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Copy of El Caso del Coronel Aldana

El Caso del Coronel Aldana
by

Camilo Monje

on 29 March 2013

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El caso del
Coronel Aldana Comandante operativo de la
Policía de Ibagué. Joaquín Enrique Aldana
Nació el 27 de abril de 1969 en Ibagué.
Tiene 40 años, mide más de 1.80 y es el quinto de seis hermanos: una notaria, un juez, una bacterióloga, un enfermero y un abogado
.
Su papá, José Víctor Aldana, fue secretario de Educación del Departamento, magistrado del Tribunal Superior del Tolima, Director de Instrucción Criminal.

Su mamá es un ama de casa que asiste a grupos de oración. Su
Familia Él, siempre, quiso ser policía. Su hermano menor, Manuel Guillermo, cuenta que cuando hablaban del futuro nunca le escuchó otro deseo.

En el San Luis Gonzaga, colegio fundado por sacerdotes maristas en el que se negaron a dar información de su ex alumno graduado en el 86, pasó como un estudiante promedio.

No fue buen deportista. Sus participaciones más destacadas las tenía en los grupos de scouts a los que siempre estuvo vinculado.

Su hermano cree que allí empezó a definir su gusto por el uniforme. Era gordito, tímido, callado, recuerda Adriana Jiménez, una de sus compañeras de grado.
Nunca se le conoció novia.

