:30 de la mañana se me suben dos chicas así, de mi edad, y me dicen:
-Buenos días, ¿podría llevarnos usted a un sitio donde haya hombres?
-¡Buenos días! ¡Jajaja! ¿Dónde hay? ¡Que yo también quiero ir!- le contesté pensando que era broma.
-No te rías, no es broma. Buscamos un sitio donde haya hombres de verdad, de los de antes, de los que quedan pocos o de los que ya no quedan. De los que tienen pelo en pecho, ¡que mi último novio tenía menos que yo!
¡Por dios! Y ahora, ¿qué hago? ¿Dónde las llevo?
-¡No hay problema!-les dije.
Arranqué mi coche y carretera, y cuando llego a destino:
-Fin de trayecto, ya llegamos. Son 3,85 euros
... CENTRO DE LA TERCERA EDAD Recojo a un chico:
-Llévame al bingo.
El recorrido era corto, pero en el trascurso del mismo me fue contando que estaba de racha, que había ganado mucho dinero y, de repente, empieza a sacar dinero de los bolsos.
Fajos de dinero, yo aluciné. Nunca vi tanto dinero junto, yo pensé:
-(¡Meca!’ Éste, a que robó un banco)
Llegamos al destino y me da uno de 20 euros.
La carrera 3.82, me dispongo a darle la vuelta y me dice:
-No, eso pa’ ti, que estoy feliz porque estoy en racha.
-Gracias- le dije.
Ese día yo también estuve de racha, ¡ojalá vinieran muchos así!
... AL BINGO Un frío sábado de marzo me dispuse, con mi taxi, a llevar a ocho chavales de despedida, a realizar unas actividades.
Llegué al domicilio y, cuál es mi sorpresa, cuando vi al futuro novio. Me supuse que era él cuando vi su atuendo, ¡madre mía! Cuando lo vi me quedé alucinada, estaba semidesnudo, sólo tapaba sus partes y el trasero con un trapo blanco enrollado, pero vi que llevaba calzoncillos cuando hacia algún movimiento; además iba encadenado por los dos tobillos y arrastraba una cruz de madera hecha con dos tablas enormes.
-¡Buenos días! Les dije, ¡ya veo que tú eres el novio eh!
-¡Siiii! (rieron todos)
Subieron al taxi y los llevé a hacer paint-ball a un pueblo cercano. Cuando acudió el dueño a recibirlos, también se quedó de piedra al verlo y le dijo:
-Creo que te tendrás que desencadenar para hacer la actividad- le dijo riéndose.
... DESPEDIDA CON JESUCRISTO Un día me para una señora con una niña de unos diez años.
La señora sube a la niña al taxi y cierra la puerta. En seguida la niña me dice la calle a la que quiere ir.
Yo arranco y al poco me dice:
-¿Y mi madre?
-¿Pero es que venia ella también?- le pregunto.
Bastó con sólo mirarla a la cara. ¡Hala, media vuelta y a buscar a la señora!
... CON UNA MIRADA BASTA Cómo expresar en pocas palabras lo que representa una mujer en el siglo XXI.

Cómo decir que todos los días, al despertar, no importa cómo nos encontremos porque somos el motor de nuestra casa, y siempre tenemos que encontrar un motivo para seguir luchando.

Nuestra jornada no acaba nunca, todas lo sabemos, pero aun así, por muy cansadas que estemos siempre encontramos tiempo para nuestros hijos, maridos, familia, y un largo etcétera que cuenta con nosotras. Bueno, os voy a contar una de un cliente especial que tenemos aquí en Cádiz.
Este señor tiene doble personalidad. Así, tal y como suena. Cuando va en el taxi tiene una conversación con su otro yo, cambia hasta su tono de voz.
Una vez, lo llevo hasta la puerta de su casa:
-Serán 4,80-le digo cuando llegamos.
-Quédese con el cambio-me dice dándome un billete de cinco euros.
-Muchas gracias-le contesté, pero veía que no bajaba del taxi.
Me giro y me dice ya con otro tono de voz:
-¿No me había dicho 4,80?
Le digo que si, y me contesta:
-Pues yo le he dado 5 euros y no me ha dado el cambio.
-Ah vale-le digo.
... DOS CLIENTES EN UNO Empecé en el taxi un día trabajando de noche. Se subió en el coche un chico:
-A Pola de Lena- me dice. Está a unos 45 km d Oviedo.
Entramos en la autopista.
-Siendo tan joven, ¿no tienes miedo a que él me atraque o me haga algo?- me pregunta.
Me quedé muy pensativa, la verdad que hasta aquel día no lo había sentido así, y me puse tan nerviosa que hasta él me lo notó.
Sin decir yo nada me pidió perdón.
-No te voy a hacer nada, perdóname. Era sólo por confirmar que no vayas mal, y que te encuentras a gusto. ¡Si quieres te pago ya!- decía el muchacho avergonzado.
Me dio hasta pena oírle, no sabia que decirme de lo nerviosa que me vio. Quizá tuvo algo que ver la velocidad en la autopista.
... MÁS MIEDO QUE VERGÜENZA Esto me pasó un día a las 5:30 de la madrugada.
Me dirigía a recoger a mi cliente y amigo Juan para llevarle al aeropuerto. Durante el trayecto fuimos hablando del lugar donde se iba a hospedar, me describió un caserón enorme con sus gallinitas, cerditos y su huerto, en casa de unos amigos de Asturias; por aquel entonces era Navidad, y no le apetecía mucho tener más compromisos familiares.
-A la vuelta te traeré unos vinos que hacen mis amigos- me dijo durante la marcha.
Y así fuimos todo el trayecto, intercambiando unas palabras. Cuando llegamos, quedamos para que le recogiese a la vuelta. Sus vacaciones duraban una semana.
Me pidió la cuenta, le dije que eran 35, me dio 50 euros y no quiso que le devolviera el cambio:
... A MI AMIGO JUAN Una mañana me salta un servicio de emisora para recoger en el cuartelillo. Un chico que había pasado allí la noche.
Le llevo a su domicilio desde la calle A de Barcelona hasta una calle de Sant Just Desvern. Cuando llegamos, me pregunta si me puede pagar el importe de la carrera con tarjeta. Le digo que si, se baja del coche con intención de buscar la tarjeta y al girarme ya no le veo.
Al dejarle en frente de una calle de salida yo no puedo buscarle. Me siento tan estafada que cierro el taxímetro y me voy directamente a la policía a poner una denuncia. Al haber pasado la noche en el cuartelillo estaba fichado.
A los pocos días recibo una citación para ir al Juzgado. Se celebra el juicio, donde le reclamo el importe de la carrera y dos horas de trabajo: una por ir a poner la denuncia y otra por asistir al juicio.
... SE FUE SIN PAGAR... Era una mañana, sobre las 5:30 o así, con una ligera brisa refrescante de verano.
Me dispongo a abrir el maletero de mi xarita (siempre lo abro hasta arriba). No se por qué, pero se queda a veces a la mitad y lo tengo que ayudar para que suba del todo.
El cliente mete su maleta, cierro y nos montamos. Nos abrochamos el cinturón, arranco el motor y me dice:
-¡Espera, espera, no te bajes!".
Él se baja y abre el maletero, coge de la maleta las llaves de su casa y entra. Yo muy tranquila y paciente le espero dentro del coche. Entonces vuelve, y con mucha prisa, que ya íbamos tarde.
-¡Pum!- oigo un golpe en la parte de atrás.
¡Madre mia! que cabezazo le dio a la puerta del maletero, por Dios. ¡Movio mi xarita y todo! Me bajo, compruebo que esta bien, que no le pasa nada, y nos montamos otra vez.
... ATAQUE DE RISA Una vez se montó en mi taxi el cantante Loquillo.
A mitad del trayecto aproximadamente, nos adelantó una moto, haciendo bastante el gamba, por decirlo de alguna manera.
- Joder, cómo anda la peña, ¿no?- observa mi cliente.
A lo que yo, ni corta ni perezosa, le respondo:
- Sí, es que hay mucho loquillo suelto.
Por el retrovisor pude ver como bajaba la cabeza y se reía al mismo tiempo, yo no podía aguantar de la risa.
... LOQUILLO Sábado de madrugada. Un despacho de emisora que dice:
-Residencia de Oviedo por Urgencias.
Llego a Urgencias y salen dos señores de unos 65 años, que habían venido a Oviedo a tomar unas sidras.
-Llévenos al Berrón (24 km de Oviedo)- me dicen los señores muy amables.
Emprendimos el viaje, íbamos charlando cuando, de repente, en la autopista, el que estaba malo empezó a ponerse blanco ¡y a gritar!