Jorge Duque, un veterinario que fue su amigo en ese tiempo, dice que tampoco fue pendenciero. “Hablaba poco. Go-goc-goc… gagaeba, antes de empezar una conversación.
Le decíamos gallina”. Duque habla de un chico noble, casi tonto:
“Le escondían la maleta, nos le comíamos las frutas que llevaba; él no decía mayor cosa.
Nunca lo vi peleando con nadie”. Los datos periodísticos, informan que de policía quiso estudiar derecho. Hizo dos semestres cuando estuvo asignado en Sincelejo.
Le gustaban los negocios. A su primera esposa, Martha Lopera, con quien tuvo un hijo que hoy tiene 13 años, le montó un local de productos congelados.
A Erika, su segunda esposa, cuando eran novios, le puso un local de ropa.
Es amante del campo. Manejaba ganado. Olga Lucía Garzón, una periodista ibaguereña que ha seguido de cerca el caso Aldana, cuenta que su obsesión con el ganado era tanta que en una ocasión, cuando una de sus vacas se extravío en Antioquia, prácticamente asignó un grupo de búsqueda con tal de hallar el rastro de la res. Su esposa Érika Cecilia y el coronel se conocieron en Sincelejo, cuando ella tenía algo menos de 18 años.
Se vieron por primera vez durante una ceremonia en la escuela de Carabineros de Sucre, donde José Joaquín Aldana era el segundo comandante al mando.
Ella había ido a acompañar a su hermano, Sánder, quien recién ingresaba a la policía Dos años después tuvieron a su primera hija, y cinco años más tarde nació la segunda bebé.
Daniela y María José se convirtieron en al amor de la pareja. La historia de amor entre Érika Cecilia Yeneris Gutiérrez, la joven que apareció descuartizada en Ibagué el sábado9 de septiembre de 2009, y el comandante operativo de la Policía del Tolima, coronel José Joaquín Aldana El crimen Erika Cecilia Yeneris Gutiérrez, esposa de Joaquín Enrique Aldana Ortiz, Comandante de la Policía del Tolima, de 32 años de edad, desapareció misteriosamente el 8 de septiembre del 2009. El 9 de septiembre del año 2009, aproximadamente a las 8 y 30 de la mañana, un trabajador de nombre JORGE EDGAR PEREA BRIÑEZ quien se hallaba arando los terrenos de la hacienda “San Isidro”, ubicada en el kilómetro 5 de la vía que de esta localidad conduce al municipio de Alvarado, Tolima, halló dentro de una bolsa negra la cabeza de un ser humano con la cara totalmente desfigurada por heridas causadas con un elemento cortante. De inmediato se procedió a dar aviso a las autoridades de policía y éstas a su vez, informaron del hallazgo a miembros de la policía judicial pertenecientes al Cuerpo Técnico de Investigación Criminal de la Fiscalía General de la Nación, quienes ya en el lugar de los hechos ubica la parte corporal aludida Los investigadores procedieron a efectuar un barrido por los alrededores de la hacienda referida, siempre sobre la línea de la carreteable, encontrando otras dos bolsas plásticas de color negro y en cada una de ellas los miembros superiores, con la característica de que a cada dedo de las manos se les habían retirado los pulpejos o huellas dactilares Al día siguiente, esto es el 10 de septiembre del año 2009, los investigadores de policía judicial recibieron la información por parte de los uniformados del retén policial del barrio especial “El Salado” de esta capital, sobre la presencia de otra bolsa plástica al margen derecho de la entrada principal de la hacienda “San Isidro”, la cual, al revisarla, contenía prendas de vestir femeninas, concretamente una blusa, una falda short, un brasier y unos pantis tipo tanga, aparentemente de color blanco El 11 de septiembre del año 2009, nuevamente se recibe información sobre la presencia de restos humanos sobre la vía que de Ibagué conduce al corregimiento “Chipalo”, carreteable destapada ubicada aproximadamente a un kilometro seiscientos metros de la principal, sector conocido como “La Balastrera”, contiguo a cultivos de arroz de la hacienda “San José”. En esta ocasión, se trataba de un tronco humano con piel, esqueletizado y sin vísceras Posteriormente se encontraron en los alrededores las restantes partes del cuerpo. No obstante que el cadáver aparecía sin los pulpejos de los dedos, le habían destruido el rostro y le habían hecho desaparecer del cuerpo todas las señas particulares, se logró su plena identificación, se trataba de Erika Cecilia Yeneris Gutiérrez Había recibido cuatro golpes en el cráneo y posteriormente había sido descuartizada; se presumía que había asesinada en su propia casa y desde allí su cuerpo fue trasladado a los lugares en los que fue encontrado. Sentencia la comunicación de la víctima con su familia era muy frecuente, transcurridos varios días sin que se reportara, su progenitora y hermanos empezaron a preocuparse; llamaron a su esposo, quien manifestó no saber nada sobre ella, les llamó la atención que éste no mostraba preocupación por su ausencia ni interés por buscarla; Rosa Isela, una de las hermanas de la