La verdad es que me asusté, puse los cuatro intermitentes y me detuve en el arcén. Le pregunté qué le pasaba:
-¡Mira! ¡Me dejaron la vía puesta! Y ahora, ¿qué hago? ¿Quién me la quita? ¡Qué le digo yo a mi mujer!- gritaba el hombre alterado.
-¡Tranquilícese!- le dije al ver su desesperación- Cuando lleguemos al Berrón ya le quito yo la vía. ¡Pero hágame el favor de no gritar más! Bájese la manga de la camisa y no se mire el brazo.
... ADEMÁS DE TAXISTA...¡ENFERMERA! Un sábado por la noche, era cuando yo tenia un BMW de taxi y hacia los servicios del hotel AC de Valladolid. Aquel era el único hotel de 5 estrellas de la ciudad.
Hay que decir que esto pasó cuando se celebró la cumbre de Iberoamérica y, los que no se hospedaron en Salamanca, lo hicieron a Valladolid.
... PROPOSICIÓN INDECENTE Esto no sé si es anécdota o qué es, pero os cuento lo que pasamos dos compañeras y yo.
A las diez de la mañana nos encontramos en una cafetería que frecuentamos bastantes compañeros. Estuvimos tomando el cafelito y luego, tres de nosotras, hicimos una ruta por las diferentes oficinas bancarias de cada una para hacer diferentes trámites. Somos como las tres mosqueteras. La última parada es en una tienda de gominolas y, después, de vuelta a nuestros respectivos taxis para seguir la dura jornada.
Una de mis compañeras tiene una alhambra. Llegamos a su taxi y vemos una raya que abarca todo el lateral del coche. Abre su maletero, deja la cartera y el iphone en él, coge un trapito y limpiacristales para ver si se quita la rayita dichosa. Las tres miramos su lateral, no se quita, necesita pulirlo. Vuelve al maletero, yo ya me siento en mi taxi que está aparcado a su lado, llama y le dice a Montse:
-¿Cogiste mi móvil y mi cartera?- Montse le mira, levanta la mirada y, de repente, desaparece.
Gemma vuelve a mi coche y me dice:
-¿Tú cogiste mi móvil y la cartera?
-No, ¿por qué? -le dije.
-¡Pues me han robado!
... LA PERSECUCIÓN Me pasó algo parecido hace tiempo: una chica con sus tres niños pequeños.
Sus padres la trajeron a Sevilla y yo la tenía que recoger en un punto y llevarlos a la casa de acogida.
La despedida de la familia, cuando ya me los iba a llevar, fue un cuadro:
-Los padres…llorando, la chica…llorando, los niños…llorando, la taxista…
…llorando. EMOCIONANTE DESPEDIDA Un día me levanta la mano un señor que me pienso que va en una silla de ruedas. Cuando llego a su altura, dicha silla era una silla de escritorio con ruedas, y alrededor varias bolsas con ropas y cacharros.
Le ayudo a subir al coche, pongo todas las bolsas y la silla, pero algo pesado se cae al suelo
Era una pistola envuelta en una toalla. Me vuelvo al coche y le digo:
-Se ha caído esto, ¿qué es?
-Gracias, ¡es mi más preciado tesoro!- me responde.
-Y, ¿para qué quiere una pistola?
-Para suicidarme cuando ya no pueda más con esta vida de mierda que llevo.
... PISTOLA AL SUELO Me pasó en mis tiempos de principiante. Finales de agosto, fue un domingo de verano con un calor de espanto.
Llaman de una compañía de seguros para recoger a un matrimonio y llevarlos a Sevilla capital. Como siempre, se le contestó que sí. Nos dieron todos los datos donde se recogía y tiré para Sevilla.

Ella, embarazada, fue todo el camino con un cojín puesto en la barriga y yo, conduciendo despacio porque me parecía que tenía miedo de darse algún golpe.
Bueno, llegamos a Sevilla y era el marido el que me decía por dónde tenía que ir.
-Ahora al izquierda. Sigue a la derecha- me explicaba-, sigue sigue. A la izquierda todo.
No me daba ninguna dirección, nombre de calle o zona, para ubicarse una más o menos, o preguntar a alguien, porque hace 9 años no había GPS que me guiará milagrosamente.
-¿Me dice usted la dirección?- le preguntaba yo- ¿El nombre de la calle?
Nada, seguía guiándome. Así 45 minutos, hasta que llegamos a una barriada, cuando paro y se me queda mirando:
... SIN DIRECCIÓN Un día de lluvias de los poquitos que hay en Málaga, claro, no andamos muy habituados.
Estando en una parada de un centro comercial, llega una clienta con tres niños y un montón de bolsas. Vamos hacia la dirección que me indica y, al llegar, uno de los nenes se había quedado dormido.
Pues bien, saco a los otros dos y yo le ayudo a sacar las bolsas del coche y llevarlas hasta el portal. Me paga y me da una buena propina.
Me marcho, y cuando llevo unos minutillos conduciendo, escucho un ruido bajo la radio y miro hacia atrás.
¡Me encontré al peque durmiendo en el sillón!
Me disponía a dar el aviso por la emisora cuando ya me estaban llamando de la central preguntándome si se habían dejado algo detrás de mi asiento, y respondi:
-¡Si, si! ¡Pero me dieron una buena propina, central!
... QUÉ SE DEJARON EN TU TAXI Soy taxista, y orgullosa de ello. Cada vez que me acuerdo me parto de risa.
Primer día de trabajo. Mi jefe me da el taxi, me desea suerte y yo pienso:
-(Me voy a la zona centro y que allí me lleven donde sea)
Pues ¡ala!, ahí voy por una avenida y en una parada de autobús alguien con unas muletas me saluda efusivamente levantando una de ellas. Yo aminoro la velocidad y le miro.
-(Ah, no le conozco, se habrá confundido)- y continúo mi camino.
Pero a través del cristal trasero miro y la persona continúa con el supuesto saludo.
Cuando llegué a la parada del centro, me di cuenta al fin de que esa persona de la parada del autobús no me saludaba, él quería un taxi. ¡Vaya estreno!
Ahora en cambio, cuando estoy muy cansada, veo clientes donde no hay. Las papeleras que están cogidas a las farolas a lo lejos no las distingo y pienso q es un cliente apoyado en la farola esperando un taxi.
... SALUDO CON MULETAS Estaba yo un sábado después de cenar en casa, cuando suena el teléfono y me preguntan que si era el taxi. Le digo que sí.
-¿Llevas ambientador?-me pregunta.
Yo extrañada le digo que repita, que no la he entendido, y ella vuelve a preguntar por el ambientador. Le digo que no a lo que contesta:
-Vale, y ¿lo llevas limpio de polvo?
Ya me ha tocado la rarita de turno pensaba yo, así que le contesto:
-Lo aspiré esta mañana.-por si acaso.
-De acuerdo, ¿me pasas a buscar para ir al Hospital de urgencias?-Me da la dirección de un pueblo al lado del mío y voy a buscarla.
Cuando llego al sitio que habíamos quedado, me quedo de piedra al ver que se acerca una chica con una mascarilla, parecía que iba a ver algún ataque nuclear o algo así.
-Me llamo Pilar y tengo sensibilidad múltiple-se presenta ella-. Sí, ya sabes, de esas personas que tenemos que vivir en una burbuja porque todo nos produce alergia y malestar.
... TODO POR UN AMBIENTADOR Mi coche está adaptado para transportar a personas en silla de ruedas, es un euro-taxi.
Cuando empiezas a moverte por residencias de ancianos, te das cuenta de que hay gente que no es tan mayor, que precisa de atenciones y cuidados específicos, pero no están para estar ingresados en un centro hospitalario.
Mi historia comienza con mi abuela Micaela. Ella se encuentra en una residencia de ancianos cercana a mi pueblo. Sus hijos y nietos solemos visitarla por las tardes, porque, aunque hay días que no te reconoce, no queremos que deje de sentir el calor de su familia.
Siempre, en la puerta, estaba José fumando. Un día me dijo que si yo le podría llevar a Zaragoza, para pasar el día con su gente. Desde que le cortaron la pierna no los veía y aun le quedaba tiempo en adaptarse a la prótesis, por ese motivo estaba allí, en la residencia.
Quedamos un día a una hora y fui a recogerlo. Peinado y perfumado me esperaba nervioso. Cuando lo dejé estaba feliz. Quedamos que a media tarde me llamaría y haríamos el recorrido a la inversa.
Sobre las 18 horas llamó, tenía la voz rara. Yo quedé con mi marido en vernos en la residencia, así visitaríamos a mi abuela.
José disfruto de su visita, pero se excedió con la celebración y brindó más de la cuenta. Estaba chisposo, así que cargué la silla y emprendimos el camino. Durante el viaje no entendía lo que me decía, se le trababa la lengua.
Llegamos a la residencia y lo bajé.
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