desaparecida, decidió denunciar el hecho en Cartagena. Constatada la muerte de Érika, sus familiares y amigos clamaron justicia y exigieron acciones contundentes de las autoridades y organismos que adelantaban las investigaciones para que el crimen no quedara en la impunidad, que se pudiera conocer toda la verdad y que sobre los responsables cayera el peso de la ley El 10 de noviembre, durante un allanamiento realizado en la vivienda de la progenitora de JOAQUIN ENRIQUE ALDANA ORTIZ, se incautó un disco duro, al que, luego de obtener las autorizaciones legales, se sustrajo la información dejada al navegar por internet, componente que pertenecía al computador utilizado a diario por la víctima ERIKA CECILIA YENERIS GUTIERREZ y en el que además, se detectó la introducción de un programa espía, el cual permitía a quien lo conectó, conocer todos los diálogos y correos que ésta compartía a través de la red.- Por lo anterior y dado que la única persona que permaneció con la víctima el último día que se le vio con vida fue el acusado JOAQUIN ENRIQUE ALDANA ORTIZ, se solicitó a través de audiencia preliminar reservada la captura de éste, pero la misma no fue posible hacerla inicialmente porque el aun coronel al parecer eludió la acción de las autoridades Constatada la muerte de Érika, sus familiares y amigos clamaron justicia y exigieron acciones contundentes de las autoridades y organismos que adelantaban las investigaciones para que el crimen no quedara en la impunidad, que se pudiera conocer toda la verdad y que sobre los responsables cayera el peso de la ley Los sucesivos hallazgos indicaron que quien cometió el crimen poseía conocimientos en criminalística: el rostro de la mujer había sido totalmente desfigurado, tenía 58 cortes; le habían retirado las costillas 3 y 4, claves para determinar la edad de la occisa y los implantes mamarios; quien lo hizo sabía que cada implante posee un código que puede permitir la identificación de quien lo porta; adicionalmente, le habían quitado los pulpejos de los dedos, para desaparecer las huellas dactilares. El coronel en retiro Joaquín Enrique Aldana fue condenado tras hallarlo responsable del homicidio agravado de su esposa, Érika Cecilia Yeneris Gutiérrez. La condena al coronel en retiro Joaquín Enrique Aldana fue proferida por un juez de Ibagué. El exjefe de Policía del Tolima deberá pasar en prisión 33 años y nueve meses. Esta es la historia de la tragedia vivida en la familia Aldana Yeneris, una auténtica tragedia:
la madre en el cementerio, el padre en la cárcel y las dos hijas sin hogar fijo porque las dos familias, la paterna y la materna, pelean por su custodia..... historia que impactó a los colombianos. Lo psicológico Consideraciones sobre los celos Como ya se señaló en la parte correspondiente a los hechos, la forma como el asesino se ensañó con el cuerpo de la occisa permite suponer que mató con odio, con mucho odio, lo que automáticamente induce a pensar en la posibilidad de un crimen pasional. Durante el proceso judicial que se siguió por este crimen se supiera que el coronel Aldana había accedido al correo de su esposa y, al parecer, había constatado la infidelidad de ésta, permite suponer que los celos fueron determinantes en este crimen. Bajo esa premisa, el psicólogo Juan José Cañas Serrano, Presidente Capítulo Santander Colegio Colombiano de Psicólogos, hace la siguiente revisión de este funesto sentimiento. "Los celos constituyen un problema en las relaciones íntimas. Se pueden definir como una sensación de molestia derivada del temor a la pérdida de la pareja como consecuencia de constatar o suponer la existencia de una relación sentimental o sexual con otra persona. Los celos sexuales son especialmente difíciles de soportar porque usualmente afectan la propia estima." (Cañas 2012.) La “persona patológicamente celosa” es la que no puede encontrar una salida no destructiva para este sentimiento, y por ello intenta resolver el problema a través de la violencia. Lo que determina si los celos son “normales” o “anormales”, “sanos” o “patológicos” es lo que se hace con la molestia inicial que se siente. Patológicamente celoso En los procesos judiciales de los crímenes pasionales suele recurrirse a la figura de “la ira e intenso dolor” para lograr la libertad del agresor o por lo menos para reducir en forma significativa la pena. Esta figura jurídica refleja la tendencia a considerar este tipo de violencia, cuando se ha constatado la infidelidad de uno de los cónyuges, especialmente de la mujer, como “normal”. Los celos desempeñan un importante papel en el matrimonio y en otras formas de relación íntima. Durante mucho tiempo se ha pensado que un cierto grado de celos era algo normal”, una prueba de amor. Habría que preguntarse hasta qué punto los celos más que una prueba de amor son una prueba de inseguridad personal y de falta de confianza en el compañero. Así como la palabra celos significa cosas diferentes para diferentes personas, lo mismo puede decirse de la palabra amor. Abraham Maslow distinguía entre el amor que busca lo mejor para la otra persona (“amor de plenitud”) y el amor que es una muestra de dependencia de la otra persona (“amor de deficiencia”). Los celos son la prueba del “amor de deficiencia”, un amor basado en la dependencia del compañero. Analizada desde el punto de vista lógico, la acción criminal del coronel Aldana puede catalogarse como “estúpida”; si bien con ella supuestamente vengó la afrenta que le había inflingido su esposa con su infidelidad (real o imaginada) también arruinó su vida, dejó sin padres y al borde del colapso emocional a sus dos hijas, y generó sufrimiento tanto en su familia como en la de la occisa; Muchos de los problemas a los que se ven abocados los seres humanos están asociados a sus primeras vivencias en el seno de la familia. Aunque se cuenta con pocos elementos para concluir, queda la impresión que en el hogar del coronel Aldana no le enseñaron a éste a ponerse al frente de sus emociones, a ser el dueño de su vida; tampoco a tomar decisiones sensatas, producto del análisis de las múltiples alternativas existentes y de las consecuencias que cada una de ellas acarreaba; en definitiva, no le enseñaron a actuar en forma responsable. Por las investigaciones realizada en el área de la Psicología se sabe que quienes actúan en forma responsable usualmente poseen una buena autoestima, lo que significa que no se sienten humillados ni terriblemente ofendidos por lo que hacen o dejan de hacer los demás, tienen buen carácter y cuentan con un conjunto adecuado de objetivos y valores. Si se analiza el comportamiento criminal del coronel Aldana con su señora a la luz de estos tres criterios, se concluye, con pocas probabilidades de error, que se está en presencia de una persona irresponsable. Como ya fue condenado, no obstante que sigue sosteniendo que no mató a su esposa, razonablemente se presume que vivió la infidelidad de su señora (al margen de que fuera real o ficticia) como una ofensa muy grave, imperdonable; lo afectó tanto que lo llevó a asumir posturas ingenua, autodestructivas; sus acciones dejan al descubierto una muy pobre valoración de sí mismo. De otra parte, oficiales cercanos a Aldana coincidieron en señalar que éste solía pasar con facilidad, desde el punto de vista emocional, de un extremo a otro; que de ser una persona efusiva y amable, pasaba, en forma abrupta, al trato fuerte, casi que agresivo, en especial con sus subalternos. Adicionalmente, se encontraron quejas de algunas subalternas por el trato denigrante que éste les prodigaba; “Son vagabundas, mujeres de la calle” fue una expresión que se le atribuyó; por este motivo sus superiores le hicieron un llamado de atención. Finalmente, el que hubiera dilapidado su carrera militar y hubiera dejado a sus hijas sin sus dos padres y muy posiblemente con trauma de difícil superación, permite concluir que carecía de horizonte, que no sabía a dónde se dirigía. El que hubiera cercenado la vida de su señora porque sospechaba de su infidelidad y que luego hubiera utilizado sus conocimientos en criminalística para ocultarles a las autoridades el crimen, pone de presente carencia de principios éticos El coronel Aldana no sólo no resolvió el problema al que se vio abocado sino que se creó otros; a la luz de lo sucedido, resulta posible concluir que decidió en forma errada porque dejó por fuera información importante. Ser responsable significa decidir de manera que se obtengan resultados positivos; decidir en forma correcta es la base para desarrollar el sentido de poder o de control sobre las circunstancias que rodean la propia vida. Con sus acciones el coronel Aldana mostró que carecía de la noción del límite, cegado por el odio optó por una alternativa autodestructiva, que le acarreó más problemas. Quien tiene presentes las limitaciones existentes, se da cuenta de que algunas decisiones pueden implicar un comportamiento inadecuado o ineficaz del que se derivarán castigos o sufrimientos excesivos. A la luz de lo sucedido es claro que el coronel Aldana no sabía cuál era su problema; concluyó erróneamente que era la infidelidad de su señora; en ningún momento pasó por su mente que con su trato, con sus actitudes hubiera podido empujarla a la misma, no logró ver su contribución a la situación que se le presentó; pensó erróneamente que asesinándola resolvía el problema. http://noticiascaracol.com/informativos/septimodia/video-249865-el-caso-del-coronel-joaquin-aldana-primera-parte Quien tiene una percepción objetiva de sus sentimientos, cuenta con más elementos para identificar el problema y mejora su capacidad para decidir. En muchas ocasiones, sólo puede tomarse una buena decisión si se logra tener control sobre los sentimientos
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